Las ganas; es que nos pueden las ganas. Conocemos ayer la noticia de tres dimisiones en el Tribunal Contitucional, y salta la derecha en tromba, con Cospedal a la cabeza, explicando que se trataba de una especie de remordimiento por la sentencia a favor del eusco terrorismo. Pronto sabremos sobre la relación directa entre la sentencia y las dimisiones, decían.

¿Remordimiento, Mari Cospe? No había la menor necesidad de enterarse posteriormente que uno de los tres no era pro Bildu. De los honorables miembros del Tribunal Constitucional se pueden pensar muchas cosas, pero no es razonable suponer que estén ahí por ser tontos del culo. Cuando votan una sentencia, con matemática correspondencia a la ganadería de la que vienen, saben lo que votan. Y cuando entran en lo que no deben, como en juzgar las pruebas que ya ha juzgado el Supremo, saben muy bien las consecuencias de sus actos, y saben que nadie les puede pedir cuentas.  Salvo aquellos que los nombraron, cuya voluntad no están quebrando.

No necesitan que Nerea Alzola les cuente lo que pasa en Elorrio [–>]. ¿Para qué? ¿Por qué iban a pensar que Bildu tenga que ver con ETA? ¿Porque ladra como ETA, se comporta como ETA, apoya a los asesinos condenados de ETA, más lo que señala el Supremo como prueba de que es una criatura de ETA?

¿Remordimiento, Mari Cospe? Dime lo que tomas, o fumas, porque debe ser un chollo.

El lehendakari, Patxi López, ha asegurado este lunes en Leioa (Bizkaia) Lejona (Vizcaya) que actualmente “nos atrevemos a soñar con el fin de la violencia”, y se ha mostrado convencido de que ello permitirá que “el euskera se una por fin a la libertad”. [20minutos.es –>]

Más difícil parece que Pachi López se separe de la melonada zapatera, y se una a un discurso remotamente clasificable de racional. Las lenguas no se unen ni desunen de nada; hacer cosas no es una de sus propiedades. Y si por “euskera” se refiere a los que hablan en vascuence, cada cual se unirá o no, o ya estará unido o no, dependiendo de cada cual. Pero si se refiere a los impulsores de esa lengua, a los que quieren, como él, un “equilibrio de lenguas”, entonces “el euskera” nunca se podrá unir a la libertad.

Es sencillo. Nadie va a aprender, y mucho menos usar, el vascuence, si no le obligan. Salvo los hablantes naturales (lengua materna). Se demuestra por el sencillo hecho de que los que tanto lo aman, e impulsan, y obligan a los demás a aprenderlo, no se han tomado la molestia de aprenderlo ellos mismos. Véase al mismísimo Ibarreche, Juan Josué, que no se tomó el esfuerzo hasta que decidieron que fuera Calendari, y pensaron que resultaba un poco impresentable que no supiera nada de vascuence. Y lo mismo que Ibarreche, tantísimos ejemplos que tenemos. Si no lo aprenden ni los nacionalistas, ¿a quien se le ocurre que iba a aprenderlo la gente normal si no le fuerzan? Pero si necesitas forzar a la gente para que el vascuence siga siendo una lengua más o menos hablada, tienes de hecho una unión completamente indisoluble: vascuence hablado y falta de libertad.

No hay nadie entre los que se dedican a la política lingüística en la CAV que niegue esa premisa. Al contrario, toda la estrategia está basada en ese esquema, y lo único que se discute es la fuerza de la imposición a aplicar a la población. Claro que para disimular, lo que hacen es intentar cambiar el concepto de libertad. Para que yo pueda elegir entre dos lenguas, tú tienes que saber hablar en ambas. Acojonante, porque entonces yo tengo que (a) aprender a lengua que no quiero aprender y (b) estar dispuesto a utilizarla contigo. Que viene a ser como si para que tú tengas la libertad de tomarte unos potes (es muy aburrido hacerlo solo), yo tengo que mamarme contigo aunque no me apetezca.

La supervivencia del vascuence padece una evidente y bien conocida incompatibilidad con la libertad. Pero tal vez sea peor la necesidad que tiene de justificarse con payasadas. Porque a la falta de libertad uniremos la vida en un perpetuo circo.

Desde Ca’n Santiago González [–>], posiblemente el mejor blog político en español:

Un anuncio publicitario expuesto en nuestras marquesinas reza: ‘La tecnología no es lo importante, lo importante es qué podemos hacer con ella’. Con la Paz a mí me ocurre lo mismo. Confundimos lo urgente con lo importante. La Paz es urgente, pero lo importante es qué podemos hacer con ella. Construir un relato veraz sobre lo sucedido es la tarea más importante a la que nos enfrentamos hoy en día. Si ETA desapareciera hoy, dentro de cien años no habrá sobre las calles del País Vasco ni un solo ciudadano que haya vivido con la amenaza terrorista. ¿Permitiremos que exista un relato legitimador de sus actividades? Josu Puelles, Carta a Cristina y Rosa. El Correo –>

Y es que ese puede ser el quid del estado de la cuestión terrorista en el País Vasco y Navarra. ¿Acabamos con un “pelillos a la mar”, o acabamos con que la bestialidad no cabe en la civilización?

Zuga nos envía un vídeo descacharrante. Y no menos cierto por grotesco.

Pasen, y vean …

Confieso que Patxindakari me está sorprendiendo. Ya desde antes de llegar al trono. Aparte de la payasada de empezar en vascuence, y alguna tontería sobre lenguas como pedir “una sociedad sin guetos”, cuando una sociedad sin guetos es de lo que partimos, el resto de su discurso sí es una novedad. Esto no es Vasquilandia, que me la han cambiado.

Tal vez era inevitable, y por eso tal vez tienen razón los nacionalistas más arriscados (zumbados), tipo el ex Kalehendari y Arzalluz. Porque lo más interesante del discurso es lo que no dice. A juzgar por la prensa, Patxindakari no va a gobernar un pueblo, y mucho menos uno de siete mil años. No veo la palabra “pueblo”, ni “nación”, reflejada en ninguna de la crónicas.

Es posible que su gobierno sea otra pandilla de mangantes, no lo sé. También es probable que sea tan ineficaz contra la crisis como el de Ibarreche. Pero hay que reconocer que diferencia, haberla hayla. Y no es poco descanso. Por eso creo que pueden tener razón los nacionalistas zumbados tirándose al monte. Temen que la gente se de cuenta del chollo que supone descansar y dejarse de construir nacioncitas. Y que se acostumbren mal. Lo mejor es que sí; que los ibarrechinos se tiren al monte. Y que podamos hacer unas risas al ver los pocos que les siguen.

Bye, bye, Vasquilandia. Hello, Pachilandia.