Post de Luis Bouza-Brey.

Con el debido respeto al Rey, quien para mi mantiene una autoridad que se ha ganado durante la transición y gran parte del período democrático, quiero señalar que el discurso de Navidad del Jefe del Estado es el parto de un ratón en el que se nota el tira y afloja entre una visión real de la crisis de la democracia española y la visión descerebrada del gobierno actual y su actuación permanentemente oportunista, orientada a conseguir el poder o mantenerse en él por cualquier medio.

Porque no otra cosa es el contraste entre el señalamiento de la falta de cohesión, de la carencia de entendimiento entre los políticos, de la ausencia de sentido de Estado por parte de los mismos, de la gravedad de la crisis económica, de la deslegitimación de las instituciones y, en general, el señalamiento de los graves males del país, y su contraste con la pobreza de la terapia indicada para  remediar estos males: buena voluntad, buenos modales, y un pacto económico-social junto a otro de índole educativa.

¿Pero cómo se puede quedar uno tan corto en tan pequeños remedios para tan grandes males? Tenemos un país en la UVI por la crisis económica y social, por la crisis cultural, por el golpismo ladino y consentido de los nacionalistas, por el desgobierno, por la corrupción, por la crisis del modelo de Estado, por la desmotivación y desapego hacia el sistema del conjunto de la sociedad, por la parálisis de las instituciones… y en el discurso del Rey no se habla de la necesidad urgente y vital de un Pacto de Estado al menos entre los dos grandes partidos para atajar el derrumbe de la democracia.

Pero claro, el Pacto de Estado exigiría, para poder realizarse, que Zapatero fuera censurado y que Rajoy y el PP plantearan una alternativa de salvación nacional al desgobierno zapatético y a sus alianzas contra natura —en Cataluña y en el conjunto de España— con los enemigos de la democracia española, aquellos que quieren destruirla para conseguir implantar el etnonacionalismo y nuevos Estados soberanos en Cataluña, Euskadi y Galicia. Pero también exigiría una alternativa del PP al desgobierno zapatético derivado de un izquierdismo obsoleto, en alianza con IU, y solamente preocupado por el pasado, sin visión de la realidad actual ni del futuro.

Y ni Zapatero será censurado, ni el PP planteará una alternativa, ni ejercerá una oposición frontal para obligar a la dimisión de Zapatero, e incluso puede que se deje atrapar por las demandas de consenso. Por eso, el Pacto de Estado no se producirá, y España seguirá descendiendo a los infiernos del derrumbe de la democracia sin que nadie haga nada por impedirlo. Patético. Zapatético.

Nota: la foto “zapa-patética” no es responsabilidad del autor del artículo, sino de PM.