Moda Ciudadanos“, de Ignacio Camacho en “ABC” DEL 4-3-15

 

 

Luis Bouza-Brey:

Ciudadanos encarna la esperanza de supervivencia del sistema de libertades instaurado en el año 78.

Ciudadanos necesita definir un proyecto nacional en el que quepamos todos los españoles, regenerando el régimen constitucional, para acabar con el sectarismo de izquierdas frente a derechas, con la corrupción generalizada; con el etnonacionalismo sedicioso incapaz de aflojar sus ventosas étnicas sobre el territorio y abrirse a la hermandad entre todos los españoles; con el inmovilismo del acaparamiento del poder de unos y otros, contrario al interés general ,frente al cual emerge el populismo miope de la protesta sin alternativas viables.

Ciudadanos no es una moda “chupiguay”, sino la concrección de la necesidad nacional de un proyecto de estabilización reformista, que acabe con un régimen electoral oligárquico y un modelo de Estado autonómico pervertido que, de consuno, conducen a un Estado deslegitimado, fallido y balcanizado.

Ciudadanos constituye la esperanza de la ciudadanía demócrata y decente de salvar las libertades y salir del precipicio de corrupción e incompetencia al que nos han conducido sociolistos oportunistas, peperos acongojonados y corrompidos, tarugos etnonacionalistas esquizofrénicos, izquierdosos obtusos y paranoicos, y listillos trileros de algún partido emergente que han malogrado las fuerzas de la Regeneración.
El reto que ha de afrontar Ciudadanos es complejo y muy difícil: de su inteligencia y coherencia para superarlo depende nuestra salud pública y el futuro de España.

Desde algunos medios de comunicación —principalmente en internet— hace años que se viene denunciando la necesidad de medidas de Regeneración democrática para evitar la descomposición y explosión del régimen de libertades.

Lo que algunos denunciaban —denunciábamos— en estos escritos era que la existencia y sobrevivencia de un sistema electoral no representativo, basado en listas cerradas y bloqueadas que daban todo el poder de manipulación a las cúpulas oligárquicas de los partidos políticos, a lo que se sumaba una fórmula electoral proporcional que permitía un poder electoral determinante al bisagrismo nacionalista, en un sistema de bipartidismo imperfecto,  eran mecanismos constitutivos de una bomba de relojería en el núcleo del régimen del 78, que estaban pervirtiendo su carácter democrático y terminarían por destruirlo.

Junto a estos elementos patógenos señalábamos la inexistencia o deficiencia de controles derivados del mecanismo de la separación de poderes, como un poder jurisdiccional —constitucional y ordinario— independiente y eficaz, unos controles administrativos reales, tales como Tribunales de Cuentas, Interventores estatales, o Inspección Fiscal operativos, o un régimen jurídico parlamentario que garantizara la autonomía y capacidad del Parlamento para controlar al Gobierno.

Si a las deficiencias mencionadas, de un sistema representativo viciado, y una separación de poderes falseada, añadíamos una descentralización del poder demagógica y centrifugadora, las semillas de la muerte del sistema por metástasis corruptiva, oligarquía despótica, borreguismo popular y demagogia pseudosalvadora, estaban sembradas.

Hoy vemos como la libertad agoniza en medio de la anarquía y cómo crece el peligro de dictadura de signo todavía impreciso como solución a la crisis del régimen, porque lo que parece evidente es que la oligarquía imperante es incapaz de Regenerar el sistema, y el tiempo y la degradación se aceleran para conducir al país al desastre de su desintegración sediciosa y el desgobierno populista, sin que nadie, de momento, sea capaz de asumir el timón del país.

Pero lo peor de la situación existente es que su evolución probable es todavía para ir a peor, dada la baja calidad del liderazgo, la ausencia de sentido de Estado, la desesperación borreguil del rebaño popular, la emergencia de iluminados irresponsables, y el riesgo de desintegración o balcanización de España.

Por todo ello, inmersa en una degradación irrefrenable y  carente de fuerzas regenerativas, España se enfrenta a un destino ominoso: nuestros aliados occidentales deberían ser conscientes de que, en el sur de Europa, Al-Andalus se está transformando en una bomba de relojería para la libertad.

Sí, necesitamos una regeneración democrática. Generación, más bien. Y uno de los primeros pasos es separar la justicia de la política. Pero, en contra de lo que suele pensarse, no se trata solo de quitar las pezuñas de los políticos de los cogotes de los jueces, sino también de separar los labios de algunos jueces del ano del poder.

¿Y como?

Pues consiguiendo, de una vez, que los jueces sean responsables de sus actos. Que respondan de sus atropellos, vaya. ¿Hay algo más sagrado que la libertad? Sí, la vida. Y poco más. Lo malo es que entre este poco más está el capricho de los jueces que, al pareer, pueden disponer de la libertad de los demás de una manera completamente arbitraria e irresponsable. Y eso, impedir eso, es regeneración democrática. Impedir el capricho de los jueces. Primero por la justicia misma. Segundo por la inseguridad jurídica. Y tercero por el abuso de poder, ya que da la casualidad que el capricho de los jueces tiende mucho a coincidir con el capricho del gobierno. Debe ser cosa del olfato; pero sea por lo que sea, es malísimo.

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Hoy tenemos en la palestra los casos Garzón y del Olmo. De Garzón ya casi da risa hablar. ¿Había que esperar a su última “causa general” para saber que muchas de la justificaciones de Garzón para sus actos jurídicos solo las entiende Garzón mismo? Por ejemplo, si la Audiencia de Madrid califica de “incomprensible” la actuación e imputación de Garzón contra tres peritos inocentes que disgustaban al gobierno (caso del ácido bórico [–>]), el asunto no deberia quedar en el aire. Porque si una imputación (y el especial maltrato recibido) es “incomprensible”, eso debería conllevar un castigo para el juez que la comete. Y si no fuera “incomprensible”, entonces sería la juez de la Audiencia de Madrid la que se salió del tiesto. Por cierto, una vez más con Garzón, la protesta es la misma que ahora le lleva al Supremo como imputado de prevaricación: el abuso de suguir actuando cuando la incompetencia es evidente.

¿Y lo de del Olmo? Meter en prisión provisional durante 24 días a dos policías inocentes que, casualmente, molestaban al gobierno. Pedirles para salir de la cárcel unas fianzas millonarias «absolutamente exageradas y desproporcionadas», según posterior sentencia. Les pidió, por “hablar con El Mundo”, un dinero completamente fuera de sus posibilidades pecuniarias. Más de lo que les piden a colaboradores del terrorismo. A unos funcionarios que en ningún caso se van a escapar, y que consiguen salir de la cárcel, tras 24 días en ella, gracias a que sus compañeros policías consiguen recaudar el dinero necesario (150.000 € cada uno). ¿De donde diablos va a sacar un policía inocente 150.000 €?.

Pues resulta que son inocentes. Supongo que porque no fue del Olmo, o algún similar, quien los juzgó. De lo que “hablaron” con El mundo, la causa de su acusación, resulta (según la sentencia) que:

la publicación del artículo, lejos de perjudicar a la causa pública, lo que hizo fue servir de detonante de que se finalizase una investigación y se destapasen actuaciones delictivas graves.

¿Va a irse de rositas del Olmo? Pues eso no sería sino una invitación a que los jueces “olfateen el ambiente”, y actúen según su pituitaria les dicte. A sabiendas de que por extravagantes que sean sus resoluciones, nunca tendrán que reponder por ellas. Y a que los policías no se atrevan a hacer nada que pueda molestar al gobierno.

La sentencia pone de relieve que la dirección de esa unidad policial (asuntos internos) tuvo especial interés en implicar al agente Antonio Parrilla, a quien el presidente del tribunal preguntó ‘motu proprio’ durante la vista si su arresto pudo deberse a sus discrepancias sobre la investigación del 11-M.

O sea, la república (o monarquía)  bananera. Lo nuestro, si no espabilamos. Lo que nos meecemos si seguimos votando a un cantamañanas, solo porque lo considermaos “nuestro” cantamañanas.