No pensaba votar. Es mi postura natural. Pero a veces me la salto. Por ejemplo, el poco tiempo que consigue engañarme Rosa Díez. (Lo consigue durante poco tiempo, pero lo consigue bien). O por ejemplo cuando lo de -¡que viene Potemos!- suena verosímil. Pero en ese caso le voto al que no esté gritando -¡que viene Potemos!-. Por si acaso es un engaño. Y en estas elecciones en el País Vasco no había aliciente como para votar. Ni por delante, ni por detrás. Hasta que llega el PP, que desde Rajoy no destaca por su inteligencia o por su sutileza.

Por cierto, ya comprendo que el PP vasco debe estar entre corrido y con temor reverencial hacia la insoportable pelmada de la lengua marginal vernácula. Pero de ahí a que haya que darles lecciones de español va un trecho. Y se han pasado varios pueblos. Les aviso oficialmente:

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Total, que ahora sí hay aliciente. Enseñar a los tontitos. Deberían agradecerlo.

Por cierto, aconsejo al genio de Alonso que se dé un paseo por el desierto. Y que luego nos cuente qué haría si ve un paraguas tirado en la duna. Pero no lo vería, claro; el precio de un paraguas en el desierto puede ser mas que su peso en oro, en algunas circunstancias.

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Durante el año aproximado que tuve una relativa cercanía a políticos, me solían preguntar cómo se puede explicar lo que hacen. Qué les lleva a tomar decisiones aparentemente aberrantes — si uno parte de lo que aseguran que les motiva. Y si se da por supuesto que no son ni psicópatas ni subnormales, que en general no suelen parecerlo. Es una pregunta muy natural, pero es una pregunta equivocada. Lo mismo que mi respuesta por entonces. Una respuesta más o menos “mágica”.

Imagina un yonqui -solía contestar. Puede ser un tipo perfectamente razonable, con una conducta no menos predecible que la de un humano medio. Puede incluso ser un tipo estupendo. A menudo lo son. Pero sabes que su adicción le puede llevar eventualmente a cualquier barbaridad -sin límite alguno- si tiene un problema para proveerse. Y a los políticos -explicaba- se les puede entender muy bien como yonquis del poder.

En realidad es una explicación que explica muy poco. No dice nada, por ejemplo, de las diferencias entre los drogatas. Algunos resultan ser muy buenos políticos. Y sobre todo no dice nada del resto de la banda. Los pringados que aplauden y votan con fervor a los yonquis. ¿Los miramos como yonquis a su vez para entender tan extravagante conducta? Sería un problema muy gordo, porque si todos son adictos la adicción no explica nada. Se podría sustituir adicción por humanidad y sería lo mismo.

Lo malo de ese punto de vista es que se fija en individuos, cuando estamos ante un sistema. Las conductas aisladas no tienen sentido porque son conductas de sistema. Y la perspectiva adecuada no es ni de coña la politología, sino la etología [–>]. En la que nadie ha avanzado tanto como Frans de Waal para entender el problema que nos ocupa.

Si en vez de mirar a los políticos como yonquis los miras como a chimpancés cambia completamente la perspectiva. Y se empieza a poder explicar lo que hasta entonces no se entendía.

Por ejemplo:

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Es muy claro. La conocida disposición a servir a la nación, o a mejorar la economía, son herramientas funcionalmente equivalentes al chimpa alfa que le hace la pelota a la jerarquía superior de las hembras, para ganarse su apoyo. A tu político favorito le importa “la nación” lo mismo que al chimpancé Mike, de Goodall, le importaban Flo y sus amigas cercanas. Son herramientas para llegar a macho alfa.

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Visto así, como un sistema de banda de chimpancés, se pueden entender las decisiones de nuestros amigos los políticos, que ya no nos parecerán tan estrafalarias. Adquieren sentido.

Y se puede entender incluso hasta a Rajoy. Es un error de sistema. La estupidez de sustituir el ascenso natural de un joven macho aspirante a alfa, que avanza en función de una mezcla de fuerza, voluntad y capacidad de buscarlse aliados, por el dedazo del soberbio Aznar. Lo que consigue el dedo es poner a un incapaz en el puesto inadecuado. Lo malo es que nuestro sistema político disfuncional dota al incapaz de herramientas suficientes para mantenerse mal que bien en el poder, pero no le dota de la naturaleza necesaria para ejercerlo con eficacia. Y así se jodió el Perú.

Resumiendo. Cuando les veas o les oigas en esta circunstancia que llaman bloqueo, no imagines estar ante hombres de estado, que es algo que sólo existe en los sueños. Mejor sería que interpretes una trifulca en una banda de chimpas que tiene un macho alfa equivocado. Y eso explica, no sólo lo que están haciendo los jefes de los partidos, sino también lo que estáis votando. O sea, el sistema al completo.😉

Antes, cuando sólo teníamos a Lorenz, había disculpa para no entenderlo. Ahora, con de Waal, ya no.

Citas: Los párrafos citados (son “fotos”) vienen de la primera recomendación.

Recomendaciones:

Hay un artículo de Ignacio Varela en El Confidencial que sintetiza muy bien las consecuencias de la última jugada de Rajoy, que se podría llamar del “candidato eventual” (o “candidato depende”) a la investidura.

Nada nuevo en Rajoy, por otra parte. También inventó la comparecencia de prensa virtual.

A pesar del feliz hallazgo de Varela de lo del candidato eventual, hace falta ahondar en la diferencia entre un candidato eventual y uno real.

El sistema está pensado para que el candidato nombrado por el rey negocie los apoyos y/o abstenciones necesarios para superar la votación, y además, para que en la sesión de investidura el candidato y los partidos expliquen al respetable las prioridades que han contemplado, y los motivos que han tenido para votar lo que hayan votado. El gran invento de Rajoy, ese hombre de estado, es robarnos una de las dos funciones de sistema que tiene la investidura. Quiere que le dejen gobernar a sus anchas, como cualquier niño, pero no quiere que ocurran las explicaciones públicas y formales de por qué no ha podido ser — si fuera el caso. Como la comparecencia por plasma; esto es lo que hay, y si no te gusta que te vayan dando. Yo no voy a responder de lo que hago. Que es la definición de un irresponsable.

Técnicamente plantea un chantaje. Tú déjame gobernar, que para eso he ganado las elecciones. Y si no hay gobierno es culpa tuya.  ¿De verdad? ¿Y cuándo ha gobernado alguien en España con 137 diputados? El mínimo había sido Aznar con 156 diputados, y lo logró a base de “hablar catalán en la intimidad”. Y cediendo a Arzalluz lo que nunca había conseguido de Felipe González (en palabras de Arzalluz).

El sistema no está pensado para que los demás se aparten ante el que saque más votos, por pocos que sean. Hay sistemas así, donde a la minoría mayor le regalan un montón de diputados. Pero no son el sistema que tenemos. El que tenemos es de pactar, y no de regalos caídos del cielo. Y si no le gusta a Rajoy, que proponga cambiarlo.

O me dejas gobernar a mis anchas, o hay nuevas elecciones. Eso cabría en el sistema … si plantea el chantaje, tal cual, en el parlamento. A la vista de todos, y con noticia para todos. Y respondiendo a los argumentos. El votante puede decidir en las siguientes elecciones si prefiere tragar chantaje, o librarse del chantajista. Juego limpio.

Pero no. Este tío, muy listillo, se ha cargado el sistema que tenemos. Usando un argumento de otro sistema diferente. El “derecho a gobernar” por  ser la mayor minoría, que es un derecho que no está en nuestro sistema. Y además, robando a nuestro sistema (a los ciudadanos) una de las dos partes del debido proceso. La parte de responder formalmente de lo que hace.

Si eso no es un antisistema …

Pillado en Twitter:

Viene de la encuesta de la Razón [–>], que presumiblemente presenta la visión más optimista de la vida para Rajoy.

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El PP mejoraría entre cinco y siete escaños. Pongamos 6. Ahora le faltan 39, que son 6,5 saltos de seis escaños. Efectivamente, unas seis elecciones y unos tres años más. Para verano de 2.019.

Pero antes de llegar a esa mayoría absoluta del siglo que viene pasan cosas curiosas. La encuesta, en el primer salto hacia un gobierno de Rajoy, produce más o menos estas posibilidades desplegando la horquilla del PP:

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Tiene morbo. Porque la situación del PP no cambia un ápice. ¡Hemos ganado las elecciones! (Pero no podemos gobernar). ¡Soy el candidato más votado! (¿Y qué?) ¡Rivera ha perdido muchos votos! (Mira la pena que me da).

Al que sí le cambia la situación es a Ciudadanos. Porque en el próximo paso casi suma mayoría absoluta con el PP, y en el siguiente lo haría con seguridad – si siguiera la misma progresión. Y el morbo sería ver si los españoles tienen la cachaza de Rajoy, y están dispuestos a esperar y seguir votando hasta 2019 … ¡porque Rajoy ha ganado las elecciones! O si por el contrario se hartan, y deciden pegar un puñetazo sobre la mesa, en el sentido que sea.

También tendría morbo literario. De relato. ¿Quién explicará mejor la película? Rajoy explicando que él ha ganado las elecciones, o en todo caso lo hará en 2019; o Riverita explicando por qué no es posible, o no le sale de los cojones un pacto con el PP. Con lo que a Rajoy le quedaría por proporcionar otra explicación al margen de la canción de hemos ganado las elecciones. Tendría que convencer a la peña de que el problema son los cojones de Riverita, y no una imposibilidad suya de llegar a un pacto. ¿Qué es lo que ofrece? ¿Cuánto tiempo aguantará la paciencia del personal sin tener la menor idea al respecto? Porque es precisamente el PP el que más insiste en la importancia de que se pueda formar un gobierno.

En resumen. Yo no pondría mucho dinero en la apuesta de seis elecciones y 2019.

 

Me encantan estos nuevos partidos políticos fantásticos; paridos y dirigidos por intelectuales pero con comportamientos -en algunos momentos decisivos- como de niño de teta. UPyD, y ahora Ciudadanos.

Pongamos la versión cínica, a ver si lo pillan. Imaginemos que ninguno de los cerebros de C’s cae en la tentación de pensar en algo diferente del interés del partido. O sea, nada de bien común, ni ética, ni leches. Navajeo y tira para adelante. E imaginemos también que no evitan las pulsiones más primarias y feas, como el odio. Y tendríamos que estarían condicionados por dos objetivos. Un odio fortísimo a Rajoy, que les ha hecho la puñeta con el canto del voto útil, y el amor desmesurado al poder de todos los animales que se dedican a la política. ¿Qué postura les convendría adoptar tras estas elecciones?

Parece clarísimo. ¡Apoyar la candidatura de Rajoy como presidente del gobierno! O sea, de momento un gran al lamelibranquio de plastilina, y antes incluso de que este abra la boca. Y las condiciones las dejas, de momento, en nebulosa. Regeneración blablabla. Hasta que el cuerpo electoral haya digerido que la formación de gobierno está a huevo y no hay ningún impedimento mayor para un pacto. Rajoy y Arriola encantados, porque ven que se van a comer a Ciudadanos — que su obsesión básica.

Y cuando llega el momento de la firma sacas la parida de la chistera. La primera medida del nuevo gobierno va a ser eliminar la inmunidad a todos los españoles, menos el Rey; eliminar la posibilidad de indulto a todo cargo público y a todo condenado por llevarse pasta pública; un agravante gordo a todos los delitos económicos cuando el dinero es público; y quitarle los indultos al gobierno, y dejarlos en manos de un organismo judicial independiente, elegido a sorteo entre los jueces.

Esto no quita el resto de medidas que Ciudadanos considere conveniente pactar. Jueces, educación, controles independientes, lo que sea. No sería más que un navajazo de última hora, por sorpresa. Pero se trata de un navajazo que le corta el cuello a Rajoy, sin quitarle la silla. Demostraría que el voto “inútil” era exactamente el voto más útil que había. Y dejaría a todo el choriceo del PP (y de PSOE) a los pies de los caballos. Y más espectacular; le dejaría a Rajoy completamente con el culo al aire. Como la esencia y compadre de toda la corrupción. Vaya, como lo que es. ¡Luis, sé fuerte!

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El PP tendría imposible negarse a esa medida con una explicación razonable. También tendría imposible explicar por qué no la ha aplicado él por su cuenta, sin necesidad de los alicientes externos del voto inútil. Y es un mensaje que no necesita ninguna labor especial de venta, porque todo el mundo lo entiende a la primera. Riverita le habría metido un gol espectacular a los chorizos.

Por decirlo más claro. No hace ninguna falta llamarle chorizo, y hasta es contraproducente. Es mil veces mejor mostrarlo como tal sin usar el adjetivo.

Todos los objetivos quedarían cumplidos. Tanto los confesables como los inconfesables. Y después de la firma que Rajoy no podría evitar, la pregunta más impertinente: ¿Mariano, quién decías que ha ganado las elecciones?

Pero parece garantizado que se empeñarán en hacer las cosas al revés. No, no, y no; haciendo del compadre mayor del choriceo una víctima. Y sobre todo, haciendo de antisistema. Manda narices que no hayan aprendido la lección de Brexit.

Los meapilas laicos son tan deprimentes como los meapilas de siempre.

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Bastante flipante, porque Elisa de la Nuez es -aparentemente- la gran ideóloga anti-corrupción de Ciudadanos. Y si estudia la corrupción, como se supone, podría poner ejemplos de marxismo cantinflismo o comunismo tropical libres de una corrupción a lo bestia. Para darle algún peso al argumento. Porque los partidos tipo PP, digamos en teoría de derechas y en la práctica socialdemocracia oportunista, son muy variables en corrupción. Incluso son susceptibles de mejorar en higiene. Pero los del kindergarten, no. Es un predictor excelente de corrupción. Y el motivo es evidente. Si tienes una fobia ideológica (no meramente práctica, de chorizo) por los controles, vas a acabar con lo único que puede frenar la corrupción. De 100 veces, 100. Así que Potemos garantiza la corrupción en mucho mayor medida que el PP, por mucho que el PP sea en este momento una panda de chorizos.

¿Quiere eso decir que Ciudadanos es tan infantil como para pensar que la corrupción depende de elegir buenas personas, en vez de buenos sistemas? Podría ser. En ese caso se empeñará en intentar expulsar a Rajoy, en vez de intentar obligar a Rajoy a hacer lo que no ha hecho. Y eso sería un gran error. Porque, ¿quién asegura que el sucesor de Rajoy va a hacer lo que Rajoy no ha hecho?

Curiosamente, Ciudadanos tiene mucha más influencia con 32 diputado que con 40. O más posibilidades de. Así que ahora sería importante que pensaran un poco antes de lanzarse, y le taparan la boquita a Elisa de la Nuez. El chorizo es un fiambre muy aprovechable. Porque como sólo piensa en sí mismo, es muy fácil de comprar. Mariano, borracho en el balcón de Génova y cantando victoria, es un chollo insuperable. Si podemos pensar que está dispuesto a pagar cualquier cosa con tal de seguir de presidente, es el momento de regalarle la presidencia a  cambio de una mejora de sistema. Los corruptos son muy útiles. Para comprarlos.

Lo que sí haría falta para una operación como esa es que el propio Ciudadanos esté más interesado en una limpieza real, de sistema y a largo plazo, que en la política espectáculo. Y eso está por demostrar. Mucha pinta no tiene.

El voto del miedo ha funcionado. Y no sé por qué nadie se sorprende ni se ofende por ello. El miedo es una herramienta básica de supervivencia. De las más importantes. Pero no hay ninguna garantía de que el miedo produzca voto PP. A mi me ha hecho votar a Ciudadanos, cuando no pensaba votar. Mejor que no se busque disculpas raras Riverita. Lo han hecho mal. Han querido aumentar el caladero, pero han perdido más de lo que han ganado. Y el voto del miedo puede tener que ver. Pero si el miedo vota PP, y no a ti, es culpa tuya. Espabila.

Estoy con García Domínguez en que el Brexit ha debido influir. No se cuánto, pero supongo que algo sí. Tal vez no poco. Porque no puede haber una muestra más gráfica de que el sistema no es tan estable como parecía, y que un número suficiente de Cantinflas es muy capaz de sacarlo de madre. Recomiendo su artículo en Libertad Digital:

Resumiendo. El chorizo sigue cotizando. A Dios gracias, porque es el momento de comprarlo a buen precio.

Añadido posterior (09:33). Este gráfico es interesante. Clic para explicación en ElDiario.es

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Añadido (11:17)

Este votante del PP contesta muy bien a los meapilas laicos:

Una cosa es que haya un proceso de subnormalización colectiva, por la LOGSE, la telebasura, y esas cosas. Que lo hay. Pero eso no es disculpa para que alguien de la generación de Rajoy, y no declarado subni oficialmente, se contagie. Él no padeció la LOGSE, y se le suponen unos mínimos culturales. Pero le aprieta un poco las clavijas un periodista, y larga tan campanudo:

Yo ya le he dado mi opinión. Si no le gusta, lo siento mucho. Mi posición es la del 21 de diciembre.

Así que el señor del Marca piensa que un presidente del gobierno actúa en función de unos criterios, que llama opinión, y que dependen del gusto. Momento en el que su diferencia con Pablemos es, exactamente, el gusto. A unas les gustan las coletas, y a otras les gusta el plasma. Y eso es todo lo que hay que dirimir, aparentemente, en el circo que llaman política. Según el campeón.

Es bastante impresionante, porque eso es Potemos. La esencia de la filosofía política antisistema, y pro-kindergarten. No hay sistema, hay gustos. Uno no es antisistema porque le guste el helado de fresa y no el de chocolate; sino porque cree que tomarse su helado favorito es independiente del resto de los problemas (el sistema), y algo cuya inmediata satisfacción es imperativa. O sea, un niño. O sea, Pablemos. O sea, Rajoy.

Dibujito para niños, y para Rajoy:

  1. Una opinión (o “mi posición”) puede ser contradictoria con otras opiniones del mismo campeón. Y entonces da igual el gusto, porque el gusto de una opinión es el disgusto de su contradicción.
  2. Una opinión (o “mi posición”) nos puede gustar infinitamente … sin que nos gusten las consecuencias que implica, o puede llegar a implicar.
  3. Que una opinión “nos guste” -así, sin más- no garantiza que no sea una perfecta imbecilidad.

Imaginemos la traducción:

– Puedo estar diciendo una imbecilidad; y si no le gusta, lo siento mucho.

– El problema no es que no me guste, sino que usted puede ser un imbécil. Y un imbécil de presi del gobierno no suele ser la mejor estrategia. EL objetivo de la pregunta, y de la insistencia, es dilucidar su usted es un imbécil. Y eso podría interesar a sus posibles votantes. Debería. Por ejemplo, la circunstancia del 21 de diciembre probablemente no será la misma que la del 26 de junio.

El que le puso el plasma a Rajoy le conocía muy bien. No debería haberle dejado salir de él.

La gran alternativa electoral, según el PP, es que nos guste más el Potemos de una banda o de la otra. O sea, potar y kindergarten en cualquier caso.