Repasando. Hemos averiguado, gracias a Octavio [–>] y Marod, que entre los límites de los derechos fundamentales producidos por los dioses macabros está el orden público. Que a su vez está compuesto por la seguridad, salud y moral públicas.

Marod señala [–>] a su vez límites a lo de la moral pública:

la moral pública no ha de ser entendida como el concepto que de ella tenga una concreta confesión religiosa, sino como el “mínimo ético acogido por el derecho”.

Dos problemas gordísimos.

1. Circularidad. El derecho nos remite a “moral pública” como límite. O sea, fuera del derecho. Pero luego, con un par, lo convierte en … ¡el “mínimo ético acogido por el derecho”! Pero eso no está en “el derecho”, porque si no, nos hubiera remitido al derecho mismo en primer lugar. En vez de andarnos paseando por ahí. Están mareando la perdiz sin saber lo que hacer con la criatura.

2. Confusión. Tú puedes tener una visión cristiana de la moral, y es un juicio de las acciones respecto a un bicho muy raro del que cada cual tiene una visión distinta, que los cristianos llaman “el bien y el mal”. Pero para eso, el derecho no debería remitirte a la “moral pública”, sino al catecismo. Y no tienen cojones.

También puedes tener una interpretación subjetivo social de moral. Lo que tú (el cachondo del juez de turno) crea que la sociedad “piensa” acerca de las conductas. Una chorrada, porque si la sociedad piensa algo diferente de lo que hace (es muy normal), el límite sería lo que creemos que deberíamos hacer — pero no hacemos. Ridículo elevado al cuadrado. Por absurdo, y por átame por el rabo esa mosca de lo que el juez cree que la peña piensa. Lo que le dé la puta gana al juez, literalmente.

Y finalmente puedes tener dos dedos de frente, y darte cuenta de que la moral es uno de los observables más fáciles de observar que existen. No hay más que mirar. Cuando la sociedad considera algo inmoral, lo recrimina. De forma que lo inmoral acaba siendo extraordinario; marginal. Esa es la función de un código.

Por ejemplo, ves que en el campo hay setas de todos los colores, y ninguna es venenosa, pero los miembros de la tribu se ponen todos setas azules colgando de las orejas. Y ves que cuando alguien se pone una seta de otro color, hay malas miradas o malos modos, de forma que se tiene que acabar apartando o cogiendo el color que toca. Estás viendo una moral en acción. Y la moral se ve, siempre. ¡Porque quiere ser vista! Porque funciona precisamente así. Al igual que somos animales hiper-sensibles a la jerarquía, y de un vistazo sabemos quién manda, también somos hiper-sensibles a la moral. Por la cuenta que nos tiene, en ambos casos.

Si tú miras lo que hacen los humanos con la ropa, y observas, verás:

– La tienen muy variada.

– Muestran una fortísima tendencia a “uniformarse”, eligiendo el mismo tipo de ropa, o de no ropa, según la ocasión / sitio / grupo / actividad.

– La uniformidad sólo se pierde en los lugares de tránsito.

Y con eso ya sabes que la ropa en los humanos está codificada. No es aleatoria ni va a capricho. Es un asunto de la moral.

– Pareces un pordiosero.
– Pareces una puta.
– ¿Te has disfrazado?
– ¿Vas de pijo, o qué te pasa a ti?
– ¿No irás a coger un resfriado?
– Sin corbata no puede pasar.
– Gracias por la invitación, pero no he traído traje de baño.
– Gracias por la invitación, pero no he traído un vestido de noche en el equipaje.
– Se alquilan esmoquines.
– Torso cubierto en la terraza.
– ¿Crees que podré ir en vaqueros?
– Anda, mejor te pones -por lo menos- una chaqueta.

Esto es inmoral, y ahí está el morbo del cuadro. Pero no es inmoral por las señoras desnudas, algo completamente normal en el arte de la época, sino por el desequilibrio indumentario.

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Cojones, Marod; ¿estamos ciegos y sordos, o es a propósito? ¿Tú crees que la casualidad o el capricho producen esto?

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No; lo produce un código social. Una moral. Exactamente, la moral pública. Y no va ni con el catecismo, ni con lo que el juez crea que “piensa” la sociedad. Sí va con lo que “hace” la sociedad, que es perfectamente observable.

Y si lo que te interesa es el orden público, lo que necesitas es saber el código público de conducta que está en curso. No las opiniones de doctos éticos sobre cómo debería ser el código. No; se trata del que es. Lo que se ve.

Ahora podemos sopesar los perjuicios que para algunos extravagantes puede producir esa norma moral, y las soluciones y equilibrios que pueden darse. Pero NO podemos negar una moral que ven todos los humanos, y por eso actúan en consecuencia. Estás viendo un sistema en acción. Y no tiene nada que ver con las leyes. Si se monta un pollo, por ejemplo un burkini, las leyes pueden entrar para evitar violencias. O por la obsesión del poder por mandar. Si no, funciona solo. Normalmente funciona muy bien en modo sistema auto-regulado.

O sea, sí; el burkini afecta a la moral pública. Por tanto, al orden público. Y por eso está afectado por un posible límite, a pesar de ser un derecho fundamental. ¿Es suficiente, es insuficiente? Habrá que sopesarlo. Junto a sus posibles soluciones, que están muy lejos de ser una sola. Pero (1) la solución no puede ser la respuesta automática de tanta gente que responde sin pensar (incluyendo el Consejo de Estado de Francia), y (2) nunca podrás sopesarlo correctamente sin comprender la función de la moral en la sociedad humana. Que desde luego no tiene por qué tener nada que ver con “el bien y el mal”, por mucho que  en las sociedades del catecismo obligatorio, o culturalmente heredado, sí tenga que ver.

Nota. Creo que SÍ puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

Esto sí es un paso adelante. Ya hemos salido de los atascos, o de los principales.

No, no da igual que se trate de ideología que de religión, ni de coña. El motivo del rechazo a meter “religión” como derecho fundamental valdría lo mismo para ideología, si “ideología” tuviera el mismo problema. Por ejemplo, el machismo cabe dentro religión, y el burkini es un ejemplo inmejorable. Incluso el ecologismo. Vacas sagradas y cerdos impuros son normas ecológicas. Pero no caben dentro de “ideología”.

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Imagina un fiesta histórica en el pueblo. En una campa determinada, los productores locales de vino organizan una cata de sus caldos para darlos a conocer a la peña. Incluyendo el morbo de un concurso y sus premios. La Fiesta del Vino. Y ahora llegan las asociaciones de Alcohólicos Anónimos y de Monjitas Contra el Alcohol, a montar sus tenderetes de zarzaparrilla. Y a dar ampliamente por culo a los alegres bebedores.

– Oigan, amables aguados; váyanse ustedes a otra campa. O elijan otro día para SU fiesta. Porque esta es la Fiesta del Vino, y no la Fiesta del Sobrio. Ni queremos aquí sus tenderetes, ni su simbología, ni su cara de amargados.

– No me pueden impedir participar, porque la sobriedad es una ideología, y por tanto un derecho fundamental. Y por tanto en un espacio público ustedes no lo pueden discriminar.

Consejo de Estado de Francia:

– No; la sobriedad no es una ideología política, y el ayuntamiento puede organizar una Fiesta del Vino sin que les den por culo los intransigentes puritanos. Nada impide que los puritanos haga su fiesta, en su lugar.

Pero si metemos las religiones y los dioses por medio, la cosa cambia. Por ejemplo, si en vez Alcohólicos Anónimos o Monjitas Contra el Alcohol, los que llegan a dar por saco son los Hermanos Musulmanes.

Alicia desde el Consejo de Estado de Francia:

– De ningún modo se puede discriminar a una religión en el espacio público. No le puedes impedir a los mahometanos que participen en la Fiesta del Vino, para joder la Fiesta del Vino.

Y Marod añade:

Sí, a la subjetividad del bebedor, los que combaten el bebercio le pueden estar fastidiando. Pero como me fastidia a mi el que se pone a hablar por el móvil a mi lado (me jodo, tú).

Pues no, Marod y Alicia, queridos. Tenéis dos problemas muy gordos.

1. Estáis pensando con etiquetas. Como los idiotas (IYI) de Taleb. Con perdón; todos somos idiotas alguna vez. Cuando hay funciones por medio no se puede pensar (operar) ignorando las funciones. Cuando hay sistemas (ej.: Fiesta del Vino), los componentes del sistema probablemente no explican la función. Una Fiesta del Vino no es para que yo pueda beber. Eso lo puedo hacer todos los días, sin necesidad de una Fiesta del Vino. Una Fiesta del Vino es para que haya un ambiente general inducido por el vino, con sus consecuencias. Y un porcentaje suficiente de intolerantes amargados contra el vino -y no es necesario que sean muchos- se cargan ese ambiente. Hemos jodido la función, porque hemos jodido el sistema.

2. Estáis haciendo la diferencia de que los intolerantes pueden joder la Fiesta del Vino, o no, en función de que la disculpa de su intolerancia sea una divinidad imaginaria, o sea una simple moralidad civil. Si tiene un Dios, la intolerancia vale. Es un derecho fundamental. Y si no, no. Cosa que debería ser inconstitucional en sí misma (NPI), pero en todo caso es inmoral en nuestra sociedad laica. Se mire desde donde se mire.

Y el efecto de la confusión de una constitución idiota es que nunca podrá existir un evento público (no privado) en suelo público (no privado), con un propósito (función), si no les gusta a los intolerantes. Con la única condición de que se trate de una intolerancia derivada de un Dios. Que da la casualidad que siempre es el mismo maldito Dios del mismo maldito desierto. Aparentemente, hoy, el único Dios intolerante del globo. O por los menos de Occidente — a juzgar por la experiencia.

Nota: un evento con un propósito (función), o un sitio con un propósito, ya es una discriminación en sí misma. El que no está con el propósito, no está en el sitio adecuado. Pero el que está manifestándose contra la función, está jodiendo el sistema.

Conclusión: Los intolerantes (si lo son por religión), tienen la victoria asegurada. Porque los no intolerantes pueden ir a los eventos de los intolerantes, sin joderlos. El que bebe puede no beber (salvo patologías). El que no bebe, no puede beber. Y la Fiesta del Vino se acabó. Nassim Taleb lo explica con claridad:

Es estúpido. Es la quintaesencia de la estupidez. Pero es peor. Es estúpido en un sentido muy determinado; va contra el núcleo de la trama y la estructura de nuestra sociedad. De cualquier sociedad no intolerante, en realidad.

Otra confusión:

– Pero como me fastidia a mi el que se pone a hablar por el móvil a mi lado (me jodo, tú).

Nadie ha establecido el derecho fundamental a hablar por teléfono gritando junto a una oreja ajena.

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Añadido: Otro gallo cantaría si “religión” estuviera definido funcionalmente. ¿Quieres dar una protección especial al hecho religioso? Tal vez por aquello de la conciencia, y poner limites a la intrusión del poder en ese jardín. Perfecto. Mira:

Religión: Divinidad + oración + templo + manifestación pública puntual.

Y ya está. Eso es lo que tienen todas las religiones, y muchas sólo tienen eso. No hace falta más para proteger el “hecho religioso”. Una cosa es proteger la religión (una función), y otra es proteger todos los casos y todas las circunstancias a los que alguna cultura llame religión, con todas sus morcillas añadidas al hecho religioso propiamente dicho.

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Nota. Creo que NO puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

Habíamos señalado este artículo de Nassim Taleb:

Donde lo relevante no es que los turistas hablemos de religión (en genérico) sin saber de lo que estamos hablando, sino que lo hagan los que toman decisiones políticas que afectan a otros. En este caso, los asnos que hicieron la  constitución, y los ignorantes (acerca de la religión) que dictaminan sobre su libertad de uso de acuerdo con la constitución. ¿Por qué piensa Taleb que estos campeones no saben de lo que hablan cuando hablan de religión? Por el primer motivo que siempre se busca cuando se quiere saber si alguien sabe de lo que habla. ¿Cómo lo defines?

Taleb lo explica con gracia:

Los matemáticos piensan en (muy precisamente definidos y cartografiados) objetos; los filósofos en conceptos; los juristas en constructos; los lógicos en operadores; … y los idiotas en etiquetas.

Imagina lo que puede pasar si metes en la Consti un derecho fundamental, que apenas tienen límites, para proteger algo que no entiendes (porque no puedes definirlo) y que sólo imaginas a través de una etiqueta como las que usan los idiotas de Taleb para pensar. Tienes la garantía de estarte buscando problemas.

No vamos a desarrollar lo de la garantía de los problemas. Es obvio, y ya lo explica muy bien Taleb en su artículo. Cada religión y cada cultura entienden algo muy distinto por “religión”. Y entre esos entenderes, cuya práctica la Constitución establece como derecho especial, muchos pueden ser no ser recomendables para derechos fundamentales. Insisto, se tata de practicar, no sólo de creer.

No nos liemos con los detalles. De momento estamos hablando sólo en teoría. El esquema de trabajo. Si no defines finamente el concepto de “religión”, y es un saco en el que cabe cualquier elemento que las diversas culturas llamen “religión”, es muy posible (vaya, seguro) que estés metiendo morcillas inconvenientes dentro del saco. Literalmente estás incluyendo lo que no conoces; nadie tiene memorizados todos los prodigios de todas las religiones. Y muchas religiones son sistemas sociales brutales.

Puedes pensar que no es problema, porque si es ilegal ya existe la salvaguarda de que no vale. Falso; muchas acciones no son ilegales, pero no deben ser derechos fundamentales. Si no, todo lo que no es ilegal sería derecho fundamental. Y no lo es. Y a través de “religion” como etiqueta, estás metiendo cualquier cosa. Ni siquiera puedes saber lo que estás metiendo.

Lo que vamos a ver es si el planteamiento teórico de Taleb ocurre en la realidad. En concreto, en la realidad de España. Y veremos que ocurre con una claridad que casi hace daño a la vista. Son cuatro pasos, muy breves.

1) La Consti establece “religión” como derecho fundamental, sin definición alguna [ver aquí –>].

2) La ley que regula lo de la religión no hace ninguna definición de religión. Se limita a señalar tres ejemplos, que no parecen exhaustivos, de actividades y fines que no se pueden considerar “religión”. Pero no dice lo que sí es religión como concepto que merece ser derecho fundamental. [Ver aquí –>]. Ni sus fines; ni sus métodos; ni  sus exclusiones; ni leches.

3) Alguna sentencia del Tribunal Constitucional sí necesita una definición de “religión” (era inevitable), y como no la tiene, ¡recurre al diccionario! [Ver aquí –>]

exigiéndose, además, de acuerdo  con el concepto de lo religioso recogido en el Diccionario  de la Real Academia Española, los siguientes requisitos

4) Así que tenemos que para regular un fenómeno que suele ser parte de la estructura de la sociedad, y causa de innumerables conflictos especialmente sangrientos, nos tenemos que basar en el conocimiento de ese fenómeno universal que tienen doctos señores como Pérez Reverte, Luis María Ansón, o Juan Luis Cebrián. Que no tienen ninguna culpa, los pobres. Nadie les había dicho que de su meritorio trabajo en la Academia dependían los derechos fundamentales de los españoles.

Conclusión del sistema de pensar con etiquetas:

DRAE, religión.

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

¿Consideramos que las normas morales de las religiones tienen un fin principal y común a todas ellas -una divinidad y los actos para darle culto- y que por tanto eso es lo que debe incluirse entre los derechos fundamentales? ¿O consideramos que cualquier norma moral extravagante (que ni siquiera conocemos de antemano) con cualquier otro propósito -por ejemplo organizar la sociedad, la vestimenta, el sexo, la higiene, o la gastronomía-  es parte del concepto constitucional de “religión” — siempre que haya una divinidad por medio?

No se sabe. La Real Academia no lo dice, ni tendría por qué decirlo. La Consti y la Ley Orgánica no lo dicen, pero usan a la Real Academia que tampoco lo había dicho. Imagina el segundo caso, que tiene pinta de ser a lo que se refieren. Está protegida especialmente cualquier norma moral que venga de cualquier divinidad. ¿Dónde están protegidas especialmente las normas morales espontáneas que vienen de la sociedad en cuestión? Por ejemplo, el uso de traje de baño en las playas es una de ellas. Va a ser que las divinidades trastornadas de exóticos desiertos pesan más que nuestra propia dinámica social.

Taleb:

Dos personas pueden estar usando la misma palabra con distinto significado, y sin embargo continuar la conversación. Lo que está muy bien para tomar un café; pero no cuando se están tomando decisiones, especialmente decisiones que afectan a otros.

Intelectuales, y sin embargo idiotas.

Sección para nota. Se recomienda saltársela, menos a Marod.

El Prosti insiste [–>] en que no hay definición:

aunque dicha Ley no define de forma positiva qué debe entenderse por religión o actividad o fines religiosos

Pero se busca un apaño. Acojonante:

… sí establece un catálogo de exclusiones, ya que, según su art. 3.2, “quedan fuera del ámbito de protección de la presente Ley las actividades, finalidades y Entidades relacionadas con el estudio y experimentación de los fenómenos psíquicos o parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espiritualistas u otros fines análogos ajenos a los religiosos”.

O sea, quedan fuera del ámbito de la protección estas tres actividades. Y las que siendo análogas sean ajenas a los fines religiosos (que no sabemos bien cuáles son). ¿Y en el caso de que las que no sean análogas a esas tres, pero sí tengan fines ajenos a los religiosos, qué hacemos? Nadie sabe. Etiquetitas. Como los idiotas de Taleb.

Con estos bueyes aramos, y le pondrán un burkini a tu chica. Dales tiempo.

Traducido a tu propuesta. La bikinesa no debe darse por aludida (por la burkinesa), porque si todos empezamos a darnos por aludidos por las creencias y opiniones de los demás, vale más que salgamos a la calle en uniforme. Y si se da por aludida es su puto problema. Qué se compre unas gafas de clor de rosa.

Es que esa es la idiotez de la ley, y de Alicia. Creer que la gente no se debe dar por aludida por la moral, cuando la función de la moral es, precisamente, que TODO EL MUNDO se dé por aludido. Y la moral no son las creencia u opiniones de los demás, sino el convencimiento de los demás sobre lo que yo debo hacer si no quiero ser un inmoral. Estás inventando un mundo que no ha existido nunca, y que no hay ningún motivo para pensar que pueda existir. No tiene precedentes. La sociedad “multi-moral”. Y si acabara existiendo, sería una sociedad menos funcional. Prácticamente una sociedad canina.

Moral: Código que te indica la conducta que puedes esperar de los demás, y la conducta que los demás esperan de ti.

Ejemplo: Te cruzas con un desconocido en la escalera, y no necesitas disparar un protocolo complicadísimo de acciones para decidir si os vais a insultar, ignorar, o saludar. Eso les pasa -por ejemplo- a los perros, pero los humanos tienen la solución preparada de antemano: ¡buenos días! Fácil, cómodo, limpio y barato.

Ejemplo. Vas a la playa, y sabes: Qué ponerte; qué se van a poner los demás; qué cosas no vas a hacer (por ejemplo, mirarle con demasiado descaro el culo a la vecina); y qué cosas no van a hacer los demás (por ejemplo, mirarle con demasiado descaro el culo a tu novia). Hay muchísimos más ejemplos de lo que sabes, pero es por abreviar. En resumen, es un esquema que se llama sociedad, y se llama civilización. Y permite, por ejemplo, disfrutar de una playa a gusto, sin complicaciones, y sin que la ley (ni los polis) tengan que intervenir en el asunto. Es un sistema básicamente auto-organizado.

Pero llega una tropa con burkinesas, y se ha jodido el plan.

Ya no sabes cómo funciona el sistema, ni lo que puedes esperar, ni lo que se espera de ti. ¿Le puedo pedir perdón a la burkinesa si el puto niño ha lanzado su pelotita demasiado cerca, o se ofenderá su chorbo porque le he mirado a la cara para hacerlo, y debería haberme dirigido a él en vez de a ella? ¿Tendrá mi novia que mantener las patitas cerradas para no provocar infartos? Ahora que lo digo, ¿no se le ve un poco demasiado tenso a ese musulmán para estar en la playa? Oye, y la cinta de la espalda del bikini, ¿se puede quitar cuando estás boca abajo, o sera algo excesivo? ¿Y darnos un beso rápido y discreto? ¿Se le podrá cambiar a la niña el traje de baño sin mayor gimnasia, o hay que hacerlo bajo una toalla? Tú me entiendes. Espero.

En resumen: has pasado del sistema de los humanos (un código moral) al sistema de los perros (protocolos complicadísimos). ¡¡¡Por culpa de la constitución!!!

porque si todos empezamos a darnos por aludidos por las creencias y opiniones de los demás, vale más que salgamos a la calle en uniforme.

Salir a la calle “en uniforme” es exactamente lo que hacemos. Sin que ninguna ley intervenga por medio. Nos vestimos de trabajo, de fiesta, de casa, de deporte, de vacaciones, de cena … ¡y de playa! Y hacemos mucho más que “uniformarnos” de ocasión. Adaptamos también nuestra conducta; no sólo la ropa. No te cruzas igual con una alguien en una discoteca a las dos de la mañana, que en la oficina de un banco. Y todo ese conjunto de interacciones pre-preparadas, se llama código moral. Y hace que la sociedad humana pueda elevarse a unos niveles de complejidad estratosféricos, comparada con la sociedad de los perros. Y ademas de estratosféricos en su complejidad, muy lubricados. Con poco mordisco.

Coño, Marod. Esto es algo que todos los humanos entienden. Ser humano y entender eso es lo mismo. Viene en el mismo “pack”. Bueno, se podía dar por supuesto que todos los humanos lo entienden. Hasta ahora. Ahora vemos que Alicia no lo entiende. Yo creo que sí, pero que hace como que no lo entiende para que pueda funcionar su mundo de ficción. En mi libro, esa es una muy buena definición de planteamiento idiota. Más todavía, cuando este problema completamente artificial viene de la imaginaria firma de un Dios que no existe. Me estás contando un chiste alucinante. Una de las mayores bromas de la historia de la humanidad.

Nota. Creo que puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

No nos damos cuenta. Hemos hecho de la opinión algo sagrado; especialmente la opinión religiosa y / o política.  Y se entiende; en el mundo de la telebasura, donde cuanto más idiota y cafre sea una opinión, más éxito tiene, hay que ponerles un altar a las opiniones. Esa es la estrategia mejor para poder largar chorradas sin parar … y sin enrojecer. Pero los altares son muy peligrosos, porque tienden a no aceptar límites. Por ejemplo, convertir la libertad de opinión en libertad de escrache.

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Y no es lo mismo, ni de lejos. Libertad de opinión se refiere a poder comunicar algo a quien quiera escucharlo. No se refiere a poder obligar a alguien a escucharme según le canto las cuarenta. No puede ser una libertad para ser un cafre.

Las “opiniones” morales son un tanto especiales. No son “opiniones”, son preceptos. Y el burkini es un ejemplo muy bueno. Pero nos cuesta verlo.

Los cegatos lo ponen así:

No podemos adoptar decisiones cuando no tenemos la seguridad del significado y la intención de algo y alguien. Tú das por sentado que la señora de la foto (la burkinesa)

  • está llamando guarras impías a las otras que no llevan burkini
  • está proclamando la inferioridad y desigualdad de la mujer.

Y no te queda ni el menor atisbo de duda. Y lo que yo te estoy diciendo es que eso es una interpretación de lo que quiere decir. Qué si hay una duda razonable de que el significado y la intención de esa mujer sea otra, estaremos cometiendo un grave error.

Pero no es así. La burkinesa puede creer lo que sea respecto de lo que dice. Incluso que no está diciendo nada. La intención es irrelevante en la comunicación; un mensaje es un mensaje.

1) Lo hace por religión. (Es en lo que se basa el argumento pro burkini)

2) Si lo hace por religión, es porque esa religión tiene una norma moral que dice que tiene que hacerlo, y por ser mujer. Y ella cree la norma, puesto que lo hace por religión, y no por capricho. La religión tiene una norma moral, no es un catálogo de conductas para elegir a la carta según apetencia.

3) Luego hay una norma moral que dice que la mujer no puede ir en bikini en la playa sin incumplir esa norma, y por tanto sin ser una inmoral. Eso significa inmoral; que no cumple la norma moral.

4) Luego la burkinesa, si lo hace por religión, e independientemente de lo que “quiera” o “crea” decir, está llamando inmorales a las demás. Está diciendo que cree que las bikinesas son inmorales. Es un comunicando de hecho, objetivo, crea lo que crea decir.

5) Esto, desde el punto de vista de las bikinesas, supone que una maldita inmoral le está llamando inmoral a ella.

Y ahora podemos hacer todas las virguerías tipo Alicia que se nos ocurran. Podemos pensar que deberíamos tener la templanza de soportar que el anti-taurino venga a llamarte asesino a la cara, sin inmutarnos. (No soy taurino, pero es para entendernos). Pero mientras seamos humanos, y no unicornios, y mientras la moral sea un código (juicio) de conductas, y no un supermercado donde elegir caprichos a la carta, nadie puede esperar esa templanza. Y mucho menos exigirla o darla por supuesta. La moral es violenta y violentógena por su propia naturaleza. Aspira a imponerse a todos, porque sólo así tiene sentido. Si no, no es una moral, sino un capricho.

Capricho es lo que me apetece hacer a mi, ahora. Moral es lo que yo creo que todos deben hacer, siempre, para no ser inmorales. Y si el burkini es por religión, es una moral.

Y así tal vez se puede entender que moral no es una opinión sin más, sino una muy especial. Puedes reunir sin ningún problema en un restaurante a gente que le gusta el pescado con gente que le gusta la carne. Cada uno come lo suyo, sin más. Pero es directamente imposible si unos comen carne humana y otros consideran profundamente inmoral la antropofagia. Esa es la diferencia entre la moral y lo demás. Y por eso la moral no es un conjunto de “opiniones” especialmente respetable, sino un conjunto de preceptos especialmente delicados … y explosivos. Cuando se mezclan.

Pero resulta que unos campeones han decidido etiquetar una moral de “religión” (el burkini) y otra moral de no  religión (el bikini). Y como la etiqueta religión figura como derecho fundamental en la consti, …

– Vengan a cenar con nosotros, si quieren. Es de etiqueta.

– Ah, es que yo tengo un código de vestir distinto.

– Hmmm … Pues habrá que hacer cenas distintas.

– No, porque a mi código le llamo religión y pesa más que el suyo.

– ¡No sea usted gilipollas!

Añadido posterior. Quede un detalle. La mirada desde el punto de vista de un tercer grupo con su propia moralidad. Los nudistas. Perfectamente podrían decir:

– Si ustedes ahora no van a separar a los usuarios en las playas por códigos de vestimenta en el caso del burkini, los nudistas no tenemos por qué aceptar que lo hagan con nosotros. Y rechazamos la segregación que hasta ahora aceptábamos.

Tendría todo el sentido.  ¿Quién es el guapo que les iba a decir que no, y que su código pesa menos que el código islámico … porque no lo ha firmado Dios? ¿Estamos locos?

– Mira esta máquina guay.

– Esas dos máquinas, dirás. Parecen iguales.

– No, pero eso es apariencia. La guay es esta.

– ¿Y qué hace?

– Le metes varilla de acero por un lado, y por el otro te saca tornillos azules.

– ¡Guay!

– ¿No te digo?

– ¿Y la otra, qué hace?

– Lo mismo. Le metes varilla de acero por un lado, y por el otro te saca tornillos azules.

– ¿Y por qué sólo una es guay?

– Joé, pues porque la ha diseñado Dios, y la otra un ingeniero.

– Pero el diseño de Dios hará alguna diferencia digna de mención, ¿no?

– ¡Coño, pues que la ha firmado Dios! ¿Te parece poco?

¡Hay que joderse!

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Nota. Creo que puedo prometer que este será el último de la serie burkini:

Pues yo, ya siento, pero vuelvo a decir lo que digo siempre :

Lo que importa no es el burkini, ni el burka …

Si el burkini fuera lo que nos hiciera darnos cuenta que religión no es siempre una mera espiritualidad ñoña e irrelevante, y que algunos fenómenos que llamamos religión -como el salafismo de los burkinis- son sistemas políticos totalitarios al completo, entonces el burkini sería cualquier cosa menos “no importa”. Se convertiría, exactamente, en “lo que importa”.

Mira qué fácil:

– El burkini es una salvajada (no tiene nada que ver con un turbante).

– El burkini es religión.

– Joder, pues entonces religión es salvajada, a veces.

– Esto … ¿y por qué metemos salvajada entre los derechos fundamentales?

La cuestión es la siguiente. Es una sutileza dentro de una idiotez. Pero es que las leyes idiotas producen idioteces. Nos hemos convencido de que las grandes salvajadas islámicas no son religión.

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Alicia es así. Puede considerar inmoral los Estados Unidos por tener pena de muerte en muchos estados, a pesar de ser un proceso que no se puede ni remotamente comparar, por su nivel de garantías, con las decapitaciones del ISIS. Y Alicia puede no considerar inmoral el islam, porque las decapitaciones no son religión. Y por tanto no son islam. Aunque se hagan en nombre del islam, para imponer el islam, y por medio del islam.

No le vayas a preguntar a Alicia qué es funcionalmente religión, o sea una definición y precisión operativa del término. Alicia funciona con etiquetas, no con significados. Tiene un listado de etiquetas que es previo a pensar,  o a observar. Y como islam viene con la etiqueta religión, entonces el islam y el confucionismo, o Teresa Cepeda (o de Ávila) son la misma cosa. ¡Porque tienen la misma etiqueta!

Y da igual lo evidente que pueda ser que se trata de fenómenos sin comparación posible. No funcionan igual (leyes dinámicas muy diferentes), no producen lo mismo … ¡pero tienen la misma etiqueta! Y resulta que nuestras constituciones han elevado a esa etiqueta a Derecho Fundamental. Alicia es tan inteligente que no se da cuenta que está usando un imperativo pensado para defender una espiritualidad más o menos ñoña, y más o menos inocua, para defender un sistema político totalitario y terrorífico. O sea, para defender justamente aquello que la democracia liberal se supone que tiene que evitar.

Y ahora llega el burkini.

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Sin duda es una salvajada infinitamente menor que las decapitaciones. Después de todo la momia podría no estar en la playa, mientras que el decapitado no puede no estar en su ejecución. Además, Alicia dirá que se trata de un capricho voluntario, y Luis del Pino dirá que es lo mismo que el ropaje de los surfistas. Pueden decir misa, porque todo el mundo ve que los surfistas no se tumban a sol con sus ropajes, ni siquiera los usan para darse un baño relativamente corto, como la burkinesa. Tienen una función muy distinta el traje del surfista y la momificación de la burkinesa. Y si fuera un capricho voluntario, porque de alguna forma da gusto, muchas veces se vería darse ese gusto a los mahometanos hombres, y a las mujeres y hombres no islámicos. Pero en vez de observarse muchas veces, se observa cero veces. Con lo que hasta la más subnormal de las Alicias entiende (sabe) que ni es un capricho, ni es como el surf. Es otra cosa. Y de hecho es Alicia misma la que nos dice qué otra cosa es: ¡religión!

¡Bingo! Alicia acaba de comprender que religión no siempre es una espiritualidad más o menos ñoña e inocente. Que a veces es una salvajada. ¡Porque el burkini es religión! Y eso sitúa a Alicia en un lugar en el que nunca había estado. Siempre lo evita con gran cuidado, pero el burkini le ha fastidiado el plan. Si la religión puede ser salvajada, es de imbéciles elevar a derecho fundamental lo que puede ser salvajada. Religión, simplemente es un término demasiado impreciso que engloba funciones contrarias entre sí, y a menudo directamente contrarias a la Constitución (y a nuestra moral). También opera a menudo como una secta, y nadie se toma enserio la “libertad” dentro de una secta, diga lo que diga la ley de Alicia.

El caso es que ahora, y gracias al burkini, Alicia tiene un problema y una comprensión que no tenía. Puede dejar que lo monopolice Le Pen. Sería una locura. El alcalde que ha prohibido el burkini en un pueblo de Córcega es socialista.

El burkini le hace entender a Alicia lo que ni siquiera las decapitaciones le habían permitido comprender. Y ahora dime que el burkini no importa. Lo único que hace falta es que el entendimiento nos lleve a una decisión. Por ejemplo, definir la parte de religión que no puede ser un derecho fundamental.

Regular la ropa, un código de vestir, es probablemente el acto más común y universal de la civilización. Si por civilización entendemos lo que viene después de la revolución neolítica. Nos “disfrazamos” de trabajo, de vacaciones, de fiesta, de verano, de casa, de político, de intelectual, de deporte, de cena, de gala  …  y de playa. Es un cristo de cojones, pero nos va la marcha. Somos así.

El asunto del burkini no debería suponer ningún problema. Y no necesita ninguna horrible “prohibición”. No es una prohibición del traje de baño el que no se pueda ir en traje de baño al consejo de administración de un banco. No es una prohibición de la corbata el no poder entrar con traje de corbata en una sauna. Un código de vestir no prohíbe ninguna vestimenta; sólo regula el tráfico. Y si alguien quiere salir a cenar hecho un guarro, para eso están las pollerías y siderías. El que quiera, se puede manchar de grasa hasta las orejas … en el sitio adecuado. El orden no impide la libertad. Y si unos prefieren ir desnudos del todo en la playa, pero a los más eso les parece molesto e inmoral, a nadie (quitando a Franco y tal) se le ocurre ni prohibir el desnudo, ni incomodar a todos mezclando el desnudo con el no desnudo. Se establecen playas o zonas para los dos códigos, y todos contentos.

Tampoco es nada nuevo. En Al Andalus, en los baños había días para los moros, días para los cristianos, y días para los judíos. Y Al Andalus, os recuerdo, es el colmo de la convivencia y la civilización para los adoradores del burkini; esos haters del cuerpo de las mujeres.

Pero resulta que es imposible aplicar esta solución tan sencilla, y tan conocida, en el caso del más idiota de los problemas. ¿Por qué? De la infinita discusión suscitada este verano, de Marod,  y del Consejo de Estado de Francia, se deduce que es por una norma increíblemente estúpida que tenemos en nuestras constituciones:

CE, artículo 16:

Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

Unos genios, porque la manifestación religiosa es una garantía de problemas de orden público a poco que las fuerzas estén equilibradas. Por un motivo bien fácil de entender.

DRAE, religión:

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Distintas religiones implica distintas normas morales. Por definición de religión. Para la burkinesa es inmoral que la mujer pueda disfrutar del aire libre y del sol, y del baño, en las mismas condiciones que el hombre. Pero esa proclamación de la moral de la burkinesa es perfectamente inmoral para la occidental. Que cree profundamente, esencialmente, en la igualdad de oportunidades para la mujer. De hecho es una de sus mayores señas de identidad — como lo contrario es una de las mayores señas de identidad para la burkinesa. ¿Alguien tiene dificultades para entender que la manifestación simultánea de moralidades contrarias, en el mismo sitio, es una garantía de desastre de orden público? ¿Algún alcalde con sentido común permite dos manifestaciones, de taurinos y anti-taurinos, en la misma plaza? Ni al más subnormal e irresponsable de los alcaldes. La respuesta es obvia:

Libertad Digital [–>]:

“Si la tensión se mantiene alta, no lo derogaré porque el Consejo (de Estado) no me lo solicita personalmente”, dijo a la cadena “BFM TV” Pierre Vivoni, alcalde socialista de la localidad corsa de Sisco, que prohibió el burkini tras una pelea entre jóvenes corsos y familias de origen magrebí.

Queridos legisladores. Nassim Taleb os define como I.Y.I. (intellectuals yet idiots). Os conviene leerlo:

We Don’t Know What We Are Talking About When We talk about Religion

No, no tenéis ni puta idea de lo que habláis cuando habláis de religión. Porque como una religión implica una moralidad, entonces la manifestación pública de una religión implica la exhibición de una inmoralidad para los de religión distinta. O incompatible; no todas son igual de incompatibles. Pero el islam parece especialmente incompatible. Y los humanos no suelen ser indiferentes a que les exhiban una inmoralidad delante de las narices. Si no tienen fuerza en ese momento puede que se vayan. Si la tienen, es casi garantizado que van a agredir de alguna forma. Esa es la dinámica de la moral, que es justo lo contrario de una “opinión” más o menos aleatoria, o dependiente de un parecer pasajero.

La moral es, por una parte, un monstruo necesario (todas las sociedades tienen),; y por otra parte es un monstruo peligroso (no las puedes andar mezclando alegremente). Y la religión, como en buena medida es una moral, tiene el mismo problema. Hemos legislado con el culo. Los idiotas de Taleb.

playa-burkini

Viene de:

Qué latita la discusión del “burkini”

¡Coño, Marod! Y con una pega interesante [–>], como es su costumbre.

– La playa no es un bar, ni un club, ni nada por el estilo. Es un lugar de dominio público…Como la calle. Igualito.

Nooo. No tiene nada de igualito.

– No es necesario. No es lo mismo quitarte la playa que quitarte la calle.

– Es un lugar de “propósito específico”.

– Es muy normal no ir a a playa, incluso para los que les gusta. Muchas señoras muy playeras lo dejan a partir de cierta edad. O van sólo cuando no hay casi gente. Porque ya no les gusta su cuerpo, y porque el burkini no tiene el menor sentido para “playear”. Ni tiene sentido para uno mismo, y claramente es molesto para los demás.

Propósito específico. La playa es un lugar donde se puede, por ejemplo,  jugar a la pelota. Pero no es el único lugar donde se puede hacer. Por eso, cuando no está muy vacía, suelen organizar una zona donde sí se puede jugar a la pelota, para que no den por saco en las demás. O directamente lo prohíben. ¿Algún problema de orden público, aparentemente tu único límite a la libertad? No señor. Simplemente, da la lata. Y sólo se puede playear en la playa, mientras que te puedes ir con la pelotita a otra parte. Le llaman sentido común; sin necesidad de kindergarten, Alicia, ni positivismo, ni vainas. ¿Cómo estarían los playeros en una playa llena (hablamos de Cannes), con un 10% de disfrazadas de monjas? Probablemente dejarían de ir a la playa.

Pero tu pega tiene mucho mayor interés en lo genérico.

– Qué tiene la playa de especial para impedir la manifestación libre de una fe?

No es exactamente la manifestación de una fe. Es la manifestación de una moral. Suelen ir muy de la mano, pero no son lo mismo. La religión es cosa de uno; la moral es cosa de todos. Ejemplo:

Religión:

– Creo que Dios es uno, grande y misericordioso.

Estupendo, colega. No me importa mucho, pero tampoco me molesta — siempre que me ahorras el mensaje diario desde el minarete.

Moral:

– Creo que la mujer que muestra el cabello en público es una zorra asquerosa que debería taparse.

Pues aquí ya, colega, empiezas a hincharme las narices.

Siempre evitas el análisis funcional, dinámico. La historia de tu positivismo es la que es, y sale de lo que se conocía en Europa y USA en una época determinada. No conocían la función de la moral en una sociedad (código de conducta dónde no puede llegar la ley). No sabían que toda sociedad humana tiene al menos una moral (facilita enormemente las interacciones); ni que más de una moral en el mismo sitio es una fuente inevitable de conflicto que normalmente deriva en segregación. Porque la moral, además, crea “identidad”. Muy fuerte; nosotros / ellos, como seres básicamente incompatibles.

Ya sé que probablemente ni siquiera te vas a acercar a ese precipicio. No es “positivismo”. Pero eso no hace que no sea un problema, ni hace que no se conduzca conforme a unas leyes más o menos conocidas ahora; ni evita que se puedan predecir probables consecuencias que tiene el experimento de alegre mezcla de morales incompatibles que estamos haciendo. Y de todo esto no tenían ni repajolera idea los redactores de tu “positivismo”, así que no entiendo bien por qué lo consideras tan relevante.

A qué coño crees que van? A provocar? Protesto, especulativo.

Me da igual. No me extrañaría que vayan a demostrar su “normalidad”. Es una obsesión de todos los que se saben no normales . De hecho es un mandato funcional de toda moral: imponerla. Es como funciona la moral. Y funciona muy bien. Pero, vayan a lo que vayan, contemplar que una moral externa no nos vaya a joder nuestra propia moral no me parece una idea tan descabellada.

Ni siquiera he pensado en una solución posible. O mi preferida. Me daba una pereza espantosa. Pero ya nos hemos metido. Tirando de historia, de antropología, de soluciones nuestras comparables, y no siendo proclive a las prohibiciones, creo que me inclino por la segregación en la playa. Al primer burkini, el socorrista organiza con cuerdas y palos una “zona burkini”. Y se varía la frontera en función de la necesidad. Ya se iría viendo lo que se necesita, y se puede dejar fija.

¿Eso les sirve a las burkinianas? Debería; pero seguro que les ofende. Quieren sentirse normales. ¡Pero es que no lo son! Han elegido ser “el otro”. Otra sociedad aparte. La ley será la misma (y de hecho la rechazan), pero la moral es incompatible. Y un código de conducta común es probablemente la mejor definición y “marca” de una sociedad. Desde una moral, otra moral distinta no puede ser “normal”, porque es la definición de lo inmoral. ¿Cómo diablos va a ser normal lo inmoral? ¿Estamos tontos?

Así que segregación. Zona burkini, según demanda. Igual que hay playas o zonas nudistas, sin que nadie se ofenda. Conocemos la solución y funciona muy bien. Y es el mismo caso: disintas morales de vestimenta. Todos son libres de bañarse con lo que les apetezca, o sin nada. Y si se sienten raras las burkinianas, ya lo siento, pero es que lo son. Aquí, lo son. Raras. Rarísimas. Medievales. Una pelmada horrible. Como una pesadilla.  Es lo que tiene la moral, entre otras cosas; separa “nosotros” de “ellos”. Si quieres dos morales, o tienes problemas (a menudo muy gordos), o tienes segregación. Se llama el mundo real.

El progretariado se pondría en esteroides ante la idea, claro. Pero igual va siendo hora que comprendamos que el multi-culturalismo puede que sea un sueño muy bonito, pero el multi-moralismo no existe. No somos así. Ni la moral es así por su función.

De hecho, si las burkinianas tuvieran alguna sensibilidad, se juntarían y montarían su zona propia de forma natural. Y la gente, de forma natural, les cedería ese espacio. ¿Quién tiene ganas de estar rodeado de monjas en la playa? Te separas como solución evidente.

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Mira qué fácil era lo que tanto da que hablar.

Se ha convertido en el tema del verano. Como a Luis del Pino le va la marcha de discutir, no se enfadará porque lo use de ejemplo. Además, al menos es una pegunta lógica. Y no sólo es lógica, sino que debería ser la primera pegunta. Siempre.

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Aunque se puede hacer en un plan menos sobrado que ese: “venga, suerte”. Porque si hablamos de la prohibición de fantasmas en la playa es porque ya hay esa prohibición en algunas partes. O sea, lo que pide Luis del Pino como un imposible -venga, suerte- es algo que más que presumiblemente ya han resuelto otros. Lo que pasa es que hablamos de ordenanzas municipales en pueblos de Francia, y no son tan fáciles de encontrar. En El Confidencial [–>] traen un ejemplo, y nada malo.

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Como anillo al dedo. ¿Sabes la religión del buzo? Ni de broma. ¿Y sabes la de la burkiniana? Pues a la playa vienes con la religión dejada en casa, para no dar el cante a los demás. Nadie quiere acordarse de la religión en la playa. Y la playa no es obligatoria, como sí es -por ejemplo- la calle.

Uno puede pensar que eso también prohibiría los disfraces de monja en los baños estivales. ¡Pues claro! ¿Y por qué no se había hecho antes? Pues porque nadie ha visto nunca monjas tomando el sol en la arena entre los playistas. Ni bañándose. Sí, es verdad que en internet se puede encontrar una foto, siempre la misma foto de una sola vez, en un pueblo italiano. Lo usa HispanTV [–>] como contra argumento.

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Pero si se generalizara el monjerío en la playa, seguro que la gente les diría, discretamente, que se organizen una zona particular para ellas solas. Porque resultaría bastante cantoso que el plan de ir a la playa estuviera condenado a practicarse entre monjas. No irías. También se puede apostar que nunca hará falta, porque las mismas monjas se darían cuenta, antes de la protesta, que una cosa es hacer una gracia un día, y otra es dar la lata.

Decía que probablemente les avisarían a las monjas con discreción. Cosa que no ocurre con las burkinianas. Más bien parece que les estaban ofendiendo en Francia, con recriminaciones y malos modos, y de ahí las normas de algunos ayuntamientos. Y es que no son dos casos comparables. Las monjas usan un disfraz particular, de gente rarita y apartada del mundo. Como un Hare Krishna. Y por eso no suelen invadir las playas. Ni las monjas, ni los Hare Krishna. El burkini es una “señal moral”. Y una “señal moral” significa un par de cosas, bastante agresivas ambas.

– Yo tengo un código moral que tú no compartes. Tú eres “los otros”.

– Si no llevas burkini eres una guarra inmoral (*).

Esto siempre es un proyecto de conflicto y de roces sociales. Se puede sobrellevar, pero la historia lo que nos dice es que la solución suele ir más por el lado de la segregación de las distintas “comunidades morales” que por el lado de tragar conflicto. Y en este caso tiene mala pinta, porque algunos desde el lado de la “comunidad burkini” están empeñados en el asesinato y el terrorismo. Probablemente para provocar que el roce sea mayor de lo inevitable. Y en ese sentido tienen la victoria asegurada. Es fácil llevarlo a cabo; sólo hay que tener empeño.

No sé si es una idea buena o mala esa prohibición en algunos ayuntamientos franceses. Pero desde luego que no es algo, ni sin sentido, ni extraordinario. Si en tu playa hay un chiringuito al que se puede ir, seguro que no te dejan sentarte con el dorso desnudo. Ni comer con traje de buzo (recado para Luis del Pino). Regular la vestimenta en función de la actividad es lo más normal del mundo. Y lo más civilizado, por otra parte. Esto no tiene nada que ver con la libertad; tiene que ver con la civilización. Con no dar el cante.

Nota (*). Habrá quien no entienda que lo de que el burkini significa que tú eres una guarra inmoral. Y las burkinesas hacen grandes protestas. ¡Sólo queremos libertad y que cada uno vaya como quiera! Los cojones, querida burkinesa. Sí tú piensas que una mujer debe vestirse así porque lo dice la moral, estás pensando que la que viste de otra forma es una inmoral. Y por tanto guarra. Y no me cuentes que no tiene nada que ver con la moral, que a ti sola y por tu cuenta te ha apetecido esa estrafalaria vestimenta. Cántame una milonga. Una señal moral es una señal moral, y no suelen ser precisamente discretas. Su objetivo es dejar las cosas bien claras. Y lo consigue.

Añadido. Para que se entienda mejor, definamos funcionalmente “playear”. Ir a un lugar con arena y agua que sirve para tomar el sol por dos motivos: como no es la calle se puede uno desvestir; y el agua refresca de vez en cuando. También serviría: ir a un lugar para estar al aire libre con la menor ropa posible, y sin interferir con las actividades cotidianas y laborales. Y ahora explica “burkini” para playear.

Continúa en:

Burkini II: Segregación es la solución razonable

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En la cultura occidental funciona un cuento enternecedor que se lo cree aproximadamente todo el mundo. Que la moral es algo interno, de cada uno, y que lo púbico -de todos- es la ley. Como ficción es algo que probablemente produce derivadas muy interesantes, como por ejemplo nuestra cultura política y la democracia liberal. Pero en cuanto te lo crees, lo único que consigues es no entender cómo funciona el mundo.  Y desde luego no entender la función de la moral.

No hay más que pensar y abrir los ojos. Pongamos un par de preceptos morales de libro, y ajenos a la ley, para ver cómo funcionan. Respetamos a las mujeres;  respetamos a los ancianos. Respetar, entiéndase, no es no pegar; es tener ciertas deferencias a las que ninguna ley obliga. ¿Eso son preceptos de cada uno, para guiar la conducta del que se los crea? ¡Y un huevo! Son preceptos que a lo que nos obligan es a impedir esa conducta en los demás si la tenemos a la vista y podemos impedirlo. La moral no te dice lo que no debes hacer tú, sino lo que no deben hacer los demás — y por tanto lo que los demás creen que no debes hacer tú.

Pablo Malo, de quién viene no la idea pero sí el impulso de esta entrada, lo expresa de cine en:

Y ocurre que la moralización tiene una característica que la hace única, a saber, que cuando algo es moral no se deja al criterio de cada uno que haga lo que quiera en ese tema, sino que se impone. Por ejemplo, si yo creo que abortar está mal porque es matar una persona entonces no puedo permitir que cualquiera haga en el tema del aborto lo que quiera sino que impondré o lucharé para que nadie aborte. Si yo creo que llevar minifalda o cualquier otra conducta es un insulto a Dios pues no me quedaré cruzado de brazos y esperaré a que Dios castigue a la que vista minifalda, sino que atacaré o coartaré la libertad de la chica que la lleve.

En efecto, lo que distingue la moral no es que cada campeón crea una cosa u otra, sino que sienten un fuerte impulso de hacer que los demás actúen en consecuencia. Si no fuera por ese detalle clave no se trataría de moral, sino de características personales. Espero que a la vista de la explicación se acepte la idea.

Ya sabemos dos cosas. La moral es lo contrario de algo personal, y obliga a imponerla a los demás.

Ahora podemos mirar las funciones de la moral. Los elementos culturales universales suelen ser universales porque cumplen una función. Se puede sospechar alguna función en la moral. Y de inmediato aparecen dos obvias.

1) Regulan de forma muy conveniente las relaciones humanas en algunos niveles más o menos básicos.

Cuando dos perros desconocidos se cruzan por la calle, lo primero que tienen que hacer es decidir si van a ser amistosos, indiferentes, o a atacarse. Y ese es un proceso que lleva un ritual y un tiempo. Lo humanos, como tenemos moral, sabemos lo que se puede esperar al cruzarnos por la calle, sin necesidad de ningún ritual ni de perder ningún tiempo. Sin motivo mediante, no nos pegamos. Conclusión: circulamos por la calle con muchísima mayor agilidad que los perros por una calle de perros. La moral es una especie de código de circulación de bajo nivel. Una vez más, nada personal.

2) Crea “identidad”. Nosotros (por contra de ellos) somos los que compartimos una moral. Nuestra (no mía) moral.

Y ahora hablamos con Hillary. Pero también sirve para hablar con los “animalistas” o cualquier otro cuerpo extraño que necesariamente se siente obligado a imponernos su moral — precisamente por tratarse de una moral.

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Los cojones. Los musulmanes pueden ser personalmente tan pacíficos y tolerantes como cualquier grupo humano. Su moral no puede serlo, porque ninguna moral puede serlo. La moral, toda moral, es lo contrario de pacífica y tolerante. Pregúntale a Hillary lo tolerante que es ella con los que llama “negacionistas climáticos”, o cualquier otra obsesión progre.

Pero por otra parte hemos visto (en 1 y 2) que la moral es una herramienta humana necesaria. No sé si sería posible crear una identidad “humanista” que la gran masa de cenutrios pueda compartir, pero parece muy difícil. Lo que es imposible es el código de circulación de bajo nivel sin moral. Tú, joven dama de buen ver, o puedes circular por la calle sin que te toquen el culo (Ginebra), o no puedes (El Cairo). Y necesitas saberlo. Por tanto, necesitas un sistema moral. Que no es algo que te dice lo que tienes que hacer tú, sino lo que van a hacer los demás.

Nota: por eso necesitas una asignatura como Educación para la Ciudadanía. O sea, una moral pública; y sí, del estado. Para estupor de la derecha recalcitrante. Un estado sin moral no puede existir; porque no hay estado sin sociedad, ni sociedad sin moral. Vaya, sociedad más allá de la banda de perros.

La alucinante ingenuidad occidental ha sido creer que la moral es cosa de cada cual. Se creyó su propio cuento. Pero ya en la muy -supuestamente- tolerante Al-Andalus, la gente vivía en barrios perfectamente delimitados que separaban a la vasca por su religión. Y las pocas interacciones que había, generalmente en la cúspide de la sociedad, estaban extremadamente formalizadas para evitar los conflictos. Por ejemplo, no compartir los utensilios de comer; y muchas otras gimnasias.

El islam, en la medida en que sea un sistema moral, y en la medida en que no sea nuestro sistema moral, es nuestro enemigo; inevitablemente. Pero vaya, por diseño de humano; somos así. El día que seamos otra cosa, poshumanos o lo que sea, tal vez sean posibles dos morales no enemigas. Mientras tanto, no. Cojones, que los “animalistas”, que comparten el 99% de nuestra moral, nos tienen por enemigos. Y por asesinos. ¿Qué diablos crees que van a ser los islamistas, Hillary?

Colofón. Toda moral es violentógena por su naturaleza. Si sólo hay una, funciona. Puede ser un peñazo, pero no hay violencia. Si hay más, la violencia está garantizada. También puedes intentar hacer una moral que sea única, y lo más suave y llevadera para que quepan todos. Pero parece difícil, porque la impresión es que nos va la marcha. En cuanto civilizamos el cristianismo, después de la tremenda y larga lucha de la Ilustración, en seguida nos pusimos a inventar morales nuevas que se demostraron muchísimo más peligrosas y asesinas. Y todavía seguimos en ello, inventando moral tras moral, aunque -de momento- con menos asesinatos masivos.

 

Una entradilla rápida a cuenta del libro que mencionamos ayer [–>].

La universidad de Córdoba habla en su web de los monumentos de la ciudad. Clic.

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Las tres líneas rojas señalan tres fallos gordos.

– No puede ser la tercera mayor mezquita del mundo, porque es una catedral.

– Abderramán I no fue califa, sino emir [–>]. El primer emir independiente de Córdoba (756). El que fundó el califato fue Abderramán III en el año 929 [–>].

– La mezquita no fue construida simplemente “en el sitio” de la antigua basílica visigoda de San Vicente, sino a partir de los materiales de la basílica, convenientemente destruida por Abderramán para utilizarlos [–>]. También sacó material para su construcción de otros monumentos romanos y visigodos derribados en Córdoba.

Algunos cristianos se sienten ofendidos por el estropicio de incrustar, en el medio de la antigua mezquita, la construcción posterior para hacerla una catedral más impactante . Yo mismo, que también soy cristiano aunque sea ateo.

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Si lo hubiera hecho hoy, sin duda hubiera respetado el edificio sarraceno tal y como estaba. Con el uso que fuera. Y el caso es que funcionó de esa forma como catedral, aparentemente sin mayor problema, entre 1.238 y 1.523. Pero si nos ponemos a protestar de la reforma de una mezquita por los intolerantes fachas cristianos, convendría no olvidar el arrasamiento previo de la basílica visigoda (550 – 786) por parte del tolerante islam del ejemplo mundial de convivencia.

Al principio la convivencia funcionó en forma de un pacto de capitulación (si te rindes no te mato), en el que el conjunto de la basílica se dividía en una parte para el culto musulmán y otra para el cristiano (714). Duró 72 años. Después llegó la fase de convivencia de arrasar; aquí sólo una mezquita, y lo de su culto mejor que lo hagan en su casa en privado, y sin que el público lo note. Y mientras no hayan desaparecido del todo los cristianos -que es la idea- les dejaremos poner una iglesia fuera de las murallas, para que no se diga que no tienen ni un sólo templo. Pero que ni se les ocurra poner una cruz que se vea desde la calle, que nos ofende. Y va a ser obligatorio que se pongan señales distintivas en la ropa; no vaya a ser que toquen el aljibe del que bebemos agua los musulmanes, y lo contaminen sin que nos demos cuenta. Y que no lloren por ello, porque todos sabemos que en este plan no pasará mucho tiempo antes de que haya desaparecido el último cristiano de nuestro califato. Desparecido por emigración, por reconversión, o a cuchillo. Sólo es una situación provisional, transitoria. En fin, la convivencia; tú sabes.

Vale, todo esto es relativamente normal para la época.  Y en la nuestra; sólo hay que mirar lo que pasa en la Alianza de Civilizaciones. Es mucho mejor no perder las guerras. Lo que manda cojones es el cuento de la Universidad de Córdoba. En el sitio de. Un sitio donde -al parecer- había un solar libre, casualmente en la mejor zona de la ciudad, y que no se sabe por qué se llamaba basílica de San Vicente Mártir [–>].

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Bien, es ciertamente posible que, durante siglos, los académicos medievales musulmanes que interpretaban los textos sagrados islámicos , así como los líderes militares musulmanes (incluyendo tal vez al propio Mahoma cuando guió a sus ejércitos en batalla contra los infieles que no se rendían),  malinterpretaran (al contrario que los expertos modernos) el significado primariamente pacífico y defensivo de yihad. Y que, a resultas de este error, los ejércitos musulmanes conquistaran equivocadamente la mitad del mundo conocido. O tal vez estos ejércitos de conquista estaban, de alguna forma, “esforzándose” en “resistir la tentación y derrotar al maligno”.

Darío Fernández-Morera, en:

Sirva el párrafo citado como ejemplo del -ocasional- sarcasmo que gasta Fernández-Mora al desmitificar la enseñanza convencional del mudo académico sobre el islam en general, y más en concreto sobre el mito del islam moderado, de paz y convivencia, cuyo máximo (y único) exponente presentan como Al-Andalus.

El libro es un torrente de fuentes históricas apasionantes, en las que la conquista de Hispania (Isbania) se resume en: yihad, yihad y más yihad. Pero nuestros expertos embobados quieren hacer de aquello un paseo recogiendo margaritas del campo;  un movimiento migratorio como -por ejemplo- el de los visigodos tres siglos antes. Nada que ver ni con religión ni con imperialismo. Lo único que pasa es que entendemos mal el significado real de yihad, que sólo es una lucha espiritual para mejorar. Y Fernández-Mora explica que es perfectamente posible que sea eso lo que realmente significa yihad, pero que en todo caso es exactamente el mismo error que tenían los musulmanes de la época, según sus fuentes religiosas y jurídicas.

Por mencionar una de las muchas citas- Ibn Khaldun (Túnez 1332 – 1406) explica la diferencia fundamental del islam con otra religiones. Que la guerra santa es un deber en el islam, al contrario que en los demás grupos, para los que en todo caso sólo sería un deber defensivo. Por eso en los no musulmanes los líderes religiosos no se sienten concernidos en absoluto por la política del poder. Entre ellos, la autoridad regia se adquiere por accidente, o por cualquier modo que no tiene nada que ver con la religión. Y nos los comemos con papas fritas, por mariquitas.

Si se piensa un poco, manda cojones el mito de los moros de Al-Andalus como foco de tolerancia y cultura. Al fin, dos bandas de follacabras del desierto (árabes y bereberes), de una incultura y analfabetismo muy superiores que la de cualquiera de los países que conquistaban. Eran, literalmente, los más bestias del mundo conocido de la época. Que sí, con el tiempo se desasnaron y pudieron aprovechar la cultura greco-romana de Oriente Medio y Egipto; la persa; y la romano-visigoda de Hispania. Con el tiempo … y después de quemar iglesias y tesoros culturales y artísticos en modo industrial. Además de pasar a cuchillo a poblaciones enteras y esclavizar a otras. En una pinza -la destrucción artística y la destrucción humana- muy conscientemente destinada a aterrorizar a la población e inducir su rendición.

Y la convivencia, claro. Las tres culturas. El milagro de la pazzz multicultural. Que es lo que ocurre, invariablemente, en toda conquista imperialista. Al conquistado se le ofrecen dos opciones. Desaparecer (por muerte, emigración o integración), o ser subyugado. Y la segunda suele ser una oferta provisional, mientras el conquistador se acomoda. Hasta que llega la oferta definitiva: elegir una de las tres formas de desaparición. Indudablemente todas esas opciones producen cierta forma de “paz y convivencia”. Pero no la forma que venden los multiculti.

Fernández-Mora explica que tras la reconquista de Toledo (1086) apenas quedaban cristianos en la mitad sur de la península — todavía en manos del islam. Se les ofreció lo mismo que siglos más tarde se les ofreció a los mudéjares. Conversión o puerta … a África. No puedes tener en el seno de tu población grandes masas de gente cultural y sentimentalmente aliadas con los enemigos que quieren eliminarte. Y Al-Andalus no sólo no era una excepción, sino que era un ejemplo. Ejemplo que aprendieron y aplicaron luego los cristianos, por la cuenta que les tenía.

Incluso existe por ahí la idea de carcajada de que las mujeres fueran más libres y “empoderadas” en Al-Andalus que en la cristiandad. Pero basta pedirles a esos payasos una lista de las reinas que gobernaron taifas, el califato, o el emirato.

Los “multiculturalistas” y otros odiadores de lo cristiano son muy libres de hacerse las pajas mentales que quieran. Pero si pretenden que su ejemplo e ideal sea Al-Andalus sólo van a conseguir una carcajada. Es un mito que nunca existió.

Sirva de presentación y caramelo del libro. Un clic lleva a Amazon.

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Orlando. Tiroteo y masacre masiva.

NCBNews.com [–>]:

Mir Seddique,  el padre de Mateen, le dijo a NBC News: “Esto no tiene nada que ver con la religión”. Seddique explicó que su hijo se enfadó al ver a dos hombres besándose en Miami hace un par de meses. Y cree que eso puede estar relacionado con el tiroteo.

Hmmm …

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Pero seguro que Potemos compra el argumento de que no tiene nada que ver con esa religión. En cambio, si habláramos de otra religión, no se podría decir lo mismo. No lo hacemos. Nuestros LGTBT están muy muy preocupados por la religión, pero se trata de otra.

No sé, tal vez podríamos boicotear a Israel.

El mundo -digamos- “progre moderado” enfoca el asunto de la integración de musulmanes en las sociedades occidentales como si fuera un problema similar, por ejemplo, al de la transición de las sociedades cristianas a la democracia liberal. Entiéndase lo de “progre moderado”; quiere decir no Potemos. Para Potemos el problema es el inverso;  asociarse con los musulmanes para acabar con la democracia liberal.

Yo mismo compartía la visión del mundo “progre moderado”, pero con otra estrategia. Para ellos se trata de convencer de la democracia liberal a los musulmanes. Y para convencerles, creen que la idea es tratarles con mucha delicadeza. Yo era mas de la opinión de atacarles argumentalmente con ferocidad, del mismo modo que el mundo liberal atacó a las religiones cristianas. Voltaire, etc. Esperando el mismo resultado: la civilización de la religión.

Pero hay una alternativa en la que ninguna de las dos estrategias tiene sentido. ¿Qué pasa si el islam es incivilizable? Quiero decir que los datos parecen apuntar por ahí. ¿Alguien conoce alguna nación musulmana que haya avanzado algo hacia una democracia liberal? ¿Hay muchos musulmanes liberales que no sean directamente ateos musulmanes?

El otro día veíamos una médico musulmana, Simi Rahman, explicando que para un musulmán no hay más camino al liberalismo que abandonar su religión.

Y se ve que sabe de lo que habla. Que habla en carne propia.

Pero todo esto parece impensable, porque no se le ve sentido. ¿Por qué iban a ser diferentes cristianismo e islam respecto a sus posibilidades de civilización? Las dos son religiones; monoteístas; y con muchos ejemplos de conquistas y maltrato al discrepante en su historia.

Curiosamente, hay un autor y académico americano que explica exactamente eso. Edward Feser [–>] es un filósofo con una trayectoria muy singular. Nacido católico, se hizo ateo. Pero tras diez años volvió al redil a través de Aquino. Un viraje sorpendente, pero que indica que le ha dado muchas vueltas a las ideas y al cristianismo. Y últimamente está explicando esa diferencia que ve entre cristianismo e islam, que hace “incivilizables” a los mahometanos si no abandonan su religión. Siempre que definamos civilización como la definimos normalmente en Occidente. Vaya, lo que se refleja en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. (Nota: el hecho de que los musulmanes necesiten su versión particular [–>] ya está diciendo -a gritos- que no son civilizables).

En realidad el motivo de esta entrada es destacar lo que está escribiendo Feser sobre el problema de la inmigración musulmana. Pongo los dos enlaces que me parecen principales, pero en ellos hay más.

Y hago un resumen muy muy de brocha gorda. Es mucho mejor leer a Feser, pero lo pongo para vagos.

El cristianismo contempla, desde su origen e incrustado en su estructura, dos planos. El secular y el trascendente. Y además contiene un elemento de universalidad. Y eso lo hace esencialmente diferente.

La clave se puede mostrar en un sólo párrafo de Mateo 22.

15. Entonces los fariseos se retiraron a tratar entre sí cómo podrían sorprenderle en lo que hablase. 16. Y le enviaron sus discípulos con algunos herodianos que le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios conforme a la pura verdad, sin respeto a nadie, porque no miras a la calidad de las personas. 17. Esto supuesto, dinos qué te parece: ¿Es o no es lícito pagar tributo al César? 18. A lo cual Jesús, conociendo su malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19. Enseñadme la moneda con que se paga el tributo. Y ellos le mostraron un denario. 20. Y Jesús les dijo: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? 21. Respóndenle: Del César. Entonces les replicó: Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. 22. Con esta respuesta quedaron admirados, y dejándole, se fueron.

Y hay dos elementos que los musulmanes no tienen, ni pueden tener con su religión. El primero son los dos planos. Una clara separación de lo que es del César y lo que es de Dios. El segundo, que hay unos “fariseos”, expresa la idea de que se puede honrar a Dios y cumplir sus reglas, y al mismo tiempo no ser moralmente aceptable. Quiere decir que para el cristianismo hay una moralidad que está más allá de la religión y sus normas, y de ahí que el infiel puede ser “bueno” — a su manera. Y el creyente puede ser malo, cumpliendo las normas. Por ejemplo, los fariseos.

Según Feser, estos dos elementos no sólo no existen en el islam, sino que son radicalmente incompatibles con su estructura. Pero son la clave de lo que entendemos por civilización. Un plano político y un plano personal separados inducen a la libertad de opinión. Que lleva a la de expresión, etc. Una moral más allá de la religión concreta, y de cualquier persona, es la idea de que puede haber unos “derechos humanos”. Y entre ambos, son la base de la Declaración Universal de los Derechos humanos.

Este resumen no tiene nada que ver con Feser; la idea de fondo sí. Y un resumen más resumido sería que el cristianismo contenía una semilla, de la que nace la idea moderna y occidental de civilización. Pero es una semilla incompatible con el islam. La sharia como ley ciudadana no es una idea del islam radical; es la base del islam, su esencia. Así que no soñemos que se van a hacer compatibles; ni con lisonjas y mimos; ni a hostias argumentales. El único musulmán susceptible de civilización es el musulmán ateo. Como dice Simi Rahman.

¿Más resumen todavía? Potemos y Zapatero tienen razón. Son aliados naturales del islam, contra la democracia liberal.

¿Tendrá razón Edward Feser? Ni idea. Es sugerente, y parece haber muchos más datos apuntando a que tiene razón que los que hay en sentido contrario.

Simi Rahman

[Nota previa: Artículo robado descaradamente. Publicado por Rahman en su página de Facebook [–>], donde se lo han borrado. Lo ha enviado al Los Angeles Times, New Yor Times y Huffington Post, y espera que se les pida que lo publiquen. Simi es una pediatra que trabaja en Califormia.  Para los que prefieran el original en inglés, aquí –>.-pm]

Todo musulmán humanista se está preguntando algo que yo me pregunté en septiembre de 2001.

¿Cómo distingues un musulmán radical de uno moderado?

Y esta es mi cadena de pensamiento.

Los secuestradores de 11-S me recuerdan a mi y a los chicos con los que iba a la escuela en Dubai en los 80 y 90. Eran de la misma edad, entorno, y suficientemente modernos para haber escuchado el pop de los 80 y perseguido chicas. Esto es, justo como la mayor parte de la gente joven en el mundo musulmán, no eran muy religiosos.

Así que pensé que tal vez podía distinguir las diferencias entre ellos y yo, y que tal vez podría señalar el punto de separación. Algo que ellos harían y yo no haría nunca. Y me llevó un tiempo darme cuenta, y ahora con el tiroteo de California me he reafirmado en que, de verdad, cuando se trata de distinguir entre un musulmán moderado y uno radical, no puedes.

Realmente no puedes decir quién es moderado y quién es yihadista hasta el momento antes de que aprieten el gatillo. Tasfheeen nos ha roto la espina, al revelar que vivía entre nosotros; incógnita, normal, madre, envuelta en nuestra segura comunidad; y  aun así se había radicalizado.

Y ese es el problema; que hay muchas igual que ella, con exactamente las mismas creencias, que pueden no haber sido inflamadas todavía por un clérigo radical, pero si se presenta la oportunidad podrían hacerlo. Son como un cartucho durmiente de dinamita, esperando un fusible para prender. EL TNT ya está allí.

¿De qué está hecho? No de los cinco pilares; fe, caridad, oración, ayuno y peregrinación. No de las enseñanzas del profeta sobre cómo llevar una vida buena y justa. No de la celebración de Eid ul Fitr.

Posiblemente asoma a través a través de la fidelidad que Aláh exige durante el Eid ul Adha, Cuando se conmemora en sacrificio y celebración el sacrifica voluntario de su hijo por Abraham como signo de su fe superior, al estilo de Thanksgiving americano — con comida y familia. Pero sin el fútbol. Y, ah sí, el fratricidio.

Está ahí, en el silencio que se debe mantener durante la oración, que no tolera interrupciones porque harían la oración inútil. Está ahí, en la severidad de la hiyab cuando se sigue al pie de la letra. Ni un pelo puede asomar. Está ahí, en la separación forzada de hombres y mujeres en las reuniones sociales.

Está presente en cada acto que nos excluye de la corriente general. En el mismo concepto de Nosotros y Ellos. Porque la única manera de seguir siendo Nosotros es rechazarles a Ellos. La única forma de ser un nosotros ejemplar es rechazar la occidentalización a cada paso. El halal sólo es una farsa, sacada de esa noción de que la carne ha de ser cortada de cierta manera. ¡Es la misma carne! Y sin embargo hay una diferencia mágica que la gente afirmará con toda seriedad.

Y así, para entender la mente moderada, tienes que verla en un continuum del radical al medio, pero cuanto mas te acerques a un liberal hay un muro. Te repugna, en la condena de la homosexualidad, en el tratamiento desigual y subyugación de la mujer, pero está ahí. Más allá de ese muro, por encima de cual que les de miedo mirar por temor a la condena y fuego eterno, es sin embargo donde está la respuesta. Así que ser musulmán moderado estos días es como una carrera con una bola atada a tu pie. Una desventaja. A nos ser que puedas imaginar cómo es el mundo detrás de ese muro, no puedes realmente participar. Si estas tan aterrorizado de la blasfemia que no puedes mirar por encima, estás atascado para siempre. Justo aquí. Y detrás tuyo está la horda de la yihab, reclamando el islam verdadero, practicándolo a la perfección como está expuesto en el Corán. Auténticamente entra la espada y la pared. Siento tu dolor. Yo he estado ahí. Y era insoportable.

Lero, discuto y debato junto a muchos buenos jóvenes musulmanes de todo el mundo, en foros de internet, tratando de argumentar una vía de solución. justo como hacemos en los “social media” hoy día.  Sabía que yo rechazaba la homofobia; sabía que rechazaba la subyugación de la mujer. Y todo seguía siendo una teoría hasta que lo vi en la práctica.  En los salones de profesionales musulmanes moderados del Midwest. Estaba la discusión de si el versículo que permite a un hombre golpear a la mujer, en cambio realmente quería decir que debía golpearla con una pluma. Como médico, primero soy humanista, así que la patente homofobia era irracional, peligrosa, y algo que dejé de tolerar con educación. Acudí a presentaciones de vídeos de los territorios palestinos en la mezquita, emitidos para provocar la furia de la gente congregada.

Y ahí es cuando el absurdo empezó a afectarme. ¿Qué diantres estábamos haciendo? Estábamos entrenando a nuestros niños a postrarse sin cuestionar una autoridad  que pensábamos que los podría mantener a salvo de la diabólica occidentalización. Y así los niños de la comunidad iban a la escuela dominical, llevaban hiyab, oraban y ayunaban. Estaban envueltos en una identidad musulmana que no se parecía a ninguna que hubiera visto antes. Yo crecí en un país musulmán de Oriente Medio y la religión era algo que se mantenía en su sitio, algo tras la escuela, el fútbol y los dibujos animados. Aquí había un islam fuera de contexto, más destilado, puro. y peligroso. Aquí no había abuelas que nos dijeran sabiamente qué partes el Corán hay que tomar con perspectiva. No había primos mayores que se saltaran la oración del viernes para salir con la cuadrilla.Oh, no. Esto era un islam cocida en una salsa de sinceridad del Midwest, hervido hasta su negro corazón concentrado. Esto era peligroso.

Según mis hijos crecían fui teniendo miedo. Había tolerado la insistencia de su padre en mandarles a la escuela dominical, donde básicamente jugaban y aprendían algunas suras. Pero según se hacían mayores comprendí que eso iba a cambiar. Iba a surgir una sinceridad en su mirada, la rebelión juvenil iba a encontrar una causa justa en juzgar como deficientes e inferiores a sus menos religiosos padres. Malos musulmanes. ¿Cuántas adolescentes han empezado a llevar hiyab antes que sus madres? He perdido la cuenta. Las madres que se encuentran el dilema eligen seguir a sus hijas en ese camino. Se cubren también, y con eso tratan de ofrecer una capa de protección de la ideología ofreciendo perspectiva.

Sin embargo me preocupé por internet, por los recrutadores radicales pasando por amigos, encontrando plastilina maleable y dispuesta en nuestros hijos sin formar. Les escudábamos de las influencias occidentales para protegerles, sólo para crear una grieta que podía ser explotada coo punto de entrada. En esencia, los estábamos dejando vulnerables a la radicalización.

Y esto es exactamente lo que ha estado pasando.Las jóvenes chicas de Europa y USA que han viajado a Siria a unisre al ISIS, lo han hecho porque buscan lo que buscan los todos los adolescentes; un sentido de identidad, diferenciarse de sus padres y encontrar una identidad separada, la emoción de la rebelión, aventura. No pueden ligar, beber o bailar, así que bien pueden hacerse Daesh.

Este pensamiento es lo que me llevó a escalar el muro. Dejé la oración, dejé de sentirme culpable por no razar. Bebí alcohol, moderadamente como hace la mayor parte de la gente en Occidente, y no me convertí instantáneamente en alcohólica. Abandoné la necesidad de tapar mis tobillos y muñecas, y me puse ropa normal. Bacon. Digo, de verdad; bacon. No hace falta que explique lo bueno que estaba. Me di la vueta para mirar el muro desde el otro lado, y fue … un alivio. Un alivio perder ese miedo de apostasía. Darse cuenta de que no existía tal cosa; estaba sólo en mi mente. Las ideas que habían marcado mi mente, la culpa, la ansiedad, la auto-flagelación por ser una mala musulmana, todas habían desaparecido.

Tenemos que hacer el problema más grande. En vez de minimizarlo tenemos que hacerlo estallar y examinarlo y olvidar esa idea de que un texto sagrado es intocable. O incuestionable. Tenemos que mirarlo como un problema de humanismo. Es el islam, en la forma que en que se predica y se practica, suficientemente humanista? En el sentido de si respeta los suficiente la personalidad de un ser humano, y ni no lo hace, qué podemos hacer al respecto.

Tenemos que hacerlo aceptable, o separarnos de él. Tenemos que salir de este armario y llegar a la luz. Porque ninguno estamos a salvo ya. Y ninguna de las viejas vendas va a aguantar mucho, antes de que se convierta en una carnicería total de la que sólo nosotros podemos tener la culpa.

Original traducido de una copia en The Advice Goddess:

Vía: @aliamjadrizvi y @RichardDawkins.

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