Gracias a  me entero de un estudio sorprendente, publicado (en serio) en Current Directions in Psychological Science (clic).

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intolerancia-ideologias

La idea se puede resumir en esta cita:

La nueva “hipótesis del conflicto ideológico” ... sugiere que al tratar el conservadurismo como una ideología caracterizada distintivamente por la intolerancia, los científicos sociales han pasado por alto enteramente el fenómeno de la intolerancia “progre” (liberal en USA), y, ciertamente, la psicología “progre” en general. En el mejor de los casos, este resultado nos proporciona una visión de la ideología que sólo es medio completa. Sólo al ampliar nuestro foco podemos capturar la complejidad psicológica completa de la ideología política y la intolerancia, lo que significa no preguntar solamente cuándo y por qué son intolerantes los consevadores, sino también preguntar lo mismo sobre los progres.  Conseguir este foco más amplio puede requerir la colaboración con investigadores de perspectivas ideológicas y teóricas distintas.

Han llevado a cabo tres estudios midiendo la intolerancia de “fachas” y “progres”, con el resultado de que son iguales. Y les parece sorprendente, porque hasta ahora … décadas de investigación en psicología social y política habían demostrado que los conservadores políticos se muestran más intolerantes hacia una variedad de grupos que los progresistas políticos.

Parece que el estudio realmente interesante no es medir la intolerancia relativa de “fachas” y “progres”. Cualquiera no perturbado por una ideología ve que son iguales, sin ninguna necesidad de investigarlo.

Lo que sí habría que investigar es por qué la psicología se ha pasado décadas “demostrando” lo que no existe, y contando un cuento de buenos y malos. Que supongo que debe ser cierto; dan ejemplos:

La mayor intolerancia de los conservadores se ha atribuido a que los conservadores fueran menos sofisticados intelectualmente, y más “cerrados” que los progres (Hodson & Busseri, 2012; Jost, Glaser, Kruglanski, & Sulloway, 2003; Sibley & Duckitt, 2008). La noción de que los conservadores están más predispuestos hacia la intolerancia va de la mano con la creencia igualmente prevalente de que los “progres” (liberals) son más tolerantes hacia otros grupos (Farwell & Weiner, 2000), que resulta en lo que ha dado en llamarse el “prejudice gap” entre “progres” (liberals) y “fachas” (conservatives) (Chambers, Schlenker, & Collisson, 2013).

O sea, que se habían creído su propio cuento. Pero le llaman “ciencia”. Con un par.

Es bastante impresionante. La “ciencia” se dedica a investigar, no una función con su dinámica, como la ideología; sino que mira los problemas de los “fachas” y las virtudes de los “progres”. Tal cual. Y era bien fácil. No hay más que mirar qué es, o qué hace una ideología. Una ideología en general, sin nombre. A huevo: conjunto de asunciones sacadas de la gorra que sirve para proporcionar una falsa explicación más o menos coherente de la realidad. Y te basta con ver esa operativa para apostar que la intolerancia está incrustada en la ideología. Si tienes que creer un cuento, tienes que ser intolerante con lo que jode el cuento. Sólo así puede funcionar. La intolerancia va en el diseño.

¿Cómo se les puede escapar algo tan obvio a los “científicos”? Los autores de la “nueva” hipótesis lo apuntan, aunque edulcoradamente. Pero sin eufemismos, el truco es base de pensar que su ideología no es ideología, sino verdad; y lo de los demás es prejuicio. ¡Estaban mirando la intolerancia de los otros desde su propia intolerancia! Ciencia psicológica, le dicen. Décadas y décadas.

Veo otro problema de base:

Conseguir este foco más amplio puede requerir la colaboración con investigadores de perspectivas ideológicas y teóricas distintas.

Primero había que demostrar que pueden colaborar. Luego habría que tener una proporción razonablemente equilibrada de “perspectivas ideológicas” en la academia. Y no hay, ni de coña. Ni puede haberla. A los académicos les interesa el estado grande y poderoso (es de lo que viven), y eso ya una perspectiva ideológica en sí misma. Y luego que si quieres llamar “ciencia” a lo que haces, necesitas empezar por un método que inutilice tu propia perspectiva ideológica. Que puede no ser fácil en según qué materias; pero si no lo consigues tampoco será “ciencia”. No deberías ni empezar hasta no estar seguro que cuentas con un método que te impide engañarte a ti mismo.

Fuentes:

Pablo Malo

Sage Journals

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El periodista Juan Claudio de Ramón le tiene “mania” (asco, lo que sea) al payaso Donald Trump. (Clic [–>] para el artículo). Yo también. Cint Eastwood ha defendido a Trump, alegando que la gente está harta de lo políticamente correcto, y de tanto lameculos. Y que los jóvenes son “una generación de nenazas”.

Pero [Trump] ha visto algo, porque todo el mundo se está cansando secretamente de la correccion política, los lameculos. Estamos en una generación de lameculos. Esta es la generación de las nenazas. Todo el mundo se la coge con papel de fumar. Vemos a gente acusando a otros de racismo y todo tipo de cosas. Cuando yo crecí no se llamaba racismo a esas cosas. [–>]

De Ramón, en una clásica operación de “pensamiento inverso” (si Trump es un error, toda defensa de Trump tiene que ser un error), se fabrica un monstruo cognitivo para conseguir su propóstito. El pensamiento “políticamente correcto” es la defensa de minorías penalizadas, o que se pueden presumir penalizadas. Y el intentar no herirles en sus sentimientos. Esto molesta a las mayorías no penalizadas (el macho blanco, vaya), que aprovechan a Trump para -literalmente- desahogar su deseo reprimido. Pero los progres a veces tienen razón. Es más razonable pecar de políticamente correctos, o de buenismo, que de su contrario, que sería el “malismo”.

El pensamiento inverso siempre tiene problemas. Y este caso no es una excepción; en concreto tiene tres problemas. Gordos. Muy gordos.

1. Juan Claudio no tiene ningún indicio de que Clint esté reprimido por no poder patear culos negros, como quisiera. O los votantes de Trump.

2. El “pensamiento políticamente correcto” no es, ni de lejos, lo que dice el periodista. Ese es uno de sus aspectos. Pero no hay ninguna minoría penalizada porque eventualmente desaparezca una lengua, y esa es una orden tajante y muy importante del “pensamiento políticamente correcto”. Tampoco hay ninguna minoría implicada en el cuento del Calentamiento Global Acojonante, y también es “pensamiento políticamente correcto” en su máxima expresión. Y se pueden poner una multitud de ejemplos.

Si uno extrae el mínimo común denominador de los ejemplos, va a encontrar un esquema. Una función. Todos implican un problema, imaginario las más de las veces, que sólo el gobierno puede arreglar. Y no de cualquier manera, sino de la manera favorita del gobierno (y del progretariado): extrayendo más dinero, y anulando más libertades. Y el dinero nuevo extraído, so capa de ser repartido, lo hace de una manera tan confusa e incontrolable que siempre acaba más concentrando en lugar de más distribuido.

Otra característica común es que tratándose en todos los caso de bienes “morales”, no se pueden criticar, y es de muy mal gusto pedir cuentas. El sueño húmedo de todo chorizo.

3. Llamarle “buenismo” a una imbecilidad que se quiere hacer pasar por buena, no siéndolo, no hace que su crítica sea “malismo”. Lo que hace es que su crítica sea racionalidad, o sensatez, o como se le quiera llamar. Pero al estar “moralizada” la imbecilidad, hace que De Ramón se trague la pamema de la maldad de criticar lo imbécil.

Del punto (2) sacamos la explicación de la generación de nenazas. Si los gobiernos están a la búsqueda desesperada de colectivos de víctimas -preferentemente imaginaras (*)- para llegar a sus propósitos (dinero, poder) con la disculpa de su defensa, es completamente natural que las generaciones nuevas se conviertan en colectivos de llorones en espera de ser defendidos. Porque si impera el principio de que el que no llora no mama, lo que conviene es llorar.

Nota (*): Lo de (colectivos de víctimas) preferentemente imaginarias no parece obvio a primera vista, pero lo es. Las víctimas reales, como los problemas reales, suelen ser medibles; esto es, se sabe cuándo se han solucionado. Los imaginarios, por serlo, es muy fácil que no se puedan arreglar; y tenemos invento para siempre. El mejor ejemplo, las drogas. Las lenguas tampoco son ninguna tontería; ¿quién es el guapo que puede asegurar que no queda algún niño en Cataluña que sigue soñando en castellano por la noche? Lo mismo vale para los sueños de los terroristas machistas, de los que seguro que se pueden sentir (o imaginar) miradas peligrosas con toda facilidad. ¿Y los negros? ¡Ah, los negros!

Digámoslo así, querido Clint: a veces los progres tienen razón.

Digámoslo así, querido Juan Claudio. Clint no es un intelectual; se explica de aquella manera. Tú, se supone que sí lo eres. Y te han colado el mejor cuento de poder jamás inventado.

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Pryzbylewski ‏(@rpr3z) está poniendo ejemplos y comentarios en Twitter de un libro que no conocía. Pero sí a su autora, Inger Enkvist, que alcanzó cierta fama en España por una intervención extraterrestre en el parlamento de Cataluña [ prestentación–>].

Profesora de secundaria (ESO y Bachillerato) y de universidad, de inglés francés y literatura española, ahora ocupa la cátedra de español en la Universidad de Lund. Se acabó especializando en comparar sistemas educativos de diferentes países, por su interés en averiguar el resultado de las distintas estrategias. Con tal motivo es asesora del Ministerio de Educación en Suecia.

Sólo después de tener una gran experiencia personal, y de estudiar la realidad comparada de muchos países, se sumergió en la teoría. Pedagogía. La imagen que se me ocurre, y mi apuesta, es que  ha seguido el camino inverso del políticamente correcto. En vez de retorcer la realidad con la perversión de la teoría (básicamente una cuestión ideológica), mira la teoría desde la realidad. Lo que le hace preocuparse por una aberración: ¿qué es lo que funciona, y por qué? Se trata de un pecado que los pedagogos más logsianos llaman resultadismo. Tratar de averiguar, dentro de lo que se puede hacer en la realidad, qué es lo que lleva a situaciones mejores; en lugar imaginar cómo sería el mundo ideal … con total independencia de cómo funcionan las cosas en el mundo real. Eso le sitúa inevitablemente dentro del mundo “conservador”. Porque -casi sin querer- acabamos de hacer una definición de conservadurismo. (Nota: No tiene nada que ver ni con Rajoy ni con el PP, cuya idea de conservar no va más allá de conservar … el cargo).

Como apuesto que la recomendación de Pryzbylewski es buena, por lo que sé de él y por lo que he visto de Enkvist, la traigo también a la plaza. Para los que no le siguen en Twitter. Es una discusión muy necesaria en España, a la que aparte de Ciudadanos [–>] no parece darle importancia nadie.

Pero aprovecho para añadir el índice, que siempre me parece una información útil antes de comprar un libro. Un clic en la portada lleva a La Casa del Libro, que tiene una versión digital muy conveniente, aunque cara (10€).

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Por lo menos Ciudadanos hace estas cosas. Preocuparse y pensar; y algunos de ellos incluso estudiar y proponer. Probablemente la educación sea uno de los asuntos más clarificadores de las intenciones de los partidos políticos. Y canta la cosa. El PP quiere hacer peperitos; el PSOE, psoecitos; y Potemos, potemitos. Y están luego las discusiones como de patio de colegio. Unos que quieren que los que tienen capacidad de alcanzar la excelencia puedan hacerlo, como si el resto no existiera; y otros que quieren que todos sean iguales, como si eso fuera posible, o hasta deseable.

Ciudadanos ha organizado un acto / charla con Jose Antonio Marina. Muy bien elegido. Tal vez quién más ha avanzado en España en el problema de la educación y en la necesidad de un pacto educativo. La Universidad Antonio de Nebrija le ha encargado la redacción de un Libro blanco sobre el Pacto educativo, y el proyecto se puede ver en la web de Marina:

Os dejo el video del acto de Ciudadanos. Oportunamente cortado, y sin la paja. Y así pasa de 51 a 34 minutos. Que significa sin la intervención de los que no decían nada relevante. El presentador; una escritora muy agradable y parlamentaria de C’s; y Albert Rivera. Confieso que a Rivera ni siquiera me he tomado la molestia de escucharle,  pero bastaba verle mientras intervenían los demás para saber que no tenía nada que decir. Cosa más que previsible, por otra parte.

El vídeo tiene algunos “tirones” y silencios. Está así el original en Youtube, no se puede hacer nada.

Destacaría algunos puntos que señalan tanto Marina como Garicano, en los que coinciden todos los expertos de fuera de los partidos políticos, de la “comunidad pedagoga”, y de los sindicatos.

– La importancia esencial de la calidad de los profesores y la medición de sus resultados. Y su puesta al día permanente, que no pueden hacer por sí solos.

– La calidad y especialización de los equipos directivos de los centros.

– La libertad de acción de los centros.

– En el caso de España, además, la reducción del currículo.

Sólo con eso sospecho que ya tienes a toda la comunidad educativa en contra, y a casi toda la comunidad política.

Marina ha incidido en los problemas previos inevitables. Que divide en problemas ideológicos, problemas idiotas, y problemas técnicos. Los problemas técnicos se resuelven de una manera técnica. Los problemas idiotas no son problemas, sino confusiones. Como la pelea calidad / equidad, o la pelea entre educación comprensiva y diferenciada. Y los ideológicos -religión, putas lenguas, anticapitalismo, cosas- son irreductibles.

Garicano sugiere ponerse de acuerdo en estar en desacuerdo para los problemas irreductibles. Pero eso parece más fácil de decir que de hacer. Porque irreductible suele querer decir, precisamente, no aceptar el desacuerdo y preferir el garrote. Es lo que ha quedado menos claro. Pero es justo donde más nos gusta liarnos a los españoles. Bueno, si olvidamos a los sindicatos y su horror a la competencia.

En resumen. Muchas gracias a Ciudadanos; por pensar, por trabajarlo, y por presentarlo. Parece tener como dos almas. El alma de las ocurrencias y el alma de Garicano. La versión optimista sería que la parte del alma de las ocurrencias no es peor que el resto de partidos, y la parte del alma de Garicano le da mil vueltas a todos los demás. De la versión pesimista, hoy no tengo ganas.

Marina y Garicano (31 min.)

 

El que lo quiera con la paja, líder, “show”, tiene a su disposición la versión entera (51 min.):

Añadido para la discusión (CSC):

Documento:

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pisa-privada-publica-sin-corregir

¡Yo; yo, me, conmigo, he salvado a España del rescate!

¿Seguro, genio? Porque tiene toda la pinta de que el rescate está a la vuelta de la esquina. Quiera o no quiera el genio, y gobierne quien gobierne. Y lo habrá hecho el sólo. Tú, te contigo … mismo. De pe, a pa. Con su 5,2% de déficit, y engañando al respecto.

Hacer algo en la buena dirección, pero de forma muy insuficiente, tiene un problema. Que se sabe que conoces perfectamente lo que debes hacer, pero no lo has hecho. Si al asno drogadicto (del poder) de Tóntez se le escapan las cuentas, no pasa gran cosa. Nadie esperaba que las controlara en primer lugar. Así que con Tóntez seguramente nos hubieran obligado al rescate antes de presentar las cuentas. Porque sólo con presentar los presupuestos se vería que no las va a cumplir. Y de Potemos ni hablemos. Tal vez incluso de C’s también. Pero no es el caso de tú, te, contigo. Igualmente drogadicto del poder, pero no asno económico. Sabía lo que había que hacer. Pero no lo ha hecho. Y eso es peor que ser ignorante; es ser incompetente consciente.

Y no es que hubiera muchas dudas. Seguramente no se trata de un ladrón, como dicen los que le defienden. Pero dirige, muy satisfecho, una cueva de ladrones. Plasma mediante, con los cojones que le adornan. O sea, sabe que robar está mal, pero tampoco hace nada al respecto. La misma estrategia. Que se puede ver en todo lo que (no) hace.

De un artículo del 1 de enero, de John Müller:

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Visto que Rajoy ni siquiera tiene la disculpa de una cierta seriedad económica, lo suyo ahora serían nuevas elecciones. Porque hay información nueva. Nueva, en el sentido de que ya no se puede disimular — como hasta ahora podían algunos. Sabemos que nos van a apretar las clavijas y va a haber un rescate con condiciones. Y, que se conozcan en nuestro entorno, sólo se ven cuatro tipo de soluciones.

  1. Irlanda
  2. Portugal
  3. Grecia
  4. Varoufakis

Aunque posiblemente la 2 y la 3 sean la misma, en circunstancias algo diferentes. O sea que se pueden resumir en tres.

  1. Tragar quina con menos impuestos y economía que se recupera (Irlanda).
  2. Tragar quina con más impuestos y economía que se arrastra (Portugal, Grecia).
  3. No tragar quina y dormir al raso (Varoufakis y fuera de la UE).

Y estaría muy bien que en unas nuevas elecciones nos explicaran qué tipo de camino conocido propone seguir cada cual. O, si es un invento prodigioso, que también lo digan. Lo de “política nueva” o “política del cambio” (PSOE, Potemos, Ciudadanos), no sirve. Quedará muy bonito, pero no señala el camino. ¿Cuál de los tres? Y tampoco sirve lo de “mantener nuestras reformas económicas”.  Era mentira. Otra mentira.

Otra discusión diferente, pero tal vez necesaria, es si la UE se puede mantener como va, o tiene que intentar parecerse más a -por ejemplo- USA.

https://plazamoyua.files.wordpress.com/2015/01/balanzas-fiscales-usa.png?w=510&h=396

Pero esa es una discusión (decisión) dentro de la UE, no de unas elecciones españolas. Y no es para ahora, sino para más adelante. Para después del rescate y la monada.

Resumiendo. ¿Nos dejamos ya de payasadas, y tenemos unas elecciones en serio? ¿Es la Marianidad esa del plasma, y de la cueva de ladrones, la que puede defender una seriedad económica … visto lo visto?

Nota: Los robos son muy espectaculares y hacen precioso en los periódicos, pero no llegan ni de lejos para cubrir el déficit. Eliminarlos no arregla el problema. Pero sí señala un defecto de carácter. O de espíritu. Y si le sumas el déficit …

Un tipo de deficiencia. En este caso, intelectual.

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Con un ejemplo, la merma lo pillará mejor. No digo que lo entienda, pero al menos sí que pueda etiquetarlo. Que es lo que les gusta.

Etiquetado:

Es de “la merma” quien necesite que le expliquen los problemas, como de kindergarten, que hay en la discusión de arriba.

Nota: los fenómenos, Alzaga y Carreño, son periodistas. Pero esa condición sólo afecta a dos de los problemas, y no son los mayores.

Por cierto, el vídeo es interesante (11 min.). Quiero decir que tiene un argumento interesante, y probablemente poco conocido; no que tenga opiniones interesantes — o ideas, como dice el portento en la discusión. Las opiniones, ya sabes, se las puede meter “la merma” por do le quepan.

 

Pillo por Twitter [–>] un artículo de El Mundo, muy alucinante.

Describe la discusión entre unos que se llaman a sí mismos pedagogos (los majaras de la LOGSE, para entendernos), y los profesores que  se parecen a los buenos profesores de toda la vida. Que los majaras llaman fachas, también para entendernos. Y usa citas y réplicas de intervinientes concretos, con nombre y apellidos. Lo malo es que cualquier persona que lo lea, y que esté alejada de ese mundillo, tiene que pensar que es mentira. Que el periodista Gabriel Sanz está exagerando un montón, para ridiculizar a los “pedabobos”. Porque no es fácil creer que larguen bobadas tan angelicales con naturalidad. Y el caso es que una cierta experiencia, marginal pero no irrelevante, me hace sospechar que no es exageración  en absoluto. También piensa lo mismo el profe que ha puesto el enlace el Twitter, y él sí está metido en ese mundo.

Recuerdo, de hace tiempo, conversaciones de este tenor.

– Oye, muy bonito, pero ¿cuándo llega la parte en la que compruebas que la inteligente teoría realmente obtiene los resultados que esperas de ella?

– ¡Eso es “resultadismo”!

– ¿Mande?

– ¿Que no se trata de eso, que eso es “resultadismo”?

– ¿Y cuándo cojones ha sido un problema comprobar los resultados?

– Es que produce elitismo y desigualdad, y una horrorosa meritocracia.

Y de ahí no les sacas. Se agarran a unos mantras -elitismo, desigualdad, “resultadismo”, la pavada que sea- y no les mueves aunque se  les caiga todo el chiringuito. No existe posible realidad inconveniente, porque para ellos la realidad es el mantra. Son como la radiografía de un niño, de un borracho, o de un tontolhaba.

Lo de El Mundo es aquello mismo que vi hace unos años por circunstancia casual. Un rosario inagotable de frases muy gloriosas, estupefacientes, y completamente equivocadas. Completamente, como en al revés.

La creatividad y la innovación son lo que permiten avanzar al ser humano.

Seguro. Pero un puto niño no es “el ser humano”, pedazo de subnormal. Ningún fulano es “el ser humano”. Y la inmensa mayor parte de los fulanos no tienen ninguna creatividad, y no hacen exactamente ninguna innovación a lo largo de su vida. Contándola entera. Con suerte, y con esfuerzo, tal vez se puede esperar que copien las innovaciones de los muy pocos que crean algo. Eso es “el ser humano”. No un animal que innova, sino un animal que copia … una copia, de una copia, de uno que innovó. A veces, entre copia y copia ocurren pequeñas mejoras. Y resulta que copiar es memorizar, y -si suena la flauta- comprenderlo. Eso que normalmente se llama “conocimientos”, y que esta panda de descerebrados ha convertido en un pecado. La educación, para ellos, no es transmitir (o incluso incrustar) conocimientos, sino lo que llaman “aprender a aprender”.

¿A que suena muy bonito? Pues con esa jugada se meten en una paradoja que su triste estructura neuronal no les permite comprender. Porque si eliminan la memorización, y eliminan la transmisión / adquisición de conocimientos, se quedan sólo con una especie de formalismo o de estrategia. Ese “aprender a aprender”. Que en realidad no es otra cosa que aprender a pensar. Y ese es un ejercicio en el que no ayuda nada lo que proponen como “educación”. Pero nada.

Para aprender a pensar no valen un pimiento ni internet, ni el amor y la empatía de los profesores, ni la acción de grupo. Pensar es el ejercicio más individial que existe — aparte de la masturbación. Sí, después de haber pensado se puede mejorar mucho el resultado mediante el contraste con otros. Pero con otros individuos, nunca con un grupo que sea funcionalmente un colectivo. Porque el pensamiento de grupo es, precisamente, la mejor receta para hacer descarrilar el pensamiento. Y la segunda mejor receta para joder el pensar con acierto es toda esa empatía y emotividad que les tiene tan obnubilados. ¿Por qué creen que los cirujanos no operan a su propia mujer, ni los abogados se defienden a sí mismos?  ¡Pues porque emoción y razón funcionan por carriles diferentes! Hay que ser bruto para no comprenderlo. O igual es que tuvieron problemas en la fase de adquisición de conocimientos, y por eso la odian.

Y claro, no podía faltar lo la autoridad del profesor; es gran “problema”.

La autoridad es una palabra polisémica. Antes de convertir al profesor en una autoridad pública, es más importante convertirlo en alguien querido. Hay que conquistar el corazón de los alumnos, eso entiendo yo que es la autoridad.

Que no, que no es trola; estos subnis son así. Yo entiendo que la autoridad significa algo que no tiene nada que ver con la autoridad, y me quedo tan pancho. Polisémica, no te jode. En ese plan no existe palabra ni concepto que no sea polisémico, y ninguna de ellas quiere decir nada más que lo que yo quiera. Pero entonces sólo puedo comunicarme, o conmigo mismo, o con la pandilla de descerebrados con los que comparto significados. El “grupo”, vaya. Y de ahi la pedabobía, con toda su empatía y su cogerse las manos en círculos de amor.

El artículo concluye que los pedabobos, y los profesores digamos clásicos -o fachas-, no pueden entenderse. No hacía falta decirlo, ni preguntarles. Significados particulares de grupo implican entendimiento exclusivo dentro del grupo.

Lo que no se entiende es por qué tiene que ser un problema el que no puedan llegar a un punto intermedio. Y además, la medio gilipollez, o por el lado contrario lo medio facha, no es una solución para nadie. Y entonces la solución no es que se pongan de acuerdo. Tampoco sirve la imposición por ley de una de las dos estrategias. Los “fachas” nunca van a aceptar la gilipollez como esquema de educación. No podrían, porque ven la educación como el sistema de eliminar la gilipollez natural en una fase temprana. Y los pedabobos nunca van a aceptar autoridad, esfuerzo, adquisición de conocimientos, y mérito. Tampoco podrían. Porque toda su necesidad consiste en implantar ideología a base de repetición y total ausencia de crítica (pensamiento), y hacer que todos sean igual de asnos. Vaya, la única forma de que sean iguales.

Por otra parte, cambiar de esquema a cada cambio de gobierno es una aberración. Garantiza un sistema de educación deficiente, y no soluciona las necesidades de ninguno de los dos grupos. Así que sólo hay una opción no absurda. Centros educativos de los dos estilos. Digamos, pedabobiums y escuelas clásicas. Que sean de titularidad pública o privada es irrelevante. Lo importante es que los adoradores de unicornios (los tontolhabas) no tengan que mandar a sus hijos a centros “fachas”,  y los que quieren que sus hijos adquieran conocimientos no tengan que padecer el inevitable rosario de imbecilidades y empatías. Sería, sin duda el mejor de los mundos.

¡Hala!, ya les hemos arreglado la falta de acuerdo. ¿Podríamos ahora a dejar de discutir, y empezar con lo de educar?

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Pero no dejéis de visitar el artículo de El Mundo. Alucina, vecina.

Añadido posterior. Viene a cuento, y también vía Twitter, esto de Savater en el prólogo de “Panfleto antipedagógico“. No parece tener una opinión más caritativa sobre los pedabobos.

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Por cierto, al buscar el enlace del Panfleto antipedagógico, he encontrado una versión -aparentemente acortada- que el autor, Rivardo Moreno, pone a libre disposición del respetable.