En este circo que se ha convertido la política española, que parece que se levantan por las mañanas con el espíritu de ver quien dice la melonada más grande, los argumentos lingüísticos de Patxindakari no llaman demasiado la atención. No son más estúpidos que otras estupideces que se oyen. Pero no todas las melonadas son igual de graves, ni tienen las mismas consecuencias. Y hay melonadas, como las de los nacionalistas, que llevan demasiado tiempo circulando. La gente las interioriza y las da por buenas por pura repetición. Así que conviene ir señalando.

El lehendakari recalcó que el Pais Vasco tiene dos idiomas oficiales y, por tanto, la educacion sera bilingüe y buscará el bilingüismo real de los alumnos.

¿Como que por tanto? Mejor dirás que se te pone en la punta del chirimbolo, por tanto. O que a los nacionalistas se les puso en la punta del chirimbolo, así que. Porque a nadie se la había pasado por la cabeza hasta ahora que el tener más de una lengua oficial implicara la obligación para la población de saber más de una lengua. En primer lugar no todos los países tienen lengua oficial. Por ejemplo el Reino Unido, o USA. Y en segudo lugar la mayoría de los países que tienen más de una, lo hacen para que cualquiera se pueda comunicar con la administración en cualquiera de las lenguas oficiales, pero no para que la población hable las lenguas oficiales.

Un ejemplo muy parecido al caso del País Vasco es Nueva Zelanda. Por cierto, un país que es un ejemplo de respeto por las “identidades culturales y lingüísticas”, pero no es un ejemplo de estupidez. Tienen como lenguas oficiales el inglés y el maorí. Una lengua de cultura general y amplia geografía, y una lengua marginal. Bueno, marginal, pero mucho menos marginal que el vascuence, porque está muy emparentada con el resto de lenguas polinesias, y sirve hasta cierto punto para comunicarse por todo el Pacífico, desde Nueva Zelanda hasta Hawaii. James Cook usó un tahitiano precisamente para eso.

Si en Nueva Zelanda tuvieran un gobernante estilo Pachindacari, acabaría afirmando que todos los estudiantes deben estudiar en las dos lenguas y ser bilingües. Por ejemplo …

Para la busqueda de este bilingüismo real el objetivo sera un modelo mixto que puede tratar que en las zonas donde se habla mucho mas maorí, la educacion sea mas en inglés, y viceversa.

Y la carcajada de los neozelandeses sería tan estruendosa que traspasaría los confines de la Galaxia. Solo de pensar que les fueran a obligar a los blancos, o a los chinos, a aprender maorí.

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Tampoco es manca la proposición de un “bilingüismo sin imposiciones”. Nadie aprende otra lengua si no le resulta necesaria, savo unos pocos aficionaldos a los idiomas. Será interesante ver como va a lograr Pachi que el vascuence resulte necesario, sin imposiciones.

Queda claro que el argumento-melonada de lengua oficial = lengua obligatoria no se sostiene. También está claro que en País Vasco la población está dividida en su opinión respecto a la cosa de las lenguas, y de una forma irreconciliable. ¿No sería mejor en ese caso, que en vez de hacer lo que se le ponga en la punta del chirimbolo a Pachindacari, o a los nacionalistas, cada cual pueda hacer lo que se le ponga en la punta de su propio chirimbolo?

Por cierto, ya que nos ponemos alegres con los argumentos podemos argumentar de otra forma: Si la cooficialidad del vascuence implica la obligatoriedad de hablar bien el vascuence, y de estudiar en una lengua marginal y casi ágrafa, lo mejor sería que el vascuence deje de ser oficial.

La autodenominada “izquierda aberzale” ha parido tesis. Se puede ver aquí –>.

Es un poco larga, inevitablemente. La berza, al contrario que el PNV y sus consignas sentimentaloides, siempre ha intentado explayarse con algo que suene como razonamiento. Debe ser la herencia marxista. Pero un razonamiento berza necesita un montón de meandros y artificios para dar la falsa imagen de que tiene algún fundamento.

Espero que se lea. Espero que aquellos que no se dejan impresionar por los asesinatos como herramienta política, que aquellos dispuestos a comprenderlo todo, con tal de que a ellos no les afecte directamente, lean detenidamete este último parto de los montes. Entre otras cosas para que se enteren de una vez si los asesinatos de los demás les afectan directamente, o no.

Si no se produce un cambio de fondo, si no se crea una estructura organizativa y de desarrollo popular, resulta complicado imaginar a Lapurdi, Behe Nafarroa y Xiberoa en el siglo XXII: no habrá euskara, ni industria, ni agricultores… Estos territorios sometidos se convertirán en lugares de ocio para ingleses, parisinos y bordeleses.

¡Imaginad! ¡Qué horror! Vasquilandia Tremebunda, sección norte, acabando en una especie de Costa Azul, o de Riviera, en vez de una reserva india del pueblo de los siete mil años, donde los antropólogos pueden venir a estudiar el espíritu de la Edad de Piedra. Y compararlo después con la versión de los aborígenes de Australia. La conclusión es evidente:

Esa cruda fotografía nos lleva, obligatoriamente, a subrayar la necesidad de entrar en la fase de la independencia. Porque sin Estado propio, a este país le espera un negro futuro.

Confieso que creo que tienen toda la razón. Ese conflicto artificial mantenido mediante el crimen, ha llegado a tal grado de maximalismo y absurdo, que solo tiene dos opciones de continuidad. O “independentzia” con la reserva india supusestamente aborigen que describe la berza, o dejar de ser. Y si no te asustan sus asesinatos, porque piensas que a tí no te van a tocar, no tienes más que leer el proyecto abetrzale planteado en esta entrevista [–>] para darte cuenta hasta qué punto te afecta.

¿Quieres ser un pueblo de siete mil años, “normalizado” por estos soñadores de pasados inexistentes, o quieres ser tú mismo, en un país civilizado y normal? No hay más.

Treinta años de régimen nacionata no pasan en balde. Y menos si son treinta años tratando de acomodar el cuerpo en un régimen terrorista. El caso es que la gente traga con la bola del vascuence, el catalán, el chinchinlingüi, o la lengua que quieras, como “patrimonio” cultural. Y mira que es fácil: una cosa a la que te obligan no puede ser un “patrimonio”. Puede ser una carga, un castigo, incluso una maldición; pero nunca un patrimonio. Que te guste o que le tengas cariño es otra cosa. Muchos esclavos tienen cariño por sus amos. Muchas mujeres fostiadas aman a sus maridos agresores. La gente tiende a aficionarse a lo que no puede evitar. Es un recurso vital, un truco psicológico. Pero nunca una agresión o una esclavitud pueden ser un “patrimonio”.

Y luego está lo de la parte cultura. Ninguna lengua es cultura. O, si se quiere, es el escalon más bajo de la cultura; aquello necesario para que la cultura comience. La cultura se apoya en la herramienta lengua. La diferencia es que distintas lenguas te dan acceso a distintas culturas. A distintas producciones culturales. Así que si una lengua no es un patrimonio, sí es algo que te puede dar acceso a una producción cultural, y a eso sí se le puede llamar patrimonio cultural. Pero hay dos problemillas aquí. El primero es que el vascuene no te da acceso a ninguna producción cultural digna de mención. Así que, ni es patrimonio, ni te da acceso a patrimonio alguno. Y el segundo es que los patrimonios culturales son un poco peculiares, porque no tienen propietario. Las nueve historias de Heródoto no son más propiedad de un griego moderno, ni de un turco de la actual Bodrum (antigua Halicarnaso), que de cualquier otro humano. Solo que el que domine el griego clásico, y el dialecto jonio, la disfrutará mucho más.

Finalmente queda lo que nunca se quiere mencionar, pero que es “la” cuestión. La política. Y no es muy difícil apreciar la virtud política del vascuence. Basta preguntarse si sirve para unir, o para dividir. Para jugar en primera división, o para para encerrarnos en tercera regional. Porque el esquema se las trae. Somos una nación porque somos una “identidad”. Y somos una identidad porque tenemos una lengua distinta (auque de momento no la hablemos). Pues bien, señores nacionalistas, si lo ponen así, la solución es bien fácil. Nada como prescindir de esa lengua, o maldición, para no tener que pensar en la aberración de separarnos de nuestro país, nuestra gente, nuestra cultura. Nuestro ancestral e histórico sitio en el mundo. Nuestro verdadero patrimonio cultural.

Eso es lo que hay con las lenguas. Eso, y las peculiaridades técnicas que interesarán a los especialistas. Lo demás es identititis.

Y el vascuence ni te cuento.

No es un invento mío, que lo dice alguien que debe saberlo. Bernat Joan, responsable de Política Lingüística de la Generalidad de Cataluña.

– ¿”Porqué no hacer voluntario el catalán”?

– “Y si las multas son tan poco comunes”, preguntó otro diputado galés, “¿por qué no hacer del uso del catalán algo voluntario?”. “Nuestra experiencia”, proclamó Joan, “nos dice que no funcionaría. Si hubiera sido voluntario, el catalán se habría convertido en algo folclórico, atávico y colorista, pero no en una lengua de uso diario. Necesitábamos leyes que lo regularan”. [–>]

Me extraña, pero no seré yo quien lo discuta. En todo caso no lo sabía. Pensaba que eso pasaba con el vascuence (es obvio), pero creía que el catalán tenía más fuste. Ahora nos confiesan que es un folclore mantenido artificialmente como lengua. Lo mismo que nuestro vascuence.

Tal vez algún día les de por preguntar a los habitantes de Cataluña y de Vasquilandia cuanto cuesta el artificio. Después de todo son los contribuyentes los que lo pagan, y no parece que la cosa de las pelas esté muy sobrada como para andarse con artificios coloristas. Y si algún día les da por preguntar el uso que se le da a su dinero, puede que también acaben preguntando por el éxito previsible de su inversión. ¿Cuantos ejemplos tenemos de folclores atávicos y coloristas convertidos en lenguas naturales?

Creo que exclusivamente el hebreo. Y ese era un problema muy distinto. Tenían que elegir entre ponerse de acuerdo en el uso de una de las dos grandes lenguas naturales de los judíos, el yiddish (jüdish) de los ashkenazíes (centro y este de Europa), o el ladino de los sefardíes (cuenca mediterránea), o utilizar el hebreo que seguía siendo la lengua sagrada y de estudio para ambas comunidades. También había una pelea política proletarismo / burguesismo y teocracismo / laicismo a la hora de elegir entre yiddish y hebreo. Pero en nigún caso tenían la opción de elegir una lengua natural mayoritaria de cultura internacional, ni de esperar a que en aquella amalgama fuera haciéndose mayoritaria, de una forma natural, alguna de las lenguas de aquél caótico Babel que era el proto estado de Israel.

También abusan estos rescatadores de atavismos folclóricos del argumento de corregir “imposiciones del pasado”. Como si el éxito del castellano en España fuera una cosa de las leyes de Franco. Pues tienen un buen ejemplo en los antiguos satélites de la URSS. Desde la II Guerra Mundial hasta la caída del muro de Berlín el ruso fue obligatorio en los países satélites como lengua internacional, y como segunda lengua para todos. ¿Y cual es ahora la lengua internacional y la segunda lengua en esos países?

No, Bernat. Si el catalán es un folclorismo atávico y colorista, como el vascuence, no va a haber ley ni dictadura lingüística que cambie eso.  Por la sencilla razón de que el catalán, en esa circunstancia, no haría niguna falta más que como un artificio político excesivamente caro. Y es de esperar que en Europa, hoy, la dictadura tenga un límite.

Anécdota: Dicen que este Bernat Soria tuvo una coña lingüística graciosa cuando habló la primera vez como europarlametario, que lo fue. Conociéndole, sus compañeros sabían que no iba a hablar en castellano en el Parlameto Europeo, y se imaginaban que lo haría en catalán, que no es una lengua oficial allí. Así que cuando se puso a hablar en su primera intervención, el presidente le dijo que no podía hablar en catalán, que no era oficial y no había traductores. Y el bueno de Bernat le contestó que estaba hablando en inglés. -Pues haga algo, le dijo el presidente, -porque los traductores no le entienden ni papa.

Eso cuentan.