Hace tiempo que cada vez que veo un ataque a la religión, me da pereza, o casi yu-yu. Y no porque no tengan razón, que en general la tienen, sino porque me da la impresión de que me están timando. Y hoy he entendido por qué me pasa, al leer en La Revolución Naturalista una reseña del último libro de Gonzalo Puente Ojea, La religión ¡vaya timo!.

Hasta ahora, cada nuevo intento de Richard Dawkins, de “bus ateo”, o similares, era la sensación de -uuuff, qué pereza, otro más- . Como de algo inútil y anticuado, que no tiene el menor efecto en la gente. Supongo que la pereza misma me impedía pensar más en el asunto. Hasta hoy.

La disculpa de esos ataques a la religión siempre es la misma, y aparentemente es buena: la religión es un atentado contra la ciencia y la razón, y contra los conocimientos que se pueden conseguir con la ciencia y la razón. Es, por tanto, oscurantismo. Y aunque es cierto que la religión fue la principal fuente de oscurantismo durante mucho tiempo, eso hoy no es verdad. Al menos no en la cultura occidental. Cualquiera ve que la mayor parte de los supuestos “creyentes” no se creen casi nada de la religión. No más que un par de vaguedades que no interfieren en sus vidas, del tipo de: ” debe de existir un dios, pero eso del pecado es muy relativo, y la iglesia caca de vaca”. Nadie traga un dogma ni una “verdad” religiosa, a poco que le incomode. Y así, me temo que no hay oscurantismo que funcione.

Pero, ¿acaso hemos llegado a la edad de la luz, una vez desactivada la religión? Ni mucho menos. Nos tragamos las bolas más sorprendentes que se pueda uno imaginar. Y no una bola cada cual, en plan independiente, sino mentiras masivas perfectamente orquestadas y destinadas a conseguir efectos sociales. Exactamente igual que la religión, con el mismo peligro y la misma fuerza. Pero con la dificultad añadida de que la fuente y esquema de la mentira no es única, y así, hay que luchar en muchos frentes. Por eso, los ataques a la religión son peor que un timo, aunque sea verdad lo que dicen. Son una distracción. Librarnos de la mentira religiosa, hoy, aquí, no nos va a librar del oscurantismo, sino que nos va a distraer en la lucha contra el oscurantismo.

¿Hace falta dar ejemplos? Nos creemos masivamente payasadas como la del pueblo de siete mil años, y la necesidad imperiosa de cambiar una lengua de cultura, e intercontinental, por una lengua marginal, cuasi ágrafa. Nos creemos masivamente, contra toda evidencia, que vamos a achicharrar la tierra por añadirle al aire un 0,01% del gas de la vida. Y además nos creemos que ese gas de la vida es nada menos que mortal:

En el fin de semana en que EE UU rinde homenaje a sus muertos de guerra, Nueva York había decidido celebrar la vida. No la que sale de los tubos de escape en forma de un gas mortal llamado CO2, (…) [Mercedes Gallego, con un par, en El Diario Montañés].

Creemos que ganar una votación te da la razón, y creemos que no existe la verdad objetiva, sino solo “mi verdad” y “tu verdad”. Y así, nos creemos el argumento del “consenso”, o de los números, en una discusión científica, porque después de todo, la verdad es cosa de la mayoría. Creemos que cualquier payaso está preparado para dirigir un país. Y no solo lo creemos, sino que le votamos, porque al fin y al cabo se trata de nuestro payaso. Claro, lo mismo que se trata de “nuestra” verdad.

Podría seguir hasta aburrir. Hay un montón de cosas que nos creemos y que son infinitamente más dañinas que el daño que hacen los que creen en la religión. Porque acabaremos sin ciencia, y sin una visión general, y solo quedará la lucha y el engaño de ciertos grupos organizados para abusar de la mayoría. Pero Dawkins (a quien por lo demás admiro), el bus ateo, Puente Ojea, La Revolución Naturalista, y los demás, se creen que nos están haciendo un gran servicio.

Pues no. Me recuerdan a los que ahora luchan contra Franco. Solo están distraidos, en el mejor de los casos, y favoreciendo al oscurantismo, en el peor.