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Se ha convertido en el tema del verano. Como a Luis del Pino le va la marcha de discutir, no se enfadará porque lo use de ejemplo. Además, al menos es una pegunta lógica. Y no sólo es lógica, sino que debería ser la primera pegunta. Siempre.

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Aunque se puede hacer en un plan menos sobrado que ese: “venga, suerte”. Porque si hablamos de la prohibición de fantasmas en la playa es porque ya hay esa prohibición en algunas partes. O sea, lo que pide Luis del Pino como un imposible -venga, suerte- es algo que más que presumiblemente ya han resuelto otros. Lo que pasa es que hablamos de ordenanzas municipales en pueblos de Francia, y no son tan fáciles de encontrar. En El Confidencial [–>] traen un ejemplo, y nada malo.

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Como anillo al dedo. ¿Sabes la religión del buzo? Ni de broma. ¿Y sabes la de la burkiniana? Pues a la playa vienes con la religión dejada en casa, para no dar el cante a los demás. Nadie quiere acordarse de la religión en la playa. Y la playa no es obligatoria, como sí es -por ejemplo- la calle.

Uno puede pensar que eso también prohibiría los disfraces de monja en los baños estivales. ¡Pues claro! ¿Y por qué no se había hecho antes? Pues porque nadie ha visto nunca monjas tomando el sol en la arena entre los playistas. Ni bañándose. Sí, es verdad que en internet se puede encontrar una foto, siempre la misma foto de una sola vez, en un pueblo italiano. Lo usa HispanTV [–>] como contra argumento.

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Pero si se generalizara el monjerío en la playa, seguro que la gente les diría, discretamente, que se organizen una zona particular para ellas solas. Porque resultaría bastante cantoso que el plan de ir a la playa estuviera condenado a practicarse entre monjas. No irías. También se puede apostar que nunca hará falta, porque las mismas monjas se darían cuenta, antes de la protesta, que una cosa es hacer una gracia un día, y otra es dar la lata.

Decía que probablemente les avisarían a las monjas con discreción. Cosa que no ocurre con las burkinianas. Más bien parece que les estaban ofendiendo en Francia, con recriminaciones y malos modos, y de ahí las normas de algunos ayuntamientos. Y es que no son dos casos comparables. Las monjas usan un disfraz particular, de gente rarita y apartada del mundo. Como un Hare Krishna. Y por eso no suelen invadir las playas. Ni las monjas, ni los Hare Krishna. El burkini es una “señal moral”. Y una “señal moral” significa un par de cosas, bastante agresivas ambas.

– Yo tengo un código moral que tú no compartes. Tú eres “los otros”.

– Si no llevas burkini eres una guarra inmoral (*).

Esto siempre es un proyecto de conflicto y de roces sociales. Se puede sobrellevar, pero la historia lo que nos dice es que la solución suele ir más por el lado de la segregación de las distintas “comunidades morales” que por el lado de tragar conflicto. Y en este caso tiene mala pinta, porque algunos desde el lado de la “comunidad burkini” están empeñados en el asesinato y el terrorismo. Probablemente para provocar que el roce sea mayor de lo inevitable. Y en ese sentido tienen la victoria asegurada. Es fácil llevarlo a cabo; sólo hay que tener empeño.

No sé si es una idea buena o mala esa prohibición en algunos ayuntamientos franceses. Pero desde luego que no es algo, ni sin sentido, ni extraordinario. Si en tu playa hay un chiringuito al que se puede ir, seguro que no te dejan sentarte con el dorso desnudo. Ni comer con traje de buzo (recado para Luis del Pino). Regular la vestimenta en función de la actividad es lo más normal del mundo. Y lo más civilizado, por otra parte. Esto no tiene nada que ver con la libertad; tiene que ver con la civilización. Con no dar el cante.

Nota (*). Habrá quien no entienda que lo de que el burkini significa que tú eres una guarra inmoral. Y las burkinesas hacen grandes protestas. ¡Sólo queremos libertad y que cada uno vaya como quiera! Los cojones, querida burkinesa. Sí tú piensas que una mujer debe vestirse así porque lo dice la moral, estás pensando que la que viste de otra forma es una inmoral. Y por tanto guarra. Y no me cuentes que no tiene nada que ver con la moral, que a ti sola y por tu cuenta te ha apetecido esa estrafalaria vestimenta. Cántame una milonga. Una señal moral es una señal moral, y no suelen ser precisamente discretas. Su objetivo es dejar las cosas bien claras. Y lo consigue.

Añadido. Para que se entienda mejor, definamos funcionalmente “playear”. Ir a un lugar con arena y agua que sirve para tomar el sol por dos motivos: como no es la calle se puede uno desvestir; y el agua refresca de vez en cuando. También serviría: ir a un lugar para estar al aire libre con la menor ropa posible, y sin interferir con las actividades cotidianas y laborales. Y ahora explica “burkini” para playear.

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En la cultura occidental funciona un cuento enternecedor que se lo cree aproximadamente todo el mundo. Que la moral es algo interno, de cada uno, y que lo púbico -de todos- es la ley. Como ficción es algo que probablemente produce derivadas muy interesantes, como por ejemplo nuestra cultura política y la democracia liberal. Pero en cuanto te lo crees, lo único que consigues es no entender cómo funciona el mundo.  Y desde luego no entender la función de la moral.

No hay más que pensar y abrir los ojos. Pongamos un par de preceptos morales de libro, y ajenos a la ley, para ver cómo funcionan. Respetamos a las mujeres;  respetamos a los ancianos. Respetar, entiéndase, no es no pegar; es tener ciertas deferencias a las que ninguna ley obliga. ¿Eso son preceptos de cada uno, para guiar la conducta del que se los crea? ¡Y un huevo! Son preceptos que a lo que nos obligan es a impedir esa conducta en los demás si la tenemos a la vista y podemos impedirlo. La moral no te dice lo que no debes hacer tú, sino lo que no deben hacer los demás — y por tanto lo que los demás creen que no debes hacer tú.

Pablo Malo, de quién viene no la idea pero sí el impulso de esta entrada, lo expresa de cine en:

Y ocurre que la moralización tiene una característica que la hace única, a saber, que cuando algo es moral no se deja al criterio de cada uno que haga lo que quiera en ese tema, sino que se impone. Por ejemplo, si yo creo que abortar está mal porque es matar una persona entonces no puedo permitir que cualquiera haga en el tema del aborto lo que quiera sino que impondré o lucharé para que nadie aborte. Si yo creo que llevar minifalda o cualquier otra conducta es un insulto a Dios pues no me quedaré cruzado de brazos y esperaré a que Dios castigue a la que vista minifalda, sino que atacaré o coartaré la libertad de la chica que la lleve.

En efecto, lo que distingue la moral no es que cada campeón crea una cosa u otra, sino que sienten un fuerte impulso de hacer que los demás actúen en consecuencia. Si no fuera por ese detalle clave no se trataría de moral, sino de características personales. Espero que a la vista de la explicación se acepte la idea.

Ya sabemos dos cosas. La moral es lo contrario de algo personal, y obliga a imponerla a los demás.

Ahora podemos mirar las funciones de la moral. Los elementos culturales universales suelen ser universales porque cumplen una función. Se puede sospechar alguna función en la moral. Y de inmediato aparecen dos obvias.

1) Regulan de forma muy conveniente las relaciones humanas en algunos niveles más o menos básicos.

Cuando dos perros desconocidos se cruzan por la calle, lo primero que tienen que hacer es decidir si van a ser amistosos, indiferentes, o a atacarse. Y ese es un proceso que lleva un ritual y un tiempo. Lo humanos, como tenemos moral, sabemos lo que se puede esperar al cruzarnos por la calle, sin necesidad de ningún ritual ni de perder ningún tiempo. Sin motivo mediante, no nos pegamos. Conclusión: circulamos por la calle con muchísima mayor agilidad que los perros por una calle de perros. La moral es una especie de código de circulación de bajo nivel. Una vez más, nada personal.

2) Crea “identidad”. Nosotros (por contra de ellos) somos los que compartimos una moral. Nuestra (no mía) moral.

Y ahora hablamos con Hillary. Pero también sirve para hablar con los “animalistas” o cualquier otro cuerpo extraño que necesariamente se siente obligado a imponernos su moral — precisamente por tratarse de una moral.

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Los cojones. Los musulmanes pueden ser personalmente tan pacíficos y tolerantes como cualquier grupo humano. Su moral no puede serlo, porque ninguna moral puede serlo. La moral, toda moral, es lo contrario de pacífica y tolerante. Pregúntale a Hillary lo tolerante que es ella con los que llama “negacionistas climáticos”, o cualquier otra obsesión progre.

Pero por otra parte hemos visto (en 1 y 2) que la moral es una herramienta humana necesaria. No sé si sería posible crear una identidad “humanista” que la gran masa de cenutrios pueda compartir, pero parece muy difícil. Lo que es imposible es el código de circulación de bajo nivel sin moral. Tú, joven dama de buen ver, o puedes circular por la calle sin que te toquen el culo (Ginebra), o no puedes (El Cairo). Y necesitas saberlo. Por tanto, necesitas un sistema moral. Que no es algo que te dice lo que tienes que hacer tú, sino lo que van a hacer los demás.

Nota: por eso necesitas una asignatura como Educación para la Ciudadanía. O sea, una moral pública; y sí, del estado. Para estupor de la derecha recalcitrante. Un estado sin moral no puede existir; porque no hay estado sin sociedad, ni sociedad sin moral. Vaya, sociedad más allá de la banda de perros.

La alucinante ingenuidad occidental ha sido creer que la moral es cosa de cada cual. Se creyó su propio cuento. Pero ya en la muy -supuestamente- tolerante Al-Andalus, la gente vivía en barrios perfectamente delimitados que separaban a la vasca por su religión. Y las pocas interacciones que había, generalmente en la cúspide de la sociedad, estaban extremadamente formalizadas para evitar los conflictos. Por ejemplo, no compartir los utensilios de comer; y muchas otras gimnasias.

El islam, en la medida en que sea un sistema moral, y en la medida en que no sea nuestro sistema moral, es nuestro enemigo; inevitablemente. Pero vaya, por diseño de humano; somos así. El día que seamos otra cosa, poshumanos o lo que sea, tal vez sean posibles dos morales no enemigas. Mientras tanto, no. Cojones, que los “animalistas”, que comparten el 99% de nuestra moral, nos tienen por enemigos. Y por asesinos. ¿Qué diablos crees que van a ser los islamistas, Hillary?

Colofón. Toda moral es violentógena por su naturaleza. Si sólo hay una, funciona. Puede ser un peñazo, pero no hay violencia. Si hay más, la violencia está garantizada. También puedes intentar hacer una moral que sea única, y lo más suave y llevadera para que quepan todos. Pero parece difícil, porque la impresión es que nos va la marcha. En cuanto civilizamos el cristianismo, después de la tremenda y larga lucha de la Ilustración, en seguida nos pusimos a inventar morales nuevas que se demostraron muchísimo más peligrosas y asesinas. Y todavía seguimos en ello, inventando moral tras moral, aunque -de momento- con menos asesinatos masivos.

 

Una entradilla rápida a cuenta del libro que mencionamos ayer [–>].

La universidad de Córdoba habla en su web de los monumentos de la ciudad. Clic.

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Las tres líneas rojas señalan tres fallos gordos.

– No puede ser la tercera mayor mezquita del mundo, porque es una catedral.

– Abderramán I no fue califa, sino emir [–>]. El primer emir independiente de Córdoba (756). El que fundó el califato fue Abderramán III en el año 929 [–>].

– La mezquita no fue construida simplemente “en el sitio” de la antigua basílica visigoda de San Vicente, sino a partir de los materiales de la basílica, convenientemente destruida por Abderramán para utilizarlos [–>]. También sacó material para su construcción de otros monumentos romanos y visigodos derribados en Córdoba.

Algunos cristianos se sienten ofendidos por el estropicio de incrustar, en el medio de la antigua mezquita, la construcción posterior para hacerla una catedral más impactante . Yo mismo, que también soy cristiano aunque sea ateo.

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Si lo hubiera hecho hoy, sin duda hubiera respetado el edificio sarraceno tal y como estaba. Con el uso que fuera. Y el caso es que funcionó de esa forma como catedral, aparentemente sin mayor problema, entre 1.238 y 1.523. Pero si nos ponemos a protestar de la reforma de una mezquita por los intolerantes fachas cristianos, convendría no olvidar el arrasamiento previo de la basílica visigoda (550 – 786) por parte del tolerante islam del ejemplo mundial de convivencia.

Al principio la convivencia funcionó en forma de un pacto de capitulación (si te rindes no te mato), en el que el conjunto de la basílica se dividía en una parte para el culto musulmán y otra para el cristiano (714). Duró 72 años. Después llegó la fase de convivencia de arrasar; aquí sólo una mezquita, y lo de su culto mejor que lo hagan en su casa en privado, y sin que el público lo note. Y mientras no hayan desaparecido del todo los cristianos -que es la idea- les dejaremos poner una iglesia fuera de las murallas, para que no se diga que no tienen ni un sólo templo. Pero que ni se les ocurra poner una cruz que se vea desde la calle, que nos ofende. Y va a ser obligatorio que se pongan señales distintivas en la ropa; no vaya a ser que toquen el aljibe del que bebemos agua los musulmanes, y lo contaminen sin que nos demos cuenta. Y que no lloren por ello, porque todos sabemos que en este plan no pasará mucho tiempo antes de que haya desaparecido el último cristiano de nuestro califato. Desparecido por emigración, por reconversión, o a cuchillo. Sólo es una situación provisional, transitoria. En fin, la convivencia; tú sabes.

Vale, todo esto es relativamente normal para la época.  Y en la nuestra; sólo hay que mirar lo que pasa en la Alianza de Civilizaciones. Es mucho mejor no perder las guerras. Lo que manda cojones es el cuento de la Universidad de Córdoba. En el sitio de. Un sitio donde -al parecer- había un solar libre, casualmente en la mejor zona de la ciudad, y que no se sabe por qué se llamaba basílica de San Vicente Mártir [–>].

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Bien, es ciertamente posible que, durante siglos, los académicos medievales musulmanes que interpretaban los textos sagrados islámicos , así como los líderes militares musulmanes (incluyendo tal vez al propio Mahoma cuando guió a sus ejércitos en batalla contra los infieles que no se rendían),  malinterpretaran (al contrario que los expertos modernos) el significado primariamente pacífico y defensivo de yihad. Y que, a resultas de este error, los ejércitos musulmanes conquistaran equivocadamente la mitad del mundo conocido. O tal vez estos ejércitos de conquista estaban, de alguna forma, “esforzándose” en “resistir la tentación y derrotar al maligno”.

Darío Fernández-Morera, en:

Sirva el párrafo citado como ejemplo del -ocasional- sarcasmo que gasta Fernández-Mora al desmitificar la enseñanza convencional del mudo académico sobre el islam en general, y más en concreto sobre el mito del islam moderado, de paz y convivencia, cuyo máximo (y único) exponente presentan como Al-Andalus.

El libro es un torrente de fuentes históricas apasionantes, en las que la conquista de Hispania (Isbania) se resume en: yihad, yihad y más yihad. Pero nuestros expertos embobados quieren hacer de aquello un paseo recogiendo margaritas del campo;  un movimiento migratorio como -por ejemplo- el de los visigodos tres siglos antes. Nada que ver ni con religión ni con imperialismo. Lo único que pasa es que entendemos mal el significado real de yihad, que sólo es una lucha espiritual para mejorar. Y Fernández-Mora explica que es perfectamente posible que sea eso lo que realmente significa yihad, pero que en todo caso es exactamente el mismo error que tenían los musulmanes de la época, según sus fuentes religiosas y jurídicas.

Por mencionar una de las muchas citas- Ibn Khaldun (Túnez 1332 – 1406) explica la diferencia fundamental del islam con otra religiones. Que la guerra santa es un deber en el islam, al contrario que en los demás grupos, para los que en todo caso sólo sería un deber defensivo. Por eso en los no musulmanes los líderes religiosos no se sienten concernidos en absoluto por la política del poder. Entre ellos, la autoridad regia se adquiere por accidente, o por cualquier modo que no tiene nada que ver con la religión. Y nos los comemos con papas fritas, por mariquitas.

Si se piensa un poco, manda cojones el mito de los moros de Al-Andalus como foco de tolerancia y cultura. Al fin, dos bandas de follacabras del desierto (árabes y bereberes), de una incultura y analfabetismo muy superiores que la de cualquiera de los países que conquistaban. Eran, literalmente, los más bestias del mundo conocido de la época. Que sí, con el tiempo se desasnaron y pudieron aprovechar la cultura greco-romana de Oriente Medio y Egipto; la persa; y la romano-visigoda de Hispania. Con el tiempo … y después de quemar iglesias y tesoros culturales y artísticos en modo industrial. Además de pasar a cuchillo a poblaciones enteras y esclavizar a otras. En una pinza -la destrucción artística y la destrucción humana- muy conscientemente destinada a aterrorizar a la población e inducir su rendición.

Y la convivencia, claro. Las tres culturas. El milagro de la pazzz multicultural. Que es lo que ocurre, invariablemente, en toda conquista imperialista. Al conquistado se le ofrecen dos opciones. Desaparecer (por muerte, emigración o integración), o ser subyugado. Y la segunda suele ser una oferta provisional, mientras el conquistador se acomoda. Hasta que llega la oferta definitiva: elegir una de las tres formas de desaparición. Indudablemente todas esas opciones producen cierta forma de “paz y convivencia”. Pero no la forma que venden los multiculti.

Fernández-Mora explica que tras la reconquista de Toledo (1086) apenas quedaban cristianos en la mitad sur de la península — todavía en manos del islam. Se les ofreció lo mismo que siglos más tarde se les ofreció a los mudéjares. Conversión o puerta … a África. No puedes tener en el seno de tu población grandes masas de gente cultural y sentimentalmente aliadas con los enemigos que quieren eliminarte. Y Al-Andalus no sólo no era una excepción, sino que era un ejemplo. Ejemplo que aprendieron y aplicaron luego los cristianos, por la cuenta que les tenía.

Incluso existe por ahí la idea de carcajada de que las mujeres fueran más libres y “empoderadas” en Al-Andalus que en la cristiandad. Pero basta pedirles a esos payasos una lista de las reinas que gobernaron taifas, el califato, o el emirato.

Los “multiculturalistas” y otros odiadores de lo cristiano son muy libres de hacerse las pajas mentales que quieran. Pero si pretenden que su ejemplo e ideal sea Al-Andalus sólo van a conseguir una carcajada. Es un mito que nunca existió.

Sirva de presentación y caramelo del libro. Un clic lleva a Amazon.

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Orlando. Tiroteo y masacre masiva.

NCBNews.com [–>]:

Mir Seddique,  el padre de Mateen, le dijo a NBC News: “Esto no tiene nada que ver con la religión”. Seddique explicó que su hijo se enfadó al ver a dos hombres besándose en Miami hace un par de meses. Y cree que eso puede estar relacionado con el tiroteo.

Hmmm …

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Pero seguro que Potemos compra el argumento de que no tiene nada que ver con esa religión. En cambio, si habláramos de otra religión, no se podría decir lo mismo. No lo hacemos. Nuestros LGTBT están muy muy preocupados por la religión, pero se trata de otra.

No sé, tal vez podríamos boicotear a Israel.

El mundo -digamos- “progre moderado” enfoca el asunto de la integración de musulmanes en las sociedades occidentales como si fuera un problema similar, por ejemplo, al de la transición de las sociedades cristianas a la democracia liberal. Entiéndase lo de “progre moderado”; quiere decir no Potemos. Para Potemos el problema es el inverso;  asociarse con los musulmanes para acabar con la democracia liberal.

Yo mismo compartía la visión del mundo “progre moderado”, pero con otra estrategia. Para ellos se trata de convencer de la democracia liberal a los musulmanes. Y para convencerles, creen que la idea es tratarles con mucha delicadeza. Yo era mas de la opinión de atacarles argumentalmente con ferocidad, del mismo modo que el mundo liberal atacó a las religiones cristianas. Voltaire, etc. Esperando el mismo resultado: la civilización de la religión.

Pero hay una alternativa en la que ninguna de las dos estrategias tiene sentido. ¿Qué pasa si el islam es incivilizable? Quiero decir que los datos parecen apuntar por ahí. ¿Alguien conoce alguna nación musulmana que haya avanzado algo hacia una democracia liberal? ¿Hay muchos musulmanes liberales que no sean directamente ateos musulmanes?

El otro día veíamos una médico musulmana, Simi Rahman, explicando que para un musulmán no hay más camino al liberalismo que abandonar su religión.

Y se ve que sabe de lo que habla. Que habla en carne propia.

Pero todo esto parece impensable, porque no se le ve sentido. ¿Por qué iban a ser diferentes cristianismo e islam respecto a sus posibilidades de civilización? Las dos son religiones; monoteístas; y con muchos ejemplos de conquistas y maltrato al discrepante en su historia.

Curiosamente, hay un autor y académico americano que explica exactamente eso. Edward Feser [–>] es un filósofo con una trayectoria muy singular. Nacido católico, se hizo ateo. Pero tras diez años volvió al redil a través de Aquino. Un viraje sorpendente, pero que indica que le ha dado muchas vueltas a las ideas y al cristianismo. Y últimamente está explicando esa diferencia que ve entre cristianismo e islam, que hace “incivilizables” a los mahometanos si no abandonan su religión. Siempre que definamos civilización como la definimos normalmente en Occidente. Vaya, lo que se refleja en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. (Nota: el hecho de que los musulmanes necesiten su versión particular [–>] ya está diciendo -a gritos- que no son civilizables).

En realidad el motivo de esta entrada es destacar lo que está escribiendo Feser sobre el problema de la inmigración musulmana. Pongo los dos enlaces que me parecen principales, pero en ellos hay más.

Y hago un resumen muy muy de brocha gorda. Es mucho mejor leer a Feser, pero lo pongo para vagos.

El cristianismo contempla, desde su origen e incrustado en su estructura, dos planos. El secular y el trascendente. Y además contiene un elemento de universalidad. Y eso lo hace esencialmente diferente.

La clave se puede mostrar en un sólo párrafo de Mateo 22.

15. Entonces los fariseos se retiraron a tratar entre sí cómo podrían sorprenderle en lo que hablase. 16. Y le enviaron sus discípulos con algunos herodianos que le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino de Dios conforme a la pura verdad, sin respeto a nadie, porque no miras a la calidad de las personas. 17. Esto supuesto, dinos qué te parece: ¿Es o no es lícito pagar tributo al César? 18. A lo cual Jesús, conociendo su malicia, respondió: ¿Por qué me tentáis, hipócritas? 19. Enseñadme la moneda con que se paga el tributo. Y ellos le mostraron un denario. 20. Y Jesús les dijo: ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? 21. Respóndenle: Del César. Entonces les replicó: Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. 22. Con esta respuesta quedaron admirados, y dejándole, se fueron.

Y hay dos elementos que los musulmanes no tienen, ni pueden tener con su religión. El primero son los dos planos. Una clara separación de lo que es del César y lo que es de Dios. El segundo, que hay unos “fariseos”, expresa la idea de que se puede honrar a Dios y cumplir sus reglas, y al mismo tiempo no ser moralmente aceptable. Quiere decir que para el cristianismo hay una moralidad que está más allá de la religión y sus normas, y de ahí que el infiel puede ser “bueno” — a su manera. Y el creyente puede ser malo, cumpliendo las normas. Por ejemplo, los fariseos.

Según Feser, estos dos elementos no sólo no existen en el islam, sino que son radicalmente incompatibles con su estructura. Pero son la clave de lo que entendemos por civilización. Un plano político y un plano personal separados inducen a la libertad de opinión. Que lleva a la de expresión, etc. Una moral más allá de la religión concreta, y de cualquier persona, es la idea de que puede haber unos “derechos humanos”. Y entre ambos, son la base de la Declaración Universal de los Derechos humanos.

Este resumen no tiene nada que ver con Feser; la idea de fondo sí. Y un resumen más resumido sería que el cristianismo contenía una semilla, de la que nace la idea moderna y occidental de civilización. Pero es una semilla incompatible con el islam. La sharia como ley ciudadana no es una idea del islam radical; es la base del islam, su esencia. Así que no soñemos que se van a hacer compatibles; ni con lisonjas y mimos; ni a hostias argumentales. El único musulmán susceptible de civilización es el musulmán ateo. Como dice Simi Rahman.

¿Más resumen todavía? Potemos y Zapatero tienen razón. Son aliados naturales del islam, contra la democracia liberal.

¿Tendrá razón Edward Feser? Ni idea. Es sugerente, y parece haber muchos más datos apuntando a que tiene razón que los que hay en sentido contrario.

Simi Rahman

[Nota previa: Artículo robado descaradamente. Publicado por Rahman en su página de Facebook [–>], donde se lo han borrado. Lo ha enviado al Los Angeles Times, New Yor Times y Huffington Post, y espera que se les pida que lo publiquen. Simi es una pediatra que trabaja en Califormia.  Para los que prefieran el original en inglés, aquí –>.-pm]

Todo musulmán humanista se está preguntando algo que yo me pregunté en septiembre de 2001.

¿Cómo distingues un musulmán radical de uno moderado?

Y esta es mi cadena de pensamiento.

Los secuestradores de 11-S me recuerdan a mi y a los chicos con los que iba a la escuela en Dubai en los 80 y 90. Eran de la misma edad, entorno, y suficientemente modernos para haber escuchado el pop de los 80 y perseguido chicas. Esto es, justo como la mayor parte de la gente joven en el mundo musulmán, no eran muy religiosos.

Así que pensé que tal vez podía distinguir las diferencias entre ellos y yo, y que tal vez podría señalar el punto de separación. Algo que ellos harían y yo no haría nunca. Y me llevó un tiempo darme cuenta, y ahora con el tiroteo de California me he reafirmado en que, de verdad, cuando se trata de distinguir entre un musulmán moderado y uno radical, no puedes.

Realmente no puedes decir quién es moderado y quién es yihadista hasta el momento antes de que aprieten el gatillo. Tasfheeen nos ha roto la espina, al revelar que vivía entre nosotros; incógnita, normal, madre, envuelta en nuestra segura comunidad; y  aun así se había radicalizado.

Y ese es el problema; que hay muchas igual que ella, con exactamente las mismas creencias, que pueden no haber sido inflamadas todavía por un clérigo radical, pero si se presenta la oportunidad podrían hacerlo. Son como un cartucho durmiente de dinamita, esperando un fusible para prender. EL TNT ya está allí.

¿De qué está hecho? No de los cinco pilares; fe, caridad, oración, ayuno y peregrinación. No de las enseñanzas del profeta sobre cómo llevar una vida buena y justa. No de la celebración de Eid ul Fitr.

Posiblemente asoma a través a través de la fidelidad que Aláh exige durante el Eid ul Adha, Cuando se conmemora en sacrificio y celebración el sacrifica voluntario de su hijo por Abraham como signo de su fe superior, al estilo de Thanksgiving americano — con comida y familia. Pero sin el fútbol. Y, ah sí, el fratricidio.

Está ahí, en el silencio que se debe mantener durante la oración, que no tolera interrupciones porque harían la oración inútil. Está ahí, en la severidad de la hiyab cuando se sigue al pie de la letra. Ni un pelo puede asomar. Está ahí, en la separación forzada de hombres y mujeres en las reuniones sociales.

Está presente en cada acto que nos excluye de la corriente general. En el mismo concepto de Nosotros y Ellos. Porque la única manera de seguir siendo Nosotros es rechazarles a Ellos. La única forma de ser un nosotros ejemplar es rechazar la occidentalización a cada paso. El halal sólo es una farsa, sacada de esa noción de que la carne ha de ser cortada de cierta manera. ¡Es la misma carne! Y sin embargo hay una diferencia mágica que la gente afirmará con toda seriedad.

Y así, para entender la mente moderada, tienes que verla en un continuum del radical al medio, pero cuanto mas te acerques a un liberal hay un muro. Te repugna, en la condena de la homosexualidad, en el tratamiento desigual y subyugación de la mujer, pero está ahí. Más allá de ese muro, por encima de cual que les de miedo mirar por temor a la condena y fuego eterno, es sin embargo donde está la respuesta. Así que ser musulmán moderado estos días es como una carrera con una bola atada a tu pie. Una desventaja. A nos ser que puedas imaginar cómo es el mundo detrás de ese muro, no puedes realmente participar. Si estas tan aterrorizado de la blasfemia que no puedes mirar por encima, estás atascado para siempre. Justo aquí. Y detrás tuyo está la horda de la yihab, reclamando el islam verdadero, practicándolo a la perfección como está expuesto en el Corán. Auténticamente entra la espada y la pared. Siento tu dolor. Yo he estado ahí. Y era insoportable.

Lero, discuto y debato junto a muchos buenos jóvenes musulmanes de todo el mundo, en foros de internet, tratando de argumentar una vía de solución. justo como hacemos en los “social media” hoy día.  Sabía que yo rechazaba la homofobia; sabía que rechazaba la subyugación de la mujer. Y todo seguía siendo una teoría hasta que lo vi en la práctica.  En los salones de profesionales musulmanes moderados del Midwest. Estaba la discusión de si el versículo que permite a un hombre golpear a la mujer, en cambio realmente quería decir que debía golpearla con una pluma. Como médico, primero soy humanista, así que la patente homofobia era irracional, peligrosa, y algo que dejé de tolerar con educación. Acudí a presentaciones de vídeos de los territorios palestinos en la mezquita, emitidos para provocar la furia de la gente congregada.

Y ahí es cuando el absurdo empezó a afectarme. ¿Qué diantres estábamos haciendo? Estábamos entrenando a nuestros niños a postrarse sin cuestionar una autoridad  que pensábamos que los podría mantener a salvo de la diabólica occidentalización. Y así los niños de la comunidad iban a la escuela dominical, llevaban hiyab, oraban y ayunaban. Estaban envueltos en una identidad musulmana que no se parecía a ninguna que hubiera visto antes. Yo crecí en un país musulmán de Oriente Medio y la religión era algo que se mantenía en su sitio, algo tras la escuela, el fútbol y los dibujos animados. Aquí había un islam fuera de contexto, más destilado, puro. y peligroso. Aquí no había abuelas que nos dijeran sabiamente qué partes el Corán hay que tomar con perspectiva. No había primos mayores que se saltaran la oración del viernes para salir con la cuadrilla.Oh, no. Esto era un islam cocida en una salsa de sinceridad del Midwest, hervido hasta su negro corazón concentrado. Esto era peligroso.

Según mis hijos crecían fui teniendo miedo. Había tolerado la insistencia de su padre en mandarles a la escuela dominical, donde básicamente jugaban y aprendían algunas suras. Pero según se hacían mayores comprendí que eso iba a cambiar. Iba a surgir una sinceridad en su mirada, la rebelión juvenil iba a encontrar una causa justa en juzgar como deficientes e inferiores a sus menos religiosos padres. Malos musulmanes. ¿Cuántas adolescentes han empezado a llevar hiyab antes que sus madres? He perdido la cuenta. Las madres que se encuentran el dilema eligen seguir a sus hijas en ese camino. Se cubren también, y con eso tratan de ofrecer una capa de protección de la ideología ofreciendo perspectiva.

Sin embargo me preocupé por internet, por los recrutadores radicales pasando por amigos, encontrando plastilina maleable y dispuesta en nuestros hijos sin formar. Les escudábamos de las influencias occidentales para protegerles, sólo para crear una grieta que podía ser explotada coo punto de entrada. En esencia, los estábamos dejando vulnerables a la radicalización.

Y esto es exactamente lo que ha estado pasando.Las jóvenes chicas de Europa y USA que han viajado a Siria a unisre al ISIS, lo han hecho porque buscan lo que buscan los todos los adolescentes; un sentido de identidad, diferenciarse de sus padres y encontrar una identidad separada, la emoción de la rebelión, aventura. No pueden ligar, beber o bailar, así que bien pueden hacerse Daesh.

Este pensamiento es lo que me llevó a escalar el muro. Dejé la oración, dejé de sentirme culpable por no razar. Bebí alcohol, moderadamente como hace la mayor parte de la gente en Occidente, y no me convertí instantáneamente en alcohólica. Abandoné la necesidad de tapar mis tobillos y muñecas, y me puse ropa normal. Bacon. Digo, de verdad; bacon. No hace falta que explique lo bueno que estaba. Me di la vueta para mirar el muro desde el otro lado, y fue … un alivio. Un alivio perder ese miedo de apostasía. Darse cuenta de que no existía tal cosa; estaba sólo en mi mente. Las ideas que habían marcado mi mente, la culpa, la ansiedad, la auto-flagelación por ser una mala musulmana, todas habían desaparecido.

Tenemos que hacer el problema más grande. En vez de minimizarlo tenemos que hacerlo estallar y examinarlo y olvidar esa idea de que un texto sagrado es intocable. O incuestionable. Tenemos que mirarlo como un problema de humanismo. Es el islam, en la forma que en que se predica y se practica, suficientemente humanista? En el sentido de si respeta los suficiente la personalidad de un ser humano, y ni no lo hace, qué podemos hacer al respecto.

Tenemos que hacerlo aceptable, o separarnos de él. Tenemos que salir de este armario y llegar a la luz. Porque ninguno estamos a salvo ya. Y ninguna de las viejas vendas va a aguantar mucho, antes de que se convierta en una carnicería total de la que sólo nosotros podemos tener la culpa.

Original traducido de una copia en The Advice Goddess:

Vía: @aliamjadrizvi y @RichardDawkins.

simi-rahman

Añadido:

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