morolandia


Repasando. Hemos averiguado, gracias a Octavio [–>] y Marod, que entre los límites de los derechos fundamentales producidos por los dioses macabros está el orden público. Que a su vez está compuesto por la seguridad, salud y moral públicas.

Marod señala [–>] a su vez límites a lo de la moral pública:

la moral pública no ha de ser entendida como el concepto que de ella tenga una concreta confesión religiosa, sino como el “mínimo ético acogido por el derecho”.

Dos problemas gordísimos.

1. Circularidad. El derecho nos remite a “moral pública” como límite. O sea, fuera del derecho. Pero luego, con un par, lo convierte en … ¡el “mínimo ético acogido por el derecho”! Pero eso no está en “el derecho”, porque si no, nos hubiera remitido al derecho mismo en primer lugar. En vez de andarnos paseando por ahí. Están mareando la perdiz sin saber lo que hacer con la criatura.

2. Confusión. Tú puedes tener una visión cristiana de la moral, y es un juicio de las acciones respecto a un bicho muy raro del que cada cual tiene una visión distinta, que los cristianos llaman “el bien y el mal”. Pero para eso, el derecho no debería remitirte a la “moral pública”, sino al catecismo. Y no tienen cojones.

También puedes tener una interpretación subjetivo social de moral. Lo que tú (el cachondo del juez de turno) crea que la sociedad “piensa” acerca de las conductas. Una chorrada, porque si la sociedad piensa algo diferente de lo que hace (es muy normal), el límite sería lo que creemos que deberíamos hacer — pero no hacemos. Ridículo elevado al cuadrado. Por absurdo, y por átame por el rabo esa mosca de lo que el juez cree que la peña piensa. Lo que le dé la puta gana al juez, literalmente.

Y finalmente puedes tener dos dedos de frente, y darte cuenta de que la moral es uno de los observables más fáciles de observar que existen. No hay más que mirar. Cuando la sociedad considera algo inmoral, lo recrimina. De forma que lo inmoral acaba siendo extraordinario; marginal. Esa es la función de un código.

Por ejemplo, ves que en el campo hay setas de todos los colores, y ninguna es venenosa, pero los miembros de la tribu se ponen todos setas azules colgando de las orejas. Y ves que cuando alguien se pone una seta de otro color, hay malas miradas o malos modos, de forma que se tiene que acabar apartando o cogiendo el color que toca. Estás viendo una moral en acción. Y la moral se ve, siempre. ¡Porque quiere ser vista! Porque funciona precisamente así. Al igual que somos animales hiper-sensibles a la jerarquía, y de un vistazo sabemos quién manda, también somos hiper-sensibles a la moral. Por la cuenta que nos tiene, en ambos casos.

Si tú miras lo que hacen los humanos con la ropa, y observas, verás:

– La tienen muy variada.

– Muestran una fortísima tendencia a “uniformarse”, eligiendo el mismo tipo de ropa, o de no ropa, según la ocasión / sitio / grupo / actividad.

– La uniformidad sólo se pierde en los lugares de tránsito.

Y con eso ya sabes que la ropa en los humanos está codificada. No es aleatoria ni va a capricho. Es un asunto de la moral.

– Pareces un pordiosero.
– Pareces una puta.
– ¿Te has disfrazado?
– ¿Vas de pijo, o qué te pasa a ti?
– ¿No irás a coger un resfriado?
– Sin corbata no puede pasar.
– Gracias por la invitación, pero no he traído traje de baño.
– Gracias por la invitación, pero no he traído un vestido de noche en el equipaje.
– Se alquilan esmoquines.
– Torso cubierto en la terraza.
– ¿Crees que podré ir en vaqueros?
– Anda, mejor te pones -por lo menos- una chaqueta.

Esto es inmoral, y ahí está el morbo del cuadro. Pero no es inmoral por las señoras desnudas, algo completamente normal en el arte de la época, sino por el desequilibrio indumentario.

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Cojones, Marod; ¿estamos ciegos y sordos, o es a propósito? ¿Tú crees que la casualidad o el capricho producen esto?

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No; lo produce un código social. Una moral. Exactamente, la moral pública. Y no va ni con el catecismo, ni con lo que el juez crea que “piensa” la sociedad. Sí va con lo que “hace” la sociedad, que es perfectamente observable.

Y si lo que te interesa es el orden público, lo que necesitas es saber el código público de conducta que está en curso. No las opiniones de doctos éticos sobre cómo debería ser el código. No; se trata del que es. Lo que se ve.

Ahora podemos sopesar los perjuicios que para algunos extravagantes puede producir esa norma moral, y las soluciones y equilibrios que pueden darse. Pero NO podemos negar una moral que ven todos los humanos, y por eso actúan en consecuencia. Estás viendo un sistema en acción. Y no tiene nada que ver con las leyes. Si se monta un pollo, por ejemplo un burkini, las leyes pueden entrar para evitar violencias. O por la obsesión del poder por mandar. Si no, funciona solo. Normalmente funciona muy bien en modo sistema auto-regulado.

O sea, sí; el burkini afecta a la moral pública. Por tanto, al orden público. Y por eso está afectado por un posible límite, a pesar de ser un derecho fundamental. ¿Es suficiente, es insuficiente? Habrá que sopesarlo. Junto a sus posibles soluciones, que están muy lejos de ser una sola. Pero (1) la solución no puede ser la respuesta automática de tanta gente que responde sin pensar (incluyendo el Consejo de Estado de Francia), y (2) nunca podrás sopesarlo correctamente sin comprender la función de la moral en la sociedad humana. Que desde luego no tiene por qué tener nada que ver con “el bien y el mal”, por mucho que  en las sociedades del catecismo obligatorio, o culturalmente heredado, sí tenga que ver.

Nota. Creo que SÍ puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

Esto sí es un paso adelante. Ya hemos salido de los atascos, o de los principales.

No, no da igual que se trate de ideología que de religión, ni de coña. El motivo del rechazo a meter “religión” como derecho fundamental valdría lo mismo para ideología, si “ideología” tuviera el mismo problema. Por ejemplo, el machismo cabe dentro religión, y el burkini es un ejemplo inmejorable. Incluso el ecologismo. Vacas sagradas y cerdos impuros son normas ecológicas. Pero no caben dentro de “ideología”.

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Imagina un fiesta histórica en el pueblo. En una campa determinada, los productores locales de vino organizan una cata de sus caldos para darlos a conocer a la peña. Incluyendo el morbo de un concurso y sus premios. La Fiesta del Vino. Y ahora llegan las asociaciones de Alcohólicos Anónimos y de Monjitas Contra el Alcohol, a montar sus tenderetes de zarzaparrilla. Y a dar ampliamente por culo a los alegres bebedores.

– Oigan, amables aguados; váyanse ustedes a otra campa. O elijan otro día para SU fiesta. Porque esta es la Fiesta del Vino, y no la Fiesta del Sobrio. Ni queremos aquí sus tenderetes, ni su simbología, ni su cara de amargados.

– No me pueden impedir participar, porque la sobriedad es una ideología, y por tanto un derecho fundamental. Y por tanto en un espacio público ustedes no lo pueden discriminar.

Consejo de Estado de Francia:

– No; la sobriedad no es una ideología política, y el ayuntamiento puede organizar una Fiesta del Vino sin que les den por culo los intransigentes puritanos. Nada impide que los puritanos haga su fiesta, en su lugar.

Pero si metemos las religiones y los dioses por medio, la cosa cambia. Por ejemplo, si en vez Alcohólicos Anónimos o Monjitas Contra el Alcohol, los que llegan a dar por saco son los Hermanos Musulmanes.

Alicia desde el Consejo de Estado de Francia:

– De ningún modo se puede discriminar a una religión en el espacio público. No le puedes impedir a los mahometanos que participen en la Fiesta del Vino, para joder la Fiesta del Vino.

Y Marod añade:

Sí, a la subjetividad del bebedor, los que combaten el bebercio le pueden estar fastidiando. Pero como me fastidia a mi el que se pone a hablar por el móvil a mi lado (me jodo, tú).

Pues no, Marod y Alicia, queridos. Tenéis dos problemas muy gordos.

1. Estáis pensando con etiquetas. Como los idiotas (IYI) de Taleb. Con perdón; todos somos idiotas alguna vez. Cuando hay funciones por medio no se puede pensar (operar) ignorando las funciones. Cuando hay sistemas (ej.: Fiesta del Vino), los componentes del sistema probablemente no explican la función. Una Fiesta del Vino no es para que yo pueda beber. Eso lo puedo hacer todos los días, sin necesidad de una Fiesta del Vino. Una Fiesta del Vino es para que haya un ambiente general inducido por el vino, con sus consecuencias. Y un porcentaje suficiente de intolerantes amargados contra el vino -y no es necesario que sean muchos- se cargan ese ambiente. Hemos jodido la función, porque hemos jodido el sistema.

2. Estáis haciendo la diferencia de que los intolerantes pueden joder la Fiesta del Vino, o no, en función de que la disculpa de su intolerancia sea una divinidad imaginaria, o sea una simple moralidad civil. Si tiene un Dios, la intolerancia vale. Es un derecho fundamental. Y si no, no. Cosa que debería ser inconstitucional en sí misma (NPI), pero en todo caso es inmoral en nuestra sociedad laica. Se mire desde donde se mire.

Y el efecto de la confusión de una constitución idiota es que nunca podrá existir un evento público (no privado) en suelo público (no privado), con un propósito (función), si no les gusta a los intolerantes. Con la única condición de que se trate de una intolerancia derivada de un Dios. Que da la casualidad que siempre es el mismo maldito Dios del mismo maldito desierto. Aparentemente, hoy, el único Dios intolerante del globo. O por los menos de Occidente — a juzgar por la experiencia.

Nota: un evento con un propósito (función), o un sitio con un propósito, ya es una discriminación en sí misma. El que no está con el propósito, no está en el sitio adecuado. Pero el que está manifestándose contra la función, está jodiendo el sistema.

Conclusión: Los intolerantes (si lo son por religión), tienen la victoria asegurada. Porque los no intolerantes pueden ir a los eventos de los intolerantes, sin joderlos. El que bebe puede no beber (salvo patologías). El que no bebe, no puede beber. Y la Fiesta del Vino se acabó. Nassim Taleb lo explica con claridad:

Es estúpido. Es la quintaesencia de la estupidez. Pero es peor. Es estúpido en un sentido muy determinado; va contra el núcleo de la trama y la estructura de nuestra sociedad. De cualquier sociedad no intolerante, en realidad.

Otra confusión:

– Pero como me fastidia a mi el que se pone a hablar por el móvil a mi lado (me jodo, tú).

Nadie ha establecido el derecho fundamental a hablar por teléfono gritando junto a una oreja ajena.

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Añadido: Otro gallo cantaría si “religión” estuviera definido funcionalmente. ¿Quieres dar una protección especial al hecho religioso? Tal vez por aquello de la conciencia, y poner limites a la intrusión del poder en ese jardín. Perfecto. Mira:

Religión: Divinidad + oración + templo + manifestación pública puntual.

Y ya está. Eso es lo que tienen todas las religiones, y muchas sólo tienen eso. No hace falta más para proteger el “hecho religioso”. Una cosa es proteger la religión (una función), y otra es proteger todos los casos y todas las circunstancias a los que alguna cultura llame religión, con todas sus morcillas añadidas al hecho religioso propiamente dicho.

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Nota. Creo que NO puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

Habíamos señalado este artículo de Nassim Taleb:

Donde lo relevante no es que los turistas hablemos de religión (en genérico) sin saber de lo que estamos hablando, sino que lo hagan los que toman decisiones políticas que afectan a otros. En este caso, los asnos que hicieron la  constitución, y los ignorantes (acerca de la religión) que dictaminan sobre su libertad de uso de acuerdo con la constitución. ¿Por qué piensa Taleb que estos campeones no saben de lo que hablan cuando hablan de religión? Por el primer motivo que siempre se busca cuando se quiere saber si alguien sabe de lo que habla. ¿Cómo lo defines?

Taleb lo explica con gracia:

Los matemáticos piensan en (muy precisamente definidos y cartografiados) objetos; los filósofos en conceptos; los juristas en constructos; los lógicos en operadores; … y los idiotas en etiquetas.

Imagina lo que puede pasar si metes en la Consti un derecho fundamental, que apenas tienen límites, para proteger algo que no entiendes (porque no puedes definirlo) y que sólo imaginas a través de una etiqueta como las que usan los idiotas de Taleb para pensar. Tienes la garantía de estarte buscando problemas.

No vamos a desarrollar lo de la garantía de los problemas. Es obvio, y ya lo explica muy bien Taleb en su artículo. Cada religión y cada cultura entienden algo muy distinto por “religión”. Y entre esos entenderes, cuya práctica la Constitución establece como derecho especial, muchos pueden ser no ser recomendables para derechos fundamentales. Insisto, se tata de practicar, no sólo de creer.

No nos liemos con los detalles. De momento estamos hablando sólo en teoría. El esquema de trabajo. Si no defines finamente el concepto de “religión”, y es un saco en el que cabe cualquier elemento que las diversas culturas llamen “religión”, es muy posible (vaya, seguro) que estés metiendo morcillas inconvenientes dentro del saco. Literalmente estás incluyendo lo que no conoces; nadie tiene memorizados todos los prodigios de todas las religiones. Y muchas religiones son sistemas sociales brutales.

Puedes pensar que no es problema, porque si es ilegal ya existe la salvaguarda de que no vale. Falso; muchas acciones no son ilegales, pero no deben ser derechos fundamentales. Si no, todo lo que no es ilegal sería derecho fundamental. Y no lo es. Y a través de “religion” como etiqueta, estás metiendo cualquier cosa. Ni siquiera puedes saber lo que estás metiendo.

Lo que vamos a ver es si el planteamiento teórico de Taleb ocurre en la realidad. En concreto, en la realidad de España. Y veremos que ocurre con una claridad que casi hace daño a la vista. Son cuatro pasos, muy breves.

1) La Consti establece “religión” como derecho fundamental, sin definición alguna [ver aquí –>].

2) La ley que regula lo de la religión no hace ninguna definición de religión. Se limita a señalar tres ejemplos, que no parecen exhaustivos, de actividades y fines que no se pueden considerar “religión”. Pero no dice lo que sí es religión como concepto que merece ser derecho fundamental. [Ver aquí –>]. Ni sus fines; ni sus métodos; ni  sus exclusiones; ni leches.

3) Alguna sentencia del Tribunal Constitucional sí necesita una definición de “religión” (era inevitable), y como no la tiene, ¡recurre al diccionario! [Ver aquí –>]

exigiéndose, además, de acuerdo  con el concepto de lo religioso recogido en el Diccionario  de la Real Academia Española, los siguientes requisitos

4) Así que tenemos que para regular un fenómeno que suele ser parte de la estructura de la sociedad, y causa de innumerables conflictos especialmente sangrientos, nos tenemos que basar en el conocimiento de ese fenómeno universal que tienen doctos señores como Pérez Reverte, Luis María Ansón, o Juan Luis Cebrián. Que no tienen ninguna culpa, los pobres. Nadie les había dicho que de su meritorio trabajo en la Academia dependían los derechos fundamentales de los españoles.

Conclusión del sistema de pensar con etiquetas:

DRAE, religión.

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

¿Consideramos que las normas morales de las religiones tienen un fin principal y común a todas ellas -una divinidad y los actos para darle culto- y que por tanto eso es lo que debe incluirse entre los derechos fundamentales? ¿O consideramos que cualquier norma moral extravagante (que ni siquiera conocemos de antemano) con cualquier otro propósito -por ejemplo organizar la sociedad, la vestimenta, el sexo, la higiene, o la gastronomía-  es parte del concepto constitucional de “religión” — siempre que haya una divinidad por medio?

No se sabe. La Real Academia no lo dice, ni tendría por qué decirlo. La Consti y la Ley Orgánica no lo dicen, pero usan a la Real Academia que tampoco lo había dicho. Imagina el segundo caso, que tiene pinta de ser a lo que se refieren. Está protegida especialmente cualquier norma moral que venga de cualquier divinidad. ¿Dónde están protegidas especialmente las normas morales espontáneas que vienen de la sociedad en cuestión? Por ejemplo, el uso de traje de baño en las playas es una de ellas. Va a ser que las divinidades trastornadas de exóticos desiertos pesan más que nuestra propia dinámica social.

Taleb:

Dos personas pueden estar usando la misma palabra con distinto significado, y sin embargo continuar la conversación. Lo que está muy bien para tomar un café; pero no cuando se están tomando decisiones, especialmente decisiones que afectan a otros.

Intelectuales, y sin embargo idiotas.

Sección para nota. Se recomienda saltársela, menos a Marod.

El Prosti insiste [–>] en que no hay definición:

aunque dicha Ley no define de forma positiva qué debe entenderse por religión o actividad o fines religiosos

Pero se busca un apaño. Acojonante:

… sí establece un catálogo de exclusiones, ya que, según su art. 3.2, “quedan fuera del ámbito de protección de la presente Ley las actividades, finalidades y Entidades relacionadas con el estudio y experimentación de los fenómenos psíquicos o parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espiritualistas u otros fines análogos ajenos a los religiosos”.

O sea, quedan fuera del ámbito de la protección estas tres actividades. Y las que siendo análogas sean ajenas a los fines religiosos (que no sabemos bien cuáles son). ¿Y en el caso de que las que no sean análogas a esas tres, pero sí tengan fines ajenos a los religiosos, qué hacemos? Nadie sabe. Etiquetitas. Como los idiotas de Taleb.

Con estos bueyes aramos, y le pondrán un burkini a tu chica. Dales tiempo.

Traducido a tu propuesta. La bikinesa no debe darse por aludida (por la burkinesa), porque si todos empezamos a darnos por aludidos por las creencias y opiniones de los demás, vale más que salgamos a la calle en uniforme. Y si se da por aludida es su puto problema. Qué se compre unas gafas de clor de rosa.

Es que esa es la idiotez de la ley, y de Alicia. Creer que la gente no se debe dar por aludida por la moral, cuando la función de la moral es, precisamente, que TODO EL MUNDO se dé por aludido. Y la moral no son las creencia u opiniones de los demás, sino el convencimiento de los demás sobre lo que yo debo hacer si no quiero ser un inmoral. Estás inventando un mundo que no ha existido nunca, y que no hay ningún motivo para pensar que pueda existir. No tiene precedentes. La sociedad “multi-moral”. Y si acabara existiendo, sería una sociedad menos funcional. Prácticamente una sociedad canina.

Moral: Código que te indica la conducta que puedes esperar de los demás, y la conducta que los demás esperan de ti.

Ejemplo: Te cruzas con un desconocido en la escalera, y no necesitas disparar un protocolo complicadísimo de acciones para decidir si os vais a insultar, ignorar, o saludar. Eso les pasa -por ejemplo- a los perros, pero los humanos tienen la solución preparada de antemano: ¡buenos días! Fácil, cómodo, limpio y barato.

Ejemplo. Vas a la playa, y sabes: Qué ponerte; qué se van a poner los demás; qué cosas no vas a hacer (por ejemplo, mirarle con demasiado descaro el culo a la vecina); y qué cosas no van a hacer los demás (por ejemplo, mirarle con demasiado descaro el culo a tu novia). Hay muchísimos más ejemplos de lo que sabes, pero es por abreviar. En resumen, es un esquema que se llama sociedad, y se llama civilización. Y permite, por ejemplo, disfrutar de una playa a gusto, sin complicaciones, y sin que la ley (ni los polis) tengan que intervenir en el asunto. Es un sistema básicamente auto-organizado.

Pero llega una tropa con burkinesas, y se ha jodido el plan.

Ya no sabes cómo funciona el sistema, ni lo que puedes esperar, ni lo que se espera de ti. ¿Le puedo pedir perdón a la burkinesa si el puto niño ha lanzado su pelotita demasiado cerca, o se ofenderá su chorbo porque le he mirado a la cara para hacerlo, y debería haberme dirigido a él en vez de a ella? ¿Tendrá mi novia que mantener las patitas cerradas para no provocar infartos? Ahora que lo digo, ¿no se le ve un poco demasiado tenso a ese musulmán para estar en la playa? Oye, y la cinta de la espalda del bikini, ¿se puede quitar cuando estás boca abajo, o sera algo excesivo? ¿Y darnos un beso rápido y discreto? ¿Se le podrá cambiar a la niña el traje de baño sin mayor gimnasia, o hay que hacerlo bajo una toalla? Tú me entiendes. Espero.

En resumen: has pasado del sistema de los humanos (un código moral) al sistema de los perros (protocolos complicadísimos). ¡¡¡Por culpa de la constitución!!!

porque si todos empezamos a darnos por aludidos por las creencias y opiniones de los demás, vale más que salgamos a la calle en uniforme.

Salir a la calle “en uniforme” es exactamente lo que hacemos. Sin que ninguna ley intervenga por medio. Nos vestimos de trabajo, de fiesta, de casa, de deporte, de vacaciones, de cena … ¡y de playa! Y hacemos mucho más que “uniformarnos” de ocasión. Adaptamos también nuestra conducta; no sólo la ropa. No te cruzas igual con una alguien en una discoteca a las dos de la mañana, que en la oficina de un banco. Y todo ese conjunto de interacciones pre-preparadas, se llama código moral. Y hace que la sociedad humana pueda elevarse a unos niveles de complejidad estratosféricos, comparada con la sociedad de los perros. Y ademas de estratosféricos en su complejidad, muy lubricados. Con poco mordisco.

Coño, Marod. Esto es algo que todos los humanos entienden. Ser humano y entender eso es lo mismo. Viene en el mismo “pack”. Bueno, se podía dar por supuesto que todos los humanos lo entienden. Hasta ahora. Ahora vemos que Alicia no lo entiende. Yo creo que sí, pero que hace como que no lo entiende para que pueda funcionar su mundo de ficción. En mi libro, esa es una muy buena definición de planteamiento idiota. Más todavía, cuando este problema completamente artificial viene de la imaginaria firma de un Dios que no existe. Me estás contando un chiste alucinante. Una de las mayores bromas de la historia de la humanidad.

Nota. Creo que puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

No nos damos cuenta. Hemos hecho de la opinión algo sagrado; especialmente la opinión religiosa y / o política.  Y se entiende; en el mundo de la telebasura, donde cuanto más idiota y cafre sea una opinión, más éxito tiene, hay que ponerles un altar a las opiniones. Esa es la estrategia mejor para poder largar chorradas sin parar … y sin enrojecer. Pero los altares son muy peligrosos, porque tienden a no aceptar límites. Por ejemplo, convertir la libertad de opinión en libertad de escrache.

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Y no es lo mismo, ni de lejos. Libertad de opinión se refiere a poder comunicar algo a quien quiera escucharlo. No se refiere a poder obligar a alguien a escucharme según le canto las cuarenta. No puede ser una libertad para ser un cafre.

Las “opiniones” morales son un tanto especiales. No son “opiniones”, son preceptos. Y el burkini es un ejemplo muy bueno. Pero nos cuesta verlo.

Los cegatos lo ponen así:

No podemos adoptar decisiones cuando no tenemos la seguridad del significado y la intención de algo y alguien. Tú das por sentado que la señora de la foto (la burkinesa)

  • está llamando guarras impías a las otras que no llevan burkini
  • está proclamando la inferioridad y desigualdad de la mujer.

Y no te queda ni el menor atisbo de duda. Y lo que yo te estoy diciendo es que eso es una interpretación de lo que quiere decir. Qué si hay una duda razonable de que el significado y la intención de esa mujer sea otra, estaremos cometiendo un grave error.

Pero no es así. La burkinesa puede creer lo que sea respecto de lo que dice. Incluso que no está diciendo nada. La intención es irrelevante en la comunicación; un mensaje es un mensaje.

1) Lo hace por religión. (Es en lo que se basa el argumento pro burkini)

2) Si lo hace por religión, es porque esa religión tiene una norma moral que dice que tiene que hacerlo, y por ser mujer. Y ella cree la norma, puesto que lo hace por religión, y no por capricho. La religión tiene una norma moral, no es un catálogo de conductas para elegir a la carta según apetencia.

3) Luego hay una norma moral que dice que la mujer no puede ir en bikini en la playa sin incumplir esa norma, y por tanto sin ser una inmoral. Eso significa inmoral; que no cumple la norma moral.

4) Luego la burkinesa, si lo hace por religión, e independientemente de lo que “quiera” o “crea” decir, está llamando inmorales a las demás. Está diciendo que cree que las bikinesas son inmorales. Es un comunicando de hecho, objetivo, crea lo que crea decir.

5) Esto, desde el punto de vista de las bikinesas, supone que una maldita inmoral le está llamando inmoral a ella.

Y ahora podemos hacer todas las virguerías tipo Alicia que se nos ocurran. Podemos pensar que deberíamos tener la templanza de soportar que el anti-taurino venga a llamarte asesino a la cara, sin inmutarnos. (No soy taurino, pero es para entendernos). Pero mientras seamos humanos, y no unicornios, y mientras la moral sea un código (juicio) de conductas, y no un supermercado donde elegir caprichos a la carta, nadie puede esperar esa templanza. Y mucho menos exigirla o darla por supuesta. La moral es violenta y violentógena por su propia naturaleza. Aspira a imponerse a todos, porque sólo así tiene sentido. Si no, no es una moral, sino un capricho.

Capricho es lo que me apetece hacer a mi, ahora. Moral es lo que yo creo que todos deben hacer, siempre, para no ser inmorales. Y si el burkini es por religión, es una moral.

Y así tal vez se puede entender que moral no es una opinión sin más, sino una muy especial. Puedes reunir sin ningún problema en un restaurante a gente que le gusta el pescado con gente que le gusta la carne. Cada uno come lo suyo, sin más. Pero es directamente imposible si unos comen carne humana y otros consideran profundamente inmoral la antropofagia. Esa es la diferencia entre la moral y lo demás. Y por eso la moral no es un conjunto de “opiniones” especialmente respetable, sino un conjunto de preceptos especialmente delicados … y explosivos. Cuando se mezclan.

Pero resulta que unos campeones han decidido etiquetar una moral de “religión” (el burkini) y otra moral de no  religión (el bikini). Y como la etiqueta religión figura como derecho fundamental en la consti, …

– Vengan a cenar con nosotros, si quieren. Es de etiqueta.

– Ah, es que yo tengo un código de vestir distinto.

– Hmmm … Pues habrá que hacer cenas distintas.

– No, porque a mi código le llamo religión y pesa más que el suyo.

– ¡No sea usted gilipollas!

Añadido posterior. Quede un detalle. La mirada desde el punto de vista de un tercer grupo con su propia moralidad. Los nudistas. Perfectamente podrían decir:

– Si ustedes ahora no van a separar a los usuarios en las playas por códigos de vestimenta en el caso del burkini, los nudistas no tenemos por qué aceptar que lo hagan con nosotros. Y rechazamos la segregación que hasta ahora aceptábamos.

Tendría todo el sentido.  ¿Quién es el guapo que les iba a decir que no, y que su código pesa menos que el código islámico … porque no lo ha firmado Dios? ¿Estamos locos?

– Mira esta máquina guay.

– Esas dos máquinas, dirás. Parecen iguales.

– No, pero eso es apariencia. La guay es esta.

– ¿Y qué hace?

– Le metes varilla de acero por un lado, y por el otro te saca tornillos azules.

– ¡Guay!

– ¿No te digo?

– ¿Y la otra, qué hace?

– Lo mismo. Le metes varilla de acero por un lado, y por el otro te saca tornillos azules.

– ¿Y por qué sólo una es guay?

– Joé, pues porque la ha diseñado Dios, y la otra un ingeniero.

– Pero el diseño de Dios hará alguna diferencia digna de mención, ¿no?

– ¡Coño, pues que la ha firmado Dios! ¿Te parece poco?

¡Hay que joderse!

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Nota. Creo que puedo prometer que este será el último de la serie burkini:

Pues yo, ya siento, pero vuelvo a decir lo que digo siempre :

Lo que importa no es el burkini, ni el burka …

Si el burkini fuera lo que nos hiciera darnos cuenta que religión no es siempre una mera espiritualidad ñoña e irrelevante, y que algunos fenómenos que llamamos religión -como el salafismo de los burkinis- son sistemas políticos totalitarios al completo, entonces el burkini sería cualquier cosa menos “no importa”. Se convertiría, exactamente, en “lo que importa”.

Mira qué fácil:

– El burkini es una salvajada (no tiene nada que ver con un turbante).

– El burkini es religión.

– Joder, pues entonces religión es salvajada, a veces.

– Esto … ¿y por qué metemos salvajada entre los derechos fundamentales?

La cuestión es la siguiente. Es una sutileza dentro de una idiotez. Pero es que las leyes idiotas producen idioteces. Nos hemos convencido de que las grandes salvajadas islámicas no son religión.

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Alicia es así. Puede considerar inmoral los Estados Unidos por tener pena de muerte en muchos estados, a pesar de ser un proceso que no se puede ni remotamente comparar, por su nivel de garantías, con las decapitaciones del ISIS. Y Alicia puede no considerar inmoral el islam, porque las decapitaciones no son religión. Y por tanto no son islam. Aunque se hagan en nombre del islam, para imponer el islam, y por medio del islam.

No le vayas a preguntar a Alicia qué es funcionalmente religión, o sea una definición y precisión operativa del término. Alicia funciona con etiquetas, no con significados. Tiene un listado de etiquetas que es previo a pensar,  o a observar. Y como islam viene con la etiqueta religión, entonces el islam y el confucionismo, o Teresa Cepeda (o de Ávila) son la misma cosa. ¡Porque tienen la misma etiqueta!

Y da igual lo evidente que pueda ser que se trata de fenómenos sin comparación posible. No funcionan igual (leyes dinámicas muy diferentes), no producen lo mismo … ¡pero tienen la misma etiqueta! Y resulta que nuestras constituciones han elevado a esa etiqueta a Derecho Fundamental. Alicia es tan inteligente que no se da cuenta que está usando un imperativo pensado para defender una espiritualidad más o menos ñoña, y más o menos inocua, para defender un sistema político totalitario y terrorífico. O sea, para defender justamente aquello que la democracia liberal se supone que tiene que evitar.

Y ahora llega el burkini.

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Sin duda es una salvajada infinitamente menor que las decapitaciones. Después de todo la momia podría no estar en la playa, mientras que el decapitado no puede no estar en su ejecución. Además, Alicia dirá que se trata de un capricho voluntario, y Luis del Pino dirá que es lo mismo que el ropaje de los surfistas. Pueden decir misa, porque todo el mundo ve que los surfistas no se tumban a sol con sus ropajes, ni siquiera los usan para darse un baño relativamente corto, como la burkinesa. Tienen una función muy distinta el traje del surfista y la momificación de la burkinesa. Y si fuera un capricho voluntario, porque de alguna forma da gusto, muchas veces se vería darse ese gusto a los mahometanos hombres, y a las mujeres y hombres no islámicos. Pero en vez de observarse muchas veces, se observa cero veces. Con lo que hasta la más subnormal de las Alicias entiende (sabe) que ni es un capricho, ni es como el surf. Es otra cosa. Y de hecho es Alicia misma la que nos dice qué otra cosa es: ¡religión!

¡Bingo! Alicia acaba de comprender que religión no siempre es una espiritualidad más o menos ñoña e inocente. Que a veces es una salvajada. ¡Porque el burkini es religión! Y eso sitúa a Alicia en un lugar en el que nunca había estado. Siempre lo evita con gran cuidado, pero el burkini le ha fastidiado el plan. Si la religión puede ser salvajada, es de imbéciles elevar a derecho fundamental lo que puede ser salvajada. Religión, simplemente es un término demasiado impreciso que engloba funciones contrarias entre sí, y a menudo directamente contrarias a la Constitución (y a nuestra moral). También opera a menudo como una secta, y nadie se toma enserio la “libertad” dentro de una secta, diga lo que diga la ley de Alicia.

El caso es que ahora, y gracias al burkini, Alicia tiene un problema y una comprensión que no tenía. Puede dejar que lo monopolice Le Pen. Sería una locura. El alcalde que ha prohibido el burkini en un pueblo de Córcega es socialista.

El burkini le hace entender a Alicia lo que ni siquiera las decapitaciones le habían permitido comprender. Y ahora dime que el burkini no importa. Lo único que hace falta es que el entendimiento nos lleve a una decisión. Por ejemplo, definir la parte de religión que no puede ser un derecho fundamental.

Regular la ropa, un código de vestir, es probablemente el acto más común y universal de la civilización. Si por civilización entendemos lo que viene después de la revolución neolítica. Nos “disfrazamos” de trabajo, de vacaciones, de fiesta, de verano, de casa, de político, de intelectual, de deporte, de cena, de gala  …  y de playa. Es un cristo de cojones, pero nos va la marcha. Somos así.

El asunto del burkini no debería suponer ningún problema. Y no necesita ninguna horrible “prohibición”. No es una prohibición del traje de baño el que no se pueda ir en traje de baño al consejo de administración de un banco. No es una prohibición de la corbata el no poder entrar con traje de corbata en una sauna. Un código de vestir no prohíbe ninguna vestimenta; sólo regula el tráfico. Y si alguien quiere salir a cenar hecho un guarro, para eso están las pollerías y siderías. El que quiera, se puede manchar de grasa hasta las orejas … en el sitio adecuado. El orden no impide la libertad. Y si unos prefieren ir desnudos del todo en la playa, pero a los más eso les parece molesto e inmoral, a nadie (quitando a Franco y tal) se le ocurre ni prohibir el desnudo, ni incomodar a todos mezclando el desnudo con el no desnudo. Se establecen playas o zonas para los dos códigos, y todos contentos.

Tampoco es nada nuevo. En Al Andalus, en los baños había días para los moros, días para los cristianos, y días para los judíos. Y Al Andalus, os recuerdo, es el colmo de la convivencia y la civilización para los adoradores del burkini; esos haters del cuerpo de las mujeres.

Pero resulta que es imposible aplicar esta solución tan sencilla, y tan conocida, en el caso del más idiota de los problemas. ¿Por qué? De la infinita discusión suscitada este verano, de Marod,  y del Consejo de Estado de Francia, se deduce que es por una norma increíblemente estúpida que tenemos en nuestras constituciones:

CE, artículo 16:

Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.

Unos genios, porque la manifestación religiosa es una garantía de problemas de orden público a poco que las fuerzas estén equilibradas. Por un motivo bien fácil de entender.

DRAE, religión:

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Distintas religiones implica distintas normas morales. Por definición de religión. Para la burkinesa es inmoral que la mujer pueda disfrutar del aire libre y del sol, y del baño, en las mismas condiciones que el hombre. Pero esa proclamación de la moral de la burkinesa es perfectamente inmoral para la occidental. Que cree profundamente, esencialmente, en la igualdad de oportunidades para la mujer. De hecho es una de sus mayores señas de identidad — como lo contrario es una de las mayores señas de identidad para la burkinesa. ¿Alguien tiene dificultades para entender que la manifestación simultánea de moralidades contrarias, en el mismo sitio, es una garantía de desastre de orden público? ¿Algún alcalde con sentido común permite dos manifestaciones, de taurinos y anti-taurinos, en la misma plaza? Ni al más subnormal e irresponsable de los alcaldes. La respuesta es obvia:

Libertad Digital [–>]:

“Si la tensión se mantiene alta, no lo derogaré porque el Consejo (de Estado) no me lo solicita personalmente”, dijo a la cadena “BFM TV” Pierre Vivoni, alcalde socialista de la localidad corsa de Sisco, que prohibió el burkini tras una pelea entre jóvenes corsos y familias de origen magrebí.

Queridos legisladores. Nassim Taleb os define como I.Y.I. (intellectuals yet idiots). Os conviene leerlo:

We Don’t Know What We Are Talking About When We talk about Religion

No, no tenéis ni puta idea de lo que habláis cuando habláis de religión. Porque como una religión implica una moralidad, entonces la manifestación pública de una religión implica la exhibición de una inmoralidad para los de religión distinta. O incompatible; no todas son igual de incompatibles. Pero el islam parece especialmente incompatible. Y los humanos no suelen ser indiferentes a que les exhiban una inmoralidad delante de las narices. Si no tienen fuerza en ese momento puede que se vayan. Si la tienen, es casi garantizado que van a agredir de alguna forma. Esa es la dinámica de la moral, que es justo lo contrario de una “opinión” más o menos aleatoria, o dependiente de un parecer pasajero.

La moral es, por una parte, un monstruo necesario (todas las sociedades tienen),; y por otra parte es un monstruo peligroso (no las puedes andar mezclando alegremente). Y la religión, como en buena medida es una moral, tiene el mismo problema. Hemos legislado con el culo. Los idiotas de Taleb.

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