Melonadas pomposas


Un especialista de hoy en día. Pregunta y respuesta sacadas de una entrevista en La Opinión de Málaga [–>]:

La medicina avanza, pero, a la vez, el hombre se empeña en vivir aceleradamente y con todo tipo de ondas danzando alrededor de su vida cotidiana. Los móviles, el estrés, la radio, las antenas. ¿Son también factores de riesgo?

Los modos de vida y las costumbres influyen muchísimo en la enfermedad. Hay una serie de hábitos tóxicos, por ejemplo, el consumo de cocaína, que disparan entre la población la incidencia de la hemorragia cerebral grave. Volvemos a lo mismo, en los tumores cerebrales es difícil establecer relaciones directas, se necesitan modelos matemáticos de predicción. Dicho esto, la mayoría de los especialistas estamos convencidos de que la influencia de los móviles y otros elementos que generan radiación son nocivos para el sistema nervioso e, incluso, inducen enfermedades. Para que la medicina lo acepte oficialmente se necesitan evidencias. Los neurocirujanos estamos convencidos, pero no se ha demostrado. Aquí opera el relativismo: nadie ha comprobado estadísticamente tampoco para qué sirve el paracaídas, porque para eso se necesitaría arrojar en serie por los aires a cientos de personas y anotar su reacción. ¿Es útil y cumple alguna función el paracaídas? Científicamente no hay certeza, pero está el sentido común.

arraez-especialista

Nuestro experto, Miguel Ángel Arráez, nos acaba de dar una lección de modernidad. O de pos-modernidad, si se prefiere. Y lo malo es que no habla en broma. Cree firmemente dos cosas. Que unas operaciones estadísticas pueden determinar “científicamente” una causa, y que no hay forma de determinar “científicamente” una causa sin esas operaciones. Y como con el ejemplo del paracaídas llega al absurdo, lo soluciona tirando de lo que llama “sentido común” — en lugar de corregir esas dos ideas tan firmes que posee. O que le poseen, más bien.

Lo del sentido común no es mala idea del todo, pero la aplica con trampa. Le llama sentido común a la opinión de los expertos de que los móviles tienen que ser perniciosos para el sistema nervioso. Y lo compara, tal cual, al sentido común de la opinión que tiene todo potito de que la gente, al precipitarse desde cierta altura sin paracaídas, suele escoñarse. Esto es, no se ha preguntado de dónde sale el “sentido común” en cada caso. Ni su capacidad predictiva, detalle que tal vez sea más importante. Por ejemplo, se puede arriesgar todo el dinero que tengas, en esta apuesta: si saltas del avión sin paracaídas te va a sentar mal, y de una forma inmediatamente aparente. Pero ni siquiera Arráez apostaría diez centavos a que usar un móvil te va a sentar observablemente mal. O sea, ni son iguales; ni son sentido común en la misma medida. Ni de coña.

La utilidad del paracaídas, que Arráez considera un conocimiento “no científico”, viene de algunas observaciones interesantes. Por ejemplo, cuando te caes de poca altura te haces un poco de daño. Cuando te caes de mucha altura te haces mucho daño. Y a partir de cierto límite, un daño definitivo.

Sí, a veces hay excepciones. Pero son excepciones que entendemos. Por ejemplo, una gran bola de paja puede hacer un efecto de amortiguación, y cambiar el resultado. No todo es la altura. ¿Y? No es problema. Entendemos aceleración; entendemos ley de la gravedad; entendemos velocidad; entendemos impacto; entendemos resistencia de los huesos; etc. Lo mismo que entendemos resistencia del paracaídas al aire, y su efecto en la velocidad — y por tanto en el impacto. O una amortiguación, por ejemplo en un pajar. ¿De dónde puede salir la idea de que eso sea un conocimiento “no científico”? De la fantasía posmoderna. Que hace “ciencia” de cualquier chorrada que lleve estadística. Y por extensión, “no ciencia” de la que no aplique la misma magia.

Es seguro que el razonamiento “científico” de Arráez funciona como esto. Vamos a poner un vídeo con un ejemplo de neurología, que es justamente lo suyo. Pero da igual el ejemplo, porque el tío del vídeo, como Arráez, piensa que eso es lo que se hace “pretty much in all the science”. Nota: el vídeo (11 min.) es para los que tengan afición; se puede seguir el argumento sin él.

Como nadie ha hecho ese experimento, precipitando fulanos (ni siquiera cerdos) desde mucha altura, con y sin paracaídas, resulta que “científicamente no hay certeza”. Según Arráez. Pero esto tiene dos problemas.

1. Esa idea suya de algo “demostrado”, o “comprobado estadísticamente”, viene del biólogo y estadístico R. A. Fisher, en un libro de 1925 [–>]. Y se popularizó mucho después.

“The value for which P = .05, or 1 in 20, is 1.96 or nearly 2 ; it is convenient to take this point as a limit in judging whether a deviation is to be considered significant or not.”[18]

Esperemos que Arráez acepte que había algún conocimiento científico circulando por ahí antes de Fisher. Pero entonces tendría que aceptar que se le puede dar validez científica a la idea de las ventajas del paracaídas — por ejemplo por los procedimientos pre Fisher. Eso no quiere decir que si precipitaras cerdos desde aviones, y contaras los cadáveres, no fueras a obtener una “comprobacion estadística” convincente. Pero sí quiere decir que no necesitas esa comprobación, y por eso no se le ocurre a nadie hacerla. No son tan caros cien o doscientos cerdos, y un vuelo de avión; pero no hace falta ese tipo de comprobación, y no se hace.

2. Los estadísticos, que son los que entienden lo que  se puede inferir de la estadística, llevan  un mosqueo guapo con los científicos. Y está estallando, artículo tras artículo. Hasta en posicionamientos oficiales de sus sociedades. Por ejemplo, la Asociación Americana de Estadísticos, en la primera recomendación que hace sobre el uso de fundamentos de la estadística en sus 177 años de existencia.

Donde:

3. Scientific conclusions … should not be based only on
whether a p-value passes a specific threshold.

5. A p-value, or statistical significance, does not measure the size of an effect or the
importance of a result.

Statistical significance is not equivalent to scientific, human, or economic significance.

Pero Arráez estaba ligando definitivamente la “comprobación estadística” (o significación estadística) a certeza científica. Contra la recomendación de la ASA. De una manera inconsciente, seguro; no es mas que el ambiente. Pero es precisamente el ambiente contra el que están estallando tantos estadísticos.

Más ejemplos: Zilliak [Unsignificant Statistics–>The Cult of Statistical Significance –>]; Briggs [Die p-value –>, Comments on ASA statement –>].

El problema real no es el de Arráez. No saber “científicamente” que los paracaídas son útiles para la salud si saltas de un avión. Si quiere saltar sin paracaídas es sólo su problema. El mal es el contrario. En expresión de la ASA, tomar lo  “estadísticamente significativo” por “científicamente significativo”. Ya es un problema si ni siquiera se abusa de ello, pero es que además se abusa mucho. Probablemente no sería muy difícil producir “evidencia” del mal de los móviles [ver p-hacking –>]. ¿Alguien ha mencionado ya la burbuja científica?

También este vídeo (1 hora) está muy bien, y es muy a propósito.

Lo mismo de este último vídeo, por escrito:

Esto es mucho más interesante que los pactos / no pactos que os tienen tan entretenidos.

glaciologia-feminista

Glaciares, género, y ciencia

Un marco de glaciología feminista para la investigación del cambio medioambiental global

Los glaciares son iconos clave de cambio climático y cambio medioambiental global. Sin embargo, las relaciones entre género, ciencia, y los glaciares -especialmente relacionadas con cuestiones epistemológicas sobre la producción de conocimiento glaciológico- se mantienen subestudiadas. Este estudio propone un marco de glaciología feminista con cuatro componentes clave: (1) productores de conocimiento; (2) ciencia de género y conocimiento; (3) sistemas de dominación científica; y (4)  representaciones alternativas de los glaciares. Uniendo estudios feministas post-coloniales y ecología política feminista, el marco de glaciología feminista genera un análisis robusto de género, poder, y epistemologías en sistemas socio-económicos dinámicos, conduciendo por tanto a una ciencia más justa y equitativa y a interacciones hielo – humanos.

Etc 

Si haces clic en el etcétera tal vez puedas averiguar si las interacciones de los humanos con el hielo son de índole de género, o sexual. Y eso no lo sabíais, pillinas / pillines. Pero sexo aparte, el feminismo parece tener una contradicción digna de ser cabalgada por Pablito. Por una parte, padece la obsesión de incrustar en los cerebros de la peña que no hay diferencias entre hombres y mujeres, salvo por ciertas aberraciones educativas que se pueden corregir. Con tanta facilidad como obligar a los niños a jugar con muñecas, y prohibir las pistolas de juguete y las canicas. Pero por otra parte, y de este mismo estudio tan interesante …

Los estudios científicos mismos pueden tener sesgo de género, especialmente cuando se atribuye credibilidad a la investigación producida a través de típicas actividades masculinistas o características masculinas, como el heroísmo, el riesgo, las conquistas, la fuerza, la auto-suficiencia, y la exporación (Terrall, 1998). Entonces la tendencia a excluir mujeres y enfatizar la masculinidad tiene efectos trascendentales en la ciencia y el conocimiento, incluyendo la glaciología y  conocimientos relacionados con la glaciología.

El estudio está financiado por esta [–>] beca de cinco años de la Nacional Science Foundation. Cuyos objetivos son:

Este proyecto examinará el desarrollo temprano y la evolución subsiguiente de cinco aspectos principales de la glaciología: dinámica del hielo; interacciones hielo – océano; geología glaciar y terraformación; el hielo como archivo de registros climáticos; y el hielo como recurso natural (agua). Se analizarán casos específicos para alumbrar cómo intersectan la ciencia, la naturaleza, y el interés societario. El libro resultante tratará de (1) la formación de la glaciología y las teorías de dinámica de hielo; (2) el papel de la Patrulla Internacional del Hielo (193 – presente) en el análisis de icebergs e interacciones glaciares – océano; (3) el establecimiento de teorías sobre mega inundaciones catastróficas de lagos glaciares; (4) el contexto de la Guerra Fría en la climatología y las catas de hielo; y (5) la disminución de los glaciares y la hidrología.

O sea, feminismo pero con otras palabras. Supongo. Pero no te agobies, porque ya sólo te quedan 19 páginas etc .

Añadido. Veo que hay más coña en Twitter con lo mismo:

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Es sólo un primer paso. Pero hacía falta que alguien lo diera. ¿Qué es lo que nos hace tragarnos las melonadas pseudo-profundas con las que tanto nos castiga nuestro mundo actual? La tierra es del viento; el núcleo irradiador; la nueva política; el cambio. ¿Tragamos todos en la misma medida?

Al parecer, la psicología no se había ocupado mucho del asunto. Y no parece baladí. @OrcishOzu y @Lentejitas nos avisan de esta primera aproximación.

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Por cierto, y  aparte. Alucino con todos esos periodistas que asimilan Twitter con la basura. ¡Joé!, las carreteras también te pueden llevar o a un chabolarium, o a un museo. Pero no protestan de las carreteras. Sería como protestar del mundo. Pues Twitter, lo mismo.

Al caso.

Hacen cuatro pruebas, con unos 200 estudiantes cada una. En las que les presentan una serie de melonadas pomposas sin sentido. Imagina:

La totalidad calma los fenómenos infinitos.

O esta:

Nos encontramos en medio de un florecimiento de auto-consciencia del ser, que nos va a alinear con el propio nexo

Algunas las producen con máquinas que mezclan aleatoriamente términos pomposos y de moda, con sintaxis correcta pero sin significado alguno. Otras están elegidas del Twitter de un campeón, @DeepakChopra, que tiene dos millones y medio de seguidores en esa red social, y vende libros como este. A montones:

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Y les piden a los estudiantes que clasifiquen las frases por su profundidad. De uno a cinco; de nada profunda, a muy profunda.

  1. Nada profundo.
  2. Algo profundo.
  3. Bastante profundo.
  4. Claramente profundo.
  5. Muy profundo.

Pero sin avisarles en absoluto que las frases pueden no tener sentido. De hecho, ninguna tiene sentido. Y claramente los participantes esperan que sí tenga sentido lo que les presentan en un estudio de psicología.

Se lo explican así a los conejillos de indias:

Estamos interesados en saber cómo vive la gente lo profundo. A continuación hay una serie de afirmaciones sacadas de páginas web relevantes. Por favor, lee cada una, y dedica un momento a pensar sobre lo que puede significar. Entonces, por favor, clasifica lo prounda que crees que es. Profunda quiere decir “de hondo significado; de una gran significación ampliamente inclusiva”.

Además, también les hacían pruebas conducentes a juzgar algunas de sus características cognitivas. Como su capacidad numérica, lingüística, ontológica (se refieren a distinguir metáfora de literalidad); en fin, un montón de ellas. Con la idea de ver si se puede establecer una especie de índice de credulidad de melonadas pomposas. O si se puede predecir, a partir de algunas características del fulano, su tendencia a creer que, por ejemplo, la frase –la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento- tiene un profundo significado.

Los resultados, aunque este estudio sólo sea un primer avance, son relativamente llamativos. Por ejemplo, en la primera prueba el resultado medio fue 2,6. A medio camino entre “algo profundo” y “bastante profundo”. Frases, repito, sin sentido. Juzgadas por estudiantes de universidad.

Más números:

– Sólo el 18,3% dio una clasificación media menor que 2.

– El 54,5% dieron una clasificación media entre 2 y 3.

– El 27,2% clasificaba las frases, de media, por encima de 3 (bastante profundo).

Sospecho que ninguno hizo una clasificación media de 1, que era el resultado correcto. Pero no lo dice. En cualquier caso, concluyen:

Estos resultados indican que nuestros participantes fallaron ampliamente en detectar que las afirmaciones eran melonadas.

Me encanta el arranque de la sección de Conclusiones (19):

Las melonadas son un aspecto relevante de la condición humana. Ciertamente, con el auge de la tecnología de comunicación, la gente probablemente se encuentra más melonadas en su vida diaria que nunca antes. La clasificación por su proundidad, de sentencias que contienen una ristra aleatoria de latiguillos, ha resultado fuertemente correlacionada con una colección de “tweets” reales de Deepak Chopra. En el momento de escribir esto Chopra tiene 2,5 millones de seguidores en Twitter, y ha escrito más de 20 “bestsellers”.

Las melonadas no sólo son muy comunes; son populares. Chopra, por supuesto, es sólo un ejemplo entre muchos. Utilizar vaguedades, o la ambigüedad, para enmascarar la falta de significado, seguramente es es muy común en la retórica política; marketing; e incluso en la academia (Sokal, 2008). Ciertamente, como sugería Frankfurt (2005), las melonadas es algo que producimos todos en algún grado (p, 1): “Una de las características más destacadas de nuestra cultura es que hay demasiada melonada. Todo el mundo lo sabe. Todos contribuimos con nuestra parte”.

Un beneficio de conseguir una mayor comprensión sobre cómo rechazamos las melonadas ajenas es que podría enseñarnos a ser más conscientes de nuestras propias melonadas.

Están diciendo algo que al lector avisado le puede sonar. La insistencia en que ni se nace sabiendo pensar, ni es algo que ocurre automáticamente por sí mismo. Parece que estuviéramos configurados para encontrarle sentido a lo que no lo tiene. Vasquilandia; un poner. Pero el truco de la captura de la auto-melonada, a través de comprender cómo funciona un buen detector de melonadas ajenas, podría ser una estrategia conveniente.

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