Melonadas pomposas


Piojo Blanco: – No ha sido racista. Déjame explicarte …

Chimamanda: – Si eres un hombre blanco tú no puedes definir lo que es racismo. Realmente no.

Piojo Blanco: – Ah, ya lo veo, … (le tapan la voz)

Chimamanda: – No, tú no puedes sentarte aquí y decir que no ha sido racista, cuando objetivamente ha sido racismo. No se trata de tu opinión, el racismo es una realidad objetiva.

Piojo Blanco: – El concepto de falsa conciencia, que es lo que estás usando, es un concepto marxista … y yo no puedo aquí ni abrir la boca porque soy un hombre y blanco

Chimamanda: – Donald Trump nos ha mostrado y ha dicho estas cosas que son objetivamente racistas. Así que no se trata de mis emociones.

Piojo Blanco: – ¡No no lo eran! ¿Qué es lo que dijo?

Chimamanda: – Si dice, por ejemplo, que un juez, un juez de los Estados Unidos, es incapaz de juzgarle imparcialmente por ser mejicano, eso es racismo.

Y a partir de aquí hablan tres a la vez y no se entiende nada.

Mi tesis, muy especulativa, es que el Kindergarten tiene toda la razón. Trump es un gran peligro. Y además el Kindergarten está en muy mala posición para combatirlo porque ha gastado toda su munición en los no-peligros. Si cualquier candidato republicano es un furibundo fascista émulo de Hitler, con total independencia de lo honorable y civilizado que sea, cuando llega la cabra loca de verdad ya no te quedan adjetivos nuevos que usar. ¿Fascista, racista, machista, blablabla? ¿Qué me dices; como todos? Y a ver cómo explica el Kindergarten que los mismos apelativos describen realidades muy diferentes; que esta vez es distinto.

Y sin embargo es distinto. E inevitablemente existe la muy preocupante posibilidad de que haya ganado por serlo. ¿Qué pasa si se pone de moda? ¿Qué nos pasa si la radical negación y ridiculización de la esencia del Kindergarten empieza a triunfar? ¡Glups! Problema. Grande.

Mejicano no es una raza, como su misma cara indica. ¿Quién podría decir la raza de Gonzalo Curiel antes de saber su nombre?

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Le he preguntado a la primera persona que pasaba por delante del ordenador, que casualmente es alguien muy viajado y que conoce muy bien Méjico, de dónde o qué es la persona de esa foto. Pero en plan rápido; la primera impresión.

– Jó, ni idea. ¿Un ingeniero centro-europeo?

Seguro que cada persona que pase dice algo diferente. Pero también seguro que no va a haber un proporción mayor de apuestas por mejicano que por cualquier otra cosa (si excluimos negro o chino).

Así que “mejicano” en este contexto quiere decir una cultura. Ni siquiera una lengua, porque Trump no dijo hispano ni nada similar. Y el “racismo objetivo” de Chimamanda debe ser una especie de “culturalismo”  (¿racismo cultural?). El problema es que razas y culturas son realidades objetivas. No menos objetivas que el racismo, y definitivamente mucho más claras. Porque hay que ser Kindergarten terminal para no entender que si Trump se ha pasado media campaña ofendiendo a los mejicanos, un hijo de inmigrantes de Jalisco no es la mejor opción para presumir imparcialidad. Puede que sea muy feo mencionarlo, pero no es diferente que estar incómodo ante un juez que sea, por ejemplo, hijo y nieto de estibadores del puerto, si te has caracterizado por atacar a los estibadores del puerto.

Ese es al gran problema que supone Trump. La moralina Kindergarten es particularmente infantil y extravagante (estoy intentando evitar decir imbécil). Sólo funciona si, impuesta mediante gran violencia social, nadie pronuncia aquello que no se debe mencionar. El tabú. Pero Trump dice mejicano, y la jodimos tía maría. Según Kindergarten tiene que ser racismo. Y objetivo, hay que fastidiarse. Pero la gente aun no descerebrada del todo se da cuenta de la bobada. Y se ponen a votarle a Trump, hartos ya de tanta memez.

Mi tesis tentativa es que tienen razón. Serán Kindergarten, pero no son tontos. Trump es un gran problema. A ver qué hacemos como haya un “efecto Trump”,  si ya hemos gastado los adjetivos en salvas.

Por cierto. Compruebo, recuerdo ahora, que mi tesis tentativa no es nada original. Las citas, a quien corresponde. El viejo Clint.

Pero [Trump] ha visto algo, porque todo el mundo se está cansando secretamente de la correccion política, los lameculos. Estamos en una generación de lameculos. Esta es la generación de las nenazas (pussy generation). Todo el mundo se la coge con papel de fumar. Vemos a gente acusando a otros de racismo y todo tipo de cosas. Cuando yo crecí no se llamaba racismo a esas cosas. [–>]

Añadido, para los comentarios:

trump-y-clarke

chimpas

Esta es una de esas entradas que llamo útiles. Sirve para discutir, por ejemplo con una pesada con la NO quieres ligar. (Si quieres, le das la razón, y punto). La pesada es vegana, y si os quedáis con los nombres impresiona mucho más.

Quien más quien menos, todo el mundo habrá oído campanas. Pero tal vez no de una forma tan clara. No es nuevo; Aiello y Wheeler lo descubrieron (pensaron) en 1995. Pero no es muy popular porque los veganos tienen más cancha en los medios de comunicación. ¿Os acordáis de cuando la carne era mala para el corazón y todo eso? Ayer mismo.

A veces pensar es útil, y esta gente pensó. Como cuando un estudiante canadiense preguntó  en una clase magistral sobre vitaminas: ¿Oiga, y si la carne no tiene vitaminas, por qué no se mueren los esquimales? Tampoco hace tanto (como hacia 1965). Aiello y Wheeler, en vez de preguntar, miraron. Concretamente este gráfico calculado detalladamente por Kleiber en la década de 1930, y que establece la llamada ley de Kleiber.

veganos-y-chimpas

La idea es que dado el peso de una especie, se sabe la cantidad de calor que va a emitir cada día. Y sin más enrollarse con Keiber, pasamos directamente a Aiello y Wheeler.

Problema. El cerebro consume mucha más energía (y larga mucho más calor) que el tejido medio. Como unas nueve veces más. Si a un animal le empieza a crecer el cerebro, por aquello de la evolución, con apenas cambio total de peso, según la ley de Kleiber emitirá la casi la misma cantidad de calor — porque el peso no ha cambiado apenas. Pero si está aumentando un tejido que emite unas nueve veces mas calor que el tejido medio, sin aumentar el calor total que emite, a expensas de qué otro tejido lo está haciendo?

El total de metabolismo es la suma del metabolismo de todos los componentes del cuerpo. Si uno aumenta tiene que ser a expensas de otro, para que el total se mantenga igual.

Está claro en lo que piensan. En el gráfico salen prácticamente juntos “chimpanzee” y “woman” (una mujer no vegana). Pero el cerebro de la no-vegana es mucho mayor que el del chimpa. El punto se debería salir de la raya roja, y no lo hace.  En alguna parte debe emitir menos calor para compensar el exceso producido por el mayor cerebro.

Nota: Los humanos no vienen de los chimpancés, pero como hay suficientes huesos de los distintos “eslabones perdidos” hasta el ancestro común, se puede ir calculando su peso y por tanto su emisión de calor. Y comparando con el tamaño del cerebro. Como la ley de la línea roja también valdría para animales extintos, se puede suponer razonablemente que no se salieron de ella. Y entonces …

– Para que creciera el cerebro tenía que estar reduciéndose otra cosa simultáneamente.

Y se pusieron manos a la obra. A estudiar en la literatura el metabolismo de los distintos órganos y tejidos. Encontraron que lo “metabólicamente caro” es: cerebro, corazón, riñones, hígado e intestino. Curiosamente, los músculos no están entre lo”caro”. Huesos y grasa tampoco, claro.

El siguiente paso era comparar órganos. Para un primate de 65 Kg., el corazón, los riñones, y el hígado son aproximadamente del mismo tamaño que en un humano del mismo peso. El mayor metabolismo de un mayor cerebro se compensa con un sistema digestivo mucho menor. Aproximadamente la mitad de tracto digestivo en los humanos que en los otros primates.

Y aquí viene la guasa. ¿Se pusieron los humanos a cazar más que los chimpas, porque al tener un cerebro más grande eran más inteligentes? ¡No señor! No podían haber sido más inteligentes antes de ser menos “triperos”. Se hubieran salido de la raya roja. Y no lo hicieron (para eso sirven las leyes).

veganos-y-chimpas

Tuvo que ser al revés. Al ir comiendo poco a poco mayor proporción de carne (los chimpas  la comen una vez cada varias semanas), fueron necesitando muchas menos “tripas”. La carne se digiere casi sola, y no hay casi nada que “transformar” ahí. Un perro, por ejemplo, todavía tienen un sistema digestivo más corto y rudimentario que nosotros. Pero a nosotros nos sentarían mal muchas cosas que comen los chimpancés, como a los perros les sientan mal cosas nuestras.

Esquema: comer más carne libera sistema digestivo. ¿Y qué hacemos con esa liberación? ¡Coño!, pues ya que estamos cazando más, y no somos ni rápidos ni fuertes, convendría aumentar la neurona. En esas condiciones, rinde. O sea, comer (más) carne nos hizo humanos.

– ¿Y la vegana?

– La vegana va camino de vuelta, hacia chimpancé. Son muy graciosas, las chimpas. Se comen el paisaje.

vegana-chimpance

Foto Nils Axel Braathen, en Flickr.

Liga con carnívoras, por si acaso. Aviso.

La idea se llama Hipótesis del Tejido Caro (The  Expensive-Tissue Hypothesis). Se publicó en 1995 en Current Anthropology. Leslie Aiello y Peter Wheeler.

Fuente:

Entrada robada con descaro a Michael R. Eades:

juan-cla-politicamente-correcto

El periodista Juan Claudio de Ramón le tiene “mania” (asco, lo que sea) al payaso Donald Trump. (Clic [–>] para el artículo). Yo también. Cint Eastwood ha defendido a Trump, alegando que la gente está harta de lo políticamente correcto, y de tanto lameculos. Y que los jóvenes son “una generación de nenazas”.

Pero [Trump] ha visto algo, porque todo el mundo se está cansando secretamente de la correccion política, los lameculos. Estamos en una generación de lameculos. Esta es la generación de las nenazas. Todo el mundo se la coge con papel de fumar. Vemos a gente acusando a otros de racismo y todo tipo de cosas. Cuando yo crecí no se llamaba racismo a esas cosas. [–>]

De Ramón, en una clásica operación de “pensamiento inverso” (si Trump es un error, toda defensa de Trump tiene que ser un error), se fabrica un monstruo cognitivo para conseguir su propóstito. El pensamiento “políticamente correcto” es la defensa de minorías penalizadas, o que se pueden presumir penalizadas. Y el intentar no herirles en sus sentimientos. Esto molesta a las mayorías no penalizadas (el macho blanco, vaya), que aprovechan a Trump para -literalmente- desahogar su deseo reprimido. Pero los progres a veces tienen razón. Es más razonable pecar de políticamente correctos, o de buenismo, que de su contrario, que sería el “malismo”.

El pensamiento inverso siempre tiene problemas. Y este caso no es una excepción; en concreto tiene tres problemas. Gordos. Muy gordos.

1. Juan Claudio no tiene ningún indicio de que Clint esté reprimido por no poder patear culos negros, como quisiera. O los votantes de Trump.

2. El “pensamiento políticamente correcto” no es, ni de lejos, lo que dice el periodista. Ese es uno de sus aspectos. Pero no hay ninguna minoría penalizada porque eventualmente desaparezca una lengua, y esa es una orden tajante y muy importante del “pensamiento políticamente correcto”. Tampoco hay ninguna minoría implicada en el cuento del Calentamiento Global Acojonante, y también es “pensamiento políticamente correcto” en su máxima expresión. Y se pueden poner una multitud de ejemplos.

Si uno extrae el mínimo común denominador de los ejemplos, va a encontrar un esquema. Una función. Todos implican un problema, imaginario las más de las veces, que sólo el gobierno puede arreglar. Y no de cualquier manera, sino de la manera favorita del gobierno (y del progretariado): extrayendo más dinero, y anulando más libertades. Y el dinero nuevo extraído, so capa de ser repartido, lo hace de una manera tan confusa e incontrolable que siempre acaba más concentrando en lugar de más distribuido.

Otra característica común es que tratándose en todos los caso de bienes “morales”, no se pueden criticar, y es de muy mal gusto pedir cuentas. El sueño húmedo de todo chorizo.

3. Llamarle “buenismo” a una imbecilidad que se quiere hacer pasar por buena, no siéndolo, no hace que su crítica sea “malismo”. Lo que hace es que su crítica sea racionalidad, o sensatez, o como se le quiera llamar. Pero al estar “moralizada” la imbecilidad, hace que De Ramón se trague la pamema de la maldad de criticar lo imbécil.

Del punto (2) sacamos la explicación de la generación de nenazas. Si los gobiernos están a la búsqueda desesperada de colectivos de víctimas -preferentemente imaginaras (*)- para llegar a sus propósitos (dinero, poder) con la disculpa de su defensa, es completamente natural que las generaciones nuevas se conviertan en colectivos de llorones en espera de ser defendidos. Porque si impera el principio de que el que no llora no mama, lo que conviene es llorar.

Nota (*): Lo de (colectivos de víctimas) preferentemente imaginarias no parece obvio a primera vista, pero lo es. Las víctimas reales, como los problemas reales, suelen ser medibles; esto es, se sabe cuándo se han solucionado. Los imaginarios, por serlo, es muy fácil que no se puedan arreglar; y tenemos invento para siempre. El mejor ejemplo, las drogas. Las lenguas tampoco son ninguna tontería; ¿quién es el guapo que puede asegurar que no queda algún niño en Cataluña que sigue soñando en castellano por la noche? Lo mismo vale para los sueños de los terroristas machistas, de los que seguro que se pueden sentir (o imaginar) miradas peligrosas con toda facilidad. ¿Y los negros? ¡Ah, los negros!

Digámoslo así, querido Clint: a veces los progres tienen razón.

Digámoslo así, querido Juan Claudio. Clint no es un intelectual; se explica de aquella manera. Tú, se supone que sí lo eres. Y te han colado el mejor cuento de poder jamás inventado.

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la-india-de-la-cup

Los periodistas tienen mucha culpa de la libre circulación de payasadas que padece España. Es cierto que todos ponemos nuestra parte, pero no hay duda de que los periodistas son los que más influyen en la cantinflada pública. Por ejemplo, si llega la india de la CUP y larga …

… lo menos que se podría esperar del periodista es que le pregunta a la campeona qué culturas son esas, tan abundantes, que tienen los hijos “en común y en colectivo”. Bajo el formato de “una casa y cinco o seis parejas”. “Muchas otras culturas en el mundo”, dice. Y el supuesto periodista lo deja pasar, como si el oyente tuviera que dar por bueno que, efectivamente, en el mundo abundan las culturas cuya organización familiar son las comunas de reproducción multipareja sin parentesco.

¿No sería un poco necesario saber si la india se refiere a algún ejemplo -mal entendido- de bandas pre-neolíticas — por ejemplo del Amazonas? Cosa de hacerse una idea de hasta qué punto resulta exportable a una sociedad compleja. Con que se parezcan en el peinado no parece suficiente.

amazonas

También es posible que por “muchas otras culturas” se refiera a “culturas” post-hippies. Y eso nos permitiría juzgar por su conocido éxito. Lo que pasa es que ese modelo, aparte de manifiestamente fracasado, no es un modelo “no occidental”. Al contrario, es “occidentalísimo”. Es algo único y exclusivo de “Occidente”.

Pero al periodista, y a la neo-india, los detalles de la realidad no les interesan. Si en el mundo no hay ejemplos de unidades reproductoras formadas por cinco o seis parejas no emparentadas entre sí, da lo mismo. Porque les parece que debería haberlos, ya que parten de una asunción prodigiosa. El modelo que tenemos …

… me parece pobre, y además -aunque pueda parecer polémico- me parece que tiende a convertir a las personas en muy conservadoras. Aunque quieras lo mejor para los tuyos, los tuyos son muy poquitos, uno, o dos, o tres. ¡Ostras!  yo creo que se entra en una lógica de lo más perversa.

¡Es la lógica! La india tiene una lógica. En su mundo ideal …

La que educa es la tribu

Claro. Sólo que “la tribu” en nuestro caso se llama guardería, escuela, y así hasta la universidad. Pasando por la tele; el parque; los bares; la calle; y otros pequeños detalles.

La cuestión de la maternidad y de la paternidad no está individualizada …

Claro, y por eso el tabú del incesto es universal, incluso entre las culturas que no han descubierto que hay relación entre follar y tener hijos. Malinowski preguntaba en las Trobriand por qué creían que follar y parir eran fenómenos independientes. ¡Porque las albinas tienen hijos, y nadie se follaría a una albina! También tenían su lógica, como Anna Gabriel. Pero a pesar de ello tenían -como todas las culturas- una regulación complejísima para establecer quién se puede casar con quién. Y en función, precisamente, de una individualización muy estricta de la paternidad y la maternidad.

Otros periodistas le dan una vuelta de tuerca a la parida. Pero no en el sentido saludable de marcarla como payasada, sino en el muy perverso sentido de buscarle una disculpa inexistente. Como El País [–>]. Que convierte lo de “muchas otras culturas” en “nuevos modelos de familia”. El concepto de cultura como experimiento, que suena muy interesante. Según ellos, lo que propugna Gabriel “es una coparentalidad múltiple, un tipo de familia extensa”.

Bueno, pues no. Ni de coña es de lo que está hablando nuestra india de la CUP. Familia extendida es un término técnico en antropología, que se define así:

extended family – a composite family composed of other relatives besides the nuclear families. Extended families can be constructed across generations by including parent’s or children’s families or extended laterally by including multiple wives or sibling’s families. [–>]

Eso es lo que hay en muchas otras culturas no occidentales. Y no tiene nada que ver con reunirse cinco o seis parejas -más o menos al buen tuntún- para “comunalizar” los hijos. Wikipedia tiene una entrada bastante completa sobre la extended family. Los experimentos de comunalización estilo Gabriel son, en cambio, mucho más exclusivos de Occidente que la familia nuclear estricta.

Todo ello es muy interesante. Pero la cuestión es que nos podríamos haber ahorrado esta entrada, sólo con que el supuesto periodista considerara que un mínimo de puntualización es imprescindible para saber de qué cojones estamos hablando. Si hubiera preguntado …

– ¿De qué “otras muchas culturas” estamos hablando?

… la payasada hubiera quedado interrumpida de inmediato.  Y no sólo nos hubiéramos ahorrado esta entrada, sino tanto ríos de tinta como han corrido por toda la prensa … hablando de nada.

Esta conferencia examina la relación entre la “islamofobia” como forma dominante de racismo, hoy, y la crisis ecológica. Muestra los tres caminos comunes en que los dos fenómenos aparecen enlazados: como entrelazamiento de dos crisis, metafóricamente relacionadas siendo una la fuente de imaginería de la otra, y ambas originándose en las formas colonialistas de acumulación de capital. La charla propone una cuarta vía de enlace entre ambas: un argumento por el que las dos emanan de una forma similar de ser,  una atadura emocional, en el mundo, que se llama “domesticación generalizada”.

Se podría pensar, a primera vista, que se trata de cualquier cantinflada salida de una universidad española dominada por cantamañanas del estilo de Pablemos. Pero en realidad viene nada menos que del MIT (clic):

islamofobia-acelerando-calentamiento-global

La entrada está descaradamente robada de WUWT:

SergioEfe

El campeón de hoy, periodista de divulgación científica, tiene una tesis. No es nada personal; está muy extendida. Por eso lo traemos. Hay una parte muy generosa de la izquierda agarrada a tesis “pseudocientíficas”. Afirma. Y eso es un contradiós, porque la izquierda es progreso, y la ciencia es progreso. Además, siendo “pesudocientíficas” esas creencias, han de ser religión. Y pone ejemplos. La “wifi-fobia” (o “electromagneto-fobia”) y la “transgénico-fobia”.

También advierte que la religiosidad derivada de la “pseudociencia” no es exclusiva de la izquierda. La derecha, por ejemplo, padece una tendencia a sufrir incapacidad de comprender que “el cambio climático” es un “hecho científico”. Según el nota. Lo ha leído en una revista que debe considerar muy científica. The Annals of the American Academy of Political and Social Science. No es un error; es political and social science, con dos cojones.

Cuando a la gente le enseñaban a pensar, se solía tratar de despertar conciencia sobre la cantidad y calidad de las asunciones necesarias para soportar lo que se afirma. Por ejemplo, nuestro fenómeno de hoy, asume:

1. Que sabe lo que es ciencia y lo que no, por sí mismo. Nota: si se lo tiene que explicar un tercero, o tiene que consultar una lista, sería muy posible que a los “wifi-fóbicos” no les hubiera llegado la información. Y entonces se trataría de un problema de simple ignorancia, no de “religión”. Y si da por supuesto que les ha llegado la información, entonces es que no se han creído lo que tendrían que haber creído, o no han aceptado lo que tendrían que haber aceptado. Por ejemplo un “hecho científico”. Y entonces los que no aceptaban que comer grasas (en vez de hidratos de carbono) fuera tan malo para la salud, eran “anticiencia” antes, y ahora ya no son “anticiencia”. Y lo de ser “anticiencia” resulta bastante irrelevante; depende del momento.

2. Que “ciencia” (lo que crea que es eso) es “progreso”.  Pero entonces tendrá que considerar que los estudios científicos sobre diferencias raciales (por ejemplo en inteligencia) son “progresistas”. Y es imposible que se crea eso. O diferencias de inteligencia y carácter por sexo. Por no hablar de cuando la eugenesia era ciencia. La alternativa sería que según qué materias estudien los científicos, y empleen el método que empleen, algunos de esos estudios son “no ciencia” porque no son “progresismo”. Pero entonces la definición de que “ciencia es progresismo” resultaría completamente circular.

3. Que la izquierda tiene una relación mucho mejor con la ciencia (sea eso lo que sea) que la derecha. Que por naturaleza está más con “la ciencia” (como quiera definirla). Vaya, eso lo considera “por definición”.

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Tiene guasa. Él mismo esta poniendo los ejemplos de una actitud muy extendida en “la izquierda” que considera “anticiencia”. Pero, por definición, lo que ocurre no debería ocurrir. Y a nuestro campeón no se le ocurre pensar que si hay un problema entre la definición y la realidad, tal vez convenga contemplar la posibilidad de revisar la definición. Porque revisar la realidad suele ser muy delicado, y extremadamente “anticiencia” — normalmente basada en la realidad.

El prodigio:

Yo preguntaría, en cambio, por qué los divulgadores de ciencia y los campeones de izquierdas tienen las empanadas mentales que tienen.

Un especialista de hoy en día. Pregunta y respuesta sacadas de una entrevista en La Opinión de Málaga [–>]:

La medicina avanza, pero, a la vez, el hombre se empeña en vivir aceleradamente y con todo tipo de ondas danzando alrededor de su vida cotidiana. Los móviles, el estrés, la radio, las antenas. ¿Son también factores de riesgo?

Los modos de vida y las costumbres influyen muchísimo en la enfermedad. Hay una serie de hábitos tóxicos, por ejemplo, el consumo de cocaína, que disparan entre la población la incidencia de la hemorragia cerebral grave. Volvemos a lo mismo, en los tumores cerebrales es difícil establecer relaciones directas, se necesitan modelos matemáticos de predicción. Dicho esto, la mayoría de los especialistas estamos convencidos de que la influencia de los móviles y otros elementos que generan radiación son nocivos para el sistema nervioso e, incluso, inducen enfermedades. Para que la medicina lo acepte oficialmente se necesitan evidencias. Los neurocirujanos estamos convencidos, pero no se ha demostrado. Aquí opera el relativismo: nadie ha comprobado estadísticamente tampoco para qué sirve el paracaídas, porque para eso se necesitaría arrojar en serie por los aires a cientos de personas y anotar su reacción. ¿Es útil y cumple alguna función el paracaídas? Científicamente no hay certeza, pero está el sentido común.

arraez-especialista

Nuestro experto, Miguel Ángel Arráez, nos acaba de dar una lección de modernidad. O de pos-modernidad, si se prefiere. Y lo malo es que no habla en broma. Cree firmemente dos cosas. Que unas operaciones estadísticas pueden determinar “científicamente” una causa, y que no hay forma de determinar “científicamente” una causa sin esas operaciones. Y como con el ejemplo del paracaídas llega al absurdo, lo soluciona tirando de lo que llama “sentido común” — en lugar de corregir esas dos ideas tan firmes que posee. O que le poseen, más bien.

Lo del sentido común no es mala idea del todo, pero la aplica con trampa. Le llama sentido común a la opinión de los expertos de que los móviles tienen que ser perniciosos para el sistema nervioso. Y lo compara, tal cual, al sentido común de la opinión que tiene todo potito de que la gente, al precipitarse desde cierta altura sin paracaídas, suele escoñarse. Esto es, no se ha preguntado de dónde sale el “sentido común” en cada caso. Ni su capacidad predictiva, detalle que tal vez sea más importante. Por ejemplo, se puede arriesgar todo el dinero que tengas, en esta apuesta: si saltas del avión sin paracaídas te va a sentar mal, y de una forma inmediatamente aparente. Pero ni siquiera Arráez apostaría diez centavos a que usar un móvil te va a sentar observablemente mal. O sea, ni son iguales; ni son sentido común en la misma medida. Ni de coña.

La utilidad del paracaídas, que Arráez considera un conocimiento “no científico”, viene de algunas observaciones interesantes. Por ejemplo, cuando te caes de poca altura te haces un poco de daño. Cuando te caes de mucha altura te haces mucho daño. Y a partir de cierto límite, un daño definitivo.

Sí, a veces hay excepciones. Pero son excepciones que entendemos. Por ejemplo, una gran bola de paja puede hacer un efecto de amortiguación, y cambiar el resultado. No todo es la altura. ¿Y? No es problema. Entendemos aceleración; entendemos ley de la gravedad; entendemos velocidad; entendemos impacto; entendemos resistencia de los huesos; etc. Lo mismo que entendemos resistencia del paracaídas al aire, y su efecto en la velocidad — y por tanto en el impacto. O una amortiguación, por ejemplo en un pajar. ¿De dónde puede salir la idea de que eso sea un conocimiento “no científico”? De la fantasía posmoderna. Que hace “ciencia” de cualquier chorrada que lleve estadística. Y por extensión, “no ciencia” de la que no aplique la misma magia.

Es seguro que el razonamiento “científico” de Arráez funciona como esto. Vamos a poner un vídeo con un ejemplo de neurología, que es justamente lo suyo. Pero da igual el ejemplo, porque el tío del vídeo, como Arráez, piensa que eso es lo que se hace “pretty much in all the science”. Nota: el vídeo (11 min.) es para los que tengan afición; se puede seguir el argumento sin él.

Como nadie ha hecho ese experimento, precipitando fulanos (ni siquiera cerdos) desde mucha altura, con y sin paracaídas, resulta que “científicamente no hay certeza”. Según Arráez. Pero esto tiene dos problemas.

1. Esa idea suya de algo “demostrado”, o “comprobado estadísticamente”, viene del biólogo y estadístico R. A. Fisher, en un libro de 1925 [–>]. Y se popularizó mucho después.

“The value for which P = .05, or 1 in 20, is 1.96 or nearly 2 ; it is convenient to take this point as a limit in judging whether a deviation is to be considered significant or not.”[18]

Esperemos que Arráez acepte que había algún conocimiento científico circulando por ahí antes de Fisher. Pero entonces tendría que aceptar que se le puede dar validez científica a la idea de las ventajas del paracaídas — por ejemplo por los procedimientos pre Fisher. Eso no quiere decir que si precipitaras cerdos desde aviones, y contaras los cadáveres, no fueras a obtener una “comprobacion estadística” convincente. Pero sí quiere decir que no necesitas esa comprobación, y por eso no se le ocurre a nadie hacerla. No son tan caros cien o doscientos cerdos, y un vuelo de avión; pero no hace falta ese tipo de comprobación, y no se hace.

2. Los estadísticos, que son los que entienden lo que  se puede inferir de la estadística, llevan  un mosqueo guapo con los científicos. Y está estallando, artículo tras artículo. Hasta en posicionamientos oficiales de sus sociedades. Por ejemplo, la Asociación Americana de Estadísticos, en la primera recomendación que hace sobre el uso de fundamentos de la estadística en sus 177 años de existencia.

Donde:

3. Scientific conclusions … should not be based only on
whether a p-value passes a specific threshold.

5. A p-value, or statistical significance, does not measure the size of an effect or the
importance of a result.

Statistical significance is not equivalent to scientific, human, or economic significance.

Pero Arráez estaba ligando definitivamente la “comprobación estadística” (o significación estadística) a certeza científica. Contra la recomendación de la ASA. De una manera inconsciente, seguro; no es mas que el ambiente. Pero es precisamente el ambiente contra el que están estallando tantos estadísticos.

Más ejemplos: Zilliak [Unsignificant Statistics–>The Cult of Statistical Significance –>]; Briggs [Die p-value –>, Comments on ASA statement –>].

El problema real no es el de Arráez. No saber “científicamente” que los paracaídas son útiles para la salud si saltas de un avión. Si quiere saltar sin paracaídas es sólo su problema. El mal es el contrario. En expresión de la ASA, tomar lo  “estadísticamente significativo” por “científicamente significativo”. Ya es un problema si ni siquiera se abusa de ello, pero es que además se abusa mucho. Probablemente no sería muy difícil producir “evidencia” del mal de los móviles [ver p-hacking –>]. ¿Alguien ha mencionado ya la burbuja científica?

También este vídeo (1 hora) está muy bien, y es muy a propósito.

Lo mismo de este último vídeo, por escrito:

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