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La historia tuvo mucho bombo de prensa, cómo no. Una nueva forma de averiguar el calentamiento de los océanos, a base de medir su degasificación. A mayor temperatura, pueden disolver menos gases. Y les resultaba que el calentamiento del mar era mucho mayor del que se pensaba.

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La idea de esta forma independiente de medirlo no era mala, aunque no la llevaron muy bien a cabo. El problema es que cuando impones consensos, todo el mundo aplaude los estudios que nos gustan, sin mirar mucho las entretelas. No vayamos a joder las “buenas” noticias. ¡Nos vamos a morir más rápido de lo que pensábamos! Así que ni los autores, ni los revisores de Nature,  ni ninguno de las docenas de científicos del “consenso” especialistas que leyeron el estudio, se dieron cuenta de los muy obvios errores que contenía. Tuvo que ser un muy vilipendiado “negacionista” el que llamara la atención sobre el asunto. Nic Lewis. Lo hizo en el blog de la no menos vilipendiada Judith Curry, pocos días después de la publicación.

De sus conclusiones:

Los hallazgos en el trabajo de Resplandy et al fueron publicados, con revisión por pares, en la principal revista científica del mundo. Con una gran cobertura de prensa. A pesar de esto, una rápida revisión de la primera página fue suficiente para levantar dudas sobre la exactitud de los resultados. Y bastaron unas pocas horas de análisis y cálculos, basadas sólo en la información publicada, para mostrar errores aparentemente serios (y con seguridad inadvertidos) en los cálculos subyacentes.

Nic Lewis es un científico amateur, y tardío. Amateur, en el sentido de que no cobra por los estudios que hace. Matemático, dedicaba a la estadística para el mundo de las finanzas hasta que, jubilado, se interesó el “cambio climático”. Especialmente en lo relativo a los cálculos de la “sensibilidad climática” (lo que calienta el CO2). Ya les había corregido algunas prácticas estadísticas a los profesionales del clima, y se había convertido en una especie de “grano en el culo”. Muy incómodo, porque nadie puede discutirle ni sus conocimientos matemáticos, en general muy superiores a los de los científicos académicos, ni el cuidado con el que trabaja. Ha publicado estudios con la flor y nata de los especialistas que se dedican al problema de la atribución del calentamiento al CO2. Y los últimos, mano a mano con Judith Curry. El efecto de su presencia en el mundillo del cambio climático ha sido rebajar notablemente los cálculos de lo que calienta el CO2. En los dos extremos del margen. Y eso es un fastidio enorme para los alarmistas.

En el caso de este estudio, Lewis señalaba dos problemas gordos. Que no se puede calcular la tasa de calentamiento como lo hacían. El uso de la estadística, no la parte física. Y que los márgenes de confianza que usaban eran totalmente irreales. De momento, los autores han reconocido esta segunda crítica.

Es un nuevo método prometedor, pero no hemos conseguido una buena precisión en el primer pase.

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Los alarmistas están diciendo que todo es muy normal; que así es como la ciencia se va corrigiendo y avanzando. Y tienen toda la razón. Pero se olvidan de la parte en la que los “negacionistas” han sido necesarios para ese avance de la ciencia, porque ningún alarmista ha sido capaz de ver un problema que, según Lewis, era obvio en la primera lectura de la primera página del cacareado estudio. Ha sido necesario el prestigio de la “negacionista” Curry para llamar la atención, y el fino conocimiento del “negacionista” amateur Lewis para ver el problema.

¿Qué tal si aprendemos la lección, nos dejamos las floridas etiquetas y los insultos en casa, y reconocemos que la crítica no es una inmoralidad, sino algo necesario para un conocimiento de fuste?

Fuentes:

Resplandy et al 2018

Nota de prensa en Princeton University

Nic Lewis en ca’n Curry (1)

Nic Lewis en ca’n Curry (2)

San Diego Union-Tribune:

Washington Post:

 

 

 

 

 

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El título se lo robo a Patrick Moore, que avisa por Twitter:

La noticia, cuando no conviene, se descontextualiza del “cambio climático”.

Nos cuentan que el pequeño pueblo de Ulukhaktok estaba esperando dos cruceros para el 3 y el 9 de septiembre respectivamente. Y que han sido cancelados por exceso de hielo. Con gran quebranto para la economía de la zona, que al parecer  se ha acostumbrado a contar con esas vistitas de turismo ártico. Últimamente está muy de moda.

Bien, pues este año hay más hielo por ahí que los años anteriores. Al punto que los cruceros contaban con llegar a Ulukhaktok, y no han podido. Han tenido que cambiar el viaje. Mucho. Pero lo que me interesaba ver, y la noticia no cuenta, es el significado de ese cambio dentro del drama del hielo del Ártico. Que no deja de ser el motivo de que haya tanto turismo por allí, ahora. Y el significado se entiende rápido si le cambiamos el titular al mismo artículo:

Este titular, tan correcto como el anterior, tiene implicaciones mucho más amplias. Porque con lo que se lee en la prensa, lo que se puede esperar es que ya casi no quede hielo marino en el Ártico. Y se puede esperar que el paso del Noroeste sea una autopista interoceánica tan asegurada como el canal de Panamá. Pero resulta que no es así. Ni siquiera para principios de septiembre, que es el mejor momento. Cuando menos hielo hay.

Vamos a ver la geografía de la noticia.

Minerva Ward, the territorial government’s tourism and development officer for the Beaufort Delta, said in an email that the ships had to be cancelled due to difficult ice conditions in Bellot Strait and Queen Maud Gulf.

A pelo sobre Google Maps, queda así:

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Ulukhaktok era el lugar de destino, y Bellot Strait y Queen Maud Gulf los sitios que el hielo no dejaba pasar. Pero esos sitios definen justamente la ruta más “fácil” del paso del Noroeste; la que suele estar más libre de hielo. Y que por eso es la que se usa, aunque sea la más larga.

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Resumiendo. No es que quede hielo en el mar Ártico, sino que ni de broma puedes contar con poderlo rodear por el paso del Noroeste. Los cruceros de turismo ártico te venden esa ruta, pero luego la pueden llevar a cabo … o no. Depende. Todavía.

El futuro ya dirá lo que tenga que decir. Tal vez se cumpla el viejo sueño europeo de un paso del Noroeste fiable en verano, o tal vez no. Sería algo muy bueno; por tráfico, y por recursos. Y es seguro que durante el Óptimo Climátio del Holoceno sí era una autopista estival, aunque nadie la pudiera usar. Sin que fuera ningún drama; ni para los osos polares, ni para el clima, ni para nadie.

¡Que se abra el paso de una vez, joé! Que todavía no he hecho el crucero. Pero me gustaría hacerlo con cierta garantía de pasar. 😉

 

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Peter Ridd es un profesor e investigador australiano que se ha pasado toda su vida estudiando la Gran Barrera de Coral. También desarrolla instrumentos para medir el estado de ecosistemas marinos. Y los resultados de sus estudios no coinciden con lo que quiere oír el alarmismo climático.

Básicamente dice que al coral no le pasa nada con esto del “cambio climático”. Que hay más coral ahora que hace cien años, y crece más rápido. Precisamente por el calentamiento. De hecho, en el mundo, hay más coral donde el agua es más caliente; y no hay ningún lugar con el agua tan caliente como para perjudicar al coral. Lo que sí ocurre es que al calentarse algo el agua de latitudes más altas (aguas más frías), el coral ocupa zonas en las que antes no podía vivir … ¡porque eran demasiado frías! Si quieres buscarle problemas a un calentamiento global, puedes imaginar que a los osos polares no les guste, pero el coral es exactamente lo menos indicado para suponer que el calor le haga mal.

Pone un ejemplo muy bueno, comparando con los árboles. Las semillas de estos se van a desarrollar en un lugar del mismo clima del árbol que las ha producido. Porque caen alrdededor del árbol, o no muy lejos. Pero las esporas por las que se reproduce el coral viajan con al agua cientos e incluso miles de kilómetros. Y la temperatura y otras condiciones van a ser muy distintas casi con seguridad. Por tanto necesita poder gestionar un rango muy amplio de climas, y eso es justo lo que hace. Pero siempre con el esquema de que más temperatura es mejor.

Ridd también ha publicado trabajos sobre la falta de calidad de la mayor parte de estudios sobre el coral. En general, y especialmente sobre el caso del blanqueamiento, y el de la acidificación. Las investigaciones no se chequean, ni contrastan, ni replican. Para empezar, no existen estudios de áreas marinas grandes antes de la década de 1970. Así que no hay con qué comparar. Y el blanqueamiento, que ocurre con El Niño y no con el “cambio climático”, lo compara con los incendios de los bosques australianos. El incendio regenera los bosques, y el blanqueamiento regenera el coral. Es la hipótesis del blanqueamiento adapativo, que ya hemos comentado.

Bien, todo esto debería dar lugar a una interesante discusión académica. Pero alarmismo y discusión no casan. El alarmismo, al fin una postura moral, lo que hace es silenciar al discrepante. Y es lo que intenta hacer con Peter Ridd. Primero le cascaron una orden de silencio. Su universidad, James Cook University, le prohibió expresar sus críticas en público. Porque la crítica supone actuar … ¡de forma no colegiada! Imagina; ciencia colegiada, sin crítica. Pero esa es la ciencia del cambio climático. ¡Incluso le prohibieron decirle a su mujer que tenía la orden de silencio!

Ridd les puso una demanda por atentar contra su libertad de expresión, y académica. Y ahora le han expusado de la universidad por no quedarse callado.

On 2 May, 2018, I received a letter from James Cook University (JCU) terminating my employment. JCU have sacked me because I dared to fight the university and speak the truth about science and the Great Barrier Reef.

Estaría bien que esto acabe en una nueva demanda contra la universidad. Vaya, es imprescindible para tratar de mantener algo de cordura contra el cuento del clima. El problema es la disparidad de armas. De cañones. Para la primera demanda Peter tuvo que recaudar AU $95.000, que son como unos 70.000 US $. No es nada para la universidad, que vive de los impuesos; pero es más de lo que podía Ridd. Así que Jennifer Marohasy le organizó una colecta pública, que con la ayuda publicitaria / bloguera de la misma Marohasy, WUWT, Jo Nova, Willie Sonn y Benny Peiser (GWPF), consiguó el objetivo. Y en un pispás.

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Tiene guasa. En la expulsión de ahora le acusan de haber hablado de su caso. Que es precisamente lo que se está viendo en sede judicial: la legalidad de esa orden de silencio. Y si no hubiera hablado, nunca hubiera podido alcanzar los fondos necesarios para plantear la demanda. El perfecto silenciamiento diabólico del crítico, en el que no le dejan salida.

El caso es que los gastos legales aumentan mucho si quiere actuar legalmente contra la expulsión. Hacen falta otros 159.000 AU $. Y parece un muy buen caso para poder ayudar y hacer una diferencia. Y darle en los morros a la recua de alarmistas tarados que pretenden gobernar la academia mediante el silenciamiento de toda crítica.

La página de GoFundMe para las donaciones a la causa legal de Ridd:

Cualquier cantidad suma; nada es demasiado poco. Y Ridd es de las pocas voces críticas con el cuento del coral que puedes escuchar de un científico de prestigio y especialista en la materia. Para mi que merece la pena. Mucho. Peter Ridd es clave.

Por cierto, la JCU ha borrado toda referencia a Ridd en su web, incluidos sus trabajos científicos y un vídeo con una conferencia interesantísima que tenía enlazado en la plaza – y ya no funciona. Hay que acabar con esta gentuza.

Fuentes

WUWT:

Peter Ridd:

Esta plaza:

 

 

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Un par de estudios señalando un debilitamiento de la corriente del Golfo. En realidad contradictorios, porque uno habla de un debilitamiento desde 1950, y el otro desde 1870. El primero podría ser por “el calentamientoantropogénico” (vaya, el malvado CO2), pero el segundo no. Empieza mucho antes que el hipotético “calentamiento antropogénico” se pueda notar. O sea, el del segundo estudio es natural en origen.

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¿Y esa noticia es buena, o mala? Pues depende. Para los alarmistas es mala, porque es un cambio. Y los alarmistas son cambiófobos. Todo cambio ha de ser netamente a peor, sienten. A mucho peor, con toda probabilidad. En cambio, para los no alarmistas -pero creyentes en el IPCC- el cambio es bueno. Porque disminuye el “calentamiento global antropogénico”.

Versión alarmista en Twitter:

Versión no alarmista (pero aun así creyente en el IPCC) en el mismo medio:

Ya asoma en la prensa española:

La prensa española, por supuesto, no menciona que haya dos estudios, ni la posibilidad de que sea natural, ni las contradicciones, ni lo que podría tener de bueno (según teoría IPCC), ni leches.

Se pueden seguir los enlaces clicando en los “tuits” en los que salen.

 

 

 

Uno de los cuentos modernos más retorcidos e incomprensibles es el del coral, y su muerte debida al Calentamiento Global Acojonante. Pongamos ejemplos.

New York Times, 15 de marzo de 2017.

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El estado de los arrecifes de coral es un claro signo de la salud de los océanos.  Su sufrimiento y muerte es una nueva señal de los estragos del calentamieto global.

ABC News, 29 de spetiembre de 2017:

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Estamos viendo coral que muestra signos tempranos de desarrollo reproductivo, huevos realmente visibles a ojo desnudo, dijo el Dr. Cantin.

Es muy sorprendente porque estudios anteriores han mostrado un retardo de dos o tres años en la actividad reproductiva tras los eventos de blanqueamiento.

Significa que tienen suficiente energía, han recuperado las zooxantelas y la simbiosis. E incuso tienen la suficiente energía para invertir en la reproducción y desarrollo de huevos.

¿Se entiende el problema? ¿En qué mundo es posible que algo que está “muerto” se dedique a recupear las zooxantelas (ya veremos qué es eso)? Todo lo que pueden hacer los muertos es descomponerse, pero en ningún caso recuperan nada. Y mucho menos se reproducen. Los muertos del Calentamiento Global Acojonante son muertos vivientes, porque reproducirse es la definición de ser vivo.

Es verdad que si uno lee con mucho cuidado las noticias de “muerte”, a menudo ve que están redactadas de forma que parece una muerte muy sospsechosa.

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Habrá que insistir; lo muerto no se recupera. La muerte es la transición más definitiva e irreversible que conocemos. La única forma de que ese párrafo del New York Times tuviera sentido sería que una zona de coral haya muerto, y que con el tiempo sea recolonizada por coral nuevo proviniente de otra zona. Ya sea en forma de larvas que nadan, ya sea en forma de desove. Son los dos procedimientos que usan las distintas especies de coral. Y es algo muy fácil de observar. Si dejas flotando cualquier objeto duro en el Pacífico tropical, con el tiempo verás que prácticamente siempre le acaban saliendo incrustaciones coralinas. Y puede estar a cientos de millas del arrecife más cercano, que le crecerá el coral.

Pero esto no es muy conveniente para el cuento de terror. Daría igual la muerte de coral en una zona, porque sería recolonizada en un tiempo más o menos breve. Aunque sí hay algo que lo puede impedir. Si al macizo de coral muerto le salen algas, estás impiden la recolonización. Pero entonces, para hablarnos de “problema” tendrían que mostrar fotos con el coral muerto cubierto por algas. No valen las típicas del coral blanqueado, porque aunque estuviera muerto puedes esperar que sea recolonizado.

Donde ya no tiene ningún sentido lo de la muerte es si te hablan de la recuperación de las zooxantelas. Eso no es una recolonización, sino una clara no-muerte. Un proceso natural. Las zooxantelas son unas algas que viven en simbiosis dentro de los pólipos de coral. Le proporcionan el 90% de la energía al huésped, a través de la fotosíntesis, y reciben nutrientes y una buena posición de cara a la luz del sol. Pero los pólipos pueden elegir el tipo de zooxantelas que usan, que depende de las condiciones del entorno. Siempre usan las que les permiten crecer más rápido en esas condiciones. Y cuando las condiciones cambian, empiezan por expulsar a las algas simbióticas que estaban usando. Eso los deja de color blanco — el color les viene de las algas. Y después se hacen con otro equipo más conveniente de zooxantelas, y siguen con su vida.

Este proceso natural es lo que están describiendo como “muerte”. Y no es algo desconocido, o a lo que le falte literatura científica. Ver enlaces al final. Pero como no encaja con la narrativa de moda, nunca lo mencionan en la prensa.

Resumiendo. Olvidemos el término “muerte” que usan con tan impropia alegría. Para que el coral este desapareciendo, sea globalmente o sea en una zona, la prueba sería la sustitución del coral por algas. Por ejemplo esto:

Y ni siquiera es definitivo, porque siempre han convivido y ha habido una “guerra” entre el coral y las “lechugas marinas”. A largo plazo, en general gana el coral. Los muertos vivientes. Los peces se comen a las “lechugas” y las mantienen a raya, o en una especie de equilibrio.

Con esto ya se pueden entender esas noticias del coral que con el cuento de terror de la prensa no hay forma de digerir. La “muerte” es una licencia poética, y el coral está muy bien, gracias. Menos en las zonas en las que está mal por causas completamente ajenas a ningún cambio climático. Contaminación, sobrepesca, etcétera. Ese es el problema, y se arregla con simple higiene.

Fuentes

De la noticia, Jo Nova:

New York Times:

ABC News:

Florida Keys National Marine Sanctuary:

Wikipedia, zooxantelas:

Sobre la estrategia natural de blanqueamiento del coral (Adpatative Bleaching Hypothesis):

 

 

 

peter-ridd Peter Ridd es un geofísico con los siguientes intereses: oceanografía costera, el efecto de los sedimentos en el coral, desarrollo de instrumentos de medición, detección geofísica, climas pasados y presentes, y modelización atmosférica. Además, su trabajo con su grupo del Laboratorio de Geofísica Marina (http://www.marinegeophysics.com.au/) se dedica al desarrollo de instrumentos.

Lleva toda su vida trabajando en la Gran Barrera de Coral. Y me encuentro con este breve vídeo en Twitter, en el que apunta a todo lo que venimos comentando a cuenta del coral.

  • El blanqueamiento del coral es como los incendios de los bosques; los regenera. Y siempre se ha recuperado.
  • EL coral se adapta a situaciones muy cambiantes. No le queda otra, las esporas que larga acaban creciendo a cientos o miles de kilómetros, y tienen que copar con lo que haya allí. No es como una planta.
  • Tiene que gestionar grandes cambios de temperatura, aunque no hubiera “cambio climático” (se refiere al cambio climático acojonante, no al natural).

No conocía a Peter Ridd, y me ha parecido interesante. Especialmente su apunte a la hipótesis adaptativa del blanqueamiento del coral, de la que hemos hecho varias entradas. Y buscando, encuentro este vídeo más largo y completo. Una hora. Ridd examina todos los supuestos problemas de la Gran Barrera de Coral. Y los bien reales problemas de las ciencias de ecologistas. A partir del minuto 30 entra en el “cambio climático”. Pero pongo unas notas añadidas para los que vayan con prisa.

Notas al paso:

El coral es tropical y le gusta el calor. En la parte sur de la GBC crece más lento que en la parte norte, porque el agua es más fría. Pero en Nueva Guinea crece aun más rápido que en el norte de la GBC, ¡porque el agua es más caliente todavía! Y el tejido también es más grueso en los sitios más cálidos.

¿Velocidad de cambio de temperatura? ¿En serio? ¿Hablamos de las salidas del glacial al interglacial? ¿Hablamos de los cambios de temperatura bruscos en las fases glaciales?

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Ahora hay más coral que hace 100 años, porque se ha expandido hacia los polos, sin perder por el ecuador. Y probablemente crece más rápido.

El coral que se blanqueó en 1998 y 2002 (por El Niños) se ha recuperado prácticamente todo (está hablando en 2011).

El coral tiene un balance entre crecer rápido (y vida corta) y ser muy sensible a los cambios; o bien crecer más lento (y vivir más) y ser más insensible a los cambios. Y según la zona y el ambiente, elige entre ambas estrategias la que mejor le va. Los fenómenos de blanqueamiento son propios de los corales de estrategia rápida.

Si te quieres preocupar por el calentamiento global, mejor elige los osos polares, a los que presumiblemente les gusta el frío.  Con el coral no tiene sentido. Un calentamiento de uno o dos grados es algo a lo que están muy acostumbrados, y más que eso no van a ver en los trópicos. Y una subida del nivel del mar es de las mejores cosas que les puede pasar. Recolonizarán enormes superficies que desde hace 300 años están demasiado expuestas en marea baja.

Sobre la acidificación y su supuesto efecto en el coral no se atreve a manifestarse. Usando los datos del mejor estudio del momento Ridd llega a una conclusión muy diferente.

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Al final, una idea muy clara que se podría resumir en “muéstrame los cadáveres”. ¿Dónde se ha perdido coral; cuántas especies han desaparecido de qué zona? Y no hay nada que puedan mostrar — del blanqueamiento siempre se han recuperado en unos años. En los ecosistemas con problemas reales (y pone muchos ejemplos) nunca hay dificultad en señalar los “cadáveres”.

Notas de sentido común como guinda:

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Y este. Saco de las palabras a cuenta de la corrupción del proceso científico:

No hay ningún motivo para que te fíes más de un científico que de un vendedor de coches o un corredor de fincas.

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Un comentario sobre la acidificación del mar debida al CO2. Se nota que Ridd no va a piñón fijo. Trabajando los datos que ha visto no llega a la conclusión alarmista de rigor. Pero acepta que puede ser correcta; que ese sí puede ser un problema; y que hay que vigilarlo. Supongo que en 2017 su idea habrá cambiado un poco. Hay muchos estudios que muestran que la acidificación no es un problema, lo mismo que muchos otros ven el fin del mundo con ese asunto. Pero sobre todo, lo que ha habido es meta-estudios que ponen muy en cuestión todo lo que se ha hecho hasta ahora.

Añado enlaces sobre la Hipótesis Adapatativa del Blanqueo (Adpatative Bleaching Hypothesis):

Y sobre acidificación:

Fuentes (la bio de Peter Ridd):

 

 

Nos cuenta The Guardian que hay un nuevo estudio que confirma que los océanos se están calentando rápidamente.

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Problema: en el estudio no figura ninguna expresión que se pueda asociar a un calentamiento rápido de los océanos. Incluso si queremos ser bondadosos con el periódico, y admitimos adjetivos que no tengan que ver con la velocidad pero sí con cualquier idea de una cantidad positiva destacada (por ejemplo “fuerte”), sólo encontramos estos casos entre las 38 apariciones de “calentamiento”.

  • for instance: for the upper 100-m, IAP and Ishii show a strong warming for the global ocean (up to 1.6 × 1019 J/year), but EN4-GR10 shows a near-zero trend.
  • Within the 300–700-m layer, Ishii and EN4-GR10 show near-zero trend while IAP presents a strong warming which is largely due to the Southern Ocean and the Pacific Ocean (Fig. 7c, d).
  • This 0–100-m warming slowdown is accompanied with a large subsurface warming within 100–300-m

La última viene muy a cuento, porque el caso es que  “warming slowdown” y “warming hiatus” son las caracterizaciones del calentamiento que más veces figuran en el estudio.

Por lo demás es un trabajo bien interesante. No analizan la mayor o menor velocidad del calentamiento de los océanos, sino las diferencias que hay entre tres productos que miden ese calentamiento. Para examinar si son consistentes entre sí, y tratar de hacerse una idea sobre su fiabilidad. Llegan a la conclusión de que el calentamiento es fiable, pero que hay inconsistencias entre los tres sistema de análisis en la cuantificación del calentamiento del océano global y de las distintas cuencas oceánicas.

EL periódico debería haber dicho que el estudio confirma el calentamiento de los océanos (no hacía ninguna falta), y haberse abstenido de ninguna mención sobre la rapidez del asunto — que los autores ni siquiera contemplan.

El trabajo es muy completo, y analiza las diferencias entre productos tanto en las diferentes cuencas como a distintas profundidades. Desde 1970. Vamos a poner sólo un ejemplo. La medición que debería tener más calidad porque es la que tiene mayor cantidad de datos. Comparan esta vez los tres productos de calor del océano en la capa más superficial con dos productos de temperatura de superficie. En este caso desde 1983 porque una de las series de temperatura superficie es sólo desde entonces (usa satélites).

Los cuadros de la derecha de las barras verdes son las tendencias lineales por década, entre 1983 y 1998, y 1998 y 2012. Para separar la fase del “warming hiatus” del calentamiento anterior.

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Las dos barras verdes de la izquierda son las de temperatura de superficie (OI y ER), y las otras tres son las series de la capa más superficial (0 – 100 m.). Las diferencias en el cuadro de abajo (1998 – 2012) son bastante impresionantes. Hasta en el signo difieren.

De eso es de lo que va el estudio. Y por eso la presentación arranca así:

Se han encontrado inconsistencias en los cambios de contenido de calor del océano en diferentes análisis de la temperatura  del agua sub-superficial, especialmente en recientes estudios relacionados con el parón en el calentamiento global. Este hallazgo pone en cuestión la fiabilidad de los análisis de temperatura debajo de la superficie e incita a una más comprensiva comparación entre los análisis.

Y acaba así:

En general, nuestro estudio completa la comprensión de las variaciones de calor del mar observadas, y recomendamos una cuantificación cuidadosa de los errores en los análisis oceánicos.

Que The Guardian traduce: ¡Un nuevo estudio confirma que los océanos se calientan rápidamente! Lo que tiene bastante guasa porque el estudio no podría decir si los océanos se calientan de forma rápida o lenta; no es eso lo que analiza.

En todo caso es muy interesante, al margen de las diferencias que encuentra entre productos, y al margen de cómo muestra la carcajada en la que se ha convertido la prensa. Por ejemplo, el diferente comportamiento de cada cuenca oceánica apunta a una complejidad bastante apasionante. Pongamos un gráfico más para hacer boca:

Tasa de calentamiento en función de la profundidad, global y por cuencas, 1998 – 2012:

wang-2017-fig-8

O lo mismo, pero comparando las dos fases (1983 – 1998 / 1998 – 2012), y sólo global:

wang-2017-fases

Fuentes

El chiste del Guardian:

La URL tiene gracia. Separando, queda:

  • amp.theguardian.com
  • environment
  • climate-consensus-97-per-cent
  • 2017/jun/26
  • new-study-confirms-the-oceans-are-warming-rapidly

Y el no chiste de Wang, G., Cheng, L., Abraham, J. et al. en Clim Dyn (2017):

Agradecimientos, Pielke padre:

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