Mahomalandia


Probabelmente se ha convertido en “la” foto del atentado del Westimnster Bridge. La recorto, para no mostrar a la mujer tendida en el suelo. Todo el mundo la ha visto entera.

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Si no hubiera señales de tribu por medio, uno interpretaría las figuras poniéndose en el lugar de cada una de ellas, sin más problema. Y sin buscar cosas raras. Hay siete figuras en el cuadro de las que no se piensa nada especial. Son “de los nuestros”, y por tanto no los examinamos críticamente. El problema está en el octavo pasajero. Si no llevara hiyab, potente señal de no soy vosotros, probablemente se entendería que no puede ayudar nadie. Y que coger un teléfono es la forma más educada de desaparecer discretamente, respetando la intimidad del trágico momento. No está bien mirar, o pararse para no hacer nada. Y no mirar, como si nada hubiera, es difícil. Coges el teléfono, llamas a casa, y discretamente “despareces” del drama.

El problema es que llevas una señal — de la que probablemente ni siquiera eres consciente. Y que la gente interpreta la señal en vez de ponerse en tu lugar. Y entonces ya no has desaparecido respetuosamente, y tal vez traumatizada, sino que eres un monstruo lleno de indiferencia. También ayuda que solo se vea un fotograma. Porque este es bien distinto:

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¡Racistas! ¡Islamófobos!

Bueno; no, humanos. Es lo que tienen las señales. Separarnos. Contarlos cuentos sobre “los otros”. Que, precisamente por ser los otros, no se pueden interpretar como si fuera uno de los nuestros. Tiene que ser una explicación distinta, porque la señal lo hace diferente.

Probablemente la estrategia de fondo del terrorismo islamista es provocar la mayor separación posible de la comunidad musulmana de las demás. Y funciona. Pero los asesinatos en modo industrial serán útiles en la medida en que haya comunidades claramente separadas. Es decir, necesitan imponer la “marca tribal”; y necesitan atacar a todos los posibles nexos de unión, como pueden ser los ateos musulmanes y los pocos reformistas que intentan hacer un islam más compatible con el mundo laico y de los ideales de los DDHH. Y eso es justamente lo que hacen.

El problema es muy gordo, y tienen muchas herramientas. Vaya, que van ganando por goleada. Prohibir las marcas de tribu sería muy incompatible con el espíritu liberal de dejar hacer. Pero tampoco es muy razonable ponerse una marca descomunal, inevitable de apreciar, señalando que eres no-nosotros, y pretender que se te interprete como se interpretaría a un sí-nosotros. Aunque sería un ejercicio intelectualmente fácil, también es un ejercicio demasiado antinatural. Los humanos no funcionan así. Las tribus son  para separar, y para no entenderse. Si juegas a proclamar visiblemente que no soy de tu tribu, tendrás que aceptar que los malentendidos son una consecuencia inevitable. Especialmente si dentro de los tuyos hay un grupo muy activo y con gran facilidad de circulación, empeñado en sembrar la cizaña de la forma más dramática posible. La cizaña … y la sharia. Cualquier signo que huela a sharia va a provocar una interpretación en términos de sharia, no en términos de persona. Es lo que hacen las señales.

Mala pinta tiene el asunto.

Fuente, Telegraph:

Advirtió que “algo va mal en nuestro país” y añadió que “la mayoría silenciosa” no toleraría más inmigrantes que vienen y “abusan de nuestra libertad”.

 Reprendió el comportamiento “antisocial” de tirar basura y escupir, y luego amplió su crítica para incluir a la gente que no respeta los derechos de las mujeres o los “gays”.

“La solución no es  señalar a la gente con la misma brocha, o insultar y expulsar a grupos enteros, sino dejar muy claro qué es normal y qué no es normal en nuestro país.

“Si rechazas nuestro país  tan profundamente, preferiría que te vayas”.

¿Son frases de Wilders? No, son de Rutte. De una carta [–>] publicada en enero, presumiblemente para contrarrestar los votos que estaba perdiendo frente al “populismo”.

EL New York Times lo pone así:

… las afirmaciones de Rutte no son solo una respuesta a las encuestas, sino que forman parte de una estrategia más amplia para reconectar con los votantes enfadados y desafectos que se han separado de los partidos clásicos (no “populistas”).

Todo el mundo se lleva las manos a la cabeza con el auge de los “populistas”. Y es razonable, porque dan miedo. Lo que no parecen hacer los alarmados es preguntarse los motivos de ese auge. Como si no hubiera nada que explicar. Como si a la peña le diera de vez en cuando por sufrir ataques de “racismo”, y da la casualidad de que esta es una de esas épocas. Mala suerte, o algo. Pero hay una versión alternativa que pasa por que la gente no esté del todo loca. Veamos las dos opciones.

1) La población siempre es excitable en sus bajos instintos, y sólo hay problema cuando aparecen partidos populistas dispuestos a excitar esos instintos. Entonces tendríamos siempre un problema, pero cabe la esperanza de que educando con gran presión al populacho consigamos hacerlo inmune a los populistas.

Bueno, educar con gran presión a la plebe es exactamente lo que llevamos haciendo unas cuantas décadas. Al punto que si un periodista describe el juego agresivo  que está haciendo Venus Williams en el Open de Australia como “efecto guerrilla”, y un kindergarten asegura en Twitter que ha llamado “gorila” a las hermanas Williams, el resultado es el fin de la carrera del periodista. Para siempre.   Aunque todo el mundo sepa que que no a dicho “gorila” sino “guerrilla”, que es un término habitual en el tenis desde un famoso anuncio de Nike en 1995.

No cabe más presión presión “educativa” del ignorante populacho. Y sin embargo tienes Trump, y tienes a Wilders cambiando el discurso de Rutte.

2) Ningún “populista” va a conseguir que la tropa se ponga a odiar una etnia, o cultura o religión, sin que esta le toque ampliamente los cojones. Pero si los partidos “no-populistas” se empeñan en decir  que una religión en cuyo nombre se cometen atentados en modo industrial es “una religión de paz” y que la saharia no es incompatible con la libertad como se suele entender en una democracia, resulta inevitable que los deplorables busquen alternativas “populistas”.

¿Cual es la opción más cierta? Veamos lo que dice el “populista” holandés:

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Y veamos lo que dice el ateo musulmán que ha vivido en muchas y muy distintas sociedades predominantemente musulmanas. Describe su proceso en la adolescencia de ir conociendo el Corán. Y explica que los musulmanes liberales, asimilables, lo son porque no han leído el libro sagrado. Y porque cuando se lo leen, niegan lo que está escrito.

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No parece que Wilders está muy equivocado. Claro que hay muchos musulmanes que son gente pacífica, y razonablemente liberal. Pero no lo son por el Corán, sino por ignorancia o negación del Corán. Y eso no debería llevar a prohibirlo, pero definitivamente debería llevar a criticarlo y vilipendiarlo. Al menos, hasta el momento en que nadie se lo tome en serio. Y eso es justamente lo contrario de lo que hacen los partidos llamados “no-populistas”. Y por eso la culpa del auge del populismo no estriba en que a la peña le den ventoleras, sino que es porque lo partidos “no-populistas” no están haciendo sus deberes.

Al menos Rutte parece haber “atrumpado” su discurso. Que no es más que abrir los ojos un poco.

Fuentes.

New York Times:

Acculturated:

Rizvi:

 

Sabemos que al kindergarten no le gusta la sociedad humana, y por eso la quiere cambiar. Especialmente lo que ocurre dentro de los cerebros. Pero no el método, sino el resultado. Esto es; no quieren enseñar a pensar a los niños, sino enseñarles lo que opinar. El resultado. Y su principal método de hacerlo es la etiqueta moral. El que opina A, es un X, o Y. Siendo X e Y etiquetas morales absolutas. Nazi, progresista, etcétera. El razonamiento por el que se puede llegar al pensamiento A, o incluso su posible relación con la realidad, son completamente indiferentes para el kindergarten. Que en ese sentido es funcionalmente lo mismo que un fraile medieval.

Y ahora tenemos un problema. Según el kindergarten, es racista y de extrema derecha cualquiera que piense que la inmigración desde países mayoritariamente muslulmanes es problemática y debería reducirse. Como Trump, o literalmente cualquiera que piense lo mismo. Pero resulta que Chatham House (The Royal Institute of International Affairs), acaba de hacer un estudio de opinión en 10 naciones europeas sobre precisamente esa cuestión.

Pregunta: ¿Debería pararse toda futura inmigración desde países de mayoría musulmana?

Ojo, que no pregunta por frenarse, dificultarse, endurecerse, sino directamente: should be stopped?.

Respuesta:

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Sumando los diez países:

De acuerdo en detener esa inmigración: 55%

Ni de acuerdo ni en desacuerdo: 25%

En desacuerdo: 20%

No sé hasta qué punto la encuesta refleja una realidad. Tiene pinta, porque en el estudio [–>]  citan otras de resultados consistentes con estas cifras. Y si se corresponde con algo real, debería ser una lección. Tanto para el kindergarten como para el no kindergarten -digamos- normal.

La izquierda de las etiquetitas morales debería comprender que la gente no cambia de opinión por sus cartelitos. Sí puede que se encabronen; a nadie le gusta que le insulten. Pero su opinión parece guiada por elementos ajenos al etiquetado. La no-izquierda debería aprender que no tragarse los tabúes que impone la izquierda. Porque lo contrario supone que una masa acojonante de gente queda libre para ser pastoreada, o sentirse representada, por abortos como Trump o Le Pen.

Y lo que no pueden hacer los partidos “de élite” es echarle la culpa a los abortos, porque son ellos los que les han dejado el campo libre. La victoria de Trump no es “culpa” de Trump, ni de los que le han votado a Trump. Es culpa de los que han dejado a Trump como única alternativa para un problema que, a juzgar por mediciones como esta, y a juzgar por algunos resultados electorales, está ahí.

Obviamente no se trata sólo de la cuestión de la no integración de los musulmanes y el cristo consiguiente. Trump no ganado sólo por eso; nadie lo cree. Hay unos cuantos problemas más. Pero en general suelen coincidir con lo que la izquierda imagina dirigir con etiquetas de colorines morales, y la derecha se traga como tabúes intocables. Y llega Trump.

Sí, un maldito populista. Un supuesto salvador de la plebe puteada por la élite. Exactamente como Cayo Julio César, y unas otras cuántas figuras muy notables de la historia. No vamos a pensar que la élite y la plebe están siempre igual de incardinadas, o de desconectadas. Y si hay diferencias, el estado de relación puede influir en la facilidad o anhelo del populista. Vaya; debería. ¿Y quién tiene la culpa de eso?

Menos lobos, kindergarten.

Fuente.

Chatham House:

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Igualar (el islam con el terrorismo) no es lo mismo que relacionarlos. Que es lo que hace Milo y cualquiera con dos dedos de frente. Y no relaciona el islam sólo con el terrorismo, sino con el asesinato de homosexuales (práctica legal en once países, todos ellos musulmanes);  la minorización social de la mujer, y algunas fostias de paso; los grupos familiares de violación colectiva; la mutilación sexual; los asesinatos “de honor”; y los asesinatos de herejes y apóstatas, que a veces son sólo encarcelamiento. Que me acuerde de corrido. Y estas monadas no sólo están íntimamente relacionadas con el islam, sino que no se pueden relacionar con ninguna otra religión ni grupo de pensamiento colectivo. En toda la galaxia.

Voltaire, modernizado:

El islam es la más ridícula, absurda y sangrienta de las religiones que jamás hayan infectado el mundo.

Aláh es un comediante actuando ante una audiencia demasiado  atemorizada para reír.

¿Qué podemos decirle a un hombre que sostiene que preferiría obedecer a Aláh que a los hombres, y que por lo tanto está seguro de ir al cielo por matarte?

El primer imán fue el primer granuja que encontró al primer tonto.

El hombre que me dice: cree como yo, o Aláh te maldecirá; en realidad está diciendo: cree como yo, o te asesinaré.

Los musulmanes han sido los más intolerantes de los hombres.

Las surahs de los musulmanes vienen a anunciar que su Dios es un Dios de la ira, que su felicidad depende de su pía imbecilidad, de su sagrada credulidad, de su sagrada alucinación, del mal que se hacen unos a otros por el odio que se tienen, … y de su antipatía por y la persecución de todos aquellos que no están de acuerdo o no se les parecen.

No creo que hagan falta más citas para calcular que los bienpensantes tendrían a Voltaire por “islamófobo” … de no ser porque en las citas hemos cambiado Dios por Aláh, cristianismo por islam, etcétera. Pero entonces no les queda mas remedio que pensar que era “cristianófobo”. ¿Y cuál fue el efecto de esa “cristianofobia” de Voltaire, y  de los que vinieron después? Pues que convirtieron una religión que hoy nos parece sangrienta e insoportable en algo compatible con la civilización como la entendemos. O sea, la “cristianofobia” fue una virtud de nuestra historia, para cualquiera de los pensamientos hoy en curso en Europa.

Da igual que seas marxista, conservador, liberal, kindergarten; o lo que sea. En todos los casos vas a aplaudir aquella “crsitianofobia” por los efectos que tuvo en nuestra sociedad. Por haber hecho nuestra sociedad como es. No hay nadie que esté en desacuerdo.

Bien, pues para una cosa en la que estamos de acuerdo, ¿me puede alguien explicar que si la “cristianofobia” fue virtuosa y civilizó una religión bastante impresentable; por qué iba a ser mala la “islamofobia” para el mismo y muy elogiable propósito? El islam ya no es una religión de fuera; es un gran problema que tenemos dentro. Y ya sabemos el camino para civilizar una religión. Lo hemos hecho antes.  Es más, lo hemos inventado en Europa. Eso *es* Europa. O era.

En conclusión: más Voltaire, y menos kindergarten.

Fuentes:

El vídeo de Milo Yiannopoulos

La conversación en Twitter:

Citas:

Repasando. Hemos averiguado, gracias a Octavio [–>] y Marod, que entre los límites de los derechos fundamentales producidos por los dioses macabros está el orden público. Que a su vez está compuesto por la seguridad, salud y moral públicas.

Marod señala [–>] a su vez límites a lo de la moral pública:

la moral pública no ha de ser entendida como el concepto que de ella tenga una concreta confesión religiosa, sino como el “mínimo ético acogido por el derecho”.

Dos problemas gordísimos.

1. Circularidad. El derecho nos remite a “moral pública” como límite. O sea, fuera del derecho. Pero luego, con un par, lo convierte en … ¡el “mínimo ético acogido por el derecho”! Pero eso no está en “el derecho”, porque si no, nos hubiera remitido al derecho mismo en primer lugar. En vez de andarnos paseando por ahí. Están mareando la perdiz sin saber lo que hacer con la criatura.

2. Confusión. Tú puedes tener una visión cristiana de la moral, y es un juicio de las acciones respecto a un bicho muy raro del que cada cual tiene una visión distinta, que los cristianos llaman “el bien y el mal”. Pero para eso, el derecho no debería remitirte a la “moral pública”, sino al catecismo. Y no tienen cojones.

También puedes tener una interpretación subjetivo social de moral. Lo que tú (el cachondo del juez de turno) crea que la sociedad “piensa” acerca de las conductas. Una chorrada, porque si la sociedad piensa algo diferente de lo que hace (es muy normal), el límite sería lo que creemos que deberíamos hacer — pero no hacemos. Ridículo elevado al cuadrado. Por absurdo, y por átame por el rabo esa mosca de lo que el juez cree que la peña piensa. Lo que le dé la puta gana al juez, literalmente.

Y finalmente puedes tener dos dedos de frente, y darte cuenta de que la moral es uno de los observables más fáciles de observar que existen. No hay más que mirar. Cuando la sociedad considera algo inmoral, lo recrimina. De forma que lo inmoral acaba siendo extraordinario; marginal. Esa es la función de un código.

Por ejemplo, ves que en el campo hay setas de todos los colores, y ninguna es venenosa, pero los miembros de la tribu se ponen todos setas azules colgando de las orejas. Y ves que cuando alguien se pone una seta de otro color, hay malas miradas o malos modos, de forma que se tiene que acabar apartando o cogiendo el color que toca. Estás viendo una moral en acción. Y la moral se ve, siempre. ¡Porque quiere ser vista! Porque funciona precisamente así. Al igual que somos animales hiper-sensibles a la jerarquía, y de un vistazo sabemos quién manda, también somos hiper-sensibles a la moral. Por la cuenta que nos tiene, en ambos casos.

Si tú miras lo que hacen los humanos con la ropa, y observas, verás:

– La tienen muy variada.

– Muestran una fortísima tendencia a “uniformarse”, eligiendo el mismo tipo de ropa, o de no ropa, según la ocasión / sitio / grupo / actividad.

– La uniformidad sólo se pierde en los lugares de tránsito.

Y con eso ya sabes que la ropa en los humanos está codificada. No es aleatoria ni va a capricho. Es un asunto de la moral.

– Pareces un pordiosero.
– Pareces una puta.
– ¿Te has disfrazado?
– ¿Vas de pijo, o qué te pasa a ti?
– ¿No irás a coger un resfriado?
– Sin corbata no puede pasar.
– Gracias por la invitación, pero no he traído traje de baño.
– Gracias por la invitación, pero no he traído un vestido de noche en el equipaje.
– Se alquilan esmoquines.
– Torso cubierto en la terraza.
– ¿Crees que podré ir en vaqueros?
– Anda, mejor te pones -por lo menos- una chaqueta.

Esto es inmoral, y ahí está el morbo del cuadro. Pero no es inmoral por las señoras desnudas, algo completamente normal en el arte de la época, sino por el desequilibrio indumentario.

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Cojones, Marod; ¿estamos ciegos y sordos, o es a propósito? ¿Tú crees que la casualidad o el capricho producen esto?

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No; lo produce un código social. Una moral. Exactamente, la moral pública. Y no va ni con el catecismo, ni con lo que el juez crea que “piensa” la sociedad. Sí va con lo que “hace” la sociedad, que es perfectamente observable.

Y si lo que te interesa es el orden público, lo que necesitas es saber el código público de conducta que está en curso. No las opiniones de doctos éticos sobre cómo debería ser el código. No; se trata del que es. Lo que se ve.

Ahora podemos sopesar los perjuicios que para algunos extravagantes puede producir esa norma moral, y las soluciones y equilibrios que pueden darse. Pero NO podemos negar una moral que ven todos los humanos, y por eso actúan en consecuencia. Estás viendo un sistema en acción. Y no tiene nada que ver con las leyes. Si se monta un pollo, por ejemplo un burkini, las leyes pueden entrar para evitar violencias. O por la obsesión del poder por mandar. Si no, funciona solo. Normalmente funciona muy bien en modo sistema auto-regulado.

O sea, sí; el burkini afecta a la moral pública. Por tanto, al orden público. Y por eso está afectado por un posible límite, a pesar de ser un derecho fundamental. ¿Es suficiente, es insuficiente? Habrá que sopesarlo. Junto a sus posibles soluciones, que están muy lejos de ser una sola. Pero (1) la solución no puede ser la respuesta automática de tanta gente que responde sin pensar (incluyendo el Consejo de Estado de Francia), y (2) nunca podrás sopesarlo correctamente sin comprender la función de la moral en la sociedad humana. Que desde luego no tiene por qué tener nada que ver con “el bien y el mal”, por mucho que  en las sociedades del catecismo obligatorio, o culturalmente heredado, sí tenga que ver.

Nota. Creo que SÍ puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

Esto sí es un paso adelante. Ya hemos salido de los atascos, o de los principales.

No, no da igual que se trate de ideología que de religión, ni de coña. El motivo del rechazo a meter “religión” como derecho fundamental valdría lo mismo para ideología, si “ideología” tuviera el mismo problema. Por ejemplo, el machismo cabe dentro religión, y el burkini es un ejemplo inmejorable. Incluso el ecologismo. Vacas sagradas y cerdos impuros son normas ecológicas. Pero no caben dentro de “ideología”.

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Imagina un fiesta histórica en el pueblo. En una campa determinada, los productores locales de vino organizan una cata de sus caldos para darlos a conocer a la peña. Incluyendo el morbo de un concurso y sus premios. La Fiesta del Vino. Y ahora llegan las asociaciones de Alcohólicos Anónimos y de Monjitas Contra el Alcohol, a montar sus tenderetes de zarzaparrilla. Y a dar ampliamente por culo a los alegres bebedores.

– Oigan, amables aguados; váyanse ustedes a otra campa. O elijan otro día para SU fiesta. Porque esta es la Fiesta del Vino, y no la Fiesta del Sobrio. Ni queremos aquí sus tenderetes, ni su simbología, ni su cara de amargados.

– No me pueden impedir participar, porque la sobriedad es una ideología, y por tanto un derecho fundamental. Y por tanto en un espacio público ustedes no lo pueden discriminar.

Consejo de Estado de Francia:

– No; la sobriedad no es una ideología política, y el ayuntamiento puede organizar una Fiesta del Vino sin que les den por culo los intransigentes puritanos. Nada impide que los puritanos haga su fiesta, en su lugar.

Pero si metemos las religiones y los dioses por medio, la cosa cambia. Por ejemplo, si en vez Alcohólicos Anónimos o Monjitas Contra el Alcohol, los que llegan a dar por saco son los Hermanos Musulmanes.

Alicia desde el Consejo de Estado de Francia:

– De ningún modo se puede discriminar a una religión en el espacio público. No le puedes impedir a los mahometanos que participen en la Fiesta del Vino, para joder la Fiesta del Vino.

Y Marod añade:

Sí, a la subjetividad del bebedor, los que combaten el bebercio le pueden estar fastidiando. Pero como me fastidia a mi el que se pone a hablar por el móvil a mi lado (me jodo, tú).

Pues no, Marod y Alicia, queridos. Tenéis dos problemas muy gordos.

1. Estáis pensando con etiquetas. Como los idiotas (IYI) de Taleb. Con perdón; todos somos idiotas alguna vez. Cuando hay funciones por medio no se puede pensar (operar) ignorando las funciones. Cuando hay sistemas (ej.: Fiesta del Vino), los componentes del sistema probablemente no explican la función. Una Fiesta del Vino no es para que yo pueda beber. Eso lo puedo hacer todos los días, sin necesidad de una Fiesta del Vino. Una Fiesta del Vino es para que haya un ambiente general inducido por el vino, con sus consecuencias. Y un porcentaje suficiente de intolerantes amargados contra el vino -y no es necesario que sean muchos- se cargan ese ambiente. Hemos jodido la función, porque hemos jodido el sistema.

2. Estáis haciendo la diferencia de que los intolerantes pueden joder la Fiesta del Vino, o no, en función de que la disculpa de su intolerancia sea una divinidad imaginaria, o sea una simple moralidad civil. Si tiene un Dios, la intolerancia vale. Es un derecho fundamental. Y si no, no. Cosa que debería ser inconstitucional en sí misma (NPI), pero en todo caso es inmoral en nuestra sociedad laica. Se mire desde donde se mire.

Y el efecto de la confusión de una constitución idiota es que nunca podrá existir un evento público (no privado) en suelo público (no privado), con un propósito (función), si no les gusta a los intolerantes. Con la única condición de que se trate de una intolerancia derivada de un Dios. Que da la casualidad que siempre es el mismo maldito Dios del mismo maldito desierto. Aparentemente, hoy, el único Dios intolerante del globo. O por los menos de Occidente — a juzgar por la experiencia.

Nota: un evento con un propósito (función), o un sitio con un propósito, ya es una discriminación en sí misma. El que no está con el propósito, no está en el sitio adecuado. Pero el que está manifestándose contra la función, está jodiendo el sistema.

Conclusión: Los intolerantes (si lo son por religión), tienen la victoria asegurada. Porque los no intolerantes pueden ir a los eventos de los intolerantes, sin joderlos. El que bebe puede no beber (salvo patologías). El que no bebe, no puede beber. Y la Fiesta del Vino se acabó. Nassim Taleb lo explica con claridad:

Es estúpido. Es la quintaesencia de la estupidez. Pero es peor. Es estúpido en un sentido muy determinado; va contra el núcleo de la trama y la estructura de nuestra sociedad. De cualquier sociedad no intolerante, en realidad.

Otra confusión:

– Pero como me fastidia a mi el que se pone a hablar por el móvil a mi lado (me jodo, tú).

Nadie ha establecido el derecho fundamental a hablar por teléfono gritando junto a una oreja ajena.

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Añadido: Otro gallo cantaría si “religión” estuviera definido funcionalmente. ¿Quieres dar una protección especial al hecho religioso? Tal vez por aquello de la conciencia, y poner limites a la intrusión del poder en ese jardín. Perfecto. Mira:

Religión: Divinidad + oración + templo + manifestación pública puntual.

Y ya está. Eso es lo que tienen todas las religiones, y muchas sólo tienen eso. No hace falta más para proteger el “hecho religioso”. Una cosa es proteger la religión (una función), y otra es proteger todos los casos y todas las circunstancias a los que alguna cultura llame religión, con todas sus morcillas añadidas al hecho religioso propiamente dicho.

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Nota. Creo que NO puedo prometer (otra vez) que este será el último de la serie burkini:

Habíamos señalado este artículo de Nassim Taleb:

Donde lo relevante no es que los turistas hablemos de religión (en genérico) sin saber de lo que estamos hablando, sino que lo hagan los que toman decisiones políticas que afectan a otros. En este caso, los asnos que hicieron la  constitución, y los ignorantes (acerca de la religión) que dictaminan sobre su libertad de uso de acuerdo con la constitución. ¿Por qué piensa Taleb que estos campeones no saben de lo que hablan cuando hablan de religión? Por el primer motivo que siempre se busca cuando se quiere saber si alguien sabe de lo que habla. ¿Cómo lo defines?

Taleb lo explica con gracia:

Los matemáticos piensan en (muy precisamente definidos y cartografiados) objetos; los filósofos en conceptos; los juristas en constructos; los lógicos en operadores; … y los idiotas en etiquetas.

Imagina lo que puede pasar si metes en la Consti un derecho fundamental, que apenas tienen límites, para proteger algo que no entiendes (porque no puedes definirlo) y que sólo imaginas a través de una etiqueta como las que usan los idiotas de Taleb para pensar. Tienes la garantía de estarte buscando problemas.

No vamos a desarrollar lo de la garantía de los problemas. Es obvio, y ya lo explica muy bien Taleb en su artículo. Cada religión y cada cultura entienden algo muy distinto por “religión”. Y entre esos entenderes, cuya práctica la Constitución establece como derecho especial, muchos pueden ser no ser recomendables para derechos fundamentales. Insisto, se tata de practicar, no sólo de creer.

No nos liemos con los detalles. De momento estamos hablando sólo en teoría. El esquema de trabajo. Si no defines finamente el concepto de “religión”, y es un saco en el que cabe cualquier elemento que las diversas culturas llamen “religión”, es muy posible (vaya, seguro) que estés metiendo morcillas inconvenientes dentro del saco. Literalmente estás incluyendo lo que no conoces; nadie tiene memorizados todos los prodigios de todas las religiones. Y muchas religiones son sistemas sociales brutales.

Puedes pensar que no es problema, porque si es ilegal ya existe la salvaguarda de que no vale. Falso; muchas acciones no son ilegales, pero no deben ser derechos fundamentales. Si no, todo lo que no es ilegal sería derecho fundamental. Y no lo es. Y a través de “religion” como etiqueta, estás metiendo cualquier cosa. Ni siquiera puedes saber lo que estás metiendo.

Lo que vamos a ver es si el planteamiento teórico de Taleb ocurre en la realidad. En concreto, en la realidad de España. Y veremos que ocurre con una claridad que casi hace daño a la vista. Son cuatro pasos, muy breves.

1) La Consti establece “religión” como derecho fundamental, sin definición alguna [ver aquí –>].

2) La ley que regula lo de la religión no hace ninguna definición de religión. Se limita a señalar tres ejemplos, que no parecen exhaustivos, de actividades y fines que no se pueden considerar “religión”. Pero no dice lo que sí es religión como concepto que merece ser derecho fundamental. [Ver aquí –>]. Ni sus fines; ni sus métodos; ni  sus exclusiones; ni leches.

3) Alguna sentencia del Tribunal Constitucional sí necesita una definición de “religión” (era inevitable), y como no la tiene, ¡recurre al diccionario! [Ver aquí –>]

exigiéndose, además, de acuerdo  con el concepto de lo religioso recogido en el Diccionario  de la Real Academia Española, los siguientes requisitos

4) Así que tenemos que para regular un fenómeno que suele ser parte de la estructura de la sociedad, y causa de innumerables conflictos especialmente sangrientos, nos tenemos que basar en el conocimiento de ese fenómeno universal que tienen doctos señores como Pérez Reverte, Luis María Ansón, o Juan Luis Cebrián. Que no tienen ninguna culpa, los pobres. Nadie les había dicho que de su meritorio trabajo en la Academia dependían los derechos fundamentales de los españoles.

Conclusión del sistema de pensar con etiquetas:

DRAE, religión.

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

¿Consideramos que las normas morales de las religiones tienen un fin principal y común a todas ellas -una divinidad y los actos para darle culto- y que por tanto eso es lo que debe incluirse entre los derechos fundamentales? ¿O consideramos que cualquier norma moral extravagante (que ni siquiera conocemos de antemano) con cualquier otro propósito -por ejemplo organizar la sociedad, la vestimenta, el sexo, la higiene, o la gastronomía-  es parte del concepto constitucional de “religión” — siempre que haya una divinidad por medio?

No se sabe. La Real Academia no lo dice, ni tendría por qué decirlo. La Consti y la Ley Orgánica no lo dicen, pero usan a la Real Academia que tampoco lo había dicho. Imagina el segundo caso, que tiene pinta de ser a lo que se refieren. Está protegida especialmente cualquier norma moral que venga de cualquier divinidad. ¿Dónde están protegidas especialmente las normas morales espontáneas que vienen de la sociedad en cuestión? Por ejemplo, el uso de traje de baño en las playas es una de ellas. Va a ser que las divinidades trastornadas de exóticos desiertos pesan más que nuestra propia dinámica social.

Taleb:

Dos personas pueden estar usando la misma palabra con distinto significado, y sin embargo continuar la conversación. Lo que está muy bien para tomar un café; pero no cuando se están tomando decisiones, especialmente decisiones que afectan a otros.

Intelectuales, y sin embargo idiotas.

Sección para nota. Se recomienda saltársela, menos a Marod.

El Prosti insiste [–>] en que no hay definición:

aunque dicha Ley no define de forma positiva qué debe entenderse por religión o actividad o fines religiosos

Pero se busca un apaño. Acojonante:

… sí establece un catálogo de exclusiones, ya que, según su art. 3.2, “quedan fuera del ámbito de protección de la presente Ley las actividades, finalidades y Entidades relacionadas con el estudio y experimentación de los fenómenos psíquicos o parapsicológicos o la difusión de valores humanísticos o espiritualistas u otros fines análogos ajenos a los religiosos”.

O sea, quedan fuera del ámbito de la protección estas tres actividades. Y las que siendo análogas sean ajenas a los fines religiosos (que no sabemos bien cuáles son). ¿Y en el caso de que las que no sean análogas a esas tres, pero sí tengan fines ajenos a los religiosos, qué hacemos? Nadie sabe. Etiquetitas. Como los idiotas de Taleb.

Con estos bueyes aramos, y le pondrán un burkini a tu chica. Dales tiempo.

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