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rosamar

Hoy añado a mis reflexiones previas sobre el PSOE tres artículos ajenos que detectan en parte el problema…

Sí, se ve venir vuestra agonía y el hundimiento del régimen constitucional, por inepcia, frivolidad y oportunismo.

rosamar

El editorial de hoy de “ABC” es interesante, y me ha suscitado un comentario que introduzco como nueva entrada. Vedlo:

http://www.lbouza.net/ESPANA/lb24616.pdf

 

tercera vía

 

 

Ignacio Camacho, siempre lúcido, plantea dos hipótesis de desenvolvimiento de la situación política…

 

Luis Bouza-Brey

 

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stop

 

¿Podrá cambiar a mejor el país?

 

Luis Bouza-Brey

riv2

 

Ciudadanos lleva una temporada con la brújula desviada: el malo de la eterna película de buenos y malos no es Rajoy, por haberse negado a presentarse a la investidura sin apoyos suficientes, sino Sánchez, por haber bloqueado toda posibilidad de pacto entre Constitucionalistas y buscar el apoyo de los populistas y la abstención pedigüeña de los nacionalistas.
Ciudadanos no puede presumir de haber evitado un Gobierno del PSOE con PODEMOS: Su gran demérito es haber fortalecido a un líder inepto en el PSOE y una política de exclusión sectaria en dicho partido.
Mientras Ciudadanos no corrija la desviación patológica de su brújula continuará recibiendo apoyos por debajo de los necesarios para iniciar la Regeneración, y corre el peligro de fracasar como proyecto.

Benegas y Blanco apuntan esta tesis en el artículo que sigue:

CIUDADANOS Y El 26J, ¿EL PRINCIPIO DEL FIN?

JAVIER BENEGAS y JUAN M. BLANCO en “Vozpópuli” del 14-5-16

PEDRO Y PABLO

JOSÉ MARÍA CARRASCAL , ABC (1ª Edición), España 20 abr 2016

PSOEMUS

CON UN COMENTARIO AL FINAL:

CARRASCAL, MAGISTRAL

«La gran coalición, como el resto de combinaciones, ha quedado hecha añi-cos por una estrategia más propia de aficionados que de profesionales que, al final, se ha vuelto contra ellos, queriendo engañar a todos, su partido el primero, y terminando por enga…

LO que no puede ser no puede ser y además es imposible» se atribuye al torero Rafael Guerra, aunque es de Talleyrand, uno de los políticos más há-biles de la historia. Pedro Sánchez viene empeñándose desde hace cuatro meses en hacer posible lo imposible y cosechando fracaso tras fracaso, cada uno más grande que el anterior. Si comenzó con el peor resultado que su partido ha cosechado desde la Transición, el último, propinado por las hues-tes de Podemos al rechazar unirse al pacto de PSOE y Ciudadanos le deja políticamente en cueros. No importa, dice él, yo seguiré adelante. Pocas ve-ces se habrá visto tal contumacia en el error, tal obsesión por alcanzar lo inalcanzable, tal masoquismo en el castigo, tal ceguera ante la realidad. Pe-dro Sánchez fue a Lisboa, a Bruselas, a Barcelona en busca de modelo y ayuda para que Pablo Iglesias le apoyase en alcanzar la presidencia, sin im-portarle las negativas ni el ridículo. A estas alturas, sólo le falta arrodillarse ante Pablo y besarle los pies mientras repite su ruego. Sin darse cuenta, pri-mero, de que Pablo no quiere ayudarle a ser presidente. Quiere hacer del partido socialista español lo que Tsipras y Monti han hecho con los partidos socialistas griego e italiano, reducirlos a la irrelevancia, y convertir Podemos en la referencia de la izquierda española. Luego hablaremos de ello, pero lo primero que se le ocurre a uno es preguntarse si no hay en el PSOE nadie que se lo advierta, que le pare en esa carrera desenfrenada hacia el suicidio, no ya personal, sino colectivo. Mientras que la segunda pregunta es al pue-blo español en su conjunto: ¿queremos al frente del Gobierno alguien tan ob-cecado, tan ciego, tan dispuesto a humillarse?
Pues esta galopada a ninguna parte llega a su fin y nos encontramos en el punto de partida. Incluso peor, pues las posibilidades de formar gobierno se han reducido a prácticamente cero, aunque Sánchez insiste en continuar co-rriendo como Tom Hanks en Forrest Gump, seguido de su equipo, que tam-poco tiene nada que perder, y los medios que le han prestado apoyo intentan al menos salvar la cara cobrándose la cabeza de Rajoy. Una retirada de los dos disimularía su derrota, así que prepárense para una ofensiva en esa di-rección, cubierta por la artillería de que « facilitaría la formación de un go-bierno y nos ahorraría una nuevas elecciones, tal como desea el Rey», estrambote obligado de su argumentario. Es curiosa la invocación al Rey por parte de nuestra republicana izquierda cuando se ve en apuros, materializa-da en los esfuerzos de Sánchez por acercársele durante la final de la Copa de rugby en Valladolid. No descarto que buscase la foto para venderla como otro encargo de formar gobierno. Pero incluso en eso fracasó, al conseguir tan sólo estrechar la mano de la vicepresidenta. ¿Es el primer paso hacia la gran coalición? No creo. La gran coalición, como el resto de combinaciones, ha quedado hecha añicos por una estrategia más propia de aficionados que de profesionales que, al final, se ha vuelto contra ellos, queriendo engañar a todos, su partido el primero, y terminando por engañarse a sí mismos. Su primera gran mentira fue no reconocer que habían perdido –además, ¡de qué manera!– las elecciones del 20-D, camuflando sus resultados como «un de-seo de cambio total en la escena política española». Esto es, como una de-rrota del PP, que debía desalojar el gobierno. ¿Cómo explicaban entonces que el PP hubiera sido el partido más votado, con amplia ventaja sobre los demás? Pues no lo explicaban. Desde siempre, la izquierda no se cree obli-gada a explicar sus contradicciones, se considera por encima de ellas, como parte de su «superioridad moral». El complejo de inferioridad de la derecha, unido a su desastrosa política de comunicación, hizo que el arranque de Sánchez hacia La Moncloa pudiera venderse como un éxito, pese a llevar apenas gasolina. Échenle el picante de unos escándalos por corrupción con mucho ruido, y tendrán los aplausos del público.
Quedaba sólo engañar a la aritmética. Pues el parvo pacto PSOE-Ciudadanos –130 escaños– no daba ni de lejos para la investidura. Pero era sólo el señuelo para otro u otros pactos de mucho mayor calado. Rivera se encargaría de convencer al PP de que se abstuviera en la segunda votación, al poder asumir buena parte de las 200 medidas de gobierno que habían acordado, mientras Sánchez se encargaría de convencer a Iglesias con sus genuflexiones de que se uniera al «pacto de progreso». Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
En efecto, se ha acabado. Pero no como pensaban sus diseñadores. Rajoy no estaba dispuesto a apoyar un gobierno que, sin recatarse lo más mínimo, anunciaba su disposición a enmendar cuanto ha hecho. Y no ya por él, sino por estar convencido de que sería letal para España. Mientras Iglesias, como queda dicho, no se contenta con ser un simple socio de gobierno. Quiere go-bernar. Sin la menor interferencia del centro o la derecha –¡fuera Ciudadanos!–, con un programa de extrema izquierda, es decir, el suyo. Y eso no se lo consiente a Sánchez su Comité Federal. ¿Se atreverá a consul-tar a sus bases, como había sugerido e Iglesias le desafía? Ya ha dicho que no, pero es un hombre desesperado, y de la desesperación sale cualquier cosa.
Lo que parece inevitable es la celebración de nuevas elecciones. Pues, aun-que todos ellos siguen diciendo que quieren pactar, trazan líneas rojas como si no quisieran hacerlo. Sólo el deseo de echar a Rajoy los une, junto con el temor de que siga gobernando. Pero, mientras que Iglesias puede esperar sobre una base firme de seguidores, Sánchez se hunde en las arenas movedizas de un partido que no desea una crisis sucesoria –bastante tuvo con la de González–, pero teme casi tanto continuar con un desesperado a su cabeza. Mientras Rivera hace lo que puede: pedir a los dos grandes parti-dos que se entiendan. Pero aliándose con Sánchez e injuriando a Rajoy –el «Rajoyrajao» de su publicidad es infumable– le aleja del centro donde estaba tan cómodo.
¿Y Rajoy?, me preguntarán ustedes. Pues Rajoy sigue donde siempre, con la matraca de la gran coalición, hoy con menos posibilidades que una tortuga en una autopista. El coro mediático que lleva meses dándole por finiquitado habla de voces internas contra él. Yo no oigo ninguna, excepto los exabrup-tos periódicos de Aznar y los pellizcos de monja de Aguirre. Puede esperar, por tanto, las próximas elecciones, que no se decidirán por el cabreo, como las del 20-D, sino por el hartazgo del electorado. ¿Se imaginan un verano bajo Sánchez e Iglesias, con las confluencias revolviéndose, los barones so-cialistas gruñendo y los independentistas gritando «qué hay de lo nuestro»?
No habría tiempo ni para los Juegos de Río. Si se celebran.

CARRASCAL, MAGISTRAL. COUSAS A 20-4-16
Luis Bouza-Brey.

En este bendito país, lento y torpe en el aprendizaje y aherrojado por las actitudes e ideas de una cultura política inadecuada para la política democrática, la tarea —necesaria y pe-nosa— de un auténtico periodista es hacer ver a la opinión pública sus carencias y con-tradicciones. Tarea que llevará años y producirá el dolor anímico permanente de ver la estupidez y los peligros agazapados en las curvas del camino, esperando el paso de Es-paña, sin que ésta sea consciente de los peligros que corre de ser asaltada y desviada lejos del camino correcto, o arrumbada en la cuneta como un vehículo accidentado y listo para el desguace.
Carrascal, y en general los columnistas de “ABC”, cumplen esta dura y penosa función periodística de ir contracorriente alertando a una opinión pública inmadura de las amena-zas que la acechan y los errores consumados que la desvían del camino correcto: no hay nada más que ver las corrientes editoriales predominantes en muchos de los medios de comunicación, y el vocerío incesante del izquierdismo estúpido y el etnicismo antidemo-crático, adobados por la flojera y cainismo de una derecha torpe y miope, para darse cuenta de la necesidad del país de contar con muchos Carrascales y “ABCes” para poder salvarse del desastre.
Sólo hace falta que el sectarismo estúpido del PSOE se desvanezca y la legitimación an-tidemocrática del etnicismo sea derrotada, junto con el hecho de que el caldo de cobardía y desidia de la derecha deje de adobar el guiso destructivo, para que España pueda so-brevivir como un país propio de la Europa democrática actual.
Estamos en un giro del camino en que estas venturas pueden comenzar a orientar nues-tro rumbo o, por el contrario, lleguen a triunfar los saboteadores permanentes del futuro y acaben por mandarnos al desguace… Los resultados de las encuestas, dibujando a Sán-chez y Rivera como los únicos que han sabido guiarnos en la situación complicada que vivimos, no son más que presagios ominosos de que podemos estar equivocándonos de nuevo, como sucede desde el ascenso del zapaterismo.
Creo obligado mencionar aquí una opinión lúcida de ANTONIO PÉREZ HENARES, com-pañero de viaje en esta dura tarea del periodismo contracorrientista —a no confundir con el “cuentacorrientista”, una subespecie distinta de nuestra fauna cultural—.

¡Ya te vale, Sánchez!

ANTONIO PÉREZ HENARES en “Facebook” del 10-4-16

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