Kindergarten


Lanzo al respetable el siguiente experimento mental. Imaginemos que en España hubiera unos 60 asesinatos de pareja al año, con las víctimas repartidas por igual entre mujeres y hombres. ¿Estaríamos hablando, con escándalo, de un problema que supone el 0,02% del total de muertes en España? Lo dudo mucho. Hay otras causas mayores de muerte sobre las que -en teoría- se podría actuar, y no nos escandalizan nada.

Es 19 veces más frecuente que una mujer se suicide, a que la mate su pareja masculina. Y 53 veces más frecuente que un hombre se suicide, a que mate a su pareja femenina. Pero nadie hace una guerra o campaña moral contra el suicidio. Bueno, nadie, hasta que la podemía intena relacionar suicidios y desahucios, y con eso ya tiene alguien a quien atacar. Que es una característica de la lucha moral; no es tanto para favorecer a alguien, como para atacar a alguien.

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¿Por qué apuesto que la misma cifra de asesinatos de pareja, pero bien repartidos, no darían nada que hablar? Por otros ejemplos relativamente similares, como suicidios, carreteras, y homicidios en general.

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Hace unos años hubo mucha acción contra las muertes en carretera. Y ahí tenemos un ejemplo del tipo de cifra que nos motiva a la acción. Por ejemplo, en 1989 las muertes en carretera suponían un 2,5% del total de muertes en España. Dos órdenes de magnitud más que la “violencia de género”. Y ha bajado a representar, en 2017, el 0,5% de las muertes totales de España. Aun así, 18 veces más que la violencia de género. Pero ya no hablamos con escándalo de las muertes en carretera, ni pensamos en ulteriores esfuerzos. No nos permitiría atacar a nadie, no tiene morbo.

Si hablamos de suicidio, es mucho peor. 0,9% del total de muertes, en vez del 0,5% de accidentes de tráfico. Pero hay una diferencia; es fácil pensar en formas eficaces de reducir los accidentes de tráfico, pero no mucho para los suicidios. Lo que nos da otra pista verosímil de lo que nos mueve a la acción, cuando no se trata de atacar a un grupo (una “guerra moral”). No solo se trata de la cantidad de muertes que ocurren, sino de las razonables posibilidades de conseguir algo con el esfuerzo. De cajón. No actúas si no esperas resultados, o si el coste es inasumible. Salvo cuando el objetivo es el actuar, y no el resultado.

Podemos darle una vuelta de tuerca al ejercicio mental. Es obvio que dentro de la pareja, la violencia física será casi exclusiva del hombre. En los mamíferos, la violencia física dentro de la especie corre abrumdoramente del lado de los machos. Por eso el 90% de todos los homicidios los producen hombres. ¡Pero los hombres matan a muchos más hombres que mujeres. Sin que nadie se escandalice por la violencia “no machista”! Y supongo que tampoco será “machismo” que los hombres salven con gran preferencia a las mujeres sobre los hombres. La frase -las mujeres y niños primero- es la quintaesencia del “heteropatriarcado machista”. Eso, aparentemente, no hay que corregirlo. Ninguna desigualdad a la vista, ahí.

No hay ninguna violencia “machista” estructural. Sí hay una estructura por la que el macho es más violento (en general) que la hembra. Pero no mata mata más mujeres “por ser mujeres”, sino lo contrario. Y además, es una medición muy fácil de hacer, que yo sospecho que nadie quiere hacer. Se perdería el fomidable morbo moral de atacar a un grupo por lo que es.

Medida posible: ¿Qué tasa de homicidios de pareja hay en parejas homosexuales masculinas, comparadas con las heterosexuales? Si fuera la misma tasa, no serían asesinatos “por ser mujeres”, sino por ser pareja. ¿A que no se le ocurre medir eso a ninguna de nuestras combativas feministas, corriendo el riesgo de que se vaya al carajo toda su apasionante lucha moral?

De ahí mi apuesta. No es un problema de cantidad; es un problema de igualdad. De una igualdad que ni existe, ni va a existir. Se puede reducir la violencia. Se ha hecho. Y seguro que se puede hacer más, y se hará. Pero intentar reducir el diferencial de violencia macho / hembra, en una especie de mamíferos, es de coña. Aunque igual no se trata de eso, sino de una conveniente disculpa para … lo que se ve. Disculpa que nunca va a desaparecer, mientras exista un solo asesinato de pareja. ¡El asesino será hombre! Semos así.

Complemento añadido. Un artículo intresante de Marta Iglesias:

Complemento añadido. Estudio que apunta a los que se pregunta en la entrada.

Intimate Partner Homicide Methods in Heterosexual, Gay, and Lesbian Relationships. Krystal D. Mize, MA Todd K. Shackelford , PhD. Florida Atlantic University.

Homicide rates for married and unmarried heterosexual partners, gay partners, and lesbian partners were calculated using population estimates secured from the U.S. Census (2003; population estimates available on request). The intimate partner homicide rate was:

  • 63.72 per million per annum for gay couples
  • 21.25 per million per annum for heterosexual couples
  • 9.07 per million per annum for lesbian couples.

Añadido, para los comentarios:

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Esto no tiene demasiado que ver, pero es para guardarlo aquí. Y que nadie entienda que me parece mal; solo es información.

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Fuentes. Los datos vienen del INE:

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2018 nos ha regalado una paradoja de las bien guapas. El estallido, o tal vez los primeros pertadazos, de esa “guerra moral” posmoderna que llevan las plataformas tecnológicas de Silicon Valley contra el pensamiento -digamos- clásico (“ilustrado”). La paradoja consiste en que las tecnológicas están dirigidas por un claro nicho de izquierda posmo, que en principio están muy de acuerdo con que el estado lo regule todo; mientras que sus víctimas son casi todas de derechas, en principio totalmente reacias a cualquier intervención regulatoria estatal. ¡El santo mercado lo arreglará! Pero el santo mercado no arregla nada, y las tecnológicas les está jodiendo vivos. Todo es “hate speech”. La derecha que no traga las normas morales posmo está siendo sistemáticamente expulsada de toda la comunicación en internet. Y no puede defenderse con una regulación civilizada contra la discriminación, porque … ¡atentaría contra la libertad de mercado!

Su propia filosofía les impide pedir o proponer una normativa sensata, como sería que una “red social” de índole general no pueda discriminar a una ideología que tiene todos los permisos de circulación política en orden.

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Ejemplos hay a patadas y de todos los colores. Hoy he visto uno nuevo.  Hay unos tíos que apoyan la chifladura del muro de Trump. Que, chifladura o no chifladura, es mercancía política completamente legal. Como que es parte de la campaña de la presidencia electa. Pero al Kindergarten de las tecnológicas no les gusta, y si alguien pone un enlace en Twitter a la web de apoyo que usan (https://wefundthewall.com), al clicarlo te sale esto:

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Por supuesto que la web ni es insegura, ni tiene virus, ni hace nada raro. Pero según Twitter, va contra las normas de Twitter. O sea, la política del presidente del país va contra las normas de Twitter. Pero esas normas no se han inflingido en Twitter, sino fuera. Y Twitter persigue a los que incumplen su censura moral … ¡fuera de Twitter! La quintaesencia de la persecución ideológica. Y ahora resulta que los liberales alegres no pueden protestar cuando una red social -que no se anuncia como un sitio de partido o de ideología, sino general y sin sesgo político- discrimina por ideología. ¡Porque esa protesta atentaría contra la libertad de empresa!

A menudo alegan cosas extrañas como que en mi casa entra el que yo quiero. Pero un negocio no es una casa, ni de coña. Otros ponen el ejemplo de un bar, con su reserva del derecho de admisión. Pero eso no quiere decir que se pueda impedir la entrada de un moreno al bar, o de alguien que lleva una pulsera arco-iris. ¿Esa sería la “libertad de empresa” que querrían; las empresas “libremente politizadas”? Pues ese “liberalismo” sería completamente anticivilización. Literalmente una mierda insoportable.

¡Puedes elegir otro bar!

Pues tampoco. A los bares frecuentemente se va en grupo. Y resulta que el moreno estaría jodiendo a los amigos, que no pueden ir al bar que quieren, ¡por culpa del moreno! Una red social, ni te cuento. Por eso se llama “social”, precisamente.  Ambos tienen cierto matiz de calle, que es lo que no pasa con “mi casa”. Un bar es mucho más una calle que una casa. Lo que pasa es que es una calle de propósito especifico. Para hacer algo concreto. Y lo mismo le pasa a un negocio. Tienen actividades concretas, y estas se regulan para su buen fin. No puedes poner un saco de estricnina al lado de la carne para consumo. Y no puedes dejar el asunto en manos de la vigilancia y buen sentido de los clientes, que están a otra cosa.

El problema está engordando mucho. No se trata solo de espontáneos haciendo micro blogging en Twitter o Facebook. Los cafrecillos habituales con sus guerras ideológicas. Les pasa lo mismo a los creadores de contenido profesionales que habían encontrado un gran nicho en internet. Especialmente Youtube, donde puedes encontrar un periodismo, o contenidos, de calidad infinitamente superior a la prensa de siempre. Dos ejemplos para quien no conoce el asunto.

The Rubin Report. Un millón de suscriptores, y vídeos de hasta unos cuantos millones de visualizaciones.

Jordan B. Peterson. Un millón y medio de suscriptores, con vídeos también en el orden de hasta unos pocos millones de visualizaciones.

La platafoma de todos ellos es Youtube. No queda otra si quieren ir donde está el público. Es, también, calle. Pero Youtube también es Silicon Valle, Kindergarten, y con toda su mierda posmo. Y por supuesto, putea a los de siempre. Con un sibilino método muy eficaz. Los creadores viven del porcentaje que se llevan de la pubicidad de Youtube sobre sus vídeos. Pero Youtube decide que algunos contenidos son inconvenientes para sus anunciantes. O la consabida turba le convence de ello. Y entonces “desmonetiza” los vídeos que son pecado para su moralina. Les quita la publicidad, y con ella los ingresos. Y desaparece, también de internet, todo un sector de ideología política.

Los creadores malditos encontraron una alternativa. Otra tecnológica que se dedica a poner en contacto a micro-patrocinadores con creadores, haciendo de canal de pago entre consumidores y auores. Patreon. Y con eso pudieron seguir con su producción y modelo de negocio. En condiciones más incómodas, pero podían. ¿Problema? ¡Que Patreon también es del Kindergarten de Silicon Valley, coño! Y ha empezado a cerrar las cuentas de patronazgo que no tienen el “nihil obstat” de la progresía.

¡Ah, el lindo olor de la libertad de mercado por encima de todas las cosas! Chúpate esa.

Que sí, que los apestados pueden montar sus propias empresas tecnológicas. Claro. ¿Pueden? Seguro, pero si querían librarse del sego político del periodismo, lo llevan claro.

Periodismo:

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Y tecnológicas de internet:

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¡Claro que se puede! Pero que unos tengan infinitas más dificultades para hacer su labor, por motivo de su ideología, es exactamente la definición de discriminación política. Que les den morcilla a los liberales alegres y a su “libertad de empresa” como absoluto moral. No hace ninguna falta tener libertad de discriminación política para tener libertad de empresa. Y la libertad de expresión puede basarse en un elemento moral, si estás muy ideologizado; pero también tiene un componente práctico mucho más importante. Si quieres desarrollar buen pensamiento, necesitas asegurar la diversidad de pensamiento y su contraste. Está bien experimentado y medido.

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Así que habría que salvar a los liberales alegres de sí mismos. Moralina por moralina, tan nefasta es la del kindergarten posmo como la suya. Y tan necesaria es la regulación estatal para frenar la una como la otra.

Actualización. Brian Kolfage, a quien no conocía, y es al que le suprimen el enlace en Twitter, había sido previamente expulsado de Facebook. Laura Ingrham le hizo una entrevista en Fox News:

Fuentes:

Businessinsider: Charts show the political bias of each profession

 

Newsbuster: Patreon changes rules to justify banning free speech.

Añadido para los comentarios:

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vox

Si la histeria con Vox afectara solo al kindergarten, tendría hasta gracia. Imagina un planteaminto que podría ser muy convencional:

A mi Vox no me dice nada, pero visto el baile el San Vito que le ha entrado a toda la recua posmoderna, dan hasta ganas.

Podría servir para una estrategia del tipo: nene, o te portas bien, o llamo a Vox. Y cuanta más histeria, más posibilidades tendría la jugada.

Lo que no se entiende es que el síndrome también afecta a bastante gente dentro de lo que podríamos llamar “normal”. Esto es, adulta y razonablemente ajena al kindergarten. ¿De dónde viene esa histeria? Y no explican mucho; se limitan a repetir las etiquetas mágicas de los niños. Extrema derecha; ultra derecha; fascistas. Como si eso quisiera decir algo claro y definido, y todos tuviéramos que entender su significado. Pues no, mira; NPI. La etiqueta se le ha aplicado al PP, y a Ciudadanos, con notable frecuencia; y al PSOE, a veces. Y en ese plan solo podría significar: ni comunistas tropicales, ni etno-nacionalistas, ni filo-terroristas. Y eso es imposible que describa algo “malo”, ni siquiera inconveniente. Al contrario, sería una medalla; un título de virtud.

Estamos hablando de la histeria con Vox, no el desacuerdo con ese partido. Concretamente, esa idea de que son apestados con los que no se puede tratar, como propone Manuel Valls. Obviamente tiene un alcance mucho mas restingido; ni en sueños alcanzaría a otros partidos que no sean Vox. Bien, pero, ¿por qué? Si lo de extrema o ultra derecha va de designar una zona de la geografía política, o bien no tendría por qué ser automáticamente pecaminosa, o bien -si uno abomina de las posiciones alejadas del centro- debería afectar tanto a la derecha como a la izquierda alejadas del centro. Y serían tabú, tanto la extrema-ultra derecha como la extrema-ultra izquierda. Así tendría un sentido, pero Valls y compañía no van por ahí. Para ellos hay algo malo en un extremo que, al parecer, no hay en el otro. Lo de ¡fascistas!, supongo.

Vale, ¿y qué quiere decir fascistas en este contexto? ¿Que proponen un partido único, con totalitarismo, y un control estatal de la economía con grandes dosis de estado del bienestar – a la Mussolini? Eso no puede ser, porque no es lo que propone Vox. Ni de lejos. Hay otras inconveniencias que sí parecen padecer los de Vox, a juzgar por sus propuestas. Y pueden ser rechazables para Valls (o para mi), pero que ni de coña definen algo que se pueda llamar “fascismo”.

  • Nacionalistas. Vale, pero ni eso hace fascistas por sí solo, ni los etno-nacionalistas separatistas lo son en menor medida. Al contrario.
  • Meapilas. Como si la clásica Democracia Cristiana fuera a ser fascismo.
  • Xenófobos. Sí se les puede achacar un matiz de xenofobia. Pero en cualquier caso, estarían a años luz de los egregios racistas que hacen política con supuestos baches en el ADN, o el RH, o los genes ¡franceses!; y directamente largan insultos étnicos sin el menor complejo. Quiero decir que si se ha de considerar xenófobo a Vox, serían como un convento de delicadas monjitas dentro del mercado de la xenofobia. Salvo que la hispanofobia no entre en xenofobia, y me cuesta creer que Valls y compañía sean capaces de defender eso.

Y ya solo nos queda la posibilidad de que “fascistas” sea un término genérico para decir “malos”. Como el pecado, el maligno, los intocables. Puede ser. Pero, fuera de la religión, los malos son los que se comportan mal. Y en política, comportarse bien o mal depende de lo que el sistema político concreto defina como deseable, o a evitar. En un sistema basado en la libertad de expresión, el voto, y los derechos ciudadanos, no tiene duda de que la quintaesencia del mal comportamiento ha de ser lo que atente contra esos principios. En el máximo grado, la violencia contra la libertad de expresión, los derechos políticos, o el voto. Y entonces no hay más que preguntarle a Valls (o a cualquiera). ¿Quién crees que te va a impedir violentamente dar un mitin; Vox, o más bien esos otros extremos para los que no ha sugerido ninguna medida sanitaria? ¿O quién apuestas que se va a manifestar contra el resultado de unas elecciones?

Menos lobos, Caperucita. Discrepancias con Vox, todas. Pero no más que con otros extremos. Y de “fascistas” o intocables, nada. Para hacer de algo un pecado en política, tienes la violencia de motivación política. Hay que mejorar esas gafas.

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Añadidos, para los comentarios:

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Por Al, desde el blog Txirlo

Hace unos meses leíamos en un periodico que el actor Morgan Freeman era acusado de acoso sexual por ocho mujeres. Así, sin matices ni dudas. La reputación de este gran actor quedaba por los suelos.

Hoy leemos en el mismo periódico que as acusaciones de acoso contra Morgan Freeman quedan en nada, ¿quién restituye ahora su reputación?

Una periodista de la cadena CNN fabricó evidencias para acusar a Freeman, según publica el portal web ‘Red Etica’

Nos cuentan ahora como un grupo de 16 personas, tanto hombres como mujeres, acusaron en verano de comportamiento indebido que derivaba en acoso. Meses después, la acusación se ha diluido. Ni ha intervenido la justicia en el asunto ni han surgido nuevas pruebas concluyentes contra el actor. De hecho, en su caso se ha hablado de fraude periodístico. En un artículo publicado por el portal Red Etica de la Fundación de Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, se describe cómo una periodista de entretenimiento de la cadena CNN, Chloe Melas, fabricó evidencias para acusar a Freeman. “Todo fue un fraude de una reportera racista de CNN”, asevera Tomoo Terada, escritor y autor del artículo.
El texto afirma que de las 16 personas que acusaron al actor, 14 eran anónimas, y que posteriormente dos de esas fuentes confirmaron que nunca tuvieron problema alguno con el actor de 80 años. A Freeman lo acusaron de hacer sentir incómodos a hombres y mujeres con sus comentarios, y de tocarle la espalda y los hombros a algunas mujeres sin permiso.

Aunque Freeman exigió una disculpa y que CNN se retractara, la cadena se ha mantenido firme en su relato.

Casi con seguridad y como ocurre habitualmente, Morgan no entrará a pleitear contra la periodista, una forma de seguir inmerso en la publicidad negativa y que las y los feminazis le sigan poniendo a parir, y así nuestro ministerio fiscal español podrá seguir alardeando de que no hay prácticamente denuncias falsas porque solo el 0,01 de las denuncias por acoso acaban siendo declaradas falsas.

La Fiscalía detalla que, de las 1.055.912 denuncias por violencia de género que se pusieron entre 2009 y 2016, se incoaron 194 causas por denuncias falsas suponiendo un 0,18%. De ellas sólo han resultado en condena 79 (el 0,0075%) y, si se les suma las 110 causas en tramitación -pendientes de fallo-, el porcentaje sería del 0,01%, señala la Fiscalía.

Y como no hay denuncias contra las falsas denunciantes, deducimos que NO HAY DENUNCIAS FALSAS y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Y no se te ocurra protestar,
que machista te harán llamar.

Original en el blog de Al:

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En el circo de los payasos, los que hacen las payasadas máximas se reafirman:

llamamos fascistas a los que nos dicen golpistas

Y mi perro se tira pedos. El problema es que no le puedo llamar fascista a mi perro sin quedar como un perfecto imbécil. Porque el fascimo no tiene nada que ver con las ventosidades caninas. Exactamente igual que no tiene nada que ver con ninguna de las propuestas políticas de C’s, o con llamarle golpista a alguien. Acusar a alguien de golpismo puede estar justificado, o no, pero no puede ser fascismo.

Si me llamas tonto, yo te llamaré gilipollas.

Chupi canela, nene. Pero que tú seas tonto depende de tu falta de inteligencia, y que yo sea gilipollas depende de lo que entiendas por tal. De lo  que no dependerá nunca será de tu pataleta infantil, ni de la mierda que escupas por la boca.

Pero tiene razón la institutriz del Congreso [Voz Populi ->].

“No voy a permitir que se repita”. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, intentó poner orden en la sala. Una sesión de control sin apenas contenido pero incendiaria en las formas. “No voy a permitir los insultos”, dijo Pastor desde el púlpito del Hemiciclo. Y anunció que ordenará borrar las palabras ‘golpista’ o ‘fascista’ del diario de sesiones.

Y desde el peperío protestan [El Español ->]:

El PP considera un ejercicio de equidistancia la reprobación de uno y otro adjetivo. Varios dirigentes conservadores, a las puertas del hemiciclo, aseguraron que seguirán llamando “golpistas” a los políticos separatistas: “Octubre de 2017 fue un golpe contra el Estado de Derecho. Por tanto, decir ‘golpista’ responde a un hecho. Lo de ‘fascistas’ no se sostiene porque lo utilizan contra los demócratas”.

Pero aunque tienen razón los del PP, ni es práctico, ni es una buena estrategia. No puedes convertir las sesiones del congreso en una disquisición sobre la justificación de lo que se llaman los unos a los otros. Es mucho mejor no llamarle cosas a nadie, sin dejar de decir lo que hacen. Es un poquito más largo, no mucho; y a cambio es mucho menos Kindergarten. Y ya sabemos quién gana jugando a patio de colegio.

Por ejemplo, para sacarle los colores al dr. Tóntez, y tocarle los cataplines a ERC, en vez de decir:

… ustedes son socios de los golpistas.

muy bien pueden decir:

… ustedes son socios de los que acaban de intentar un golpe de estado, y presumiblemente siguen en ello.

Una forma muy eficaz de llamarle a alguien golpista, sin que nadie te pueda acusar de insultar. Y es una estrategia especialmente eficaz contra el Kindergarten: señala el “hacer”, no el “ser”.

Y si ya con la inercia pillamos la postura, se podría empezar a pensar en prohibir pancartas, carteles, banderas y disfraces en el parlamento. Como si fuera una democracia seria en lugar de una democracia circo.

 

 

Yupilunya es un estado mental, en el que todo lo que creo ha de ser cierto … ¡porque es lo que cree un sol poble! Curiosamente, siempre cree lo que le peta. Como los niños.  Y esa enternecedora fe es independiente de la inteligencia, de la formación, de la experiencia, y del sitio en el que se viva. Se podría decir que es como el estado de trumpifai, o de ¡viva la Virgen!, pero con fet diferencial. Con barretinas y prodigios así.

barretina

Vamos a poner un ejemplo espectacular de Yupilunya. Uno de los economistas más citados en el campo del crecimiento económico, que lleva 28 años viviendo en Estados Unidos. Y ha sido profesor en Yale, Harvard y Columbia. Sí, ese; el que se pone chaquetas como de película de terror.

Está muy infectado por el virus de Yupilunya. Y vamos a ver el aplastante efecto de esa tara mental. El profesor cree firmemente, indubitablemente y sin necesidad de confirmación alguna, que en EEUU hubieran permitido un referéndum como el que quieren los yupilandeses.

¿Que no te parece posible tal ignorancia por parte de un no analfabeto que debería que conocer bien las características políticas de EEUU? A mi tampoco, pero es así:

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Clic para verlo en Twitter.

No podría ser un asunto más clásico, ni más incrustado en la jurisprudencia de ese país. Desde 1869, nada menos. De la sentencia de Texas v. White:

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Ya dejó muy claro el Supremo que la única forma de que un Estado deje la Unión es, o a través de una revolución, o con el consentimiento de los demás Estados. Digan Canadá o el Reino Unido lo que digan. Aunque Canadá, para estupor del profesor, dice exactamente lo mismo.

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Ah, pero el profesor se refiere al referéndum, no a la secesión. Cree con total firmeza que en EEUU permitirían los referendos de secesión, por mucho que la secesión sea completamente ilegal. El problema es que no se trata de un asunto desconocido o hipotético en EEUU. No hace falta creer lo que ocurriría, sino que basta con mirar lo que ocurre. Habrá mas, pero que yo conozca hay tres sentencias recientes en contra del supuesto derecho a refrendar una secesión. En 2003, 2007 y 2010. Y siempre a cuenta del mismo grupo de pelmas. El Alsakan Independece Party.

El AKIP pidió que se incluyera el asunto de la secesión entre las preguntas que se suelen hacer al electorado aprovechando las elecciones. El Gobernador se negó, y pleitearon. Y la corte sentenció en 2003 que la secesión era inconstitucional, y que a tomar rasca. 2003.

En las siguientes elecciones los separatas se pusieron más finos. Y pretendían que la pregunta versara sobre cambios en la Constitución de Alaska conducentes a permitir la secesión. También se lo negaron, pleitearon, y la sentencia reipitió que rasca. 2007

Finalmente apelaron al Tribunal Supremo de Alaska. Con una iniciativa pidiendo que les permitieran, o bien plantear la secesión directamente, o bien hacer un cambio en la constitución para permitirla. Y el Supremo explica que la Constitución de Alsaka sólo se puede cambiar por dos vías. O mediante una Convención Constitucional, ratificada después por un referéndum, o por una propuesta de ley específica que reciba dos tercios de los votos de ambas cámaras legislativas. El pueblo de Alaska no puede usar la iniciativa de referéndum para hacer enmiendas constitucionales. Y, por supuesto, usa la jurisprudencia de Texas v. White que hemos visto más arriba.

Menciona pormenorizadamente la inextrincable unión de las constituciones de Alaska y la Federal. Y también tiene un párrafo muy adecuado para Primero de Derecho Político de los Forestales Juveniles, que el Profesor Chaquetas debería guardar en su mesilla de noche. Para leerlo todos los días antes de dormir.

Moreover, Alaskans’ political lives are inextricably tied to both the government of the State of Alaska and the government of the United States of America.   Citizens of both, we share with all Alaska residents the rights and obligations of our state collective-and we share with all United States citizens the rights and obligations of our federal union.   In fact, fulfilling “the inherent right of [Alaskans] to full citizenship as set forth in the Constitution of the United States” was a primary goal of statehood.46  Altering Alaska’s statehood status and relationship with the federal government would necessarily, and fundamentally, alter the character of each and every Alaskan’s citizenship.

Vete a explicarle a Yupilunya que EEUU no es como Yupilunya. No se lo creerán jamás. Tienen fe. Benditos sean. Y como es kindergarten total, está de moda. A la izquierda le mola.

Fuentes

Twitter, Sala i Martín:

Texas v. White:

Kohlhaas v. State of Alaska

 

 

 

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¿Has visto alguna vez una bandera, o cualquier otro adorno simbólico, prendido en los escaños en el Capitolio de Washington, o en el palacio de Westminster, en una sesión? No, ¿verdad? Y es acojonante, porque esto lo sabes sin necesidad de consultarlo, y sin haber leído el dato directamente. Una culturilla general política te basta y te sobra para hacerte saber que sería imposible. Una herejía tan grande como repartir tortilla de patatas entre los parlamentarios, mientras el jefe de la oposición trata de explicar su postura. O para el caso, como bailar y follar en una sesión. Y lo sabes porque entiendes el sistema, sin necesidad de mirar el puto libro de intrucciones. Se llama RESPETO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN. Donde “expresión” es el discurso de los parlamentarios, pero no las payasadas de los parlamentarios.

En cambio, en España sabes que los parlamentarios pueden besarse en medio de una sesión, dar de mamar a un berreante, o “adornar” los escaños con la simbología o mensajería política que les salga de los cojones. Y todo ello también en nombre del respeto a la libertad de expresión.

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Pues tenemos un problema, Watson. Si los países / culturas que inventaron el concepto “libertad de expresión”, y más han avanzado en él, la defienden mediante un sistema que tú, cafre español, llamas no respeto a la libertad de expresión, quiere decir que “libertad de expresión” significa dos cosas diferentes en ambos mundos. O se practica de formas incompatibes.

Las banderas en los escaños de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña son indudabemente sistema cafre español. Que pueden tener la justificación de que, o no lo hace nadie, o lo hacemos todos. Pero es sistema cafre.

Lo de la zorra que los quita es sistema cafre al cuadrado. Quito unas, pero no otras. Ideología de estado; totalitarismo. ¡Porque está apoyada o consentida por la presidente del parlamento! Y ahí está mal todo:

– La necesidad de Ciudadanos de reivindicar poder hacer lo mismo que hacen los que gobiernan.

– Hacerlo, siendo una cafrada.

– Y la abuela pataleta quitando unos símbolos selectivamente, y no cualquier símbolo por ser símbolo.

A eso es a lo que lleva tu idea de libertad de expresión. A la payasada, el cafrerío, y la confrontación social. Y exactamente a eso es a lo que no lleva el sistema civilizado (y original) de libertad de expresión. El prohibir payasadas, o pataleo, en el mundo o circunstancias reservados para los adultos.

Ahora tienes dos posibilidades.

1. Defender que el sistema cafre es mejor, porque da mayor libertad de expresión. Y con ello defender que en España hay mayor y/o mejor libertad de expresión que en EEUU o en el Reino Unido.

2. Contemplar la posibilidad de tener un error de concepto con libertad de expresión, por no haber entendido el trasfondo del sistema. Porque, ¡vaya por Dios!, en tu libro no sale el trasfondo del sistema, ni el motivo / objetivo de la libertad de expresión. Que en principio no era producir gustito a los sentimientos de los parlamentarios más infantilizados, sino producir el intercambio y contraste de argumentos para poderlos comparar.

Pero tienes que elegir, Marod. O es (1), o es (2). O sea, necesitas tener los cojones de sostener que en el Capitolio o en Westminster hay un déficit de libertad de expresión respecto al circo cafre español. Y como no lo harás, porque hasta tus “cojones” tienen un límite (gracias a Dios), no te quedará otra que empezar a entender la diferencia entre la libertad de expresión” y lo que llamo “derecho al pataleo”. Por ejemplo, lo que se permite en el Capitolio o en Westmisnter es libertad de expresión. Y lo que no, es derecho al pataleo. Que no se permite, precisamente porque dificulta la libertad de expresión.

Nada impide que tengas ambos elementos. Libertad de expresión para producir un sistema inteligente a base de prueba y error, y derecho al pataleo para dar rienda suelta a las pasiones de cuna de la infantería. Pero si los mezclas en vez de separarlos, cada uno con sus espacios y circunstancias, vas a tener mucho de lo segundo y muy poco de lo primero. O sea, Venezuela. O comunismo bananero. O marxismo tropical. Al  final, #kindergarten.

marxismo-tropical

Nota: Todo esto viene de una discusión larguísima, y no acabada aun, en esta entrada anterior:

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