Kindergarten


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Señala el alegre economista – tertuliano una imaginaria paradoja española, de la que tendría la culpa Rajoy. Que plantea así:

La paradoja de que Suecia (con la mitad de horas de sol que nosotros) produzca el triple con energías renovables que España.

La chorrada, como de biberón, no tiene mayor interés. Ya sabemos que los cantamañanas de tertulia están inmersos en una carrera por ver quién dice la burrada más gorda. Y si José Carlos Díez cree que sus seguidores ideológicos no tienen mayor problema en que se compare la energía solar con todo el conjunto de renovables, es asunto suyo. Cada cual habla para quien quiere, y hablar para idiotas funcionales no está prohibido. Pero esto nos da pie para  mirar el asunto, la supuesta paradoja esa, bien mirada. Y averiguar dónde se sitúa España en lo que respecta a la “energía verde”.

Nota. Los datos los sacamos del BP Statistical Review of World Energy June 2018. Son siempre en porcentaje de energía consumida de una fuente, sobre el total  energía consumida (energía primaria). Y las unidades son Mtoe (millones de toneladas equivalentes de petróleo) [–>].

Para empezar, la chorrada de lactante. España consumió 3,2 Mtoe de energía solar. Suecia, 0,04 Mtoe. O sea, España unas ochenta veces más que Suecia. O , en números relativos a su consumo total de energía, que es una comparación más justa, fueron 2,3% frente a 0,1%. Unas treinta veces más. Ninguna paradoja por aquí; Rajoy, o no Rajoy.

La paradoja imaginaria se explica por el motivo que todo el mundo sabe. Suecia tiene muchísima energía hidroeléctrica. Un 27% de su energía primaria, frente al 3% de España. Pero eso depende de la geografía, no depende de Rajoy. También tiene mucha más energía nuclear. 27% frente al 9% de España. Y eso depende de un gobierno socialista, que frenó la energía nuclear en España.

Respecto a “cacharrines verdes” (placas solares y molinillos de viento), que es lo que le interesa a estos tertulianos, la situación es bastante parecida. Con España por delante de Suecia. España 10,3%, y Suecia 7,3%. Donde Suecia es casi todo eólica, sin apenas solar. Exactamente como se podía esperar.

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Pero miremos España comparada con todos los demás países. Tres gráficos. Los diez primeros países del mundo en solar, eólica, y la suma de ambas – o “cacharrines verdes”. Siempre en porcentaje sobre el total de energía primaria consumida.

Solar:

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España es el sexto país del mundo. A Suecia no la verías ni con catalejos.

Eólica:

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España es el cuarto. Suecia, el quinto.

Y la suma de los dos “cacharrines verdes” (sol y viento):

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España, el cuarto; con Suecia de séptimo.

Y tenemos que aquí sí hay una paradoja, pero no es la paradoja que pensaba José Carlos Díez. Podría llamarse la paradoja José Carlos: la gente inteligente dice chorradas descomunales, a poco que se meta en la carrera de la tertulia. O la carrera de la ideología, que tal vez sea lo mismo.

En todo caso es interesante ver la situación general, ahora que va a haber elecciones. Si algún partido te dice que España va retrasada en el empeño de encarecer la energía a base de cacharrines verdes, ya sabes que “retrasada” quiere decir el cuarto del mundo. También sabes que el primero, que va muy destacado, es el que tiene la electricidad más cara. Y de forma apabullante. Se lo puedes recordar a Ciudadanos, a los que cada vez se les va poniendo más cara de paradoja José Carlos.

Añadido para los comentarios. Los países menos dependientes de combustibles fósiles, y la forma en que lo consiguen. Donde “renovables” es sólo “cacharrines verdes”. Aquí sí destaca Suecia; pero por hidráulica, que no depende de Rajoy, y por nuclear, que si depende de los socialistas. Sin ellos, tal vez estaríamos en un lugar tan destacado como Francia.

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Fuentes.

De la paradoja, artículo de José Carlos Díez en Crónica Global El Español:

De los datos, BP:

 

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Hay que fastidiarse. Desde Vox nos estaban diciendo que no es que haya algunas disfunciones que corregir en la Ley Integral de Violencia de Género, sino que es una cagada de origen sin arreglo posible. Con dos pegas fundamentales: la culpabilidad sin necesidad de prueba de la mitad de la población; y una desigualdad penal por motivo de sexo, que condena más la misma acción y el mismo resultado, si lo hace un hombre. Todo esto lo negaba rotundamente “el consenso”.

También señalaban desde Vox otros problemas, como los chiringuitos feministas en los que la pasta apenas llega al objetivo que se le supone. Pero esta no era la discusión, y el PP y C’s decían que era el tipo de problemas que se pueden corregir sin quitar la ley. Ni siquiera cambiarla.

Y ahora sale el Supremo con una sentencia espectacular. Diciendo, exactamente, lo que dice Vox. Tomo el asunto y los escaneados de este hilo en Twitter de Matthew Bennett (@matthewbennett), probablemente el periodista más eficaz de España. (Seguid el hilo).

Pero resumo el caso:

Una pareja, que convive y tiene un hijo, anda de copas. Discuten sobre cuándo irse a casa. Pongamos que el tío quiere seguir, y ella no; algo así. Y en el calor del debate, la tía le larga un puñetazo a la cara a él. Este responde con un sopapo a mano abierta, y la colega remata el asunto con una patada.

No hay lesiones. No hay denuncia. No pasa nada. Salvo un pequeño detalle: diligencias urgentes en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer. Y de ahí, al Juzgado de lo Penal. No sabemos cómo se han enterado los de la Violencia sobre la Mujer.

Juicio. ¡Que se vayan a casa, coño, que aquí no pasa nada!

La Fiscalía recurre.

Juicio 2. ¡Que se vayan a casa, coño, que aquí no pasa nada!

La Fiscalía recurre al Supremo. Sentencia: ¡No, no, no! Esto no es una pelea cualquiera. Entra en “violencia de genero” (machismo) para él, y en violencia doméstica para ella. Y eso no requiere denuncia, ni lesiones, ni leches. Y además, en el caso del tío tampoco hay que probar el machismo; lo lleva de fábrica.

Al tío: 6 meses de prisión, y orden de alejamiento de su chorbi.

A la tía: 3 meses, y orden de alejamiento del machista.

Tiene toda la razón Vox. Es verdad que no hay que probar el “machismo”. No se trata de una intención, sino una circunstancia (ser hombre). Y la pena es distinta en función del sexo.  Lo dice el Supremo con todas sus letras.

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Me parece apasionante. Yo apuesto porque la chavalada no tendría dificultades en entender una diferencia de pena en función de la diferencia de fuerza. Es como si dos atacan a uno; no es lo mismo que uno atacando a dos. O como si un armario de 90 kg le larga un puñetazo a un flaco de 60. Se puede entender una asimetría penal basada en una asimetría física. Tiene más alevosía lo del fuerte: no es probable que le contesten. El problema es que la ley española no basa la asimetría en la diferencia de fuerza, sino en prodigios feministas.

Tribunal Consitucional:

No resulta irrazonable entender, en suma, que en la agresión del varón hacia la mujer que es o fue su pareja se ve peculiarmente dañada la libertad de ésta; se ve intensificado su sometimiento a la voluntad del agresor y se ve peculiarmente dañada su dignidad, en cuanto persona agredida al amparo de una arraigada estructura desigualitaria que la considera como inferior, como ser con menores competencias, capacidades y derechos a los que cualquier persona merece (…)

¿Han contemplado cambiar la ley cuando desaparezca esa “arraigada estructura desigualitaria que la considera como inferior, como ser con menos competencias, capacidades y derechos”? ¡Ni hablar! No vaya a ser que tengamos que ponernos a mirar si acaso no ha desaparecido ya la arraigada estructura. O que tengamos que juzgar si el acusado participa realmente de esa “estructura”, por mucho que “la estructura” ande por ahí, volando en el aire. Nope, cascamos  una “culpabilidad de estructura”, y con eso conseguimos culpables por defecto. ¡Que es, exactamente, la maldita tesis de Vox! Y lo que le puede dar votos a porrillo, porque no hay quien lo entienda, ni quien lo trague. Y con esto nuevo del Supremo, ya queda niquelado. Ahora nadie va a dudar que Vox está interpetando correctamente la ley. Y que el kindergarten miente al respecto. Mucho.

No es ninguna broma. El gran peligro de estos populismos es que en algunas cosas tienen razón. Y si les quitamos la razón cuando la tienen, solo por ser populismos, la conclusión de mucha gente -a la vista de la obviedad- será que tienen razón en todo. O en casi todo. O en lo suficiente. Y les votarán.

Parece muy fácil combatirlos con etiquetas. Pero no funciona. Aunque se entiende que es my cómodo eludir la responsabilidad que podemos tener en que les voten, al negar lo obvio y preferir el etiquetado mágico.

Actualización / añadido (10/1/2019). Miguel Pasquau Liaño está de acuerdo en que el Supremo le da la razón a Vox, aunque no lo dice así.

Las consideraciones expuestas me llevan no tanto a criticar técnicamente la sentencia del Tribunal Supremo  (que no se ha pronunciado sobre lo que “debe ser”, pues no es legislador, sino que sólo ha interpretado lo que “la ley quiere y dice”), sino más bien a concluir con pesadumbre que, en vista de esa interpretación, tiene sentido plantearse una reforma legal.

Lanzo al respetable el siguiente experimento mental. Imaginemos que en España hubiera unos 60 asesinatos de pareja al año, con las víctimas repartidas por igual entre mujeres y hombres. ¿Estaríamos hablando, con escándalo, de un problema que supone el 0,02% del total de muertes en España? Lo dudo mucho. Hay otras causas mayores de muerte sobre las que -en teoría- se podría actuar, y no nos escandalizan nada.

Es 19 veces más frecuente que una mujer se suicide, a que la mate su pareja masculina. Y 53 veces más frecuente que un hombre se suicide, a que mate a su pareja femenina. Pero nadie hace una guerra o campaña moral contra el suicidio. Bueno, nadie, hasta que la podemía intena relacionar suicidios y desahucios, y con eso ya tiene alguien a quien atacar. Que es una característica de la lucha moral; no es tanto para favorecer a alguien, como para atacar a alguien.

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¿Por qué apuesto que la misma cifra de asesinatos de pareja, pero bien repartidos, no darían nada que hablar? Por otros ejemplos relativamente similares, como suicidios, carreteras, y homicidios en general.

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Hace unos años hubo mucha acción contra las muertes en carretera. Y ahí tenemos un ejemplo del tipo de cifra que nos motiva a la acción. Por ejemplo, en 1989 las muertes en carretera suponían un 2,5% del total de muertes en España. Dos órdenes de magnitud más que la “violencia de género”. Y ha bajado a representar, en 2017, el 0,5% de las muertes totales de España. Aun así, 18 veces más que la violencia de género. Pero ya no hablamos con escándalo de las muertes en carretera, ni pensamos en ulteriores esfuerzos. No nos permitiría atacar a nadie, no tiene morbo.

Si hablamos de suicidio, es mucho peor. 0,9% del total de muertes, en vez del 0,5% de accidentes de tráfico. Pero hay una diferencia; es fácil pensar en formas eficaces de reducir los accidentes de tráfico, pero no mucho para los suicidios. Lo que nos da otra pista verosímil de lo que nos mueve a la acción, cuando no se trata de atacar a un grupo (una “guerra moral”). No solo se trata de la cantidad de muertes que ocurren, sino de las razonables posibilidades de conseguir algo con el esfuerzo. De cajón. No actúas si no esperas resultados, o si el coste es inasumible. Salvo cuando el objetivo es el actuar, y no el resultado.

Podemos darle una vuelta de tuerca al ejercicio mental. Es obvio que dentro de la pareja, la violencia física será casi exclusiva del hombre. En los mamíferos, la violencia física dentro de la especie corre abrumdoramente del lado de los machos. Por eso el 90% de todos los homicidios los producen hombres. ¡Pero los hombres matan a muchos más hombres que mujeres. Sin que nadie se escandalice por la violencia “no machista”! Y supongo que tampoco será “machismo” que los hombres salven con gran preferencia a las mujeres sobre los hombres. La frase -las mujeres y niños primero- es la quintaesencia del “heteropatriarcado machista”. Eso, aparentemente, no hay que corregirlo. Ninguna desigualdad a la vista, ahí.

No hay ninguna violencia “machista” estructural. Sí hay una estructura por la que el macho es más violento (en general) que la hembra. Pero no mata mata más mujeres “por ser mujeres”, sino lo contrario. Y además, es una medición muy fácil de hacer, que yo sospecho que nadie quiere hacer. Se perdería el fomidable morbo moral de atacar a un grupo por lo que es.

Medida posible: ¿Qué tasa de homicidios de pareja hay en parejas homosexuales masculinas, comparadas con las heterosexuales? Si fuera la misma tasa, no serían asesinatos “por ser mujeres”, sino por ser pareja. ¿A que no se le ocurre medir eso a ninguna de nuestras combativas feministas, corriendo el riesgo de que se vaya al carajo toda su apasionante lucha moral?

De ahí mi apuesta. No es un problema de cantidad; es un problema de igualdad. De una igualdad que ni existe, ni va a existir. Se puede reducir la violencia. Se ha hecho. Y seguro que se puede hacer más, y se hará. Pero intentar reducir el diferencial de violencia macho / hembra, en una especie de mamíferos, es de coña. Aunque igual no se trata de eso, sino de una conveniente disculpa para … lo que se ve. Disculpa que nunca va a desaparecer, mientras exista un solo asesinato de pareja. ¡El asesino será hombre! Semos así.

Complemento añadido. Un artículo intresante de Marta Iglesias:

Complemento añadido. Estudio que apunta a los que se pregunta en la entrada.

Intimate Partner Homicide Methods in Heterosexual, Gay, and Lesbian Relationships. Krystal D. Mize, MA Todd K. Shackelford , PhD. Florida Atlantic University.

Homicide rates for married and unmarried heterosexual partners, gay partners, and lesbian partners were calculated using population estimates secured from the U.S. Census (2003; population estimates available on request). The intimate partner homicide rate was:

  • 63.72 per million per annum for gay couples
  • 21.25 per million per annum for heterosexual couples
  • 9.07 per million per annum for lesbian couples.

Añadido, para los comentarios:

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Esto no tiene demasiado que ver, pero es para guardarlo aquí. Y que nadie entienda que me parece mal; solo es información.

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Fuentes. Los datos vienen del INE:

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2018 nos ha regalado una paradoja de las bien guapas. El estallido, o tal vez los primeros pertadazos, de esa “guerra moral” posmoderna que llevan las plataformas tecnológicas de Silicon Valley contra el pensamiento -digamos- clásico (“ilustrado”). La paradoja consiste en que las tecnológicas están dirigidas por un claro nicho de izquierda posmo, que en principio están muy de acuerdo con que el estado lo regule todo; mientras que sus víctimas son casi todas de derechas, en principio totalmente reacias a cualquier intervención regulatoria estatal. ¡El santo mercado lo arreglará! Pero el santo mercado no arregla nada, y las tecnológicas les está jodiendo vivos. Todo es “hate speech”. La derecha que no traga las normas morales posmo está siendo sistemáticamente expulsada de toda la comunicación en internet. Y no puede defenderse con una regulación civilizada contra la discriminación, porque … ¡atentaría contra la libertad de mercado!

Su propia filosofía les impide pedir o proponer una normativa sensata, como sería que una “red social” de índole general no pueda discriminar a una ideología que tiene todos los permisos de circulación política en orden.

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Ejemplos hay a patadas y de todos los colores. Hoy he visto uno nuevo.  Hay unos tíos que apoyan la chifladura del muro de Trump. Que, chifladura o no chifladura, es mercancía política completamente legal. Como que es parte de la campaña de la presidencia electa. Pero al Kindergarten de las tecnológicas no les gusta, y si alguien pone un enlace en Twitter a la web de apoyo que usan (https://wefundthewall.com), al clicarlo te sale esto:

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Por supuesto que la web ni es insegura, ni tiene virus, ni hace nada raro. Pero según Twitter, va contra las normas de Twitter. O sea, la política del presidente del país va contra las normas de Twitter. Pero esas normas no se han inflingido en Twitter, sino fuera. Y Twitter persigue a los que incumplen su censura moral … ¡fuera de Twitter! La quintaesencia de la persecución ideológica. Y ahora resulta que los liberales alegres no pueden protestar cuando una red social -que no se anuncia como un sitio de partido o de ideología, sino general y sin sesgo político- discrimina por ideología. ¡Porque esa protesta atentaría contra la libertad de empresa!

A menudo alegan cosas extrañas como que en mi casa entra el que yo quiero. Pero un negocio no es una casa, ni de coña. Otros ponen el ejemplo de un bar, con su reserva del derecho de admisión. Pero eso no quiere decir que se pueda impedir la entrada de un moreno al bar, o de alguien que lleva una pulsera arco-iris. ¿Esa sería la “libertad de empresa” que querrían; las empresas “libremente politizadas”? Pues ese “liberalismo” sería completamente anticivilización. Literalmente una mierda insoportable.

¡Puedes elegir otro bar!

Pues tampoco. A los bares frecuentemente se va en grupo. Y resulta que el moreno estaría jodiendo a los amigos, que no pueden ir al bar que quieren, ¡por culpa del moreno! Una red social, ni te cuento. Por eso se llama “social”, precisamente.  Ambos tienen cierto matiz de calle, que es lo que no pasa con “mi casa”. Un bar es mucho más una calle que una casa. Lo que pasa es que es una calle de propósito especifico. Para hacer algo concreto. Y lo mismo le pasa a un negocio. Tienen actividades concretas, y estas se regulan para su buen fin. No puedes poner un saco de estricnina al lado de la carne para consumo. Y no puedes dejar el asunto en manos de la vigilancia y buen sentido de los clientes, que están a otra cosa.

El problema está engordando mucho. No se trata solo de espontáneos haciendo micro blogging en Twitter o Facebook. Los cafrecillos habituales con sus guerras ideológicas. Les pasa lo mismo a los creadores de contenido profesionales que habían encontrado un gran nicho en internet. Especialmente Youtube, donde puedes encontrar un periodismo, o contenidos, de calidad infinitamente superior a la prensa de siempre. Dos ejemplos para quien no conoce el asunto.

The Rubin Report. Un millón de suscriptores, y vídeos de hasta unos cuantos millones de visualizaciones.

Jordan B. Peterson. Un millón y medio de suscriptores, con vídeos también en el orden de hasta unos pocos millones de visualizaciones.

La platafoma de todos ellos es Youtube. No queda otra si quieren ir donde está el público. Es, también, calle. Pero Youtube también es Silicon Valle, Kindergarten, y con toda su mierda posmo. Y por supuesto, putea a los de siempre. Con un sibilino método muy eficaz. Los creadores viven del porcentaje que se llevan de la pubicidad de Youtube sobre sus vídeos. Pero Youtube decide que algunos contenidos son inconvenientes para sus anunciantes. O la consabida turba le convence de ello. Y entonces “desmonetiza” los vídeos que son pecado para su moralina. Les quita la publicidad, y con ella los ingresos. Y desaparece, también de internet, todo un sector de ideología política.

Los creadores malditos encontraron una alternativa. Otra tecnológica que se dedica a poner en contacto a micro-patrocinadores con creadores, haciendo de canal de pago entre consumidores y auores. Patreon. Y con eso pudieron seguir con su producción y modelo de negocio. En condiciones más incómodas, pero podían. ¿Problema? ¡Que Patreon también es del Kindergarten de Silicon Valley, coño! Y ha empezado a cerrar las cuentas de patronazgo que no tienen el “nihil obstat” de la progresía.

¡Ah, el lindo olor de la libertad de mercado por encima de todas las cosas! Chúpate esa.

Que sí, que los apestados pueden montar sus propias empresas tecnológicas. Claro. ¿Pueden? Seguro, pero si querían librarse del sego político del periodismo, lo llevan claro.

Periodismo:

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Y tecnológicas de internet:

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¡Claro que se puede! Pero que unos tengan infinitas más dificultades para hacer su labor, por motivo de su ideología, es exactamente la definición de discriminación política. Que les den morcilla a los liberales alegres y a su “libertad de empresa” como absoluto moral. No hace ninguna falta tener libertad de discriminación política para tener libertad de empresa. Y la libertad de expresión puede basarse en un elemento moral, si estás muy ideologizado; pero también tiene un componente práctico mucho más importante. Si quieres desarrollar buen pensamiento, necesitas asegurar la diversidad de pensamiento y su contraste. Está bien experimentado y medido.

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Así que habría que salvar a los liberales alegres de sí mismos. Moralina por moralina, tan nefasta es la del kindergarten posmo como la suya. Y tan necesaria es la regulación estatal para frenar la una como la otra.

Actualización. Brian Kolfage, a quien no conocía, y es al que le suprimen el enlace en Twitter, había sido previamente expulsado de Facebook. Laura Ingrham le hizo una entrevista en Fox News:

Fuentes:

Businessinsider: Charts show the political bias of each profession

 

Newsbuster: Patreon changes rules to justify banning free speech.

Añadido para los comentarios:

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vox

Si la histeria con Vox afectara solo al kindergarten, tendría hasta gracia. Imagina un planteaminto que podría ser muy convencional:

A mi Vox no me dice nada, pero visto el baile el San Vito que le ha entrado a toda la recua posmoderna, dan hasta ganas.

Podría servir para una estrategia del tipo: nene, o te portas bien, o llamo a Vox. Y cuanta más histeria, más posibilidades tendría la jugada.

Lo que no se entiende es que el síndrome también afecta a bastante gente dentro de lo que podríamos llamar “normal”. Esto es, adulta y razonablemente ajena al kindergarten. ¿De dónde viene esa histeria? Y no explican mucho; se limitan a repetir las etiquetas mágicas de los niños. Extrema derecha; ultra derecha; fascistas. Como si eso quisiera decir algo claro y definido, y todos tuviéramos que entender su significado. Pues no, mira; NPI. La etiqueta se le ha aplicado al PP, y a Ciudadanos, con notable frecuencia; y al PSOE, a veces. Y en ese plan solo podría significar: ni comunistas tropicales, ni etno-nacionalistas, ni filo-terroristas. Y eso es imposible que describa algo “malo”, ni siquiera inconveniente. Al contrario, sería una medalla; un título de virtud.

Estamos hablando de la histeria con Vox, no el desacuerdo con ese partido. Concretamente, esa idea de que son apestados con los que no se puede tratar, como propone Manuel Valls. Obviamente tiene un alcance mucho mas restingido; ni en sueños alcanzaría a otros partidos que no sean Vox. Bien, pero, ¿por qué? Si lo de extrema o ultra derecha va de designar una zona de la geografía política, o bien no tendría por qué ser automáticamente pecaminosa, o bien -si uno abomina de las posiciones alejadas del centro- debería afectar tanto a la derecha como a la izquierda alejadas del centro. Y serían tabú, tanto la extrema-ultra derecha como la extrema-ultra izquierda. Así tendría un sentido, pero Valls y compañía no van por ahí. Para ellos hay algo malo en un extremo que, al parecer, no hay en el otro. Lo de ¡fascistas!, supongo.

Vale, ¿y qué quiere decir fascistas en este contexto? ¿Que proponen un partido único, con totalitarismo, y un control estatal de la economía con grandes dosis de estado del bienestar – a la Mussolini? Eso no puede ser, porque no es lo que propone Vox. Ni de lejos. Hay otras inconveniencias que sí parecen padecer los de Vox, a juzgar por sus propuestas. Y pueden ser rechazables para Valls (o para mi), pero que ni de coña definen algo que se pueda llamar “fascismo”.

  • Nacionalistas. Vale, pero ni eso hace fascistas por sí solo, ni los etno-nacionalistas separatistas lo son en menor medida. Al contrario.
  • Meapilas. Como si la clásica Democracia Cristiana fuera a ser fascismo.
  • Xenófobos. Sí se les puede achacar un matiz de xenofobia. Pero en cualquier caso, estarían a años luz de los egregios racistas que hacen política con supuestos baches en el ADN, o el RH, o los genes ¡franceses!; y directamente largan insultos étnicos sin el menor complejo. Quiero decir que si se ha de considerar xenófobo a Vox, serían como un convento de delicadas monjitas dentro del mercado de la xenofobia. Salvo que la hispanofobia no entre en xenofobia, y me cuesta creer que Valls y compañía sean capaces de defender eso.

Y ya solo nos queda la posibilidad de que “fascistas” sea un término genérico para decir “malos”. Como el pecado, el maligno, los intocables. Puede ser. Pero, fuera de la religión, los malos son los que se comportan mal. Y en política, comportarse bien o mal depende de lo que el sistema político concreto defina como deseable, o a evitar. En un sistema basado en la libertad de expresión, el voto, y los derechos ciudadanos, no tiene duda de que la quintaesencia del mal comportamiento ha de ser lo que atente contra esos principios. En el máximo grado, la violencia contra la libertad de expresión, los derechos políticos, o el voto. Y entonces no hay más que preguntarle a Valls (o a cualquiera). ¿Quién crees que te va a impedir violentamente dar un mitin; Vox, o más bien esos otros extremos para los que no ha sugerido ninguna medida sanitaria? ¿O quién apuestas que se va a manifestar contra el resultado de unas elecciones?

Menos lobos, Caperucita. Discrepancias con Vox, todas. Pero no más que con otros extremos. Y de “fascistas” o intocables, nada. Para hacer de algo un pecado en política, tienes la violencia de motivación política. Hay que mejorar esas gafas.

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Añadidos, para los comentarios:

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Por Al, desde el blog Txirlo

Hace unos meses leíamos en un periodico que el actor Morgan Freeman era acusado de acoso sexual por ocho mujeres. Así, sin matices ni dudas. La reputación de este gran actor quedaba por los suelos.

Hoy leemos en el mismo periódico que as acusaciones de acoso contra Morgan Freeman quedan en nada, ¿quién restituye ahora su reputación?

Una periodista de la cadena CNN fabricó evidencias para acusar a Freeman, según publica el portal web ‘Red Etica’

Nos cuentan ahora como un grupo de 16 personas, tanto hombres como mujeres, acusaron en verano de comportamiento indebido que derivaba en acoso. Meses después, la acusación se ha diluido. Ni ha intervenido la justicia en el asunto ni han surgido nuevas pruebas concluyentes contra el actor. De hecho, en su caso se ha hablado de fraude periodístico. En un artículo publicado por el portal Red Etica de la Fundación de Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, se describe cómo una periodista de entretenimiento de la cadena CNN, Chloe Melas, fabricó evidencias para acusar a Freeman. “Todo fue un fraude de una reportera racista de CNN”, asevera Tomoo Terada, escritor y autor del artículo.
El texto afirma que de las 16 personas que acusaron al actor, 14 eran anónimas, y que posteriormente dos de esas fuentes confirmaron que nunca tuvieron problema alguno con el actor de 80 años. A Freeman lo acusaron de hacer sentir incómodos a hombres y mujeres con sus comentarios, y de tocarle la espalda y los hombros a algunas mujeres sin permiso.

Aunque Freeman exigió una disculpa y que CNN se retractara, la cadena se ha mantenido firme en su relato.

Casi con seguridad y como ocurre habitualmente, Morgan no entrará a pleitear contra la periodista, una forma de seguir inmerso en la publicidad negativa y que las y los feminazis le sigan poniendo a parir, y así nuestro ministerio fiscal español podrá seguir alardeando de que no hay prácticamente denuncias falsas porque solo el 0,01 de las denuncias por acoso acaban siendo declaradas falsas.

La Fiscalía detalla que, de las 1.055.912 denuncias por violencia de género que se pusieron entre 2009 y 2016, se incoaron 194 causas por denuncias falsas suponiendo un 0,18%. De ellas sólo han resultado en condena 79 (el 0,0075%) y, si se les suma las 110 causas en tramitación -pendientes de fallo-, el porcentaje sería del 0,01%, señala la Fiscalía.

Y como no hay denuncias contra las falsas denunciantes, deducimos que NO HAY DENUNCIAS FALSAS y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Y no se te ocurra protestar,
que machista te harán llamar.

Original en el blog de Al:

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En el circo de los payasos, los que hacen las payasadas máximas se reafirman:

llamamos fascistas a los que nos dicen golpistas

Y mi perro se tira pedos. El problema es que no le puedo llamar fascista a mi perro sin quedar como un perfecto imbécil. Porque el fascimo no tiene nada que ver con las ventosidades caninas. Exactamente igual que no tiene nada que ver con ninguna de las propuestas políticas de C’s, o con llamarle golpista a alguien. Acusar a alguien de golpismo puede estar justificado, o no, pero no puede ser fascismo.

Si me llamas tonto, yo te llamaré gilipollas.

Chupi canela, nene. Pero que tú seas tonto depende de tu falta de inteligencia, y que yo sea gilipollas depende de lo que entiendas por tal. De lo  que no dependerá nunca será de tu pataleta infantil, ni de la mierda que escupas por la boca.

Pero tiene razón la institutriz del Congreso [Voz Populi ->].

“No voy a permitir que se repita”. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, intentó poner orden en la sala. Una sesión de control sin apenas contenido pero incendiaria en las formas. “No voy a permitir los insultos”, dijo Pastor desde el púlpito del Hemiciclo. Y anunció que ordenará borrar las palabras ‘golpista’ o ‘fascista’ del diario de sesiones.

Y desde el peperío protestan [El Español ->]:

El PP considera un ejercicio de equidistancia la reprobación de uno y otro adjetivo. Varios dirigentes conservadores, a las puertas del hemiciclo, aseguraron que seguirán llamando “golpistas” a los políticos separatistas: “Octubre de 2017 fue un golpe contra el Estado de Derecho. Por tanto, decir ‘golpista’ responde a un hecho. Lo de ‘fascistas’ no se sostiene porque lo utilizan contra los demócratas”.

Pero aunque tienen razón los del PP, ni es práctico, ni es una buena estrategia. No puedes convertir las sesiones del congreso en una disquisición sobre la justificación de lo que se llaman los unos a los otros. Es mucho mejor no llamarle cosas a nadie, sin dejar de decir lo que hacen. Es un poquito más largo, no mucho; y a cambio es mucho menos Kindergarten. Y ya sabemos quién gana jugando a patio de colegio.

Por ejemplo, para sacarle los colores al dr. Tóntez, y tocarle los cataplines a ERC, en vez de decir:

… ustedes son socios de los golpistas.

muy bien pueden decir:

… ustedes son socios de los que acaban de intentar un golpe de estado, y presumiblemente siguen en ello.

Una forma muy eficaz de llamarle a alguien golpista, sin que nadie te pueda acusar de insultar. Y es una estrategia especialmente eficaz contra el Kindergarten: señala el “hacer”, no el “ser”.

Y si ya con la inercia pillamos la postura, se podría empezar a pensar en prohibir pancartas, carteles, banderas y disfraces en el parlamento. Como si fuera una democracia seria en lugar de una democracia circo.

 

 

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