Kindergarten


El kindergarten ha sacado un estudio para reafirmar su teoría favorita respecto a la discusión del cuento clima. Para explicarse por qué diablos sigue habiendo discusión, en vez de que todo el mundo haya aceptado su “verdad”. La tesis, obviamente, es que los republicanos son deplorables. Como todo el mundo sabe. Y el estudio es poner, en un mapa de los condados USA, el resultado de encuestas sobre la culpa del hombre en el Calentamiento Global Acojonante. Tal que así:

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Los datos suman 18.000 encuestados. Que en principio daría una media de seis fulanos por condado. Pero son en varias oleadas entre 2006 y 2016, así que en cada oleada son todavía muchos menos participantes por condado. Probablemente algo como media persona por condado. Tiene toda la pinta que tenían una idea fija en la cabeza, y querían sacar un resultado casi calcado al mapa de las últimas elecciones. Cosa lograda con gran éxito:

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Por supuesto que la conclusión le parece evidente al kindergarten:

But it is no mystery. Republicans deny climate change because they are Republicans and that’s what Republicans do

Bueno, no es cosa de los republicanos de EEUU, según datos de otro artículo del mismo autor. Es algo internacional. La división en la discusión del “cambio climático” coincide mucho con la división derecha / izquierda.

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Podemos aceptar esos números aunque en el caso de los condados de EEUU parezcan escasas las entrevistas. ¿A dónde nos llevan? Según este kindergarten, a pensar que como la gente es tonta (tanto republicanos como demócratas), su opinión se explica porque se limitan a seguir como borregos lo que dicen sus medios de comunicación y sus políticos.

Especially when it comes to something like climate change, which for most people is largely an abstraction, they are content to adopt the beliefs and tropes of their tribes, to go along with what their peers and trusted authorities say. This is true of Republicans and Democrats alike.

Republicans will accept that climate change is an urgent problem that warrants a policy response when leaders in conservative politics and media begin treating it that way. That is the only thing that can or will change the partisan divide on climate.

La tesis es muy bonita, y muy kindergarten. La gente no sabe pensar, o no le interesa, y lo que necesitan los niños son personas mayores que les digan lo que tienen que opinar. Si todos los mayores dijeran lo mismo, no tendríamos problemas con la cosa del clima. La forma de acabar con la división es callar los altavoces “negacionistas”. Silenciar a la derecha.

La única pega es que cuando uno mide la realidad de una forma un poco más fina, no encuentra eso. Por ejemplo, según más conocimientos científicos tienen los republicanos, menos probable es que se traguen el cuento de clima. Y los demócratas al revés.

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Figure 4. Belief in human-caused climate change in relation to performance on climate science literacy assessment and political outlooks. Source Kahan (2015a). N = 2000, nationally representative sample. “Ordinary Climate Science Intelligence” is climate-science literacy test. Scores for “Liberal Democrat” and “Conservative Republican” based on logistic regression model. Colored bars denote 0.95 CIs.

Se puede esperar que cuanta más dificultad tenga la gente en digerir lo que dicen los científicos, más se dejarán llevar por la prensa y sus políticos favoritos. Pero resulta que esos que tienen más dificultades para entender cuestiones científicas son justamente los que tienen una postura más indefinida. Los que lo tienen más claro, en un sentido o en el otro, son los que más conocimientos tienen. Pero si son los que más conocimientos tienen, no se puede esperar que vayan a estar dependiendo más de lo que digan periodistas y políticos de su cuerda. Será al revés; que ellos influyen a los periodistas y políticos.

También era rara la idea de que la solución para la divergencia sobre el clima fuera silenciar ¡aun más! la discrepancia (el “negacionismo”). ¿Hasta dónde quieren llevarlo, si ya es absolutamente abrumadora la apisonadora “afirmacionista”?

En realidad hay dos maneras de enfocar esta aparente paradoja.

1) Puedes pensar que unos razonan correctamente y otros no, y buscar el motivo para la aberración de los que razonan incorrectamente. Es el sistema kindergarten. Que tiene dos variantes. El adejtivo, y la gimnasia. El adjetivo es llamarles deplorables (o similar), y pensar que eso lo explica todo. Es lo que hace el cretino del artículo de los mapas que comentamos, David Roberts.

La versión gimnasia la ejemplifica  Dan Kahan. Mayores conocimientos permiten “fabricar” mejor los argumentos sesgados. Y resulta verosímil; suena a que podría ser. Pero esa idea funciona igual de bien para los dos grupos. A partir de ahí nunca podrías saber quién está más en lo cierto, ni por qué.

2) También puedes pensar la opción más sencilla y frecuente. Que tanto republicanos como demócratas razonan con una corrección e inteligencia similares, pero partiendo de asunciones diferentes. Y eso explica perfectamente la separación en función de la “inteligencia científica”. Los conocimientos aumentan la seguridad / convicción; pero asunciones opuestas llevan a conclusiones opuestas.

Vale, ¿pero qué asunciones opuestas se pueden tener en ciencia? Joé, pues con la ciencia posmoderna, la asunción más básica. ¿Qué es lo que hace una evidencia abrumadora? Y mira qué fácil es:

Asunción kindergarten (o posmo): El consenso; una teoría inteligente; unos modelos muy guay y muy caros. A más consenso, más abrumadora la evidencia. Por eso están todo el día midiendo el consenso, y mintiendo al respecto.

Asunción clásica (o facha, republicana, cerdo de derechas, etc): Evidencia empírica; que se nota esencialmente en predicciones acertadas consistentemente. Cuanto más difíciles y consistentes las predicciones acertadas, más abrumadora evidencia. Y predicciones fallidas suponen evidencia … de la incorrección de la tesis.

Por eso la ciencia clásica decía:

es una regla establecida de la Sociedad, a la que siempre se adherirá, no dar nunca una opinión como cuerpo, en ningún asunto que se le presente, tanto sea de la naturaleza como del arte.

O en una versión más moderna:

Y el problema es tan sencillo como que las dos “culturas” hacen razonamientos muy válidos … según sus asunciones opuestas. Por eso son dos resultados correctos ambos, pero de distinto signo. Y es un problema más viejo que el tebeo. Las discusiones irreconciliables entre personas no perdidamente idiotas casi siempre lo son por las distintas asunciones de partida. Pero el kindergarten no puede verlo, porque no quiere saber nada de la discusión sobre las distintas calidades (acierto estadístico) de los distintos tipos de evidencia.

¡Claro que es una discusión muy influida por las posturas políticas o “culturas”! Como que -en general- estas marcan el peso relativo de la realidad frente a las “ideas”. Los “conservadores” siempre han sido mucho más de realidades, y los “revolucionarios” de ideas. Y esa diferencia también separa el mundo de la empresa (crean “cosas”, y se la juegan) del mundo académico (crean “ideas”, y son totalmente irresponsables de las mismas).

Resumiendo. El lindo mapa que separa el “negacionsimo” del “afirmacionismo” en EEUU podría ser cierto, aunque el método no inspire confianza. Pero eso no significaría que los republicanos sean deplorables, sino que son más realistas que idealistas. Y el kindergarten no lo entiende, aunque fuera del kindergarten lo sepa todo el mundo.

Fuentes:

David Roberts en Vox:

Kahan:

En la plaza (más Kahan):

Philosophical Transactions of the Royal Society of London, year MDCCCXXIL (Advertisment) — sobre la “asunción clásica”:

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Alguien decía que para conseguir que una buena persona haga algo malo, no hace falta convertirlo en mala persona, sino convencerle de que lo malo es bueno. La reversa también funciona. En general hay pocas malas personas; lo que sobran son malos convencimientos. Por ejemplo, ideologías, religiones … ¡y kindergarten! Y siempre son convencimientos colectivos. Parece como si los fulanos, uno a uno, no tuvieran fuerza para convencerse solos de que las barrabasadas están bien. Pero en tribu la peli cambia.

La cuestión es que Pruitt, flamante jefe Trump de la Agencia de Protección del Medio Ambiente (EPA), le ha dado una patada al avispero. Y los niños se han revolucionado. Están meando fuera del tiesto. Ya comentamos aquí las declaraciones en questión. Y quedó muy claro que Pruitt no decía ninguna burrada, ni siquiera nada  sorprendente.

Hoy Judith Curry tiene una entrada al respecto. En la que confirma esa misma idea desde su visión de experta especialista en la materia.

No encuentro nada en lo que dice con lo que estar en desacuerdo: no sabemos cuánto del calentamiento reciente se puede atribuir a la humanidad. En mi opinión esta es una postura correcta, y sana tanto para para el debate científico como el político.

Pero entre los artículos que enlaza como ejemplo del avispero enloquecido tiene una perla preciosa. Un kinedrgarten llamado David Robert, en Vox. Que lo clava. Comprende y resume el debate a la perfección. Y explica que no se trata de Pruitt, ni se trata de los hechos. Se trata de qué es “evidencia”, y de quién manda. Literalmente Alicia en el País de las Maravillas (G. Bueno).

Establecemos instituciones científicas, gobernadas por ciertos tipos de reglas gremiales y normas respecto a la objetividad, reproducibilidad de los resultados, peer review, etc. Estas instituciones recolectan y analizan conocimiento, y nosotros acordamos colectivamente otorgarles autoridad y aceptar sus resultados.

Por ejemplo la eugenesia, supongo.

El rechazo de la derecha de aceptar la autoridad de la ciencia está en línea con su rechazo de la prensa “mainstream”, la academia, el gobierno, las instituciones comunes y las normas que nos unen y contienen nuestras disputas políticas.

Sí, eso es exactamente lo que quieren, pero esta vez en versión desnuda de todo disimulo. Una élite encerrada en sí misma para gobernarlos a todos. El triunfo de la izquierda kindergarten sin posibilidad de discusión. Por ejemplo, si “el consenso” (las burocracias de las academias y tal) deciden que los modelos climáticos de chichinabo son la “evidencia” necesaria, no hay más que hablar. Con independencia de que eso nunca haya sido evidencia de nada en toda a puta vida de Dios. Y si los mismos deciden que comer comida con grasas es malo para tu salud, o que la eugenesia es buena para la sociedad, así es … por mucho que sea enteramente falso. Porque el kindergarten ha decidido que …

Cuando decimos que “sabemos” que los humanos están causando cambio climático, virtualmente ninguno de nosotros quiere decir que lo sabe de una forma directa. La mayoría no poseemos la habilidad para analizar los datos primarios o de construir modelos climáticos. Lo que queremos decir es, “esto es lo que dicen los científicos”. Estamos apelando implícitamente a la autoridad de los científicos — de la ciencia misma.

Imposible. La ciencia es una herramienta o método de adquisición conocimiento. Pero no garantiza el resultado más que un martillo garantiza una clavada adecuada. Depende de que lo intentes en madera o en piedra, de la habilidad del que lo maneja, y de un montón de cosas más. La “autoridad del martillo” es una imbecilidad de las mayores que se pueden encontrar en el mercado de idioteces. Y va directamente en contra de las normas de uso de la herramienta, según se ha entendido siempre la ciencia:

… es una regla establecida de la Sociedad, a la que siempre se adherirá, no dar nunca una opinión como cuerpo, en ningún asunto que se le presente, tanto sea de la naturaleza como del arte.

(Royal Society of London for the Improvement of Natural Knowledge 1660 – 1960)

Pero es una imbecilidad muy útil para acabar para siempre con las disputas políticas. Por ejemplo, ¿cómo evitas la eugenesia si hacerlo depende de la autoridad de los científicos que la quieren implantar? Imagina que de ello dependieran sus garbanzos en la misma medida que dependen de la alarma del clima. ¿Qué crees que pasaría? O imagina que sus garbanzos dependan de un estado desmesurado invadiéndolo todo. Pues de hecho, dependen.

Pruitt le está haciendo cantar al kindergarten. Y canta de cojones. Lo que demuestra que el horror de Trump era, a este respecto, necesario. ¿De quién es la culpa de lo que pueda pasar?

Fuente (del feo kindergarten desnudo), Vox:

 

Pongo la parte en la que habla la rubia (Mika Brzeinski):

Bueno, y yo creo que lo peligroso es que está tratando de socavar a los medios, tratando de inventarse sus propios hechos, y podría ser que el desempleo y la economía vayan peor, y el podría haber debilitado el mensaje (nuestro) tanto que podría llegar a controlar exactamente lo que la gente piensa. Y ese es nuestro trabajo.

Sin comentarios.

Fuente:

Pongamos claro lo primero, como para torpes. No voy a defender la pedofilia, exactamente igual que Milo Yiannopoulos no la ha defendido. Ni siquiera me gustan las niñas de trece años; ni como interés sexual, ni de ningún otro tipo. No sabría qué otra cosa hacer con ellas, más que mandarles al cuarto de jugar. O al parque, con la nana. Por cierto, lo mismo que dice Milos.

¿Dice eso?

Sí, con toda claridad. Y en el mismo vídeo que ha servido para crucificarle y demonizarlo. Y por eso explica que no lo entiendes si no lo ves en su contexto. Esto es, entero, y en esa conversación -que no es la de la crucifixión. No estoy de acuerdo. Yo he visto el vídeo de los crucificadores, y he entendido el contexto perfectamente. Pero porque lo quería entender; no dejarme arrastrar por un tabú.

Aclaremos la única diferencia que hay, hasta aquí, entre Milo y yo. No tuve la suerte de despertar el interés de ninguna maci treintaañera, a los trece. Pero hubiera sido el rey del Mambo si me cae esa breva. Así que los dos pensamos, y Milo lo dice en el vídeo de marras, que …

– La pederastia está bien prohibida y penada, y la edad legal es probablemente adecuada para la mayor parte de los casos.

– Puede haber casos en los que el resultado de una pederastia consensual (por mucho que el menor no pueda consentir legalmente) resulte positivo para los dos intervinientes. Puede.

Milo alega algo tan claro como su propio caso. Yo, la historia y la antropología. En ambos casos se trata de hechos irrefutables que no deberían ser polémicos. Pero con el tabú hemos topado. Lo mismo que no puedes criticar nada del islam sin ser “islamófobo”; no puedes sugerir que la pederastia no sea un mal absoluto, siempre, sin ser pro pederastia. Hay que joderse.

Pero resulta que nada es un mal absoluto, siempre. ¿Quieres un buen ejemplo? Un avión que se cae en los Andes, y un poco de supervivencia … por canibalismo.

En Twitter es imposible discutirlo, claro. Por ejemplo, nuestro kindergarten favorito:

Pero he descubierto un curioso intento fracasado de darle una forma más o menos intelectual a lo mismo.

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Acojonante. La frase por sí misma ya es bastante idiota. A veces encender un cigarrillo es un gesto para empezar a defender lo indefendible. ¿De verdad? ¿Y ? ¿Eso va a hacer que no necesites el econtexto para entender algo? ¿Va a hacer que por encender un cigarrillo lo que defiendes sea indefendible? Lo único que no necesita contexto para entenderse son los tópicos, los latiguillos, los memes, y en general todos esos trucos baratos propios de la telebasura.

También las abstracciones, pero Dudda no va por nada abstracto. Al contrario. El artículo sólo tiene la frasecita de marras como referencia al caso, y todo el resto no son más que ejemplos en los que los malos (“trumpistas” y otra gente que no le gusta a Ricardo) usan el contexto bastardamente para defender lo indefendible. A juicio de Dudda, porque que sea indefendible sólo lo sabemos porque él lo proclama así. Lo de siempre; confundir una afirmación con una demostración. Al poner muchas afirmaciones pomposas seguidas, en modo rosario, parece una construcción de fuste … si no se mira lo que hay dentro. Pero dentro sólo hay afirmaciones desnudas. Lo mismo que haría Belén Esteban, sin necesidad de darse ningún pegote.

Sin contexto no seríamos nada, pero a veces la apelación al contexto es una manera de defender lo indefendible.

Venga, los Andes. Habrá quien considere indefendible comer cadáver para evitar morirse. Es muy delicado. Pero sin el contexto no puedes saber de qué se trata. Que es, literalmente, lo que se pretende. No saber. Porque es tabú. Y tabú significa prohibido pensar.

Pues yo quiero pensar. Por ejemplo, que este tabú le afecta a los que critican con dureza la la izquierda, como Yiannopoulos o como Sánchez Dragó, pero no les afecta a los de izquierdas.

Por ejemplo, para Bill Maher una señora de 35 que se ha trajinado a un chaval de 13, es una pareja “in love”, y ella no debería estar en la cárcel. En cambio Milo no discute la ley. Pero el que defiende la pederastia es él. Aunque haya denunciado a tres pederastas, que es mucho más de lo que ha hecho el 99,99% de la gente, y el 100% de las monjas de convento que se dedican al linchamiento moral de Yiannopoulos.

Y por ejemplo Georges Takei puede decir exactamente lo mismo que decía Milo en el vídeo de la caza de brujas, con todos los contertulios siguiéndole la gracia. A saber: que a él personalmente le fue de cine una experiencia de pederastia (13 años), siendo el menor. Pero no mereció ninguna caza de brujas.

O sea que tenemos un tabú, y no cabe relatar hechos verídicos. Verboten. Y el contexto a veces es una manera de defender lo indefendible. Porque los hechos ciertos nunca son una disculpa para hablar de lo innombrable. Y así, muy convenientemente, nunca sabremos que Milo NO estaba defendiendo la pederastia, ni lo ha hecho nunca.

Y además es un tabú asimétrico, al estilo del federalismo del PSOE. Afecta, o no, según la cuadra. Pero el contexto está prohibido. Palabra de Ricardo Dudda.

El kindergarten de las batas blancas se manifiesta en Boston, contra la victoria de Trump. No dicen que sea por Trump, pero lo hacen de tal forma que nadie lo dude.

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Claramente tienen tres mensajes.

Defendamos “la ciencia”. O sea, a nosotros.

Buscando “la verdad” para “salvar al mundo”.

Por el “bien común”.

Cualquiera puede tener una idea tan extravagante como quiera sobre “la ciencia”. Pero los científicos como grupo deberían ser lo menos estrafalarios que fuera posible al respecto. Y tienen guasa los mensajes. Porque de la verdad se ocupa la religión; del bién común se ocupa la política; y de salvar el mundo, los cantamañanas. Ninguna de las tres parece propia de la ciencia, ni lo que la distingue.

No sé, miremos definiciones más o menos ortodoxas.

Oxford Dictionaries:

Sciencie:

The intellectual and practical activity encompassing the systematic study of the structure and behaviour of the physical and natural world through observation and experiment.

A systematically organized body of knowledge on a particular subject.

El de la Real Academia:

Ciencia:

Conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente.

Como era de esperar, ninguna de las definiciones menciona la verdad, el bien común, ni mucho menos la carallada de salvar el mundo.

Esta manifestación, anti Trump, nos pone ante una paradoja muy incómoda. Y muy pro  Trump. ¿Cuánto nos cuestan todos estos cantamatinas, y qué sacamos a cambio? Porque si resulta que se dedican a las labores de los curas, de los políticos, y de los vendedores de crecepelo,  -y eso es exactamente lo que dicen los mensajes de sus carteles-, estarían haciendo una función  para la que ya tenemos otros profesionales mejor especializados.

Se puede creer que haya una buena correlación entre I+D+I  y un mejor estado económico posterior. No lo he mirado, pero suena bien. Lo que no se puede creer ni el que asó la manteca es que la correlación se mantenga para V+BC+SM (verdad, bien común, salvar el mundo). Porque eso lo encuentras a raudales en los países más mierdosos y fracasados del planeta. Pregunta en Venezuela si andan escasos de verdad, bien común, y salvar el mundo. Les sobra por doquier. Es lo único que les sobra.

Resumiendo. O conseguimos unos científicos con una idea más ortodoxa de la ciencia, o conviene empezar a contemplar la posibilidad de la reconversión de una industria que muy bien podría haberse salido de madre. Y dogmas y santos, los precisos.

Nassim Taleb tiene un artículo con muy buenos puntos respecto a por qué no creemos en “los expertos”, y por qué tenemos razón al hacerlo.

Los científicos del mundo académico no arriesgan nada por equivocarse. Pero tienen éxito o fracaso, aunque sea de una forma grotesca. No depende de acertar en cómo funciona la naturaleza, sino de acertar en la aprobación de sus pares — los otros científicos. Y de ahí salen aberraciones como consenso, o “la verdad”. Totalmente alejados y al margen de que funcione o no funcione, pero absolutamente necesitados del aura de la aprobación de la tribu.

Cuenta que en su experiencia más o menos académica, un jefe de departamento (ahora despedido) le advirtió:

Como empresario y autor, te juzgan otros empresarios y autores; aquí, como académico, eres juzgado por otros académicos.

¿Mande? -alucina Taleb. Como empresario -explica- me juzga mi contable; y como autor, mis lectores. Pero ni siquiera mi contable y mis lectores ahora. Puedo engañar al contable tomando riesgos irresponsables, y a mis lectores con la publicidad o la moda. Es el tiempo el que deja las cosas en su sitio. Los riesgos me harían quebrar, eventualmente; y la moda es pasajera. Si algo es útil (no “verdad”, ni “bien común”, ni “salvación del mundo”), durará. Pero no sabes la utilidad real hasta que no lo hayas visto durar (*). La duración demuestra que no es frágil; aguanta los shocks y las sorpresas que el tiempo trae inevitablemente.

Y ahí tienes a los cantamañanas de la manifestación de Boston, juzgando sus logros en un anillo autorreferencial de “likes”, igual que los adolescentes en Facebook. Y con eso hacen la verdad, el bien común, y la salvación del mundo. Que aquí llamamos kindergarten.

Nota al margen, y dentro de la plaza. Esto de Taleb, que es muy cierto (inevitable), tiene todo que ver con las discusiones morales con Marod. El valor de experiencia y de utilidad demostrada de la tradición, que -salvo las tradiciones nacionalistas vascas- implica una gran duración. Antifrágil.

Añadido posterior. Muy relacionado; un magnífico ejemplo.

El kindergarten es enternecedor, especialmente cuando se trata de niños que no son nominalmente adultos.

– ¿Qué estás haciendo para proteger el aire y el agua para mi generación y la generación de mis hijos? ¿Crees en la ciencia? — porque yo sí.

El congresista estaba visitando su circunscripción (Utah, Salt Lake Valley), y el kindergarten le había preparado una encerrona. Al estilo palestino, con los niños por delante. Y consideran una gran victoria que Chaffets no contestara rotundamente: sí / no creo en la ciencia. Normal; a ver quién es el político que tiene las narices de responderle lo obvio a la niña.

– Creo que la imbecilidad humana es una fuerza mucho mayor que “la ciencia”, sea lo que sea lo que entiendes por “la ciencia”. Pero alguien te está engañando, y abusando de la fase de formación y crecimiento de tu (todavía) muy escaso cerebro. La ciencia consiste en comprobar; no consiste en creer. Así que creer en “la ciencia” es una operación tan poco inteligente como creer, sin más, en un sistema que unas veces está en lo cierto y otras veces está rotundamente equivocado.

Sí, es cierto que eventualmente, y con más o menos tiempo, hay una esperanza muy razonable de que “la ciencia” acabe acertando en la solución del problema que te preocupe. La dificultad es que por mucho que digas “la ciencia”, y pongas una cara muy pomposa, eso no te puede decir si ya ha acertado con la solución o todavía no. O sea que no has dicho nada, aunque imagines haberlo dicho todo. Cerebro, niña. Necesita cocción todavía. Pero es cosa de la edad, no es un problema tuyo. En cambio sí es un problema de los subnormales que te han metido la pregunta idiota en la cabeza. Esos ya no tienen solución. Su cerebro ya esta (mal) formado.

Pero si quieres una respuesta breve, podría ser esta. Sí, creo en la ciencia en general como sistema de conocimiento, mientras tenga el tiempo suficiente para conseguirlo. En la solución de cada problema particular dependerá de lo que haya demostrado. Empíricamente. Lo malo es que tienes tan pocas posibilidades de entender la respuesta breve como la larga. Esa falta de comprensión es lo que hace la diferencia entre el kindergarten y el mundo de los adultos, y lo que hace recomendable situarlos en espacios físicos separados.

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Pero iba a dar igual lo que respondiera el congresista. Fuera lo que fuera, escuchar no estaba en el plan. El vídeo:

Los alarmistas del clima están obsesionados por conseguir tu fe ciega. Y la pregunta supuestamente inteligente y demoledora iba de fondo sobre lo del “cambio climático”. Convenientemente escondida entre asuntos de polución ambiental,  que no tiene nada que ver. Pero la pinta es que el clima sólo es la punta de lanza para lo demás.

Este es un problema diferente, pero sirve de ejemplo de la fe que merece “la ciencia”, así sin más. Desde Slate, nada menos:

La niña tampoco lo entendería, pero se le podría preguntar a sus tutores abusadores de la infancia: ¿si a veces hay “terrible science”, cómo sabes cuándo creer en la ciencia y cuándo no?

 

El pollo de Berkeley. Desde la administración de la universidad aseguran que estaban haciendo todo lo posible para facilitar el ejercicio pacífico de los derechos de la Primera Enmienda (libertad de culto y expresión). Pero, aun olvidando la violencia, que la universidad podía no saber que iba a ocurrir, no parece ser el mismo tipo de libertad la que pretendían ejercer Milos Yannopoulos y sus oyentes, y la de la alegre muchachada que quería que estos se enteraran de su opinión de que son unos nazis de mierda — o sea, los máximos inmorales.

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No; no es lo mismo poder decir lo que quieras a quien quiera escucharte, que poder decir lo que quieras a quien NO quiere escucharte. ¿Bajo qué retorcido concepto la libertad de expresión incluye la obligación de audición? Se puede comparar con el derecho que siempre va en el mismo pack; la libertad de culto. Que es la libertad de hacer oraciones y ritos en común, en un sitio; pero no incluye cualquier sitio, dando por saco a quien se te ocurra.

Se pueden entender muy bien algunos motivos históricos por los que aceptamos con naturalidad el “escrache” como derecho. Las dos situaciones clásicas son el “escrache” en la fabrica, y en la sede de un organismo gubernamental. Pero son dos casos muy especiales, en los que hay una diferencia de poder enorme (y el derecho de “escrache” es del que no tiene el poder); y un conflicto objetivo, material, donde es totalmente razonable que las partes tienen la obligación de escucharse. El patrono de la mina del siglo XVIII, y su gobierno de turno, muy bien podían -y solían- ni enterarse de los problemas de sus puteados. Y el “escrache” era una salida en contra de un abuso.

Pero pensar de forma distinta de la que quieres que se piense no es ningún abuso. Y entre una masa de 1.500 vándalos y otra de 150 escuchatanes, el poder está del lado de los “escrachadores”. O sea, en el caso de Berkeley ni existe la disculpa del desequilibrio de poder en contra; ni la del conflicto material, objetivo, que crearía la obligación de escuchar. Y además, en un sistema democrático, que precisamente está diseñado para que todas las voces sean escuchadas, todavía es más impresentable el escrache. Ni la fábrica ni el gobierno son como los del XVIII. Y se enteran, quieran o no quieran, de los problemas de aquellos a los que están jodiendo. No hacen falta vandalismos.

El único sentido del vandalismo en una democracia es forzar la decisión por un procedimiento que no está dentro del sistema. Vaya, que es la antítesis del sistema parlamentario. Y sí, la manifestación puede ir dentro del derecho de expresión. La expresión visual de que somos muchos, muy llorones, muy floridos; lo que sea. Lo mismo que otros salen en Semana Santa por las calles. Pero las procesiones se organizan de forma que no coincidan dos en el mismo sitio.

Con una operación tan sencilla como decidir que la libertad de expresión no incluye la obligación de audición, y que dar por saco no es ningún derecho (ni aunque se trate del kindergarten), no habría el menor problema para que en las universidades puedan expresarse todas las opinones legales. Incluyendo a Rosa Díez en la Complutense, aunque Pablito no quiera. O a Milos Yannopoulos en Berkeley. Basta poner a los vándalos a un kilómetro, o bien antes o después. Podrían elegir.

Esto sí sería defender de verdad la libertad de expresión. Pero pasa por prohibir la obligación de audición. No es problema: prohibir obligaciones es siempre más libertad.

¿Algún Marod para dar caña en contra? 😉

Fuente.

Washington Post:

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