Kindergarten


Tal vez no quepa mejor resumen de la Marcha por la Ciencia de ayer. Y de lo que tantos y tantos quieren entender por la ciencia. Se trata de un intercambio de opiniones entre la no-ciencia y la ciencia, en la CNN.

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La no-ciencia está representada por William Happer. Según Wikipedia, un físico americano que se ha especializado en el estudio de física atómica, óptica, y espectroscopía. Es el Cyrus Fogg Brackett Professor of Physics en la Universidad de Princeton, y miembro durante mucho tiempo del grupo de asesoramiento Jason, un equipo independiente de los mejores científicos de élite que asesora al gobierno en asuntos delicados de ciencia y tecnología. De 1991 a 1993 sirvió como director del Department of Energy’s Office of Science durante la administración de George HW Bush.

Por su parte la ciencia está representada por Bill Nye. Que, también según Wikipedia, es un “educador de ciencia” (quiere decir divulgador en medios muy populares tipo telebasura), presentador de televisión, e ingeniero mecánico. Es conocido sobre todo por su programa infantil en la PBS, Bill Nye the Science Guy (1993–1998), y por sus muchas apariciones subsiguientes  en medios populares. Actualmente es director de la Planetary Society y presentador de la serie de Netflix, Bill Nye salva el mundo.

Resumiendo. En nombre de la no-ciencia habla, muy breve, un científico de élite. Y en nombre de la ciencia habla, muy largo, un cantamañanas — también de élite.

Happer, a la pregunta de su encuentro con Trump y de su opinión sobre el cambio climático, explica que tiene guasa llamarle contaminación al CO2, ya que todos nosotros emitimos como un Kg. todos los días (al respirar, y como todos los animales); es un gas tan perfectamente natural como el vapor de agua; y las plantas lo adoran, como se puede observar por el reverdecimiento del planeta que está ocurriendo. En plan anécdota, también le habló al presidente sobre el trabajo de un tío de Trump que fue físico en el MIT.

A Nye le piden que responda a lo que ha dicho Happer, y que explique cuál es el principal malentendido sobre el cambio climático. O sea, le piden en la CNN a un cantamañanas que explique el malentendido del científico de élite. ¡Y lo hace!

Lo que (Happer) NO ENTIENDE es que se trata de la velocidad a la que estamos emitiendo CO2.

Y hasta aquí llega “la ciencia” de Nye. A una afirmación desnuda que no puede contradecir, ni decir nada en realidad, sobre los hechos aportados por el científico de élite.  Y de inmediato pasamos a la moralina barata:

 Pero, con todo lo que me gusta la CNN, he de decir que está haciendo un daño al tener aquí a un “escéptico del cambio climático”, y no a 97 o 98 científicos o ingenieros preocupados por el cambio climático.

Y la presentadora la da toda la razón afirmando con la cabeza.

De lo que se trata es de la velocidad a la que están cambiando las cosas. Pero ello aparte, la Marcha por la Ciencia trata de la economía tanto como del medio ambiente, aunque sea el Día de la Tierra — y yo estuve aquí en el primer Día de la Tierra en 1970. Si suprimes la ciencia, si pretendes que el cambio climático no es un problema real, te quedarás detrás de otros países que sí invierten en ciencia del clima, que sí invierten en investigación básica. Y es interesante advertir, que (creo) el artículo 1 sección 8 de la Constitución de EEUU se refiere al progreso en la ciencia y la tecnología útil. Así que este es un problema muy serio. Cuando el Día de la Tierra empezó en 1970 estábamos preocupados por la contaminación, y eso dio lugar a la creación de la Agencia de Protección del medio Ambiente, que por cierto fue establecida con el presidente Nixon, que era un presidente conservador. E inició la Agencia de Protección del Medio Ambiente para beneficio del público, no por motivos políticos. Así que todo el mundo debe entender que si suprimimos la ciencia, EEUU no lo hará tan bien en el mercado internacional y perderemos negocios.

Tratemos de entender al kindergarten. “Suprimir la ciencia” es permitir considerar la hipótesis científica alternativa. Y estar “por la ciencia” es eliminar de cuajo la expresión de cualquier hipótesis alternativa — sin discutirla. Así que “la ciencia” es una entre las hipótesis científicas posibles. En concreto, la más popular entre los científicos en ese momento. Por ejemplo, el racismo, la eugenesia, el psicoanálisis, o el veganismo.  Lo malo es que entonces “la ciencia” no quiere decir gran cosa, porque a menudo es contraria a sí misma de una generación a la siguiente. Y a menudo es un error. Ciencia y no-ciencia son lo mismo, y sólo las separa el calendario. ¿Qué esperabas de los cantamañanas?

También es enternecedor el argumento de que como la Agencia de Protección del Medio Ambiente ha hecho intervenciones buenas, cualquier intervención que se le ocurra ha de ser beneficiosa. Y cuantas más, mejor. Sin medirlo ni pensarlo. ¿En serio?

Y todo el prodigio nace de un problema que radica en la velocidad de cambio de “las cosas”. Que no se puede ver en ningún sitio, y no ha producido ningún problema conocido. Salvo que sea el problema del enriquecimiento.

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Que por cierto, está muy relacionado con las emisiones de CO2.

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Y ya que estamos, esto es velocidad de cambio de la temperatura, en la serie más larga de termómetros que existe (Inglaterra Central).

Fuentes.

Mediatie.com:

NewGeography.com

UCSD.edu:

El kindergarten sigue totalmente obsesionado con su problema de “comunicación”. ¿Por qué no nos cree todo el mundo, si somos la ciencia y la verdad? Tiene que ser que nos comunicamos mal -entienden. Porque han comprobado que falla la teoría clásica que tenían para cuando la plebe no cree a los expertos. Se trata de la teoría del modelo de déficit, y consiste en imaginar que la culpa de la falta de fe se debe a un déficit de conocimientos por parte del público. Y si alcanzaran un nivel suficiente, no les quedaría otro remedio que creerse lo que dicen los que saben.

Un problema de comunicación, como se ve. Y tiene una solución que parecería obvia en principio. Impartir conocimiento. Inundar a la chusma con datos y evidencia.

Pero hay un fallo. Según esa idea, como resulta que la plebe tiene un nivel de conocimientos muy variable, debería notarse una diferencia dependiendo del nivel. Cuantos más conocimientos científicos, menos reacios deberían ser los burros para tragar. Y lo han medido, ¡pero resulta lo contrario de lo que esperaban! Según aumenta el conocimiento de la materia, sí ocurre que los que se podría esperar que tengan más fe (el kindergarten) muestran un mayor nivel de creencia. Pero aquellos de los que se puede esperar que sean reacios (los deplorables), lo son más cuanto más conocimiento tienen.

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El gráfico es de un trabajo de Dan Kahan, que creo que fue el primero en fastidiar la hipótesis del modelo de déficit. O en todo caso es a quien usa el nota de hoy para hablarnos de la ciencia de la comunicación científica, con un par.

Tim Requarth es un periodista y escritor que se dedica a ciencia. También estudió neurocencia, y dio clases biología, química y escribir, en la universidad de Columbia. Y propone que a la vista de la inutilidad de la inundación de evidencia científica para convencer al díscolo populacho,  lo que la ciencia debe hacer es repartir emociones.  Literalmente:

Is it any surprise, then, that lectures from scientists built on the premise that they simply know more (even if it’s true) fail to convince this audience? Rather than fill the information deficit by building an arsenal of facts, scientists should instead consider how they deploy their knowledge. They may have more luck communicating if, in addition to presenting facts and figures, they appeal to emotions. This could mean not simply explaining the science of how something works but spending time on why it matters to the author and why it ought to matter to the reader.

¿Nadie ve un problema con esta ciencia de la comunicación científica? ¿Ni siquiera un problema con la realidad? Porque emociones y personalización del fin del mundo es justamente lo que se han dedicado a repartir los alarmistas en modo industrial desde que empezó Hansen en 1988.

Etcétera.

O sea que Requarth les dice que tienen que cambiar para hacer lo único que ya hacen bien, y a mansalva. Y tanto él, como Kahan, y otros, se han olvidado que la ciencia abarca un poco más que el puto cambio climático. Incluso se podría sostener que lo que no abarca la ciencia es el cambio climático, que es política. En todo caso deberían haber probado su nueva teoría con otras materias, para ver si se puede generalizar. Por ejemplo, la mecánica cuántica, el Big Bang, la relatividad, o la evolución de las especies. Todas ellas son ideas nada intuitivas, y muy capaces de interferir con la “visión del mundo” de parte del personal.

Explico: La tesis de Kahan es que algunas ideas científicas forman también parte de la “identidad cultural” de la peña. Y propone que cuando ocurre eso, un mayor conocimiento científico permite mayor capacidad de argumentación y racionalización, y eso facilita creer lo que te pide el cuerpo — según la “identidad cultural”. Y efectivamente, su tesis explica sus datos … ¡porque sólo está mirando la chorrada del cambio climático! En todos los demás casos citados, y especialmente en la evolución, que tiene tantas implicaciones morales, lo que ocurre es que sí funciona el modelo de déficit. Cuanta más ciencia saben los deplorables, más dispuestos están a pensar que la teoría de la evolución describe algo real. Y las demás.

Pero hay una alternativa, que el kindergarten no parece tener capacidad para contemplar. Que por mucho consenso y mucha mierda que tenga el cambio climático, no tiene mayor evidencia que tantos otros consensos científicos que se han mostrado bochornosamente errados. Y por eso falla en el cambio climático el modelo de déficit, pero no en las demás. Porque en este caso no se trata del déficit de conocimiento de la chusma, sino de un déficit de evidencia real (por ejemplo empírica) de los expertos.

Pongamos que tenemos tres modelos:

  1. Modelo de déficit de conocimiento popular.
  2. Modelo de “identidad cultural”.
  3. Modelo de déficit de evidencia empírica. (Este modelo es invisible para el kindergarten).

El modelo (1) no explica los resultados de Kahan. El modelo (2) no explica los resultados generales fuera del muy especial caso del cambio climático, y probablemente de otros similares relacionados con la salud y con portarse bien. O sea, en la ciencia no seria. El modelo (3) explica -en mi opinión- todos los casos. Incluyendo un poco, pero sólo un poco, de lo de la “identidad cultural” de Kahan. Seguro que hay tesis científicas que resultan más difíciles de aceptar, y que a veces la dificultad dependerá de la “identidad cultural”. Pero más conocimientos solo producirán mayor polarización cuando la evidencia es de chichinabo;  mayormente de opinión (autoridad) y teoría, pero no evidencia empírica. Al que le cae a favor de la corriente aceptará autoridad, consenso, y bella teoría como “evidencia sólida”. Al que le cae en contra de la corriente exigirá una evidencia de verdad. ¡Pero es que además la ciencia clásica (no posmo) le da toda la razón para hacerlo!

No contemplar todos los modelos posibles es falta de seriedad. Kindergarten. Kahan, Requarth, y compañía.

Fuentes:

Tim Requarth:

Dan Kahan:

 

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El kindergarten, metáfora, es ese lugar mental en el que los niños patalean porque alguien dice lo que no quieren que se diga. Y tratan de impedirlo a gritos … y más que gritos.

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Hasta ahora lo venían consiguiendo. Y ha sido un montón de veces, porque durante el último año ha estado de moda la jugada. Los estudiantes de derechas de la universidad de turno pedían un auditorio para organizar una conferencia o charla con alguno de sus autores favoritos, e invariablemente se encontraban con una revuelta a las puertas del evento. Protesta que siempre tenía la violencia suficiente como para hacer que la policía suspendiera el acto. El resultado era que el kindergarten gana: aquí sólo habla quien yo quiero. Donde “quien yo quiero” se traduce por los que estén a la izquierda de Pol Pot.

Nuestro amigo Marod lo contempla como un problema de libertad de expresión. O sea que lo de “el kindergarten gana y silencia a quien le pete” no le parecía especial problema. Porque en teoría la policía se pondría en medio, y conseguiría que ocurran las dos “libertades de expresión” simultáneamente. La conferencia y la protesta por la conferencia. Que luego el mundo real no funcione nunca así es algo que no le concierne ni a la ley ni a su teoría.

Ya lo discutimos en su momento, y no vamos a insistir.

¿Libertad de expresión incluye libertad de “escrache”?

Hoy se trata del siguiente paso, que ocurrió ayer. También en Berkeley. Con la teoría de Marod (vaya, la convencional) hay dos posibles resultados. La solución tradicional de el más cafre gana y silencia a los demás, o bien la estrategia que consiste en a cafres podemos jugar todos, y además es muy divertido. Que es lo que ocurrió ayer.

Si saben de antemano los movimientos del adversario, tienen mucha ventaja. Organizan un evento en la uni, pero ya ni conferencia ni vainas. Directamente un acto político al aire libre. Con los más populares entre los “youtubers” de su cuerda, y en un parque bien grande.

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Y ya saben que el kindergarten va a organizar un contra-acto en el mismo sitio y a la misma hora. Como tienen un problema moral, la violencia es inevitable. El lema lo deja muy claro: Ven a golpear a tu mierda nazi preferida. Con la lista de los “youtubers” odiados incluida en el menú.

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Miel sobre hojuelas, porque esta vez lo de la “libertad de expresión” no era más que una disculpa para aceptar de mil amores la oferta de fostias. Iban bien preparados. Y además, de coña; mira el casco de romano que se he agenciado el nota este.

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Y sí, sí hablaron; aunque a nadie le importaba lo que se dijera. Lo hicieron en medio de la batalla; en el parque que habían dicho; y a  la hora prometida. Con cuatro escuchando y los demás combatiendo. No se trataba de las palabras; se trataba de por mis cojones que voy a hablar, y tú a mi no me callas.

Pero no fue gracias a la policía. Aunque detuvieron a un par de decenas, de ambos bandos, básicamente se inhibieron del grueso de la gresca. Delicado. Por una parte se entiende la idea de dejad que los niños se peguen a placer. Pero por otra parte no hubo muertos de milagro. Los antifa lanzaban piedras y ladrillos al bulto, y los patriots no iban todos con casco. Tiene pinta de haber sido muy divertido y estimulante, pero con algún muerto estaríamos hablando de otra cosa.

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Vale, esta vez los que no suelen poder hablar se lo han pasado muy bien.  Y le han llamado a la gracia la Battle for Berkeley.

Pero tal vez habría que repensar lo de la libertad de escrache. Porque cuando escrachan los dos en lugar de sólo uno, el asunto cambia un poco. La libertad de batalla campal es algo distinto. Y no siempre ganan “los buenos”, por lo que se ve.

Es el problema de la moral, que tanto insisto. Moral es que una expresión no cabe, porque todos tienen que pensar lo mismo. Y funciona más o menos cuando el acuerdo es abrumador. El consenso se puede conseguir -a veces- silenciando al discrepante. Pero no se consigue siempre . Y cuando es que no, o apeamos la moral, o pasan cosas como Trump o la Battle for Berkeley. Estamos a tiempo de elegir. Pero sólo hay esos dos caminos.

Quo usque tandem abutere, Kindergarten, patientia nostra?

Añadido un día después:

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Añadido para los comentarios / Rawandi.

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El kindergarten de arriba protesta porque la administradora (presidente) de la universidad no quiere saber nada de safe spaces en su campus. Y piden su dimisión, explicando a la prensa que la dra. Rita Chang no es en absoluto adecuada para el cargo.

La -perfectamente inútil- explicación de la adulta es la convencional en estos casos.

Creo que como estudiantes debéis desarrollar las habilidades para tener éxito en este mundo, y tenemos que proporcionaros la oportunidad del debate y el diálogo, y la indagación académica.

Jon Haidt, psicólogo social, explica que se trata de una revolución moral. Y que la última guinda, lo de los safe spaces en las universidades de EEUU, Canadá y Gran Bretaña, ha estallado en 2015. Imparable.

Traigo una entrevista que me parece muy interesante, en la que explica las investigaciones que hay sobre el fenómeno. Con varias líneas que confluyen para producirlo. Destaco una de ellas que me parece novedosa, y muy “natural”. Muy en la línea de las siempre inevitables consecuencias imprevistas de las grandes ideas bondadosas.

Una de las sorpresas es que ahora son los estudiantes los que lo demandan regulaciones. Normalmente los estudiantes siempre habían estado por la libertad y por saltarse las reglas, pero ahora son los que más impulsan imponerlas.

Tú no puedes decir eso. ¡Deja de decir eso! Necesitamos unas reglas para que este no pueda decir eso.

El término clave, explica, es la dependencia moral. La cultura del victimismo. Transcribo:

Muchas culturas eran culturas de honor, en las que un pequeño insulto debe ser atendido por ti. No puedes mirar alrededor para que alguien te lo solucione. Después pasamos a culturas de dignidad, en las que las cosas no nos hacen mucho daño y tendemos a dejarlas pasar. Esa es una gran forma de tener diversidad. Si tienes una sociedad diversa, lo que quieres es una cultura de dignidad, porque entonces la gente pasa por encima de los pequeños malentendidos. Pero lo que vieron los autores es que en algunas universidades, las que eran más igualitarias, hay una autoridad a la que puedes llamar para castigar a otro. Y todo el mundo está desesperado por conseguir prestigio, o bien a base de hacerse la víctima, o bien a través de castigar a gente que ha abusado de víctimas — llamando a la administración para que intervenga.

En los 80 y 90 América cambió la crianza (parenting). En vez de que los niños estuvieran mucho tiempo entre ellos y más o menos a su albur, el miedo a los raptos, y a los acosos entre ellos (los traumas y tal), hizo que pasaran a estar siempre bajo la supervisión de un adulto. Y entonces los niños se acostumbran a resolver sus cuitas a través del adulto. Si quieres joder al compi lo que tienes es que conseguir que el adulto le castigue. Y la defensa es que él no consiga hacer lo mismo contigo. Así que han crecido sin tener la oportunidad de aprender a digerir los insultos, o a ser excluidos. Que son cosas que nos pasan a todos y son completamente inevitables.

Y queda implícito: Es de niños cuando aprendemos los trucos para solucionar los conflictos . Y si has pasado la infancia bajo supervisión, el truco es ligarte al que pueda hacer la función de “adulto”, poniendo cara de víctima para que castigue al que le tienes manía — con o sin razón. En el caso de la universidad, su administración. Cuando lleguen al mercado laboral … supongo que el macho alfa Coleta Morada, y los vengadores de Potemos.

Si Haidt tiene razón, y esa pinta lleva, puede ocurrir que en este caso no funcione el cambio usual de “ideología” -o mentalidad- con la edad. Que se es más proclive en edades tiernas a las grandes ideas que nunca funcionan, y al crecer se le va dando más peso a la p*t* realidad. Pero si vienen embarcados en el uso del truqui del victimismo y las prohibiciones morales, podría ocurrir que eso perdure en el tiempo. Y que el mundo cambie, por una interrupción del tránsito de la infancia al adulterio. Vaya, el kindergarten.

Y en todo caso esa sería sólo una de las líneas que convergen hacia el mismo kindergarten. Toda esa exaltación de los sentimientos; del buenismo; del “es mi opinión” (la opinocracia de la telebasura); de las identidades y colectivos y etnias artificiales. Y no creo que todo eso salga de no dejar a los niños sueltos por las calles, fostiándose alegremente entre sí.

En fin, la entrevista:

Fuentes:

Haidt:

Heat Street:

 

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The Seattle Times es un periódico de los que todavía tienen edición en papel, y es el diario de mayor circulación del estado de Washington. Unos siete millones de personas. La tirada es algo menor que la de El País, y mucho mayor que la de El Mundo o La Vanguardia. En estas circunstancias no creo que sea insensato calcular que el consejo editorial del S.T. es parte de la élite, y no de la chusma.

Lo digo porque es precisamente el consejo editorial el que firma este párrafo el jueves pasado:

La orden ejecutiva de Trump no cambia fundamentalmente la economía de la producción de energía. El auge del gas natural por el “fracking” es un gran factor. Pero la producción de carbón ha caído dramáticamente según he subido la energía renovable. Por cada uno de los 70.000 mineros de EEUU hay casi 10 trabajadores (650.000) en el sector de la energía nuclear. Eso refleja el dramático descenso del coste de la energía solar y eólica, y otras fuentes renovables. Hay el doble de trabajadores en la energía solar que mineros de carbón, para empezar. Para un presidente que dice estar enfocado en los puestos de trabajo, estos números deberían ser definitivos.

Economía del kindergarten, en números muy aproximados y de trazo grueso. El doble de trabajadores en energía solar produce unas 25 veces menos energía eléctrica que el carbón, que se traduce a unas 50 veces menos energía por trabajador. Números muy definitivos, porque el Seattle Times no tendría más que multiplicar su plantilla por 50 (o mucho menos) para tener que cerrar.

En este gráfico, el verde ni siquiera es todo lo solar, sino una parte muy minoritaria.

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Pero aun poniendo todas las renovables no-hidro juntas resulta obvio que las renovables no pueden ser la causa de la caída del carbón.

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Claro que los pillines del Seattle Times no lo han dicho expresamente. Sólo han intentado que cuele la idea de tapadillo:

la producción de carbón ha caído dramáticamente según he subido la energía renovable

Si “según” indica coincidencia, es cierto. Pero si indica causa, como pretenden, es no ya falso, sino directamente mentira podrida.

Y esto nos mete en la discusión de las “elites”, y los resultados electorales estilo Trump. Es muy cierto el argumento / protesta de que las élites son necesarias, y normalmente muy convenientes. Pero si las élites en curso han abrazado varias alucinaciones colectivas (esta es sólo un ejemplo entre muchos), podría no ser una locura darles la patada. Y es verdad que el ejercicio es delicado y de riesgo. Pero poner a cincuenta fulanos a producir la energía que puede producir uno solo, no es un “riesgo”; es una catástrofe garantizada.

En más fino, David Middleton tiene en WUWT unos números mejores sobre la productividad comparada por trabajador entre el carbón y las plaquitas solares — yo sólo estaba echando un vistazo de brocha gorda al argumento de la élite.

Añadido posterior. Otro gráfico, que también viene de números EIA.

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Gráfico útil para entusiastas despistados

Fuentes.

Seattle Times:

EIA:

 

 

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Con gran fanfarria y no poca satisfacción Trump ha firmado la orden ejecutiva para acabar -de momento, en lo posible- con la política del clima de Obama.

– Instruye a la Agencia de Medio Ambiente (EPA) a revisar y eventualmente desmantelar la ley Clean Power Plan. Lo de clean era una payasada, claro, porque le ley se refría exclusivamente al CO2 – que no puede ser más limpio, el pobre. Su fin era combatir el cambio climático acojonante por el procedimiento de limitar las emisiones de CO2 que pueden producir las centrales de energía eléctrica. También establecía objetivos a los estados para reducir sus emisiones. Y era la pieza principal de la política del clima de Obama.

– Rescinde la moratoria a los permisos de minería de carbón en tierras federales.

– Elimina la guía de la era Obama, por la que las agencias federales tenían que tener en cuenta el cambio climático en sus políticas de medio ambiente.

– Desbanda el grupo de trabajo federal que se inventó el coste social del carbono, usado para crear las regulaciones que establecían el CO2 como “contaminante”. Esto no elimina la pamema del coste social, pero apunta a que lo revisarán, y no precisamente con los mismos campeones. Traerá cola, y habrá juicios mil.

EL kindergarten está absolutamente atacado, a pesar de que sabían de memoria lo que venía. Pero es que el cuento del clima no tiene nada que ver con el clima; no hacen nada que pudiera servir de verdad para el problema imaginario que plantean. Con lo que tiene que ver es con el truco político posmoderno, con el que se acaba con el debate político — y gana Big State.

Intenta recordar la política clásica en las democracias occidentales. Siempre había dos partidos principales, uno llamado de derecha y el otro de izquierda, que se alternaban, y alternaban las políticas al albur de las decisiones del electorado. En una banda hacían más hincapié en la libertad y la competencia; y en la otra en lo social y la igualdad. Y funcionaba. Entre otras cosas porque asumían que iba a ocurrir el cambio de grupo en el gobierno, y mal que bien llegaban a una solución intermedia en aquellos asuntos en los que es una locura andar dando bandazos cada dos por tres. Y en lo demás, en unos momentos había un poco de aquí, hasta que el electorado decía que ya era hora de volver a  lo de allí. Muy razonable.

Pero el kindergarten ha jodido el invento. Ha descubierto dos trucos — pero que se mezclan mucho. Ciencia y moral. Si haces que lo sumamente discutible (la política, al fin) se convierta en “la ciencia dice”, y/o se convierta en moral, has acabado con la discusión. Bueno, ciencia y discusión siempre habían ido de la mano en el mundo clásico, pero en el mundo posmoderno “la ciencia dice” es algo tan indiscutible como es la moral siempre. Aunque “la ciencia” diga chorradas delante nuestro todo el rato, y esté bien demostrado que son chorradas porque lo de hoy es exactamente lo contrario de lo de hace relativamente poco tiempo.

Parece indiscutible que les estaba funcionando de cojones. Y el banderín de enganche era el cuento del clima. La guinda del pastel; el truco en todo su esplendor.

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Por eso creo que es clave esta orden ejecutiva de Trump. Y la pelea posterior que va a haber, que va a ser de órdago. Porque el kindergarten se lo juega todo en este envite. Vaya, que se está jugando nada menos que el truco. Si no funciona de esta, se acabó el chiste. Así que tendremos una buena guerra, y la firma de Trump es sólo el fin oficial del truco, no el fin real.

En realidad el truco es una puta locura. Si no funciona, y todos estos Brexits, Trumps y Le Pens parecen indicar que no lo hace, lo que asegura son los terribles bandazos que antes se evitaban con simple sentido común. Si lo quieres todo, obligas a los bandazos. Rajoy aparte; pero la plebe no parece ir por ahí. O por lo menos en el resto del mundo.

El texto completo de la orden (aún no he tenido tiempo de leerlo):

El kindergarten ha sacado un estudio para reafirmar su teoría favorita respecto a la discusión del cuento clima. Para explicarse por qué diablos sigue habiendo discusión, en vez de que todo el mundo haya aceptado su “verdad”. La tesis, obviamente, es que los republicanos son deplorables. Como todo el mundo sabe. Y el estudio es poner, en un mapa de los condados USA, el resultado de encuestas sobre la culpa del hombre en el Calentamiento Global Acojonante. Tal que así:

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Los datos suman 18.000 encuestados. Que en principio daría una media de seis fulanos por condado. Pero son en varias oleadas entre 2006 y 2016, así que en cada oleada son todavía muchos menos participantes por condado. Probablemente algo como media persona por condado. Tiene toda la pinta que tenían una idea fija en la cabeza, y querían sacar un resultado casi calcado al mapa de las últimas elecciones. Cosa lograda con gran éxito:

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Por supuesto que la conclusión le parece evidente al kindergarten:

But it is no mystery. Republicans deny climate change because they are Republicans and that’s what Republicans do

Bueno, no es cosa de los republicanos de EEUU, según datos de otro artículo del mismo autor. Es algo internacional. La división en la discusión del “cambio climático” coincide mucho con la división derecha / izquierda.

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Podemos aceptar esos números aunque en el caso de los condados de EEUU parezcan escasas las entrevistas. ¿A dónde nos llevan? Según este kindergarten, a pensar que como la gente es tonta (tanto republicanos como demócratas), su opinión se explica porque se limitan a seguir como borregos lo que dicen sus medios de comunicación y sus políticos.

Especially when it comes to something like climate change, which for most people is largely an abstraction, they are content to adopt the beliefs and tropes of their tribes, to go along with what their peers and trusted authorities say. This is true of Republicans and Democrats alike.

Republicans will accept that climate change is an urgent problem that warrants a policy response when leaders in conservative politics and media begin treating it that way. That is the only thing that can or will change the partisan divide on climate.

La tesis es muy bonita, y muy kindergarten. La gente no sabe pensar, o no le interesa, y lo que necesitan los niños son personas mayores que les digan lo que tienen que opinar. Si todos los mayores dijeran lo mismo, no tendríamos problemas con la cosa del clima. La forma de acabar con la división es callar los altavoces “negacionistas”. Silenciar a la derecha.

La única pega es que cuando uno mide la realidad de una forma un poco más fina, no encuentra eso. Por ejemplo, según más conocimientos científicos tienen los republicanos, menos probable es que se traguen el cuento de clima. Y los demócratas al revés.

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Figure 4. Belief in human-caused climate change in relation to performance on climate science literacy assessment and political outlooks. Source Kahan (2015a). N = 2000, nationally representative sample. “Ordinary Climate Science Intelligence” is climate-science literacy test. Scores for “Liberal Democrat” and “Conservative Republican” based on logistic regression model. Colored bars denote 0.95 CIs.

Se puede esperar que cuanta más dificultad tenga la gente en digerir lo que dicen los científicos, más se dejarán llevar por la prensa y sus políticos favoritos. Pero resulta que esos que tienen más dificultades para entender cuestiones científicas son justamente los que tienen una postura más indefinida. Los que lo tienen más claro, en un sentido o en el otro, son los que más conocimientos tienen. Pero si son los que más conocimientos tienen, no se puede esperar que vayan a estar dependiendo más de lo que digan periodistas y políticos de su cuerda. Será al revés; que ellos influyen a los periodistas y políticos.

También era rara la idea de que la solución para la divergencia sobre el clima fuera silenciar ¡aun más! la discrepancia (el “negacionismo”). ¿Hasta dónde quieren llevarlo, si ya es absolutamente abrumadora la apisonadora “afirmacionista”?

En realidad hay dos maneras de enfocar esta aparente paradoja.

1) Puedes pensar que unos razonan correctamente y otros no, y buscar el motivo para la aberración de los que razonan incorrectamente. Es el sistema kindergarten. Que tiene dos variantes. El adejtivo, y la gimnasia. El adjetivo es llamarles deplorables (o similar), y pensar que eso lo explica todo. Es lo que hace el cretino del artículo de los mapas que comentamos, David Roberts.

La versión gimnasia la ejemplifica  Dan Kahan. Mayores conocimientos permiten “fabricar” mejor los argumentos sesgados. Y resulta verosímil; suena a que podría ser. Pero esa idea funciona igual de bien para los dos grupos. A partir de ahí nunca podrías saber quién está más en lo cierto, ni por qué.

2) También puedes pensar la opción más sencilla y frecuente. Que tanto republicanos como demócratas razonan con una corrección e inteligencia similares, pero partiendo de asunciones diferentes. Y eso explica perfectamente la separación en función de la “inteligencia científica”. Los conocimientos aumentan la seguridad / convicción; pero asunciones opuestas llevan a conclusiones opuestas.

Vale, ¿pero qué asunciones opuestas se pueden tener en ciencia? Joé, pues con la ciencia posmoderna, la asunción más básica. ¿Qué es lo que hace una evidencia abrumadora? Y mira qué fácil es:

Asunción kindergarten (o posmo): El consenso; una teoría inteligente; unos modelos muy guay y muy caros. A más consenso, más abrumadora la evidencia. Por eso están todo el día midiendo el consenso, y mintiendo al respecto.

Asunción clásica (o facha, republicana, cerdo de derechas, etc): Evidencia empírica; que se nota esencialmente en predicciones acertadas consistentemente. Cuanto más difíciles y consistentes las predicciones acertadas, más abrumadora evidencia. Y predicciones fallidas suponen evidencia … de la incorrección de la tesis.

Por eso la ciencia clásica decía:

es una regla establecida de la Sociedad, a la que siempre se adherirá, no dar nunca una opinión como cuerpo, en ningún asunto que se le presente, tanto sea de la naturaleza como del arte.

O en una versión más moderna:

Y el problema es tan sencillo como que las dos “culturas” hacen razonamientos muy válidos … según sus asunciones opuestas. Por eso son dos resultados correctos ambos, pero de distinto signo. Y es un problema más viejo que el tebeo. Las discusiones irreconciliables entre personas no perdidamente idiotas casi siempre lo son por las distintas asunciones de partida. Pero el kindergarten no puede verlo, porque no quiere saber nada de la discusión sobre las distintas calidades (acierto estadístico) de los distintos tipos de evidencia.

¡Claro que es una discusión muy influida por las posturas políticas o “culturas”! Como que -en general- estas marcan el peso relativo de la realidad frente a las “ideas”. Los “conservadores” siempre han sido mucho más de realidades, y los “revolucionarios” de ideas. Y esa diferencia también separa el mundo de la empresa (crean “cosas”, y se la juegan) del mundo académico (crean “ideas”, y son totalmente irresponsables de las mismas).

Resumiendo. El lindo mapa que separa el “negacionsimo” del “afirmacionismo” en EEUU podría ser cierto, aunque el método no inspire confianza. Pero eso no significaría que los republicanos sean deplorables, sino que son más realistas que idealistas. Y el kindergarten no lo entiende, aunque fuera del kindergarten lo sepa todo el mundo.

Fuentes:

David Roberts en Vox:

Kahan:

En la plaza (más Kahan):

Philosophical Transactions of the Royal Society of London, year MDCCCXXIL (Advertisment) — sobre la “asunción clásica”:

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