Kindergarten


Supongo que los hijos de Aitana harán preguntas cuando no entienden.

La primera parte es fácil. Hay algo que se llama extrema derecha que es muy malo. Mucho. Tan malo, que genera una agresión y una violencia brutales. No sé, estás tranquilamente en Sestao. Por ejemplo, tomando una caña en una terraza. Y te enteras del máximo horror que se pueda uno imaginar. Los malos van a dar una movida electoral en Sestao mismo, cerca de aquí. ¿Qué puedes hacer? Está claro; levantarte de inmediato, y por el camino ir buscando una piedra adecuada. No vaya a ser que una vez en el sitio no haya nada a mano. Afortunadamente la encuentras, llegas, y actúas.

Y todo esto es automático, inevitable. Generado por los malos.

Bien, los niños lo entienden. Hasta aquí. Lo siguiente son curvas.

Quiero que mis hijos se den cuenta de no reaccionar a su nivel porque se convierten en lo mismo

Mami, Mami, ¿cómo han reaccionado los malos? ¿Las piedras las tiraban los malos? ¿No se las tiraban a ellos los buenos? ¿O lo que quieres decir es que no tenemos que acabar reaccionando como ellos, en el sentido de no ponernos delante de las piedras que lanzan los buenos? Como esto:

Pero eso es difícil, Mami. Los buenos estaban en la terraza, o en su casa; en sus cosas. Los malos no han ido donde estaban los buenos. Ha sido al revés. Ha sido aparecer los malos, y como por magia han sido rodeados por los buenos. ¿Como podrían no ponerse delante de las piedras, si los pedreros van a buscarles? En fin, ¿qué es lo de no reaccionar a su nivel? ¿Qué tenemos que hacer?

No habéis estado atentos, niños. Lo he dicho lo primero. La extrema derecha genera agresión y violencia. Esa es la reacción que debéis evitar: generar agresión y violencia. Su lenguaje, que despierta lo peor de cada uno.

Ah, vale. Se entiende. Tenemos que tirarles piedras a los malos, para evitar que haya un lenguaje que genera agresión y violencia. Y cuando los malos aprendan, a pedradas, ya no habrá agresión ni violencia. Y así no hay el peligro de que nos convirtamos en lo mismo que ellos. Por ejemplo, de que no tiremos piedras, como hacen ellos. Pero … ¿no hay un problema con eso? ¿Si los malos dejan de ser malos, a quién le tiramos las piedras los buenos? Recuerda a Huxley, Mami.

The surest way to work up a crusade in favor of some good cause is to promise people they will have a chance of maltreating someone. To be able to destroy with good conscience, to be able to behave badly and call your bad behaviour ‘righteous indignation’ – this is the height of psychological luxury, the most delicious of moral treats

– Aldous Huxley, Chrome Yellow

El vídeo de la piedra viene del periodista Mathew Bennett.

Añadido para los comentarios (Rawandi):

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Esta es una entrada de ficción. Asume algo que no existe. Que el kindergarten puede atender argumentos racionales en este tema, y contestar correspondientemente. Y por precisar, en esta ocasión kindergarten es todo el arco no Vox del Parlamento.

La cosa es que el Congreso le ha pedido al Gobierno que “tome medidas” contra vuestro humilde servidor, entre otros. Vaya, contra todos aquellos que se pueden englobar como “negacionistas” de la violencia de género. ¿Y qué es un “negacionista” de la violencia de género? Fácil: quien no sea un “afirmacionista” de la misma.

Todos podemos jugar con adjetivos gilipollas. Y aunque lo de “negacionista” pretende tener la ventaja de ser automáticamente asociado con los negadores del holocausto y sus horrores, el abuso infantil del término lo ha convertido en un chiste. “Negacionismo” no es más que atreverse a no aceptar lo que a mi me sale de los huevos que todo el mundo tiene que tragar. Y por lo tanto no es nada, porque todos tenemos caprichos que quisiéramos que los demás acepten sin rechistar. Pero no lo conseguimos; todos tenemos “negacionistas”, y la suma de todos ellos es, literalmente, el universo completo de los humanos existentes. El “negacionismo” es la vida. Por ejemplo, “negacionista de la lengua propia” (o asesino de lenguas), etcétera. Y nadie queda fuera del saco.

Europa Press, nada sospechosa de “negacionista” de la violencia de género, ha hecho un resumen excelente de la subnormalidad ambiente. Quicir, del kindergarten. La gracia es que es seguro que no trataba de elegir las frases más idiotas de los “afirmacionistas”, sino las más brillantes.

Sólo voy a usar una, que da pie a la tesis. Pero recomiendo leer el resumen entero, a modo de entretenimiento de humor. Amargo. No tiene desperdicio como hit parade del circo de los payasos.

“Son crímenes cometidos por la desigualdad estructural que existe entre hombres y mujeres, y quien niega eso es culpable de esos asesinatos”, ha declarado la portavoz de Unidas Podemos en la materia, Mar García Puig.

Bien, si la culpa es de la estructura, entonces no lo es de un fulano concreto. O, cuando menos, la culpa del fulano estará muy disminuida por la culpa de la estructura. Señoría, yo no soy culpable; es la estructura esa. Que, por cierto, tiene desigualdad en todas las sociedades humanas … desde los chimpas.

Vamos a la tesis. ¿En qué sentido podría ser culpable el kindergarten de favorecer la violencia física de pareja a las mujeres? En que al hacer del asunto algo del sexo, y por tanto genérico, distrae del pequeño detalle de la variabilidad individual. Que es, exactamente, la que causa los asesinatos. Los hombres no asesinan a las mujeres, salvo en una cantidad estadísticamente indistinguible de cero. Algo como uno cada 16.700, a ojo de buen cubero; en España, hoy.  Obviamente, sin llegar al asesinato también pasan cosas muy feas. Y ese número es mucho más alto, y no tan irrelevante. Pero si todos los hombres son iguales, por ser hombres, la elección es irrelevante. No hay nada que afinar por ahí.

¿Seguro que eso es una buena idea? ¿Seguro que eso no les quita de la cabeza a las mujeres cosas que, tal vez, sería mejor que tuvieran en la cabeza desde el principio? Es más, probablemente haya síntomas que son, al mismo tiempo, apetecibles, y peligrosos. Digamos, lotería con riesgo. Y el amor, esa droga brutal que ciega. E igual aquí ya sí estamos hablando de elementos que son causa. Probabilística, pero muy a considerar.

Hay una estrategia inmejorable para no arreglar un problema. Equivocar la causa. Por eso el kindergarten puede ser peligroso para las mujeres. Sus cuentos, vaya. Y en este caso (y mira que me jode), Vox, no. Tesis.

Nota: lo del kindergarten puede ser peor que un mero aumento del riego, o del problema. Porque lo sería de forma interesada: le está sacando partido al riesgo que provoca.

Añadido para los comentarios (Marod).

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La ley, presupuestos:

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Es un calendario, para recordar. Está sacado por el morro de este libro del cirujano Manuel Calleja (@mancalleja), que recomiendo:

Amazon se ha negado a publicárselo. Sostiene que si eres cliente suyo, sólo te debes informar sobre la Covid-19 a través de fuentes oficiales. Y así es un poco difícil que veas críticas a los gobiernos, que son los que publican las fuentes oficiales. Con lo que nunca podremos aprender, gracias a Amazon, si los gobiernos lo hacen bien, o deben mejorar. Perfecto síntoma de una sociedad, o de una época, inteligentes.

amazon

Calleja lo ha puesto gratis en el enlace de arriba.

Me he limitado a listar los hitos principales, por fecha, entre la comunicación de China a la OMS sobre una extraña enfermedad nueva, y el estado de alarma en España. Son los 74 primeros días de 2020.

31 diciembre. China comunica a la OMS una neumonía atípica, con 26 casos.

9 de enero. Primera muerte, 40 casos.

13 de enero. Primer caso en Tailandia.

23 de enero. China confina a 40 millones de personas en Hubei.

25 de enero. Primer caso conocido en Francia.

30 de enero. Extendida a 20 países.

30 de enero. OMS declara emergencia de salud pública internacional.

31 de enero. Primer caso conocido en España.

2 de febrero. Se abre en Wuhan el hospital (¡en diez días!) de 1.000 camas para pacientes Covid-19.

4 de febrero. España forma el Comité Técnico de Gestión del Coronavirus.

6 de febero. Los nuevos casos y muertes se están multiplicando x 3 en 5 días.

12 de febrero. Se cancela el Mobile World Congress.

13 febrero. Corea, con 111 casos y una muerte, cierra colegios e inicia tests masivos.

14 de febrero. OMS: “Hay abundantes pruebas de que las aglomeraciones pueden amplificar la expansión de enfermedades infecciosas”.

23 de febrero. 3 días después del primer caso, dos muertes en Italia. Ese día cierran 11 municipios.

24 de febrero. Tercer caso en España: un italiano proviniente de Lombardía.

25 de febrero. Primer contagio local en España conocido (y 16 externos). Contagio “oficial”, porque como no se permitía hacer pruebas a nadie que no hubiera estado en un “país de riesgo” (China primero, Irán e Italia después), no se encontraban los casos que ya había.

28 de febrero.

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1 de marzo. Sanidad: “es una prioridad localizar y analizar los casos de contagio local”.

3 de marzo. Se descubre que el 13 de febrero había muerto un paciente en Valencia por Covid-19. Había viajado a Nepal.

3 de marzo. Suspendidos todos los congresos y reuniones de médicos, y las sesiones clínicas, y las vacaciones.

2 de marzo. Ministerio de Sanidad: “En los últimos días se han confirmado alrededor de 10 casos de covid-19 en personas sin vínculo conocido ni antecedente de viaje a zonas con transmisión comunitaria conocida del virus. Estos se han detectado en zonas muy concretas de cuatro comunidades: Madrid (foco en Torrejón de Ardoz), Andalucía (foco en torno a Marbella-Málaga), Castilla-La Mancha (en Guadalajara) y País Vasco (en una zona de Vitoria). Procede por tanto definir las zonas en las que se sospecha esta transmisión comunitaria y establecer una vigilancia intensificada en las mismas”.

No, no procedía definir las zonas, a partir de una información que siempre llega con retraso. Procedía actuar como si estuviera descontrolado, que es lo que ya estaba.

4 de marzo. Primera y segunda víctimas mortales reconocidas en España, con 196 casos.

5 de marzo. Tercera víctima.

Entre 4 y 5 de marzo, los contagios se multiplicaron por 2. Y otra vez por 2 en las siguientes 24 horas.

6 de marzo. Madrid cierra los Centros de Mayores de Día. Simón no está de acuerdo.

6 de marzo. Cuarentena a un grupo de familias de Haro.

7 de marzo. Carmen Calvo: “nos va la vida” (en ir a la manifestación)

7 de marzo. Simón: “le diría a mi hijo que hiciera lo que quisiera” (sobre ir o no ir a la manifestación”.

Frase señera de los días previos: “el machismo mata más que el coronavirus”. Acompañada por: “♪ coronavirus,  oeeee ♫”.

7 de marzo: 430 contagios. (14 días después: 24.926). Los dos principales focos eran Vitoria y Torrejón de Ardoz – aparte del previo de Haro.

8 de marzo. PSOE en Twitter: “Hay que salir a llenar las calles”.

9 de marzo. Se pasa a nivel de “contención reforzada”.

10 de marzo. Se prohíben los vuelos con Italia, que en ese momento tenía 10.149 casos y 631 muertes, fútbol a puerta cerrada, suspendidas fallas de Valencia. Nadie se sorprendió por las medidas, que todo el mundo esperaba.

14 de marzo. Estado de alarma, con 5.700 contagios y 136 muertes. Corea del Sur tomó medidas, muchísimo más leves que nuestro estado de alarma, con 111 casos y una muerte. 51 veces menos de infectados, 136 veces menos de muertos. Lo de las mascarillas, y otras medidas de sentido común, lo hace la población sin que tengan que decírselo.

La diferencia en las curvas, a escala logarítmica, se ve así:

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Hay muy poco más de dos semanas de diferencia entre los picos de los dos países. Ambas series empiezan a igualdad de casos por población. En números, la diferencia es de 6.189 a 233 casos por millón de habitantes. 26 veces menos contagiados por población.

 

Voy a aprovechar el comentario de mi saco de prejuicios favorito.

Hace poco oí en la radio que Trump hubiera perdido las elecciones si los negros se hubieran molestado en (apuntarse para) ir a votar aunque solo fuera en una pequeña fracción de lo que votaron en favor de Obama. A ver si en las próximas elecciones la indignación sirve para que se dignen a utilizar esa herramienta democrática llamada voto.

Se entiende que cree que un demócrata mejorará la vida de los negros. Voy a a hacer un argumento en dos pasos para ponerlo en duda.

El primer paso es un hilo de hoy en Twitter. Muy oportuno, pero tal vez le falta alguna perspectiva. Es sobre el vídeo de una negra que le monta el pollo a una blanca que da la tabarra con el <i>Black Lives Matter</i>. Con los argumentos conocidos del tipo de:

– Todos los días son asesinados chicos negros en Chigaco, ¿dónde está black Lives Matter en Chicago? ¡Vosotros sois los racistas!

– ¿Y tú de que vas, que haces aquí?

– Estoy aquí para protestar por la violencia. No va de negros. Yo soy negra y no estoy oprimida. Hago lo que quiero.

Gemma Goldie ve en Twitter un detalle que se nos ha escapado al resto. La negra del vídeo (negra como el betún) tiene un acento de inmigrante brutal. Probablemente de África.  Y dice Gemma que no se le puede asociar a los negros de EEUU; que no se puede asumir que tengan la misma cultura, ni de coña.

Al final de lo de Gemma se entiende que la crítica del vídeo no vale. Porque no es como los que padecen el problema … “sistémico”, dice la blanca.

Se equivoca en que pueda ser hija de inmigrantes. Los hijos de inmigrantes no tienen acento de inmigrantes. Nunca. Ha pasado -al menos- la adolescencia en África. Es muy posible que tenga una idea muy distinta sobre la opresión; por ejemplo, que haya conocido una opresión de verdad. También puede ocurrir que su familia fuera opresora, y no oprimida. Pero su “he podido hacer lo que quería” parece salido del alma. Como de haber conocido un mundo donde no hubiera podido, y estar muy contenta en EEUU.

En el hilo, Gemma pone un ejemplo de esta diferenciación entre “negros nuevos” y “negros viejos”, que al parecer hacen ellos mismos. Vaya, los “negros viejos”. Del Atlanta Black Star:

Curioso:

Their demand? That university admissions devise a plan to actively increase the presence of underrepresented Black students on campus, who they define as those who have more than two generations in the U.S.

“The Black student population at Cornell disproportionately represents international or first-generation African or Caribbean students,” BSU wrote. “While these students have a right to flourish at Cornell, there is a lack of investment in Black students whose families were affected directly by the African holocaust in America.”

“Cornell must actively work to support students whose families have been impacted for generations by white supremacy and American fascism,” they added.

No se entiende si están queriendo corregir una injusticia retrospectivamente, como en compensar a los nietos por las putadas que sufrieron sus tatarabuelos; o si se trata de una igualdad oportunidades, como en compensarles por una tara que todavía llevan puesta. Digamos los efectos multi-seculares de una discriminación del pasado, tan del gusto de Marod y el Kindergarten.

El segundo paso es la teoría de Thomas Sowell sobre la situación actual de la población afro-americana. Que le parece una situación muy mala, pero no precisamente por el efecto multi-secular de la esclavitud de antaño, sino por el efecto de una política completamente contemporánea. Y compara la situación de los negros desde el fin de la esclavitud hasta los años 60 del siglo pasado, mejorando; con la que tienen desde entonces hasta aquí, empeorando. Y brutalmente. Él lo achaca a las políticas de “protección”, y antirracistas, derivadas del welfare state (esto último, inevitable en Sowell).

De Townhall:

La inmigrante del vídeo parece convencida, con Sowell, de que la idea de empeñarte en sentirte oprimido no conduce a nada positivo.

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Y en ese sentido, su testimonio sí es completamente válido. El supremacismo blanco y el fascismo que haya actualmente en EEUU, ella y sus hijos lo sienten exactamente igual que cualquier otro negro. Digo sentir, en lo que se puede observar y medir; no en lo que lleves dentro, y te haga recrear la realidad al modo de una película lacrimógena. Y como no llevan puesta la tara, por venir de fuera, no sienten nada. Será que no hay.

Esto me recuerda a unos meses que pasé en Charlotte Amalie (St. Thomas – USVI). 76% de población negra. Por casualidades, me hice muy amigo de unos cubanos, negros, que vivían allí. Una trinca de varias familias. E iba con frecuencia al bar de uno de ellos, que me quedaba cerca. Y luego salía con la tropa, y a cenar sus casas y tal. Para mi, siendo cubanos, resultaban completamente cercanos. Trato inmediato y fácil; te “entiendes” automáticamente.  El asunto que viene al caso es que me contaban que alucinaban con la obsesión racial de los negratas locales (los “americanos”). Viven en tensión cuando hay blancos, me decían; están todo el rato fijándose, examinándolos, para decidir cuál de ellos es un puto racista y cuál no. Y a la que deciden que uno es racista, básicamente porque se lo sacan de la gorra, le putean lo que pueden. ¡Oye, que llevan un sinvivil; una gran fatiga!

Yo la verdad es que no lo notaba, pero no creo que se lo estuvieran inventando. Es que tú eres extranjero, alegaban, y no les importas. Sí vi fostias interraciales alguna vez. Una de ellas, muy espectacular, entre dos mujeres. Y la negra, ciertamente, gritaba: ¡racista, puta blanca! No habían cruzado palabra antes de enzarzarse.

¿Y si tuviera razón Morgan Freeman?

 

¡Qué cansados son los cuentos de buenos y malos! Y a menudo, qué peligrosos.

Pero somos muy muy buenos …

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Añadido posterior, para la discusión.

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El Kindergarten, o sea Tóntez y compañía, dicen que estamos en una guerra. Y usan todo el rato metáforas bélicas para referirse a la lucha contra el virus. En principio, muy puestos. Tanto, que las pocas veces que hablan de los muertos, lo dicen así: los muertos. No se les ocurre decir los muertos y las muertas. Supongo que intuyen que las chorradas posmodernas no encajan bien en el relato, si pretenden que esta vaya del Día D en las playas de Normandía. Aquellas películas en las que los héroes eran los que ponían toda la carne en el asador, y no una niña sueca medio trastornada por la telebasura, pero que hace un negocio colosal con su monada.

Lo malo es que los relatos son eso, cuentos. Y quien hace un cuento de una emergencia, ni se cree la emergencia, ni actúa en consecuencia. Pero la cabra acaba tirando inevitablemente al monte.

¿Se imagina alguien un gobernante cabal haciendo planes para dentro de 20 años, cuando está en medio de una guerra cuyo resultado no puede ni siquiera entrever? No, claro. Pero la pregunta tiene trampa. En concreto, gobernante cabal. Que no es ya que no sea el caso en el gobierno de Tóntez, es que se trata de un imposible estructural dentro del Kindergarten. Kindergarten significa, entre otras cosas, no cabal. Es el arte de vivir dentro de hermosos cuentos de buenos y malos, sin mirar ni medir las consecuencias de las “buenas acciones”. Algo que puede funcionar hasta cierto punto en una sociedad sobrada de recursos, donde los problemas principales de la gente no son de supervivencia; sino de falta de alicientes morales, de sentido de la vida, y ese tipo de taras producidas por una riqueza repentina y mal llevada. Algo sumamente artificial. Quita la riqueza, y esos problemas dejan de existir. Pasas de querer salvar el mundo, a añorar poder digerir las piedras, a falta de algo mejor que llevarse a la boca. Y este gobierno casca mucha metáfora bélica, mucho relato y mucha leche, pero sigue pensando en “salvar el mundo”. ¡Con planes a 20 años! Cuando ni siquiera podemos saber qué vamos a estar intentando salvar dentro de uno o dos años.

Es acojonante. ¿Qué diablos llevan en la cabeza? ¿Han decidido ya que dentro de poco sólo van a poder usar coches los ricos, y que a estos les da igual si cuesta el doble o cuesta la mitad? Podría ser. No es un resultado del todo inverosímil de esta “guerra”. Pero si pasara eso, con tan pocos coches circulando, darían completamente igual Madrid Central o el CO2 que emitan los motores de combustión. En cambio, si lo que resulta es mucha gente en el límite de poder tener un coche, lo que conseguirían es que no lleguen a ese límite.

Una sociedad rica, empobreciéndose voluntariamente en cierto grado, puede ser algo más o menos estrafalario, pero practicable. Tal vez puede tener algo a cambio de menos riqueza. Por ejemplo, si el relato consigue convencerles de que así son más buenos, y hace se sientan mejor por ello. Otra cosa muy distinta es empobrecer una sociedad pobre. Eso no tiene perdón de Dios. ¿Y quién ha dicho que vayamos a seguir siendo una sociedad rica después de esta “guerra”? ¿Quién asegura que acabar en un nivel, por ejemplo de Marruecos, sea un resultado que no hay que considerar, y tal vez incluso difícil de conseguir? ¿Qué es lo que podría hacerlo imposible; nuestras riquezas naturales, o el exagerado capital humano que acumulamos (el kindergarten)? Bien, pues ahora imagina Marruecos (un nivel que podría ser inalcanzable dentro de poco), sacando leyes para el empobrecimiento como esta. Simplemente, no es imaginable.

Sí, puede ser exagerado pensar en que vayamos acabar tan mal. Lo mismo que puede ser optimista. No lo sabemos. No se puede saber. Por eso ningún gobernante cabal hace planes a veinte años, para conseguir resultados dentro de ochenta, en una situación como la que estamos. Y exactamente por eso, este gobierno es un peligro público. Lo más impresionante es que puede que te acaben explicando los ministros loro de Iván Redondo, que esto lo hacen … ¡¡¡¡por el principio de precaución!!! Vaya, por prudencia.

Añadidos para la discusión:

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cv-turistas

La actualidad ha entrado a saco en el último artículo de Marod [–>] y su discusión. Vaya, a lo bestia.

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Dice Marod:

negar esa posibilidad de autodefinirse a la persona nos acerca al totalitarismo social.

Que es exactamente lo que dice el juez que ha visto el caso, dando la razón a la empresa que ha expulsado a la pecadora.

Resulta que Maya Forstater opina en público (Twitter y tal), que es muy discutible que un hombre que se sienta mujer, o que tenga un certificado legal de que ha cambiado de hombre a mujer, sea una mujer. Alega que no puede dejar de creer que una mujer es un humano que, de producir gametos, los produce grandes. Digamos macroscópicos. Y que un hombre es quien, de producir gametos, los produce microscópicos. Y que no hay gametos intermedios. Y la diferencia de gametos tiene consecuencias; por ejemplo, de estrategia reproductiva.

La empresa en la que trabajaba expulsó a Maya por expresar esa opinión humillante para los transexuales, y el juez dictamina [–>] que la empresa tiene razón. Por lo que dice Marod, cambiando el término totalitarismo por absolutismo. Literalmente. Pone cinco veces la expresión en la sentencia, siempre de este tenor:

The human rights balancing exercise goes against the Claimant because of the absolutist approach she adopts.

Entiéndase: Entre el derecho de Maya a tener una opinión, y el derecho de los transexuales a no ser ofendidos, prevalece el de los transexuales porque la opinión es absolutista. Y supongo que sí se puede pensar y decir que los burros no vuelan, aunque sea una opinión igualmente absolutista, porque los burros no tienen derechos. Mientras que queda pendiente la duda de qué pasa con la opinión, no menos absolutista, de que los cojos no corren muy bien, o que estadísticamente lo hacen a menor velocidad. ¿No tienen dignidad los cojos?

En la discusión de lo de Marod, yo alegaba que el derecho debería castigar acciones, y que el castigo de las opiniones debería reservarse para la moral. El juez inglés no anda demasiado lejos de esa idea general, y fabrica una gimnasia bastante curiosa para resolverlo.

86 There is nothing to stop the Claimant campaigning against the proposed revision to the Gender Recognition Act to be based more on self-identification. She is entitled to put forward her opinion that these should be some spaces that are limited to women assigned female at birth where it is a proportionate means of achieving a legitimate aim. However, that does not mean that her
absolutist view that sex is immutable is a protected belief for the purposes of the EqA. The Claimant can legitimately put forward her arguments about the importance of some safe spaces that are only be available to women identified female at birth, without insisting on calling trans women men.

87 Human Rights law is developing. People are becoming more understanding of trans rights. It is obvious how important being accorded their preferred pronouns and being able to describe their gender is to many trans people. Calling a trans woman a man is likely to be profoundly distressing. It may be unlawful harassment. Even paying due regard to the qualified right to freedom of expression, people cannot expect to be protected if their core belief involves violating others dignity and/or creating an intimidating, hostile, degrading, humiliating or offensive environment for them.

88 As set out above, I draw a distinction between belief and separate action based on the belief that may constitute harassment. However, if part of the belief necessarily will result in the violation of the dignity of others, that is a component of the belief, rather than something separate, and will be relevant to determining whether the belief is a protected philosophical belief. While the Claimant will as a matter of courtesy use preferred pronouns she will not as part of her belief ever accept that a trans woman is a woman or a trans man a man, however hurtful it is to others. In her response to the complaint made by her co-workers the Claimant sated “I have been told that it is offensive to say “transwomen are men” or that women means “adult human female”. However since these statement are true I will continue to say them”.

Dos claves.

1) La creación del tabú.

Aunque distingue entre creencia y una acción separada basada en esa creencia que puede suponer acoso, si una parte de esa creencia necesariamente resulta en la violación de la dignidad de otros, ya no están separados creencia y acción. Y a tomar por saco la libertad de pensamiento.

Por ejemplo, creer que Dios no existe puede perfectamente violar la dignidad de otros, porque su dignidad depende precisamente de haber sido creados por Dios a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Y aunque las ideas sobre los derechos humanos evolucionen, y las creencias de los cristianos ya no estén entre los derechos humanos, lo que el juez nos está diciendo es que el ateísmo nunca hubiera tenido derecho a nacer, ¡porque cuando nació violaba la dignidad de otros! A tomar por rasca la Ilustración.

2) La gimnasia Kindergarten.

Maya tiene derecho a expresar su opinión de que debería haber espacios que estén reservados a las mujeres a las que se les asignó el sexo femenino al nacer, cuando sea un medio equilibrado para alcanzar un fin legítimo. Sin embargo, eso no significa que su visión absolutista de que el sexo es inmutable, sea una creencia protegida por a ley.

¿Mande? ¿En qué sentido podría no ser “absolutista”, y no ser ofensivo para transexuales, creer que una “mujer trans” puede ser una molestia insuperable en los vestuarios para una mujer de nacimiento? Por qué va a ser absolutista creer que el sexo es inmutable, y no ser absolutista creer que una “mujer trans” no es como una mujer de nacimiento, a ciertos efectos?

La ley a la que se agarra es la Gender Recognition Act, que dice:

Where a full gender recognition certificate is issued to a person, the person’s gender becomes for all purposes the acquired gender (so that, if the acquired gender is the male gender, the person’s sex becomes that of a man and, if it is the female gender, the person’s sex becomes that of a woman).

Para todos los propósitos, dice. Pero el cachondo del juez cree que no es absolutista establecer una diferencia absoluta entre mujeres nativas y mujeres trans, para un propósito. Y que la mera idea de “mujeres nativas”, que automáticamente establece la categoría de “mujeres no nativas”, no puede ser ofensiva para estas últimas si les da por sentirse ofendidas por ello. ¿Por qué? No lo dice, pero trasciende que sea algo como un principio de realidad. Son, efectivamente, “mujeres no nativas”. ¡Pero también son no-mujeres si usas una definición biológica de mujeres, coño!

La sentencia también toca otro aspecto mencionado por Marod. Pero va más allá. No se trata de “si no afecta al orden público”, ancha es Castilla. Se trata de algo más:

Freedom to manifest one’s religion or beliefs shall be subject only to such limitations as are prescribed by law and are necessary in a democratic society in the interests of public safety, for the protection of public order, health or morals, or for the protection of the rights and freedoms of others.

Dice proteger la moral. Pero en realidad protege una moral contra otra moral. Y contra la realidad biológica, pero eso es otra cuestión. A pesar de los disimulos, toda esta virguería legal no es más que la imposición por la ley, de, no ya la moral, sino de una moral particular. Y no precisamente mayoritaria. Y de lo de consenso social, ya ni hablemos. La mitad de las feministas están con Maya, progre y feminista donde las haya, y de la mano de J.K. Rowling, tan progre y feminista como la que más. Y se ha montado en Twitter un pollo termonuclear.

Marod y el juez inglés están convencidos de hacer de librepensadores muy liberales, pero su función y ejercicio es calcada de la de los curas y meapilas que prohibían el ateísmo. Lo aplican en otro sentido, sí; pero aplican lo mismo.

Acabo con palabras de Marod:

Ahí os siembro la duda… a ver qué nos trae la cosecha 😉

La sentencia en cuestión:

 

(Ver actualización al final)

Nota previa a mis amigos los “liberales alegres”. Twitter no es un negocio privado, y punto. No es tu casa, donde dejas entrar a quien quieras, y le exiges la conducta que te da la gana. Es un negocio privado, y algo más. Por ejemplo, es calle. Un sitio por donde tienes que pasar para llegar a donde quieres. Pongamos una parte del mundo.

Un bar y similares tampoco son negocios privados y punto. No puedes decidir todo lo que se te ocurra, como prohibir el acceso a una minoría étnica, o prohibir conversaciones sobre algo que te moleste. Un bar es semi-calle. No puedes pensar que sino te gusta que echen a los negros, vete a otro si eres negro. ¡Porque igual no lo has elegido tú, sino tus amigos blancos! Y si ellos tienen que elegir otro por tu culpa, ya eres un apestado al que a vida le cuesta más … por tus putos caprichos. Te jodes, y eres tú el que no puede abrir el bar si no sabes comportarte con un mínimo de la civilización común del lugar. Por eso; por ser semi-calle. No tiene nada que ver con “tu casa”.

Y Twitter es muchísimo más cercano a “calle” que un bar. No vas a Twitter por una decisión personal más o menos arbitraria, como quien elige una zapatería en lugar de otra. No hay “otro Twitter”, y Twitter es tan parte del mundo como la calle por la que sales y llegas a tu casa. De hecho, mucho más parte del mundo. Está tu ambiente, tus intereses, tu información, tus científicos, tus pensadores; y ahí se cuecen muchas de las cosas que pasan. Usarlo no es una elección mucho más libre que la de usar la calle, y por tanto no debería haber un derecho menor a transitarlo.

El ejemplo que traigo abunda en ese idea. Un político haciendo campaña no puede no estar en Twitter. Punto. No puede. Pero Twitter se permite hacer lo que le da la puta gana con su plataforma, prescindiendo de los sistemas con los que llevamos organizando la convivencia desde hace unos cuánto siglos. ¿Y quién es Twitter, para poder hacer eso? El Twittergarten. Unos niñatos tecnológicos millonarios, que sin duda saben un montón de programación, pero a los que nadie sensato recomendaría como alcaldes ni siquiera de una pequeña aldea. ¡Porque se pondrían a decirles a las gallinas lo que tienen que pensar!

Ejemplo: los niñatos tecnológicos deciden como puede hacer su campaña un senador de los EEUU.

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La versión en The Hill:

Podemos entrar en los detalle, pero no debería hacer falta. Es completamente absurdo un mundo en el que el niñato tecnológico decide la libertad de expresión de un senador en su campaña. Podría valer en el Kindergarten, que es a lo que quieren llegar; pero no deberíamos dejar que pase. Y da igual la cuadra del senador; valdría lo mismo para la congresista AOC, que no para de decir burradas. Serán burradas, pero esa no es una decisión como para los niñatos. Por mucho dinero que tengan. Ese no sería un mundo ni inteligente, ni bien organizado.

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El asunto concreto. McConnell pone en su cuenta de Twitter, a modo de ejemplo de la campaña de violencia social que está sufriendo estos días, un vídeo del escrache con el que le atacaron a la salida de un restaurante. Con todo tipo de amenazas. Y los niñatos alegan que las normas del Twittergarten prohíben el contenido que incite al odio o la violencia. Cojonudo, porque en el jardín de la infancia, la seño pone las normas, las interpreta, ¡y las aplica! El puto Jack, que casi siempre las aplica contra los mismos. Y ya puede explicar el equipo del senador lo que entiende cualquier humano medianamente adulto: que ese vídeo, en ese contexto, en lugar de promover la violencia y el odio, lo que hace es criticarla. Naina la vaina; Jack dice que, o elimina el “tuit” con el vídeo, o su cuenta se queda cerrada. La calle a expensas de los niñatos prodigio. A brave new world ha llegado.

También se da la circusntancia de que en el vídeo se oye proferir amenazas y deseos bastante obscenos sobre la salud del senador, a la líder del movimiento Black Lives Matter en Louisville, Chanelle Helm. Que probablemente sea la razón que hay detrás de la censura del Twittergarten.

Chanelle-Helm

El Mundo dice que el equipo de Trump está redactando una orden ejecutiva para acabar con el “sesgo progre” de los monopolios sociales de Silicon Valley.

A Trump no se le puede pedir finura intelectual, y lo expresa como lo expresa. Pero la idea no es sólo buena; es necesaria. No es una anécdota. Es algo que está pasando todo el rato. A gente “conocida”, y mucho más a gente desconocida. Twitter es un sistema basura, pero es una basura necesaria. Mejor sería civilizarlo, y eso no es algo que se deja en manos de niñatos. Pero tampoco las manos de Trump son precisamente ideales. No mejores que las de Atila. Mejor sería una ley. Y apuesto que la mera amenaza de ley ya tendría efectos positivos.

Que civilicen el Twittergarten. O lo cierren.

Actualización, un día después. Esto ya es el colmo. Los republicanos en masa han amenazado con sacar su publicidad de Twitter, y el Twittergarten responde:

After multiple appeals from affected users and Leader McConnell’s team confirming their intent to highlight the threats for public discussion, we have reviewed this case more closely,” Twitter said in a statement.

Es como la versión posmo del chiste de los vascos en el monte. ¿Oye, a qué vamos; a Rolex o a setas? Si son vascos, ya sabemos que la pregunta es absurda. Pero si es el 50 aniversario del alunizaje, y es el WaPo, la cosa va en serio.

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Es verdad que el proyecto Apollo tenía la utilidad exclusiva de un cuento. ¡Pero menudo cuento! Nada menos que: ¡somos los mejores! No se puede aspirar a más en cuestión de historias estimulantes. Y no se puede menospreciar la utilidad inducida que representó. No sólo por el desarrollo tecnológico que produjo; también unidad, propósito, optimismo y atrevimiento. Una sociedad segura de sí misma, y dispuesta a comerse el mundo. Y el cosmos. Aunque probablemente aquella hazaña representara más el síntoma de todo eso. La consecuencia, no el impulso.

Sic transit …

Ahora vamos a setas. No se trata de llegar a nuevas metas que parecían inalcanzables. Se trata de que las mujeres, etcétera, lleguen a donde ya se había llegado. O que las mujeres, etcétera, lleguen. Donde sea. Punto. Y está muy bien. Cambiamos la carrera del espacio, por la carrera del espacio de la igualdad. Hay que olvidar lo de Marte. ¡Cosas de Trump! ¿Qué más dará donde lleguemos, mientras lleguemos en igualdad? Vaya, que podemos quedarnos en la tierra. Más tranquilo. El espacio estaba en casa.

Como cuento, es igual de cuento. Y seguramente debe ser estimulante también. Probablemente estimula que seamos muy buenos. O podemos creerlo así. Ahora, como llegar, llegar, no parece muy claro que tenga tanto recorrido. Recorrido espacial, quiero decir; no moral.

¿Pero tú vas a setas, o vas a Rolex?

Perdón.

Nota: las fotos las ha recopilado la cuenta de Twitter: Noventa (@90248a)

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Chakrabarti hizo una revelación inesperada. “Lo interesante sobre el Green New Deal”, dijo, “es que en un principio no se trataba del clima en absoluto”. Ricketts recibió esta sorprendente idea con una atenta cara de póker. “Vosotros creéis que se trata de clima?, continuó Chakrabarti. “Porque nosotros realmente lo vemos como un cómo-cambias-la-economía-entera”.

Aunque los nombres probablemente no te suenen, esta vez no se trata de un académico más o menos cantamañanas vendiendo su libro. Era el primer contacto entre un candidato demócrata a la presidencia, en 2020, y el jefe de gabinete de una congresista. Y el Washington Post especifica: más que un jefe de gabinete al uso, se trata se trata del líder de un movimiento político.

Tan líder, como que el Green New Deal, y la misma Alexandria Ocasio-Cortez, son criaturas de Chakrabarti. Un niño tecnológico que, después de forrarse con start-ups en Sillicon Valley, se ha reconvertido en estratega político de la extrema izquierda millenial. Un Bernie Sanders con 33 años, pero más en plan de manejar los hilos y las marionetas que de ponerse en el atril. En la campaña de Sanders fue Director de Organización Tecnológica. Cuando acabó, fundó, junto a dos compañeros de aquel proyecto, un comité político. El Brand New Congress. Con la idea de ayudar a elegir a cientos de congresistas de esa línea política, a base de activismo comunitario y crowd-funding. Puede recordar a la idea del Tea Party, en versión kindergarten. O  Podemos, pero con cerebro y muy buenos programadores. Vaya, con Sillicon Valley detrás, en lugar de Roures.

De ahí salió Alexandria Ocasio-Cortez. El Brand New Congress fue un relativo fracaso, si se miran los números. En vez de cientos de candidatos, consiguieron reunir doce. Y de ellos, sólo Ocasio-Cortez superó las primarias, y la elección como congresista. A cambio, desde el punto de vista del impacto les ha ido muy bien. Han hecho nacer una estrella. Y se entiende muy bien el juego de palabras del titular del Washington Post. El Jefe de Cambio, en lugar del Jefe de Gabinete. Queda claro quién piensa y manda. Y no es la camarera del Bronx. Lo que ella ofrece es la “conexión” con los millenials, vía Twitter.

Así sintetiza Chakrabarti el Green New Deal, su criatura:

Significa presentar lo más ambicioso, atrevido, lo más grande que podamos, y entonces crear un movimiento alrededor de ello.

(La cita viene de Wikipedia [–>])

Y sigue la reunión con Ricketts, el candidato demócrata a la presidencia que basa su campaña en el “cambio climático”. No niega la idea del uso bastardo del cuento del clima, según recoge el Wapo:

“Sí,” dijo Ricketts. Luego dijo: “No.” Y entonces añadió: “Yo creo que es dual. Tanto desafiar lo que es existencial en el clima, como crear una economía que contenga más prosperidad. Más sostenibilidad en esa prosperidad – y una prosperidad más ampliamente compartida, igualdad y justicia”.

Y el periódico lo resume:

Movilización económica nacional. Justicia. Comunidad. Era un reconocimiento de lo lejos que ha llegado el movimiento progresista dentro del “establishment” de Washington. Todo es interseccional ahora – incluyendo la descarbonización.

Este es un paso muy distinto del “Ocuppy Wall Street”, aunque sea parte del mismo camino.

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Y es curiosa esa idea, tan extendida, de que el mundo de Twitter es marginal, y sin influencia en el mundo real. Las algaradas callejeras, tan espectaculares con los  niños con las caras pintadas, se dejan su peso político en la performance misma. ¿Y después qué? Y después no hay nada. Pero desde Twitter, no es que el kindergarten influya, es que dirige el debate público. No hay periódico serio, así sean los más influyentes del mundo, que no ponga “tuits” como parte de su información política, todos los días. Y por ejemplo ese Green New Deal, que les parece una payasada surrealista incluso a los científicos que crearon la alarma climática, es ya parte importante del calendario y del futuro de ambas cámaras en EEUU. ¡Incluso los republicanos están proponiendo alternativas y transaccionales a una fantasía irrealizable! Y eso lo hace Twitter.

En el juego clásico de interacción entre parlamento y redacciones de medios de comunicación, las payasadas pueden llegar hasta cierto punto. Más allá, empiezan a sacarle los colores al payaso, y se nota. Porque hay posibilidad de crítica, y la crítica pesa. Pero háblale de crítica, o de colores en la cara, a un Chakrabarti que sabe muy bien cómo está manejando Twitter, y a quién se dirige.

The Guardian:

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¿A Brave New World? Ni la imaginación más libre de carga podía imaginar cómo iba ser. Y de nuevo, la realidad supera la ficción. De largo. De muy largo.

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Anda la peña revuelta en Twitter. Woody Allen empieza a rodar una película en Sanse. El Ayuntamiento le ha organizado una recepción, y Bildu se ha encargado de que el orbe sepa que no piensan acudir. Por lo de haber sido acusado de abuso sexual por una hija adoptiva. Y la gente lo ve contradictorio, grotesco. Joder, campeones; que no ha sido condenado, y vosotros no parais de aplaudir a decenas y decenas de asesinos de inocentes que sí lo han sido.

Hay muchos ejemplos de la movida, pero Tsevan Rabtan siempre ofrece calidad y concisión.

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En realidad estamos ante lo más natural del mundo. (Natural de naturaleza, no de recomendable). Algo de siempre, y en absoluto sorpresa. Vaya, una apuesta segura. Un cuento moral; que es a lo que se dedica Bildu, con una energía aun mayor que la de la izquierda en general. Y no tiene la menor contradicción con asesinar. Los cuentos de buenos y malos (los cuentos morales) se hacen para fardar de buenos, y para agredir a “los malos”. Es una doble ventaja: sentirse bien, comportándose muy mal. Romper las cosas, y ser felicitado por ello. ¿Quién puede ofrecer nada mejor que eso? A un niño, imposible.

Y definitivamente, de nuevo no tiene nada.

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La única consideración de fuste en los cuentos morales es saber quién son “los malos”. Y eso te asegura saber quién va a recibir. Pero asesinar inocentes como herramienta política, y abuchear a Woddy Allen, no son ejercicios contradictorios. ¡Son el mismo ejercicio! Es lo que puedes esperar que aplaudan las mismas personas. En ambos casos se trata de agredir a “los malos”. Y malos son los que diga el sandrín, una vez calentada la turba. No tiene nada que ver con prueba, o juicio, o ni siquiera con nada real. Solo tiene que ver con el sentimiento y el etiquetado de la jauría. Y sí, suelen usar cualquier disculpa peregrina, porque algo hay que disimular. Pero lo absurdo es ponerse a examinar y a criticar la disculpa. O a exigir “coherencia”. Esa es la forma de no enterarse de lo que pasa, ni de cómo funciona la monada.

Y los del Orgullo, con sus acosos y violencias, que se lo miren. Porque muy muy distinto no es. Mismo esquema. Calcado. O sea, el kindergarten. Que suena como un cuento bonito, lleno de colorines y somriures (otros que tal). Pero en realidad, una puta pesadilla.

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Nota: La foto de Allen es de su cuenta de Facebook.

En una vista muy general parece que en estas elecciones se dirimían algunas discusiones que se pueden resumir en dos. La territorial, y la económica. La segunda es más simple. O alegría en el gasto, gastarse sin preocupación lo que no se tiene; o cierta contención. Y el resultado ha sido bastante clarísimo.

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Hay que tener en cuenta que el caso del PNV es un poco especial. Porque sí está de acuerdo en gastarse lo que el resto no tiene, y en que el resto se gaste también lo que no tiene. Digamos que es serio sólo de puertas para adentro. O sea que a este respecto no hay mucha duda de lo que se ha votado, ni de lo que va a pasar. Alegría, Macarena, hasta el siguiente fostiazo. Luego, con las lágrimas, cambia el voto por desmotivación del #Kindergarten. O eso ha venido pasando hasta ahora.

El esquema resulta aburrido. Por repetido, y por no muy inteligente. Mientras la cosa económica no va demasiado mal, lo que mola es … ¡que vienen los malos! El dóberman, los fachas, la ultra mega extrema derecha; la Biblia en verso. Mi #Kindergarten favorito siempre lo expresa con mucha claridad:

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Luego los buenos producen paro y bolsillos vacíos, y parte del #Kindergarten se desmotiva a la hora de votar. Y entonces ganan los malos que, mal que bien, corrigen algo el estropicio. Y ya estamos listos para la siguiente ronda de ¡necesitamos más tensión! Miedo al doberman; ganan los buenos; vuelta a empezar.

Aunque sea un proceso muy repetido y conocido, no se puede decir que no haya ningún cambio. Pongamos de nivel y de “calidad humana”. Joder, que la sucesión ha sido: Felipe González -> Zapatero -> Dr. Macarra. La leche.

Siempre podemos consolarnos pensando que la bajada de calidad ha conllevado una bajada de resultado. Por ejemplo, si medimos el porcentaje que le quedaba a la derecha en cada victoria de PSOE, podemos consolarnos pensando que la pérdida de calidad se nota. Que no es lo mismo un macarra impresentable que un Bambi místico, o un Felipe. Lo único es que da miedo pensar en el siguiente paso. ¿Cómo podría ser quien supere en falta de calidad al macarra, y la victoria sea una no victoria? ¿O qué más tendría que hacer el Dr. Fraude para no ganar?

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Y ahora lo del cristo territorial. En una primera aproximación podemos dividir el resultado entre los que creen que España es una nación, y los que creen que son muchas — aunque nunca especifiquen cuántas son, ni cómo se llaman. Está crudo. El resultado viene en votos y en porcentaje.

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Pero esta es una división demasiado simple, porque aunque el segundo grupo coincida en ver muchas naciones en España, luego no están en absoluto de acuerdo en cómo desorganizar ese saco de naciones. Tienen -digamos- una especie de pacto provisional. En una situación que recuerda a la británica. Sí, vale, Brexit; pero, ¿qué tipo de Brexit? Y ahí probablemente nos atascamos.

Añadiendo matices, pero todavía tal vez demasiado simple:

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Aburrido no va a ser. Y eso sin tener en cuenta que Tóntez puede hacer, literalmente, cualquier cosa. Y en cualquier sentido. Ahora, además, puede alegar que el electorado se lo premia. Y no sería mentira.

El caos del Brexit esta produciendo lecciones que deberíamos aprovechar. Y muchas de ellas van completamente en la línea del caso de la secesión de Quebec,  con el dictamen del Tribunal Supremo de Canadá del que salió la famosa Clarity Act. En ambos casos la clave es esa, la claridad. Evitar la falta de claridad y el votar a oscuras, obteniendo un resultado que muy bien puede no ser el que se pensaba al votar.

En Canadá lo hicieron por dos medios. Por una parte, elevando la barrera. Exigiendo una “mayoría clara”, mayor que una mayoría simple. Para no jugarse una decisión tan grave al albur del humor cambiante del momento. Y por otra, con un elemento menos conocido pero probablemente más relevante. Explicando, ¡antes de la votación!, toda una serie de cuestiones bastante complejas y delicadas que necesariamente habrá que negociar de cara a una eventual secesión. O sea, después del voto viene una negociación en la que hay que resolver, con un pacto, toda una serie de problemas … esencialmente imposibles de resolver.

En el Brexit está surgiendo una mayoría dentro de los laboristas, con apoyo de los nacionalistas escoceses, que quieren forzar a Corbyn para que exija lo que llaman un “voto de confirmación”. Que supone que, una vez que haya un acuerdo de salida, o la decisión de una salida sin acuerdo, volver la decisión al electorado para que elija si quiere esa forma de concreta Brexit, o prefiere dejar las cosas como están.

Es evidente que la diferencia en las soluciones viene por el distinto momento en el que se paren. Una antes, y la otra después de un referéndum diabólico. Pero las dos apuntan a lo mismo. Una respuesta binaria a un problema complejo es una respuesta a ciegas. No puedes saber qué coño estás votando. Por la sencilla y muy matemática razón de que, mientras que no cambiar lo que hay es una sola solución (seguir como estamos), un cambio indefinido tiene muchas soluciones posibles. Y normalmente no es el caso que todas esas posibles soluciones les gusten a todos más que el no cambio. Lo mayoritario tenderá a ser que si el cambio es de esta forma, lo prefiero; pero si es de esta otra forma, ni de coña.

Tiene guasa cómo se usa el “principio democrático”. Para todos los antisistema, y el secesionismo es lo más antisistema que cabe, su idea de la democracia parece ser del tipo de asamblea de kindergarten. Vota algo con nombre muy bonito, pero con concreción muy indefinida, que luego ya te diré yo cómo va el reglamento. O sea, literalmente, vota a ciegas. Pero para ellos un voto de confirmación, en el que se decide entre A (concreto) y B (ya concretado), resulta que no es nada democrático. ¡Porque el pueblo ya había decidido (lo que no podía saber cómo iba a ser)!

Cuando hablan tan pomposamente de democracia, conviene distinguir sin están hablando de democracia kindergarten.

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Es un infantilismo estilo Puigdemont. Quieren convertir un problema que les motiva, en el peor problema del mundo. Por ejemplo, la violencia de pareja, que en España tiene de las menores incidencias del mundo. Y pretenden conseguir su objetivo cambiando el significado de las palabras. ¿Cuál es en España el tipo de violencia que tiene peor categoría moral? El terrorismo. De eso sí hemos sufrido mucho. Pues nada como asociar la violencia de pareja al terrorismo, para conseguir nuestro objetivo. Aunque sean dos tipos de violencia estrictamente opuestos.

El primer paso es convencer a la chiquillería, por pura repetición infinita, de que las matan por ser mujeres. La primera característica del terrorismo. Matar -más o menos aleatoriamente- a alguien, por ser del grupo X. Para acojonar a todos los miembros de ese conjunto. El objetivo no es una muerte concreta, sino el mensaje que manda. No importa la persona, sino la idea. Como cuando los romanos diezmaban a una legión que se había portado mal. Se cargaban a uno de cada diez legionarios, de tal forma que la papeleta le podía tocar a cualquiera. Así que todos se sentían muy muy concernidos por el asunto. Todos podían ser el que iba a caer. Lotería macabra, mensaje definitivo.

Justo lo opuesto de la violencia doméstica. El bestia que la practica no quiere lanzar un mensaje; ni a las mujeres, ni a nadie. El objetivo sí es la muerte de una persona; pero no de una persona aleatoria, sino de una muy concreta. Es algo completamente personal, que es lo que no es el terrorismo. Y puede no ser una contra un mujer, si su pareja es del mismo sexo. O sea que ni es contra las mujeres, ni es por ser mujeres. Es contra una mujer concreta … ¡que además puede ser hombre!

Otra manera fácil de verlo es darle la vuelta, y examinar lo opuesto a la violencia. La ayuda, o incluso la afición. Los hombres sí ayudan -¡y salvan!- a las mujeres por ser mujeres. Se encuentran a una mujer en apuros, y le echan un cable. Y lo hacen exactamente por ser mujer, con total independencia de qué mujer sea, y sin necesidad de conocerla ni de saber nada sobre ella. Es mujer; tiene un apuro; le echo una mano. Punto. O sea, los hombres no matan a las mujeres por ser mujeres (serían muy idiotas si mataran lo que les gusta), pero sí les ayudan por ser mujeres.

Y ahora, establecida la parida, podemos hacer todo tipo de comparaciones alucinógenas:

En España han sido asesinadas más mujeres por sus parejas que víctimas del terrorismo de ETA. Y había una ley específica para el terrorismo de ETA, con un tribunal específico que juzgaba a los terroristas. Siendo menos asesinos, o asesinando menos.

No, no había una ley específica para el terrorismo de ETA. Había -y hay- una ley para el terrorismo. Exactamente lo mismo que puede haberla para la violencia doméstica, con independencia del sexo. Y no había un tribunal para terroristas. No ya para terroristas de ETA, sino que ni siquiera para terroristas en general. Es para un grupo amplio de delitos, muy distintos, en los que los tribunales locales pueden verse comprometidos con relativa facilidad si los delincuentes tienen una capacidad y un poder excesivos. (Es más fácil proteger a un tribunal, que a 17 o más).

Bueno, pues esto no es una broma marginal. Es feminismo de televisión, y de la corriente mayoritaria. Que algunos llaman feminismo radical, pero más parece feminismo subnormal. Y goza de los aplausos entusiasmados de todo el kindergarten.

 

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Señala el alegre economista – tertuliano una imaginaria paradoja española, de la que tendría la culpa Rajoy. Que plantea así:

La paradoja de que Suecia (con la mitad de horas de sol que nosotros) produzca el triple con energías renovables que España.

La chorrada, como de biberón, no tiene mayor interés. Ya sabemos que los cantamañanas de tertulia están inmersos en una carrera por ver quién dice la burrada más gorda. Y si José Carlos Díez cree que sus seguidores ideológicos no tienen mayor problema en que se compare la energía solar con todo el conjunto de renovables, es asunto suyo. Cada cual habla para quien quiere, y hablar para idiotas funcionales no está prohibido. Pero esto nos da pie para  mirar el asunto, la supuesta paradoja esa, bien mirada. Y averiguar dónde se sitúa España en lo que respecta a la “energía verde”.

Nota. Los datos los sacamos del BP Statistical Review of World Energy June 2018. Son siempre en porcentaje de energía consumida de una fuente, sobre el total  energía consumida (energía primaria). Y las unidades son Mtoe (millones de toneladas equivalentes de petróleo) [–>].

Para empezar, la chorrada de lactante. España consumió 3,2 Mtoe de energía solar. Suecia, 0,04 Mtoe. O sea, España unas ochenta veces más que Suecia. O , en números relativos a su consumo total de energía, que es una comparación más justa, fueron 2,3% frente a 0,1%. Unas treinta veces más. Ninguna paradoja por aquí; Rajoy, o no Rajoy.

La paradoja imaginaria se explica por el motivo que todo el mundo sabe. Suecia tiene muchísima energía hidroeléctrica. Un 27% de su energía primaria, frente al 3% de España. Pero eso depende de la geografía, no depende de Rajoy. También tiene mucha más energía nuclear. 27% frente al 9% de España. Y eso depende de un gobierno socialista, que frenó la energía nuclear en España.

Respecto a “cacharrines verdes” (placas solares y molinillos de viento), que es lo que le interesa a estos tertulianos, la situación es bastante parecida. Con España por delante de Suecia. España 10,3%, y Suecia 7,3%. Donde Suecia es casi todo eólica, sin apenas solar. Exactamente como se podía esperar.

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Pero miremos España comparada con todos los demás países. Tres gráficos. Los diez primeros países del mundo en solar, eólica, y la suma de ambas – o “cacharrines verdes”. Siempre en porcentaje sobre el total de energía primaria consumida.

Solar:

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España es el sexto país del mundo. A Suecia no la verías ni con catalejos.

Eólica:

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España es el cuarto. Suecia, el quinto.

Y la suma de los dos “cacharrines verdes” (sol y viento):

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España, el cuarto; con Suecia de séptimo.

Y tenemos que aquí sí hay una paradoja, pero no es la paradoja que pensaba José Carlos Díez. Podría llamarse la paradoja José Carlos: la gente inteligente dice chorradas descomunales, a poco que se meta en la carrera de la tertulia. O la carrera de la ideología, que tal vez sea lo mismo.

En todo caso es interesante ver la situación general, ahora que va a haber elecciones. Si algún partido te dice que España va retrasada en el empeño de encarecer la energía a base de cacharrines verdes, ya sabes que “retrasada” quiere decir el cuarto del mundo. También sabes que el primero, que va muy destacado, es el que tiene la electricidad más cara. Y de forma apabullante. Se lo puedes recordar a Ciudadanos, a los que cada vez se les va poniendo más cara de paradoja José Carlos.

Añadido para los comentarios. Los países menos dependientes de combustibles fósiles, y la forma en que lo consiguen. Donde “renovables” es sólo “cacharrines verdes”. Aquí sí destaca Suecia; pero por hidráulica, que no depende de Rajoy, y por nuclear, que si depende de los socialistas. Sin ellos, tal vez estaríamos en un lugar tan destacado como Francia.

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Fuentes.

De la paradoja, artículo de José Carlos Díez en Crónica Global El Español:

De los datos, BP:

 

vox

Hay que fastidiarse. Desde Vox nos estaban diciendo que no es que haya algunas disfunciones que corregir en la Ley Integral de Violencia de Género, sino que es una cagada de origen sin arreglo posible. Con dos pegas fundamentales: la culpabilidad sin necesidad de prueba de la mitad de la población; y una desigualdad penal por motivo de sexo, que condena más la misma acción y el mismo resultado, si lo hace un hombre. Todo esto lo negaba rotundamente “el consenso”.

También señalaban desde Vox otros problemas, como los chiringuitos feministas en los que la pasta apenas llega al objetivo que se le supone. Pero esta no era la discusión, y el PP y C’s decían que era el tipo de problemas que se pueden corregir sin quitar la ley. Ni siquiera cambiarla.

Y ahora sale el Supremo con una sentencia espectacular. Diciendo, exactamente, lo que dice Vox. Tomo el asunto y los escaneados de este hilo en Twitter de Matthew Bennett (@matthewbennett), probablemente el periodista más eficaz de España. (Seguid el hilo).

Pero resumo el caso:

Una pareja, que convive y tiene un hijo, anda de copas. Discuten sobre cuándo irse a casa. Pongamos que el tío quiere seguir, y ella no; algo así. Y en el calor del debate, la tía le larga un puñetazo a la cara a él. Este responde con un sopapo a mano abierta, y la colega remata el asunto con una patada.

No hay lesiones. No hay denuncia. No pasa nada. Salvo un pequeño detalle: diligencias urgentes en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer. Y de ahí, al Juzgado de lo Penal. No sabemos cómo se han enterado los de la Violencia sobre la Mujer.

Juicio. ¡Que se vayan a casa, coño, que aquí no pasa nada!

La Fiscalía recurre.

Juicio 2. ¡Que se vayan a casa, coño, que aquí no pasa nada!

La Fiscalía recurre al Supremo. Sentencia: ¡No, no, no! Esto no es una pelea cualquiera. Entra en “violencia de genero” (machismo) para él, y en violencia doméstica para ella. Y eso no requiere denuncia, ni lesiones, ni leches. Y además, en el caso del tío tampoco hay que probar el machismo; lo lleva de fábrica.

Al tío: 6 meses de prisión, y orden de alejamiento de su chorbi.

A la tía: 3 meses, y orden de alejamiento del machista.

Tiene toda la razón Vox. Es verdad que no hay que probar el “machismo”. No se trata de una intención, sino una circunstancia (ser hombre). Y la pena es distinta en función del sexo.  Lo dice el Supremo con todas sus letras.

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Me parece apasionante. Yo apuesto porque la chavalada no tendría dificultades en entender una diferencia de pena en función de la diferencia de fuerza. Es como si dos atacan a uno; no es lo mismo que uno atacando a dos. O como si un armario de 90 kg le larga un puñetazo a un flaco de 60. Se puede entender una asimetría penal basada en una asimetría física. Tiene más alevosía lo del fuerte: no es probable que le contesten. El problema es que la ley española no basa la asimetría en la diferencia de fuerza, sino en prodigios feministas.

Tribunal Consitucional:

No resulta irrazonable entender, en suma, que en la agresión del varón hacia la mujer que es o fue su pareja se ve peculiarmente dañada la libertad de ésta; se ve intensificado su sometimiento a la voluntad del agresor y se ve peculiarmente dañada su dignidad, en cuanto persona agredida al amparo de una arraigada estructura desigualitaria que la considera como inferior, como ser con menores competencias, capacidades y derechos a los que cualquier persona merece (…)

¿Han contemplado cambiar la ley cuando desaparezca esa “arraigada estructura desigualitaria que la considera como inferior, como ser con menos competencias, capacidades y derechos”? ¡Ni hablar! No vaya a ser que tengamos que ponernos a mirar si acaso no ha desaparecido ya la arraigada estructura. O que tengamos que juzgar si el acusado participa realmente de esa “estructura”, por mucho que “la estructura” ande por ahí, volando en el aire. Nope, cascamos  una “culpabilidad de estructura”, y con eso conseguimos culpables por defecto. ¡Que es, exactamente, la maldita tesis de Vox! Y lo que le puede dar votos a porrillo, porque no hay quien lo entienda, ni quien lo trague. Y con esto nuevo del Supremo, ya queda niquelado. Ahora nadie va a dudar que Vox está interpetando correctamente la ley. Y que el kindergarten miente al respecto. Mucho.

No es ninguna broma. El gran peligro de estos populismos es que en algunas cosas tienen razón. Y si les quitamos la razón cuando la tienen, solo por ser populismos, la conclusión de mucha gente -a la vista de la obviedad- será que tienen razón en todo. O en casi todo. O en lo suficiente. Y les votarán.

Parece muy fácil combatirlos con etiquetas. Pero no funciona. Aunque se entiende que es my cómodo eludir la responsabilidad que podemos tener en que les voten, al negar lo obvio y preferir el etiquetado mágico.

Actualización / añadido (10/1/2019). Miguel Pasquau Liaño está de acuerdo en que el Supremo le da la razón a Vox, aunque no lo dice así.

Las consideraciones expuestas me llevan no tanto a criticar técnicamente la sentencia del Tribunal Supremo  (que no se ha pronunciado sobre lo que “debe ser”, pues no es legislador, sino que sólo ha interpretado lo que “la ley quiere y dice”), sino más bien a concluir con pesadumbre que, en vista de esa interpretación, tiene sentido plantearse una reforma legal.

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