Kindergarten


La actualidad ha entrado a saco en el último artículo de Marod [–>] y su discusión. Vaya, a lo bestia.

maya-forstater

Dice Marod:

negar esa posibilidad de autodefinirse a la persona nos acerca al totalitarismo social.

Que es exactamente lo que dice el juez que ha visto el caso, dando la razón a la empresa que ha expulsado a la pecadora.

Resulta que Maya Forstater opina en público (Twitter y tal), que es muy discutible que un hombre que se sienta mujer, o que tenga un certificado legal de que ha cambiado de hombre a mujer, sea una mujer. Alega que no puede dejar de creer que una mujer es un humano que, de producir gametos, los produce grandes. Digamos macroscópicos. Y que un hombre es quien, de producir gametos, los produce microscópicos. Y que no hay gametos intermedios. Y la diferencia de gametos tiene consecuencias; por ejemplo, de estrategia reproductiva.

La empresa en la que trabajaba expulsó a Maya por expresar esa opinión humillante para los transexuales, y el juez dictamina [–>] que la empresa tiene razón. Por lo que dice Marod, cambiando el término totalitarismo por absolutismo. Literalmente. Pone cinco veces la expresión en la sentencia, siempre de este tenor:

The human rights balancing exercise goes against the Claimant because of the absolutist approach she adopts.

Entiéndase: Entre el derecho de Maya a tener una opinión, y el derecho de los transexuales a no ser ofendidos, prevalece el de los transexuales porque la opinión es absolutista. Y supongo que sí se puede pensar y decir que los burros no vuelan, aunque sea una opinión igualmente absolutista, porque los burros no tienen derechos. Mientras que queda pendiente la duda de qué pasa con la opinión, no menos absolutista, de que los cojos no corren muy bien, o que estadísticamente lo hacen a menor velocidad. ¿No tienen dignidad los cojos?

En la discusión de lo de Marod, yo alegaba que el derecho debería castigar acciones, y que el castigo de las opiniones debería reservarse para la moral. El juez inglés no anda demasiado lejos de esa idea general, y fabrica una gimnasia bastante curiosa para resolverlo.

86 There is nothing to stop the Claimant campaigning against the proposed revision to the Gender Recognition Act to be based more on self-identification. She is entitled to put forward her opinion that these should be some spaces that are limited to women assigned female at birth where it is a proportionate means of achieving a legitimate aim. However, that does not mean that her
absolutist view that sex is immutable is a protected belief for the purposes of the EqA. The Claimant can legitimately put forward her arguments about the importance of some safe spaces that are only be available to women identified female at birth, without insisting on calling trans women men.

87 Human Rights law is developing. People are becoming more understanding of trans rights. It is obvious how important being accorded their preferred pronouns and being able to describe their gender is to many trans people. Calling a trans woman a man is likely to be profoundly distressing. It may be unlawful harassment. Even paying due regard to the qualified right to freedom of expression, people cannot expect to be protected if their core belief involves violating others dignity and/or creating an intimidating, hostile, degrading, humiliating or offensive environment for them.

88 As set out above, I draw a distinction between belief and separate action based on the belief that may constitute harassment. However, if part of the belief necessarily will result in the violation of the dignity of others, that is a component of the belief, rather than something separate, and will be relevant to determining whether the belief is a protected philosophical belief. While the Claimant will as a matter of courtesy use preferred pronouns she will not as part of her belief ever accept that a trans woman is a woman or a trans man a man, however hurtful it is to others. In her response to the complaint made by her co-workers the Claimant sated “I have been told that it is offensive to say “transwomen are men” or that women means “adult human female”. However since these statement are true I will continue to say them”.

Dos claves.

1) La creación del tabú.

Aunque distingue entre creencia y una acción separada basada en esa creencia que puede suponer acoso, si una parte de esa creencia necesariamente resulta en la violación de la dignidad de otros, ya no están separados creencia y acción. Y a tomar por saco la libertad de pensamiento.

Por ejemplo, creer que Dios no existe puede perfectamente violar la dignidad de otros, porque su dignidad depende precisamente de haber sido creados por Dios a su imagen y semejanza (Génesis 1:26-27). Y aunque las ideas sobre los derechos humanos evolucionen, y las creencias de los cristianos ya no estén entre los derechos humanos, lo que el juez nos está diciendo es que el ateísmo nunca hubiera tenido derecho a nacer, ¡porque cuando nació violaba la dignidad de otros! A tomar por rasca la Ilustración.

2) La gimnasia Kindergarten.

Maya tiene derecho a expresar su opinión de que debería haber espacios que estén reservados a las mujeres a las que se les asignó el sexo femenino al nacer, cuando sea un medio equilibrado para alcanzar un fin legítimo. Sin embargo, eso no significa que su visión absolutista de que el sexo es inmutable, sea una creencia protegida por a ley.

¿Mande? ¿En qué sentido podría no ser “absolutista”, y no ser ofensivo para transexuales, creer que una “mujer trans” puede ser una molestia insuperable en los vestuarios para una mujer de nacimiento? Por qué va a ser absolutista creer que el sexo es inmutable, y no ser absolutista creer que una “mujer trans” no es como una mujer de nacimiento, a ciertos efectos?

La ley a la que se agarra es la Gender Recognition Act, que dice:

Where a full gender recognition certificate is issued to a person, the person’s gender becomes for all purposes the acquired gender (so that, if the acquired gender is the male gender, the person’s sex becomes that of a man and, if it is the female gender, the person’s sex becomes that of a woman).

Para todos los propósitos, dice. Pero el cachondo del juez cree que no es absolutista establecer una diferencia absoluta entre mujeres nativas y mujeres trans, para un propósito. Y que la mera idea de “mujeres nativas”, que automáticamente establece la categoría de “mujeres no nativas”, no puede ser ofensiva para estas últimas si les da por sentirse ofendidas por ello. ¿Por qué? No lo dice, pero trasciende que sea algo como un principio de realidad. Son, efectivamente, “mujeres no nativas”. ¡Pero también son no-mujeres si usas una definición biológica de mujeres, coño!

La sentencia también toca otro aspecto mencionado por Marod. Pero va más allá. No se trata de “si no afecta al orden público”, ancha es Castilla. Se trata de algo más:

Freedom to manifest one’s religion or beliefs shall be subject only to such limitations as are prescribed by law and are necessary in a democratic society in the interests of public safety, for the protection of public order, health or morals, or for the protection of the rights and freedoms of others.

Dice proteger la moral. Pero en realidad protege una moral contra otra moral. Y contra la realidad biológica, pero eso es otra cuestión. A pesar de los disimulos, toda esta virguería legal no es más que la imposición por la ley, de, no ya la moral, sino de una moral particular. Y no precisamente mayoritaria. Y de lo de consenso social, ya ni hablemos. La mitad de las feministas están con Maya, progre y feminista donde las haya, y de la mano de J.K. Rowling, tan progre y feminista como la que más. Y se ha montado en Twitter un pollo termonuclear.

Marod y el juez inglés están convencidos de hacer de librepensadores muy liberales, pero su función y ejercicio es calcada de la de los curas y meapilas que prohibían el ateísmo. Lo aplican en otro sentido, sí; pero aplican lo mismo.

Acabo con palabras de Marod:

Ahí os siembro la duda… a ver qué nos trae la cosecha 😉

La sentencia en cuestión:

 

(Ver actualización al final)

Nota previa a mis amigos los “liberales alegres”. Twitter no es un negocio privado, y punto. No es tu casa, donde dejas entrar a quien quieras, y le exiges la conducta que te da la gana. Es un negocio privado, y algo más. Por ejemplo, es calle. Un sitio por donde tienes que pasar para llegar a donde quieres. Pongamos una parte del mundo.

Un bar y similares tampoco son negocios privados y punto. No puedes decidir todo lo que se te ocurra, como prohibir el acceso a una minoría étnica, o prohibir conversaciones sobre algo que te moleste. Un bar es semi-calle. No puedes pensar que sino te gusta que echen a los negros, vete a otro si eres negro. ¡Porque igual no lo has elegido tú, sino tus amigos blancos! Y si ellos tienen que elegir otro por tu culpa, ya eres un apestado al que a vida le cuesta más … por tus putos caprichos. Te jodes, y eres tú el que no puede abrir el bar si no sabes comportarte con un mínimo de la civilización común del lugar. Por eso; por ser semi-calle. No tiene nada que ver con “tu casa”.

Y Twitter es muchísimo más cercano a “calle” que un bar. No vas a Twitter por una decisión personal más o menos arbitraria, como quien elige una zapatería en lugar de otra. No hay “otro Twitter”, y Twitter es tan parte del mundo como la calle por la que sales y llegas a tu casa. De hecho, mucho más parte del mundo. Está tu ambiente, tus intereses, tu información, tus científicos, tus pensadores; y ahí se cuecen muchas de las cosas que pasan. Usarlo no es una elección mucho más libre que la de usar la calle, y por tanto no debería haber un derecho menor a transitarlo.

El ejemplo que traigo abunda en ese idea. Un político haciendo campaña no puede no estar en Twitter. Punto. No puede. Pero Twitter se permite hacer lo que le da la puta gana con su plataforma, prescindiendo de los sistemas con los que llevamos organizando la convivencia desde hace unos cuánto siglos. ¿Y quién es Twitter, para poder hacer eso? El Twittergarten. Unos niñatos tecnológicos millonarios, que sin duda saben un montón de programación, pero a los que nadie sensato recomendaría como alcaldes ni siquiera de una pequeña aldea. ¡Porque se pondrían a decirles a las gallinas lo que tienen que pensar!

Ejemplo: los niñatos tecnológicos deciden como puede hacer su campaña un senador de los EEUU.

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La versión en The Hill:

Podemos entrar en los detalle, pero no debería hacer falta. Es completamente absurdo un mundo en el que el niñato tecnológico decide la libertad de expresión de un senador en su campaña. Podría valer en el Kindergarten, que es a lo que quieren llegar; pero no deberíamos dejar que pase. Y da igual la cuadra del senador; valdría lo mismo para la congresista AOC, que no para de decir burradas. Serán burradas, pero esa no es una decisión como para los niñatos. Por mucho dinero que tengan. Ese no sería un mundo ni inteligente, ni bien organizado.

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El asunto concreto. McConnell pone en su cuenta de Twitter, a modo de ejemplo de la campaña de violencia social que está sufriendo estos días, un vídeo del escrache con el que le atacaron a la salida de un restaurante. Con todo tipo de amenazas. Y los niñatos alegan que las normas del Twittergarten prohíben el contenido que incite al odio o la violencia. Cojonudo, porque en el jardín de la infancia, la seño pone las normas, las interpreta, ¡y las aplica! El puto Jack, que casi siempre las aplica contra los mismos. Y ya puede explicar el equipo del senador lo que entiende cualquier humano medianamente adulto: que ese vídeo, en ese contexto, en lugar de promover la violencia y el odio, lo que hace es criticarla. Naina la vaina; Jack dice que, o elimina el “tuit” con el vídeo, o su cuenta se queda cerrada. La calle a expensas de los niñatos prodigio. A brave new world ha llegado.

También se da la circusntancia de que en el vídeo se oye proferir amenazas y deseos bastante obscenos sobre la salud del senador, a la líder del movimiento Black Lives Matter en Louisville, Chanelle Helm. Que probablemente sea la razón que hay detrás de la censura del Twittergarten.

Chanelle-Helm

El Mundo dice que el equipo de Trump está redactando una orden ejecutiva para acabar con el “sesgo progre” de los monopolios sociales de Silicon Valley.

A Trump no se le puede pedir finura intelectual, y lo expresa como lo expresa. Pero la idea no es sólo buena; es necesaria. No es una anécdota. Es algo que está pasando todo el rato. A gente “conocida”, y mucho más a gente desconocida. Twitter es un sistema basura, pero es una basura necesaria. Mejor sería civilizarlo, y eso no es algo que se deja en manos de niñatos. Pero tampoco las manos de Trump son precisamente ideales. No mejores que las de Atila. Mejor sería una ley. Y apuesto que la mera amenaza de ley ya tendría efectos positivos.

Que civilicen el Twittergarten. O lo cierren.

Actualización, un día después. Esto ya es el colmo. Los republicanos en masa han amenazado con sacar su publicidad de Twitter, y el Twittergarten responde:

After multiple appeals from affected users and Leader McConnell’s team confirming their intent to highlight the threats for public discussion, we have reviewed this case more closely,” Twitter said in a statement.

Es como la versión posmo del chiste de los vascos en el monte. ¿Oye, a qué vamos; a Rolex o a setas? Si son vascos, ya sabemos que la pregunta es absurda. Pero si es el 50 aniversario del alunizaje, y es el WaPo, la cosa va en serio.

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Es verdad que el proyecto Apollo tenía la utilidad exclusiva de un cuento. ¡Pero menudo cuento! Nada menos que: ¡somos los mejores! No se puede aspirar a más en cuestión de historias estimulantes. Y no se puede menospreciar la utilidad inducida que representó. No sólo por el desarrollo tecnológico que produjo; también unidad, propósito, optimismo y atrevimiento. Una sociedad segura de sí misma, y dispuesta a comerse el mundo. Y el cosmos. Aunque probablemente aquella hazaña representara más el síntoma de todo eso. La consecuencia, no el impulso.

Sic transit …

Ahora vamos a setas. No se trata de llegar a nuevas metas que parecían inalcanzables. Se trata de que las mujeres, etcétera, lleguen a donde ya se había llegado. O que las mujeres, etcétera, lleguen. Donde sea. Punto. Y está muy bien. Cambiamos la carrera del espacio, por la carrera del espacio de la igualdad. Hay que olvidar lo de Marte. ¡Cosas de Trump! ¿Qué más dará donde lleguemos, mientras lleguemos en igualdad? Vaya, que podemos quedarnos en la tierra. Más tranquilo. El espacio estaba en casa.

Como cuento, es igual de cuento. Y seguramente debe ser estimulante también. Probablemente estimula que seamos muy buenos. O podemos creerlo así. Ahora, como llegar, llegar, no parece muy claro que tenga tanto recorrido. Recorrido espacial, quiero decir; no moral.

¿Pero tú vas a setas, o vas a Rolex?

Perdón.

Nota: las fotos las ha recopilado la cuenta de Twitter: Noventa (@90248a)

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Chakrabarti hizo una revelación inesperada. “Lo interesante sobre el Green New Deal”, dijo, “es que en un principio no se trataba del clima en absoluto”. Ricketts recibió esta sorprendente idea con una atenta cara de póker. “Vosotros creéis que se trata de clima?, continuó Chakrabarti. “Porque nosotros realmente lo vemos como un cómo-cambias-la-economía-entera”.

Aunque los nombres probablemente no te suenen, esta vez no se trata de un académico más o menos cantamañanas vendiendo su libro. Era el primer contacto entre un candidato demócrata a la presidencia, en 2020, y el jefe de gabinete de una congresista. Y el Washington Post especifica: más que un jefe de gabinete al uso, se trata se trata del líder de un movimiento político.

Tan líder, como que el Green New Deal, y la misma Alexandria Ocasio-Cortez, son criaturas de Chakrabarti. Un niño tecnológico que, después de forrarse con start-ups en Sillicon Valley, se ha reconvertido en estratega político de la extrema izquierda millenial. Un Bernie Sanders con 33 años, pero más en plan de manejar los hilos y las marionetas que de ponerse en el atril. En la campaña de Sanders fue Director de Organización Tecnológica. Cuando acabó, fundó, junto a dos compañeros de aquel proyecto, un comité político. El Brand New Congress. Con la idea de ayudar a elegir a cientos de congresistas de esa línea política, a base de activismo comunitario y crowd-funding. Puede recordar a la idea del Tea Party, en versión kindergarten. O  Podemos, pero con cerebro y muy buenos programadores. Vaya, con Sillicon Valley detrás, en lugar de Roures.

De ahí salió Alexandria Ocasio-Cortez. El Brand New Congress fue un relativo fracaso, si se miran los números. En vez de cientos de candidatos, consiguieron reunir doce. Y de ellos, sólo Ocasio-Cortez superó las primarias, y la elección como congresista. A cambio, desde el punto de vista del impacto les ha ido muy bien. Han hecho nacer una estrella. Y se entiende muy bien el juego de palabras del titular del Washington Post. El Jefe de Cambio, en lugar del Jefe de Gabinete. Queda claro quién piensa y manda. Y no es la camarera del Bronx. Lo que ella ofrece es la “conexión” con los millenials, vía Twitter.

Así sintetiza Chakrabarti el Green New Deal, su criatura:

Significa presentar lo más ambicioso, atrevido, lo más grande que podamos, y entonces crear un movimiento alrededor de ello.

(La cita viene de Wikipedia [–>])

Y sigue la reunión con Ricketts, el candidato demócrata a la presidencia que basa su campaña en el “cambio climático”. No niega la idea del uso bastardo del cuento del clima, según recoge el Wapo:

“Sí,” dijo Ricketts. Luego dijo: “No.” Y entonces añadió: “Yo creo que es dual. Tanto desafiar lo que es existencial en el clima, como crear una economía que contenga más prosperidad. Más sostenibilidad en esa prosperidad – y una prosperidad más ampliamente compartida, igualdad y justicia”.

Y el periódico lo resume:

Movilización económica nacional. Justicia. Comunidad. Era un reconocimiento de lo lejos que ha llegado el movimiento progresista dentro del “establishment” de Washington. Todo es interseccional ahora – incluyendo la descarbonización.

Este es un paso muy distinto del “Ocuppy Wall Street”, aunque sea parte del mismo camino.

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Y es curiosa esa idea, tan extendida, de que el mundo de Twitter es marginal, y sin influencia en el mundo real. Las algaradas callejeras, tan espectaculares con los  niños con las caras pintadas, se dejan su peso político en la performance misma. ¿Y después qué? Y después no hay nada. Pero desde Twitter, no es que el kindergarten influya, es que dirige el debate público. No hay periódico serio, así sean los más influyentes del mundo, que no ponga “tuits” como parte de su información política, todos los días. Y por ejemplo ese Green New Deal, que les parece una payasada surrealista incluso a los científicos que crearon la alarma climática, es ya parte importante del calendario y del futuro de ambas cámaras en EEUU. ¡Incluso los republicanos están proponiendo alternativas y transaccionales a una fantasía irrealizable! Y eso lo hace Twitter.

En el juego clásico de interacción entre parlamento y redacciones de medios de comunicación, las payasadas pueden llegar hasta cierto punto. Más allá, empiezan a sacarle los colores al payaso, y se nota. Porque hay posibilidad de crítica, y la crítica pesa. Pero háblale de crítica, o de colores en la cara, a un Chakrabarti que sabe muy bien cómo está manejando Twitter, y a quién se dirige.

The Guardian:

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¿A Brave New World? Ni la imaginación más libre de carga podía imaginar cómo iba ser. Y de nuevo, la realidad supera la ficción. De largo. De muy largo.

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Anda la peña revuelta en Twitter. Woody Allen empieza a rodar una película en Sanse. El Ayuntamiento le ha organizado una recepción, y Bildu se ha encargado de que el orbe sepa que no piensan acudir. Por lo de haber sido acusado de abuso sexual por una hija adoptiva. Y la gente lo ve contradictorio, grotesco. Joder, campeones; que no ha sido condenado, y vosotros no parais de aplaudir a decenas y decenas de asesinos de inocentes que sí lo han sido.

Hay muchos ejemplos de la movida, pero Tsevan Rabtan siempre ofrece calidad y concisión.

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En realidad estamos ante lo más natural del mundo. (Natural de naturaleza, no de recomendable). Algo de siempre, y en absoluto sorpresa. Vaya, una apuesta segura. Un cuento moral; que es a lo que se dedica Bildu, con una energía aun mayor que la de la izquierda en general. Y no tiene la menor contradicción con asesinar. Los cuentos de buenos y malos (los cuentos morales) se hacen para fardar de buenos, y para agredir a “los malos”. Es una doble ventaja: sentirse bien, comportándose muy mal. Romper las cosas, y ser felicitado por ello. ¿Quién puede ofrecer nada mejor que eso? A un niño, imposible.

Y definitivamente, de nuevo no tiene nada.

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La única consideración de fuste en los cuentos morales es saber quién son “los malos”. Y eso te asegura saber quién va a recibir. Pero asesinar inocentes como herramienta política, y abuchear a Woddy Allen, no son ejercicios contradictorios. ¡Son el mismo ejercicio! Es lo que puedes esperar que aplaudan las mismas personas. En ambos casos se trata de agredir a “los malos”. Y malos son los que diga el sandrín, una vez calentada la turba. No tiene nada que ver con prueba, o juicio, o ni siquiera con nada real. Solo tiene que ver con el sentimiento y el etiquetado de la jauría. Y sí, suelen usar cualquier disculpa peregrina, porque algo hay que disimular. Pero lo absurdo es ponerse a examinar y a criticar la disculpa. O a exigir “coherencia”. Esa es la forma de no enterarse de lo que pasa, ni de cómo funciona la monada.

Y los del Orgullo, con sus acosos y violencias, que se lo miren. Porque muy muy distinto no es. Mismo esquema. Calcado. O sea, el kindergarten. Que suena como un cuento bonito, lleno de colorines y somriures (otros que tal). Pero en realidad, una puta pesadilla.

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Nota: La foto de Allen es de su cuenta de Facebook.

En una vista muy general parece que en estas elecciones se dirimían algunas discusiones que se pueden resumir en dos. La territorial, y la económica. La segunda es más simple. O alegría en el gasto, gastarse sin preocupación lo que no se tiene; o cierta contención. Y el resultado ha sido bastante clarísimo.

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Hay que tener en cuenta que el caso del PNV es un poco especial. Porque sí está de acuerdo en gastarse lo que el resto no tiene, y en que el resto se gaste también lo que no tiene. Digamos que es serio sólo de puertas para adentro. O sea que a este respecto no hay mucha duda de lo que se ha votado, ni de lo que va a pasar. Alegría, Macarena, hasta el siguiente fostiazo. Luego, con las lágrimas, cambia el voto por desmotivación del #Kindergarten. O eso ha venido pasando hasta ahora.

El esquema resulta aburrido. Por repetido, y por no muy inteligente. Mientras la cosa económica no va demasiado mal, lo que mola es … ¡que vienen los malos! El dóberman, los fachas, la ultra mega extrema derecha; la Biblia en verso. Mi #Kindergarten favorito siempre lo expresa con mucha claridad:

senserrich-buenos-y-malos

Luego los buenos producen paro y bolsillos vacíos, y parte del #Kindergarten se desmotiva a la hora de votar. Y entonces ganan los malos que, mal que bien, corrigen algo el estropicio. Y ya estamos listos para la siguiente ronda de ¡necesitamos más tensión! Miedo al doberman; ganan los buenos; vuelta a empezar.

Aunque sea un proceso muy repetido y conocido, no se puede decir que no haya ningún cambio. Pongamos de nivel y de “calidad humana”. Joder, que la sucesión ha sido: Felipe González -> Zapatero -> Dr. Macarra. La leche.

Siempre podemos consolarnos pensando que la bajada de calidad ha conllevado una bajada de resultado. Por ejemplo, si medimos el porcentaje que le quedaba a la derecha en cada victoria de PSOE, podemos consolarnos pensando que la pérdida de calidad se nota. Que no es lo mismo un macarra impresentable que un Bambi místico, o un Felipe. Lo único es que da miedo pensar en el siguiente paso. ¿Cómo podría ser quien supere en falta de calidad al macarra, y la victoria sea una no victoria? ¿O qué más tendría que hacer el Dr. Fraude para no ganar?

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Y ahora lo del cristo territorial. En una primera aproximación podemos dividir el resultado entre los que creen que España es una nación, y los que creen que son muchas — aunque nunca especifiquen cuántas son, ni cómo se llaman. Está crudo. El resultado viene en votos y en porcentaje.

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Pero esta es una división demasiado simple, porque aunque el segundo grupo coincida en ver muchas naciones en España, luego no están en absoluto de acuerdo en cómo desorganizar ese saco de naciones. Tienen -digamos- una especie de pacto provisional. En una situación que recuerda a la británica. Sí, vale, Brexit; pero, ¿qué tipo de Brexit? Y ahí probablemente nos atascamos.

Añadiendo matices, pero todavía tal vez demasiado simple:

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Aburrido no va a ser. Y eso sin tener en cuenta que Tóntez puede hacer, literalmente, cualquier cosa. Y en cualquier sentido. Ahora, además, puede alegar que el electorado se lo premia. Y no sería mentira.

El caos del Brexit esta produciendo lecciones que deberíamos aprovechar. Y muchas de ellas van completamente en la línea del caso de la secesión de Quebec,  con el dictamen del Tribunal Supremo de Canadá del que salió la famosa Clarity Act. En ambos casos la clave es esa, la claridad. Evitar la falta de claridad y el votar a oscuras, obteniendo un resultado que muy bien puede no ser el que se pensaba al votar.

En Canadá lo hicieron por dos medios. Por una parte, elevando la barrera. Exigiendo una “mayoría clara”, mayor que una mayoría simple. Para no jugarse una decisión tan grave al albur del humor cambiante del momento. Y por otra, con un elemento menos conocido pero probablemente más relevante. Explicando, ¡antes de la votación!, toda una serie de cuestiones bastante complejas y delicadas que necesariamente habrá que negociar de cara a una eventual secesión. O sea, después del voto viene una negociación en la que hay que resolver, con un pacto, toda una serie de problemas … esencialmente imposibles de resolver.

En el Brexit está surgiendo una mayoría dentro de los laboristas, con apoyo de los nacionalistas escoceses, que quieren forzar a Corbyn para que exija lo que llaman un “voto de confirmación”. Que supone que, una vez que haya un acuerdo de salida, o la decisión de una salida sin acuerdo, volver la decisión al electorado para que elija si quiere esa forma de concreta Brexit, o prefiere dejar las cosas como están.

Es evidente que la diferencia en las soluciones viene por el distinto momento en el que se paren. Una antes, y la otra después de un referéndum diabólico. Pero las dos apuntan a lo mismo. Una respuesta binaria a un problema complejo es una respuesta a ciegas. No puedes saber qué coño estás votando. Por la sencilla y muy matemática razón de que, mientras que no cambiar lo que hay es una sola solución (seguir como estamos), un cambio indefinido tiene muchas soluciones posibles. Y normalmente no es el caso que todas esas posibles soluciones les gusten a todos más que el no cambio. Lo mayoritario tenderá a ser que si el cambio es de esta forma, lo prefiero; pero si es de esta otra forma, ni de coña.

Tiene guasa cómo se usa el “principio democrático”. Para todos los antisistema, y el secesionismo es lo más antisistema que cabe, su idea de la democracia parece ser del tipo de asamblea de kindergarten. Vota algo con nombre muy bonito, pero con concreción muy indefinida, que luego ya te diré yo cómo va el reglamento. O sea, literalmente, vota a ciegas. Pero para ellos un voto de confirmación, en el que se decide entre A (concreto) y B (ya concretado), resulta que no es nada democrático. ¡Porque el pueblo ya había decidido (lo que no podía saber cómo iba a ser)!

Cuando hablan tan pomposamente de democracia, conviene distinguir sin están hablando de democracia kindergarten.

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