ideolocracia


Que nadie se me ofenda. A todo el mundo le importan mucho sus valores, que es precisamente por lo que se llaman así. El problema es que -tal vez- nos importan demasiado. Hasta el punto de estar convencidos de que deberían ser compartidos por los que no los comparten. Y eso, ese acuerdo, ni está pasando, ni tiene pinta de ira a pasar en el plazo de las vidas de los presentes. Conclusión: si creemos que algo debería pasar, y no pasa, nos frustramos. Y luego viene la melancolía; cuando no la violencia.

Gallup acaba de sacar un estudio muy interesante, con su serie histórica (1993 – 2016). Precisamente sobre este tema: ¿Están los americanos unidos / de acuerdo sobre los valores más importantes, o lo contrario. Es lo contrario, y va muy consistentemente a más.

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La breve inversión que hay en medio es por los atentados del 11 de septiembre, en 2001. En la última encuesta se ve una subida muy notable. Que coincide con mi teoría de que la campaña electoral Trump / Hillary fue en buena medida una guerra de valores. En una medida mayor que lo normal, quiero decir. Más explícita.

Podemos hacer las elucubraciones que queramos sobre por qué ocurre esa división, y sobre por qué aumenta. Y si es bueno, o es malo, blablabla. Pero ni podemos negar que aumenta, ni soñar que vaya a disminuir. Y eso debería llevarnos a sacar algunas consecuencias prácticas. Para la convivencia y tal. Por ejemplo, ¿qué pasaría si nos metiéramos los valores por donde nos quepan? Que no quiere decir que prescindamos de ellos, sino que dejemos de esperar que vamos a convencer / obligar a los demás.

Estoy pensando en Zapatero.

Ninguna fe puede imponerse a los ciudadanos. En un sistema democrático caben todas las creencias, pero los valores de ciudadanía son los que deciden libre y responsablemente los que representan a los ciudadanos.

¿Se entiende el problema a la luz de la encuesta? Los que representan a los ciudadanos cambian, pero los valores de la ciudadanía no siguen su baile. Ni el PP nos va a meter en misa, ni el PSOE nos va a hacer soñar en vascuence. No way. Y la división aumenta, claro.

También estoy pensando en Savater.

Yo siempre he procurado aclarar que a mí de la izquierda, que es lo que más he criticado, me molestan muchas cosas que hace y de la derecha me molesta lo que es. Esa es la diferencia que no logran entender nunca. [–>]

Yo no sé si los demás logran entenderlo, pero yo tengo el menor problema. Bueno, el problema es que sí lo entiendo, y muy bien. Resulta mucho más civilizado dejar ciertas molestias en la mesilla de noche, antes de salir a la calle. O lo que es lo mismo: ¿Que tal si dejamos de hacer política con lo que la gente “es”; o contra lo que la gente “es”? Por probar, digo. Igual hasta acababa molestándonos menos el “ser” de cada cual. Porque por el camino que vamos se empieza a intuir lo que puede pasar. Trump. Y el inevitable salto en la división. Y después de todo, tener menos molestias parece como bueno y razonable, ¿no?

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Desde The Hill [–>], Obama hablando para Rolling Stone:

Aunque Obama dijo que estaba “decepcionado” por la posibilidad de que Trump pudiera deshacer el núcleo de sus logros, le explicó a Wenner que no estaba  “abatido”  por el resultado, porque su administración había ahormado a una generación para “pensar en ser inclusivo, en ser  justo, en preocuparse por el medio ambiente”.

“Y tendrán una influencia creciente año  año, lo que significa que América seguirá yendo a mejor con el tiempo”.

Ingenieros de almas. No habría mucho más que decir. Y es lógico que Obama se consuele como pueda, sin caer en la histeria colectiva y la depresión terminal que sufren los más inclusivos, justos y carbonófobos, de la generación de nenazas que ha ahormado. Tampoco es -tal vez- el sitio ni el momento de recordarle que la gente a veces crece. Y con muchas más posibilidades de éxito cuando se levanta la losa de moralina barata que los tenía acogotados.

Imagina. Parece que Trump apunta como jefa de Homeland Security a una “islamófoba”. Katharine Gorka.

¿Y por qué es “islamófoba”? Pues porque opina que es un grave error que el Departamento de Homeland Security entrene a sus agentes en la asunción de que el islam es una “religión de paz”.  Impresionante: ¿A quién se le ocurre que haya alguna relación entre el islam (y el cristianismo, en su momento) y la no-paz? Y también propone una herejía simplemente inconcebible. Considera que la derrota del terrorismo depende de …

… ser capaces de llamar al enemigo por su nombre verdadero: Jihadismo Global.

Una idea sumamente extravagante, teniendo en cuenta que la jihad es una lucha en dos campos. Uno interno, y por tanto cosa de cada cual; y una lucha física externa contra el infiel, generalmente todo lo cruenta que se considere necesario. ¿Cómo diablos le vamos a llamar terrorismo, y terrorismo jihadista,  al asesinato masivo en nombre de la jihad? ¡Islamófoba!

No para ahí el problema. Parece que en una entrevista [–>] en el New York Times, hablando sobre libros, Ayaan Hirsi, una muy conocida atea islámica, sugería su lectura más recomendada para un presidente de EEUU. ¡Un libro precisamente  de nuestra islamófoba! Titulado nada menos que:

Y para colmo, Katharine Gorka escribe con frecuencia en Breitbart. Que todo el mundo sabe que es pecado.

Nota: el director de Breitbart en Londres es un ateo de familia musulmana. Raheem Kassam. No es necesario explicar  que ser ateo musulmán también es pecado. Muy pecado.

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No se entiende que alguien pueda tener problemas para comprender que estos tíos son los predicadores de ahora. Los malditos frailes de toda la vida; aquellos de los que soñábamos librarnos para siempre, en una versión modernizada. La pelmada permanente.

Fuentes.

The Hill:

The Intercept:

Wikipedia:

New York Times:

Piojo Blanco: – No ha sido racista. Déjame explicarte …

Chimamanda: – Si eres un hombre blanco tú no puedes definir lo que es racismo. Realmente no.

Piojo Blanco: – Ah, ya lo veo, … (le tapan la voz)

Chimamanda: – No, tú no puedes sentarte aquí y decir que no ha sido racista, cuando objetivamente ha sido racismo. No se trata de tu opinión, el racismo es una realidad objetiva.

Piojo Blanco: – El concepto de falsa conciencia, que es lo que estás usando, es un concepto marxista … y yo no puedo aquí ni abrir la boca porque soy un hombre y blanco

Chimamanda: – Donald Trump nos ha mostrado y ha dicho estas cosas que son objetivamente racistas. Así que no se trata de mis emociones.

Piojo Blanco: – ¡No no lo eran! ¿Qué es lo que dijo?

Chimamanda: – Si dice, por ejemplo, que un juez, un juez de los Estados Unidos, es incapaz de juzgarle imparcialmente por ser mejicano, eso es racismo.

Y a partir de aquí hablan tres a la vez y no se entiende nada.

Mi tesis, muy especulativa, es que el Kindergarten tiene toda la razón. Trump es un gran peligro. Y además el Kindergarten está en muy mala posición para combatirlo porque ha gastado toda su munición en los no-peligros. Si cualquier candidato republicano es un furibundo fascista émulo de Hitler, con total independencia de lo honorable y civilizado que sea, cuando llega la cabra loca de verdad ya no te quedan adjetivos nuevos que usar. ¿Fascista, racista, machista, blablabla? ¿Qué me dices; como todos? Y a ver cómo explica el Kindergarten que los mismos apelativos describen realidades muy diferentes; que esta vez es distinto.

Y sin embargo es distinto. E inevitablemente existe la muy preocupante posibilidad de que haya ganado por serlo. ¿Qué pasa si se pone de moda? ¿Qué nos pasa si la radical negación y ridiculización de la esencia del Kindergarten empieza a triunfar? ¡Glups! Problema. Grande.

Mejicano no es una raza, como su misma cara indica. ¿Quién podría decir la raza de Gonzalo Curiel antes de saber su nombre?

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Le he preguntado a la primera persona que pasaba por delante del ordenador, que casualmente es alguien muy viajado y que conoce muy bien Méjico, de dónde o qué es la persona de esa foto. Pero en plan rápido; la primera impresión.

– Jó, ni idea. ¿Un ingeniero centro-europeo?

Seguro que cada persona que pase dice algo diferente. Pero también seguro que no va a haber un proporción mayor de apuestas por mejicano que por cualquier otra cosa (si excluimos negro o chino).

Así que “mejicano” en este contexto quiere decir una cultura. Ni siquiera una lengua, porque Trump no dijo hispano ni nada similar. Y el “racismo objetivo” de Chimamanda debe ser una especie de “culturalismo”  (¿racismo cultural?). El problema es que razas y culturas son realidades objetivas. No menos objetivas que el racismo, y definitivamente mucho más claras. Porque hay que ser Kindergarten terminal para no entender que si Trump se ha pasado media campaña ofendiendo a los mejicanos, un hijo de inmigrantes de Jalisco no es la mejor opción para presumir imparcialidad. Puede que sea muy feo mencionarlo, pero no es diferente que estar incómodo ante un juez que sea, por ejemplo, hijo y nieto de estibadores del puerto, si te has caracterizado por atacar a los estibadores del puerto.

Ese es al gran problema que supone Trump. La moralina Kindergarten es particularmente infantil y extravagante (estoy intentando evitar decir imbécil). Sólo funciona si, impuesta mediante gran violencia social, nadie pronuncia aquello que no se debe mencionar. El tabú. Pero Trump dice mejicano, y la jodimos tía maría. Según Kindergarten tiene que ser racismo. Y objetivo, hay que fastidiarse. Pero la gente aun no descerebrada del todo se da cuenta de la bobada. Y se ponen a votarle a Trump, hartos ya de tanta memez.

Mi tesis tentativa es que tienen razón. Serán Kindergarten, pero no son tontos. Trump es un gran problema. A ver qué hacemos como haya un “efecto Trump”,  si ya hemos gastado los adjetivos en salvas.

Por cierto. Compruebo, recuerdo ahora, que mi tesis tentativa no es nada original. Las citas, a quien corresponde. El viejo Clint.

Pero [Trump] ha visto algo, porque todo el mundo se está cansando secretamente de la correccion política, los lameculos. Estamos en una generación de lameculos. Esta es la generación de las nenazas (pussy generation). Todo el mundo se la coge con papel de fumar. Vemos a gente acusando a otros de racismo y todo tipo de cosas. Cuando yo crecí no se llamaba racismo a esas cosas. [–>]

Añadido, para los comentarios:

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Veamos la parte optimista. El cabreo cósmico del piji-progrerío es impagable.

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No intentaré pretender que conozco qué tiene en la cabeza el ex votante “traidor” de Wisconsin, que ha saltado de Oabama al Payaso. Seguro que las explicaciones al uso tienen todas su punto y su parte de efecto. Pero voy a contemplar otra alternativa además. Idea que no me viene del cartel llorón del Huffington Post, pero me sirve.

– Who said: “Grab them by the pussy”.

– Over the first female president.

Son dos categorías morales. No tienen nada que ver con la política, ni con la gestión.

Trump no dijo lo del pussy en público; lo mismo que Bill Clinton no se las beneficiaba en público. Y beneficiar parece un acto francamente más consumado que manosear. ¿De qué va la historia? De que dijo. Alardeó, fardó. Cosa que habrá hecho alguna vez algo como el 90% de la población masculina. Y una proporción probablemente mayor entre los políticos y ejecutivos eficientes. Y que no miren para otra parte los académicos, que no tragamos. O sea, se trata de darle una lección al que hace algo que, aunque se hace, no se debería hacer. Por lo menos según el Huffington Post. Y eso es moral; no es otra cosa.

Lo mismo lo de la vagina como categoría ontológica. Una mujer que llega a, como si llegaran todas las mujeres. Ya somos iguales; que no es el caso, pero debería. Moral.

Y en frente …

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… el terrorismo machista.

En serio. Pensad. Llevamos décadas de ingeniería moral progre sin oposición. Y todo el mundo pensaba, aparentemete, que la moral es como un gusto. Si te pongo los suficientes impactos visuales de Coca-Cola, tragarás Coca-Cola. Pero la moral no parece que funcione así. Y en la URSS no funcionó.

Hay muchos estudiosos que llevan tiempo hablando de la polarización de las elecciones, y este sería sólo el último ejemplo. Aumentando todo lo que se había conocido hasta ahora, eso sí. Y yo creo que esa polarización (muy cierta) viene de la moralización de la política. Moralización en el peor sentido de la palabra. Y por dos motivos. Por elevar a categoría de moral lo muy discutible (por ejemplo más o menos estado); y por usar la política para cambiar la moral, para guiar moralmente la sociedad. Que ciertamente es la forma más eficaz de cambiar la sociedad … si lo consigues.

En esto último hemos visto dos fases muy claras. La fase liberadora y la fase evangelizadora. La parte liberal consistió en dejar en paz al discrepante, al rarito. Hay mil ejemplos, pero pongamos el caso de Dios. Al principio los ateos estábamos prohibidos. Punto. Y si te pones tonto, cárcel. Luego nos despenalizaron. Y parecía un mundo que estaba muy bien. Cualquiera podía creer o no creer, y todos convivir. ¿Por qué no pudo ser aquella Arcadia Feliz? ¿Por que se tuvieron que empeñar los mamones de los ateos de élite en fastidiarles la vida a los creyentes (cristianos)? Porque hicieron del ateísmo una moral. Si eres creyente tienes una lacra, porque tu creencia provoca … (y pon aquí el conocido rosario de males imaginarios habituales).

Pero no es sólo Dios. Ser blanco es malo; ser hombre es malo; ser heterosexual es malo; ser de derechas es malo; ser realista (no creer cuentos) es malo; ser viejo es malo; ser rico es malo (salvo que seas de izquierdas); hacer tu propia fortuna es mucho más malo; ser individualista o competitivo es malo; etcétera. ¡Joder; hay más malos ahora que cuando eran los curas los que daban el coñazo!

Aunque también hay más frailes que antes. Toda la academia, toda la prensa, todo Hollywood, y su puta madre. Ese rollo anti-élite (muy peligroso porque sin una buena élite el circo no funciona), podría ser en realidad una lucha contra la ingeniería moral propiciada por la élite. Que sí, es básicamente una estrategia de la izquierda, pero que la derecha no limpia nunca cuando gobierna. Ni nunca la ataca por derecho; no se atreve.

¿Puede ser Trump un tío listo -a pesar de lo inarticulado- que ha visto ese hueco como posibilidad real? Podría ser. Su mensaje subliminal parece diseñado para atraer a los hastiados por la moralina posmo. Además, de una simpleza tal como para que lo entienda el más analfabeto. Les vamos a dar por saco a los frailes. Y se ha dedicado a exhibir en público todos los pecados de la nueva normativa moral. Yo creo que no se ha dejado ni uno.

Lo moral entra por imposición, y se libera -en buena medida- por lo grotesco. ¿Podría ser Trump un bufón adecuado? Yo me fiaría de los frailes, que son los que más saben del asunto. Y están de los nervios. Pero bien de los nervios. Les han dado un cachete en todo el morro, y por lo directo. Aunque igual sólo estoy tratando de verle lo bueno a lo preocupante.

Yo con don Pío: Una república … sin curas, ni moscas, ni carabineros. Quitad la moralina de la política. La sociedad sabe hacerlo por sí misma. Como también sabe cambiar sin que la dirijan.

Añadido (poco) posterior. Veo el discurso de Hillary, de aceptación de la derrota. Segunda frase:

No es el resultado que queríamos, por el que habíamos trabajado tan duro, y siento que no hayamos ganado esta elección, por los valores que compartimos y la visión que tenemos.

Yo creo que es lo que digo. Si ha luchado por unos valores que comparte con la mitad de la población, y que necesariamente están en contra de los valores que comparte la otra mitad, como presidenta su función principal hubiera sido intentar imponer esos valores a todos. Los valores no son neutros. Si crees que se debe hacer / pensar X, crees que todos deben hacer / pensar X. Que les den morcilla a los nuevos frailes.

Añadido posterior. Un periodista americano progre (Frank Bruni) que viene a decir lo mismo con otras palabras (clic para original):

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Yo creo que esto está muy bien visto:

Efectivamente, tiene toda la pinta. Es un voto tipo “gamberro”; de defensa del grupo contra otros grupos. Un voto antisistema, en el sentido de que prefiere arriesgar el sistema a cambio de una ventaja en su competencia contra otros grupos. Y sí; es típico de grupos minoritarios. Marginales, más bien. No le ven mucha ventaja al sistema; se sienten abusados, y tiran patadas. Es algo que debería evitarse. O no puteando tanto a esa minoría (si realmente lo está), o no dándole la impresión de que con las patadas va a conseguir algo (si el llanto es una estrategia ventajista).

Este cuadro marca sólo los blancos (63%), nos los blancos “working class” (40%). Entre los segundos la ventaja del payaso Trump es mucho mayor (tipo 70 -80%).

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Pero ahora vienen el politólogo y el periodista, alucinando de que una mayoría pueda tener comportamiento de minoría gamberra, sin pararse ni siquiera por un segundo a pensar por qué. Vale, ¿y  quién son malos de la película progre? ¡El puto “heteropatriarcado blanco”! Todos esos “sub-humanos” que están -por ejemplo- en contra de la oficialización matrimonio arco iris. Sólo que son unos sub-humanos un poco raros como tal, porque defienden lo que ha defendido toda la humanidad, siempre. Añade los otros sub-humanos que tienen la extravagancia de pensar que la realidad no depende ni de los sentimientos, ni de la ideología. Que no es una idea mayoritaria en la humanidad, pero sí es la esencia y la característica de la cultura (occidental) que produjo los Estados Unidos de América.

No creo que haga falta seguir con los ejemplos; seguro que ya se pilla la idea. Esa brillante estrategia de arrinconar a la mayoría de la población para hacerla funcionalmente marginal. Y así poder ahormar la sociedad según la estupenda imagen que lleve el progretariado en la cabeza. ¿Y cómo esperabas que reaccionara la mayoría “minorizada”? ¿Tragando, o tirando patadas?

Lo del “cuarto poder” es de traca. ¿Poder? ¿Perdón? Nunca ha habido tal vuelco de la prensa a favor de un candidato en ninguna elección USA.

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Pues ya vemos para lo que ha servido.

Debería consolarme con la idea de que Trump podría acabar con el cuento del Calentamiento Global Acojonante. Pero no me sirve de consuelo. No me fío de los payasos. Trump quiere poder. Vaya, como todos. Y ese cuento es poder. Y es muy dudoso que los payasos se sientan especialmente concernidos por sus promesas. Ya veremos.

Fuente, @egocrata:

Me ha hecho gracia una entrada en el blog de Jeff Condon. Se pregunta qué tiene Trump de malo. Cuenta todo lo malo de Hillary y su marido, y se pregunta:

My point is  — what about Trump?   I’ve heard people say how bad he is dozens of times yet they are completely non-specific.  What do people see that makes Trump anywhere near as bad as Clinton?

He visto a mucha gente de derechas hacerse la misma pregunta, de forma más implícita o explícita. Y me cuesta creer que no se entienda; que se pueda siquiera plantear la pregunta. Así que copio mi respuesta, por si le sirve a alguien, o alguien la quiere combatir.

Es una apertura interesante. Pero es legítima.

Entonces, qué tiene de malo Trump para hacerlo aun peor que Hillary Clinton? Lo diré con una sola palabra que lo dice todo. Trump es un impresentable. (He tenido que mirar la palabra; nunca la he vist usar en inglés).

https://en.oxforddictionaries.com/definition/unpresentable

Pues bien, ser un impresentable va mucho más allá de los detalles de algún acto que haya podido perpetrar. Significa no aceptar ninguna regla, ninguna constricción, o ninguno de los elementos que aseguran la civilización. O siquiera cualquier sociedad compleja, ya puestos. Cuando alguien no se siente obligado por reglas, esto lo hace completamente impredecible y falto de confianza. Lo que quiere decir que es tan peligroso como un mono con una pistola — si tiene algún poder.

¿Se salta Hillary Clinton las reglas con frecuencia? Sin duda, pero trata de ocultarlo. Así que sabes que no te va a asesinar a la vista de testigos, y estás más o menos seguro bajo la luz.Espero que entiendas la metáfora.

La respuesta corta a tu pregunta. El peligro es lo que hace mucho mucho peor a Trump que a Hillary. O mucho peor que el 99% de la gente viva, para ser más preciso. Admito que puede ser un tío estupendo dentro de un grupo de neandertales.

Yo supongo que como Trump ha tenido la desvergüenza de apuntar a un tipo de población como la que quiere defender contra otro tipo, sus supuestos defendidos no lo ven como un peligro … para ellos. Es la única forma por la que podría entender la pregunta de qué tiene Trump de malo. Pero me parece suicida no darse cuenta de que el que tiene la desvergüenza de polarizar a una parte de la población en contra otra, bien puede tener la desvergüenza de jugar al revés cuando le convenga.

En resumen, impresentable. Ni se puede decir más corto, ni hace falta decir más.

También hay que entender que el progretariado está completamente deslegitimado para la crítica de Trump.

Pero precisamente por eso la crítica de Trump se debe hacer desde fuera del progretariado.

Gracias a  me entero de un estudio sorprendente, publicado (en serio) en Current Directions in Psychological Science (clic).

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intolerancia-ideologias

La idea se puede resumir en esta cita:

La nueva “hipótesis del conflicto ideológico” ... sugiere que al tratar el conservadurismo como una ideología caracterizada distintivamente por la intolerancia, los científicos sociales han pasado por alto enteramente el fenómeno de la intolerancia “progre” (liberal en USA), y, ciertamente, la psicología “progre” en general. En el mejor de los casos, este resultado nos proporciona una visión de la ideología que sólo es medio completa. Sólo al ampliar nuestro foco podemos capturar la complejidad psicológica completa de la ideología política y la intolerancia, lo que significa no preguntar solamente cuándo y por qué son intolerantes los consevadores, sino también preguntar lo mismo sobre los progres.  Conseguir este foco más amplio puede requerir la colaboración con investigadores de perspectivas ideológicas y teóricas distintas.

Han llevado a cabo tres estudios midiendo la intolerancia de “fachas” y “progres”, con el resultado de que son iguales. Y les parece sorprendente, porque hasta ahora … décadas de investigación en psicología social y política habían demostrado que los conservadores políticos se muestran más intolerantes hacia una variedad de grupos que los progresistas políticos.

Parece que el estudio realmente interesante no es medir la intolerancia relativa de “fachas” y “progres”. Cualquiera no perturbado por una ideología ve que son iguales, sin ninguna necesidad de investigarlo.

Lo que sí habría que investigar es por qué la psicología se ha pasado décadas “demostrando” lo que no existe, y contando un cuento de buenos y malos. Que supongo que debe ser cierto; dan ejemplos:

La mayor intolerancia de los conservadores se ha atribuido a que los conservadores fueran menos sofisticados intelectualmente, y más “cerrados” que los progres (Hodson & Busseri, 2012; Jost, Glaser, Kruglanski, & Sulloway, 2003; Sibley & Duckitt, 2008). La noción de que los conservadores están más predispuestos hacia la intolerancia va de la mano con la creencia igualmente prevalente de que los “progres” (liberals) son más tolerantes hacia otros grupos (Farwell & Weiner, 2000), que resulta en lo que ha dado en llamarse el “prejudice gap” entre “progres” (liberals) y “fachas” (conservatives) (Chambers, Schlenker, & Collisson, 2013).

O sea, que se habían creído su propio cuento. Pero le llaman “ciencia”. Con un par.

Es bastante impresionante. La “ciencia” se dedica a investigar, no una función con su dinámica, como la ideología; sino que mira los problemas de los “fachas” y las virtudes de los “progres”. Tal cual. Y era bien fácil. No hay más que mirar qué es, o qué hace una ideología. Una ideología en general, sin nombre. A huevo: conjunto de asunciones sacadas de la gorra que sirve para proporcionar una falsa explicación más o menos coherente de la realidad. Y te basta con ver esa operativa para apostar que la intolerancia está incrustada en la ideología. Si tienes que creer un cuento, tienes que ser intolerante con lo que jode el cuento. Sólo así puede funcionar. La intolerancia va en el diseño.

¿Cómo se les puede escapar algo tan obvio a los “científicos”? Los autores de la “nueva” hipótesis lo apuntan, aunque edulcoradamente. Pero sin eufemismos, el truco es base de pensar que su ideología no es ideología, sino verdad; y lo de los demás es prejuicio. ¡Estaban mirando la intolerancia de los otros desde su propia intolerancia! Ciencia psicológica, le dicen. Décadas y décadas.

Veo otro problema de base:

Conseguir este foco más amplio puede requerir la colaboración con investigadores de perspectivas ideológicas y teóricas distintas.

Primero había que demostrar que pueden colaborar. Luego habría que tener una proporción razonablemente equilibrada de “perspectivas ideológicas” en la academia. Y no hay, ni de coña. Ni puede haberla. A los académicos les interesa el estado grande y poderoso (es de lo que viven), y eso ya una perspectiva ideológica en sí misma. Y luego que si quieres llamar “ciencia” a lo que haces, necesitas empezar por un método que inutilice tu propia perspectiva ideológica. Que puede no ser fácil en según qué materias; pero si no lo consigues tampoco será “ciencia”. No deberías ni empezar hasta no estar seguro que cuentas con un método que te impide engañarte a ti mismo.

Fuentes:

Pablo Malo

Sage Journals

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