hielo


Habíamos visto hasta ahora apuestas razonables sobre la media que iba a tener el hielo marino de septiembre en el Ártico. El mes clave, porque es cuando menos hielo hay. El mes en el que primero se podría ver un Ártico libre de hielo, ese drama imaginario que tanto nos entretiene. La “espiral de muerte” que dicen. Pero acabado el mes, y ya con los datos del NSIDC, se confirma el motivo por el que este año no te van a dar la pelmada con este tema y se buscarán otras milongas.

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Fuente

NSIDC:

 

¿Tocarán las trompetas un gran récord de deshielo en el Ártico en 2017? No tiene pinta. Podría haber sido ya el mínimo del año. Por la fecha, y por la curva. Podría bajar un poco, pero sería raro que cambie mucho el resultado.

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Ahora mismo hay ocho años con menos hielo en el mínimo, de los úlimos once. Podría bajar algo, y quedar en seis o en cinco de once. Pero difícilmente más.

En plan curva, de donde saco los mínimos de cada año, se ve así (clic para NSIDC original).

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Por supuesto, empezar en 2007 es elegir una fecha especial. Fue el año del mayor bajón, y también cuando parece haberse estabilizado. De momento. Este gráfico, como es media mensual de los septiembres, solo puede llegar a 2016.

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¿Como titularán este año lo de la espiral de muerte del Ártico? ¿Ocultando el aumento de la población y el buen estado de los osos polares?

Preparad las palomitas.

Fuentes (me olvidaba)

Nsidc:

Para los mínimos:

Mensual septiembre:

“Javier” tiene una entrada interesante en WUWT, a cuenta de si hay fases o ciclos en el hielo marino del Ártico, o es una “espiral de muerte” — según la teoría alarmista al uso.

Es interesante. Sobre todo la literatura que enlaza en apoyo de la idea de fases. Le han criticado mucho los datos que usa (MASIE), porque el propio NSIDC recomienda no usar esa serie con ese propósito. Así que he querido ver si cambia algo por usar los datos supuestamente adecuados, más iguales en el tiempo — aunque de menor calidad / resolución.

No cambia nada. La idea que propone es que desde 2006 (cuando empieza MASIE) el hielo no disminuye. Y es igualmente cierto usando los datos recomendados (Sea Ice Index).

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Otra cosa son las chispas que se le puedan sacar a ese dato. Yo diría que todavía no muchas; no es la única década de la que se puede decir lo mismo. Pero el asunto está definitivamente en el aire. Por ejemplo, mirando el mes de hielo mínimo (septiembre):

nsidc-sii-september

Se podría decir lo mismo entre 1990 y 1999.

Pero ya que hemos recopilado y ordenado los datos, podemos usarlos para poner más gráficos.

Los últimos diez años, y 2017 resaltado en rojo (y más gordo).

nsidc-sii-last-decade

Dividido por décadas (a la primera le faltan los diez primeros meses):

NSIDC-sii-4-decades

Y la primera y última décadas:

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Y un último gráfico divertido. Para que entiendas lo que dicen los periódicos y los cantamañanas habituales. Los gritos de …. ¡récord! … que has oído en 2016 y 2017. Buscan cualquier mes que suponga el mínimo de la serie y se ponen a anunciar el fin del mundo.

Nuestro ejemplo de cabecera es “Principia Marsupia”

Este invierno he escrito varias veces en el blog sobre la preocupante situación del hielo del Ártico. Pero la situación se ha vuelto aún más crítica.

Las altas temperaturas han hecho que se registre otro mínimo para un mes de febrero. El hielo cubre 1.100.000 kilómetros cuadrados menos que la media histórica. Eso es un “trozo” de hielo de cuatro veces el tamaño de Italia.

Cuando dice “este invierno he escrito varias veces” se refiere a lo que se marca en el 2016 de la derecha. Y lo del “mínimo para un mes de enero” al 2017 de la izquierda.

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Se lo pasan de miedo con eso. Literalmente.

También se puede comparar cómo va el año respecto a la media de los últimos diez:

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Y le regalamos otro dibujito a Principia Marsupia:

principia-marsupia

El tiempo dirá. Es absurdo hacer apuestas a, por ejemplo, 30 años. Pero si tuviera que hacerlas, apostaría por las dos teorías. Fases y “espiral de muerte”. O sea, “espiral de muerte”, en fases. Lo que pasa es que la “muerte” no tiene nada de muerte. Sabemos que el hielo marino del Ártico puede desaparecer en verano sin que le pase nada a nadie. Ya lo ha hecho en el Holoceno, y durante milenios. Podría incluso ocurrir que los osos polares pasen de unos 30.000, a alrededor de 10.000. ¿Y qué? Es la cifra que piensan que había hacia 1960, por la sobre-caza, sin mayores consecuencias.

En todo caso ya vamos preparando las palomitas para el fin del verano. ¿Dónde se pondrá el siguiente punto del gráfico de septiembre? ¿De qué tamaño serán los llamativos titulares alarmistas?

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A ver si nos acordamos de actualizar los gráficos con los datos de agosto y septiembre.

Datos

NSIDC:

Fuentes

WUWT (“Javier”):

Principia Marsupia:

En negro dos de los icebergs que suelen desprenderse de la Antártida. Vaya, una idea de su superficie. El de 2017, tamaño Delaware, que venden como el mayor de la historia, de la galaxia, o no sé que. Y el de 1956, que es unas cuántas veces mayor. Cinco  y pico veces mayor.

larsen-tamano

Lo cuenta la prensa de la época, que lo compara con Massachusetts + Connecticut.

Como siempre que se trata de prensa de época, lo ha descubierto Tony Heller (Steve Goddard).

Fuentes

Heller:

Ejemplo de cantamañanas climático:

Agradecimiento, @velardedaoiz:

 

Tú mismo. Pongamos el ejemplo del hielo marino del Ártico, cuyos datos acaban de actualizar para el mes de junio en el National Snow & Ice Data Center. El grupo de investigación científica más renombrado en la materia. Y lo plantean así para junio de 2017:

El hielo del Ártico cerca de los niveles de 2012.

En 2012 alcanzó su nivel más bajo del registro de satélites.

Y ponen un mapa muy bonito que compara el hielo de junio de 2017 con la media 1981 – 2010. Se ve que en algunas zonas hay menos hielo que la media, pero es difícil hacerse una idea de la relevancia de ese “menos hielo”. (Se puede hacer clic para ampliar).

nsidc-mapa-junio-2017-hielo-artico

Añaden un gráfico con la serie de todos los meses de junio, en el que parece que nos vamos a quedar sin hielo en un abrir y cerrar de ojos.

Figure 3. Monthly June ice extent for 1979 to 2017 shows a decline of 3.7 percent per decade.

Y destacan en el texto que los datos muestran una disminución del hielo de un 3,7% por década. Pero esos datos se podrían representar de una forma un poco más realista, y decir que en la última década no ha descendido nada.

nsidc-junio-2017-extension

Y podemos confirmar la idea con la otra forma que tienen de medirlo. Área en lugar de extensión. Explican las dos mediciones así (traducido del inglés):

Una forma simplificada para ver la diferencia entre extensión y área es imaginar una loncha de queso de gruyer. La extensión sería la medida de los bordes de la loncha y todo el espacio que contienen. Área sería la medida de donde hay realmente queso, sin contar los agujeros.

Su medición de área (en vez de extensión) para junio es esta.

nsidc-junio-area-2017

 

Y el mensaje es el mismo que con la extensión. 2017 tiene una cantidad de hielo bastante media para la última década larga (12 años), en la que no se ve ninguna tendencia obvia.

Nota: la rayita rosa no es más que una ayuda visual, para comparar 2017 con los años anteriores de medida similar.

¿Cuál es una representación más realista de los mismos datos; la del mejor grupo internacional de científicos del hielo, o la de esta humilde plaza? Supongo que será discutible si uno se quiere poner muy discutidor, pero no creo que sea discutible que es mucho más equilbrado poner las dos formas. Y más informativo.

También se puede contextualizar mucho mejor el mapa. Se ve algo menos de hielo en algunas zonas. Y no parece gran cosa, pero ¿qué efecto puede tener? El icono, el gran drama del Ártico, son los osos polares, ¿no? Si miramos el que creo que es el último estudio de poblaciones de osos marinos, solo muestra una zona dónde estén disminuyendo. ¡Y no es ninguna de las que hay menos hielo en junio!

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Una perspectiva más amplia la da Susan Crockford, añadiendo lo más relevante de este estudio de York et al 2016 a la -digamos- “contabilidad oficial” del ministerio canadiene. Tiene gracia ver cómo la han ido cambiando cada pocos años, y van desapareciendo las zonas de declive de osos, sustituidas por poblaciones consideradas estables o en aumento.

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Si en mapa de 2014 añadimos la información de último estudio de la forma en que Crockford cree que lo harán, quedaría así:

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Y esto nos da una pista para interpretar el mapa del drama de la pérdia de hielo. Se marcan en rojo las zonas con pérdida de hielo en junio donde hay poblaciones medidas de osos polares. Para ver cómo les afecta.

nsidc-mapa-contexto-junio-2017-hielo-artico

Y el resultado es que no se enteran. De cuatro zonas con menos hielo, una la consideran de probable declive de osos, una probablemente estable, otra estable (que en realidad son dos, Hudson Norte y Hudson Sur), y otra en probable aumento de población.

Nota: Esta medida del hielo de junio es clave, porque a partir de ahí se acaba la gran zampada de primavera. Las focas han cambiado de pelo, y las crías empiezan a ser autónomas y a poder escaparse de los osos, nadando. Hasta el otoño no dan por supuesto volver a poder comer. El mínimo de hielo en verano no les importa. En otro caso las poblaciones de Hudson Bay y de Davis Strait estarían disminuyendo a toda velocidad. El hielo desaparece de esas zonas por completo en las próximas semanas. Pero los osos están en la gloria ahí, a pesar de ello.

¿Tú qué dirías; que ser científicos les cura de ser alarmistas, o que no?

Fuentes.

NSIDC:

York et al 2016:

Susan Crockford:

Environment and Climate Change Canada (los mapas “oficiales” de poblaciones de osos polares)

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta es muy indicativa. Muestra que la cabeza les funciona al revés a los alarmistas del clima. Bueno, al revés de lo que se supone en un sistema racional; pero que es el sistema por defecto entre los orangutanes y antropomorfos en general; los frailes; los políticos; los activistas; y los periodistas con causa. O sea, el kindergarten.

Sale un nuevo estudio de esos del cambio climático sobre el hielo marino del hemisferio sur. El que rodea la Antártida. Ese hielo se había visto aumentar desde que se mide (1979), para estupor de alarmistas y modelistas climáticos. Pero en 2016 tuvo un bajón espectacular, y la tribu se animó mucho. ¡Ya se nota el cambio climático también en el extremo sur! Pero resulta que este estudio nuevo les fastidia la idea, porque concluye que el descenso reciente se debe a una serie de temporales extraordinarios, y no a una tendencia de fondo que se podría achacar a las emisiones de CO2. Menos alegrías, Macarena.

Y aquí llega la azotea que nos muestra el funcionamiento en modo lógica invertida, sin bambalinas ni distracciones. Ojo, mira el escudo que lleva; no hablamos de la facultad de Pablemos ni de chistes similares. Es uno de los primeros espadas mundiales en criósfera.

Hasta este declive reciente, el hielo de la Antártida había tenido un ligero incremento desde que los satélites empezaron a medirlo en los 1970s. Pero este aumento no quiere decir que el cambio climático no haya afectado a la Antártida, dijo Walt Meier, un científico del hielo en el Goddard Space Flight Center de la NASA, que no está conectado al nuevo estudio.

“Esto no significa que el cambio climático no esté ocurriendo, sino que -al menos hasta 2015 para el hielo de la Antártida- la señal del cambio climático no se ha podido distinguir de la variabilidad natural”, explicó.

walt-meier

Hay dos prodigios obvios, y muy preocupantes respecto del funcionamiento de ese cerebro. Si el hielo aumentó de 1979 a 2015 quiere decir que cambió. Y como el hielo es un índice climático y lo usan en ese sentido, quiere decir que se trata de cambio climático. Por definición de cambio; por definición de climático; y por normativa sintáctica. Pero para Meier la presencia de ese cambio climático no significa la ausencia de EL cambio climático. ¿Mande? Sí, porque en su cabeza cambio climático no es que el clima cambie, sino que cambie en el sentido de la película que lleva en la cabeza. Que en este caso es que el hielo disminuya, no que aumente. Y si aumenta, por mucho que la aumento sea cambio, y sea clima, no es el cambio climático.

Nota: lo de la película que lleva en la cabeza es bastante delicado. Podría (debería) pensarse que es lo que dicen los modelos climáticos de los alarmistas. Y cambio climático sería lo que predicen los modelos (por ejemplo más temperatura y menos hielo), pero otros cambios en el clima no serían el cambio climático. En este caso coincidiría, y “cambio climático” sería una sustitución de “el cambio climático que esperamos / predecimos”. O “cambio climático” sería el “cambio climático no natural”. Pero luego en la realidad se observa que no funcionan así. Le llaman cambio climático a cualquier cambio que se puede vender como pernicioso, con independencia de lo que digan los modelos. Por ejemplo, el reverdecimiento de la tierra no es cambio climático, a pesar de que los modelos que incluyen vegetación sí lo predicen. ¡Porque no hay crisitiano que pueda vender un reverdecimiento como algo  pernicioso!

La segunda es el pensamiento inverso propiamente dicho. Que no lo observemos no significa que no ocurra. Ya, seguro. Pero la no observación está mucho mas cerca de significar que no está ocurriendo, que de significar que sí está ocurriendo. No es seguro, desde luego; pero con esa inversión de la carga de la prueba sería imposible observar en la práctica que el cambio climático (el de la película) no está ocurriendo. Ocurra lo que ocurra.  Sólo tienes que aumentar el margen que le das a variabilidad natural. Que es exactamente lo que hicieron cuando llegó la pausa en el aumento de la temperatura global. Cambiaron de una variabilidad natural que sólo afectaba en escala de menos de diez años, a una de más de veinte.

Es un truco bastante pasmoso para gente supuestamente adulta y seria. Cuando tienen que atribuir el calentamiento del siglo pasado al CO2, la variabilidad natural es tan pequeña que se puede despreciar más allá de la década. Pero cuando las observaciones del futuro (las predicciones) no coinciden con los modelos, se le da a la variabilidad natural todo el margen necesario. Sólo hace falta tener una buena cortina en el escenario, de forma que el público nunca vea los dos trucos al mismo tiempo.

Esto es muy relevante en la discusión del Calentamiento Global Acojonante. Todo se basa en modelos climáticos. Y hay tres partes.

  1. El pasado, o retro-predicción. Es predecir algo que conoces. Lo usan para hacer la atribución. Decidir cuánto del calentamiento observado se debe al CO2.
  2. El futuro. Lo usan para hacer la predicción. Lo que nos vamos a achicharrar.
  3. El presente. La zona intermedia, digamos gris. La parte de la predicción desde que cerraron los modelos que ya ha ocurrido. Por ejemplo los que usan ahora se cerraron en 2005. Conocían el pasado hasta 2005, y están tuneados para reproducir ese pasado. Lo que ha ocurrido desde entones es la única parte en la que se pueden comprobar los modelos.

Y es clave mirar lo que pasa en la parte (1) cuando hacen cambios para justificar el desajuste entre los modelos y la realidad en la parte (3). Por ejemplo, si tienen que aumentar la variabilidad natural en (3) para que los modelos no se queden fuera de la realidad, hay que mirar qué ocurre con la atribución en la parte (1). Porque como mínimo aumenta la incertidumbre de la atribución, si es que no la manda entera a tomar por flai.

Fuente, WUWT:

A menudo se ve usar este gráfico del Instituto Meteorológico de Dinamarca.

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El gráfico muestra el balance de la capa de hielo de Groenlandia. Se llama así: Surface Mass Budget of the Greenland Ice Sheet. El cuadro de arriba muestra la pérdida y ganancia de hielo de cada día, y el de abajo el acumulado en lo que va de año — empezando el año en septiembre. Y la gente entiende que este año hay mucho más hielo que “lo normal”, o que la media de los últimos 30 años. Por ejemplo Joe Bastardi:

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Pero eso es entender mal el gráfico. Es imposible que marque la cantidad acumulada total de hielo en el año, porque en ese caso Groenlandia habría estado ganando hielo durante las últimas décadas. Y mucho; casi 400 Gt al año.

No hay más que mirar la línea de la media 1981 – 2010. Empieza en cero, como tiene que ser para una medida de acumulado, y acaba en casi 400 (línea magenta).

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No puede ser. Y no es. Cuando el DMI dice balance de superficie, incluye la fusión cuando el hielo se hace agua y va al mar; la sublimación cuando pasa directamente a vapor de agua; pero NO incluye el desprendimiento de icebergs en los glaciares. Y lo dice en el texto:

A lo largo del año, nieva más de lo que se deshiela, pero el desprendimiento de icebergs también se añade al balance total de la capa de hielo. Las observaciones de satélites de la última década muestran que el hielo no está en equilibrio. El desprendimiento es mayor que la ganancia en superficie, y Groenlandia pierde hielo a unas 200 Gt/año.

greenland-ice-budget

Eso quiere decir que el gráfico muestra en 2017 algo cercano a un récord de ganancia en el balance nieve / deshielo, pero no dice nada respecto a la cantidad total de hielo de Groenlandia (contando también el desprendimiento en los glaciares).

Una nota de contexto. Los alarmistas suelen hablar de esas 200 Gt de pérdida de hielo como si fuera el fin del mundo. Te lo ponen en forma de 200 kilómetros cúbicos, y te mareas. Pero si proyectamos esa pérdida 300 años en el futuro, el resultado es este dibujito:

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En números representa un 2% de la capa de hielo en 300 años. En nivel del mar, 14 cm. Y ya me dirás dentro de 300 años cuántos combustibles fósiles nos quedan para seguir quemando.

En resumen. Olvidad ese gráfico del balance del hielo de superficie en Groenlandia. No significa lo que le quieren hacer decir. Y olvidad también las 200 Gt al año. No significan nada.

Fuentes

DMI:

Wikipedia:

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