feminismo


Yo creo que es hora de que dejemos descansar la imagen tradicional y gastada del escritor hombre, fumando cigarrillos y ahogándose en bourbon; los escritores son sólo personas normales, hombres y mujeres, algunos con hijos, algunos con trabajos a tiempo completo, cuyas historias son igualmente válidas y necesitan leerse. Tu profesión no determina si vas a ser un buen padre y tu género no debería determinar si te vas a convertir en un buen escritor. [–>]

La cita es de un artículo de la novelista Evie Gaughan, en el que protesta por el sesgo editorial contra las mujeres. Cuenta el caso de otra autora, Catherine Nichols, que hizo un experimento el año pasado. Mandó la misma novela a 50 agentes, pero dos veces. Una con firma de mujer y otra de hombre. La firma de mujer recibió dos solicitudes, y la de hombre 17. Lo que muestra una clara discriminación por sexo en el mundo editorial — si el experimento es real y está bien hecho.

Lo de “buen padre” viene de una frase de un autor aclamado, John Banville, que en una entrevista reciente decía: “I have not been a good father. No writer is”. Una muestra del tópico que molesta a nuestra Evie.

La discriminación parece indiscutible. Lo que no parece tan indiscutible es la estrategia ante la discriminación. Para Gaughan, como no debe haber discriminación, concluye que las historias de hombres y mujeres son igualmente válidas. Y esa es una lógica perfectamente inválida. Además, el mundo de la ficción ya está sesgado en sí mismo. Pero al revés; dos tercios de los lectores son mujeres. Y entonces, o los agentes de las editoriales son unos asnos que no saben hacer su trabajo, o las que producen la discriminación son las mujeres. Que ciertamente podría ser un problema de tipo cultural; pero también podría ser un no-problema. Evie Gaugham se ha quedado muy lejos de demostrar que los escritores “de verdad”, los que “importan”, no son hombres y malos padres (borrachos, fumadores, blablabla). Ni siquiera ha intentado demostrar que el cliché sea falso. Se ha limitado a afirmar que no puede ser cierto … por sus santos ovarios.

Cuando yo leía ficción practicaba exactamente la misma discriminación que los editores del experimento. Probablemente en mayor medida. Pero no creo que fuera una ideología de patriarcado, sino un asunto meramente práctico. Las novelistas tienden a ser peñazo; se fijan en cosas que sólo les importan a ellas. Por no mencionar su afición al amor y sociedad. Sin embargo eso no hacía que se me escaparan, por ejemplo, Yourcenar y su Adriano. Claro que llamarle mujercita a Marguerite es un imposible ontológico. Y ese no parece ser el caso de Evie.

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No, no puede ser ideología de patriarcado, ni terrorismo machista. Por ejemplo, en no ficción y en un tema muy de aquí, entre los blogs sobre Calentamiento Global Acojonante que sigo y cito hay una proporción de mujeres muy sobresaliente. Judith Curry (sin duda la mejor, contando hombres y mujeres); Susan Crockford; Lucia Liljegren (la de lógica mejor amueblada) , Jo Nova; Jennifer Marohasy; Donna Laframboise.

¿Cuál es el problema de la discriminación? ¿Si quieres que alguien te encuentre lo que sea que hayas perdido, en un armario, o en una casa, y le puedes pedir ayuda a un hombre o a una mujer, tienes alguna duda de que vas a discriminar por sexo? ¿Y si es el mismo problema, pero en un bosque, hay duda de que vas a elegir la discriminación contraria? Un amigo homosexual lo suele poner con mucha crudeza: la mujer (en la pareja arco iris) es la que no se olvida de comprar el papel higiénico. Y digo yo: ¿no serán las mujercitas, en la literatura, las pesadas que no pueden prescindir del maldito rollo?

Podría ser que las lectoras no estén especialmente interesadas en esos detalles a la hora de evadirse, y por eso prefieran los cuentos del borracho fumador – aunque mal padre. Que siempre se va a olvidar del papel higiénico, sin equivocarse ni una sola vez. ¿No es una posibilidad que habría que contemplar?

Vale, lo confieso; ha sido por provocar. 😉

Fuente, Evie Gaughan.

Agradecimiento, Pitiklinov:

 

Hace 20 días hablábamos de un “estudio” prodigioso.

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Y establecimos que se había publicado en serio, y estaba fundado por la Nacional Science Foundation. A pesar de las dudas de la gente, y a pesar del éxtasis:

Los estudios científicos mismos pueden tener sesgo de género, especialmente cuando se atribuye credibilidad a la investigación producida a través de típicas actividades masculinistas o características masculinas, como el heroísmo, el riesgo, las conquistas, la fuerza, la auto-suficiencia, y la exploración (Terrall, 1998). Entonces la tendencia a excluir mujeres y enfatizar la masculinidad tiene efectos trascendentales en la ciencia y el conocimiento, incluyendo la glaciología y  conocimientos relacionados con la glaciología.

Lo que nos quedamos sin saber es que el asunto trajo bastante cola, según nos informa Paul Matthews:

Llegó incluso al WSJ, que parece limitarse a citarlo sin la menor crítica.

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Amén de unos cuantos medios más. Que en general son francamente críticos, e incluso hilarantes. Pero el autor tiene una réplica contundente, que Science le compra. Los críticos son “fachas”.

La semana pasada, el historiador de la ciencia  Mark Carey, de la Universidad de Oregón, fue la diana del último objetivo de los blogueros conservadores (quiere decir “fachas”) que cuestionan la financiación federal de la investigación científica.

La entrevista / masaje es breve, y merece la pena.

Tratándose de Science, suponemos que no hay ninguna relación entre el apoyo a un payasada que ni siquiera se puede llamar “pseudociencia” (sólo hay palabrería), y que la autora sea mujer y feminista. Tampoco haría falta, porque estamos ante un ejemplo inmejorable de la defensa habitual de un negocio (mal) llamado ciencia, fundamentalmente financiado con el dinero extraído del bolsillo de los pringados. Siempre es el mismo esquema.

No se ha entendido, porque …

La investigación profesional se publica en revistas para especialistas de un campo determinado. Cuando se saca de ese contexto y se describe a no especialistas, la investigación se puede malinterpretar, y potencialmente desfigurar.

Ni medio disimulo. Tú pagas, pero no juzgas. Bueno, ni tú, ni nadie fuera de la camarilla de la especialidad. Tampoco el gestor de tu dinero, o el representante político, porque no son especialistas. Y las críticas son desfiguraciones y desinformación. Sin que Science, ni el autor, se sientan concernidos para proporcionar ni un sólo ejemplo de esas desfiguraciones y desinformaciones. Palabra de Dios.

¡La buena noticia es que la gente está hablando de glaciares!

Hmmm …. no. De lo que estamos hablando es de hacer pasar la payasada ideológica por ciencia, y de sacarle el dinero a la gente para hacer eso.

Nadie está hablando de glaciares. Ni siquiera el autor, que está hablando de feminismo. Pero sin mostrar, ni mucho ni poco, en qué ha avanzado  el conocimiento sobre la dinámica y milagros de los glaciares gracias a la presencia del “marco feminista”. Puede contarnos un cuento sobre “guerras culturales”, y sobre “fachas”. Pero toda esa imaginería no va a variar ni un milímetro el retroceso o el avance de los glaciares, ni las circunstancias en que lo hacen.

Los glaciares se convierten en una plataforma para expresar la propia visión de la gente sobre política, economía, valores culturales, y relaciones sociales (como relaciones de género). La atención durante la semana pasada prueba nuestro punto con claridad: los glaciares son, en efecto, un área de discusión altamente politizada. Los glaciares no tienen género. Pero la retórica sobre el hielo nos dice mucho sobre lo que piensa la gente de la ciencia y el género.

Acojonante. El autor es el primer fenómeno de toda la galaxia al que se le ha ocurrido la majadería de convertir los glaciares en plataforma para todos esos prodigios. Pero nadie le ha preguntado por los prodigios, sino por la adecuación de usar fondos supuestamente destinados a la investigación científica como plataforma para expresar la visión del autor sobre política, economía, valores culturales, y relaciones sociales (como relaciones de género).

Pero le llaman ciencia. Y especialidad. Y con esa disculpa se gastan tu dinero. Y no se te vaya a ocurrir juzgarlo, porque tú no entiendes.

Esto es mucho más interesante que los pactos / no pactos que os tienen tan entretenidos.

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Glaciares, género, y ciencia

Un marco de glaciología feminista para la investigación del cambio medioambiental global

Los glaciares son iconos clave de cambio climático y cambio medioambiental global. Sin embargo, las relaciones entre género, ciencia, y los glaciares -especialmente relacionadas con cuestiones epistemológicas sobre la producción de conocimiento glaciológico- se mantienen subestudiadas. Este estudio propone un marco de glaciología feminista con cuatro componentes clave: (1) productores de conocimiento; (2) ciencia de género y conocimiento; (3) sistemas de dominación científica; y (4)  representaciones alternativas de los glaciares. Uniendo estudios feministas post-coloniales y ecología política feminista, el marco de glaciología feminista genera un análisis robusto de género, poder, y epistemologías en sistemas socio-económicos dinámicos, conduciendo por tanto a una ciencia más justa y equitativa y a interacciones hielo – humanos.

Etc 

Si haces clic en el etcétera tal vez puedas averiguar si las interacciones de los humanos con el hielo son de índole de género, o sexual. Y eso no lo sabíais, pillinas / pillines. Pero sexo aparte, el feminismo parece tener una contradicción digna de ser cabalgada por Pablito. Por una parte, padece la obsesión de incrustar en los cerebros de la peña que no hay diferencias entre hombres y mujeres, salvo por ciertas aberraciones educativas que se pueden corregir. Con tanta facilidad como obligar a los niños a jugar con muñecas, y prohibir las pistolas de juguete y las canicas. Pero por otra parte, y de este mismo estudio tan interesante …

Los estudios científicos mismos pueden tener sesgo de género, especialmente cuando se atribuye credibilidad a la investigación producida a través de típicas actividades masculinistas o características masculinas, como el heroísmo, el riesgo, las conquistas, la fuerza, la auto-suficiencia, y la exporación (Terrall, 1998). Entonces la tendencia a excluir mujeres y enfatizar la masculinidad tiene efectos trascendentales en la ciencia y el conocimiento, incluyendo la glaciología y  conocimientos relacionados con la glaciología.

El estudio está financiado por esta [–>] beca de cinco años de la Nacional Science Foundation. Cuyos objetivos son:

Este proyecto examinará el desarrollo temprano y la evolución subsiguiente de cinco aspectos principales de la glaciología: dinámica del hielo; interacciones hielo – océano; geología glaciar y terraformación; el hielo como archivo de registros climáticos; y el hielo como recurso natural (agua). Se analizarán casos específicos para alumbrar cómo intersectan la ciencia, la naturaleza, y el interés societario. El libro resultante tratará de (1) la formación de la glaciología y las teorías de dinámica de hielo; (2) el papel de la Patrulla Internacional del Hielo (193 – presente) en el análisis de icebergs e interacciones glaciares – océano; (3) el establecimiento de teorías sobre mega inundaciones catastróficas de lagos glaciares; (4) el contexto de la Guerra Fría en la climatología y las catas de hielo; y (5) la disminución de los glaciares y la hidrología.

O sea, feminismo pero con otras palabras. Supongo. Pero no te agobies, porque ya sólo te quedan 19 páginas etc .

Añadido. Veo que hay más coña en Twitter con lo mismo:

glaciologia-femenina-en-twitter