ecolobestias


Al juez de la Corte de Distrito de Montana le ha llegado un caso muy bonito.

EN 2013, el U.S. Fish and Wildlife Service había incluido al glotón en la lista de animales protegidos por la Ley de Especies Amenazadas. Se trata de un mustélido solitario, que a la vista parece como un cruce de comadreja y oso. De unos 16 Kg., como un perro mediano. Se calcula que hay unos 300 en USA, principalmente en los picos de las montañas de Idaho, Montana y Wyoming.

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Pero en 2014 el U.S. Fish and Wildlife Service cambió de opinión.

El motivo por el que habían incluido al glotón entre las especies amenazadas, en 2013, era que se supone que necesita nieve. Para hacer sus madrigueras, y a modo de frigorífico para conservar la caza. Y que el cambio climático (antes calentamiento global), tiene que estar disminuyendo la cantidad de nieve. Amenazado, por tanto.

Salvo que en 2014 se dieron cuenta de que el argumento era completamente especulativo. Como suelen ser los argumentos verdes. Y que en realidad no tenían datos para pensar que la amenaza imaginaria era real. Así que sacaron al glotón de la lista, y perdió su protección legal. Lo que condujo a una demanda judicial por parte de asociaciones conservacionistas, que alegaban que la agencia federal había ignorado evidencia científica que apoyaba la inclusión del glotón en la lista de especies a proteger.

Juicio. Y juez:

No hace falta mayor grado de certidumbre para ver la desgracia  de esta especie, dependiente de la nieve, que se encuentra de lleno en el camino del cambio climático.

Muy poético, su señoría. Pero el asunto tiene guasa. Porque parece muy distinto que el glotón esté amenazado por el turismo de nieve en las montañas de Montana, ¡que también depende de la cantidad nieve!; o que esté amenazado por las emisiones del tubo de escape de un taxista de Nueva York. Si es por lo segundo, su inclusión en la lista va a fastidiar a los hoteleros locales, sin hace nada respecto del tubo de escape  de otras partes del mundo.

Mientras tanto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que lleva la lista -digamos- más oficial de especies amenazadas [–>], considera al glotón (gulo gulo) como especie de “preocupación menor”.  A pesar de todo ese Calentamiento Global Acojonante que se supone que estamos viendo, y de la dependencia del glotón de la nieve.

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Definamos [–>]. Preocupación menor es la categoría para especies que no se pueden incluir dentro de “casi amenazada”. Y “casi amenazada” es la que no se puede incluir en los distintos grados de “amenazada”, pero está cerca de ello, o se puede pensar que va a estarlo en el futuro próximo. Por tanto, para la IUCN el glotón no está ni cerca de poderse considerar amenazada, ni es esperable que esté amenazada en el futuro cercano.

Lo de la nieve también tiene su aquel. Por ejemplo, la nieve en América del Norte no está disminuyendo desde 1990, a pesar del Calentamiento Global Acojonante que dicen. O aunque le llamen cambio climático. No parece estar cambiando gran cosa.

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http://climate.rutgers.edu/snowcover/table_area.php?ui_set=1&ui_sort=0

Pero nada de esto importa. El juez Christensen tiene la más formidable herramienta que se haya inventado. El cambio climático. Que por pura indefinición puede amenazar, literalmente, cualquier cosa que se le pueda ocurrir a un juez con bellas intenciones. Al menos imaginariamente. Y entonces no hace falta ningún grado de evidencia.

En serio, ¿de verdad que vamos a meter a los jueces en estos fregados? ¿No nos estaremos volviendo un poco locos? Pues no has visto ni la mitad, porque ahora quieren perseguir la crítica científica:

Fuente del cuento del juez Christensen, Reuters:

 

 

Se reían mucho nuestros verdes con lo que llaman “impuesto al sol”. Como si fuera una locura en lugar de algo inevitable. Lo que pasa es que no es un “impuesto”, sino un cobro muy lógico por parte del proveedor. Vaya, si no se pretende que los usuarios “no solares” le paguen la red a los “usuarios solares”. O que los pobres le paguen la gracia a los ricos, porque en general los más ricos tienen mayor superficie por vivienda para poder instalar panelitos solares.

Pues en Nueva Zelanda, lo mismo. Ya digo que no es un “impuesto”. Una compañía eléctrica va a cambiar las tarifas a los que usan energía solar y baterías. Reduciendo el precio que les pagan por la electricidad que vierten a la red cuando les sobra, y también subiendo el precio que les cobran por la que les proporcionan. Y los verdes tienen un cabreo cósmico. Clic.

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Calculan que les incrementará la factura hasta en un 26%.

La llantina verde es la de siempre. ¡Pobre gente!, que está intentando hacer algo por el clima. (¿Hay algún problema con el clima?). En todos los países subvencionan la solar, ¡y aquí le quieren poner un impuesto! (Seguro que los paneles están subvencionados en NZ, pero el verderío sólo ve lo que quiere ver). ¡Parece una broma, después del acuerdo de París! (Sí, estupendo; pero los acuerdos son los acuerdos, y las pelas son las pelas). ¡Esta energía limpia está creando muchos puestos de trabajo! (Seguro; mientras los pagues tú, no hay problema). La energía solar ahora es más barata que la energía al por menor en Nueva Zelanda. (Seguro; a mediodía, el día que hace sol, y si no usas la red).  ¿Por qué me van a cobrar más mi por la electricidad, ¡menuda discriminación! (Por el mismo motivo por el que los buenos clientes suelen tener mejores precios, en todos los sectores). Etcétera. Lo consabido.

¿Es tan difícil de entender que a nadie le cobran nada si no se conecta a la red eléctrica? Ni en España, ni en Nueva Zelanda, ni en ninguna parte. ¿Es tan difícil de entender que la red tiene un coste? Si tienes un coche en tu finca, nadie te cobra nada por andar por ella. Ni siquiera necesitas matrícula. Pero las carreteras hay que pagarlas. Tienen guasa estos verdes, pretendiendo que los demás les paguen las carreteras (red eléctrica) que quieren usar. ¿A santo de qué? ¿Del morrito que tenemos? ¿De la religión que nos hemos montado? ¡Anda ya!

Aquí la misma noticia, pero sin la caradura de llamarle “impuesto”.

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Es de suponer que lo acaben haciendo en todas partes. Ni somos raros ni especiales, ni lo contrario tendría sentido alguno.

Añadidos para la discusión con Jaime.

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Estábamos hablando de  Potemos contra las fuerzas del inmovilismo, y parió la abuela. Del susto, supongo. La abuela feminista, que dice ahora que la lucha contra el cambio climático es una cuestión de la mujer. Por tanto, el mundo necesita un eco-feminismo para salir adelante. Eco-feminismo del calentamiento global, se podría decir.

Tienen sus argumentos, ellas. Es sabido que el cambio climático afecta más gravemente a los pobres. Pero hay un colectivo de la población aun más vulnerable todavía. Las mujeres. Supongo que serán sobre todo las actrices de Hollywood, que son las que más protestan por el cuento del clima. Y las mujeres están en primera línea del frente de esa guerra. Mira por ejemplo, Lorena Aguilar.

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No te lo pierdas. Consejera Global Principal, sobre Género, de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Que viene a ser como una versión femenina de Juantxo López de Uralde, pero con mucho más éxito. Está en pleno corazón de la gobernanza mundial, en vez de quedarse en un parlamentario nacional haciendo de telonero de Potemos y Venezuela. Y esta fenómeno, con otras,  estuvo a punto de conseguir una genialidad en la reunión del clima de París COP21. La inclusión -entre los problemas a arreglar- de “la estructura de injusticia y desigualdad, que han causado la crisis climática” [–>] . Sólo les faltó un pelín, y no llegaron a conseguir colar ese punto en el tratado. Con Arabia Saudí de capo de los DDHH en la ONU lo tenían bastante cuesta arriba.

Son unas feministas curiosas, convencidas de que la mujer es más miedosa y más maleable. Que es precisamente el ganado que desea cualquier religión. Y lo confiesan.

La investigación y la experiencia muestran que mientras los hombres se enfrentan al cambio climático preferentemente con soluciones técnicas, las mujeres tienden a ser más conscientes del riesgo y a estar más dispuestas a cambiar sus hábitos.

Luego había otros detalles menores en el planteamiento. Una grieta (gap) de género. Para sacar partido a este potencial de las mujeres en la lucha contra el clima, hace falta trasladar la idea desde las alturas de la gobernanza mundial hasta las agricultoras propiamente dichas. Todo muy tierno.

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Y esa labor sólo la pueden llevar a cabo, ¡mujeres! Pero, al contrario que con los hombres, que cobran, de las chicas se espera que hagan eso por el morro. Dicen. Resulta que en los niveles nacional e internacional de la gobernanza hay una diferencia impresionante. Entre las naciones de la ONU las mujeres sólo dirigen un 12% de los 900 ministerios relacionados con el medio ambiente. Y por término medio, sólo  un tercio de los delegados en las negociaciones globales como las de París son mujeres. Cuando resulta evidente que no se puede solucionar la crisis climática sin arreglar primero la estructura de injusticia de género. Y de ahí la imperiosa necesidad del Eco-feminismo Contra el Clima.

Y este es el cuento del Calentamiento Global Acojonante. Para los anticapitalistas es una forma de acabar con el capitalismo. Para Pablemos y López de Uralde, una forma de instaurar el marxismo-cantinflismo en una versión hispana de bolivarianismo. Para la industria de la energía, una forma de hacer negocio con tecnologías todavía no suficientemente desarrolladas para ser rentables. Para los bancos, una gran teta de la que mamar. Para los políticos, presupuesto. Y ahora para las chicas combativas, Igual Da. El clima sólo le importa a Hansen y sus cuatro científicos alarmistas, a los que ya nadie hace caso. Cuando el cuento llega a religión de estado, ya nadie se preocupa por escuchar a los teólogos. Su función está cumplida, y superada.

Fuente, Daily Caller:

En este mundo de Jetas en Acción una de las frases favoritas es “la ciencia dice”. ¿Y qué dice esa señora que llaman La Ciencia? Cualquier cosa. Lo que sea que le apetece decir a quien la invoca. Un ejemplo de libro puede ser este:

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Acojonante. El artículo donde se supone que “la ciencia dice” sólo es la opinión (no la ciencia) de un fulano. JG Cantero.

Donde es cierto que hay la mención a la opinión de “algunos científicos”, pero siguiendo el enlace se llega a la opinión exclusiva … ¡del mismo JG Cantero! Luego ya, en “auténtica farsa”, sale otro; Hansen. Dos científicos.

No cabe duda que el #AcuerdoDeParís ha dejado mucho que desear, y algunos científicos ya lo han tachado de fracaso y de una auténtica farsa. Los movimientos ecologistas tampoco han quedado contentos, y la representación social también esperaba bastante más.

Pero Samuel Martín-Sosa, de profesión Ecologistas en Acción, prefiere terminar la conversación. Normal. No vaya a ser que le preguntemos si JG Cantero se llama La Ciencia entre los amigos, o si “la ciencia” es la opinión (que no la ciencia) de los científicos cuya opinión nos mola. Alguien podría protestar porque rebajen la ciencia a opinión, por mucho que sea opinión de científicos. Por ejemplo, Newton y los suyos, que impusieron Nullius in verba (en la palabra -opinión- de nadie) como sistema.

Hay que hacer comprender a estos asnos que a “la ciencia opina” sólo se le puede contestar con un: Como si baila la conga, hermano, porque la ciencia no es opinión.

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Como la crítica del cuento del Calentamiento Global Acojonante es demoledora, tanto desde el punto de vista de los datos y argumentos como desde la calidad científica de los críticos, los alarmistas del clima necesitan (1) convertir en datos a favor lo que son datos en contra, y (2) desacreditar personalmente a los críticos. Y en este segundo aspecto, el meme (la memez) favorita es asegurar -mintiendo- que todo aquel que critica el cuento está pagado por oscuros intereses. Generalmente petroleros, o políticos.

Claramente se trata de una derivada de la estupidez posmoderna, en la que todo se basa en los sentimientos y las buenas intenciones. El llamado “buenismo”. Con lo que consiguen quitarse de encima la ciencia y la racionalidad. Porque si dependen de las intenciones, ya no son ni ciencia ni racionalidad. Ya no hay datos ni argumentos, sino ser bueno o malo. Basta con escuchar a los nuevos frailes, como Suzanne Goldemberg.

Y nos cuenta la historia de unos miembros de Greenpeace que engañan a dos “escépticos”, como si fueran a ser “aqluilados” por una empresa desconocida, para sembrar dudas sobre el cuento del Calentamiento Global Acojonante.

– ¿Estamos hablando de científicos del clima críticos con el IPCC?

No, no señor. Hablamos de un notable físico recién jubildado, no especializado en el clima, y de un desconocido sociólogo, también retirado.

– ¿Estamos hablando de investigación científica?

No, no señor; hablamos de opinión.

– ¿Y se trata de que promuevan la opinión de quien paga?

En absoluto. Consta muy claro que se trata de la opinión que ya tenían los articulistas por sí mismos, y que ya habían publicado un montón de veces.

– ¿Y les pagaban realmente?

En el caso del físico, que ha publicado el intercambio de emails [–>], no estaba dispuesto a cobrar nada. Pero si el falso contratante estaba empeñado en pagar, podía hacerlo a una ONG sin ánimo de lucro, de gusto del autor.

– ¿Y dónde está el escándalo?

En la imaginación de la monja posmoderna. Alega que el físico estaba dispuesto a no declarar quién era la supuesta empresa … que no le iba a pagar a él, sino a la ONG.

– ¿Mande?

Tal cual. El empeño de los falsificadores de Greenpeace era pagar, y pagar de incógnito. Y el físico les contesta que si no le van a pagar a él, no tiene que declarar que le están pagando. Y tras consultar con la ONG, les explica que las ONG no tienen obligación de revelar sus fuentes de financiación. O sea, que sí; que si están empeñados en que él escriba otro artículo más con su propia opinión, lo puede hacer de mil amores. Que de hecho siempre lo hace por afición. Y que si están empeñados en pagar por que escriba un artículo más, que también vale. Pero no pagándole a él, que no cobra por eso. Que su tarifa de consultor es 250 dólares a la hora (más gastos, si fuera el caso), y que le pueden pagar a la ONG si están obsesionados por pagarle a alguien.

Toda la movida de Greenpeace estaba preparada para desacreditar al físico, William Happer, que iba a declarar ante un comité del senado USA. Para montarle el pollo en el comité. Y se lo montaron. Por mucho que nadie hubiera “alquilado” su opinión, y por mucho que no hubiera cobrado un céntimo.

En el mismo comité del senado, tenemos un buen ejemplo del otro truco de los alarmistas que mencionábamos. El convertir en datos a favor lo que son datos en contra.

La canción de siempre. El nivel del mar está subiendo, los glaciares se están encogiendo, hay un calentamiento. ¿De verdad? ¿Y desde cuándo ocurre eso? ¿Desde que empezamos a emitir CO2 a lo bestia, o desde mucho antes? La pena es que los escépticos tuvieran que contestar sólo de palabra. Podían haber preparado unos gráficos oportunos, porque la canción siempre es la misma.

– ¡Los glaciares disminuyen!

¿De verdad? ¿Y desde cuándo? ¿Y qué tiene que ver  con el CO2?

– ¡El nivel del mar está subiendo!

¿De verdad? ¿Y desde cuándo?

¿Y qué tiene que ver eso con el CO2?

– ¡La temperatura está subiendo!

¿De verdad? ¿Desde cuándo? ¿También desde 1.850 más o menos? ¿Y cuándo no está subiendo o bajando? ¿Y cuál es exactamente la relación con el CO2?

La audiencia completa del senado USA, ¿Datos o dogmas?, se puede ver en este vídeo (son más de dos horas):

Ocuparse de las interioridades de los payasos es siempre un ejercicio lamentable; pero resulta necesario si los payasos tienen poder. Ya hemos visto antes que el cuento del CO2 no se lo creen. No actúan como si se lo creyeran.

Hoy vemos en una entrada en WUWT, a través de declaraciones de Sébastien Blavier. Donde descubrimos que también están en contra de la investigación en fusión nuclear.

“We are opposed to this argument of fusion being the future of power for humanity, that’s totally false for us,” he said. “Today the world is facing massive challenges like poverty, like access to electricity for people, poor people, for development.”

“We now how have the solution with renewables like solar and wind – they are affordable, they are cheap. For the moment ITER is presented as being the solution for the future power of humanity and I think that’s a big mistake.”

“If you look at the costs, it’s a massive amount of money that could be invested in renewables that are already ready to take off and be competitive; so it’s not a solution to future power, it’s only research.”

Por supuesto, de la fisión ni hablemos. Lo dicen en su web [–>]

Greenpeace has always fought – and will continue to fight – vigorously against nuclear power because it is an unacceptable risk to the environment and to humanity. The only solution is to halt the expansion of all nuclear power, and for the shutdown of existing plants.

Blavier es el jefe de la campaña nuclear de Greenpeace, en un COPIL (comité de pilotaje o animación) de 9 países, donde trabajan 13 personas con un presupuesto de 1,1 M€ al año. [Linkedin –>]

Y parece un epítome del pensamiento Alicia y posmoderno. Yo también lo sería por esa pasta😉 . Pero no porque sea rico le vamos a disculpar las subnormalidades. Si las renovables son asequibles y baratas, y eso recomienda la inversión en ellas en lugar de en investigación de otras fuentes, no necesitarían subvenciones ni elevación artificial de los precios de productos competidores.

Es interesante juntar todo lo que no quieren Blavier ni Greenpeace.

  • No quieren energía nuclear de fisión “tradicional”, que es la única que actualmente puede acercar a solucionar el problema imaginario de las emisiones de CO2. Esto es, les hacen caso a los científicos del clima cuando quieren (el CO2 achicharra), y cuando no quieren, no (la energía nuclear es imprescindible para atajar el Calentamiento Global Acojonante –>)
  • No quieren reactores de fisión alternativos (como los de sales fundidas de torio), cuyo desarrollo está ya a la vista y que reducen enormemente el problema de los residuos — hasta minimizarlo.
  • No quieren investigación de fusión nuclear, que no tiene el problema de los residuos radiactivos, y sería la solución definitiva tanto del supuesto problema del CO2 como del problema energético en general.
  • No quieren investigación en renovables, sino la producción del 100% de la energía con las renovables en el estado tecnológico que se encuentran ahora. Que precisa que la energía cueste más, mucho más; y además es todavía inviable — hacen falta centrales de gas para cuando no sopla en viento ni luce el sol.
  • No quieren resolver el problema imaginario de las emisiones CO2, porque no quieren que se emplee ninguna de únicas las cuatro vías que podrían acercar a resolverlo.

A través de lo que declaran no querer se puede uno hacer una idea de lo que sí quieren. Tal vez.

  • Empobrecer a los pobres. Que, aplicado con la suficiente fuerza, pueden imaginar que conseguiría disminuir la población. El viejo sueño de todo macho blanco hetero patriarcal y rico.
  • Enriquecer a los productores de eólica y solar, convirtiendo su no-negocio en negocio, aunque sea a costa de empobrecer a los pobres.
  • Centralizar el poder del mundo en una especie de Vaticano de moralina barata.

Si quieres creer a los científicos del clima porque no sabes distinguir ciencia, de especulación y opinión, allá tú. Sólo necesitas ser ignorante. Pero para creer a Greenpeace hace falta ser idiota. Del culo.

blavier

— Fuente, WUWT:

Sabes que estás en la Era de los Imbéciles cuando un periódico como El País publica artículos como este. Clic.

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Y no puedes pensar que sea el país de los ignorantes, porque todo el mundo tiene unos estudios mínimos, y acceso a internet, y demasiada capacidad para informarse como para poder disculpar la chorrada descomunal que plantea el artículo de El País de los Imbéciles. Que es muy simple, como todos los cuentos para niños. Antes de la revolución neolítica el hombre era muy bestia y comía mucha carne. Pero llegada la era civilizada de las ciudades y prodigios, el hombre come básicamente no-carne. Salvo cuatro ricos y famosos, que son unos abusones y con su carne quitan espacio de comida para los demás.

Ese era el mundo ideal, hasta que llegó el pecado moderno.

Y así fue, durante diez mil años, hasta que, unas décadas atrás, las sociedades más ricas del planeta entraron en la Era de la Carne.

¿Y cuál es el pecado imaginario de la Era de la Carne? ¡Que es un lujo! Literalmente.

Consumir animales es un lujo: una forma tan clara de concentración de la riqueza. La carne acapara recursos que se podrían repartir

¿Qué es un imbécil? El que afirma algo extraordinario, porque “le sale”; sin comprobarlo. Por ejemplo, si estamos haciendo una actividad que concentra unos recursos que se podrían repartir, y es algo nuevo en la historia, eso implica que se tiene que notar una diferencia. Que se debe medir para poder largar la afirmación -se entiende- sin ser un imbécil. Tiene que haber más gente con menos comida de la que solía tener, por ese efecto de concentración que producen los abusones.  Y claro, nuestro héroe posmoderno de la Era de los Imbéciles no presenta ninguna medición, porque todas las que hay indican lo contrario de lo que propone su moralina barata de fraile medieval. Que a pesar de aumentar el número de gente, y de que se coma cada vez más carne, cada vez hay menos proporción de gente esacasa de recursos básicos. Esa ducha de realidad que los guarros mentales siempre evitan.

La misma comprobación, que no hace sobre la falsedad de su moralina en el presente, la podría hacer también hacia el pasado. La debería, más que podría. Aquí hay un resumen ligero, dedicado a Martín Caparros. Ese fenómeno.

Y aquí tiene una pintura sobre roca, de Tassili-n-Ajer (sur de Argelia), en la que los neolíticos no están contando ni gestionando lechugas, sino vacas. Época PPNB (Pre-Pottery Neolithic B) del enlace anterior. Ni a la imaginación más descontrolada de la Era de los Imbéciles se le puede ocurrir que esas vacas fueran para los ricos y famosos del poblado. Y es que la revolución neolítica, junto a la agricultura … ¡también produjo ganadería! Fue una doble domesticación: plantas … y animales.

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Tampoco sobraría que buscara ejemplos de sociedades anteriores al pecado moderno en las que hubiera una especial falta de ganadería. Vaya, de proteínas animales. El que le queda mas cerca de Argentina es Méjico. Y el resultado de la falta de carne animal que llevarse a la boca fue la creación de una auténtica industria de la carne humana (antropofagia) a través de la guerra. Que es fundamentalmente el motivo por el que Cortés y cuatro compañeros animosos pudieron conquistar el imperio mexica. Por una parte encontraron muchos aliados muy contentos de librarse de ser alimento (ganado) del imperio. Por otra parte, la industria de la antropofagia obligaba a los mexicas a un arte de guerra sumamente ineficaz: tenían que apresar a los enemigos vivos — para comérselos más tarde en la ciudad.

Siempre hemos comido carne, en la medida que podíamos. Y cuando no había, había problemas. Como en la imagen de arriba. Y si ahora estamos aumentando el consumo de carne se debe a que podemos. Seguramente es demasiado pedir que un Martín Caparrós comprenda que ese poder tiene una relación directa con el maldito capitalismo, y el no menos maldito desarrollo económico. Pero eso no debería ser problema. Nadie le dice a Caparrós que no coma paisaje. Como si baila la  conga; a los demás nos la sopla. Sin embargo, otra característiva de la Era de los Imbéciles es que los Caparrós se creen en el derecho de imponer sus moralinas a los demás. Y ahí es cuando empezamos a escribir entradas faltonas, como esta. Para que dejen de hinchar las pelotas. Los imbéciles.

Avisado queda:

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