Clarity Act


Para discutir un argumento, conviene elegir la mejor versión que exista. Si no, te estás haciendo trampas. Y yo creo que Tsevan Rabtan siempre es una elección de confianza al respecto. Lástima que, además de presentar muy bien los argumentos, no tenga predisposición para contrastarlos en debate abierto.

Tsevan tiene un artículo reciente sobre la payasada catalana que tal vez sea lo mejor que se puede encontrar en defensa de la postura que llamo “no es legal”.

El título no podía ser mejor. Condensa en cinco palabras y dos ideas todo el problema. Pone todos los elementos encima de la mesa, de la forma más breve que se puede expresar. Alimento, o sea, fuerza; y turba, o masa irracional de tamaño francamente preocupante. Con eso, el resto de los elementos del problema salen solos. Y de ahí que ni siquiera haga falta expresarlos. Por ejemplo, turba ya implica “no es legal”. Eso es lo que hace la turba. Y como implica también irracional, significa que no es con razones con lo que la vas a parar. Es una cuestión, entonces, de fuerza. ¿Tienes fuerza para pararla? ¿Tiene la turba fuerza como para crearte un problema que no seas capaz de soportar a largo plazo?

Yo no pretendo tener la resupesta a eso. Ni idea. Me parece una apuesta … muy delicada. Pero la fuerza de la turba depende enteramente de su alimento. Que en este caso es un relato facilón. No nos dejan votar. Pero los cabeza cuadrada españoles no quieren mirar ni mucho ni poco lo que tienen enfrente, y sólo se preocupan de si es legal.

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Joder. Si hay algo que sabemos de dinámica social, desde 1º de los Forestales Juveniles, es que lo único más inútil aun que los argumentos -frente a una turba irracional- son los adjetivos. Y además, la lógica no es precisamente fina.

Se basa en la tesis de que hay algo malo, inmoral o peligroso en posiciones como la mía, a pesar de que yo sí respeto la ley.

Ya estamos con las Grandes Expresos Europeos. Estos son mis principos, y si no funcionan que le den a usted por saco. Vale; puede ser que valga … cuando vemos a quién le dan realmente por saco al final. Y respetar la ley no implica necesariamente que esa actitud no sea peligrosa. Por ejemplo, cuando la ley deja de funcionar puede ser sumamente peligroso atenerse a la ley.

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Anda, intenta entrar en ese coche y llevártelo, porque es legal. Ahí tienes; legal Y peligroso.

En Canadá tuvieron esencialmente el mismo problema, con una diferencia. El referéndum no era ilegal — aunque la secesión unilateral de una Provincia (con o sin referéndum) si lo fuera. Esa diferencia les impdió atascarse en la “solución” de impedir el referéndum. Bueno, también pudo ayudar la tendencia cultural anglo a no obsesionarse con una idea, prescindiendo de la realidad. A los continentales nos encanta engancharnos una idea fuerza, pero el Tribunal Supremo de Canadá miró la realidad además de la legalidad. Incluso observó el preocupante fenómeno de que a veces las realidades crean legalidades (y soberanías).

It is true that international law may well, depending on the circumstances, adapt to recognize a political and/or factual reality, regardless of the legality of the steps leading to its creation.

No one doubts that legal consequences may flow from political facts, and that “sovereignty is a political fact for which no purely legal authority can be constituted . . .”,  H. W. R. Wade, “The Basis of Legal Sovereignty”, [1955] Camb. L.J. 172, at p. 196.  Secession of a province from Canada, if successful in the streets, might well lead to the creation of a new state.  Although recognition by other states is not, at least as a matter of theory, necessary to achieve statehood, the viability of a would-be state in the international community depends, as a practical matter,  upon recognition by other states.  That process of recognition is guided by legal norms.  However, international recognition is not alone constitutive of statehood and, critically, does not relate back to the date of secession to serve retroactively as a source of a “legal” right to secede in the first place.  Recognition occurs only after a territorial unit has been successful, as a political fact, in achieving secession.

Hagamos hincapié en la diferencia. En Canadá no podían impedir el referéndum (tuvieron dos), pero su sistema constitucional sí decía que el resultado del referéndum no creaba una soberanía. Podían haberse agarrado a eso, pero les pareció insostenible. Insosntenible en la realidad … que al final puede acabar creando una nueva legalidad y soberanía. Y buscaron una solución que ha funcionado, a pesar de que el referendo sea legal. Al dar una salida a las aspiraciones secesionistas, difícil pero hipotéticamente posible, les quitaron el alimento. La fuerza. Y se desinfló el suflé. Tiene su riesgo, claro. La salida, aunque francamente difícil, existe. La gracia es que funcionó.

En España sí podemos impedir un referéndum, según la ley. Según la realidad, no tanto. Y hemos tomado la decisión, sin pensarlo, de que impedir preguntar soluciona el problema. Porque como entrecomillamos lo de “problema político”, parece como que no existe, o no importa. Y encima ni siquiera podemos realmente impedir preguntar, aunque lo tengan que hacer de una forma más o menos atrabiliaria.

Hay alguna otra diferencia. No nos dejan preguntar es mil veces más potente como alimento de la turba que no nos dejan separarnos. Si no nos dejan separarnos le pareció fácticamente insostenible a largo plazo al Tribunal Supremo de Canadá, imagina lo que hubieran dicho de no nos dejan preguntar. Es algo que allí ni se contempla.

Ejemplo. Incluso un tío con lecturas (aunque sea un cantamañanas) como Punset se apunta al mensaje kindergarten sin rubor:

¿Qué cojones quieres hacer contra eso; no es legal? ¿En serio?

Otra diferencia, nada irrelevante, es que en Canadá no tienen una izquierda sumamente reacia a la idea de Canadá, y frecuentemente aliada de la secesión.

Al final es una apuesta, y es imposible saber cómo va a salir. Pero la estrategia cabeza cuadrada te limita a contemplar sólo una de las soluciones del abanico, que liquidas en 1.225 palabras de un buen artículo de Tsevan Rabtan. El TS Canadá empleó 26.000 palabras, que sugiere que tal vez haya empleado unas 20 veces mas de pensamiento. Pero, oye; pensar mucho no quiere decir necesariamente pensar bien. Es posible que lo de los cabeza cuadrada sea mucho mas elevado. Por la pinta parece muy simplón, pero mayores prodigios se han visto.

Termina Tsevan Rabtan:

Tampoco quiero que me pidan perdón los que llevan años llamándome fascista o intransigente. Me bastaría con que lean esto y entiendan lo que digo, aunque una vez más sucumbo a mi habitual pesimismo. Seguro que habrá quien me diga, tras leer todo lo anterior: tienes razón, cúmplase la ley, pero ¿habrá que hacer algo más, no?

Ya estamos con las etiquetas y las flores. Claro que se entiende lo que dice. Él, y todo el campo de no es legal. Es imposible no entenderlo porque es imposible que sea más simple. Pero claro que diré: ¿habrá que hacer algo más, no? De forma condicional, además. Dependiendo de lo que pase al final. Si la jugada no es legal sale bien a largo plazo, querrá decir que no había que hacer nada más. Pero si sale mal querrá decir todo lo contrario. Salvo para los que funcionan por principios independientes de los resultados. Y si sale mal (¿apostamos?), yo si voy a pretender -aunque no conseguir- que los cabeza cuadrada pidan perdón. ¡Porque me importa el resultado! España.

El efecto de todo este planteamiento cabeza cuadrada, o no es legal, tan simple, pegadizo e infantil como el no nos dejan votar, es impedir contemplar todas las posibles soluciones. No se me ocurre plantearme que mi solución sea la buena solución. No lo sé. Pero reducir un problema de 26.000 palabras a uno de 1.225 casi nunca es una buena estrategia.

Fuentes

Tribunal Supremo de Canadá:

Tsevan Rabtan:

Más lecturas

Varios sobre Clarity Act en la plaza:

A cuenta de mi crítica a la payasada catalana, pregunta Manu [–>]:

Lo que me gustaría comprender es exactamente el porqué de los problemas que le ves a una celebración de referendum.

A veces los ejemplos prácticos son la forma más fácil de entender algo complejo. Y tenemos muy reciente el mejor ejemplo imaginable. Brexit. Y aunque Manu se refiere a Cataxit, el ejemplo Brexit es perfectamente válido. El problema es que por mucho que No-Brexit sea una sola alternativa, Brexit son muchas. Es fácil dibujarlo:

brexit-alternativas

Con una pregunta binaria, que en la realidad no existe, ha ganado Brexit. Cuyo significado se ignora. Y después hay que decidir si es un Brexit blando, acabando con un pacto como el que tiene Noruega; si Brexit es duro pero con un acuerdo razonable de divorcio; o si Brexit es a lo bestia, sin acuerdo y con trato de nación cafre por parte de la UE.

En el gráfico, la división Brexit / No-Brexit es la que hubo (52/48). Las tres alternativas de Brexit las he puesto a capón; un tercio para cada una. No lo podemos saber, pero es obvio que No-Brexit, con un 48%, ha tenido más del doble de votos que cualquiera de los Brexit posibles (unos 17,3%). ¿Cuántos de los que votaron un Brexit civilizado, fuera blando o duro, hubieran preferido un No-Brexit que un Brexit cafre? Nunca lo sabremos. Pero lo que sí sabemos es que se va a acabar eligiendo una de las versiones de Brexit, cuyo apoyo inicial rondaría el 20% de la población. Y seguramente será la más bestia, que es lo que pasa cuando los problemas se enconan y desmadran.

Habrá quien sostenga que Cataxit no es lo mismo que Brexit. Que es un asunto más claro. Yo sugeriría que lo piense un par de veces. ¿Es lo mismo dentro que fuera de la UE, o que lo de fuera dure más o menos tiempo? ¿Es lo mismo pactando la division de deudas y haberes que a fostias? ¿Es lo mismo amigos que enemigos? ¿Es lo mismo asegurar los derechos de las minorías que una merienda de negros — si eres de una de esas minorías? No parece. No tiene pinta de que Cataxit fuera una alternativa única, en vez de ser un cristo tan colosal como Brexit.

Y aquí llega lo de la Clarity Act de Canadá. ¿Pero tú no eras partidario del referéndum “a la canadiense”? ¡Pues claro! Para empezar  hablar, porque el “referéndum a la canadiense” en la práctica normalmente significa un “no referéndum”, a la canadiense.  Es lo que pasó donde lo inventaron. Porque obliga al pacto posterior sobre la versión de Brexit. Y especificando los puntos más relevantes que es obligatorio pactar antes de la separación. O sea, visualiza ante el votante que hay muchas versiones, y que puede tocar una que no le guste nada. Y probablemente resultaría en que se hable de esas opciones en la campaña. Que es lo que los separatistas quieren evitar siempre a toda costa. Quieren que se visualice una satisfacción al alcance para un sentimentalismo infantiloide, pero que no se vea lo que cuesta. Y eso es una forma de engaño y de no claridad que se combate, precisamente, con una Clarity Act.

¡No nos dejan votar, buaaa!

Que sí hombre que sí. Pero le vamos a poner al juguete la etiqueta de la versión concreta, y  el precio. Cosa de que sepas lo que compras, y su precio, antes de comprarlo.

Más entradas sobre Clarity Act:

Plantea Rodrigo Tena en el blog ¿Hay Derecho?

El resumen sería que Brexit nos muestra que no se puede poner la negociación antes de la consulta, porque no se sabe lo que se vota. Y propone cambiar el orden de la Clarity Act, en ese sentido. No es un mal argumento, y señala un problema real.

A botepronto (pm) …

Hace un poco raro llamarle “a la canadiense” cuando no tiene nada que ver. ¿Porque se negocian algunas cosas? ¡También lo hicieron en Escocia!, y nadie le llama “a la canadiense”. ¿Por exigir una mayoría reforzada? Pues deberíamos llamarle “de mayoría reforzada”. O “Referéndum Tena”, o “Versión Española”, o lo que sea que no produzca tanta confusión.

La Clarity Act no puede producir una empanada mental como la del Brexit, porque al mencionar concienzudamente todos los puntos que hay que negociar -vaya, estableciendo la obligación- los pone encima de la mesa. Los brits al votar no eran conscientes de que Brexit tiene muchos significados diferentes, y de que inevitablemente algunos no le iban a gustar al que votara Brexit. Eso no puede pasar con la Clarity Act porque el problema queda demasiado visible.

La propuesta de definirlo todo antes de la consulta tiene dos partes. La del tipo de “mayoría necesaria, plazos, cuerpo de electores, preguntas admisibles, etc” es igual en la Clarity Act. Inevitablemente. La de “plazos, cuestiones fiscales, régimen fronterizo, periodos transitorios, etc” tiene bastantes problemas. (La CA cita: “incluyendo la división de los activos y deudas, cualquier cambio en las fronteras de la provincia, los derechos, intereses y reclamaciones territoriales de los Pueblos Aborígenes de Canadá, y la protección de los derechos de las minorías.)

El problema que le veo es el principio que se sienta. Con el “Referéndum Tena”, España es divisible. Eventualmente. Con la Clarity Act, no. Se limita a señalar que puede darse un problema que aconsejaría contemplar la posibilidad de la división (si se llega a un acuerdo). ¡Pero no la contempla antes de tener el problema! En España, con la “versión española” pasaríamos de no poder saber si tenemos un problema -porque preguntar está prohibido- a tratar de resolver el problema antes de saber si lo tenemos. Y sobre todo, a establecer que España es divisible; o sea, provisional.

Entiendo los argumentos del autor. No son no razonables. Pero yo creo que faltan elementos. El principal -tal vez- es que la CA consiguió dos cosas. Quitarles las ganas de referéndum a los separatas, y quitarles el principal argumento (el “principio democrático”). La “Versión Tena” es tan diferente que no se me ocurre ningún motivo para pensar que fuera a lograr el mismo efecto. Y hay otras formas de hacerlo, como la planteada en el libro La Secesión de España, bases para un debate desde el País Vasco.

Tena tiene varios artículos más, también muy buenos, sobre Clarity Act:

Iremos haciendo colección de propuestas para que la sección quede completa. De momento conocemos estas versiones españolas, ordenadas por fecha de aparición.

Versión Ruiz Soroa (o de ley procedimental)

1) No necesita reforma constitucional previa, porque usa la vía de una “ley procedimental”.

2) Las Autonomías que contengan ” entidades territoriales componentes de relevancia política estructural según su Estatuto” no pueden decidir como conjunto, sino cada cacho por su cuenta.

Versión Santiago González (o de naciones a la carta)

También llamada de “naciones a la carta”:  comenzaría un proceso negociador en el que la provincia (Comunidad Autónoma) secesionista debería reconocer el mismo derecho a una parte de sí misma que prefiriese permanecer ligada a la Federación, una Barcelona que quisiera seguir siendo española, por ejemplo.

Versión Rodrigo Tena (o de orden inverso)

1) Necesita reforma previa del artículo 92 CE (referéndum consultivo).

 2) Cambia el orden del proceso, de forma que se negocian las consecuencias de la secesión antes de la consulta.

Yo creo que hay una cosa que nos cuesta ver. A los “unionistas”, o “no separatistas”, o “no etnicistas”, o como quiera que nos definamos. La definición no es fácil, porque en ese grupo hay “no españolistas”, y también otros no especialmente amigos de nuestra Consti. Pero nos entenendemos. Y lo que digo que nos cuesta ver es que en la discusión -el relato- de la cuestión territorial hay una parte que tenemos perdida antes de empezar a hablar. La parte de: “no es legal preguntar”.

¿¿¿Mande???

No hay nadie ajeno a la discusión e intereses, y más o menos despistado, que se pueda tragar eso. Va completamente  en contra del edulcorado y bobo espíritu de nuestro tiempo. Y en contra de cómo entiende la democracia la mayor parte de la gente, con razón o sin ella. O sea, va contra la realidad. Contra la realidad social, hoy y aquí. E ir contra la realidad suele ser una estrategia suicida.

Tener el relato perdido de antemano es muy malo de cara a fuera. Y la opinión de fuera en el caso de una declaración unilateral de independencia puede ser muy relevante. Incluso decisiva. Pero también es muy malo de cara adentro. Es una herramienta para la cizaña, que siempre puede aliarse con los separatas. Puede, mientras se trate de la chorrada del prohibido preguntar. ¡Como no se va a poder preguntar!  No podría cuando se trate de una secesión de verdad, y no de un  show.

Solemos decir que tenemos un sistema federal en la práctica. Respecto a Alemania no sé, pero con USA no tiene nada que ver. Lo que tenemos es un sistema infantil. Las autonomías son como niños, que no pueden ni preguntar por su cuenta. Y pueden gastar … porque papá les da la paga. Pero tampoco son responsables del asunto. Tratadas como niños, ¿cómo esperamos que se comporten?

Además, niños maleducados. Porque no somos capaces de hacerles cumplir las normas. Hemos fabricado la bomba de relojería ideal. Irresponsables, sin educación, y aliados de la cizaña. ¿Tú qué esperas que pase?

Es una apuesta. Podemos apostar por seguir como estamos, en la esperanza de que los niños se darán de hostias entre sí antes de llegar a nada de sustancia. Nos acaba de funcionar una vez. ¿Funcionará siempre?

También podemos apostar por seguir con el no se puede preguntar, pero por otro motivo. Porque soñamos que vamos a cambiar, y nos vamos a poner a educar a los niños. ¡Mano fuerte con los nenes! Hay gente que piensa así. Con dos cojones.

También podemos contemplar alternativas. Para estupor del pensamiento cojonudo, concepto falsamente atribuido a Unamuno pero bien real, es una opción que siempre existe. Y contemplar es contemplar; sólo es pensar y comparar, y mirar las rutas posibles que pueden ocurrir en cada caso. No necesariamente es decidir otra cosa, ni una concreta.

Los del PSC han intentado hacer exactamente eso. Poner una alternativa en el debate público. Pero nuestra idea del debate público es una estrategia en dos pasos. (1) Mirar la cuadra del proponente. (2) Descojonarnos, desde la altura de nuestra sabiduría cojonuda, porque es de una cuadra inadecuada y por tanto sus intenciones han de ser malas. ¿Y qué es lo que propone, y qué consecuencias puede tener? Da igual; es idiota porque es de los otros, y los otros están equivocados y son muy malos. A tomar por rasca la bicicleta.

Ni siquiera estaba muy bien planteado lo del PSC. Pero es igual, porque aquí lo que no se puede es pensar — y seguro que contaban con ello. Y sí que tenía una parte aprovechable. Para contemplarla, digo, no necesariamente para hacerla. La parte de sí se puede preguntar (¿y cómo no?); y la parte de no cualquier pregunta, ni cualquier respuesta, me hace sentirme concernido (lo que llaman “canadiense”).

Seguiremos a lo nuestro. No se puede preguntar … hasta que se pueda. Y cuando se pueda, ata esa mosca por el rabo. Igual funciona, y nunca se puede. O les educamos. O algo.

De momento, la teoría de que acabar con el bipartidismo iba a acabar con la llave / chantaje de los nacionatas, se ha demostrado falsa. Como era matemáticamente previsible.

Stephane Dion estuvo una o dos veces en España, dando conferencias y entrevistas sobre la Clarity Act canadiense. Lo del “referéndum a la canadiense” que proponía -y ya no propone- el PSC. Dion, aunque impulsor, no es el “autor” de la Clarity Act, como sostiene Santiago González [–>]. Sí empezó la discusión con los separatas, e hizo tres preguntas al Tribunal Supremo en nombre del gobierno. Usando la respuesta [Supreme Court reference –>] como guía, el parlamento hizo la ley. Y los principios de esa referencia que aplica los especifica en los ocho considerandos.

Pues bien, Dion metió en la cabeza de sus oyentes españoles una Clarity Act que no existe. Fue fácil, porque era lo que querían escuchar. Que si Cataluña se separa, Barcelona se queda. Y le salió de corrido, porque es lo que él hubiera querido que diga la ley — pero de ningún modo dice. Con lo que se creó la inexistente “versión española”, que he oído / leído por doquier.

Santiago González la expresa así:

Si se dieran ambas claridades, comenzaría un proceso negociador en el que la provincia secesionista debería reconocer el mismo derecho a una parte de sí misma que prefiriese permanecer ligada a la Federación, una Barcelona que quisiera seguir siendo española, por ejemplo.

Ruiz Soroa lo plantea de otra forma, adaptando el asunto a “su” problema (vasco). En un libro en el que plantea la posibilidad de desarrollar una Clarity Act en España sin necesidad de una reforma constitucional previa. Y establece unos pasos, donde …

6. Mayorías territorialmente distintas: si en la Comunidad Autónoma en que se vote existieran entidades territoriales componentes de relevancia política estructural según su Estatuto, y no se alcanzase la mayoría afirmativa requerida en alguna de ellas, tales entidades quedarían excluidas desde ese momento del proceso iniciado, que se limitaría a las entidades restantes. Por ejemplo, en el caso vasco esto supondría respetar la voluntad mayoritaria de los alaveses por respecto al conjunto, dado que los territorios forales son entidades de relevancia política estructural en un sistema cuasiconfederal como es el vasco. No lo son los municipios o las cuadrillas, pero sí las tres Provincias (hoy llamadas «Territorios»).

Le sirve para el caso de Álava, porque los “territorios” vascos sí tienen una relevancia política estructural, y parlamentos y leyes propias. Pero tal y como lo plantea no le sirve para Barcelona, como pretende  S. González.

La particularidad es que eso viene de la imaginaria “Ley Dion”, pero no de la Clarity Act. Y cuando lo señalas, te llaman gilipollas. Clic para el entretenimiento al completo.

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Ruiz Soroa nos sirve de ejemplo muy bueno con su boceto de ley. Cuando una ley quiere incluir esa idea de consecuencias diferentes en territorios (zonas) donde se dé una mayoría diferente, ¡lo hace! Como hace él con su punto 6 [–>]. Pero eso es exactamente lo que NO hace la Clarity Act. No hay nada, pero ni un remoto apunte, ni en la Clarity Act ni en la Supreme Court reference, que sugiera consecuencias distintas donde se den mayorías territorialmente distintas. Muy al contrario, la Supreme Court reference establece qué mayorías hablan y negocian. Las de Canadá y de Quebec. No contempla sub-Quebec.

The negotiation process would require the reconciliation of various rights and obligations by negotiation between two legitimate majorities, namely, the majority of the population of Quebec, and that of Canada as a whole.

Dos mayorías legítimas, sin mención alguna a una tercera mayoría en alguna parte de Quebec.

Lo más parecido a lo que interpreta la “versión española” está en la Supreme Court reference, en el punto 96.

Arguments were raised before us regarding boundary issues.  There are linguistic and cultural minorities, including aboriginal peoples, unevenly distributed across the country who look to the Constitution of Canada for the protection of their rights.   Of course, secession would give rise to many issues of great complexity and difficulty.  These would have to be resolved within the overall framework of the rule of law, thereby assuring Canadians resident in Quebec and elsewhere a measure of stability in what would likely be a period of considerable upheaval and uncertainty.  Nobody seriously suggests that our national existence, seamless in so many aspects, could be effortlessly separated along what are now the provincial boundaries of Quebec.

Lo que NO dice es que esas cuestiones deban solucionarse cambiando fronteras, y según reglas de mayorías locales. Para estupor de Santiago González. Dice que son problemas a arreglar negociando, donde un movimiento de frontera podría ser una solución, pero en absoluto la solución. Hay mil formas de proporcionar una medida de estabilidad, y una protección de sus derechos, que pone como objetivos. Pero entre sus derechos, garantizados por la Constitución de Canadá, no está el elegir el territorio de su nación.

Hay otra mención al problema de las fronteras, pero es un asunto de las Naciones Indias, que en Cataluña no hay. En el punto 139.

We would not wish to leave this aspect of our answer to Question 2 without acknowledging the importance of the submissions made to us respecting the rights and concerns of aboriginal peoples in the event of a unilateral secession, as well as the appropriate means of defining the boundaries of a seceding Quebec with particular regard to the northern lands occupied largely by aboriginal peoples.  However, the concern of aboriginal peoples is precipitated by the asserted right of Quebec to unilateral secession.  In light of our finding that there is no such right applicable to the population of Quebec, either under the Constitution of Canada or at international law, but that on the contrary a clear democratic expression of support for secession would lead under the Constitution to negotiations in which aboriginal interests would be taken into account, it becomes unnecessary to explore further the concerns of the aboriginal peoples in this Reference.

En la muy extensa discusión académica (ver enlace a un compendio al final), las posturas enfrentadas se refieren a dos asuntos que no tienen nada que ver con la “versión española”. Si Quebec tiene protegidas sus fronteras de una forma previa a la secesión, o se resuelve mediante la posesión o dominio efectivos. Es muy bonito, pero no tiene nada que ver. Y el asunto Naciones Nativas, que ya hemos visto y tampoco tiene relación. Lo que nadie plantea es la “versión española”. Esa especie de derecho de reciporcidad, por el que si podemos dividir Canadá también podremos dividir Quebec (Dion). Y no se discute porque la secesión no se trata de un derecho, sino de resolver un problema que ya se ha presentado.

De las opiniones académicas que he visto, probablemente la que mejor lo resume es la de Greshner (Universidad de Saskachewan):

[i]f ROC wants to add ‘boundaries’ to the agenda, it will be negotiating in good faith if it is acting for reasons that are in accordance with fundamental principles, such as protecting the rights of minorities. Quebec could propose other methods of protecting minorities as alternatives to giving up territory now within the province. What is inconsistent with good faith negotiations is for one party to refuse absolutely to talk about an issue. Thus, it would breach the duty to negotiate in good faith for Quebec to insist that boundaries can never be discussed, or for ROC to insist that changing the boundaries is the only method of upholding important principles.

Como se ve, la Clarity Act no es una solución de cómo hacer una secesión. Mucho menos es una solución del tipo naciones a la carta, como la “versión española”. Lo que hace es poner encima de la mesa un cristo que no tiene solución. Vaya, el perfecto cristo. ¡Y esa es su virtud! Mostrar, no un camino, sino el precipicio que hay.

¿Y en el muy probable caso de unas tablas o un impase en las negociaciones?

Suzanne Lalonde (Universidad de Montreal) lo ve así:

Federalists have always argued that in these circumstances, the territorial extent of the new State would be determined on the basis of actual and effective control whereas separatists have insisted, on the contrary, that “uti possidetis” would guarantee the existing territorial status quo. And on this issue the Supreme Court, in its wisdom, chose to remain silent.

Supongo que se entiende que “choose to remain silent” es el exacto opuesto que si dijera que la provincia secesionista debería reconocer el mismo derecho a una parte de sí misma que prefiriese permanecer ligada a la Federación. Que es lo que Santiago González, y muchos otros, afirman que dice la Clarity Act. Claro que cuando les pides una cita te llaman gilipollas. La versión española de un interesante debate público.

Enlaces:

Si algún partidario de la tesis de Santiago González es capaz de encontrar una cita que contradiga o matice lo expuesto, se la agradecería. Siempre se puede escapar algo, aunque en este caso lo dudo mucho.

Conclusión. Sería de agradecer que los opinadores españoles precisaran, cuando la mencionan, si hablan de la Clarity Act, o de la Versión Española. Por lo de las empanadas y tal. Yo hubiera seguido encantado la discusión y documentación en el blog de SG. Pero si te echa, porque no quiere información sino confirmación de lo que sea que lleva previamente en la cabeza, pues no será.

canada-quebec

La propuesta del PSC sobre una consulta “a la canadiense” está haciendo que se hable de la Clarity Act. Pero hay muchos comentaristas con un despiste formidable. Esta mañana me he tropezado con Federico Jiménez Losantos y con Santiago González sosteniendo la misma barbaridad. Casi palabra por palabra. No sé de dónde saca el primero lo que saca. De oídas, supongo. González sí lo dice: de una conferencia de Stephane Dion.

Así que como la gente prefiere hablar de la Clarity Act ¡sin leerla!, intentemos que al menos lean el párrafo donde más patinan. Me copio del blog de Santi, para no repetir el trabajo.

Aquí veo una confusión que se repite mucho.

Santiago González:

Si se dieran ambas claridades, comenzaría un proceso negociador en el que la provincia secesionista debería reconocer el mismo derecho a una parte de sí misma que prefiriese permanecer ligada a la Federación, una Barcelona que quisiera seguir siendo española, por ejemplo.

Eso no está en la Clarity Act. Y el que crea lo contrario, que se moleste en leer la ley (no es larga) y que señale el punto. Aquí hay una traducción, que tiene además enlaces a la discusión previa y a la recomendación del Tribunal Supremo que condujo a la ley:

https://plazamoyua.com/2014/12/06/la-clarity-act-traducida-y-algunas-explicaciones/

Lo que exige la Clarity Act es negociar una “protección de las minorías”.

CA 3.2:
Ningún Ministro de la Corona debe proponer una enmienda constitucional a los efectos de la secesión de una provincia de Canadá a no ser que el Gobierno de Canadá haya abordado, en sus negociaciones, los términos de la secesión que sean relevantes a las circunstancias, incluyendo la división de los activos y deudas, cualquier cambio en las fronteras de la provincia, los derechos, intereses y reclamaciones territoriales de los Pueblos Aborígenes de Canadá, y la protección de los derechos de las minorías.

Dion arrima el ascua a su sardina. En la discusión epistolar que tuvo con Bouchard (Primer Ministro de Quebec), planteaba muy razonablemente: ¿Por qué el “principio democrático” que puede servir para dividir Canadá no puede servir para dividir Quebec? Pero la respuesta del Tribunal Supremo de Canadá, proponiendo al Parlamento que estableciera una Clarity Act, no lo expone así. Lo deja más difuso, y de la misma forma lo reflejó la ley. Sólo como “protección de los derechos de las minorías”, sin mayor precisión.

Si vamos a discutir sobre la Clarity Act, que yo creo que es una muy buena discusión, procuremos discutir sobre lo que dice la ley, en lugar de sobre lo que imaginamos que dice. ¡Coño, que no es tan larga! Unas 1.500 palabras. No necesitamos que nos la “explique” Dion en una conferencia; sabemos leer.

Sí hay mucha discusión teórica sobre el significado de “cualquier cambio en las fronteras” de la provincia. Este estudio académico es bastante completo:

Macquarie Law Journal (2003) Vol 3
QUEBEC’S BOUNDARIES IN THE EVENT OF SECESSION

La Clarity Act es muy buena porque intenta basarse siempre en unos principios muy generales. Es bastante “trasladable”. Pero justo la cuestión territorial es muy particular en su caso, porque está muy matizada por la existencia y derechos de los Pueblos Nativos. Que para liarla más, resulta que tienen muchas tierras de gran riqueza energética y muy poca población. Y no se puede mezclar alegremente el problema de los derechos de los Pueblos Nativos, que existe antes de la eventual secesión, con el problema -por ejemplo- de los derechos de anglos y frenchos.

Por resumir mucho. La Clarity Act no eleva a sacrosantas las fronteras actuales de Quebec, pero tampoco establece el principo de naciones a la carta. Puede haber “derechos de minorías” (por ejemplo, culturales) que lleven a negociar un cambio en las fronteras; pero un cambio en las fronteras no es necesariamente el único medio de garantizar esos derechos.

Sección Clarity Act en la plaza:

Lo de Santiago González:

Actualización. Me parto. SG me llama gilipollas. Por no por lo que digo, sino por señalar su equivocacion … ¡desde un “nick”!

santiago-gonzalez-y-gilipollas

También ha contestado en su blog, como enfadado.

Actualización 2. Acojonante. Ahora me pone en moderación el campeón.

santiago-gonzález-moderación

santiago-gonzalez-ciao

welcome-kindergarten

Lo del Brexit, como bien han explicado tanto John Carlin en El País como José García Domínguez en Libertad Digital, es una lección que jamás agradeceremos lo suficiente a los ingleses. Y digo ingleses, no británicos, porque Brexit es básicamente un fenómeno del nacionalismo inglés.

Estos “tuits” de James Annan resumen bien el problema.

annan-brexit

Acertado o no, está planteando la posibilidad (real) de que Brexit no tenga lugar, porque nadie llegue a apretar el botón que inicia el proceso.

¿Absurdo? Tal vez no tanto. Lo que es absurdo es el referéndum, porque es una pregunta sin respuesta. Como son todas las preguntas binarias sobre asuntos complejos, con muchas soluciones. No existe un solo “Remain”, porque hay muchas formas de permanecer dentro. Y esta es la parte fácil; puede entenderse permanecer como estamos ahora. Vale. Pero en la respuesta “Brexit”, que tiene muchas soluciones distintas, no hay una que pueda darse más por supuesta que las demás. Así que no hay forma humana de  saber qué cojones se está respondiendo al responder “Brexit”.

Por apuntar algunas disyuntivas.

– (1) Que el Reino Unido tenga la misma relación con la UE  que -por ejemplo- la de Australia. O sea, ninguna.

– (2) Que el Reino Unido tenga libertad de movimiento de mercancías y capitales con la UE, sin tener libertad de movimientos de personas. No está sobre la mesa, porque la UE no la acepta. Pero parece la pretensión más popular.

– (3) Que el Reino Unido tenga la misma relación con la UE como la que tiene Noruega. O sea, dentro del mercado común, libertad de movimiento de mercancías, capitales y personas, con toda la legislación que lo regula, pero sin voto dentro de la UE. Parece la opción favorita de los “brexiters” de izquierdas.

– (4) Que el Reino Unido se desuna, Escocia siga dentro de la UE, e Inglaterra busque una de las tres situaciones anteriores. Que parece una opción que no quiere nadie, y que probablemente es inevitable.

Esas cuatro alternativas (y hay más), son cuatro soluciones muy distintas a la respuesta “Brexit”. Y no hay nadie a quien le puedan gustar las cuatro; son opuestas entre sí en lo esencial — por ejemplo inmigración. Con la pregunta que se le ha hecho, no hay forma de saber qué quiere “el pueblo”.

Los amigos de la “democracia directa” podrían perfectamente haber planteado una pregunta que expresara algo muy cercano al abanico real de respuestas posibles.

¿Prefiere usted, amado pueblo, (marque su preferencia) …?

  1. Remain
  2. Brexit 1
  3. Brexit 2
  4. Brexit 3
  5. Brexit 4
  6. Brexit, con indiferencia de su número.

Pero esa es la pregunta que nunca hacen los directo-demócratas, porque así no consiguen el resultado que quieren. Y sobre todo, porque así no pueden hacer lo que les salga del nabo, engañando al “pueblo”.

Pasa exactamente lo mismo con la secesión de Cataluña. EL famoso derecho a decidir sólo funciona a base de no saber lo que se decide. Como Brexit. Y todo se basa en no saber si Cataluña queda dentro o fuera de la UE; si paga o no paga sus deudas; si tiene o no tiene moneda propia; si tiene un ejército, o se lo arreglan los chinos; etc. Todo un rosario de cosas que hay que NO saber para tener “derecho a decidir”.

Y aquí viene la Clarity Act, que los nacionalistas españoles se empeñan en no querer entender. No es que plantee directamente la multi-respuesta para un problema que no es binario. Pero como sí plantea la obligación posterior de negociar media docena de alternativas diferentes, nombrando las alternativas y nombrando los interlocutores, por arte de magia está haciendo presente la no binariedad de la pregunta aparentemente binaria. ¡Quietos, que esta respuesta tiene consecuencias diferentes, y algunas no me gustan nada! ¿De cuál de ellas estamos hablando, concretamente?

Ya digo. Brexit, como lección, es impagable. Y eso antes siquiera de mirar la bolsa y el valor de la moneda.

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