Cambio Climático


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La historia tuvo mucho bombo de prensa, cómo no. Una nueva forma de averiguar el calentamiento de los océanos, a base de medir su degasificación. A mayor temperatura, pueden disolver menos gases. Y les resultaba que el calentamiento del mar era mucho mayor del que se pensaba.

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La idea de esta forma independiente de medirlo no era mala, aunque no la llevaron muy bien a cabo. El problema es que cuando impones consensos, todo el mundo aplaude los estudios que nos gustan, sin mirar mucho las entretelas. No vayamos a joder las “buenas” noticias. ¡Nos vamos a morir más rápido de lo que pensábamos! Así que ni los autores, ni los revisores de Nature,  ni ninguno de las docenas de científicos del “consenso” especialistas que leyeron el estudio, se dieron cuenta de los muy obvios errores que contenía. Tuvo que ser un muy vilipendiado “negacionista” el que llamara la atención sobre el asunto. Nic Lewis. Lo hizo en el blog de la no menos vilipendiada Judith Curry, pocos días después de la publicación.

De sus conclusiones:

Los hallazgos en el trabajo de Resplandy et al fueron publicados, con revisión por pares, en la principal revista científica del mundo. Con una gran cobertura de prensa. A pesar de esto, una rápida revisión de la primera página fue suficiente para levantar dudas sobre la exactitud de los resultados. Y bastaron unas pocas horas de análisis y cálculos, basadas sólo en la información publicada, para mostrar errores aparentemente serios (y con seguridad inadvertidos) en los cálculos subyacentes.

Nic Lewis es un científico amateur, y tardío. Amateur, en el sentido de que no cobra por los estudios que hace. Matemático, dedicaba a la estadística para el mundo de las finanzas hasta que, jubilado, se interesó el “cambio climático”. Especialmente en lo relativo a los cálculos de la “sensibilidad climática” (lo que calienta el CO2). Ya les había corregido algunas prácticas estadísticas a los profesionales del clima, y se había convertido en una especie de “grano en el culo”. Muy incómodo, porque nadie puede discutirle ni sus conocimientos matemáticos, en general muy superiores a los de los científicos académicos, ni el cuidado con el que trabaja. Ha publicado estudios con la flor y nata de los especialistas que se dedican al problema de la atribución del calentamiento al CO2. Y los últimos, mano a mano con Judith Curry. El efecto de su presencia en el mundillo del cambio climático ha sido rebajar notablemente los cálculos de lo que calienta el CO2. En los dos extremos del margen. Y eso es un fastidio enorme para los alarmistas.

En el caso de este estudio, Lewis señalaba dos problemas gordos. Que no se puede calcular la tasa de calentamiento como lo hacían. El uso de la estadística, no la parte física. Y que los márgenes de confianza que usaban eran totalmente irreales. De momento, los autores han reconocido esta segunda crítica.

Es un nuevo método prometedor, pero no hemos conseguido una buena precisión en el primer pase.

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Los alarmistas están diciendo que todo es muy normal; que así es como la ciencia se va corrigiendo y avanzando. Y tienen toda la razón. Pero se olvidan de la parte en la que los “negacionistas” han sido necesarios para ese avance de la ciencia, porque ningún alarmista ha sido capaz de ver un problema que, según Lewis, era obvio en la primera lectura de la primera página del cacareado estudio. Ha sido necesario el prestigio de la “negacionista” Curry para llamar la atención, y el fino conocimiento del “negacionista” amateur Lewis para ver el problema.

¿Qué tal si aprendemos la lección, nos dejamos las floridas etiquetas y los insultos en casa, y reconocemos que la crítica no es una inmoralidad, sino algo necesario para un conocimiento de fuste?

Fuentes:

Resplandy et al 2018

Nota de prensa en Princeton University

Nic Lewis en ca’n Curry (1)

Nic Lewis en ca’n Curry (2)

San Diego Union-Tribune:

Washington Post:

 

 

 

 

 

Hasta ahora habíamos visto varios estudios regionales o locales sobre la situación de las islas coralinas a cuenta del “cambio climático”. Esa estrafalaria idea, desmentida de forma teórica por Darwin, de que la subida del nivel del mar hace peligrar a las “naciones archipiélago” del Pacífico y el Índico.

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Ninguno de los estudios locales o regionales que conocíamos sostenía esa tesis del peligro de las islas coralinas. La novedad es un estudio de una especialista francesa, que recopila y organiza toda la información disponible. Virginie Duvat es profesora de geografía costera de la Universidad de La Rochelle, y autora principal del capítulo sobre Pequeñas Islas (Cap. 29, WGII) del último informe del IPCC (AR5). Proporciona una visión global sobre los cambios o la estabilidad de esas islas que tanto nos preocupan, y de los factores que les influyen. En total cubre 700 islas del Pacífico y el Índico, muy bien repartidas por toda esa geografía.

El título es muy claro:

También es muy claro el resultado.

La subida del nivel del mar no es un elemento que esté influyendo en la situación de los atolones y sus islas. Según regiones, la subida es muy distinta. Entre 2 y 5 milímetros al año. Pero esa diferencia en la subida no hace ninguna diferencia en los cambios o estabilidad de las islas.

El total de superficie no ha disminuido. De 709 islas, 518 (73%) han estado estables; 110 (15%) han crecido; y 81 (11%)  se han hecho más pequeñas.

These results show that atoll and island areal stability is a global trend, whatever the rate of sea-level rise. Tuvaluan atolls affected by rapid sea-level rise (5.1 mm/yr; Becker et al., 2012) did not exhibit a distinct behavior compared to atolls located in areas showing lower sea-level rise rates, for example, the Federated States of Micronesia or Tuamotu atolls.

El tamaño de la isla es lo que más influye en su variabilidad. Las pequeñas, de menos de 10 ha, varían mucho. Creciendo o achicándose, pero son más la que crecen que las que decrecen.  Las de más grandes que eso, varían poco; y menos cuanto mayores son. Entre las de más de 10 ha, todas han estado o estables (+/- 3%), o creciendo.

El gráfico clave es este:

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Tal vez si borramos la zona de islas estables se pueda comparar mejor la diferencia entre el número de las que crecen y las que decrecen.

duvat-2018-fig-3-sin-estables

El trabajo es muy interesante, aparte del asunto irrelevante del nivel del mar, por la sistematización de los elementos que sí influyen en estos sistemas tan dinámicos. Huracanes, la mar de fondo dominante, la posición geográfica (“sombra” de otras islas), El Niño, y las actuaciones humanas sobre las costas. Pero eso excede el propósito de esta humilde entrada de blog, y se puede ver mucho mejor en el original.

Cuando os vuelvan a hablar de las islas que lloran, les dais con esto en la cocorota. Cada vez que abran la boca.

Fuentes

V. Duvat, CV:

Duvat 2018 (en Sci-hub):

Kench et al 2018 sobre Tuvalu (Nature Communications):

Woesik et al 2015 sobre Pacífico Occidental (Royal Society Open Science):

Kench et al 2015 sobre Funafuti (Geo Science)

Webb y Kench 2010 sobre Kiribaty (Global and Planetary Change)

 

 

 

puesta-sol

Los alarmistas no lo suelen expresar tan crudamente, y por eso no es muy fácil ver la clave del desacuerdo entre las dos interpretaciones del “cambio climático”. La alarmista, y la crítica. Hay que escarbar el trasfondo de lo que dicen unos y otros. Pero Andrew Dessler lo ha puesto muy fácil en un artículo en el Houston Chronicle.

Aunque puede haber un debate público, no hay debate entre los científicos como nosotros – décadas de investigación han demostrado que las actividades humanas, principalmente la emisión de dióxido de carbono de los combustibles fósiles, están guiando el cambio climático que estamos viendo.

Para entender por qué estamos tan seguros, es útil pensar en el cambio climático como en una novela de detectives. El clima no cambia por sí mismo, y así los científicos son detectives que tratan de resolver el misterio de qué ha estado calentando la tierra el siglo pasado.

Tiene bastante gracia que sea precisamente Dessler el que diga que no hay un debate entre los científicos, porque se ha pasado años y años, y réplicas y contra-réplicas, discutiendo con Roy Spencer sobre la causa del “cambio climático”. Y presumiblemente seguirán discutiendo, a cada nuevo trabajo que publique Spencer sobre el delicado problema de causa y efecto, y retroalimentación, en el clima.

La clave es lo que he destacado en negrita. El clima no cambia por sí mismo, asevera. Los críticos, que son tan científicos como Dessler, y a menudo más cualificados, aseguran lo contrario.

Y es fácil entender la diferencia que crean esas asunciones. Si el calentamiento que se ha observado tiene un componente de variabilidad interna (cambio por sí  mismo), no se puede achacar todo el calentamiento al CO2. Y cuanto mayor sea, menos efecto ha tenido el CO2, y por tanto menos efecto se puede esperar del CO2 en el futuro. Si todo el calentamiento se debe al CO2, su efecto es mayor que si sólo fuera una parte la que ha producido.

En términos de la novela de detectives que propone Dessler, la cosa es tan gorda como saber si ha ocurrido un crimen, o no. ¿Es una muerte natural, o la ha provocado alguien? Sólo que en este caso no se trata de sí / no, sino de proporciones.

Nota: lo de “cambiar por sí mismo” no es sólo cambio climático natural. Es cambio interno, sin ninguna causa externa. Por ejemplo, si fuera por el sol, sería natural, pero no sería interno. Los alarmistas, con mucha cara, suelen afirmar que como no se ven causas naturales externas para el cambo climático que hemos visto (y es verosímil), eso indica que tiene que ser por una causa “artificial”. Pero no es cierto, porque puede ser natural, pero interno (por ejemplo, no el sol).

Para hacerse una idea de la seguridad que se puede conceder a lo que dicen los alarmistas, basta examinar la confianza que tiene aquello de lo que sale la afirmación de que el clima no cambia por sí mismo. Ahí está la clave. ¿De dónde sacan que el clima no cambia por sí mismo? No vamos a profundizar en ello, porque sería larguísimo. Pero sí se puede dar un brochazo. Lo sacan de (1) las reconstrucciones de temperatura pasada a partir de proxies, y (2) de los modelos climáticos. El problema es que los proxies son una medición muy delicada, y con una incertidumbre horrible. Los críticos también los usan a su favor, para mostrar que el clima sí cambia por sí mismo. Y para que los modelos climáticos sirvieran como prueba de la asunción alarmista, habría que tener confianza en que representan el sistema climático real con suficiente aproximación. Cosa más que discutible.

Con este resumen tan simple podemos llegar a la vieja pregunta que nunca contestan. ¿Señores alarmistas, nos pueden decir qué coño niegan aquellos a los que llaman negacionistas? Y la respuesta es la que lleva señalando Roy Spencer desde hace un montón de años. Los alarmistas son negacionistas del cambio climático interno, y los que llaman “negacionistas” se limitan a afirmar que el clima sí cambia por sí mismo. ¿Quién es aquí el “negacionista”?

Esto, que parece una simpleza, en realidad ayuda muchísimo para entender de qué están discutiendo en ese debate científico que dicen que no existe. Que, por cierto, es el segundo”negacionismo” de los alarmistas. No solo niegan que el clima cambie por sí mismo, sino que niegan un debate científico que es tan visible como la copa de un pino.

Añadido (12 horas después). Casualmente encuentro un nuevo análisis en Climate Audit (Steve McIntyre) sobre el uso de los proxis por parte de los alarmistas, y es muy ilustrativo. Sirva de ejemplo:

Siguen saliendo estudios que confirman el reverdecimiento global, por su hubiera dudas. El que vemos hoy lo hace discriminando los tipos de vegetación, además de dar resultados para la vegetación en general. Y controla los resultados sacados de las imágenes de satélites, con mediciones in situ. Munier et al 2018.

El resultado sumando todos los tipos de plantas se ve en este gráfico.

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Un aumento de verdor de un 2% al año, pero con mucho margen.

Respecto a la comparación con el más citado de los estudios anteriores, que también hemos visto en la plaza (Zhu et al 2016 [–>]), explica que los patrones espaciales coiniciden bien, y que en Zhu 2016 encontraron una tendencia de reverdecimiento global significativamente mayor. 2,5 veces mayor. La diferencia podría explicarse porque los períodos considerados son distintos, usaron diferentes conjuntos de satélites, y en Zhu 2016 sólo tomaron en cuenta la estación de crecimiento.

Las figuras por tipos de vegetación. Caducifolios; coníferas; y perennifolios tropicales:

munier-et-al-f7.png

Y cultivos de verano; cultivos de invierno y regadíos; y praderas y sabanas.

munier-et-al-2018-f8

Tampoco es que sean unas mediciones de una precisión exquisita. El margen es muy amplio. Pero sí son muy consistentes, una tras otra, mostrando un notable reverdecimiento global. Con excepciones marcadas, pero relativamente escasas.

Seguro que los alarmistas dicen que esto es muy malo, porque blablabla.

Fuente de la noticia, Pat Michaels en el blog de Judith Curry:

rydval-et-al-2018

Rydval et al 2018:

Las correlaciones espaciales revelan una gran coherencia con la temperatura en las Islas Británicas, partes de Europa occidental, el sur de Escandinavia, y el norte de la península Ibérica. El NCAIRN sugiere que el calentamiento reciente de verano en Escocia probablemente no es único cuando se compara con los períodos cálidos multi decadales observados en los años 1300s, 1500s, y 1730s, aunque las tendencias anteriores a mediados del siglo XVI deben interpretarse con alguna precaución debida a su mayor incertidumbre.

Fuente:

Fuente de la noticia, Judith Curry:

El resumen más rápido podría ser: sigue la pausa en el descenso del hielo; 12 años ya en que el hielo del Ártico se niega a descender. Si miramos la extensión media de los meses de agosto.

agosto-hielo-artico-desde-2007

Desde 2007, hay cinco años con algo más de hielo que 2018, y cinco con algo menos. Y otro con el mismo. O sea, la perfecta no-noticia desde 2007.

La serie completa desde que se mide por satálites queda así:

agosto-hielo-artico

Desde el punto de vista de los argumentos del calentamiento global, se podría decir que si un descenso del hielo era una prueba de calentamiento, un no-descenso debería ser una prueba de no-calentamiento. Pero estos chicos tienen una relación muy especial con los argumentos; sólo valen cuando les convienen.

Si queremos mirarlo a la última fecha disponible (4 septiembre), ya cerca del día que será el mínimo del año, todos estos años del gráfico tienen menos hielo que 2018:

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Desde 2007, seis años van por debajo, cuatro por encima, y uno igual.

Pero la panda del cambio climático te lo contará de otra forma. ¡Nos vamos a quedar sin hielo de verano en el Ártico!

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Bueno, puede ser. Pero eso ya pasó en el Óptimo Climático del Holoceno, hace unos pocos de miles de años, y no hubo ningún drama. Ni desaparecieron los osos, ni nada. Y este año ni siquiera hemos tenido una de las ventajas esperables de un menor hielo en el Ártico. El paso del Noroeste no se ha abierto.

En fin, la apuesta es que 2018 será otro año lejos de batir un récord de mínimo de hielo, para tristeza y desesperación de la orquesta del cambo climático.

Las fuentes, que me había dejado atrás:

NOAA:

NSIDC (Charctic):

 

No suele fallar. Llega un fraile gordo, borrachín y fornicador, y trata de convencerte de que comas frugalmente, no bebas, y de follar ni hablemos. Para salvar el mundo, el alma, o el prodigio superior absoluto que sea.

El DNC es el Comité Nacional del Partido Demócrata en EEUU. Recauda y organiza los dineros para las campañas, y tal. En junio tomó la decisión de no aceptar dinero de las pecadoras compañías de combustibles fósiles. Una forma virtuosa de luchar contra el “cambio climático”. Decían. Pero entre la virtud ajena y la propia hay una barrera muy difícil de superar. Y dos meses después se han cascado un Pedro Sánchez que no lo podría mejorar ni Tóntez mismo.

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Ya te haces a la idea. La monada es cara, pero no importa porque la vas a pagar tú.

Fuentes

Huffpost:

The Hill:

 

 

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