algoreros


Era una sequía terrible. Llevaba camino de ser la mayor de la historia, o algo así. Pero …

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… no. Resulta que ahora los embalses están el 97% respecto a la media de los últimos 10 años. Que supongo que se puede considerar lo “normal”. Pero comprobemos; ¿la media de los últimos 10 años (2008 – 2017) es “normal”?

lluvia-espanha-desde-1900

¡Es normalísima! Casualmente esa media de 10 años (el último punto de la línea naranja) está sobre la línea de la media desde 1900, que son todos los datos que hay. No podría ser más “normal”.

Nota anecdótica: también está representada la línea de tendencia desde 1900 en el gráfico. Pero no se ve, porque coincide como niquelada con la línea de la lluvia media de esos 117 años. Encefalograma plano puro.

También es cierto que aunque la situacion de los embalses, hoy, es totalmente normal considerando España entera, algunas cuencas no están tan bien. Mientras que otras tienen más agua embalsada que lo “normal”. Por cuencas está así:

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Fuentes

Aemet (lluvia):

Embalses.net (primer gráfico):

Ministerio de la cosa (cuencas):

 

 

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Un par de estudios señalando un debilitamiento de la corriente del Golfo. En realidad contradictorios, porque uno habla de un debilitamiento desde 1950, y el otro desde 1870. El primero podría ser por “el calentamientoantropogénico” (vaya, el malvado CO2), pero el segundo no. Empieza mucho antes que el hipotético “calentamiento antropogénico” se pueda notar. O sea, el del segundo estudio es natural en origen.

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¿Y esa noticia es buena, o mala? Pues depende. Para los alarmistas es mala, porque es un cambio. Y los alarmistas son cambiófobos. Todo cambio ha de ser netamente a peor, sienten. A mucho peor, con toda probabilidad. En cambio, para los no alarmistas -pero creyentes en el IPCC- el cambio es bueno. Porque disminuye el “calentamiento global antropogénico”.

Versión alarmista en Twitter:

Versión no alarmista (pero aun así creyente en el IPCC) en el mismo medio:

Ya asoma en la prensa española:

La prensa española, por supuesto, no menciona que haya dos estudios, ni la posibilidad de que sea natural, ni las contradicciones, ni lo que podría tener de bueno (según teoría IPCC), ni leches.

Se pueden seguir los enlaces clicando en los “tuits” en los que salen.

 

 

 

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¡Vaya por Dios! La Isla de Pascua debe tener un problema de los gordos con la subida del nivel del mar. Y te lo cuentan en español, para que no te lo vayas a perder.

Las olas ya han alcanzado las estatuas y plataformas construidas por una antigua civilización.

La isla de Pascua está desapareciendo.

Nicholas Casey, corresponsal de The New York Times en la región andina, y Josh Haner, fotógrafo del Times, viajaron aproximadamente 3600 kilómetros desde la costa de Chile para observar cómo el océano está erosionando los monumentos de la isla.

Durante años, las crecidas de las olas han roto las plataformas que contienen restos antiguos.

Te sientes impotente con todo esto, que no puedes proteger los huesos de tus propios ancestros.

Muchos de los restos de esa civilización están en riesgo de desaparecer debido al aumento en los niveles del mar que han erosionado las costas de la isla.

En fin, no vamos a seguir copiando. Se puede uno imaginar el resto del drama. También se puede uno imaginar que en todo el artículo no van a dar ni una sola vez una cifra que indique cuánto sube el nivel del mar en Pascua. No la busques, que no hay. Así que la pondremos de otra fuente. Por ejemplo, la NOAA. Clic para original.

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Si no lo sacan por matemáticas, habría que tener el ojo de un lince para apreciar subida alguna del nivel del mar en la isla de Pascua durante los últimos 40 años.  Y con las mates sale un tercio de milímetro al año de subida. Serían 33 milímetros en un siglo. ¡O 3,3 cm. en cien años! Tres centímetros en cien años.

Según Wikipedia, el típico clip de tamaño normal mide casi tres centímetros.

Hablamos, aproximadamente, de un clip por siglo.

Y ahora lee el New York Times, y llora:

Nos enteramos gracias a Irreductible, en Twitter.

 

 

 

 

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Susan Crockford les ha pillado con el culo al aire a los chicos de los osos polares. Es la bióloga que ha señalado el error colosal de las predicciones de los modelos de poblaciones de osos polares. Se basan en la cantidad de hielo, y con lo que ha disminuido los osos deberían estar desapareciendo en cantidades industriales. Pero no ocurre eso; si acaso está aumentando su población. O, como poco, está estable.

Crockford hizo un estudio sobre las predicciones, en el que se ve que (1) el nivel de hielo de los últimos diez años es comparable al que tienen los modelos hacia 2050, y (2) con ese nivel de hielo los modelos predicen una gran disminución de la población de osos. ¡Pero la población no ha descendido nada! Para un cerebro normal eso quiere decir que los modelos están equivocados. Pero para un cerebro de ciencia posmoderna lo que significa es que Crockford es gilipollas y “negacionista”.

El gran problema para los alarmistas es que los argumentos y datos de Crockford son muy claros y fáciles de entender. Están publicados, principalmente, en una revista de auto-publicación, donde cualquier científico puede hacer una revisión (¡y una crítica!) del trabajo; y en un artículo de divulgación en el  Financial Post.

Peer J Preprints:

Financial Post:

La ciencia posmo es como es. Alegan que el trabajo de Crockford no está publicado en una revista con “revisión por pares”. ¡Pero se niegan a hacer una revisión donde pueden perfectamente hacerla! A cambio, se dedican a criticar en Twitter, discutiendo los argumentos que Crockford no emplea. Y no contestando a lo obvio.

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Tiene guasa. Si no hay que revisar ni tiene validez lo de Crockford por no estar publicado en una revista “peer-review”, tampoco se entiende que se tengan que pasar todo el día criticando en Twitter eso que aseguran que no tiene ningún valor. Pero el asunto es mucho peor, porque ahora resulta que hacen una “revisión científica”, no del estudio científico auto-publicado por Crockford, sino de su artículo de divulgación en el Financial Post. En serio, es de verdad, y lo hacen ¡en un blog! alarmista:

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Estupendo. No quieren revisar un artículo científico, con todas sus referencias y datos y la extensión necesaria, y prefieren revisar un artículo de prensa limitado de extensión y sin posibilidad de referenciar lo que se expone. Acojonante. Tres campeones “revisando” la prensa, cuando podrían revisar la ciencia (pero se niegan). Y son de lo más sonado de la especialidad.

No importa, es mejor que Twitter. La mentira queda bien clara.

Steven Amstrup:

This blogger has repeatedly criticized polar bear projections because what we predicted for mid-century has not yet happened. Most of the climate model projections for sea ice decline show summer ice down to near zero by mid century and they all converge on zero by the end of the century. None of the mainstream models of which I am aware project that summer ice would be gone by now. Of course summer ice availability has been reduced from earlier years, but neither observations nor models suggest that what we predicted for mid century has already happened.

Le llama “bloguera” a una doctora en bilología, profesora de universidad, especialista en la evolución de mamíferos del Ártico (osos polares entre ellos). Bieeen, Amstrup, bien. Y dice:

  • La mayoría de modelos climáticos predicen la casi desaparición del hielo de verano para mitad de siglo.
  • Ninguno predice la desaparición del hielo para ahora.
  • Lo que predijimos para mitad de siglo no ha ocurrido todavía.

Tres mentiras.

1. La predicción de Amstrup no se basaba en “la mayoría de los modelos”. Eligieron, entre 20, los diez que mejor reproducían el hielo de verano en el Ártico entre 1953 y 1995.

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2. No se trata de los modelos que predijeron “la desaparición del hielo para ahora”, que no ha ocurrido, sino de los que usaron para hacer su predicción. Con esos diez que hemos mencionado arriba, hacen tres predicciones. Usando: la de la media de los diez, la del modelo que presenta más hielo, y la del modelo de menos hielo. Y el modelo de más hielo tiene mucho más hielo que el que ha habido desde 2007 (y van ya diez años).

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Y las predicciones son estas (se señala la del modelo de más hielo en 2.050, perfectamente comparable al hielo que ha habido la última década). Señalo sólo las de dos eco regiones (Divergent y Seasonal) por ser más escandaloso el fallo — que en todo caso es bien notable en las cuatro.

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Hay que explicar lo de las eco-regiones. Las dividen así:

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Y la WWF presenta así las tendencias en las poblaciones de osos polares con datos hasta 2017 de IUCN / Polar bear Specialist Group

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A comparar con las predicciones. Pillo las cifras del texto, más preciso que el gráfico.

Southern Beaufort Sea (la zona roja que marca declive) está en la eco región “Divergent”. Los osos deberían haber desaparecido (80% de posibilidades) o ser ya muy raros en la zona (13%). Tienen un ligero declive (6% de posibilidades), y es discutible si se trata del “cambio climático” o es algo cíclico.

Toda la eco región “Seasonal” tiene poblaciones estables, cuando deberían haber desaparecido (54%), o ser ya muy raros (19%), o estar en declive (24%). Pero están estables (probablidad 2%).

3. Lo que predijeron para mitad de siglo sí ha ocurrido ya, como hemos visto en su predicción para el modelo con más hielo.

amstrup-1

Y además lo dicen expresamente en el texto que acompaña al gráfico.

Obsérvese que cinco de los (diez) modelos que usamos en nuestro análisis proyectan más hielo marino perenne a mitad de siglo del que se observó en 2007.

Están mintiendo. Y con mucho descaro. Crockford les ha hecho una avería de las gordas.

Nota: Amstrup es el no va más de los expertos de osos polares. Prácticamente el Dios de la especialidad.

Añadido por la tarde. Andrew Derocher, otro famoso de los osos polares, es el que más mueve el ataque a Crockford en Twitter. Pero no contesta nunca a las cosas de sustancia:

Y otro pieza de ataque con cara de curita:

Les está saliendo de cojones la cosa.

Fuente de las predicciones (Amstrup, Marcot y Douglas 2008):

 

Primero el gráfico habitual. Azul, medición desde satélites del equipo UAH, y en gordo media móvil de cinco años. Verde igual, pero del equipo RSS. Acaba en enero porque la actualizan más tarde. Y en rojo los modelos climáticos, para la misma altura a la que miden los satélites.

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Sigue bajando la temperatura, después del Niño. Pero de una forma muy distinta, y más suave que en El Niño anterior (1997/98). La diferencia es que en aquel hubo una La Niña fuerte tras El Niño, y en este no. Ha sido entre La Nada, y La Niña muy suave. Y eso curiosamente podría suponer menos calor en el futuro. Con La Niña hay un enfriamiento en el Pacífico Ecuatorial, porque el viento hace aflorar agua fría de la profundidad. Suficiente para que se note en la temperatura global. Pero al mismo tiempo, ese agua fría despeja el cielo de nubes, y hace que el sol la pueda calentar más en su camino de Sudamérica a Australia. Y así se recarga la Pacific Warm Pool en la parte occidental del Pacífico Ecuatorial, que produce el siguiente el Niño.

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Una posibilidad es que unas condiciones neutras tras El Niño, o de Niña suave, suavicen las condiciones de recalentamiento de esa “piscina caliente”.

Imposible saber qué va a hacer la temperatura global en los próximos meses. Pero si oscilara alrededor de este nivel, estaríamos en el nivel de “la pausa”. El freno del calentamiento global que hubo entre 1997 y 2015 (18 años). Marco el nivel con la raya amarilla.

temperatura-global-satelites-febrero-2018-pausa

Eso no quiere decir que se pudiera presentar en poco tiempo una “pausa” por el procedimiento que se hacía, y que tan nerviosos ponía a los alarmistas histéricos. Habría que esperar a que el subidón de El Niño de 2016 quede en el medio de esa nueva “pausa”, para que la línea de tendencia quedara plana. Un buen porrón de años. Y ya digo, siempre que las temperaturas volvieran a donde estaban antes, que es mucho decir. Pero iba a ser muy muy gracioso.

Mi apuesta para ese caso es una nueva corrección de las series de temperatura global, menos UAH. Para hacer la diferencia que se ve en el gráfico entre la azul y la verde, pero más ampliada.

Fuentes

Roy Spencer:

UAH (datos)

RSS (datos)

Hagelaars (gráfico modelos)

No solemos hablar de la broma del “Antropoceno” en la plaza. Por vergüenza ajena; parece prudente ponerle un límite a las noticias grotescas. Pero esto ha ido ya demasiado lejos, y circula con toda naturalidad en los sitios supuestamente serios.

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Europa Press [–>]:

El Profesor Fogwill, Jefe de la Escuela de Geografía, Geología y Medio Ambiente de la Universidad de Keele, dijo en un comunicado: “El impacto que la prueba de armas nucleares de la humanidad ha tenido en la atmósfera terrestre proporciona una señal global que demuestra inequívocamente que los humanos se han convertido en el principal agente de cambio en el planeta. Este es un hallazgo importante, pero preocupante. La señal global de la bomba atómica, capturada en los anillos anuales de esta especie de árbol, representa una línea en la arena, después de lo cual nuestras acciones colectivas han dejado una marca indeleble, que define esta nueva época geológica para las generaciones venideras”.

El “impacto” al que se refieren es el contenido en la atmósfera de C14, que se dobló con las pruebas nucleares de después de la II GM. Lo de “impacto” es un razonamiento circular; nadie podría notar ese aumento causando ningún efecto sobre nada.

¿Cuál es el “impacto”?

¡La medida de la cosa misma!

¿Y eso qué nos importa?

¡Porque nuclear suena aterrador!

Vale. Nuclear suena aterrador, y por lo tanto es un “impacto”. Digamos psicológico. Podría ser. Y supone una señal que representa una nueva época geológica. ¿La época con el doble de carbono radioactivo en la atmósfera? Hmmm … no. Esa época ya ha desaparecido. Esta es la medición de C14 en el aire, de Wikipedia mismo [–>]

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Ahora tienes exactamente el mismo “impacto” (psicológico) que antes de que empezaran las pruebas nucleares.

¿Y entonces, cuál es el cuento y el descubrimiento? No es fácil de explicar. Sin ruborizarse, quiero decir. Han encontrado un árbol solitario en una isla lejana que lleva la misma “señal” que todo el resto de los árboles del mundo. Y es solitario porque lo plantó allí el gobernador de Nueva Zelanda en 1901. En un sitio donde se supone que no debería estar, pero mal que bien pudo sobrevivir. Y la “señal”, que está en todas partes (y por eso es global), separa dos épocas que a ese respecto son exactamente iguales entre sí. La misma concentración de carbono radiactivo antes que después de la señal, con un bonito “impacto psicológico” por medio.

¡El “Antropoceno” se ha acabado! Y casi al mismo tiempo de empezar. Pues tampoco. Porque la señal representa una línea en la arena, después de lo cual nuestras acciones colectivas han dejado una marca indeleble, que define esta nueva época geológica para las generaciones venideras. ¿En serio? ¿Y entonces por qué no mides la “marca indeleble” de después, si eso es de lo que se trata?

En realidad es más divertido. Hay autores que proponen que el Antropoceno empezó hace 8.000 años, con la revolución neolítica. Otros sostienen que fue hace unos 2.000 años, y otros prefieren la revolución industrial. Supuestamente cada una llevará su “marca indeleble” distinta, aunque no sabemos muy bien cuál es. Y los chicos del clima prefieren después de 1950, porque es a partir de ahí donde se debería notar la “marca indeleble” del termagedón. Y se han buscado una señal oportuna para marcar la época en la que empieza la marca “indeleble” que no pueden mostrar — porque no se ve.

¿Suena a chiste? No es casualidad. Se les metió el lindo meme “Antropoceno” en el cerebro, y después se dedican a encajarlo a martillazos donde buenamente pueden … o creen que pueden.

Es el típico falso argumento de los alarmistas del clima.

¡El cambio climático (quieren decir calentamiento global) es incuestionable!

¿Y qué? Por eso nadie lo cuestiona.

¡Es culpa del CO2 (o la mayor parte, según el IPCC)!

¿Y qué? La cuestión es el calentamiento que puedes esperar. El que ha habido hasta el momento es muy bueno. Compara con el Támesis congelándose con frecuencia.

Y si le añades el efecto fertilizador del CO2 sobre la vegetación (reverdecimiento global), más que bueno es buenísimo.

¿Y en adelante? Depende de dos cosas. De cuánto efecto de calentamiento tiene el CO2, y de cuánto CO2 haya en el aire. La primera, la cuantificación de ese efecto de calentamiento, es la clave. Le llaman sensibilidad climática, y la métrica que usan es lo que se calentaría el clima al doblar el CO2 – y esperar que el sistema llegue al equilibrio. Por “clave” quiero decir que se pueden -tal vez- tomar medidas que afecten a la cantidad de CO2 en el aire futuro, pero su efecto viene dado.

Hay dos formas principales de calcular esa sensibilidad climática. Con los modelos climáticos, en los que varía en el rango de 2º – 4,5º; y con balances de energía, a traves del cambio de temperatura observado y asumiendo las entradas y salidas de energía del sistema (los “forzamientos”) del IPCC. Cálculos que vienen dando -los más recientes- entre 1,6º y 2º. Por mencionar dos destacados, Lewis y Curry 2014 (1,6º) y Otto et al 2013 (2º). Y por eso el IPCC (2013) dice que la sensibilidad climática más probable está entre 1,5º y 4,5º. También dice que no puede señalar una cifra concreta como de mayor probabilidad, como habían hecho hasta entonces, por la incompatibilidad de “las distintas líneas de evidencia”. Y es obvio; los resultados con los dos tipos de cálculo son poco compatibles.

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Pero no hay ningún motivo de peso para pensar que la respuesta a lo que calienta el CO2 esté dentro de ese rango (1,5 – 4,5) sumando ambos tipos de “evidencia”. (Pasemos por alto llamar “evidencia” a los modelos). Por muy amplio que sea el margen. Porque incluso los cálculos a partir de observaciones llevan dentro asunciones del IPCC que no están en absoluto garantizadas. La principal, que no hay variabilidad climática interna (no forzada) en plazos superiores a la década, o década y poco. Por explicarlo fácil: que sin volcanes y sin “guarradas antropogénicas” el clima no variaría en un plazo de varias décadas a siglos. Y eso es mucho asumir, y tiene mucha evidencia en contra. Aunque tampoco sea una evidencia muy fina.

Pero esta es una cuestión muy interesante que despeja Roy Spencer en su blog. ¿Cómo variaría ese cálculo de la sensibilidad climática con observaciones, usando otras asunciones? Por ejemplo, que del calentamiento observado, una parte sea antropogénica y la otra sea natural.

Usa, de los estudios con observaciones, el más prestigioso. Son 17 autores, todos muy renombrados, y la mayoría de ellos han hecho estudios similares. Solos, o con equipos diferentes. Incluso tiene un “negacionista” entre ellos. Nic Lewis, el del otro estudio mencionado con Curry.

La respuesta viene clara en este gráfico, que expresa la sensibilidad climática en función del porcentaje de calentamiento natural.

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Si todo el calentamiento es antropogénico (la columna del 1.0), la sensibilidad climática sería 2.1º. Quiere decir que la tierra se calentaría 2,1º por pasar de 300 a 600 ppm de CO2. Y puedes hacer mucha gimnasia para plantear que eso eso es un gran problema, pero requiere mucho esfuerzo e insistencia. Y aun así no te va a creer mucha gente.

En cambio, si solamente el 60% del calentamiento observado es “antropogénico”, la sensibilidad climática sería de 1,1º con el cálculo de Otto et al. Y ni el más lacrimógeno de los alarmistas podría convencer a nadie de que eso sea un problema, y no una bendición.

Volvamos al principio, al argumento clásico de esta gente. Todos esos “papers” que miden lo del consenso. Basan el consenso en esta afirmación del IPCC (2013): La mayor parte del calentamiento desde la mitad del siglo XX es de origen antropogénico. Estos números de Spencer explican con clariad por qué la respuesta que merecen es: ¿Y qué? Ni siquiera con un 70% antropogénico presentarías algo que la persona sensata media pueda considerar un problema, ni de lejos.

Menos lobos, Caperucita.

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