En “Más allá del bien y del mal” Nietzsche establece que  hay dos grandes tipos de hombres, los dominadores y los dominados. Cada uno produce un tipo de moral muy diferente, una moral de aristócratas y una moral de esclavos.

La primera  se basa en el sentimiento de haber sido bendecido por la vida. Al ver que no es el caso de todos, el maestro, el aristócrata, se llena entonces de gratitud hacia la existencia y trata de explorar todas sus posibilidades.   El aristócrata no busca la felicidad, sino un destino. Busca convertirse en lo que es

La moral de los esclavos, en cambio, se basa en el resentimiento. El resentimiento del desheredado hacia una existencia que no le beneficia, ya sea física, social o intelectualmente. Lleno de odio y celos hacia aquellos a los que la vida ha ofrecido los medios para su propia realización, pretende la nivelación de toda la sociedad.

Adrien

Más de un siglo después de sus profecías , está claro que Europa se ha convertido efectivamente en el recinto donde resopla «el último hombre» anunciado por Nietzsche. Un hombre que ha abandonado todo deseo de superarse a sí mismo. Un hombre temeroso y triste, que huye del dolor y de la desgracia con la mayor de las cobardías y que, habiendo huido de sus propios impulsos y sentimientos, no es ya más que una cáscara vacía que se corresponde en todo con la cáscara vacía en que se ha convertido el propio concepto de Dios.

Y hete que ahora, olvidada la lucha de clases por la de géneros y de razas, el hombre blanco es el sustituto del burgués, del fascista y del infiel para una izquierda que siempre ha necesitado de un culpable sobre el que proyectar el odio de los resentidos, que es la fuerza básica de su poder social y la esencia de su naturaleza igualitaria. Sertorio

Si para Nietzsche la moral del esclavo penetra Europa con el cristianismo, es a partir de mediados del siglo pasado cuando da un enorme paso adelante con los movimientos de la izquierda en torno a Berkeley o Paris en el 68 en que comienza ese movimiento de sustitución de la clase opresora por el hombre en cuanto a guerra de sexos y concretamente el hombre blanco como arquetipo del capitalismo opresor, porque la dicotomía pobres y ricos sigue intacta y se trata de sustituir a unas clases proletarias que ya no existen (debido a ese capitalismo “opresor)  los pobres de hoy viven más tiempo  y con más comodidades que los aristócratas de hace unas pocas generaciones).

Se desarrolla así toda una nueva moral cada día más puritana y reaccionaria que establece cómo han de vivir los ciudadanos. Moral que establece distintas varas de medir de una forma absolutamente racista, por otra parte, toda vez que no es lo mismo una acción humana si el que la perpetra es un hombre o una mujer, (ley de violencia de género) un opresor blanquito o un “racializado”, un occidental o alguien de otra cultura, que no es lo mismo una violación si el que viola es español o africano(y no digamos si el español es militar o guardia civil) y, también depende de si uno es de izquierda o no. Porque ya se sabe que si la intención es buena…se puede permitir lo que de otra forma es impensable.

 Por ejemplo matar a un fascista porque lleva unos tirantes con la bandera de España es considerado por la izquierda un pecado menor, para muchos ni un hecho delictivo, o si el asesinado es un vasco traidor no nacionalista, es seguidor de Trump  si hablamos de USA y en este plan.

Una moral que nos lleva, les lleva, a la cultura de la cancelación, bonito eufemismo para expresar el asesinato civil, la exclusión de la sociedad de quienes el wokismo imperante establezca que son reos de lesa carcundia y osen, pongamos por caso, piropear a las mujeres que considere guapas o incluso se permita saludarlas con dos besos, como le les ha ocurrido a reputados catedráticos en las reinas de la cancelación, las universidades norteamericanas.

El proceso es imparable y dotado de sus propias inercias y no se puede otear hasta donde vamos a llegar. La última vuelta de tuerca de este puritanismo integrista es la abolición del sexo biológico, los dos sexos con que nos dotó la naturaleza a hombres y mujeres  y, el establecimiento en su lugar del género a demanda de cada cual, ese galimatías LGTBI+ que ya incluyen hasta géneros fluidos que cambian según el humor o la hora del día. Un constructo tan abstruso como irracional, en esta nueva era de abandono de la razón, por opresora, y el advenimiento de la nueva hégira del sentimiento. No eres ya lo que eres, eres lo que deseas ser.

Lo cual nos lleva a multitud de nuevas situaciones, todas negativas.

Así, el nuevo pecado original con el que nos han cargado y que nos expulsa del paraíso terrenal es la perdida de la auto estima como occidentales, culpables de todos los males reales o inventados de la historia, en la que hasta el descubrimiento de América y el llevar la civilización y la liberación a los muchos pueblos esclavizados por los aztecas se considera un acto abominable. Los españoles, que hace quinientos años crearon las primeras universidades en América, que establecieron las leyes que protegían a los habitantes de aquellos pueblos, somos lo peor de lo peor. Y ahora los mestizos descendientes de aquellos españoles nos piden a los que no fuimos allí que les indemnicemos.

 Nos expulsa de la familia, esa institución humana propia de todos los tiempos y todas las culturas, porque casa fatal con esta historia de los géneros a la carta. Y ello nos lleva, sin ir más lejos, a la extinción de nuestras naciones con demografías negativas o a que esas otras naciones que no entran en este juego suicida, pongamos que hablo de quienes no son occidentales y cristianos, los árabes, los chinos, los africanos, los indios y tantos otros, a que en un plazo brevísimo en términos históricos se nos coman con patatas.

 Le llaman ya, el gran reemplazo.