Yo creo que aquí [–>] pones el dedo en la llaga, Marod.

  • Y lo que digo es que ese tipo de manifestaciones no deben quedar impunes, pero se puede ser un poco más liviano en la pena, y no meterles en la cárcel (efectivamente, vale para “fabricar” mártires que luego engrosan las filas de partidos). Creo (es opinión personal) que la intención del “artista” es más bien provocar que incitar.

Me parece que hay dos maneras de verlo. La clásica pasa olímpicamente de todo lo que se quede en provocar, sin llegar poder incitar algo -digamos- físico e inmediato. Y su mejor expresión puede ser el “test de Brandenburg”, que ya hemos visto antes.

  • El discurso está “dirigido a incitar o producir una acción ilegal inminente”,
    Y
  • Es probable que el discurso “incite o produzca tal acción”.

https://www.law.cornell.edu/wex/brandenburg_test

Donde “acción ilegal” (es una traducción de lawlessness) se refiere a desórdenes públicos, anarquía y esas cosas. Kale Borroka, en una de las pocas aportaciones de Vasquilandia a la cultura universal. No se trataría de despertar sentimientos perniciosos, sino acciones pericolosas que pueden producir .daños físicos.

Y ahora está claro que hay un ambiente de restringir más la libertad de expresión, rebajando el nivel al daño psicológico. A la ofensa. Me refiero a expresiones genéricas, no referidas a una persona concreta. Injurias y calumnias ya estaba dentro. Ojo, me refiero siempre al “ambiente”, a lo que se pretende; no a la ley que hay. O la ley actual de España. Me interesan los principios, las ideas.

El precedente es obvio. Las leyes anti nazis en Alemania. Ya han pasado suficiente horror los judíos, y ya teneos suficiente vergüenza por lo que hemos hecho, como para seguir tocando los cojones con discursos antisemitas. Era, claramente, una situación excepcional. Y en esa línea de excepción iba también la ley española de enaltecimiento del terrorismo, después del asesinato industrial de inocentes como herramienta política.

El problema de las excepciones es el de siempre con las leyes “ad hoc”. Que pueden ser el caballo de Troya para darle la vuelta a las leyes por la puerta de atrás. Por ejemplo, el Kindergarten ampliando esa excepción a los grupos que considera, de forma completamente arbitraria, como “víctimas”. Logrando hacer de la sociedad una carrera de identidades por conseguir el mayor estatus de víctima.

La cuestión, creo, es pensar por qué antes no se preocupaban por el discurso que genera odio u ofensa, y ahora sí lo hacemos (mayoritariamente). ¿Eran más bestias antes, o hay un cambio de fondo que lo justifique? Y es posible que exista ese cambio y justificación. Por ejemplo, si antes se dejaba el control del discurso de odio en manos de la educación (manners) y de la moral, y si eso hubiera dejado de funcionar. También podría ser que antes hubiera un grupo (identidad) muy mayoritario, que controlaba eso dentro del grupo mediante la educación y la moral, y simplemente se despreocupaban de lo que pasara en los márgenes, fuera del grupo dominante. Y así mismo puede ser que la mayor conectividad de la sociedad, en órdenes de magnitud, haya hecho saltar por los aires las barreras naturales (educación y moral).

Pongamos que aceptamos esa ampliación de la restricción a la libertad de expresión, con esta disculpa. (Y tienes razón: es absurdo que la cárcel sea la pena por defecto). Tendría mucho más sentido prohibiendo expresiones concretas, que creando grupos protegidos. Del tipo de: no puedes expresar el deseo de la muerte o daño físico de nadie, ni el deseo de implantar el asesinato de inocentes como herramienta social; en lugar de: no puedes “ofender” a los grupos protegidos. ¿Por qué? Porque la función de la libertad de expresión es no impedir pensar, y con ello conocer. Y desear la muerte o el daño físico de alguien, difícilmente va a ampliar la capacidad de pensar; mientras que evitar “ofender” te puede impedir pensar en alto que Dios no existe, o que el sexo es inmutable. Y todo tipo de asuntos necesarios para saber cómo funciona el mundo.

Con este esquema, el cantamañanas catalán de los mofletes sería francamente condenable. Propone todo el rato la muerte y el asesinato de todos los que no le gustan, y hoy no hay forma de que la educación ni la moral vayan a hacer que se corte. Y también condenarías al bestia del Klan, Brandemburg. Pedía la “venganza” contra los negros, y es muy difícil pensar en una venganza no física. Sin que fuera necesario que se trate de una incitación directa de un acto inminente, ni que sea verosímil que va a ocurrir. Bastaría con expresar el deseo. No necesitas desear la muerte de nadie para pensar lo que quieras sobre ese alguien, o sobre las diferencias que tiene respecto a otros, o lo que sea. Pero eso no incluye la “ofensa” en general, sin desear ningún daño físico a nadie. Es muy frecuente tener que ofender para poder pensar.

O sea, daño físico, aun en mero estado de propuesta, sería la clave. Y suena muy civilizado evitarlo. ¿Por qué no empezamos por ahí, y vamos viendo lo que pasa? Y dejamos tranquila a Falcón, que ya hemos comprobado que nos ha hecho, precisamente, pensar.

¿Te parece un esquema razonable para empezar a digerir el problema?

Nota: el “enaltecimiento del terrorismo”, en la medida que sea el aplauso a la agresión física causado por el terrorismo, entraría en el esquema. Aplaudir algo, y proponerlo, es básicamente lo mismo.

Añadidos para los comentarios: