Hay que querer a los chicos del género. Ellos se esfuerzan y no se rinden, aunque se enfrentan al monstruo de las mil contradicciones y payasadas. No cejan. Por ejemplo, en Argentina acaban de publicar la ley 27610, que regula el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo y a la atención postaborto. Y se han liado al especificar a quién va dirigida.

Las mujeres y personas con otras identidades de género con capacidad de gestar tienen derecho

Es de suponer que no podían decir mujeres, sin más, porque hubiera sido una ofensa formidable para los “hombres trans”. Los humanos de sexo femenino y género masculino, que hoy hay que precisarlo todo. Pepe Trans, para los amigos. Que serían esas personas con otras identidades de género pero con capacidad de gestar. Pero claro, así han fabricado un horrible problema de ofensa insoportable para Mari Trans. Los humanos de sexo masculino pero “género” femenino. Pura “transfobia”. Pecado criminal.

Recordemos: decir que Mari Trans no es una mujer, supone un delito discurso de odio. Que le pregunten la Lydia Falcón, empurada por eso. O a Maia Forstater, sin trabajo por el mismo motivo. O a J.K. Rowling, sin editor por la misma trasgresión. Pero es lo que está diciendo esta ley argentina, a pesar de que aparentemente ha hecho un gran esfuerzo por adaptarse a la moralidad Kindergarten. Y no le ha servido de nada, porque si dice las mujeres tienen derecho a abortar, dice que las mujeres tienen capacidad de gestar. Pero Mari Trans no tiene. Luego Mari Trans no es mujer, según esta argentina cagada. Una ley que en España sería delictiva. ¿No se le podía mandar al juez prevaricador, de la mano de algún tribunal internacional, a denunciar al Estado Argentino por delito discurso de odio?

Lo que más impresiona es lo fácil que era evitar caer en la “transfobia”. Con haber dicho que “las personas embarazadas” tienen derecho a abortar, hubieran evitado todas las curvas. Cada embarazada (o embarazado) se hubiera aplicado la etiqueta de su gusto, sin que la ley le tenga que tocar las narices. ¿Por qué no lo han hecho?

No era difícil, y no es de esperar que sean tan tontos como para no verlo. Yo apuesto que han sucumbido a las ganas que tenían de adornarse. Necesitaban soltar lo de “otras identidades de género”, para dejar bien claro que cumplen con el tabú. Pero para encajar “otras identidades”, necesitaban una identidad que no fuera parte de esas otras. Y así han acabado metiendo lo de “las mujeres”, y cometiendo un palmario delito discurso de odio por “transfobia”.

Me atrevo a sugerir que la ONU debe desfacer el entuerto. O Kamala, sin ir más lejos.

Añadido (pocas horas después). Se confirma la interpretación. El motivo de la frase espectacular. Y además de delito discurso de odio, es machismo: sólo han pensado en los que “transicionan” a hombres, pero no en Mari Trans.

Natalia Gherardi, directora ejecutiva del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), lo cuenta en el Clarín:

Es una manera de honrar los derechos humanos de todas las personas, de que las diversas identidades de género se sientan incluidas.

Se hizo pensando en personas que no son mujeres, pero tienen capacidad de gestar como ocurre, por ejemplo, con los varones trans. También contempla a los que no se encasillan en un determinado género, que se identifican como de género fluido.

Nota. He tachado la expresión “delito” (de odio) las cuatro veces que aparece, cambiándola por “discurso” (de odio), por la insistencia de Marod de que no es delito en España. A mi me parece dudoso, y me parece que en todo caso no será delito “todavía”, pero lo cambio. No cambia nada.

Añadidos para la discusión.