Acabo de dar con un estudio, de marzo de 2020, que mira justamente uno de los puntos de nuestra discusión anterior. Este punto.

Sostiene Marod:

Y ya a modo de descargo personal, en mi opinión particular hombres y mujeres son diferentes, efectivamente no sólo por sus órganos genitales, sino porque tenemos intereses diferentes producto de nuestra genética, nuestra educación y nuestra interacción social.

La meta no debería ser la igualdad, la meta debería ser que las condiciones de partida sean lo más equitativas posibles.

La meta debe ser erradicar los clichés (por muy naturales que sean) y las “verdades estadísticas”. Con mecanismos que compensen esas posibles desigualdades producidas por la dinámica social. Nunca obligar a una mujer a ser directiva, sino compensar su desventaja inicial para competir en esa labor.

El problema es que Marod asume que las condiciones de partida debidas a la dinámica social están perjudicando a las mujeres. Por aquello de que en el pasado hubo una discriminación en contra de que las mujeres estudiaran. Eso implicaría que tenemos una tendencia a hacer esa discriminación, y que por defecto debemos pensar que lo seguimos haciendo. ¡Aunque no se pueda ver que lo hacemos!

Es el problema con las asunciones. Algunas parecen muy razonables, porque coinciden con lo que ya pensábamos de antemano. O coinciden con lo que creíamos antes de empezar a pensar. ¿Pero qué pasa si la asunción es errónea? O incluso, ¿qué pasa si la dinámica social está actuando en el sentido contrario del que imaginábamos? ¿Acaso no puede ocurrir que la obsesión con la igualdad establezca una dinámica social que deja a los chicos en peores condiciones iniciales que a las chicas? ¿No convendría mirar lo que pasa en la realidad, en lugar de asumirlo?

Pues eso es lo que hace este trabajo que traigo.

Sigue los estudios y resultados de 4.490 estudiantes de secundaria, entre los grados 6 y 11. De francés y matemáticas. En Francia. La mayor parte de colegios de los que salen los datos son de áreas desfavorecidas, y en ese sentido no es una representación de todos los estudiantes franceses. Compara los resultados de las notas entre chicos y chicas, en francés y en matemáticas, con exámenes ciegos, y exámenes no ciegos. Esto es, en el primer caso el examinador no sabe el sexo del alumno; y en el segundo, sí. Para ver si hay un sesgo por sexo. Un “cliché” (estereotipo) que pueda estar sesgando los resultados. Y además, examina la influencia del posible sesgo, en caso de que exista, sobre el futuro académico del alumnado.

Y el resultado es que sí, que existe sesgo. Y que el sesgo influye en el futuro académico. La “dinámica social” está produciendo un efecto. Pero es el efecto contrario del que había asumido Marod. Son los chicos, y no las chicas, los perjudicados.

Este es el enlace oficial. Hay que usar Sci-hub [–>] para tener acceso al “paper” completo.

Destaco algunas cosas:

Los niños se quedan cada vez más rezagados que las niñas en la escuela. Esta desventaja tiene consecuencias importantes: los niños que se retrasan están en riesgo de abandonar la escuela, no asistir a la universidad, y / o
estar desempleados.

En los países de la OCDE, el 66% de las mujeres ingresaron a un programa universitario en 2009, frente al 52% de los hombres, y esta brecha está aumentando (OCDE, 2012). En Europa, el 43% de las mujeres de 30 a 34 años completaron la educación terciaria en 2015, en comparación con el 34% de los hombres del mismo rango de edad. Como esta brecha se ha incrementado en 4.4 puntos porcentuales en los últimos diez años, existe un interés creciente en identificar sus raíces.

Este artículo complementa la literatura, demostrando cómo los prejuicios de género de los profesores afectan el progreso y las decisiones escolares de sus alumnos.

El “abstract”:

Utilizo una combinación de resultados de exámenes ciegos y no ciegos para mostrar que los maestros de secundaria favorecen a las niñas en sus evaluaciones. Este favoritismo, estimado como efectos individuales de los docentes, tiene consecuencias a largo plazo: según lo medido por sus evaluaciones nacionales tres años después, los estudiantes varones progresan menos que sus contrapartes femeninas. Por otro lado, las niñas que se benefician del sesgo de género en matemáticas son más propensas a seleccionar una carrera de ciencias en la escuela secundaria. Sin el sesgo de los profesores a favor de las niñas, la brecha de género al elegir una carrera de ciencias sería un 12,5% mayor a favor de los niños.

Los dibujos del estereotipo o “dinámica social”.

En francés, el sesgo es muy pequeño. Mejora a las chicas, pero es poco apreciable.

En mates, el sesgo es bien notable. Y cambia de que los chicos tengan mejores resultados si el examen es ciego, a que los tengan peores si es no ciego.

El progreso de los estudiantes con los años de estudios. La diferencia entre el resultado ciego al final del grado 9, y al principio del grado 6. Los chicos se van quedando atrás.

No voy a pretender que este estudio sea la verdad definitiva. Por otra parte, aunque va más allá que otros estudios en el sentido de apuntar a causas, no es ni mucho menos el único que encuentra este retraso de los chicos en los estudios. La brecha de “género” (sexo) en los estudios está documentadísima. Pero como no coincide con el prejuicio del efecto imaginario de la “discriminiación histórica”, al Kindergarten ni le preocupa, ni lo mira, ni lo ve. ¡No existe! Y por tanto, nuestra pamema constitucional aquella de las medidas necesarias para la igualdad real y efectiva, eliminando las barreras, no tiene nada que ver con esto. Aquí no hay barreras, por mucho que los pelmas de ciencias (los que miran la realidad) sean perfectamente capaces de medir esas barreras que el Kindergarten ha condenado a la inexistencia.

Añadido. Se me había olvidado el gráfico del progreso a lo largo de los estudios para mates:

Agradecimientos. La noticia viene de @pitiklinov, en Twitter: