Con los dos jueces del Tribunal Supremo nombrados por Trump, Neil Gorsuch y Bret Kavanaugh, los críticos del “racismo afirmativo” en las universidades han recobrado esperanzas.

Nota: “racismo afirmativo” es una traducción muy libre, para que se entienda el sentido de la expresión que usan allí. Afirmative action. Aquí se suele traducir por discriminación positiva; pero como este caso va de raza, y nada más, diremos racismo positivo.

La noticia es que hay demandas contra varias universidades, entre ellas Harvard y Yale, por su sistema de hacer más dura la entrada para estudiantes de origen asiático, y para blancos. Y que el Ministerio de Justicia se ha puesto de parte de los demandantes. Parece que la estrategia es llegar al Supremo, ahora que ya no están los jueces que permitieron la discriminación. O ya no son tantos.

La historia judicial de este asunto es interesante, y llena de sutilezas. Siempre con los votos muy divididos, y no ya en dos grupos, sino a menudo en varios. En algún caso ha llegado a haber seis opiniones distintas entre nueve jueces. Demos un repaso rápido.

El primer caso, y madre del asunto, es Universidad de California contra Bakke, 1978. Un estudiante que se presentó dos veces al examen de admisión en la Escuela de Medicina Davis, y no pudo pasar. La escuela reservaba 16 plazas de cada 100 para “minorías”. Negros, hispanos, o indios. Y Bakke obtuvo más puntos, en las dos ocasiones, que la mejor puntuación que tenía el mejor de los de las “minorías”. Basó la demanda en una discriminación inconstitucional.

El Supremo hizo un buen pasteleo para intentar agradar a los más, o que se cabrearan los menos. Por una parte obligó a que admitieran a Bakke. Diciendo que se habían pasado con lo de reservar 16 plazas de cada cien con motivo exclusivamente de raza. Sí, eso era discriminación racial. Todo lo “positivo” que se quiera, pero racismo. El kindergarten de la época todavía no había inventado que no se puede ser racista contra un blanco, le hagas lo que le hagas. Pero por otra parte, dictaminaron que la discriminación positiva en sí misma no era inconstitucional; siempre que la raza fuera uno entre muchos motivos para intentar alcanzar mayor “diversidad”, y no el único y brutal motivo. O sea, que la idea vale, pero que hay que disimular un poco más. El efecto práctico de la sentencia fue que los programas de racismo positivo continuaron sin mayores problemas.

En esta segunda parte, la del racismo positivo, la mayoría fue de cuatro jueces. Que no es mayoría absoluta, pero es más que cualquiera de las demás opiniones. Y se formó el lío de si ese resultado no era suficiente para establecer jurisprudencia, que en principio no es, o si alguna de las otras opiniones era suficientemente cercana como para que pasara el corte de 5/9. Quedó en el aire. Y la frase clave es:

government may take race into account when it acts not to demean or insult any racial group, but to remedy disadvantages cast on minorities by past racial prejudice

Lo de “prejuicio racial del pasado” es importante. Por dos motivos. Porque no está hablando de alguna desventaja que se pueda alegar ahora, de algún grupo imaginable.  Por ejemplo, si los gordos, o los feos, fueran admitidos en las universidades en menor proporción de la que tienen en la población, no valdría la discriminación positiva. Y también es importante porque alguien podría preguntar cuánto mide ese pasado. O cuánto tiempo vamos a pensar que duran los efectos del pasado. Este es un argumento clásico en las discusiones con Marod. Y el caso es que debe ser un argumento habitual, porque figura, y se cuantifica, en la siguiente sentencia que hubo de esta historia que estamos viendo.

Habíamos quedado que no estaba claro si U. de California v. Bakke establecía jurisprudencia. El Kindergarten asumía que sí, pero se discutía mucho. Una opinión jurídica muy dividida, cuando llegó el caso que debía resolver la cuestión. Grutter contra Bollinger, 2003. Cinco contra cuatro votaron que el racismo positivo es constitucional. Decidieron que la constitución …

… does not prohibit the law school’s narrowly tailored use of race in admissions decisions to further a compelling interest in obtaining the educational benefits that flow from a diverse student body.

Y para este caso concreto, establecieron que la pretensión de la universidad de alcanzar una “masa crítica” de “minorías”, era un uso fino, ajustado (tailored use).

Pero, aparentemente, había algún Plazaeme por ahí haciendo preguntas de Jaimito.  Y por eso establecieron que el racismo positivo no podía ser para siempre. Dentro de ocho años se jode el cuento.

El Tribunal toma la palabra a la Law School de que nada le gustaría más que encontrar un sistema de admisión neutral a la raza, y que acabará con su uso de preferencias raciales tan pronto como sea practicable. El Tribunal espera que en 25 años a partir de ahora, el uso de preferencias raciales ya no sea necesario para promover el interés aprobado hoy.

Jaimito ahora podría preguntar: ¿cómo es posible que en los 42 años que han pasado desde la sentencia de Bakke, el racismo positivo no haya dejado de ser necesario? ¿No se parece eso eso mucho al “para siempre” que prohíbe la sentencia de 2003? ¿Cómo ves tú la cosa, ahora, Supremo? Jaimito seguramente no será blanco, ya que están todos muy acomplejados. Pero parece que los de origen asiático están que trinan, y que son los que más están moviendo la cosa. Y es que tiene gracia que no sean una “minoria”, siendo muchos menos que los otros. Y que no padezcan “racismo del pasado”, con todos los chinos que llevaron a California a picar piedra en condiciones de semi esclavos, y con el internamiento masivo de los hijos de los japoneses en la guerra.

Linda Chávez, presidente del Center for Equal Opportunity, la única asociación conservadora que se dedica a estos temas, recuerda que la sentencia de 2003 establecía que el racismo positivo no podía ser para siempre. Y  dice:

Y sin embargo, estamos viendo que va para siempre. Estamos hablando de chavales que acceden a la universidad sobre la base de alguna preferencia racial o étnica, que son los nietos de aquellos que tuvieron primero esa preferencia.

Está interesante el gallinero. Unos, pidiendo reparaciones económicas por la esclavitud que padeció el tataratataraabuelo. Y otros pidiendo acabar con el racismo positivo de una puta vez. Como para entenderse.

¿Marod, andas por ahí? Te veo discutiendo cosas raras, muy fuera del tema de su entrada. 😉

Añadidos para la discusión:

pavo-real-pareja

bell-2-curvas

bell-discriiminacion-positiva

wellbeing-turchin

Nature-vs-Nurture

lynching

Fuentes:

Zerohedge, Tyler Durden:

Bloomberg, Patricia Hurtado:

Oyez:

Wikipedia, Regents of the University of California v. Bakke

Wikipedia, Grutter v. Bollinger

Wikipedia, Gratz v. Bollinger