Esta es una entrada de ficción. Asume algo que no existe. Que el kindergarten puede atender argumentos racionales en este tema, y contestar correspondientemente. Y por precisar, en esta ocasión kindergarten es todo el arco no Vox del Parlamento.

La cosa es que el Congreso le ha pedido al Gobierno que “tome medidas” contra vuestro humilde servidor, entre otros. Vaya, contra todos aquellos que se pueden englobar como “negacionistas” de la violencia de género. ¿Y qué es un “negacionista” de la violencia de género? Fácil: quien no sea un “afirmacionista” de la misma.

Todos podemos jugar con adjetivos gilipollas. Y aunque lo de “negacionista” pretende tener la ventaja de ser automáticamente asociado con los negadores del holocausto y sus horrores, el abuso infantil del término lo ha convertido en un chiste. “Negacionismo” no es más que atreverse a no aceptar lo que a mi me sale de los huevos que todo el mundo tiene que tragar. Y por lo tanto no es nada, porque todos tenemos caprichos que quisiéramos que los demás acepten sin rechistar. Pero no lo conseguimos; todos tenemos “negacionistas”, y la suma de todos ellos es, literalmente, el universo completo de los humanos existentes. El “negacionismo” es la vida. Por ejemplo, “negacionista de la lengua propia” (o asesino de lenguas), etcétera. Y nadie queda fuera del saco.

Europa Press, nada sospechosa de “negacionista” de la violencia de género, ha hecho un resumen excelente de la subnormalidad ambiente. Quicir, del kindergarten. La gracia es que es seguro que no trataba de elegir las frases más idiotas de los “afirmacionistas”, sino las más brillantes.

Sólo voy a usar una, que da pie a la tesis. Pero recomiendo leer el resumen entero, a modo de entretenimiento de humor. Amargo. No tiene desperdicio como hit parade del circo de los payasos.

“Son crímenes cometidos por la desigualdad estructural que existe entre hombres y mujeres, y quien niega eso es culpable de esos asesinatos”, ha declarado la portavoz de Unidas Podemos en la materia, Mar García Puig.

Bien, si la culpa es de la estructura, entonces no lo es de un fulano concreto. O, cuando menos, la culpa del fulano estará muy disminuida por la culpa de la estructura. Señoría, yo no soy culpable; es la estructura esa. Que, por cierto, tiene desigualdad en todas las sociedades humanas … desde los chimpas.

Vamos a la tesis. ¿En qué sentido podría ser culpable el kindergarten de favorecer la violencia física de pareja a las mujeres? En que al hacer del asunto algo del sexo, y por tanto genérico, distrae del pequeño detalle de la variabilidad individual. Que es, exactamente, la que causa los asesinatos. Los hombres no asesinan a las mujeres, salvo en una cantidad estadísticamente indistinguible de cero. Algo como uno cada 16.700, a ojo de buen cubero; en España, hoy.  Obviamente, sin llegar al asesinato también pasan cosas muy feas. Y ese número es mucho más alto, y no tan irrelevante. Pero si todos los hombres son iguales, por ser hombres, la elección es irrelevante. No hay nada que afinar por ahí.

¿Seguro que eso es una buena idea? ¿Seguro que eso no les quita de la cabeza a las mujeres cosas que, tal vez, sería mejor que tuvieran en la cabeza desde el principio? Es más, probablemente haya síntomas que son, al mismo tiempo, apetecibles, y peligrosos. Digamos, lotería con riesgo. Y el amor, esa droga brutal que ciega. E igual aquí ya sí estamos hablando de elementos que son causa. Probabilística, pero muy a considerar.

Hay una estrategia inmejorable para no arreglar un problema. Equivocar la causa. Por eso el kindergarten puede ser peligroso para las mujeres. Sus cuentos, vaya. Y en este caso (y mira que me jode), Vox, no. Tesis.

Nota: lo del kindergarten puede ser peor que un mero aumento del riego, o del problema. Porque lo sería de forma interesada: le está sacando partido al riesgo que provoca.

Añadido para los comentarios (Marod).

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