El Kindergarten, o sea Tóntez y compañía, dicen que estamos en una guerra. Y usan todo el rato metáforas bélicas para referirse a la lucha contra el virus. En principio, muy puestos. Tanto, que las pocas veces que hablan de los muertos, lo dicen así: los muertos. No se les ocurre decir los muertos y las muertas. Supongo que intuyen que las chorradas posmodernas no encajan bien en el relato, si pretenden que esta vaya del Día D en las playas de Normandía. Aquellas películas en las que los héroes eran los que ponían toda la carne en el asador, y no una niña sueca medio trastornada por la telebasura, pero que hace un negocio colosal con su monada.

Lo malo es que los relatos son eso, cuentos. Y quien hace un cuento de una emergencia, ni se cree la emergencia, ni actúa en consecuencia. Pero la cabra acaba tirando inevitablemente al monte.

¿Se imagina alguien un gobernante cabal haciendo planes para dentro de 20 años, cuando está en medio de una guerra cuyo resultado no puede ni siquiera entrever? No, claro. Pero la pregunta tiene trampa. En concreto, gobernante cabal. Que no es ya que no sea el caso en el gobierno de Tóntez, es que se trata de un imposible estructural dentro del Kindergarten. Kindergarten significa, entre otras cosas, no cabal. Es el arte de vivir dentro de hermosos cuentos de buenos y malos, sin mirar ni medir las consecuencias de las “buenas acciones”. Algo que puede funcionar hasta cierto punto en una sociedad sobrada de recursos, donde los problemas principales de la gente no son de supervivencia; sino de falta de alicientes morales, de sentido de la vida, y ese tipo de taras producidas por una riqueza repentina y mal llevada. Algo sumamente artificial. Quita la riqueza, y esos problemas dejan de existir. Pasas de querer salvar el mundo, a añorar poder digerir las piedras, a falta de algo mejor que llevarse a la boca. Y este gobierno casca mucha metáfora bélica, mucho relato y mucha leche, pero sigue pensando en “salvar el mundo”. ¡Con planes a 20 años! Cuando ni siquiera podemos saber qué vamos a estar intentando salvar dentro de uno o dos años.

Es acojonante. ¿Qué diablos llevan en la cabeza? ¿Han decidido ya que dentro de poco sólo van a poder usar coches los ricos, y que a estos les da igual si cuesta el doble o cuesta la mitad? Podría ser. No es un resultado del todo inverosímil de esta “guerra”. Pero si pasara eso, con tan pocos coches circulando, darían completamente igual Madrid Central o el CO2 que emitan los motores de combustión. En cambio, si lo que resulta es mucha gente en el límite de poder tener un coche, lo que conseguirían es que no lleguen a ese límite.

Una sociedad rica, empobreciéndose voluntariamente en cierto grado, puede ser algo más o menos estrafalario, pero practicable. Tal vez puede tener algo a cambio de menos riqueza. Por ejemplo, si el relato consigue convencerles de que así son más buenos, y hace se sientan mejor por ello. Otra cosa muy distinta es empobrecer una sociedad pobre. Eso no tiene perdón de Dios. ¿Y quién ha dicho que vayamos a seguir siendo una sociedad rica después de esta “guerra”? ¿Quién asegura que acabar en un nivel, por ejemplo de Marruecos, sea un resultado que no hay que considerar, y tal vez incluso difícil de conseguir? ¿Qué es lo que podría hacerlo imposible; nuestras riquezas naturales, o el exagerado capital humano que acumulamos (el kindergarten)? Bien, pues ahora imagina Marruecos (un nivel que podría ser inalcanzable dentro de poco), sacando leyes para el empobrecimiento como esta. Simplemente, no es imaginable.

Sí, puede ser exagerado pensar en que vayamos acabar tan mal. Lo mismo que puede ser optimista. No lo sabemos. No se puede saber. Por eso ningún gobernante cabal hace planes a veinte años, para conseguir resultados dentro de ochenta, en una situación como la que estamos. Y exactamente por eso, este gobierno es un peligro público. Lo más impresionante es que puede que te acaben explicando los ministros loro de Iván Redondo, que esto lo hacen … ¡¡¡¡por el principio de precaución!!! Vaya, por prudencia.

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