¿Podemos seguir hablando del cuento del clima en estas fechas? Yo creo que a la antigua usanza, no. O sea, no como una cuestión de interés público importante. No digamos ya nada de urgente. Desgraciadamente, hemos recuperado el significado clásico de urgente, que no tiene nada que ver con el significado posmoderno. Pero también creo que sí merece la pena seguir el asunto al modo en que se atiende una discusión académica muy verde, y de resultados nada fiables y muy cambiantes, pero ciertamente interesante. No sé, como quien sigue con pasión la paleoantropología y los orígenes del hombre moderno. Con mucha curiosidad, y con ninguna confianza. Esto es, como entretenimiento. Más o menos intelectual, pero entretenimiento sin más.

Anteriormente nos habíamos quedado en la comparación de la nueva generación de modelos climáticos (CMIP6), con las generaciones anteriores, y con los datos que hay a partir de termómetros. Pero no con respecto a la temperatura que representan, sino con su aspecto principal: el calentamiento que predicen por determinada concentración extra de CO2 en el aire. Lo que llaman sensibilidad climática. (En realidad es con cualquier “forzamiento” climático; pero quedémonos con el CO2, que es la madre del cordero y del debate científico). Teníamos que los modelos nuevos van mucho más “desparramados” que los anteriores. Van ocupando todo el mapa, en lugar de ir centrándose hacia una sensibilidad climática más probable. Estrictamente, van hacia menos conocimiento, no más. (Conocimiento en el sentido de la respuesta a lo que supuestamente nos preocupa: ¿cuánto calienta el CO2, allí en la playa?)

Veíamos la evolución de los modelos del IPCC, con los histogramas de sus tres versiones sucesivas. CMIP3, CMIP5 y CMIP6. Histograma no es más que el número de modelos que producen un resultado, por tramos. Se van yendo para los lados, abarcando más resultados, en lugar de irse concentrando hacia un resultado más “popular”. También tiene gracia que los últimos, los CMIP6, hacen un gráfico que sugiere un camello de dos chepas. Como si los modelos se dividieran en dos tipos, bastante incompatibles entre sí.

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¿Y lo nuevo de hoy? Un estudio comparando lo que hace uno de los modelos nuevos de sensibilidad alta, con lo que se conoce del clima en un episodio de calentamiento del pasado remoto. Para ver si lo que dice el modelo que debería ocurrir en aquellos condiciones se corresponde con lo que se sabe (o se cree) que ocurrió realmente. Se trata del Eoceno Temprano, hace 50 millones de años. Una etapa en la que las selvas tropicales prosperaban en los trópicos. Pero para el modelo, la temperatura en esa zona debería exceder los 55º centígrados. Y esa temperatura es muy superior a la que permite la fotosíntesis, y hace incompatible la temperatura del modelo con la existencia conocida de las selvas en la zona.

La época es la del pico de temperatura que representa este gráfico de Wikipedia [–>]. Donde dice Eocene Optimum.

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Según la presentación del estudio, el modelo predice temperaturas lo largo del globo, para el Eoceno Temprano, cuando menos 6º por encima de las que indica la evidencia geológica. ¡6 grados! Eso querría decir que tiene una “sensibilidad climática” pasadísima de vueltas. Y sensibilidad climática es exactamente lo que interesa saber: es lo que calienta el CO2 extra de nuestros pecados, o cualquier “forzamiento” del clima. Los niveles de CO2 estaban en el orden de 1.000 – 2.000 ppm en la época del trabajo que comentamos. (Es muy improbable que ahora vayamos a superar las 600 – 800 ppm, ni siquiera queriendo).

Y tenemos el problema de siempre. Si tienes modelos que aparentemente se pasan ¡6 grados! al intentar reproducir la temperatura del Eoceno Temprano, ¿por qué no tiras el modelo a la basura? Y la respuesta habitual es todos los modelos dicen algunas cosas muy mal, pero esperan que sí digan algunas cosas bien. Sólo que los distintos modelos aciertan y fallan en cosas diferentes. Pero no se puede saber de antemano cuáles son. Y bien está; eso quiere decir que sirven para unas cosas, pero no sirven para otras. Por ejemplo, sirven como curiosidad académica y entretenimiento de aficionados, pero no como elementos para tomar decisiones para problemas especulativos de dentro de ochenta años.

Pongamos la sensibilidad climática del modelo CESM2 dentro del histograma de la última generación de modelos. Representado por el punto rojo. Se añade el rango (5% – 95%) de uno de los últimos estudios de sensibilidad climática basados en observaciones a partir de termómetros. Algo en principio bastante más fino y fiable que los de paleoclima.

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Y este es el entretenimiento, que no urgencia ni emergencia, de hoy. Pare evadirse un rato de los problemas de verdad.

Fuentes:

Del nuevo estudio, Science Daily:

De la noticia, WUWT:

De los histogramas de la sensibilidad climática en los modelos CMPI6, aquí mismo:

Del CO2 durante el Óptimo Climático del Eoceno, NOAA: