mayo 2020


El Kindergarten, o sea Tóntez y compañía, dicen que estamos en una guerra. Y usan todo el rato metáforas bélicas para referirse a la lucha contra el virus. En principio, muy puestos. Tanto, que las pocas veces que hablan de los muertos, lo dicen así: los muertos. No se les ocurre decir los muertos y las muertas. Supongo que intuyen que las chorradas posmodernas no encajan bien en el relato, si pretenden que esta vaya del Día D en las playas de Normandía. Aquellas películas en las que los héroes eran los que ponían toda la carne en el asador, y no una niña sueca medio trastornada por la telebasura, pero que hace un negocio colosal con su monada.

Lo malo es que los relatos son eso, cuentos. Y quien hace un cuento de una emergencia, ni se cree la emergencia, ni actúa en consecuencia. Pero la cabra acaba tirando inevitablemente al monte.

¿Se imagina alguien un gobernante cabal haciendo planes para dentro de 20 años, cuando está en medio de una guerra cuyo resultado no puede ni siquiera entrever? No, claro. Pero la pregunta tiene trampa. En concreto, gobernante cabal. Que no es ya que no sea el caso en el gobierno de Tóntez, es que se trata de un imposible estructural dentro del Kindergarten. Kindergarten significa, entre otras cosas, no cabal. Es el arte de vivir dentro de hermosos cuentos de buenos y malos, sin mirar ni medir las consecuencias de las “buenas acciones”. Algo que puede funcionar hasta cierto punto en una sociedad sobrada de recursos, donde los problemas principales de la gente no son de supervivencia; sino de falta de alicientes morales, de sentido de la vida, y ese tipo de taras producidas por una riqueza repentina y mal llevada. Algo sumamente artificial. Quita la riqueza, y esos problemas dejan de existir. Pasas de querer salvar el mundo, a añorar poder digerir las piedras, a falta de algo mejor que llevarse a la boca. Y este gobierno casca mucha metáfora bélica, mucho relato y mucha leche, pero sigue pensando en “salvar el mundo”. ¡Con planes a 20 años! Cuando ni siquiera podemos saber qué vamos a estar intentando salvar dentro de uno o dos años.

Es acojonante. ¿Qué diablos llevan en la cabeza? ¿Han decidido ya que dentro de poco sólo van a poder usar coches los ricos, y que a estos les da igual si cuesta el doble o cuesta la mitad? Podría ser. No es un resultado del todo inverosímil de esta “guerra”. Pero si pasara eso, con tan pocos coches circulando, darían completamente igual Madrid Central o el CO2 que emitan los motores de combustión. En cambio, si lo que resulta es mucha gente en el límite de poder tener un coche, lo que conseguirían es que no lleguen a ese límite.

Una sociedad rica, empobreciéndose voluntariamente en cierto grado, puede ser algo más o menos estrafalario, pero practicable. Tal vez puede tener algo a cambio de menos riqueza. Por ejemplo, si el relato consigue convencerles de que así son más buenos, y hace se sientan mejor por ello. Otra cosa muy distinta es empobrecer una sociedad pobre. Eso no tiene perdón de Dios. ¿Y quién ha dicho que vayamos a seguir siendo una sociedad rica después de esta “guerra”? ¿Quién asegura que acabar en un nivel, por ejemplo de Marruecos, sea un resultado que no hay que considerar, y tal vez incluso difícil de conseguir? ¿Qué es lo que podría hacerlo imposible; nuestras riquezas naturales, o el exagerado capital humano que acumulamos (el kindergarten)? Bien, pues ahora imagina Marruecos (un nivel que podría ser inalcanzable dentro de poco), sacando leyes para el empobrecimiento como esta. Simplemente, no es imaginable.

Sí, puede ser exagerado pensar en que vayamos acabar tan mal. Lo mismo que puede ser optimista. No lo sabemos. No se puede saber. Por eso ningún gobernante cabal hace planes a veinte años, para conseguir resultados dentro de ochenta, en una situación como la que estamos. Y exactamente por eso, este gobierno es un peligro público. Lo más impresionante es que puede que te acaben explicando los ministros loro de Iván Redondo, que esto lo hacen … ¡¡¡¡por el principio de precaución!!! Vaya, por prudencia.

Añadidos para la discusión:

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¿Podemos seguir hablando del cuento del clima en estas fechas? Yo creo que a la antigua usanza, no. O sea, no como una cuestión de interés público importante. No digamos ya nada de urgente. Desgraciadamente, hemos recuperado el significado clásico de urgente, que no tiene nada que ver con el significado posmoderno. Pero también creo que sí merece la pena seguir el asunto al modo en que se atiende una discusión académica muy verde, y de resultados nada fiables y muy cambiantes, pero ciertamente interesante. No sé, como quien sigue con pasión la paleoantropología y los orígenes del hombre moderno. Con mucha curiosidad, y con ninguna confianza. Esto es, como entretenimiento. Más o menos intelectual, pero entretenimiento sin más.

Anteriormente nos habíamos quedado en la comparación de la nueva generación de modelos climáticos (CMIP6), con las generaciones anteriores, y con los datos que hay a partir de termómetros. Pero no con respecto a la temperatura que representan, sino con su aspecto principal: el calentamiento que predicen por determinada concentración extra de CO2 en el aire. Lo que llaman sensibilidad climática. (En realidad es con cualquier “forzamiento” climático; pero quedémonos con el CO2, que es la madre del cordero y del debate científico). Teníamos que los modelos nuevos van mucho más “desparramados” que los anteriores. Van ocupando todo el mapa, en lugar de ir centrándose hacia una sensibilidad climática más probable. Estrictamente, van hacia menos conocimiento, no más. (Conocimiento en el sentido de la respuesta a lo que supuestamente nos preocupa: ¿cuánto calienta el CO2, allí en la playa?)

Veíamos la evolución de los modelos del IPCC, con los histogramas de sus tres versiones sucesivas. CMIP3, CMIP5 y CMIP6. Histograma no es más que el número de modelos que producen un resultado, por tramos. Se van yendo para los lados, abarcando más resultados, en lugar de irse concentrando hacia un resultado más “popular”. También tiene gracia que los últimos, los CMIP6, hacen un gráfico que sugiere un camello de dos chepas. Como si los modelos se dividieran en dos tipos, bastante incompatibles entre sí.

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¿Y lo nuevo de hoy? Un estudio comparando lo que hace uno de los modelos nuevos de sensibilidad alta, con lo que se conoce del clima en un episodio de calentamiento del pasado remoto. Para ver si lo que dice el modelo que debería ocurrir en aquellos condiciones se corresponde con lo que se sabe (o se cree) que ocurrió realmente. Se trata del Eoceno Temprano, hace 50 millones de años. Una etapa en la que las selvas tropicales prosperaban en los trópicos. Pero para el modelo, la temperatura en esa zona debería exceder los 55º centígrados. Y esa temperatura es muy superior a la que permite la fotosíntesis, y hace incompatible la temperatura del modelo con la existencia conocida de las selvas en la zona.

La época es la del pico de temperatura que representa este gráfico de Wikipedia [–>]. Donde dice Eocene Optimum.

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Según la presentación del estudio, el modelo predice temperaturas lo largo del globo, para el Eoceno Temprano, cuando menos 6º por encima de las que indica la evidencia geológica. ¡6 grados! Eso querría decir que tiene una “sensibilidad climática” pasadísima de vueltas. Y sensibilidad climática es exactamente lo que interesa saber: es lo que calienta el CO2 extra de nuestros pecados, o cualquier “forzamiento” del clima. Los niveles de CO2 estaban en el orden de 1.000 – 2.000 ppm en la época del trabajo que comentamos. (Es muy improbable que ahora vayamos a superar las 600 – 800 ppm, ni siquiera queriendo).

Y tenemos el problema de siempre. Si tienes modelos que aparentemente se pasan ¡6 grados! al intentar reproducir la temperatura del Eoceno Temprano, ¿por qué no tiras el modelo a la basura? Y la respuesta habitual es todos los modelos dicen algunas cosas muy mal, pero esperan que sí digan algunas cosas bien. Sólo que los distintos modelos aciertan y fallan en cosas diferentes. Pero no se puede saber de antemano cuáles son. Y bien está; eso quiere decir que sirven para unas cosas, pero no sirven para otras. Por ejemplo, sirven como curiosidad académica y entretenimiento de aficionados, pero no como elementos para tomar decisiones para problemas especulativos de dentro de ochenta años.

Pongamos la sensibilidad climática del modelo CESM2 dentro del histograma de la última generación de modelos. Representado por el punto rojo. Se añade el rango (5% – 95%) de uno de los últimos estudios de sensibilidad climática basados en observaciones a partir de termómetros. Algo en principio bastante más fino y fiable que los de paleoclima.

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Y este es el entretenimiento, que no urgencia ni emergencia, de hoy. Pare evadirse un rato de los problemas de verdad.

Fuentes:

Del nuevo estudio, Science Daily:

De la noticia, WUWT:

De los histogramas de la sensibilidad climática en los modelos CMPI6, aquí mismo:

Del CO2 durante el Óptimo Climático del Eoceno, NOAA: