Por Marod

Nota: Marod contesta a este comentario [–>].

A Plaza le “motiva” que yo argumente la necesidad de protección como solución al problema de la violencia de género. Mejor dicho, le motiva que yo crea que con más medidas de protección y más medios se soluciona el problema de la violencia de género.
Creo que le extraña (y un poco le fascina, quizá 😉) que no le hagamos (ley en mano) puto caso a la realidad que nos demuestra eficazmente la estadística.

Yo no tengo la respuesta. Pero puedo aventurar una. Como estoy en fase zen, me voy a enrollar como una persiana. Y sinceramente, con permiso, solicito entrada nueva.

Creo que, en el fondo, no hablamos de lo mismo. Ese plano de la realidad física que medimos con estadísticas es lo que le debe importar a los políticos.

Desde luego, en esta sociedad quien no llora, no mama. Los problemas más importantes son, en realidad, los que más repercusión tienen. Y para ello no hay nada mejor que los problemas que tú defiendes sean los más urgentes, los más catastróficos o los más horripilantes que te puedas imaginar.

Ciertamente, desde un punto de vista político conviene plantearse qué problemas y cuánto beneficio obtenemos de destinar más recursos a la lucha contra la violencia de género. Y ahí, obviamente, es dónde entran con fuerza las estadísticas que nos “negamos” a mirar.

Te motiva averiguar qué razón nos hace pensar que sea una buena idea el hecho de que una sociedad con unos recursos limitados, destine una creciente y creciente parte de esos recursos a la lucha contra un problema residual o equivocado.

No soy idiota. No me niego a mirarla. Sencillamente me resulta ajena. A mí me da igual que el PP se gaste más dinero en toros y curas a que el PSOE se lo gaste en paridades, arcoiris y laicismo.

Lo mismo que me resulta indiferente que el PP se lo gaste en Mariano sé fuerte, la gurtel, o que el PSOE en farlopa y en putas.

La gente más cegada políticamente es aquella que cree que la lucha contra la violencia de género empezó en 2004 con Zapatero. Y la que cree que terminaría con VOX en un hipotético futuro.

Con Franco no se medían delitos de violencia de género. Era un problema de escasa repercusión. Alguno se piensa que el franquismo iba animando a los hombres a maltratar a sus mujeres, pero ni siquiera era algo que le importara. Sencillamente, si no llegaba a mayores, pues ni le prestaban atención. Cosas de pareja, oye. Tampoco te metas.

Con la llegada de la pluralidad ideológica, la relevancia de los problemas va cambiando de forma y color.

Y empezamos a medirlo y a exigirlo y a decir uy uy uy terrorismo, la de Dios, Venezuela!
El resultado es que ahora gastamos energía (y recursos) en algo que tenía una incidencia social de 80/90/100 víctimas mortales por año y que ha pasado a 50/60 víctimas por año. Un cero coma mierda, seguro. Contra eso no se puede hacer nada. Joer que voten a otros, la gente tú! Cosas de la democracia.

Por eso no me importa la realidad estadística. No es cosa mía. Yo aprecio mis derechos. Mi plano de realidad es el ideal del sistema. La Constitución no es lo que la Sociedad es. Es lo que quiere ser.

Y en el tema que nos ocupa, la sociedad quiere que cada uno de nosotros y nosotras, por el mero hecho de ser personas, seamos titulares de unos Derechos. Entre ellos algo que valoramos tanto como la vida, la salud o la integridad física. Yo solo miro si se están defendiendo bien esos derechos o no. Si es correcto destinar más o menos recursos y repercusión a un problema es cosa del legislador. O sea, del político. Porque lo que yo miro es que detrás de ese 0,000000 mierda que se haya logrado rebajar en violencia de género hay una mujer. Una de verdad, más real incluso que la realidad estadística.
Hay una titular del Derecho a la vida a la que el Estado (nuestro esfuerzo común) le ha cumplido lo prometido.

Mi visión es más judicial. Yo sólo miro si el legislador (el político) se está pasando de frenada o no. Y dónde se está pasando. Por eso trato de explicar que el principio de igualdad en lo que responde a las medidas de protección para las víctimas se cumple. Nuestras leyes son conformes al principio de igualdad porque esas medidas están diseñadas para ambos cónyuges o personas.

Si esas medidas son excesivas, inoportunas o escasamente eficaces depende de lo que decidan los que han ganado las elecciones. O sea, los que nosotros votamos. Esa discusión se cierra fácil. Haber votado muerte, a joderse.

Hay personas que confunden las leyes con la política. Lo malo es cuando se hacen relevantes 🙈. Tipo troll, los de la caverna y los feminazis y esas cosas.

Hay gente que cree que lanzar al aire que hay muchas denuncias falsas para mostrar lo innecesario que es el esfuerzo en ese “problema” y, a la vez, lo injusto que resulta es un argumento político.

Pero no, es un argumento legal. Y legalmente las denuncias falsas no son ningún puto problema. Ni lo eran cuando Franco, ni lo eran con Aznar, ni lo serán jamás en la puñetera vida.

Porque las leyes se diseñan para proteger esos derechos ideales que cité antes. Y si se trata de proteger la vida, las denuncias falsas nos importan una mierda. Porque detrás de las estadísticas hay personas. Nos lo agradecen en silencio.

Las denuncias falsas (de todo tipo y condición) nos parecen una marranada muy grande. Tan grande que la catalogamos como delito. Tienen su propio tratamiento legal. No resultan un problema en la violencia de género.

Confrontamos bastante bien los hechos. Requerimos peritos, testigos, hay abogados, fiscales, jueces. Gente que se gana la vida vigilándose la una a la otra para atacarse, defenderse y sentenciarse.

Yo hago críticas legales donde sí pinta bastante más. Porque supone un problema de validez de la ley. Yo sí critico la ley integral de la violencia de género porque establece una violación flagrante de mi principio de inocencia. La reforma que introduce dicha ley en el código penal, hace que si yo amenazo a mi mujer me caiga más pena por el mero hecho de ser yo el hombre de la relación.

Porque la ley integral de la violencia de género da por sentado que yo, por ese mero hecho actúo con la intención añadida de lesionarle también sus derechos fundamentales (libertad, discriminación, etc etc). Eso es una presunción. A lo mejor la he amenazado por haberme cogido el coche sin permiso y sin carnet y haberlo estampado contra la valla del vecino. Esa presunción contra la que nada se puede alegar, es la que me condena culpable de una conducta que nadie debe demostrar.

Así que no te extrañe tanto que no mire la realidad estadística, la política me aburre. No es pensamiento crítico, tan sólo es el resultado de la voluntad de unos cuantos millones sapiens discutiendo y enviándose “memes”; expresado en una papeleta que introducen cada cierto tiempo en unas urnas de metacrilato.

Saber si están haciendo trampas en su “ficticio” juego, pasándose la Constitución por el forro, siempre tiene discusión. No hace falta saber de medicina, ni de paleontología. Basta con poner el artículo y darle vueltas 😜

Añadidos para la discusión (pm).

melania

hubbard