No va de coña cuando digo intelectuales. Hasta ahora, al menos yo, había oído esa canción de la “plurinacionalidad” a políticos. Y eso no sirve de mucho. Por muy bonita que suene la etiqueta. Es como lo de Enhanced Fund, o similares. ¿Cómo no va a ser bueno, si es mejorado? Pues pluri, igual; tiene que ser estupendo tener muchas, en vez de una sola. Si tener una es bueno, tener muchas tiene que ser la pera. Quicir que suena estupendo … en el nivel mental de lactante en el que se mueven los políticos.

Y de ese nivel suelen ser las explicaciones que dan para justificar la bella propuesta pluri. Algo que oscila entre por mis cojones morenos; porque lo digo yo; porque es así; o porque algunos territorios, alguna vez, han demostrado voluntad de ser una nación distinta de España (PSOE). Cataluña, Galicia, y Vasquilandia Tremebunda. Cómo lo han demostrado es algo que no explican. Tampoco explican por qué no vale la demostración de Cartagena (etcétera); o la de los reinos hechos y derechos, que no es el caso de ninguna de las tres citadas. Por eso digo que esperaba que lo expliquen los intelectuales, porque lo de los políticos siempre acaba en el inventario del circo de los payasos. Los listos, en cambio, suelen sentirse compelidos a dar explicaciones cabales de lo que proponen.

Y hoy tenemos un ejemplo. Nos lo trae Víctor Lapuente, tras escuchar una conferencia de  Michael Ignatieff, en la que “ofreció en media hora el análisis más sencillo del conflicto catalán que he oído jamás”. Lo cuenta en El País.

el fondo del problema es un choque entre dos nacionalismos, el español y el catalán, que conviven en un mismo lugar. …/…  son dos sentimientos que han enraizado en la misma tierra. Y se enfrentan agriamente como hermanos enfadados, cuando los miles de lazos familiares mutan de repente en miles de rencillas.

¿Solución? ¡Dialogar! Pero sin igualdad, porque …

No puede haberla entre un sentimiento compartido por más de 40 millones frente a otro que quizás no llega a tres.

Hay que aceptar líneas rojas. Los “catalanistas” deben aceptar que no pueden crear un estado dentro de la UE; y los “españolistas”, la realidad plurinacional de su país.

Los intelectuales, tú. Que deben ser de letras, porque no se han parado a mirar sus propios números. Y deben ser de ciencias, porque las definiciones las llevan muy mal. Menos de tres millones no puede ser lo que siente una región de siete millones y medio. Faltaría lo que sienten los otros cuatro millones y medio. Pero si nación viene definida por ese sentimiento, significa que en Cataluña hay -por lo menos- dos naciones. La de los tres millones y medio que se sienten “catalanistas”, y la de los cuatro que no. O sea que por exactamente el mismo motivo por el que España tiene una realidad plurinacional, Cataluña tiene una realidad plurinacional. Dos sentimientos distintos que han enraizado en la misma tierra, en palabras de Lapuente. Y el intelectual les ha jodido el fet diferencial, como quien no quiere la cosa. ¡También son pluri, aunque no se haya dado cuenta de lo que significan sus propios números y definiciones!

Podría funcionar, y nadie le puede negar el morbo a la idea de un Tóntez explicando La Nación de naciones de naciones. O pluriplurinacional. Sería como enhanced, al cuadrado. El no va más. Ya me imaginaba yo que en cuanto le metieran el diente los académicos, esto era pan comido.

Actualización (23 de octubre). Un entrevista de ayer de Ignatieff en la Vanguardia, donde se despejan algunas dudas de las que hemos hablado en los comentarios.