octubre 2019


No va de coña cuando digo intelectuales. Hasta ahora, al menos yo, había oído esa canción de la “plurinacionalidad” a políticos. Y eso no sirve de mucho. Por muy bonita que suene la etiqueta. Es como lo de Enhanced Fund, o similares. ¿Cómo no va a ser bueno, si es mejorado? Pues pluri, igual; tiene que ser estupendo tener muchas, en vez de una sola. Si tener una es bueno, tener muchas tiene que ser la pera. Quicir que suena estupendo … en el nivel mental de lactante en el que se mueven los políticos.

Y de ese nivel suelen ser las explicaciones que dan para justificar la bella propuesta pluri. Algo que oscila entre por mis cojones morenos; porque lo digo yo; porque es así; o porque algunos territorios, alguna vez, han demostrado voluntad de ser una nación distinta de España (PSOE). Cataluña, Galicia, y Vasquilandia Tremebunda. Cómo lo han demostrado es algo que no explican. Tampoco explican por qué no vale la demostración de Cartagena (etcétera); o la de los reinos hechos y derechos, que no es el caso de ninguna de las tres citadas. Por eso digo que esperaba que lo expliquen los intelectuales, porque lo de los políticos siempre acaba en el inventario del circo de los payasos. Los listos, en cambio, suelen sentirse compelidos a dar explicaciones cabales de lo que proponen.

Y hoy tenemos un ejemplo. Nos lo trae Víctor Lapuente, tras escuchar una conferencia de  Michael Ignatieff, en la que “ofreció en media hora el análisis más sencillo del conflicto catalán que he oído jamás”. Lo cuenta en El País.

el fondo del problema es un choque entre dos nacionalismos, el español y el catalán, que conviven en un mismo lugar. …/…  son dos sentimientos que han enraizado en la misma tierra. Y se enfrentan agriamente como hermanos enfadados, cuando los miles de lazos familiares mutan de repente en miles de rencillas.

¿Solución? ¡Dialogar! Pero sin igualdad, porque …

No puede haberla entre un sentimiento compartido por más de 40 millones frente a otro que quizás no llega a tres.

Hay que aceptar líneas rojas. Los “catalanistas” deben aceptar que no pueden crear un estado dentro de la UE; y los “españolistas”, la realidad plurinacional de su país.

Los intelectuales, tú. Que deben ser de letras, porque no se han parado a mirar sus propios números. Y deben ser de ciencias, porque las definiciones las llevan muy mal. Menos de tres millones no puede ser lo que siente una región de siete millones y medio. Faltaría lo que sienten los otros cuatro millones y medio. Pero si nación viene definida por ese sentimiento, significa que en Cataluña hay -por lo menos- dos naciones. La de los tres millones y medio que se sienten “catalanistas”, y la de los cuatro que no. O sea que por exactamente el mismo motivo por el que España tiene una realidad plurinacional, Cataluña tiene una realidad plurinacional. Dos sentimientos distintos que han enraizado en la misma tierra, en palabras de Lapuente. Y el intelectual les ha jodido el fet diferencial, como quien no quiere la cosa. ¡También son pluri, aunque no se haya dado cuenta de lo que significan sus propios números y definiciones!

Podría funcionar, y nadie le puede negar el morbo a la idea de un Tóntez explicando La Nación de naciones de naciones. O pluriplurinacional. Sería como enhanced, al cuadrado. El no va más. Ya me imaginaba yo que en cuanto le metieran el diente los académicos, esto era pan comido.

Actualización (23 de octubre). Un entrevista de ayer de Ignatieff en la Vanguardia, donde se despejan algunas dudas de las que hemos hablado en los comentarios.

Por Luis, desde Florida

Para los que desconocen el significado de impeachment, es un proceso político/judicial diseñado para expulsar del gobierno el presidente (o cualquier cargo político) por ser culpable de treason, bribes, high crimes and misdemeanors: traición, sobornos, graves crímenes y delitos. El Congreso actúa de fiscal investigando una vez que encuentra motivos y definiendo los cargos. Y en el Senado se  realiza el juicio. A diferencia del proceso del voto de no confianza que usan los parlamentos europeos, los fundadores de la república decidieron diferenciar del modelo inglés para evitar que el presidente fuera expulsado por razones simplemente políticas. Y aunque hay mucho de política en el impeachment, se debe ajustar también a un proceso jurídico. De la forma que se lee la Constitución y documentos federales escritos por los fundadores, el objetivo de la ley nunca fue el de expulsar a un presidente elegido por el pueblo sin tener motivos serios. Ya, en aquellos años, sabían muy bien los problemas que podría causar el partidismo salvaje, al poner los intereses del partido por encima de los del pueblo.

Y la líder del Congreso Nancy Pelosi acaba de declarar (hace unos días) que inicia formalmente la investigación. A los conservadores nos suena sorprendente ¿Cuál es la diferencia con lo que ha estado ocurriendo desde hace más de dos años? Como ya quedó establecido en el reportaje final de Mueller, a Trump le han investigado por unas acusaciones sacadas del sombrero y financiadas por la (todavía en estado de negación) Hillary Clinton que sigue en los medios, toda indignada, por la supuesta colusión de Trump con Rusia y el robo de las elecciones. Y los demócratas siguen insistiendo en su objetivo de destituir al presidente sea como sea. Y ¿cuáles son los graves crímenes y delitos que ha cometido Trump? El último, según un delator anónimo que trabaja en la Casa Blanca (agente de la CIA que trabajó para Obama) es una conversación que Trump tuvo con el nuevo presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky. Según el memorándum que escribió, caracterizó la conversación como una “de locos, aterradora y con ausencia total de  contenido sobre seguridad nacional”.

El podemita Pablo Pardo se apresura a repetir lo que dice Thomas Friedman (del NYT) que Trump va de escándalo en escándalo: de Rusiagate a Ucraniagate. Para darle más crédito, nos menciona que Friedman es el periodista vivo que más premios Pulitzer tiene.

Bueno, Premio Pulitzer también lo tuvo Walter Duranty, un admirador y sicofante al servicio de Stalin y corresponsal del NYT en Rusia que decidió no escribir sobre la hambruna de Ucrania del 1932-33 en la que murieron varios millones. El NYT también tiene el “honor” de haberle tenido en sus filas como corresponsal y parte del equipo de editores por 45 años a Herbert L Matthews, de quien se escribió un libro titulado El hombre que inventó a Fidel . La foto, Mr Matthews con Fidel en Sierra Maestra.

Más tarde, el asesino Ché Guevara confirmaría lo escrito en el libro diciendo: “Cuando todos nos daban por muertos Mr Mattews nos descubrió”. Sus artículos en el NYT y unas frases convenientes traducidas y diseminadas por la revolución fueron el combustible necesario para el triunfo de los barbudos. Nada de esto último tiene que ver con Trump, pero si se usa al NYT como modelo informativo conviene tener en cuenta su historial, del cual P. Pardo es fácil que simpatice.

También corresponde explicar en su totalidad la función del delator y los procedimientos a seguir. El delator es un individuo protegido por la ley. El delator debe presentar su documento al inspector general de su departamento, éste indica su urgencia y/o importancia y lo presenta al afectado, en este caso al presidente. Y éste debe presentarlo al Congreso. Pero en este proceso ha habido varias irregularidades demasiado sospechosas y omitidas por Thomas Friedman. Por ende, Pablo Pardo. La primera condición que existía para poder delatar, era que la información fuera de primera mano. Pero justo para este caso, este inspector general eliminó del folleto a rellenar dicha condición. El Congreso es el último en enterarse del proceso, pero “coincidentemente”, el congresista Adam Schiff, jefe del comité jurídico, que lleva investigando a Trump desde que llegó a la Casa Blanca, ha tenido que admitir que tuvo una entrevista con el delator antes de que escribiera el documento. Y el documento no parece estar escrito por un simple agente de la CIA destacado en la Casa Blanca sino por un experto en leyes, debido al extenso contenido lleno de notas a pie de página y referencias legales.

Repito que el contenido del dossier era sobre la conversación de Trump con el nuevo líder de Ucrania y su breve referencia sobre la estancada investigación de Hunter Biden (hijo de Joe, el vicepresidente de Obama y candidato a la presidencia), así como sus relaciones con la corrupta empresa de gas natural Burisma. Pero estaba escrito con colorido y sin verdadera fidelidad al telefonazo. Como el Congreso y el Profundo Estado filtran todo lo que les conviene, ante las perspectivas, Trump decidió hacer algo sin precedentes y que probablemente los enemigos no lo esperaban. Ofreció al público la transcripción exacta de la llamada. Como corrección a la debilitada credibilidad del delator y sus obvios colaboradores, ahora han presentado a otro delator que dice tener información de primera mano. Y la pregunta es ¿para qué queremos ahora otra versión de un delator de “primera mano” si ya tenemos las transcripciones? ¿Va a ser más creíble la versión de dos delatores que las mismas transcripciones? ¿Va a presentar el presidente al enemigo en el Congreso unas transcripciones que le involucran en un crimen? Además, esta conversación fue revisada por el Departamento de Justicia. Si hay algo criminal ¿no serían los primeros en encausarlo, o si son cómplices del crimen ocultarlo? Así de absurda es la situación.

Para terminar con el background necesario para juzgar apropiadamente los hechos, considero importante mencionar que los abogados del delator son parte del equipo de Hillary Clinton y que en el 2017, justo después de la toma de la presidencia de Trump, los abogados Andrew Bakaj y Mark Zaid fundaron la organización de Whistleblowers Aid (Asistencia para Delatores) que opera pro-bono. Y el delator, en su documento, hizo tres referencias a “investigaciones” en curso de la OCCRP (que significa Proyecto de Reportaje sobre Crimen Organizado y Corrupción) sobre “UcraniaGate”.

De buenas a primeras, con ese nombre parece una organización superguay, pero como en la vida hay muy pocas cosas 100% altruistas y pro-bono, con la mosca en la oreja uno sigue el hilo del dinero y se encuentra con que está financiada por la organización de Soros, Open Society Foundation. Se puede verificar abajo y a la izquierda del portal http://www.occrp.com. Y su socio publicitario es Buzzfeed, que también fue el primero en publicar el infame y desacreditado Steele Dossier sobre Trump y Rusia que lo pagó la campaña de Hillary e inició la extensa investigación de Robert Mueller.

Teniendo ahora en cuenta de dónde vienen las acusaciones, quiero apuntar a algo que escribí el julio pasado, pero se sabía ya por el 2014 los andares de Joe Biden y su hijo Hunter.

Es debido a este tipo de errores, la falta de coherencia, los titubeos en el debate, la ausencia de energía, así como varios casos de conflicto de intereses muy graves, permiten especular que ni llegue a ganar las primarias, aunque es todavía claro favorito.

Y el problema de la conversación de Trump con su homólogo de Ucrania, es que Donald J. le mencionó el caso de la empresa de gas natural Burisma y sus relaciones con el hijo de Joe Biden, Hunter que estuvieron bajo investigación. Por los 2013-14, Obama nombró a su vicepresidente al cargo de las relaciones exteriores con Ucrania y China. Acto seguido, Hunter es nombrado parte del consejo de administración de Burisma y hay reportajes de que cobró entre $50.000 y $100.000 mensuales de dicha compañía sin tener conocimiento alguno de esa industria. Pero sí poseedor de un apellido interesante. Se reporta que terminó cobrando $3.5 millones. Y el problema es que Burisma estaba siendo investigada por el gobierno de Ucrania por corrupción y la “pérdida” en las cuentas de varios $miles de millones$. Hunter era parte de la investigación. Cuando se enteró su padre de la situación, siendo todavía vicepresidente, exigió que se le despidiera al fiscal de Ucrania y se suspendiera la investigación bajo la amenaza de negarle al gobierno una garantía de ayudas por $1.500 millones. Ver video jactándose de la hazaña.

Como es natural, el gobierno (anterior al electo ahora) claudicó y cerró la investigación. Un caso bien claro de quid pro quo que va totalmente en contra de las normas de nuestro gobierno. Y entre muchas otras cosas que Trump habló con el nuevo presidente de Ucrania, le preguntó cuál era el status de la investigación anteriormente cerrada. Y este es el “grave crimen” por el que se le ha iniciado el impeachment. Si se tiene en cuenta el aspecto legal, a) nadie tiene derecho a conocer la conversación de un presidente con otro. b) El presidente es el jefe ejecutivo del Dept de Justicia y tiene toda la libertad de investigar lo que le parezca, sea nacional o internacional. c) EEUU tiene un tratado sobre vigilancia mutua de corrupción desde la era del Bill Clinton, 1999, el cual otorga plenos derechos para indagar sobre la posible corrupción de los Biden. d) El presidente nunca presionó al homologo (admitido por ambos) y nunca ofreció quid pro quo.  O sea, en el aspecto legal no tienen ninguna base para proceder. Los que cuestionan la ética de la pregunta, cosa que es discutible, se olvidan que en las campañas de los últimos años es precisamente la ética la primera víctima. El asesor de la campaña electoral, Paul Manafort fue precisamente parte de una trama de la campaña de Hillary para encontrar “suciedad” en la campaña de Trump. Y adicionalmente, éste estaba interesado en el inicio de la falsa Colusión con Rusia divulgada en el 2016, que no se inició en Rusia, sino en Ucrania, con agentes del gobierno anterior de Poroshenko que hizo lo que pudo para ayudar a Hillary Clinton. El portal Político, que es progresista, lo reporta claramente.

Para poner la guinda en el pastel de Hunter Biden, se debe mencionar que las empresas gubernamentales de China, Industria de Aviación Co., así como la compañía Nuclear General de China, ahora vetada del mercado de EEUU por espionaje, en el 2013 hicieron una inversión de $1.500 millones con la BHR Partners, establecida en Shanghai, China por Hunter Biden quien incluye convenientemente al hijo del anterior ministro de exteriores John Kerry. Este negocio, del que apenas se habla por ahora, puede tener consecuencias muy graves, porque vendieron el 51% de las acciones de unas industrias con tecnologías de doble aplicación: industrial y militar. ¿O es que los chinos son tan generosos que van a invertir esa cantidad de dinero para la tecnología de unas hamburgueserías?. Y ¿cómo es que los medios y los demócratas del Congreso se dedican a apuntar a la pregunta de Trump y no a los negocios con enormes conflictos de interés de los Biden, hijo de John Kerry, etc?

Desafortunadamente, vivimos en una nación con unos valores paralelos. No cabe duda que la líder del Congreso continuará con su impeachment de forma secreta o con filtraciones seleccionadas a los medios según convenga. Es un proceso de una mayoría dictatorial en la que no da la más mínima oportunidad a los congresistas republicanos, ni al abogado de Trump para interrogar ni seleccionar los testigos, como se hizo debidamente en los impeachment de Nixon y Clinton. Se sabe que el ex-embajador Volker y otros han ofrecido testimonio exculpatorio, pero por ahora lo mantienen en secreto. Y mientras que una docena de los Congresistas continúan con este proceso irregular, los otros 420 están disfrutando sus vacaciones. ¿Es o no es importante para el pueblo un impeachment? ¿Quién lo entiende?. Probablemente estén esperando la forma en que evolucionan las encuestas, que por cierto están divididas como siempre, de acuerdo al partido que pertenecen. Y aquí también tenemos encuestas tezanos, por lo que las hay al gusto del consumidor. Otro factor importante a mencionar, es que el Congreso siempre ha iniciado las investigaciones del impeachment con una votación general. Pero como dentro de la mayoría de los demócratas hay unos 30-40 que ganaron su escaño en territorio en que ganó Trump, prefieren no tener que hacerlo por las consecuencias que ese voto tendría en las elecciones del 2020. Y Nancy Pelosi, que de tonta no tiene un pelo, se las ingenia para continuar esta investigación, rompiendo reglas y tradiciones históricas. Claro que le toca cambiar de causa, pero no de objetivo: destituirle a Trump.