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Parece sensato pensar que tal vez el chicle no se pueda estirar infinitamente, y se acabe rompiendo. Y que la pregunta clave sea el punto en el que el cuento del clima empiece a producir cortocircuitos en los cerebros menos infantiles del Kindergarten.

“Quiero que entréis en pánico. Quiero que actuéis como si la casa estuviera ardiendo.”

Greta destacó que para 2030 -“10 años, 259 días y y 10 horas a partir de ahora”- el mundo puede enfrentarse a una reacción en cadena que lleve a perturbación en nuestro ecosistema que cambiará la civilización como la conocemos.

“Estos cálculos no son opciones o especulaciones atrevidas. Son proyecciones basadas en cálculos científicos, a las que han llegado todas las naciones a través del IPCC”.

La alegre charla no viene de una escena de una película de Monty Python. Es del encuentro más atendido que haya habido nunca en el Comité de Medio Ambiente del Parlamento Europeo. Y la niña parlante cosechó los mayores aplausos y felicitaciones [–>].

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¿De verdad se puede hablar en serio sobre estas payasadas que ocurren en el Parlamento de la Unión Europea? Pues hablemos en serio, aunque dé vergüenza. La niña se basa en un informe especial de IPCC sobre el calentamiento Global de 1,5ºC [–>]. Y Myles Allen, su autor principal, explica que 1,5ºC es un aumento de temperatura sobre lo que llaman “temperatura preindustrial” — a finales del siglo XIX. Y que como ya hemos subido un grado desde entonces, o tal vez 1,2º contando con la incertidumbre, eso quiere decir que sí es posible que en 2030 lleguemos a 1,5º sobre esa temperatura preindustrial. Pero que solo supondría entre medio y un cuarto de grado más que la temperatura actual.

 “… eso, que es más o menos como lo que hemos subido desde 1990, no les va a parecer el armagedón a la gran mayoría de los sonoros adolescentes de hoy. ¿Y qué van a pensar entonces?

Bueno, pensar no parece que sea el fuerte de los niños del clima, pero en ningún caso necesitan esperar a 2030 para ponerse a usar el cerebro. Solo tienen que mirar algo tan simple como la diferencia de clima entre La Coruña y Vigo  (0,7º más de temperatura, y un poco más de lluvia) para comprender que su pretendido armagedón es mucho más pequeño que esa diferencia.  Y además no es a peor, sino a mejor.

Si la payasada fuera cosa de los niños, cabría la esperanza de que se cure con la edad. Pero no, no cabe. Sus abuelas son peores. Kindergarten con canas.

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Emma Thompson estaba en Los Ángeles, cuando se enteró de una protesta organizada por Exctinction Rebellion para exigir que los gobiernos tomen la acción necesaria contra la Emergencia Climática y Ecológica Global. Y no se le ocurrió mejor idea que volar 8.700 Km, hasta Londres para poder participar. No eligió otras ciudades más cercanas donde se celebraba lo mismo, el mismo día. Como Vancouver (a 1.800 Km.) o Méjico (a 2.000 Km.). Ella es más de Londres. Pero los aviones, que son exactamente la actividad humana individual con mayor huella de carbono que existe, no son ningún problema para Thompson [–>].

“Si pudiera usar vuelos limpios, lo haría. Pero plantaré más árboles”.

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A estas alturas ya sabemos que no son los “negacionistas” los que van a acabar con el cuento del clima. Tampoco los datos; es una teoría que lo aguanta todo. Pero hemos visto que cuando el Kindergarten empieza a meter chicos en las duchas de las niñas, siempre que aleguen que se sienten de género confuso, o fluido, lo que ocurre es que llega Trump. ¡Porque el chicle no se puede estirar más, y se rompe! Y la gran pregunta, si la tesis fuera cierta, sería saber cuántas Emmas y Gretas  puede aguantar el chicle de la Gran Emergencia Climática y Ecológica Global.

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Las fotos y las citas son del Daily Mail y del Euobserver: