Al principio me encantaba Twitter. Era como un mega periódico global, en tiempo real, y con una selección a la carta. E interactivo hasta cierto punto. Un poco interactivo -con suerte- respecto al camarero, y mucho entre los comensales. O entre el grupo de comensales que estuvieran conectados entre sí. El resultado era muy informativo, tan “culto” (ciencia, pensamiento) como pudieras desear, y francamente divertido.

Es verdad que siempre tuvo tendencia a la formación de tribus de cafres en guerra permanente. Pero con una selección un poco cuidadosa de la gente a seguir no era muy difícil librarse de los salvajes. Circulaban por ahí, pero no te los tropezabas demasiado. O no con una frecuencia insoportable. Y además, tampoco estaba de más encontrarlos de vez en cuando; a todos nos puede gustar hacer el cafre ocasionalmente. La gracia es que no se desmadraba, si esa era tu elección.

Pero Twitter, así, perdía dinero. La base era muy buena. Millones y millones de usuarios que lo han adoptado como una parte imprescindible de su vida. Y sin embargo, no daba dinero. Tenían que hacer algo. Y lo hicieron.

Pero lo que hicieron fue un sistema basura para ordeñar el ganado. De repente ya no te encontrabas en la aplicación lo que esperabas de ella, ni de coña. Te tropezabas con lo que claramente no habías elegido. Lo malo eso que eso no querías, estaba muy bien seleccionado. Era, digamos, mierda estimulante. En el peor sentido posible del término. Por poner un ejemplo claro entre muchísimos posibles, Bea Talegón. Una máquina de decir chorradas y burradas, a las que es muy fácil y divertido contestar. Pero hacerlo es francamente contraproducente para ti, y muy bueno para Twitter. Se convierte en una especie de competición sobre la respuesta mas ingeniosa a la imbecilidad. Y pierdes miserablemente el tiempo usando el programa, mientras que Twitter te tiene más tiempo enganchado y expuesto. Digamos que te ordeña más, y a un precio mucho más barato. Es mucho más fácil ser Bea Talegón que Sam Harris, y por eso hay muchas más. Y si te has apuntado a Twitter para encontrar lo que dice Harris, pero el sistema consigue que te enganches con las Talegones, tú estás haciendo el idiota, y Twitter está haciendo su agosto.

Este sistema de Twitter basura empezó a ser obvio hace un par de años. Y librarse de la basura, sin dejar de usar Twitter, no es nada fácil. Puedes ponerte a bloquear Beas; pero no resulta, porque son infinitas, y porque la gente te las acaba metiendo por saco en forma de pantallazo. Puedes dejar de seguir, o silenciar, a la gente que te larga muchas Beas. Pero es delicado; porque hay amistades, y también te fastidia perderte la parte no-Bea de lo que ponen. Y al final no haces nada, y acabas tragando basura en modo industrial. Convencido de que el mundo sería un lugar mucho mejor si desapareciera Twitter. O sea, literalmente como un drogata.

Bien, imagina que quieres estar al día, de una forma rápida y eficaz, de alguno de los asuntos interesantes en curso. Pongamos el Brexit. ¿Qué haces? Una lista, claro. Lo impresionante es lo corta que puede ser esa lista para que tengas un sistema perfecto. Sólo necesitas un puñado cuentas que sepan del asunto, que lo sigan en tiempo real, y que nunca, nunca, nunca, te planten a una Bea Talegón en su time line. Entre lo que escriben ellos, y lo que enlazan, tienes todo lo que puedas desear. Y sin perder ningún tiempo con Bea. Mira qué fácil.

Sí, dos de los tres son periodistas, y eso suena muy mal. Pero sonar no es ser, y el caso es que sigue habiendo muy buenos periodistas que hacen exactamente la función que siempre se les ha supuesto. Lo único necesario es meterlos en una lista, y tener muy claro que a lista tiene que ser pequeña y selecta (sin Beas). Vaya, la idea original de los clubes de Londres. Poner una valla para que el zoo quede al otro lado.

Y claro, si funciona para el Brexit, ¿por qué no va a funcionar para el resto? Y sí; funciona de narices. Es muy difícil seguir a muy poca gente muy selecta en Twitter; pero es muy fácil ver que con muy pocos miembros, una lista hace muy muy bien su función. Tampoco necesitas tantas listas. Y son mucho más fáciles de manejar, por su brevedad. En seguida te das cuenta si alguien no se corresponde con lo que esperas en ese club, y lo sustituyes.

¡Twitter vuelve a ser estupendo! Y sin quitarle tiempo a otras cosas. Ni siquiera pierdes del todo el chascarrillo y el cafrerío, porque siempre te puedes dar una vuelta por el zoo (la parte fuera de las listas) cuando estás en ese plan. Pero es muy distinto tropezarte con Bea, cuando estás en ese plan, que por obligación. Es otro mundo.

Bueno, podría pensarse en un peligro. Que Twitter volviera a perder dinero si este tipo de trucos se generalizara. Pero no creo que haya ese peligro. Por una parte, ya habíamos quedado que el mundo sería mejor si Twitter desapareciera; y por otra parte, los clubes son un coñazo para los animales … ¡porque no son el zoo! La valla tiene una función en los dos sentidos.

Que no se me enfade Bea. Quien dice Bea, dice Trump, etcétera. Es una forma de hablar rápido, y que se entienda fácil.