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Hay que fastidiarse. Desde Vox nos estaban diciendo que no es que haya algunas disfunciones que corregir en la Ley Integral de Violencia de Género, sino que es una cagada de origen sin arreglo posible. Con dos pegas fundamentales: la culpabilidad sin necesidad de prueba de la mitad de la población; y una desigualdad penal por motivo de sexo, que condena más la misma acción y el mismo resultado, si lo hace un hombre. Todo esto lo negaba rotundamente “el consenso”.

También señalaban desde Vox otros problemas, como los chiringuitos feministas en los que la pasta apenas llega al objetivo que se le supone. Pero esta no era la discusión, y el PP y C’s decían que era el tipo de problemas que se pueden corregir sin quitar la ley. Ni siquiera cambiarla.

Y ahora sale el Supremo con una sentencia espectacular. Diciendo, exactamente, lo que dice Vox. Tomo el asunto y los escaneados de este hilo en Twitter de Matthew Bennett (@matthewbennett), probablemente el periodista más eficaz de España. (Seguid el hilo).

Pero resumo el caso:

Una pareja, que convive y tiene un hijo, anda de copas. Discuten sobre cuándo irse a casa. Pongamos que el tío quiere seguir, y ella no; algo así. Y en el calor del debate, la tía le larga un puñetazo a la cara a él. Este responde con un sopapo a mano abierta, y la colega remata el asunto con una patada.

No hay lesiones. No hay denuncia. No pasa nada. Salvo un pequeño detalle: diligencias urgentes en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer. Y de ahí, al Juzgado de lo Penal. No sabemos cómo se han enterado los de la Violencia sobre la Mujer.

Juicio. ¡Que se vayan a casa, coño, que aquí no pasa nada!

La Fiscalía recurre.

Juicio 2. ¡Que se vayan a casa, coño, que aquí no pasa nada!

La Fiscalía recurre al Supremo. Sentencia: ¡No, no, no! Esto no es una pelea cualquiera. Entra en “violencia de genero” (machismo) para él, y en violencia doméstica para ella. Y eso no requiere denuncia, ni lesiones, ni leches. Y además, en el caso del tío tampoco hay que probar el machismo; lo lleva de fábrica.

Al tío: 6 meses de prisión, y orden de alejamiento de su chorbi.

A la tía: 3 meses, y orden de alejamiento del machista.

Tiene toda la razón Vox. Es verdad que no hay que probar el “machismo”. No se trata de una intención, sino una circunstancia (ser hombre). Y la pena es distinta en función del sexo.  Lo dice el Supremo con todas sus letras.

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Me parece apasionante. Yo apuesto porque la chavalada no tendría dificultades en entender una diferencia de pena en función de la diferencia de fuerza. Es como si dos atacan a uno; no es lo mismo que uno atacando a dos. O como si un armario de 90 kg le larga un puñetazo a un flaco de 60. Se puede entender una asimetría penal basada en una asimetría física. Tiene más alevosía lo del fuerte: no es probable que le contesten. El problema es que la ley española no basa la asimetría en la diferencia de fuerza, sino en prodigios feministas.

Tribunal Consitucional:

No resulta irrazonable entender, en suma, que en la agresión del varón hacia la mujer que es o fue su pareja se ve peculiarmente dañada la libertad de ésta; se ve intensificado su sometimiento a la voluntad del agresor y se ve peculiarmente dañada su dignidad, en cuanto persona agredida al amparo de una arraigada estructura desigualitaria que la considera como inferior, como ser con menores competencias, capacidades y derechos a los que cualquier persona merece (…)

¿Han contemplado cambiar la ley cuando desaparezca esa “arraigada estructura desigualitaria que la considera como inferior, como ser con menos competencias, capacidades y derechos”? ¡Ni hablar! No vaya a ser que tengamos que ponernos a mirar si acaso no ha desaparecido ya la arraigada estructura. O que tengamos que juzgar si el acusado participa realmente de esa “estructura”, por mucho que “la estructura” ande por ahí, volando en el aire. Nope, cascamos  una “culpabilidad de estructura”, y con eso conseguimos culpables por defecto. ¡Que es, exactamente, la maldita tesis de Vox! Y lo que le puede dar votos a porrillo, porque no hay quien lo entienda, ni quien lo trague. Y con esto nuevo del Supremo, ya queda niquelado. Ahora nadie va a dudar que Vox está interpetando correctamente la ley. Y que el kindergarten miente al respecto. Mucho.

No es ninguna broma. El gran peligro de estos populismos es que en algunas cosas tienen razón. Y si les quitamos la razón cuando la tienen, solo por ser populismos, la conclusión de mucha gente -a la vista de la obviedad- será que tienen razón en todo. O en casi todo. O en lo suficiente. Y les votarán.

Parece muy fácil combatirlos con etiquetas. Pero no funciona. Aunque se entiende que es my cómodo eludir la responsabilidad que podemos tener en que les voten, al negar lo obvio y preferir el etiquetado mágico.

Actualización / añadido (10/1/2019). Miguel Pasquau Liaño está de acuerdo en que el Supremo le da la razón a Vox, aunque no lo dice así.

Las consideraciones expuestas me llevan no tanto a criticar técnicamente la sentencia del Tribunal Supremo  (que no se ha pronunciado sobre lo que “debe ser”, pues no es legislador, sino que sólo ha interpretado lo que “la ley quiere y dice”), sino más bien a concluir con pesadumbre que, en vista de esa interpretación, tiene sentido plantearse una reforma legal.