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2018 nos ha regalado una paradoja de las bien guapas. El estallido, o tal vez los primeros pertadazos, de esa “guerra moral” posmoderna que llevan las plataformas tecnológicas de Silicon Valley contra el pensamiento -digamos- clásico (“ilustrado”). La paradoja consiste en que las tecnológicas están dirigidas por un claro nicho de izquierda posmo, que en principio están muy de acuerdo con que el estado lo regule todo; mientras que sus víctimas son casi todas de derechas, en principio totalmente reacias a cualquier intervención regulatoria estatal. ¡El santo mercado lo arreglará! Pero el santo mercado no arregla nada, y las tecnológicas les está jodiendo vivos. Todo es “hate speech”. La derecha que no traga las normas morales posmo está siendo sistemáticamente expulsada de toda la comunicación en internet. Y no puede defenderse con una regulación civilizada contra la discriminación, porque … ¡atentaría contra la libertad de mercado!

Su propia filosofía les impide pedir o proponer una normativa sensata, como sería que una “red social” de índole general no pueda discriminar a una ideología que tiene todos los permisos de circulación política en orden.

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Ejemplos hay a patadas y de todos los colores. Hoy he visto uno nuevo.  Hay unos tíos que apoyan la chifladura del muro de Trump. Que, chifladura o no chifladura, es mercancía política completamente legal. Como que es parte de la campaña de la presidencia electa. Pero al Kindergarten de las tecnológicas no les gusta, y si alguien pone un enlace en Twitter a la web de apoyo que usan (https://wefundthewall.com), al clicarlo te sale esto:

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Por supuesto que la web ni es insegura, ni tiene virus, ni hace nada raro. Pero según Twitter, va contra las normas de Twitter. O sea, la política del presidente del país va contra las normas de Twitter. Pero esas normas no se han inflingido en Twitter, sino fuera. Y Twitter persigue a los que incumplen su censura moral … ¡fuera de Twitter! La quintaesencia de la persecución ideológica. Y ahora resulta que los liberales alegres no pueden protestar cuando una red social -que no se anuncia como un sitio de partido o de ideología, sino general y sin sesgo político- discrimina por ideología. ¡Porque esa protesta atentaría contra la libertad de empresa!

A menudo alegan cosas extrañas como que en mi casa entra el que yo quiero. Pero un negocio no es una casa, ni de coña. Otros ponen el ejemplo de un bar, con su reserva del derecho de admisión. Pero eso no quiere decir que se pueda impedir la entrada de un moreno al bar, o de alguien que lleva una pulsera arco-iris. ¿Esa sería la “libertad de empresa” que querrían; las empresas “libremente politizadas”? Pues ese “liberalismo” sería completamente anticivilización. Literalmente una mierda insoportable.

¡Puedes elegir otro bar!

Pues tampoco. A los bares frecuentemente se va en grupo. Y resulta que el moreno estaría jodiendo a los amigos, que no pueden ir al bar que quieren, ¡por culpa del moreno! Una red social, ni te cuento. Por eso se llama “social”, precisamente.  Ambos tienen cierto matiz de calle, que es lo que no pasa con “mi casa”. Un bar es mucho más una calle que una casa. Lo que pasa es que es una calle de propósito especifico. Para hacer algo concreto. Y lo mismo le pasa a un negocio. Tienen actividades concretas, y estas se regulan para su buen fin. No puedes poner un saco de estricnina al lado de la carne para consumo. Y no puedes dejar el asunto en manos de la vigilancia y buen sentido de los clientes, que están a otra cosa.

El problema está engordando mucho. No se trata solo de espontáneos haciendo micro blogging en Twitter o Facebook. Los cafrecillos habituales con sus guerras ideológicas. Les pasa lo mismo a los creadores de contenido profesionales que habían encontrado un gran nicho en internet. Especialmente Youtube, donde puedes encontrar un periodismo, o contenidos, de calidad infinitamente superior a la prensa de siempre. Dos ejemplos para quien no conoce el asunto.

The Rubin Report. Un millón de suscriptores, y vídeos de hasta unos cuantos millones de visualizaciones.

Jordan B. Peterson. Un millón y medio de suscriptores, con vídeos también en el orden de hasta unos pocos millones de visualizaciones.

La platafoma de todos ellos es Youtube. No queda otra si quieren ir donde está el público. Es, también, calle. Pero Youtube también es Silicon Valle, Kindergarten, y con toda su mierda posmo. Y por supuesto, putea a los de siempre. Con un sibilino método muy eficaz. Los creadores viven del porcentaje que se llevan de la pubicidad de Youtube sobre sus vídeos. Pero Youtube decide que algunos contenidos son inconvenientes para sus anunciantes. O la consabida turba le convence de ello. Y entonces “desmonetiza” los vídeos que son pecado para su moralina. Les quita la publicidad, y con ella los ingresos. Y desaparece, también de internet, todo un sector de ideología política.

Los creadores malditos encontraron una alternativa. Otra tecnológica que se dedica a poner en contacto a micro-patrocinadores con creadores, haciendo de canal de pago entre consumidores y auores. Patreon. Y con eso pudieron seguir con su producción y modelo de negocio. En condiciones más incómodas, pero podían. ¿Problema? ¡Que Patreon también es del Kindergarten de Silicon Valley, coño! Y ha empezado a cerrar las cuentas de patronazgo que no tienen el “nihil obstat” de la progresía.

¡Ah, el lindo olor de la libertad de mercado por encima de todas las cosas! Chúpate esa.

Que sí, que los apestados pueden montar sus propias empresas tecnológicas. Claro. ¿Pueden? Seguro, pero si querían librarse del sego político del periodismo, lo llevan claro.

Periodismo:

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Y tecnológicas de internet:

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¡Claro que se puede! Pero que unos tengan infinitas más dificultades para hacer su labor, por motivo de su ideología, es exactamente la definición de discriminación política. Que les den morcilla a los liberales alegres y a su “libertad de empresa” como absoluto moral. No hace ninguna falta tener libertad de discriminación política para tener libertad de empresa. Y la libertad de expresión puede basarse en un elemento moral, si estás muy ideologizado; pero también tiene un componente práctico mucho más importante. Si quieres desarrollar buen pensamiento, necesitas asegurar la diversidad de pensamiento y su contraste. Está bien experimentado y medido.

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Así que habría que salvar a los liberales alegres de sí mismos. Moralina por moralina, tan nefasta es la del kindergarten posmo como la suya. Y tan necesaria es la regulación estatal para frenar la una como la otra.

Actualización. Brian Kolfage, a quien no conocía, y es al que le suprimen el enlace en Twitter, había sido previamente expulsado de Facebook. Laura Ingrham le hizo una entrevista en Fox News:

Fuentes:

Businessinsider: Charts show the political bias of each profession

 

Newsbuster: Patreon changes rules to justify banning free speech.

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