Por Luis, desde Florida

Me figuro que todos los lectores estarán familiarizados por el atroz asesinato del periodista Jamal Khashoggi, ejecutado por el gobierno de su propio país, Arabia Saudita. La información que proporciono está derivada casi en su totalidad del artículo de John R Bradley

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Bradley es un periodista inglés con amplios conocimientos de los movimientos internos del Oriente Medio. Conoció y trabajó con Khashoggi en el diario Noticias Árabes desde años anteriores al ataque a las Torres de NY el 11/9/2001, el cual lo presenciaron juntos en las oficinas de Jedda, la ciudad comercial más importante de Arabia Saudita.  John, además, ha dado conferencias en el Instituto de Washington del Medio Oriente y entre sus obras, se encuentra el libro Inside Egypt (Dentro de Egipto) del 2008, en el que predijo la revuelta del 2011 que pondría en el poder a la Hermandad Musulmana destituyendo a Hosni Mubarak.

A Khasoggi le llegaría la muerte por sorpresa, pero no porque no sabía del riesgo que corría por sus actividades. Por tres décadas mezcló el periodismo con servicios de inteligencia para Arabia Saudita, la Hermandad Musulmana y potencias de Occidente. En su inicio, Khashoggi trabajó como periodista en los 1980s y 1990s. Editó varios periódicos en su tierra natal y por lo tanto estuvo en contacto directo con los príncipes saudís que controlan su nación con un despotismo y crueldad impresionantes. Para ejercer el control, los príncipes saudís se encargan de que nada que se aproxime a la verdad, ni se acate a la ética del periodismo aparezca por escrito y se entere el ciudadano. Khashoggi colaboró y felizmente depositaba capitales interesantes en su cuenta bancaria. Bradley nos asegura que para Khashoggi, el vivir en la afluencia era una prioridad. Y como es natural, los hechos hablan más claro que las palabras en cuanto a las prioridades del individuo.

Khashoggi sabía muy bien que la familia real practicaba el wahabismo y éstos son enemigos declarados de la Hermandad Musulmana. Aunque ambos tengan el objetivo final de un Califato Musulmán, los métodos para obtenerlo son diferentes. Las prácticas de los wahabitas se acercan más a las que se practicaban en la era de Mahoma. Supuestamente, la Hermandad Musulmana tiene unos métodos más “democráticos”, pero a la vez luchan para erradicar las influencias de Occidente en el Islam, incluyendo nuestro tipo de democracia. Aunque fuera miembro de la Hermandad Musulmana desde los 1970s, las autoridades de Arabia Saudita lo utilizaron en sus publicaciones. Y fue así, hasta el año 2003, en el que trabajando como editor del Al Watan permitió a uno de sus periodistas que criticara a uno de los clérigos fundadores del wahabismo. Fue despedido ipso facto. Este acto desafiante fue interpretado por los medios de Occidente le categorizaron como el de un activista liberal progresista y fue entrevistado en muchos medios televisivos. Sus artículos fueron publicados en periódicos como The Guardian y el Washington Post, donde escribía una columna regularmente.

Cultivó la amistad del político turco Yasin Aktay, del mismo partido y asesor de Erdogan. Es de conocimiento común lo que Erdogan hace con muchos periodistas que no comparten con sus ideas. También es de conocimiento público que, durante la guerra de Siria, el armamento del derrocado gobierno de Libia y con el beneplácito de Obama, lo pasaban por la Hermandad Musulmana de Egipto a los turcos y éstos los entregaban a los “rebeldes moderados” que lucharon contra el gobierno de Al Assad. Pongo rebeldes moderados entre comillas porque los medios los denominaron así, pero los hechos nos dicen que no fueron tan moderados y las armas también llegaron a manos de AlQaeda, quizás por tener un enemigo común. No es fácil describir con pocas palabras todas las facciones e interacciones en el Medio Oriente. Sin duda, Khashoggi estaría empapado de todo esto, ya que los apoyó sin titubeos en los medios. Era popular y llegó a tener 2 millones de seguidores en los medios sociales. Estaba considerado el experto más destacado del mundo árabe.

Décadas atrás, Khashoggi, al igual que los wahabitas en el poder, apoyó a AlQaeda y se hizo amigo de Osama bin Laden en Afganistán en su lucha contra los soviéticos. Pero después del ataque a la torres de Nueva York, ambos se distanciaron del terrorista. Personalmente, intuyo más bien, que lo harían por razones de óptica ante Occidente. Justo diez días antes del ataque, el jefe de Inteligencia de Arabia Saudita, el príncipe Turki Al Faisal dimitió de forma inexplicable y Khashoggi fue su asesor en los nuevos destinos como embajador de Londres y luego Washington. Mientras reportaba sobre Bin Laden en estos lugares, se relacionó con personajes de Inteligencia ingleses, americanos y sauditas.

No es difícil deducir que Khashoggi tuvo en su poder amplia información sobre las idas y venidas de los líderes saudís y llegaría el momento que era demasiado el grado de tolerancia hacia sus críticas constantes en el exterior. Además, el príncipe Mohammed bin Salman, líder del momento, temía cada vez más un movimiento interno empujado por la Hermandad Musulmana para destituirlo.

Aunque bin Salman, abandonó el wahabismo, lo cual fue aplaudido por occidente, no significa que abandonó las prácticas de las decapitaciones y castigos crueles de su sistema penitenciario, los cuales siguen como antes. El barbárico asesinato de Khashoggi, que según las autoridades turcas, fue primero torturado y luego descuartizado con una sierra usada en autopsias, a la vez que dejaron demasiadas pistas para saber la identidad de los asesinos, indica claramente que el abandono del wahabismo no ha civilizado mucho la mentalidad de los líderes de Arabia Saudita. Y Khashoggi también temía algo, porque le dijo a su novia que llamara a su amigo turco Yasin Aktai, en caso de que no saliera del consulado.

Aunque el autor Bradley nos ofrece más detalles, hay suficiente información para concluir que en Oriente Medio no hay buenos y malos, sino malos y peores: La familia mafiosa de Nueva York de “Lucky” Luciano y la de Chicago de “cara-cortada”, Al Capone. Uno te mete en unos zapatos de cemento para que duermas con los peces y el otro, vestido de policía, te cose a balazos.

Pero la intención principal del escrito, no es tanto el asesinato político de uno que supo cautivar la admiración de los medios de Occidente, ya que asesinatos políticos y de periodistas son bastante frecuentes por el mundo. Aparentemente, unos convienen más que otros. Mi intención es la de apuntar a la constante omisión de los hechos que se hace para mantener el relato que quieren inculcar a las masas. La manipulación de la noticia y de lo que realmente ocurre en el mundo.

Que me digan que periodistas mejicanos, asesinados por los carteles de la droga y secuestros sean mártires, me parece excelente. Pero Khashoggi era prácticamente parte del sistema turco y seguro que sabía de la cantidad de periodistas y demás disidentes que están encarcelados por su amigo Erdogan. Y a los medios les molesta mucho que Trump les llame “enemigos del pueblo” y que pronuncie las palabras “fake news”.  Pero sus ataques incesantes al presidente basados en falsedades; el relato conveniente que lanzan al ocultar ciertas realidades al votante; las falsedades que cuentan y que afectan negativamente a ciertos candidatos e ideologías, afectando así las elecciones; esa falta total de integridad ética en su labor de informar al pueblo es un uso de la profesión sumamente grave y digno de una dictadura bananera. Si uno se pone a analizar detenidamente, llamarles enemigos del pueblo no está muy fuera de la realidad. Porque uno que miente sistemáticamente con un plan, definitivamente, no es amigo del que le escucha con fe. Y pueden llegar a causar un daño muy serio a la sociedad.

Y es precisamente un periodista con muchos años de experiencia (el autor John Bradley) quien hace la acusación: “Lo que los medios no cuentan….”. Y la imagen emitida por las fotos en portada y el nombramiento de Time Magazine a Khashoggi como Personaje del Año, con el calificativo de “guardián” (de la libre expresión y la democracia) es una distorsión total de la realidad presentada por el periodista Bradley, quien lo conocía perfectamente.

Los Medios necesitan mirarse en el espejo.