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En el circo de los payasos, los que hacen las payasadas máximas se reafirman:

llamamos fascistas a los que nos dicen golpistas

Y mi perro se tira pedos. El problema es que no le puedo llamar fascista a mi perro sin quedar como un perfecto imbécil. Porque el fascimo no tiene nada que ver con las ventosidades caninas. Exactamente igual que no tiene nada que ver con ninguna de las propuestas políticas de C’s, o con llamarle golpista a alguien. Acusar a alguien de golpismo puede estar justificado, o no, pero no puede ser fascismo.

Si me llamas tonto, yo te llamaré gilipollas.

Chupi canela, nene. Pero que tú seas tonto depende de tu falta de inteligencia, y que yo sea gilipollas depende de lo que entiendas por tal. De lo  que no dependerá nunca será de tu pataleta infantil, ni de la mierda que escupas por la boca.

Pero tiene razón la institutriz del Congreso [Voz Populi ->].

“No voy a permitir que se repita”. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, intentó poner orden en la sala. Una sesión de control sin apenas contenido pero incendiaria en las formas. “No voy a permitir los insultos”, dijo Pastor desde el púlpito del Hemiciclo. Y anunció que ordenará borrar las palabras ‘golpista’ o ‘fascista’ del diario de sesiones.

Y desde el peperío protestan [El Español ->]:

El PP considera un ejercicio de equidistancia la reprobación de uno y otro adjetivo. Varios dirigentes conservadores, a las puertas del hemiciclo, aseguraron que seguirán llamando “golpistas” a los políticos separatistas: “Octubre de 2017 fue un golpe contra el Estado de Derecho. Por tanto, decir ‘golpista’ responde a un hecho. Lo de ‘fascistas’ no se sostiene porque lo utilizan contra los demócratas”.

Pero aunque tienen razón los del PP, ni es práctico, ni es una buena estrategia. No puedes convertir las sesiones del congreso en una disquisición sobre la justificación de lo que se llaman los unos a los otros. Es mucho mejor no llamarle cosas a nadie, sin dejar de decir lo que hacen. Es un poquito más largo, no mucho; y a cambio es mucho menos Kindergarten. Y ya sabemos quién gana jugando a patio de colegio.

Por ejemplo, para sacarle los colores al dr. Tóntez, y tocarle los cataplines a ERC, en vez de decir:

… ustedes son socios de los golpistas.

muy bien pueden decir:

… ustedes son socios de los que acaban de intentar un golpe de estado, y presumiblemente siguen en ello.

Una forma muy eficaz de llamarle a alguien golpista, sin que nadie te pueda acusar de insultar. Y es una estrategia especialmente eficaz contra el Kindergarten: señala el “hacer”, no el “ser”.

Y si ya con la inercia pillamos la postura, se podría empezar a pensar en prohibir pancartas, carteles, banderas y disfraces en el parlamento. Como si fuera una democracia seria en lugar de una democracia circo.