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¿Has visto alguna vez una bandera, o cualquier otro adorno simbólico, prendido en los escaños en el Capitolio de Washington, o en el palacio de Westminster, en una sesión? No, ¿verdad? Y es acojonante, porque esto lo sabes sin necesidad de consultarlo, y sin haber leído el dato directamente. Una culturilla general política te basta y te sobra para hacerte saber que sería imposible. Una herejía tan grande como repartir tortilla de patatas entre los parlamentarios, mientras el jefe de la oposición trata de explicar su postura. O para el caso, como bailar y follar en una sesión. Y lo sabes porque entiendes el sistema, sin necesidad de mirar el puto libro de intrucciones. Se llama RESPETO A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN. Donde “expresión” es el discurso de los parlamentarios, pero no las payasadas de los parlamentarios.

En cambio, en España sabes que los parlamentarios pueden besarse en medio de una sesión, dar de mamar a un berreante, o “adornar” los escaños con la simbología o mensajería política que les salga de los cojones. Y todo ello también en nombre del respeto a la libertad de expresión.

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Pues tenemos un problema, Watson. Si los países / culturas que inventaron el concepto “libertad de expresión”, y más han avanzado en él, la defienden mediante un sistema que tú, cafre español, llamas no respeto a la libertad de expresión, quiere decir que “libertad de expresión” significa dos cosas diferentes en ambos mundos. O se practica de formas incompatibes.

Las banderas en los escaños de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña son indudabemente sistema cafre español. Que pueden tener la justificación de que, o no lo hace nadie, o lo hacemos todos. Pero es sistema cafre.

Lo de la zorra que los quita es sistema cafre al cuadrado. Quito unas, pero no otras. Ideología de estado; totalitarismo. ¡Porque está apoyada o consentida por la presidente del parlamento! Y ahí está mal todo:

– La necesidad de Ciudadanos de reivindicar poder hacer lo mismo que hacen los que gobiernan.

– Hacerlo, siendo una cafrada.

– Y la abuela pataleta quitando unos símbolos selectivamente, y no cualquier símbolo por ser símbolo.

A eso es a lo que lleva tu idea de libertad de expresión. A la payasada, el cafrerío, y la confrontación social. Y exactamente a eso es a lo que no lleva el sistema civilizado (y original) de libertad de expresión. El prohibir payasadas, o pataleo, en el mundo o circunstancias reservados para los adultos.

Ahora tienes dos posibilidades.

1. Defender que el sistema cafre es mejor, porque da mayor libertad de expresión. Y con ello defender que en España hay mayor y/o mejor libertad de expresión que en EEUU o en el Reino Unido.

2. Contemplar la posibilidad de tener un error de concepto con libertad de expresión, por no haber entendido el trasfondo del sistema. Porque, ¡vaya por Dios!, en tu libro no sale el trasfondo del sistema, ni el motivo / objetivo de la libertad de expresión. Que en principio no era producir gustito a los sentimientos de los parlamentarios más infantilizados, sino producir el intercambio y contraste de argumentos para poderlos comparar.

Pero tienes que elegir, Marod. O es (1), o es (2). O sea, necesitas tener los cojones de sostener que en el Capitolio o en Westminster hay un déficit de libertad de expresión respecto al circo cafre español. Y como no lo harás, porque hasta tus “cojones” tienen un límite (gracias a Dios), no te quedará otra que empezar a entender la diferencia entre la libertad de expresión” y lo que llamo “derecho al pataleo”. Por ejemplo, lo que se permite en el Capitolio o en Westmisnter es libertad de expresión. Y lo que no, es derecho al pataleo. Que no se permite, precisamente porque dificulta la libertad de expresión.

Nada impide que tengas ambos elementos. Libertad de expresión para producir un sistema inteligente a base de prueba y error, y derecho al pataleo para dar rienda suelta a las pasiones de cuna de la infantería. Pero si los mezclas en vez de separarlos, cada uno con sus espacios y circunstancias, vas a tener mucho de lo segundo y muy poco de lo primero. O sea, Venezuela. O comunismo bananero. O marxismo tropical. Al  final, #kindergarten.

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Nota: Todo esto viene de una discusión larguísima, y no acabada aun, en esta entrada anterior: