Impactante resultado de un estudio puramente teórico (todos los del alarmismo climático lo son). Se hacen la pregunta más obvia y necesaria para cualquier recomendación respecto a una política: ¿Qué es peor, el remedio o la enfermedad? Pero en el cuento del clima esta parecía una pregunta prohibida. Al menos hasta ahora. ¡Porque el remedio puede ser peor que la enfermedad!

Del resumen:

Un hallazgo sólido es que para 2.050, una política climática rigurosa tendría un impacto negativo mayor en el hambre y consumo de alimentos que los impactos directos del cambio climático, si se pone en marcha sobre todos los sectores y regiones. Los efectos negativos serían más dominantes en las regiones vulnerables de bajos ingresos, como al África subsahariana y el sur de Asia, donde los problemas de seguridad alimenticia ya son agudos actualmente.

Del texto interior:

Nuestro análisis muestra que para 2.050, el potencial de un incremento en el riesgo de hambre es mayor  en los escenarios RCP 2.6 (los de una fuerte descarbonización de la economía) que en los escenarios RCP 6.0 ( sin descarbonización de la economía), en todos los futuros socio-económicos, y modelos económicos, a pesar de que los escenarios RCP 6.0 tienen un cambio climático más severo y una mayor reducción en las cosechas.

Traducido: el remedio del “cambio climático” es peor que la enfermedad, a poco que te pongas estricto con el remedio (con las “políticas climáticas”).

Y lo hacen al modo alarmista más clásico; entre teoría alarmista y observaciones, elegimos teoría. Si las mediciones nos dicen que el efecto de “cambio climático” del CO2 es moderado, y los modelos nos dicen que es elevado, elegimos elevado. Y si los experimentos y la historia nos dicen que el efecto de fertilización del CO2 sobre las cosechas es muy superior a la pequeña disminución relativa (no absoluta) de nutrientes en las plantas, elegimos los modelos que dicen lo contrario.

El gráfico más claro de la cuestión:

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A la izquierda es cambio de la población en riesgo de hambre, en millones. A la derecha kilocalorías por persona y día. Los SSP (1-3) son distintos “caminos” (futuribles), que definen como “sostenible” (1), “mediano” (2) y “rivalidad regional” (3). Para los tres casos, la población en riesgo es mayor con fuertes políticas climáticas (RCP 2.6) que sin políticas climáticas (RCP 6.0). Y menor el consumo de kilocalorías por persona y día.

La idea es fácil de entender. Las políticas climáticas que se suelen recomendar, como un impuesto o precio fuerte a las emisiones de CO2, o la producción “bio-fuels”, encarecen la producción de alimentos. Y eso produce menor disponibilidad de comida (hambre), sobre todo en los países pobres. Asumen, con modelos y no con experimentos, que el efecto de la fertilización del CO2 es nulo [Nota 1]. Que ya es asumir. Y aun con eso les resulta mayor el efecto negativo del encarecimiento de los alimentos, que el efecto negativo del cambio climático en la producción. Hasta 2.050.

Son 23 autores de 13 instituciones diferentes, y de seis países (Japón, Alemania, Austria, USA, España y Australia) .

Nota [1]:

Para el impacto del cambio climátio en las cosechas, hemos seleccionado los resultados de cinco modelos climáticos y tres modelos agrícolas que eran aptos para este estudio. Y hemos seleccionado una combinación de modelo climático y agrícola para cada asunción sobre la fertiliación del CO2 que es la más cercana a la media agregada. Los efectos del CO2 en la producción de comida todavía son discutidos, porque hay un aumento de la bimasa y un decremento de contenido de nutrientes. Asumimos, al igual que en trabajos anteriores, que no hay un efecto de fertilización en los escenarios principales.

Un ejercicio curioso sería repetir el estudio, con las mismas asunciones y modelos, pero empezando en 1900 y prediciendo para ahora. Seguro que tendrías menos cambio climático en la realidad que en el estudio, y un buen efecto de fertilización en lugar de   no-efecto. Y a pesar de eso les sale lo que les sale. Que el remedio es peor que la enfermedad si te tomas en serio el remedio.

Fuente, Nature:

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