Va de la última locura en Vasquilandia, que no conoce tanta gente como debiera. La pretensión de un nuevo estatuto que quieren hacer. Establece Vasquilandia como “nación”, y conforma una distinción:

Ciudadanía vasca: El nuevo estatus político anudará la ciudadanía vasca con la vecindad administrativa en alguno de los municipios del Sujeto/Comunidad  Política.

Nacionalidad vasca: Habida cuenta del carácter plurinacional del Estado Español  y las características del nuevo modelo de relación con el Estado contenida en el  Nuevo Estatus Político se reconocerá la nacionalidad vasca a la ciudadanía vasca en los términos regulados por una ley aprobada por el Parlamento Vasco.

Lo de los derechos, etc, vienen de “ciudadanía”, no de “nacionalidad”. Y se añade una salvaguarda. La “nacionalidad vasca” es voluntaria:

Además,  cabe la posibilidad de que a quien no le guste ser englobado en dicha nacionalidad renuncie a ella y siga ostentando únicamente –como hasta ahora- la nacionalidad española.  ¿Qué hay de malo en ello?

Esto último viene de un tal Mediavilla, del Sanderín del PNV, en el que es responsable del área institucional. Justifica y explica en su blog la payasada ciudadanía / nacionalidad, y es justo lo que estaba esperando. Ver cómo lo explican. Tela:

Es mejor leerlo allí, pero apunto la sustancia.

 los pueblos aborígenes que vivimos en el mismo Estado nos veamos obligados a portar un documento que niega, precisamente, nuestra identidad nacional originaria. Absurdo ¿verdad? Totalmente.

Aborigen. Mediavilla. Que, además, sólo tiene unos “conocimientos básicos” de vascuence (o sea, NPI), a pesar de que lo considera su “lengua propia”, y madre y origen de su “nacionalidad” [–>]. Pero necesita un papelito, o un carnet, que diga que el es vasco y no español. Cuando “español” en este contexto (nacionalidad o ciudadanía española, que es lo mismo) no hace referencia a ninguna aboriginalidad ni identidad, sino a un contrato con un estado.

Le he explicado el problema que no entiende, en un comentario en su blog. Pero apuesto a que no lo dejará pasar (de momento no aparece):

Todas esas preguntas retóricas tuyas tienen una respuesta muy sencilla, y de conocimiento común. “Nacionalidad” es un término incluye dos significados que no tienen nada que ver entre sí:

Condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación.

Vínculo jurídico de una persona con un Estado.

Del diccionario de la Real Academia, sin ir más lejos. [–>]

Lo primero es un asunto subjetivo, cosa del sentimiento o la chifladura de cada cual. Lo segundo es un contrato que implica derechos y deberes. Y es obvio que lo segundo necesita una firma, un listado, y un papel que lo demuestre. Para poder reclamar la titularidad de esos derechos, por ejemplo.

¿Pero, cómo se puede tratar de explicar el motivo de vuestra estrafalaria idea? ¿Cuál es la necesidad, o qué arregla? Sólo cabe que se trate de la jugada clásica. Empezar reclamando algo para acabar en otra cosa. Por ejemplo, “como alemanes en Mallorca” (Arzalluz). Porque el DNI no niega ningna “identidad”. ¿Dónde lo hace; cómo podría hacerlo? Sólo se entendería si lo que quieres es otro papel que suponga otro contrato distinto. O sea, lo de “como alemanes en Mallorca”.

Las críticas que tanto te escandalizan están más que justificadas.

Añado: Además, aun antes del esperable cambio futuro, la monada ya tiene una “ventaja” desde el primer momento. Tener fichada oficialmente a la basca según su opinión política. O separados los que -en palabras de Mediavilla- “se identifican decididamente con este país”, de los que no. Donde “se identifican decididamente con este país” ya sabemos lo que quiere decir: aceptan nuestras tesis totalitarias. Ni Mussolini lo hubiera soñado.

Agradecimientos: a @rpr3z por la noticia y enlace.