Por Al

Hace un par de días una noticia me llamó la atención poderosamente El prestigioso biólogo español Francisco José Ayala, apartado de la Universidad de California por acoso sexual.

En la red no aparece la noticia tan completa como en papel, donde si venía la contestación del propio Ayala, explicando que su pecado había sido comportarse como un gentlenmen europeo (lo que sin ninguna duda es el, además del mas prestigioso científico español) y que para evitar peleas y juicios renunciaba a todos sus cargos en la Universidad americana, a la que por cierto ha donado muchos millones de dólares, además de prestigio y saber.

Encuadrada la historia en el movimiento ultrafeminista radical Me Too, a mi me olió desde el principio a vendetta personal y sobre todo a sucia y repugnante maniobra para arrebatarle su despacho por parte de alguna de las denunciantes, tres profesoras y una graduada allí.

Lo comenté por correo con Plaza, a ver si el recababa mas información y hoy me manda este artículo del diario de Mallorca en el que un estrecho colaborador de Ayala y colaborador en varios libros suyos sobre genética y evolución aclara este nauseabundo asunto.

Ayala ha sido acusado de tres conductas inapropiadas: 1) Tocar en el codo a una profesora en el transcurso de una reunión del departamento, para conducirla hacia un corro en el que estaban tratando un asunto de su posible interés; 2) Dar un beso en cada mejilla a una colaboradora suya para saludarla al ir a cenar a la casa de ella, delante de su marido y de la mujer de Ayala; y 3) Decir en algunas ocasiones a una mujer algo así como “te veo muy guapa y elegante”, en particular a una que estaba embarazada.

Cualquier persona normal, que no sea un fanático descerebrado, al llegar aquí se preguntará como es posible que estas acciones absolutamente normales y corrientes pueden haber desencadenado una caza de brujas que consiga echar de la universidad a su científico mas importante, con un curriculum que deja boquiabierto.
La respuesta es obvia, al amparo de la nueva corriente de opinión ultrafeminista o quizás mejor dicho anti hombres que ya desde sus inicios ha alarmado a quienes somos contrarios al extremismo sea cual sea su ideología, se adivinaban este tipo de excesos y que “desaprensivas y desaprensivos”aprovecharían para cometer barbaridades.

Por supuesto esta información no ha sido digna de consideración por nuestras vomitivas televisiones, dedicadas al 100% a ha hablar de fútbol, la manada y su “macho alfa” como le llamaba la Almeida el dia pasado o Urdangarín y la sucesión del PP. Fuera aparte de esto y los muertos de donde sean no hay otras noticias.
Y seguramente casi mejor que no hablen de ello, dado el mas que posible sesgo que le darían, aunque encuentro imposible encontrar en el curriculum de este hombre nada que no sea de admirar. Y mucho. O sea, lo contrario de lo que les gusta hablar a las Tvs, donde lo que triunfa es el cotilleo bastardo y personajes del corazón o delincuentes.

En fin, por si lo que ya sabemos no fuera ya increible, esas tres delirantes acusaciones, todavía Camilo Jose Cela Conde, su colaborador nos aclara aun mas el panorama;

No entro en si la universidad de California debería considerar o no que tales actos suponen una conducta que lleva a la expulsión. Me limitaré a sostener tres cosas. La primera, que el día del supuesto abuso consistente en tocar el codo famoso (UCI prohíbe el contacto físico), el profesor Ayala no asistió a esa reunión de su departamento porque estaba dando una conferencia en otra ciudad. La segunda, que pese a que el rector de la UCI dice que se oyó el testimonio de más de 60 personas, la OEOD no llamó a ninguna de las que Ayala presentaba como sus testigos. La tercera, que nada más presentarse la denuncia, al profesor Ayala se le expulsó de su despacho. No utiliza ordenador alguno; sólo las revistas y libros que tenía allí. Con lo que, siete meses antes de que hubiera ninguna conclusión, se le aplicó ya el castigo. ¿Cabe pensar que el procedimiento seguido por la OEOD es justo y hace honor a la verdad? Y, ya que estamos, ¿va a entrar el consejo de la UIB a valorar los hechos tal y como ocurrieron, o actuará incluso sin preguntar siquiera a la otra parte?

El rector Howard Gillman ha decidido también retirar el nombre de Ayala que bautizaba la facultad de Biología y la biblioteca de la universidad porque, en sus propias palabras, “mantener al profesor Ayala en una posición de honor sería un error”. Me pregunto si, de paso, va a devolverle los más de 4 millones de dólares que Ayala ha donado a UCI a lo largo de su carrera, o si, al quedárselos, la universidad que le expulsa en semejantes términos toma una decisión honorable.

Pero en el fondo todo eso es lo de menos, salvo para el propio Ayala. Lo tremendo es que el ansia por unirse al movimiento “Me Too” lleve a perseguir, denunciar y castigar a personas a las que sería muy difícil que un tribunal de los de verdad condenase. Con semejantes maniobras, que esconden siempre luchas de poder (la primera denunciante se quedará con toda seguridad el despacho enorme y bellísimo de Ayala), lo que se consigue es minimizar y reducir a un caso más los episodios de verdaderos acosos sexuales. Unos casos que abundan y a menudo quedan en nada, borrados por la niebla de las manipulaciones.

Publicado originalmente en Txirlo: