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Antes del cuento de la independencia, una idea que circulaba mucho por los cerebros catalanes era la del “federalismo asimétrico”. Incluso se apuntaban partidos catalanes en apariencia no etno-maníacos. Pero desde el resto de España nunca se les hizo ningún caso. Ni escuchar, vaya. Como cualquier supremacista catalán sabe, los españoles somos bestias con forma humana. En concreto, carroñeros, escorpiones y hienas. Y no se puede esperar que gente así tenga por virtuoso un sistema asimétrico. No entendemos la superioridad natural, genética, de algunos pueblos. Somos así, y parece algo que no se puede cambiar.

Bien, pues sugiero que las bestias contemplemos la posibilidad de cambiar de mentalidad. Una pregunta que conviene hacerse siempre es qué observación podría ocurrir -o faltar- para contemplar la posibilidad de estar equivocado.

Por ejemplo, la teoría asimétrica, la de los superiores, establece que no todos los “pueblos” de España son iguales, ni merecen el mismo grado de autogobierno. Y eso en el caso de algunos de ellos merezcan autogobierno en absoluto. Se entiende fácil; al ser bestias se muerden entre sí y muerden a los demás. Y joden el invento, el sistema no puede funcionar. Por eso ha de ser asimétrico. Los superiores, que no joden los sistemas, pueden tener un grado elevadísimo de autogobierno. Las bestias, ninguno.

La teoría produce una predicción obvia. Con “café para todos” va a haber algunos que estén intentando romper el juguete todo el rato. Está en su naturaleza y no se va a poder evitar.

La teoría de las bestias españolas es justo la contraria. Como un espejo. Es -digamos- buenista. Todas las sociedades son capaces de gobernarse con igual eficacia si se dan circunstancias similares. Lo de la “cultura” (fet diferencial) es un mito. Y por tanto procede un grado de autogobierno igual para todos. Nada asimétrico.

Como era de esperar, las dos ideas producen observables muy distintos. Y es cosa de acudir al: ¿qué podrías observar -o echar en falta- que te haga cambiar de idea? Y parece obvio. El buenismo espera que el “café para todos” no produzca autonomías que se dedican sistemáticamente a joder a las demás. Y mucho menos a crear con ello unas tensiones internas del tal calibre que el resultado sea esencialmente una sociedad rota en dos.

Pues bien, mis querias bestias, compañeros. ¿Se puede saber qué es lo que estamos observando exactamente? ¿Acaso no tienes ante los ojos la perfecta evidencia de que la sociedad catalana no es capaz de auotgobierno, sin joder la marrana y sin desquiciarse a sí misma? Qué más puedes pedir en el departamento de observables? Parece más que evidente que la teoría de los cerebros etno-catalanes era totalmente correcta. Hay sociedades y culturas superiores, y sobre todo inferiores. Y fet diferencial como para regalar a espuertas. Y lo que procede, por tanto, es el autonomismo o federalismo asimétrico. Los que saben autogobernarse han de tener autogobierno; y los que no, sin café. Hasta que aprendan – suponiendo amablemente que la tara no es congénita.

Hay dos posibilidades. O cambiar la constitución para introducir ¡al fin! la coña asimétrica, o el 155 hasta que muestren haber aprendido a comportarse sin romper nada. Ni lo de fuera, ni lo de dentro. Esto tendría, además, una ventaja. Es darle toda la razón al catalanismo y al fet diferencial. Hay sociedades inferiores que no se pueden autogobernar. Solo que los observables indican que no eran precisamente las que ellos pensaban. Porque si somos serios, no podemos esperar que la superioridad venga de la mera proclamación de la misma, sino de las observaciones. Que son las que son.