No solemos hablar de la broma del “Antropoceno” en la plaza. Por vergüenza ajena; parece prudente ponerle un límite a las noticias grotescas. Pero esto ha ido ya demasiado lejos, y circula con toda naturalidad en los sitios supuestamente serios.

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Europa Press [–>]:

El Profesor Fogwill, Jefe de la Escuela de Geografía, Geología y Medio Ambiente de la Universidad de Keele, dijo en un comunicado: “El impacto que la prueba de armas nucleares de la humanidad ha tenido en la atmósfera terrestre proporciona una señal global que demuestra inequívocamente que los humanos se han convertido en el principal agente de cambio en el planeta. Este es un hallazgo importante, pero preocupante. La señal global de la bomba atómica, capturada en los anillos anuales de esta especie de árbol, representa una línea en la arena, después de lo cual nuestras acciones colectivas han dejado una marca indeleble, que define esta nueva época geológica para las generaciones venideras”.

El “impacto” al que se refieren es el contenido en la atmósfera de C14, que se dobló con las pruebas nucleares de después de la II GM. Lo de “impacto” es un razonamiento circular; nadie podría notar ese aumento causando ningún efecto sobre nada.

¿Cuál es el “impacto”?

¡La medida de la cosa misma!

¿Y eso qué nos importa?

¡Porque nuclear suena aterrador!

Vale. Nuclear suena aterrador, y por lo tanto es un “impacto”. Digamos psicológico. Podría ser. Y supone una señal que representa una nueva época geológica. ¿La época con el doble de carbono radioactivo en la atmósfera? Hmmm … no. Esa época ya ha desaparecido. Esta es la medición de C14 en el aire, de Wikipedia mismo [–>]

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Ahora tienes exactamente el mismo “impacto” (psicológico) que antes de que empezaran las pruebas nucleares.

¿Y entonces, cuál es el cuento y el descubrimiento? No es fácil de explicar. Sin ruborizarse, quiero decir. Han encontrado un árbol solitario en una isla lejana que lleva la misma “señal” que todo el resto de los árboles del mundo. Y es solitario porque lo plantó allí el gobernador de Nueva Zelanda en 1901. En un sitio donde se supone que no debería estar, pero mal que bien pudo sobrevivir. Y la “señal”, que está en todas partes (y por eso es global), separa dos épocas que a ese respecto son exactamente iguales entre sí. La misma concentración de carbono radiactivo antes que después de la señal, con un bonito “impacto psicológico” por medio.

¡El “Antropoceno” se ha acabado! Y casi al mismo tiempo de empezar. Pues tampoco. Porque la señal representa una línea en la arena, después de lo cual nuestras acciones colectivas han dejado una marca indeleble, que define esta nueva época geológica para las generaciones venideras. ¿En serio? ¿Y entonces por qué no mides la “marca indeleble” de después, si eso es de lo que se trata?

En realidad es más divertido. Hay autores que proponen que el Antropoceno empezó hace 8.000 años, con la revolución neolítica. Otros sostienen que fue hace unos 2.000 años, y otros prefieren la revolución industrial. Supuestamente cada una llevará su “marca indeleble” distinta, aunque no sabemos muy bien cuál es. Y los chicos del clima prefieren después de 1950, porque es a partir de ahí donde se debería notar la “marca indeleble” del termagedón. Y se han buscado una señal oportuna para marcar la época en la que empieza la marca “indeleble” que no pueden mostrar — porque no se ve.

¿Suena a chiste? No es casualidad. Se les metió el lindo meme “Antropoceno” en el cerebro, y después se dedican a encajarlo a martillazos donde buenamente pueden … o creen que pueden.