Por Rafael Fernández-Cotta, desde el Sahel

A la FAO, no se si para jodernos, se le ocurrió decir hace tiempo que las tierras mas fértiles del mundo no están en la selva, sino mas bien a las puertas del sahel. Como además el sahel es pobre y esta cerca de Europa, las ONG nos tomaron como lugar preferente para ponerse morenitos y gastarse la pasta de las subvenciones, que vosotros, queridos lectores, estaís pagando. Y esto se infestó de ecologistas, como una plaga.

Desde siempre han venido a visitarme, aquí vivimos pocos europeos. Yo me dedicaba a la agricultura integrada, que no renuncia a los pesticidas pero se lo piensa dos veces antes de usarlos, buscando el máximo rendimiento, presente y futuro, lo que implica cuidar la tierra. A los verdes siempre les he tenido  manía, pero llevadera. En realidad, en el cuerpo a cuerpo, con una cerveza por delante, nos apreciamos. Además, al cesar lo que es del cesar, siempre han sido amables y me han enseñado bastantes cosas.

Hace un par de años conocí a un agricultor italiano que aseguraba dedicarse a la agricultura ecológica de alta tecnología. Raro, porque estaba peleado con los ecologistas. Un cínico, pensé. ¿Comunista de derechas? No me cuadra.

Resulta que en Alemania la agricultura ecológica supone un 10% en valor de toda la demanda [EL País –>]. Y el resto de Europa detrás, subiendo el consumo a velocidad de crucero. Cantidades fabulosas de dinero. Y falta producto. En seguida me quise hacer su amigo, para que me ensañara. La finca de Máximo huele a dinero y las de los ecologistas a rojete, que quieren que les diga, la cabra tira al monte.

En Roma, me contaba, los restaurantes de lujo no dan a basto. Monsieur, le pregunta el maitre al rico finlandés; qué prefiere, la ensalada con tomates de invernadero  traídos en Camión, de hace una semana, o sabrosos tomates ecológicos cultivados por italianos en Senegal, con mucho sol, en diciembre, recolectados hace menos de 48 horas y traídos en avión. Y el rico le dirige una mirada amorosa a su amante de turno, y le dice al maitre, pero pensando en la susodicha: “traiga de lo sabroso, ni lo pregunte”.

Ese mismo día empecé a estudiarme el reglamento y una semana después estaba preparando una parcela para plantar ecológico. Desde entonces me dedico a la agricultura ecológica de alta tecnología, si eso pudiese existir, que no lo creo. Es un término que han inventado los italianos, para hacerle la competencia desleal a nuestro solar patrio. Ya saben ustedes que los italianos son tan simpáticos como los andaluces, pero mucho mas pillos. Yo de lo de ecológico de alta tecnología ya digo que no lo creo, pero sé distinguir entre lo que creo y lo que me interesa. Y aprender del tema me interesa. En Huelva trabajé en hidropónicos de alta tecnología, de la de verdad, y se un poco de que va. Por eso digo, si los italianos pueden hacerlo, los españoles no vamos a ser menos. Y cuando digo hacerlo no me refiero a que sea alta tecnología, que no puede ser, sino a decir que lo es.

Os pongo unas fotos de mis berenjenas, para que os hagáis una idea del follón. Hay que tener tres instalaciones de riego. Más gasto para la mitad de kilos, con suerte. Para los purines y el té de compost, hay que regar por el pie de la mata. Todos los productos, aceites, jabones, insecticidas, como el neem, o el caldo bordeles, para los hongos, con los aspersores. Como hay que usar diez veces mas cantidad de productos que en la agricultura no ecológica, bombear con mochila,  incluso con bota y  tractor, sería demasiado trabajo. Y como las solanáceas no deben regarse con aspersores, el riego normal de todos los días va por goteo.

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Alberca para preparar los potingues. En la foto estoy preparando un té de caca de gallina ponedora.

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A pesar de ser amigo de Máximo, con los ecologistas me sigo llevando bien. Me llaman la derechona y yo a ellos los subvencionados, pero la cosa no va a mas. Cuando alguno nos ponemos malo todos nos ofrecemos a llevarlo a Dakar al hospital. Mi finca no esta certificada como ecológica, me dicen. Y a ti que coño te importa, les digo, a mi me inspeccionan con lupa, cuando vosotros vais despachando salmonella y toxinas tóxicas certificadas por todos lados. Ya veis que soy muy de campo, y cuando me hablan de reglamentos y certificados se me calienta la boca. Un debate picante, pero civilizado.

Pero con Máximo es distinto. Máximo, que es ingeniero, les explica con lujo de detalles porque cree que los ecologistas están repartiendo pobreza y destruyendo el planeta. A el no le gusta esto, ni la ecología, de la que reniega. Su empresa es grande, no son ecologistas, esa solo es una rama de su actividad.

Porque los hoteles lo que quieren es evitar enfermedades y los productos ecológicos pueden ser una fuente de diarreas,  en Europa. Los buenos restaurantes compran agricultura integrada en transformación (a ecológica) de grades empresas. Los mayoristas tienen agentes, que nos visitan y se aseguran de la calidad y de que no usamos pesticidas. Y les tienen mas miedo a los ecologistas que mi burro a una vara verde. Imagínense a la guapetona sacándose un gusano de la boca, gritando en el restaurante  y el ligue quedándose sin polvo. Toma tomate fresco, 20 euros por la ensalada. No puede ser. Los hoteles trabajan con empresas como la de Máximo, y nunca van a comprarle a un ecologista, por muchos certificados que presente.

Esto es un negocio, como el que vende zapatos cosidos a mano a 200 euros el par. Para empezar, hay que comprar híbridos de Monsanto u otra multinacional, que son inmunes a muchas enfermedades, porque de lo contrario ni lo intentes. Mal asunto, porque Monsanto es la bestia negra del ecologismo.

Sacas menos kilos, pero vendes al triple de caro, y a veces diez veces mas. Dejas una notable huella, no sólo de carbono, para tener un bajo rendimiento, y si todos cultivaran así, sería insostenible. Y por supuesto la humanidad no tendría para comer. Yo siempre lo he visto claro, pero no tengo porque machacar a los compañeros. Máximo si.

Máximo les hace sufrir, sobre todo a los que comprenden lo que les dice. Con él están desarmados, cumple sus leyes, que considera estúpidas, por dinero, traicionando todos sus principios, sabiendo y diciendo que es la opción mas contaminante que puede existir. Máximo ha llegado a ser su demonio, y como la niña del exorcista, contorsiona la cabeza 180 grados, para asustarlos.

Solo era un manzano y Eva lo convenció para que lo probase. Y comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal. Se vieron desnudos y fueron expulsados del paraíso. Y a partir de entonces tuvieron que labrar la tierra con el sudor de su frente.

Ciencia, tecnología y progreso, el pecado original de Máximo. Acusa a la progresía de mantener a los campesinos en la pobreza, y algunos, que piensan, tienen dudas de fe. Y rezan a su Dios gea para que les ilumine. Madre tierra, protégeme, hoy he sido tentado, he tenido una visita de Lucifer.