No parece que sea una guerra de sexos, sino una carrera de víctimas. Y su último episodio tiene morbo.

Las de la carrera de víctimas siempre alegarán que esto no se puede juzgar desde el heteropatriarcado. No entendemos. Y es un argumento posible — aunque parte de una asunción cuyas consecuencias habría que examinar. Por eso lo miraremos desde el punto de vista de mujer libre de victimismo. Por ejemplo, la autora Amy Alkon opina sobre el caso:

Si eres una mujer tan frágil emocionalmente que no tienes voluntad para controlar tus actos en la presencia de una persona desarmada que quiere algo que tú no quieres, no deberías tener permiso para salir sin supervision.

Como en la época victoriana, deberías encontrarte con hombres en el salón familiar, y con carabina.

La historia es de hace un año, pero es ahora cuando está de moda sacarlas a la luz. Y lo de la circunstancia podría entenderse como relevante. Olvidemos que desde Casanova las ostras son el manjar afrodisíaco por excelencia, y que el paso previo fue, precisamente, una conocida goleta-bar de ostras de Nueva York.

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Lo que resulta imposible olvidar es lo que tiene en la cabeza el fulano cuando la “víctima” le acompaña a su apartamento después de la cena. No es una apuesta nada difícil. Y si el gachó es un tipo civilizado y auto-proclamado feminista, como Aziz Ansari, es razonable esperar que no use la fuerza, ni la encierre en el apartamento con llave; esas cosas. Que son las cosas que no ocurrieron en la “peor experiencia que jamás ha tenido” la mujer víctima.

Conocemos bien lo que pasó porque la chica (23 años) no ha tenido el menor inconveniente en relatarlo al mundo con pornográfico detalle.

Incluso nos proporciona sus mensajes con el “agresor” al día siguiente:

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¿Cuál es el equívoco aquí; las señales mal interpretadas? Lo dice bastante claro: Es como si nada cambiara después de haber dicho que me gustaría tomarlo con más calma. Es un desacuerdo, obviamente. Incluso se le podría llamar conflicto. Dos trenes que circulan a velocidades distintas … ¡por la misma vía! Problema. Lo que no había es ningún síntoma, ya desde el principio de una noche bastante larga, de que el tren Aziz fuera muy proclive cambiar de velocidad. Y es que la petición de leer acuadamente las “señales” es  muy razonable, pero sólo si hablamos de las señales de ambos lados de la barrera. Señales haylas por todas partes. Y ojos tienen los dos, joé. Nunca dejó de existir la posibilidad de decir: hasta aquí llego y me piro. De hecho es lo que hizo … después de un millón de quiebros y requiebros más o menos desafortunados. ¿Por qué va a tener la culpa el salido (circunstancia que a ella le constaba, físicamente) de que la “víctima” tardara tanto en tomar la decisión de cortar? Y se hubiera ido sin llorar en el Uber de vuelta, que por cierto le proporcionó él.

Ahora, un año después, le acusa públicamente de conducta sexual inapropiada. De asalto sexual, nada menos. Eso sí, desde el anonimato, contra su figura pública (es un actor y productor de películas conocido). Con fotos y todo:

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Y hoy, si pones en Google en nombre del famoso, ocurre esto:

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Que es precisamente de lo que avisaban en su reciente artículo las cien francesas lideradas por Catherine Deneuve.

Tal vez se podría buscar otro tipo de solución sin llegar al extremo de volver a la época victoriana. De forma que puedan circular por el mundo con la misma libertad las mujeres libres, tipo Deneuve o Alkon, y también las mujeres víctimas. No es broma; si triunfa el ambiente que quiere imponer la mujer víctima, la mujer libre no va a tener las oportunidades que quiere tener. Lo del contrato previo por triplicado no es, ni muy aventurero, ni muy estimulante.

contrato

Podrían disfrazarse distinto, o algo. Pero no tiene pinta. Lo de la mujer víctima no es un asunto personal; quieren que todas las mujeres lo sean. ¿Y sin disfraces distintos (una “señal” como otra cualquiera), cómo les van a invitar a ostras a las mujeres que sí quieren que eso ocurra — porque algunas veces sale muy bien?

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Decíamos Deneuve, pero también está Catherine Millet: