Wert vol col·lapsar l’escola catalana - SocPetit.cat

El linchamiento social de unos hijos de guardias civiles en colegios en Cataluña tiene unos presuntos responables directos. Los seis profesores de mierda que pretenden descargar su culpa en el resto de los niños. Pero eso no hubiera ocurrido, ni por asomo, de no existir esa salvajada totalitaria llamada “Escola Catalana”. Que habría que prohibir, exactamente igual que se prohibiría un colegio franquista hoy. Es literalmente lo mismo.

¿Qué coño es la “Escola Catalana”? No puede ser una “escuela en catalán”; lo dirían así.  Es una escuela de ideología, con ideología. Por definición, de parte. Y por la misma definición, contra la otra parte. Es una escuela contra una parte de la población, y por eso le llaman “de tots”. Una operación que inventó, precisamente, el totalitarismo.

Había un listo del PP que quería “españolizar” la escuela en Cataluña. Mejor se hubiera metido un dedo por el agujero de atrás, silbando al mismo tiempo. Genio. Otros, no menos equivocados, pretenden que se acabe con el “adoctrinamiento” escolar en Cataluña. Como si no se metiera doctrina en todas las ecuelas, de todas las geografías y todas las épocas.

¡Joé!, que lo tenemos a huevo. ¿No era Franco lo malo? Pues no hay más que hacer lo contrario, para no ser parte de lo malo. Pero lo contrario de zurrar a A no es zurrar a B, sino no zurrarle a nadie.

Adoctrinar es incrustar doctrina en los cerebros, y es inevitable. Toda sociedad tiene unas asunciones, unos por supuestos, y al fin una moral — de la índole que sea. Y la escuela tiene que enseñarlo, porque tiene que mostrar a los pupilos el mundo en el que van a funcionar. Si no, produciría extraterrestres. Esa parte no es menos importante que las matemáticas.

Pero de la misma forma que toda sociedad tiene unos por supuestos, también tiene discusiones. E igualmente importantes; si unos sirven de argamasa social, las otras sirven para hacer pruebas y aprender. El totalitarismo es la operación de llevar la parte de discusión a la parte de argamasa, a toque de corneta. Pero toda discusión es contra algo, y si metes eso en la argamasa, el efecto es de fractura en lugar de lubricante y unión. Estos tíos tan sonrientes son una sociopatía de la familia del totalitarismo.

En resumen. Hay muchos asuntos que no discutimos, en los que la escuela debe adoctrinar. Si no se te ocurre ninguna, empieza por la antropofagia y vete tirando del hilo. También puedes comprender que resulta muy práctico saber que nadie te va a mirar como se mira a la comida. Y luego hay muchos otros temas en los que todos creemos que los demás deberían pensar de la forma que nos gusta, pero en los que podemos observar no se da ese caso, ni de lejos. La escuela debería explicar esas discusiones, como tal; como discusiones, conflictos. Pero debería tener terminantemente prohibido resolver por sí misma el conflicto, a base de meter su particular opción dentro de la argamasa.

Por eso se llama democracia liberal y no se llama franquismo. Porque es un sistema para hacer digerible la discrepancia, y no para eliminarla. ¡Que prohíban la “Escola Catalana”! Y con el mismo oprobio con que se recibe la “españolización” del genio.

Fueron los niños los que organizaron una manifestación en el patio contra la violencia policial

Perfecto ejemplo de una administración escolar que debería tener prohibido pasar a menos de diez kilómetros de una escuela, para toda su vida. Por cafres, sin más.

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